Entrada 11: 1 mes

Ese es justo el tiempo que queda para que nos den las vacaciones... para estudiar para la Selectividad.

Sinceramente, estoy cagado. Pero por otra... me siento extraño. Este es el último mes que voy a compartir clase con gente a la que conozco desde que tenía cuatro años, y ya tengo 18... Son muchos los años que llevamos juntos que aún no me hago a la idea de que nos vayan a separar para siempre al entrar en la universidad.

En cuanto a este último mes... creo que va a ser el más intenso de lo que llevamos de curso. Hay exámenes y recuperaciones por doquier (de las que solamente tengo que ir a la del tercer trimestre de física)... En otras palabras, estamos en la recta final.

Entrada publicada el 02-05-2015


VLADIMIR

-Llegas tarde. Otra vez.-Me saluda Govert (o algo similar a un saludo), mientras me mira con disgusto.

-Ya, ya. Pasa cada mañana, no sé de qué te sorprendes a estas alturas.

-Me sorprendo de que aún no te hayan despedido.

-Porque soy parte indispensable del parque.-Contesto mientras paso a su lado para buscar el uniforme dentro de mi taquilla.

-O porque eres lo suficientemente idiota para aceptar este sueldo de mierda.

-Menos da una piedra, Gov. Hala, deja de quejarte que tengo cosas más interesantes que contar.

Salimos los dos de los vestuarios, sin nada que hacer realmente. Es demasiado temprano como para que el jefe haya llegado y eso significa que nadie vigila si trabajamos o no. Y no somos tan idiotas como para trabajar sin que nadie pueda darse cuenta.

Nos sentamos en el borde de la fuente central que a estas horas (como todo) está apagada.

-¿Adivinas qué me pasó ayer?-Le pregunto al holandés.

-Realmente no me interesa.-Responde haciendo gala del porqué de su fama de borde e insufrible. La verdad es que se la tiene bien merecida.

-Hoy no me puedes amargar con tus comentarios de... bueno, de amargado total. Te cuento.

El rubio suspira y pone los ojos en blanco. No estoy del todo seguro de que me vaya a escuchar, pero al menos no se ha ido, lo que es un gran avance.

-Resulta que ayer Eli vino a mi casa.

-Perdona que no me sorprenda si tengo en cuenta que va todos los días porque trabaja ahí.

-La cosa es que ayer no tendría que haber venido porque Auriel no estaba, así que no tenía trabajo.

-La engañaste.-Me acusa ahora, como si hubiera cometido un crimen mortal.

-No, solo le oculté un poco de la situación. Pero no te centres en eso, que es lo que menos importa. ¿No me notas hoy nada fuera de lo común?

-¿A qué viene ahora eso?-Pregunta Govert, aunque puedo ver como me mira un poco por encima.

-¿Lo notas o no?

-No. Sigues siendo igual que siempre. Bueno, quizás algo más irritante por eso de no callarte.

-Gracias mi buen amigo. No sé qué haría sin tus críticas tan constructivas. No, Gov, sí que tengo algo diferente, aunque también es posible que ya siquiera te acuerdes de la sensación.-Le sonrío socarrón. Sé que con el humor que me trae ahora mismo el holandés y lo que le estoy insinuando me puedo estar ganando que me salte algún que otro diente de un puñetazo. Pero hoy todo me da bastante igual.

-¿Quieres hacer el favor de escupirlo ya de una vez?

-Ayer me acosté con Eli.

Govert se queda unos segundos completamente impasible. Luego abre mucho los ojos, levanta las cejas y luego vuelve a su gesto serio de siempre.

-¿Cómo pretendías que supiera solo con verte que perdiste ayer la virginidad?

-¿¡Qué!? Sabes que no soy virgen. Te lo he dicho muchas veces.

Mi amigo, o compañero de trabajo según él, sonríe un poco. La verdad es que se ve raro ese gesto en él.

-Oh dios ¿acabas de intentar hacer una broma? Creo que eso me sorprende incluso más que lo de Eli.

-Así que te sorprendió que ella accediera a acostarse contigo ¿no estabas tan seguro de que-hace el gesto de las comillas con los dedos.-iba a caer en tus redes?

-Y lo ha hecho... o eso creo.

-Hombre, por lo que has dicho no entiendo por qué dudas. Ni que se hubiera largado sin avisar.

Me quedo unos segundos callado, mirando al de ojos azules.

-Sin avisar tampoco. Ha dejado una nota.-Admito casi susurrando. Me muerdo el labio, recordando el papel doblado sobre las sábanas.-¿Qué crees que significa eso?

-Se habrá arrepentido de acostarse contigo.-Dice sin más.

-Dios, Govert ¿sabes lo que es el tacto? No puedes ir diciendo cosas así tan a la ligera.

-Esa es mi opinión y tú has preguntado por ella.-Se encoge de hombros.

-Pero ha dicho que se tenía que ir. Y es algo comprensible porque vive con sus padres y se preguntarían dónde estaba o yo que sé.

-Consuélate con eso si quieres. Puede ser cualquier cosa realmente.-vuelve a encogerse de hombros.-Siempre puedes preguntarle y salir de dudas ¿no la has visto hoy?

-No, por las mañanas no necesito canguro. Pero tampoco me ha mandado ningún mensaje ni nada. ¿No se supone que eso es lo que hacemos los tíos?

-Deja de especular. Mándale un maldito mensaje y sal de dudas o no se lo mandes y sigue rayandote tú solo, como veas. Pero hazlo rápido porque no falta nada para que abramos y hoy va a ser un día ajetreado. Creo que vienen varios colegios de excursión.

-¿Eso era hoy?-me pongo de pie, imitando el gesto que acaba de hacer.-Creo que no estoy mentalmente preparado para esto.

-Creo que no estás mentalmente preparado para nada.-el rubio comienza a andar sin esperarme ni nada (como no) así que acelero el paso para ponerme a su altura.-En serio, no seas idiota y mándale un mensaje, que no tienes nada que perder.

Lo sopeso unos instantes, sacando el móvil del bolsillo, pero al final lo vuelvo a guardar.

-Supongo que ahora estará ocupada, si eso se lo mando esta noche.

Govert asiente sin decir nada más y sé que la conversación está terminada. O por lo menos por ahora.


SAKURA

Son las once de la mañana de un domingo. Llevo ya bastante despierta, estudiando, y el mensaje de Elizabetha es la excusa perfecta para poder salir un poco de casa.

"¿Puedes salir un momento? Necesito hablar contigo de algo muy importante que me ha pasado".

Eso es lo que decía en el mensaje que he recibido hace apenas diez minutos. Espero que no haya sido algo malo, aunque el sms da que pensar…

Como sea, me visto rápidamente y, tras avisar a Yao de que voy a salir, me dirijo hacia abajo, camino a la casa de Elizabetha, ya que no hemos acordado ningún lugar para vernos, así que supongo que querrá verme allí. Sin embargo, en contra de todo pronóstico, me la encuentro sentada en las escaleras de mi portal, mirando algo su teléfono a la vez que se muerde el labio inconscientemente.

-¿Eli? Pensé que nos veíamos en tu casa.

La chica se gira hacia mi cambiando el semblante. Aparece una tímida sonrisa en su rostro y se acerca a mi para darme un inesperado abrazo que recibo tensa.

-¿Estás bien?-pregunto correspondiéndole el abrazo un poco torpe.

-Sí… más o menos. Es que me ha pasado algo que… buah-se ríe con nerviosismo soltándome mientras se coloca un mechón de pelo tras la oreja.

-Pero… ¿es algo malo, o bueno?

-No lo sé… Yo lo calificaría de bueno. Pero… no puedo evitar tener mis dudas al respecto-dice Elizabetha mientras comienza a andar en dirección hacia la playa.

-¿Y cuándo fue?

-El viernes pasado.

-Es decir, antier.

Elizabetha asiente con la cabeza y se le escapa una sonrisa sin poder evitarlo. Se la ve bastante feliz, aunque no puede esconder los nervios. ¿A qué se deberán?

-Exacto… Pues…

-Venga, no me tengas más en vilo y cuéntame.

-Sí, sí. De hecho a ti es la única persona a la que quiero contárselo por ahora. Necesito contarle esto a alguien y sé que tu eres la mejor opción. Confío en que no se lo cuentes a nadie. Ni siquiera a Maddie.

-De acuerdo. Si es secreto, como entenderás, no se lo pienso contar a nadie.

-Está bien… pues… es que no sé por dónde empezar.

-A ver, pues empieza por el viernes por la mañana a ver si así…

-Está bien. A última hora, y a la vuelta a casa, estuve hablando con Gilbert sobre Vlad y mis problemas con él.

-¿Problemas? ¿Tenéis problemas?

-De comunicación, pero eso no es nada que no sepas ya. ¿No recuerdas que suelo quejarme de lo imprevisible que es? A eso me refiero.

Asiento, dispuesta a no interrumpirla más.

-Pues estuvimos hablando y Gil me animó a que fuera a por Vlad porque le acabé confesando que me gustaba. Me dio los ánimos suficientes y por la tarde, cuando fui a casa de Vlad, resultó que su hermano no estaba en casa. Nos enfadamos por que el no me había avisado y no sé cómo, acabamos… ya sabes-termina diciendo con un evidente sonrojo, apartando la mirada de nuevo con la sonrisilla culpable.

-Espera… ¿debo pensar mal?

-Bueno… Ayer me desperté en su cama. Con eso te lo digo todo-añade sin mirarme.

-Oh, dios mío… ¿y entonces?

-Entonces me fui corriendo. Él aún dormía, así que me vestí rápido y volví a mi casa corriendo. De todas formas le escribí una nota explicándole que me había tenido que ir porque me había surgido una cosa.

-¿Y crees que leyó la nota?

-Supongo, se la dejé en la cama, del lado en el que yo había dormido…-responde la húngara encogiéndose de hombros-. Desde entonces no hemos vuelto a hablar. No sé si esté enfadado conmigo o no, pero creo que ahora las cosas van a ser algo tensas.

-¿Por qué? Simplemente tenéis que hablarlo y ya.

-Verás, Sak, Vladimir es bastante excéntrico y extravagante… no creo que hablar como personas normales sea muy de su estilo.

-¿Entonces qué vas a hacer?

-No lo sé. Por eso quería hablar contigo.

-¿Perdona?-se me escapa una carcajada falsa-. ¿Quieres que yo te de un consejo amoroso?

-Bueno, eres mi mejor amiga… Y eres a quien más he hablado de Vladimir. Gilbert cree que es un loco y que no merece que pierda mi tiempo hablando con él.

-Yo ya te lo he dicho, intenta hablar con él, y si te dice algo inapropiado será que Gilbert realmente tiene razón, y que no merece que gastes tu tiempo en intentar que las cosas estén bien entre vosotros.

Elizabetha no dice nada, pensativa.

-Bueno, no sé si me saldrá bien, pero intentaré hablar sobre esto con él. Sólo espero que no me vaya tan mal como pienso que va a ir… Por cierto, cambiando así de tema, ¿Cómo te va con Heracles?

Suspiro, sin tener muchas ganas de hablar de este tema.

-Mal. Después de lo que te conté, no ha vuelto a pasar nada.

-¿Sabes? Creo que él si que es alguien no te merece. Deberías ir a por Alfred. Se nota que está interesado en ti, y al menos no te trata así tan borde.

-Lo sé, pero…

-Es curioso, por que hace unos meses la cosa era al revés completamente. Alfred el idiota, y Heracles el que iba tras de ti.

-También lo sé… de verdad, estoy por tirar la toalla en esto del amor. Nunca me sale nada bien.

-Quizás pueda venirte bien olvidarte de ambos y ver qué te depara el verano. Ya sabes, puede que conozcas a alguien que se interese por ti desde el primer momento.

-Ya, aunque aún queda bastante para verano. Muchas cosas pueden cambiar aún.

-Cierto. Entonces por ahora simplemente céntrate en selectividad y olvídate de amoríos.

Asiento, sabiendo que la húngara probablemente lleve razón. No quiero distraerme por culpa de mis problemas amorosos, y menos en el último momento, a un mes de la selectividad.


GILBERT

Se me hace raro notar el peso de la mochila en la espalda. Generalmente la llevo tan vacía que se me olvida que la estoy cargando, sin embargo entre todos los apuntes y el libro la cosa cambia.

Vuelvo a mirar el móvil. Ahí sigue el mensaje que me mandó Madeleine hace rato.

Si lo necesitas pásate por mi casa y te ayudo con las mates.

Toco al timbre de la casa de la rubia, esperando a que alguien me abra la puerta.

-¡Hombre Gil! ¿Qué haces tú aquí? No me digas que hemos quedado porque no me acuerdo.-Es Alfred el que me abre la puerta. Tan acelerado como... bueno, como siempre. Aunque conforme se van acercando los finales lo noto incluso más hiperactivo que de costumbre.

-Nah, vengo a ver a tu hermana que me va a ayudar con unas cosas del insti.-Señalo la mochila, para demostrar que voy dispuesto a estudiar.

-¿En serio? Pues no tenía ni idea-el rubio se hace a un lado para que pase-espera que la aviso de que has llegado.-Dice mientras cierra la puerta.

-No hace falta, si ya...

-¡MADDIE!-me interrumpe con un berrido que me pilla tan desprevenido que me asusta.-QUE HA LLEGADO GIL.-Sigue gritando como un descosido.

La rubia no tarda en aparecer por las escaleras, poniendo los ojos en blanco.

-La próxima vez no hace falta que tires las paredes de mi cuarto a gritos, Al.

El aludido solo se ríe de forma escandalosa (como todo lo que hace, a decir verdad) mientras hace un gesto con la mano, como quitándole importancia al asunto.

-¿Y qué vais a estudiar? Porque si me sirven de repaso me apunto.

-Lengua.-Contesta rápidamente Maddie, sin dejarme hablar a mi. La miro interrogante, pero ella no me mira de vuelta.-Vamos a darle un repaso a los libros de lectura de este año.

Alfred hace un gesto raro por la cara.

-Creo que paso, esas cosas no las pienso tocar nunca más. Si queréis algo estoy en mi cuarto.-El americano sube las escaleras, supongo que para dirigirse a su cuarto.

Maddie, por el contrario, baja hasta colocarse en frente de mi.

-Vaya, vaya. Sí que soy una mala influencia, mintiéndole a tu propio hermano.-Le sonrío, dejando la mochila en el suelo.

-Es que sino no nos iba a dejar estudiar, cuando se pone nervioso no hay quién le soporte.

-Sí. A veces me pregunto cómo podéis ser tan distintos el uno del otro.

-Genética supongo que no.-La rubia se sienta en uno de los sillones.

-Pues lo que sea que haya sido ha jugado en tu favor.-Me dejo caer a su lado, notando como se le suben un poco los colores ante mi último comentario.

-Bueno ¿qué es lo que no entiendes?

-Para empezar el porqué si os parecéis tanto Alfred y tú, tú me pareces tan mona y él no.

-Me refiero a las matemáticas.-Me contesta rápidamente, apoyando su libro en mis piernas con un golpe más fuerte del que me gustaría.

-Ah, sí de las mates-sonrío ante la reacción-pues la verdad es que no tengo ni idea de lo que estamos dando ahora mismo.

-¿No sabes nada? Pero si empezamos este tema al comenzar el trimestre.

-Ya bueno, el problema es que no encuentro el momento para ponerme a estudiar. Una vez probé a ir a la biblioteca pero no sé cómo acabé por no estudiar nada.

La rubia me mira, entre divertida y acusadora. En cuanto clava sus ojos en los míos me corto un poco, desviando la mirada a sus ordenados apuntes.

Me parece escuchar que bufa y me imagino que ha puesto los ojos en blanco. Es un gesto que hace bastante, aunque dudo que se de cuenta.

-Si aún no te has puesto a estudiar no sé de qué te puede servir lo que yo te explique ahora.

-Seguro que me ayuda mucho más que lo que dice la profesora en clase. Esa mujer es como si hablarse en árabe.

-No es tan difícil si prestas algo de atención. Las matemáticas pueden llegar a ser bonitas si las entiendes.-Dice, mientras comienza a buscar lo primero que dimos este trimestre por el libro.

Comienzo a reírme, ganándome una mirada acusadora que atraviesa el cristal de sus gafas, así que me muerdo el labio intentando apagar las risas. Sin éxito alguno, por cierto.

-Gilbert, céntrate.-Intenta regañarme la rubia, aunque está empezando a sonreír ella también.

-Es que acabas de decir que las mates son bonitas-vuelvo a morderme el labio.-Las mates.

Madeleine intenta poner cara de enfado, aunque ya sonríe ampliamente.

-Así no se puede estudiar.

-Podemos estudiar otro día. Hoy hace demasiada buena tarde para desaprovecharla de esa forma.-Le digo, señalando a la ventana por la que se ve el cielo entero azul.

-No, la última vez también te escaqueaste.

-La última vez la cruel bibliotecaria nos echó. Eso no fue del todo culpa mía.

-En realidad sí que fue culpa tuya, nos echó a ambos porque no parabas de armar follón.-Me recrimina ahora.

-Bueno, eso es todo pasado. Carpe diem, Maddie-señalo a la ventana de nuevo-No me digas que no te dan ganas de ir a darte una vuelta y sentir el sol en la cara.

-Aún así los exámenes están a la vuelta de la esquina y tengo que estudiar.-Dice, tras vacilar un nanosegundo mientras mira a la ventana.

-Pero tenemos que relajarnos algo si queremos salir vivos de bachiller. Me apuesto lo que sea a que llevas desde muy temprano estudiando sin siquiera descansar.

-Gilbert, deja de liarme. Tengo que estudiar, es más, iba a ayudarte a estudiar. Abre el libro y la libreta y más te vale prestarme atención si no quieres que te eche.-La rubia despega los ojos de la ventana, y yo veo mis ilusiones de no estudiar hoy desvanecerse.

Suspiro, sacando el libro y la libreta de la mochila y apoyándolos en mis piernas, donde hasta hace poco estaba el libro de mi compañera.

-¿Me vas a atender o vas a pasar de mi y mirar por la ventana cada dos segundos?-Me pregunta, volviendo a mirarme directamente. Noto que el sonrojo que tenía hasta hace poco se le ha ido casi por completo.

-Te atiendo, te atiendo. Pero con una condición.

-¿Cuál?-Pregunta, más curiosa que otra cosa.

-Que dejes de llamarme Gilbert y empieces a llamarme Gil. Ya hay confianza suficiente, además, yo te llevo llamando Maddie desde hace bastante tiempo.-Le sonrío.

Noto como le vuelven a subir los colores, haciendo que sonría más. En momento así es cuando se nota lo tímida que es, aunque a veces pretenda no serlo.

-Vale, Gil, hay trato-dice, levantándose y cerrando las cortinas.-Pero sigo sin fiarme de ti lo suficiente como para dejar tan cerca la tentación.

-Tranquila, no necesito una ventana para quedarme ensimismado mirando algo bonito.-Digo sin pensar, notando justo después de que salga de mi boca lo que significa lo que acabo de soltar.

Por el color que le sube a las mejillas, creo que ella también lo ha pillado. Aún así comienza a hablar sobre derivadas, integrales y no sé qué cosas más que no entiendo y yo no tardo en poner en práctica lo que acabo de decir, dejando de atenderla para mirarla mientras habla.


EMMA

Vale, creo que ya es definitivo. Voy a hacerlo. Sin embargo, necesito hablar esto con Elizabetha, mi mejor amiga, a ver que opina de esto.

-Eli-la llamo, interrumpiéndola de una conversación que parecía bastante interesante con Sakura y Feliciano, y se gira a mi.

-¿Sí?-pregunta ella cambiándosele el semblante-. ¿Estás bien, Em?

Esa pregunta me deja descolocada a mi. ¿Qué si me pasa algo? ¿Tan mal se me nota?

-Más o menos. De hecho, necesito hablar contigo de un tema muy importante. A solas-añado, al ver que tanto Sakura como Feliciano me miran expectantes mientras voy hablando. Al notar la indirecta, se dan la vuelta y entran a su clase.

-¿Qué pasa?-pregunta Elizabetha una vez estamos solas.

-Preferiría hablar esto en un sitio más... íntimo.

Elizabetha alza una ceja.

-¿Más íntimo? ¿Acaso me vas a pedir salir o algo?

Vale. Eso sí que no me lo esperaba. Empiezo a reírme como no lo hacía desde hace bastante tiempo, contagiándole la risa y todo a Elizabetha.

-No, no. Tranquila que no quiero salir contigo-le aclaro cuando termino de reírme, secándome las lágrimas que salen de mis ojos.-Ya en serio, ¿crees que puedas saltarte esta clase? Es que tengo que hablar de un tema muy importante para mi, Eli.

-Bueno... supongo. Ahora me toca filosofía. No es como que Nietzsche se me de muy mal como para que no pueda saltarme una clase.

-¿Aún vais por ahí?-pregunto rodando los ojos-. Nosotros tuvimos el examen de Nietzsche hará un par de semanas.

-Sí, nosotros íbamos a tenerlo esta semana pero como la anterior el profesor faltó todos los días, se tuvo que posponer. Aún nos quedaban cosas por dar y..-Elizabetha se encoge de hombros.

-Bueno, como sea, ¿vienes entonces?-pregunto tomándola del brazo y tirando hacia el patio, donde ahora apenas hay nadie.

-¿A dónde vamos?

No contesto. Prefiero que lo averigüe ella sola. Así que, una vez que hemos conseguido colarnos al amplio cuarto de baño de chicas que hay en el gimnasio, la suelto y me siento en una banca de madera que hay enfrente de una ducha.

-Veo que es algo bastante personal si me has traído hasta aquí-murmura Elizabetha sentándose a mi lado.

Asiento.

-A ver, ¿qué pasa?-pregunta mi amiga girándose a mi.

Me muerdo el labio, sin mirarle a la cara, pensando por dónde empezar primero.

-Es un problema tuyo, ¿no?

-Sí.

-¿Es algo muy... grave?

Niego, mirándola a la cara.

-Es... Antonio.

Elizabetha levanta una ceja, sin saber cómo digerir eso.

-¿Antonio? Pero... ¿no habíais roto ya?

-Aún no. Ese es el problema, Elizabetha-me llevo las manos a la cara y suspiro.

-Pero.. ¿cuál es el problema entonces? ¿le quieres aún?

-No. Ese es el problema. Le quería... pero... me he dado cuenta de que sigo enamorada de otra persona.

-¿De... Natasha? ¿La chica con la que salías a principio de curso con la que estabas tan enchochada?

Suelto una carcajada.

-No lo estaba tanto... Solo me apetecía cambiar de acera durante un tiempo y Natasha me lo puso a huevo.

-Como sea, ¿de quién estás enamorada entonces?

-Eso no importa. El punto es que quiero cortar con Antonio. Pero no quiero hacerle daño... Es mi amigo desde que tengo cuanto, ¿cinco años? No me gustaría que nuestra amistad se fuera a la mierda por mi culpa.

-Pues explícaselo así. ¿Has dejado de quererle, o nunca lo has querido?

-Claro que le he querido-¿acaso piensa que no tengo corazón?-. El problema está en que no sé cómo decirle esto...

Elizabetha se muerde el labio, pensativa, hasta que parece encontrar una solución.

-Hazlo esta tarde. Cuanto antes mejor, Em. Créeme.

-Vale...-susurro sacando mi móvil y escribiéndole un rápido mensaje a Antonio diciéndole de quedar esta tarde. Una vez hecho esto, me vuelvo a mi amiga de nuevo-. Pero... ¿cómo se lo digo?

-Hombre, si eres delicada como que mejor, ¿sabes? Aunque tampoco debes andarte con rodeos.

-Eso es completamente imposible, ser delicada y no dar rodeos.

-Bueno, puedes soltarle la bomba e inmediatamente después suavizar la cosa. El caso es... que lo hagas. Por que cuanto más te lo guardes peor va a ser para vuestra relación.

Asiento conforme, pues sé que tiene razón. Aunque esto va a ser duro...

Me paso lo que queda de día hasta la "cita" con Antonio comiéndome la cabeza, asustada, sin saber como reaccionará Antonio.

Cuando llega el momento decisivo, estoy temblando y me sudan las manos. He quedado con Antonio en la puerta del instituto. Sí, ya sé que es un sitio algo extraño para cortar con tu pareja, pero es que si lo hacemos en mi casa o en la de él pensé que sería muy tenso.

-¡Hola, Em!

Antonio me abraza por atrás, lo que hace que pegue un bote, desprevenida.

-¿Estás bien? ¿Qué pasa?-pregunta soltándome. Le encaro, y al mirarme sabe que algo no va bien-. ¿Ha... pasado algo?

-Antonio... verás... creo que debemos dejarlo. Te quiero mucho, de verdad, pero c-creo que sigo enamorada de Govert. Sé que esto suena fatal, pero es la verdad. Después de lo de San Valentín las cosas han cambiado y prefiero que seamos amigos solamente. Espero que las cosas entre nosotros no sean muy tensas a partir de ahora... Espero que puedas entenderlo-suelto de corrido, sin apartar la mirada de sus ojos en ningún momento.

Bien... ya lo he dicho... ¿Pero cómo se tomará esto él?


ANTONIO

-Antonio... verás... creo que debemos dejarlo. Te quiero mucho, de verdad, pero c-creo que sigo enamorada de Govert. Sé que esto suena fatal, pero es la verdad. Después de lo de San Valentín las cosas han cambiado y prefiero que seamos amigos solamente. Espero que las cosas entre nosotros no sean muy tensas a partir de ahora... Espero que puedas entenderlo.

Escucho todo lo que Emma dice pero tardo varios segundos en darme cuenta de lo que todo esto quiere decir realmente.

-¿Govert?-suelto lo primero que se me pasa por la cabeza.

La castaña asiente. Realmente parece dolida por esto, casi diría que está a punto de llorar y no sé porqué eso me enfurece.

Tampoco es que me sorprenda esto, es decir ¿cuánto tiempo llevamos de malas? Apenas recuerdo quedar con Emma por tener ganas realmente de verla, era más un acto de costumbre que otra cosa. Y sé que a ella le pasaba lo mismo. Nos conocemos desde hace bastante tiempo como para no ser capaces de ocultar cosas como esa.

-Tampoco sé qué es lo que quieres que diga.-Me quedo mirando la puerta cerrada del instituto, decidido a no mirarla a ella.

-Por lo menos seguiremos siendo amigos ¿no?

-Claro, aunque no sé si todo podrá ser como lo fue en un principio. No es lo mismo ser amigos que ser ex y lo sabes, Emma.

-Pero es lo mejor para los dos. Lo estoy haciendo por el bien de ambos.-se justifica-Llevábamos bastante tiempo casi sin soportarnos cerca. Sabes tan bien como yo que en el fondo es lo que quieres.

-¿Cómo voy a querer esto? Me estás dejando porque sigues enamorada del que te hizo cambiar por completo. Si la Emma de antes te viera ahora dudo que pudiera reconocerte y es todo culpa suya. Y aún así le prefieres a él antes que a mi, que llevo siendo tu amigo desde pequeños.

-No, Antonio. No le prefiero a él antes que a ti, a él le amo y a ti no. A ti te quiero, nos hemos criado juntos pero no te amo. No es una cosa que pueda controlar.-La castaña sube la voz.-Pero tampoco tienes derecho a ir de víctima, tú bebes los vientos por Chiara.

Me quedo callado unos segundos, analizando lo que ha dicho. Me doy cuenta de que, tristemente, tiene razón. Yo soy un claro ejemplo de lo que ella misma dice y no soy quién para juzgarla.

-Vale. Tienes razón, Emma, esto no es algo que se pueda controlar por mucha voluntad que le pongas-apoyo mi mano en su hombro.-Pero no esperes que todo vuelva a ser como antes de que comenzáramos a salir. Supongo que todo volverá a eso, pero esto necesitará un tiempo para enfriarse.

-Lo sé. Pero espero realmente no haber fastidiado esa amistad con esto-ya vuelve a sonar más segura, más como la Emma a la que estoy acostumbrado-Además, creo que desde hace un tiempo casi ni nos soportamos cuando estamos juntos.-Se ríe, un poco nerviosa, pero acaba por contagiarme la risa.

-Vale, tienes razón. Para qué mentirnos más de todas formas. Creo que no servimos como pareja.

-Yo creo que sí, solo que no servimos para durar demasiado.-La castaña sonríe.

-Es posible. Aunque tengo que decir en mi defensa que me hiciste olvidar a Chiara por un tiempo.-Es raro, pero se me hace menos tenso hablar con ella ahora que hace apenas unas horas. Supongo que el saber que no tengo que fingir más que la relación va bien cuando a todas luces no era así me ha relajado.

-Más te valía, sino ya me dirás qué clase de novia soy.

-¿Realmente? La mejor. Eres mi mejor amiga y me entiendes por completo.

-Quizás es por eso que no funcionamos, nos conocemos demasiado el uno al otro-Emma se aparta un mechón del flequillo de los las parejas necesitan tener algún que otro secreto para funcionar, sino ni hay misterio ni hay nada.

-¿No nos fue bien como pareja porque nos conocemos demasiado?-Le pregunto, algo confundido ante el razonamiento.

-Eso mismo.-Vacila un momento antes de seguir había ni una cosa que el uno no supiera del otro.

-Algo habría, seguro. Aunque ¿sabes qué? Prefiero no saberlo. Corramos un tupido velo e intentemos olvidar la mala racha que hemos tenido.

-No podemos hacer como si nada hubiera pasado, Antonio. Hemos estado saliendo.

-Pero ya no lo estamos más. El pasado es pasado.-Le digo, intentando cerrar el tema y quizás sonando algo más borde de lo que quería.

-Está bien.

-Me tengo que ir, Emma-me acerco a ella para darle un beso como de costumbre pero me paro a mitad, dando un paso hacia atrás.-Adiós.-Me despido con la mano y me voy.

Sé que he dejado a Emma en la puerta del instituto, petrificada por mi actitud que ha cambiado de golpe. Pero como bien ella ha dicho hay pocas cosas que seamos capaces de ocultarnos el uno al otro. Es decir, que sé diferenciar bastante bien cuando me miente.

Vuelve a acudir a mi mente el momento en el que ha vacilado. Obviamente no puedo saberlo absolutamente todo de ella, pero no creo que se refiriera a eso.

No quiero comenzar a pensar en la fama que Emma tiene desde hace ya bastante tiempo ni en las muchas veces que la gente me ha dicho que me iba a engañar con alguien. Tampoco en las veces que sé que ha engañado a alguna pareja, porque son más de las que quiero ahora mismo considerar.

Nunca la pensé capaz de hacerme eso a mi, por mucho que la gente dijera o dejara de decir. Yo era su amigo de la infancia, su confidente, su mejor amigo.

Sé por qué engañaba a cada una de sus parejas, por qué se aburría rápidamente de cada una de ellas. Quizás fui demasiado ingenuo al pensar que eso me libraría de ser solo uno más, que yo sería distinto, a fin de cuentas, sigue enamorada de Govert. No de mi, de él.

Estoy andando sin rumbo fijo, solo perdiéndome entre las calles del barrio, dándole vueltas a demasiadas cosas en mi cabeza como para fijarme por dónde ando. Aún así no me sorprendo cuando acabo en la playa, siempre acabo viniendo aquí cuando necesito tiempo para pensar.

Me quito los zapatos para sumergir los pies en el agua fría y por un momento me olvido de todo. Sin embargo todas las ideas vuelven a mi cabeza incluso más intensamente que antes. Salgo de la orilla y me siento en la arena.

Saco el móvil para escribirle a Francis y desahogarme con mi amigo, pero me encuentro con que ya me ha hablado él, diciéndome que necesita hablar conmigo de algo importante.

Cuando voy a contestarle para ver qué pasa el móvil comienza a sonar, mostrando una llamada entrante del francés.

-¡Toño! Dime que puedes hablar porque tengo que contarte una cosa super fuerte.-Me dice nada más descolgar el teléfono.

-Nah, estoy solo dando un paseo, así que habla.

Mi amigo se queda unos segundos callado.

-¿Estás en la playa? Me parece escuchar olas ¿Es que te ha pasado algo?-Pregunta, poniéndose más serio de repente.

-No. Solo estaba dando una vuelta y he acabado por aquí, en serio.-miento-Y ahora cuéntame las noticias, que te veía bastante animado.

-¿De verdad que no ha pasado nada?-Vuelve a insistir desde el otro lado de la línea.

-Deja de ser plasta, Fran o te cuelgo. No me ha pasado nada así que empieza a hablar de una vez que me tienes en ascuas.-Vuelvo a mentirle.

Supongo que encontraré un mejor momento que esté para hablarle de las dudas que siento ahora mismo. Ahora lo que me toca es alegrarme de lo que sea que le tiene tan contento y tragarme todas las preocupaciones para ser el buen amigo que tengo que ser.


FRANCIS

No puedo creer que de verdad esté nerviosos por esto. Es verdad que desde que fui a casa de Arthur a hacer el trabajo de historia no hemos podido hablar de lo que realmente pasó. Bueno, ni de eso ni de nada, para ser más exactos.

El maldito inglés ha decidido volver a su actitud de cervatillo asustado que adopta cada vez que algo no es lo suficientemente agradable para él o si algo se sale de su cuadriculada mente o yo que sé.

Pero eso se acabó, a mi nadie me da largas y menos él. Aunque también es verdad que pensar todo esto es mucho más fácil que llevarlo a cabo.

Noto que la uña que estaba mordiendo se parte y hago una mueca de desagrado. Llevo sin morderme las uñas desde pequeño y no quiero volver a eso porque acabé por destrozarmelas a base de bocados, aunque me calma los nervios mientras voy de camino a casa del inglés.

No me está esperando porque no sabe que voy, pero confío en que sea tan cuadriculado como siempre y se haya encerrado para no salir más debido a los exámenes finales que se acercan. Sin embargo no es así, le veo a lo lejos atravesando un parque bastante conocido por ambos.

Una idea viene de golpe a mi cabeza, ya formada por completo. Sonrío, echando a correr antes de que le pierda de vista.

-¡Arthur!-Le llamo cuando estoy a distancia suficiente para que me escuche.

-Hola.-Contesta, bastante seco una vez se gira para mirarme.

-Hola-saludo mientras intento recuperar el aliento.-Quiero hablar contigo.

-¿Ahora?

-Claro que ahora. Acaba de recorrerme medio parque corriendo para alcanzarte.-señalo a un punto cualquiera del parque del que casi con toda seguridad no he venido corriendo.

Veo como el inglés mira a todos lados, buscando una salida.

-Y no me vengas con tu típica excusa de que tienes prisa porque, sinceramente, me da igual. Esto es más importante que cualquier cosa que tengas que hacer en este momento. No me importa si está en juego la humanidad, vas a escucharme.

-Vale ¿Qué quieres?-Acaba por acceder tras suspirar.

-Hablar, pero aquí no. Sígueme.-Le cojo del brazo para arrastarle conmigo porque no me fío aún de que no huya en el mismo momento en el que le de la espalda.

Cuando noto que me sigue sin esfuerzo me tranquilizo un poco y bajo la mano desde la mitad del brazo hasta su mano, entrelazando ambas. Arthur se tensa pero no la quita, cosa que me inspira la suficiente confianza como para sonreír mientras sigo arrastrándole a través del césped.

-Esto es de San Valentín.-Dice el de ojos verdes nada más me paro donde había pensado.

-Buena memoria-me pongo frente a él-Vas a escucharme ¿verdad?-le pregunto con una sonrisa mucho más segura de lo que me siento en estos momentos.

El rubio asiente, mirando un poco a todos lados y a todas vistas bastante distraído.

-Arthur-le llamo para captar de nuevo su atención.

-Francis, tengo prisa así que aligera, en serio. Llego tarde.-Dice, intentando aparentar más tranquilidad de la que tiene ahora mismo. Tampoco es que la sepa esconder muy bien.

-Creo que ha llegado el momento de hablar de lo que pasó el otro día y como tú no te ves muy por la labor de pronunciarte he decidido hacerlo yo.-sonrío nervioso.-Resulta que para mi fue algo importante. Fíjate si lo fue que me tienes hecho un manojo de nervios solo por tenerte aquí delante, sin saber siquiera qué decirte para quedar como un idiota, o por lo menos no quedar tanto como de costumbre.

Arthur sonríe un poco con esto último, como si fuera a darme la razón. Sigo hablando sin darle la ocasión de que abra la boca, aprovechando que he cogido carrerilla para decirle todo.

-Y la cosa es que sé que para ti también lo fue, aunque quieras hacer como si nada pasó o como si no nos conociéramos desde pequeños o algo así. Pero lo hacemos, hemos estado juntos desde pequeños. La mayoría del tiempo peleando entre nosotros, sí, pero no siempre fue así. Hubo un tiempo que eramos inseparables, que todo el mundo nos conocía juntos y no concebían vernos separados. Y aunque en esos momentos no sabía lo que significaba me he dado cuenta de que ya a esa edad eras más importante para mi de lo que podía imaginar. No sé si un crío de 6 años puede enamorarse, pero si es posible puedo decirte con certeza que yo lo estaba de ti.-Para mi sorpresa Arthur no aparta la mirada de mis ojos, sin parecer dispuesto a interrumpirme tampoco. Acerco mis manos a las suyas, entrelazando los dedos.

-Luego comenzaron las peleas y creí odiarte sin darme cuenta de que lo que de verdad hacía era todo lo contrario. Aún a base de peleas la gente seguía diciendo nuestros nombres en pareja y era imposible hablar del uno sin mencionar al otro, y eso me agradaba. Y fui un tonto por no darme cuenta de que me agradaba porque aunque fuera solo de esa forma, seguíamos siendo inseparables, por no darme cuenta de que mis parejas no eran más que tristes sustitutos de la única persona con la que realmente quería estar y que, sin embargo, era para mi un inalcanzable. Pero con el tiempo me acabé hartando de todas las riñas estúpidas, creía que era porque me cansaba estar todo el rato peleando y de malas pero no era eso, aunque necesité tu propia ayuda para darme cuenta de eso y todo ha sido a una cosa que puede parecer en un principio muy tonta pero que para mi lo ha cambiado todo. Este año hemos vuelto a hablar, a recobrar poco a poco la amistad que tantos años tuvimos congelada y todo eso me ha hecho darme cuenta de que no te quiero como amigo ni te quiero como enemigo, porque no es suficiente con la enemistad, la indiferencia o incluso la amistad de la persona a la que amas. Porque te quiero desde antes de saber lo que era el amor y porque estoy seguro de que te seguiría queriendo aunque la palabra perdiera todo su significado. Así que ¿qué dices? ¿Me harías el chico más feliz del mundo saliendo conmigo?-Le pregunto, tirando un poco de sus manos para acercarle a mi.

Veo mi reflejo en sus pupilas, rodeadas por un iris tan verde que parece reflejar las hojas de los árboles que nos rodean y noto como poco a poco esos ojos se acercan a mi.

Arthur no me contesta con palabras, pero entiendo el gesto a la perfección y me acerco más a él para besarle.

-¿Entiendo esto como un sí?-Le pregunto, sonriendo antes de volver a besarle aunque me aparto en el último momento.-Quiero mi respuesta, Arthur.

El inglés se sonroja más de lo que ya estaba (que no era poco) y asiente.

-¿Perdona? No te escucho y la luz es demasiado tenue porque las copas de los árboles no dejan entrar la luz.-Miento descaradamente, sonriendo.

Frunce un poco el ceño y niega con la cabeza, aunque sonríe.

-Sí, te he dicho que sí.

Suelto sus manos para abrazarle, volviendo a juntar mis labios con los suyos y sabiendo que me puedo a acostumbrar a esto bastante rápido.


LUDWIG

Después de darle muchas vueltas, he llegado a la conclusión de que Feliciano me gusta. No de la manera en la que me gustaba antes, que era como un amigo y alguien con quien pasarlo bien. No. Me gusta de la manera en la que a Gilbert le gusta la chica esa de su clase de la que nunca para de hablar (creo que se llama Madeleine). No sé que pensar de todo esto... Nunca me había considerado gay... y menos serlo por un amigo. Concretamente mi mejor amigo. Sin embargo, esa es a la conclusión a la que he llegado.

Pero, no sé por qué, ahora Feliciano me odia. El otro día me echó el discurso de su vida, y según me ha contado Sakura, al parecer "he cortado" con él.

De verdad... no le entiendo. Hay muchas veces en las que no consigo entenderle.

-¡Ludwig!

La llamada de Elizabetha me saca de mis pensamientos sobre el italiano, en los que llevo enfrascado desde que ha empezado la clase de Literatura Universal, y la miro.

-¿Qué pasa?

-¿Cómo que qué pasa? ¡Llevo un rato llamándote!-explica la chica haciendo aspavientos con las manos-. En fin, no importa, lo que te quería decir es si quieres cambiar la fecha del próximo examen de Historia del Arte.

El próximo examen que tenemos de dicha materia es sobre el Neoclasicismo, mi favorito, y no veo por qué deba querer posponerlo.

-No. ¿Por qué lo preguntas?

-Por que hay gente en la clase que si quiere-explica la húngara mirando al trozo de papel que lleva en su mano derecha-. Hay unas diez personas que han votado para que se cambie a la semana después de la que estaba puesto, y sólo cinco se han negado, queriendo que sea el examen el martes de la semana que viene. ¿Qué dices tú?

-Como querer no quiero cambiarlo... Pero si la mayoría de la gente ha decidido que sí, pues habrá que cambiarlo.

-¿Entonces te pongo en la lista de los que se niegan?

Asiento con la cabeza, echando una rápida ojeada a la lista de Elizabetha mientras ésta escribe en ella mi nombre en la columna de la derecha, donde alcanzo a leer, aparte del mío, el nombre de Roderich.

-Pues ya está-dice la chica cuando termina de apuntar mi nombre.

Cuando Elizabetha se va hacia el final de la clase, me pongo a recoger mis cosas. Sólo queda una hora de clase, y es Lengua. El cambio de clase se me hace eterno. Observo que mi compañero de mesa también parece hastiado, mirando con tristeza (o al menos eso me parece) a la mesa de Sakura y Feliciano (aunque supongo que mira a Sakura, ¿no? ¡Tiene que ser a ella! No tiene mucho trato con Feliciano como para echarle una mirada así).

-¿Todo bien?-le pregunto, con curiosidad.

-Más o menos-resuelve Heracles dándose la vuelta-. El otro día tuve un... incidente con Sakura que no terminó muy bien.

Bien, al menos ya sé que a Feliciano no era a quien observaba con esa mirada tan melancólica (y de enamorado).

-Entiendo-atino a decir-. No te preocupes. Sakura es... inteligente. Seguro que todo se arregla.

Heracles esboza una sonrisa con eso que hace que me revuelva un poco. ¿Qué le causa gracia de eso?

-Eso te puedo decir yo sobre ti con respecto a Feliciano.

Al oír el nombre de mi amigo (por no decir del chico que me gusta) me pongo completamente tenso.

-Emm... ¿y qué pasa con Feliciano?

-Más bien dirás entre Feliciano y tú-responde el griego sin borrar la sonrisa, aunque es cada vez más débil-. Pues... en parte como me pasa a mi con... ya sabes quien. Simplemente, parece que el destino no os quiere juntos.

Esa frase es tan filosófica que no logro entenderla. De hecho, no creo en el destino. Y... ¿Como le pasa a él con quién? ¡No entiendo! ¿Será Sakura? ¿O no? ¿O será la chica esa mulata con la que se habló tanto en la fiesta de Alfred?

-Vale... -es lo único que se me ocurre decirle. Sin embargo, su atención vuelve a estar centrada en Sakura.

No pasa mucho tiempo cuando la conserje entra por la puerta y nos anuncia que el profesor de Lengua no va a venir, que se encuentra en una reunión sobre Selectividad. Pues a buena hora lo dice. Podría haberlo dicho ayer y yo le habría pedido a mis padres que me hiciesen una nota en la que me autorizasen a salir del centro (ya que aun no soy mayor de edad). Pues no, ahora voy a tener que quedarme aquí una hora más, sólo, con la única compañía de Elizabetha, Roderich y Francis, que son los que aún son menores, al igual que yo.

Veo como la clase va quedando vacía poco a poco. Para mi sorpresa, Francis sale con Arthur, este último diciéndole de ir a la cafetería y quedarse allí. Se me había olvidado que se habían hecho novios recientemente. Es algo completamente extraño. Aunque con el tonteo que se traían encima... tampoco sé que es lo que me extraña tanto.

-Vas a quedarte aquí, ¿no?

Escuchar esa voz hace que pegue un respingo, pillado por sorpresa. Feliciano está delante de mi mesa, mirándome con el ceño fruncido. Parece enfadado.

-S-Sí. Cumplo los 18 en octubre-le recuerdo dando un leve bufido.

Feliciano suspira, y se sienta en la silla en la que se ha sentado Heracles hasta hace apenas unos minutos.

-Vas a necesitar compañía-dice el italiano quitándose su mochila y poniéndola encima de la mesa-. De lo contrario vas a estar en medio de una tensión no precisamente sexual entre Elizabetha y Roderich.

Esto último me lo susurra al oído, que me hace estremecerme, pero a la vez me sirve para darme cuenta de que la húngara está sentada en su asiento en primera fila tecleando algo en su teléfono, y parece nerviosa. Por su parte, Roderich está justo detrás nuestra, leyendo un libro de bolsillo.

La hora se pasa de manera muy extraña. Por primera vez en semanas, Feliciano y yo conseguimos entablar una conversación más o menos normal, sobre temas aleatorios que no tienen que ver con nuestros sentimientos. Sinceramente, agradezco mucho su gesto de haberse quedado esta hora conmigo. Sino, la habría pasado bastante aburrido, y sin haberme dado cuenta de la tensión que hay entre los otros dos.

-Gracias por quedarte conmigo-le digo al italiano una vez que suena la sirena indicando que la hora ha terminado. Feliciano me sonríe antes de despedirse y salir a paso apresurado por la puerta.

Sigue habiendo algo entre los dos, pero ya no es tan tenso como antes. Aunque... el haberme dado cuenta de mis verdaderos sentimientos hacia él me pone nervioso. No creo que se los diga jamás... A no ser que él también sienta lo mismo y me lo diga.


TORIS

Toda mi clase se queda en silencio, atónita ante las palabras que acaba de pronunciar nuestra tutora, la profesora de Literatura Universal.

-Del 4 al 8 de mayo los alumnos de 2º de bachillerato irán de excursión a la montaña.

Y a los pocos segundos de callarse la profesora, se monta un revuelo de voces y chillidos por parte de todos.

-¡Nos estáis quitando tiempo para estudiar la selectividad!

-¡Tenemos el examen final de Historia a la vuelta!

-¡Silencio!-exclama la profesora-. Hacer esta actividad no es obligatoria. Sin embargo, el Consejo de Estudiantes ha pensado que no estaría mal que hiciérais este viaje para despejaros un poco, y os olvidéis durante unos días de la selectividad.

-Vaya gilipollez. Al contrario, así nos agobiamos más.

La profesora fulmina con la mirada a la chica que ha hablado y continua hablando.

-Ahora pasaré un folio en el que vais a apuntar vuestro nombre y si vais o no.

La profesora entrega el folio a los de las primeras filas, y cuando llega a mis manos me sorprendo al leer que no va mucha gente. Solo se han apuntado Elizabetha y poco más.

Dudo en si ir o no, pero al final decido que sí. No me vendría mal despejarme de tanto estudio. Además, seguro que si Natasha también va podemos sacarle provecho a esos cinco días...

Ahora que pienso en ella, me han entrado más ganas de que llegue ya el recreo. Sólo faltan cinco minutos, pero se están haciendo los cinco minutos más largos de mi vida...

Cuando -gracias a Dios- suena la sirena, me levanto rápidamente de mi asiento y salgo al pasillo, para esperar a Natasha, quien suele tardarse, por lo que saco el móvil para matar el tiempo.

Me sorprendo al ver que hay un grupo nuevo en el que estoy, y que han debido de meterme hace poco. Decido abrirlo y leer de qué va.

Te has unido al grupo "Excursión"

Feliks se ha unido

Antonio se ha unido

Sakura se ha unido

Alfred se ha unido

Iván se ha unido

Gilbert se ha unido

Arthur se ha unido

Roderich se ha unido

Emma se ha unido

Natasha se ha unido

Feliciano se ha unido

Heracles se ha unido

Chiara se ha unido

Francis se ha unido

Madeleine se ha unido

Ludwig se ha unido

Elizabetha se ha unido

Govert se ha unido

Alfred: Hi

Alfred: Quien va a la excursión?

Govert: Yo ni de coña. Bastantes líos tengo ya como para que encima tenga que ir a hacer de canguro de todos vosotros

Govert abandonó el grupo

Alfred: Qué soso...

Alfred: ¿Y los demás?

Chiara: Ni idea, si consigo que me dejen ir supongo...

Roderich: Yo no voy, tengo que estudiar BASTANTE.

Roderich abandonó el grupo.

Elizabetha: Yo... tengo que pensármelo.

-¿Estás leyendo el grupo?

La voz de Natasha me sobresalta y aparto la vista de la pantalla a ella. Está mirando su teléfono con fastidio, y por lo que veo es el grupo lo que le desagrada.

-S-Sí-me reprocho internamente esa vacilación. Por favor, que ya estamos saliendo y todo, no puedo seguir así-. ¿Vas a ir a la excursión?

-No lo sé.

Natasha guarda su teléfono en el bolsillo del pantalón.

-Si no tengo muchos exámenes para la próxima semana quizás... sino creo que no. No quiero arriesgarme. Últimamente mis notas han bajado y no me hace gracia que esto pase a casi un mes de selectividad.

Asiento con la cabeza. En parte la entiendo, sé que sus calificaciones le importan bastante... aunque por otra parte deseo que venga a la excursión y poder pasar unos momentos irrepetibles junto a ella.

-¿En qué piensas, que estás así de serio?-pregunta de repente Natasha con una sonrisa burlona.

-En nada. Solo espero que puedas ir...

-Tu vas a ir, ¿cierto?

-C-Creo... aunque si no vas tú...-no es la mitad de divertido, quiero decirle. Sin embargo, Natasha me calla posando sus labios sobre los míos, abrazándome del cuello. No termino de acostumbrarme a esto de los besos, pero sinceramente, no me desagrada en absoluto.

-¿Vamos afuera?-pregunta Natasha cuando se separa.

Asiento con una sonrisa de bobo en la cara y salimos, tomados de la mano al patio. Acabamos sentándonos debajo de un frondoso árbol, en un banco, donde vuelvo a sacar mi móvil al notar que este no para de vibrar.

-¿El grupo?-pregunta Natasha, acercándose más a mi para leer la conversación.

Abro el grupo y me sorprendo al leer los casi 50 mensajes que hay.

Emma: A ver

Emma: A mi

Emma: me haría ilu ir sabeis?

Emma: por eso de no ir a clase durante 1 semana y tal. peeero

Emma: necesito quedarme para ir a clases de mates. sabéis como es el profesor, y este capaz es de avanzar con el temario

Emma: Asi que prefiero no arriesgarme y quedarme aquí.

Eduard: RT Emma xD

Eduard: Es mejor no saltarse las clases de matemáticas...

Feliciano: Io si voy!

Feliciano: Yo*

Francis: Yo pienso que me vendría bien un descansito... así que contad conmigo ;)

Alfred: Hahaha nice!

Alfred: Entonces

Alfred: ya vamos 3 fijo no?

Gilbert: 4

Gilbert: Yo me voy de cabeza a la excursión.

Gilbert: Y Maddie también.

Madeleine: oye!

Madeleine: yo tenía pensado no ir...

Gilbert: anda no me seas sosa y venteeeee

Madeleine: Pero es que tengo que estudiarme TODOS los autores de literatura y son muchos D:

Gilbert: PORFAAAAAAAA MADDIEEEEEEEEE

Emma: Plis no petéis :)

Madeleine: Okok Gilbert

Madeleine: No insistas más por aquí.

Gilbert: Así que por privado puedo insistirte mas?

Madeleine: No me referia a eso .

Ludwig: Gilbert... ¿en serio vas a ir a la excursión con el examen de matemáticas a la vuelta de la esquina?

Gilbert: No me regañes por el grupo West D:

Sakura: Yo voy!

Arthur: RT Sakura. No hay más que decir. Adiós.

Arthur abandonó el grupo

Sakura abandonó el grupo

Feliciano: Peero pq se van? D:

Feliciano: Mételos de nuevo, Alfred!

Alfred: Meh, paso. Ya han dicho que van. Si se hubiesen negado habría sido otra cosa, pero ya que van voluntariamente...

-¿Qué vas a hacer al final?-pregunta Natasha, mientras termino de leer la conversación.

-No lo sé...

-Yo creo que al final si iré. Total,mates no es tan difícil como la pintan.

La miro a los ojos y al verla sonreír no puedo evitar devolverle la sonrisa, cómplice.

-¿Entonces...?

-Vayamos juntos-dice Natasha echándose un poco encima mía. Le paso el brazo por encima del hombro, y la abrazo, atrayéndola hacia mi. Sonrío una vez más. Al final, esa semana sí que será inolvidable. Natasha y yo juntos, como pareja, en un viaje a un mes de las pruebas más importantes de nuestras vidas...