Mientras Papá Duerme, Gózame Rico
Había sido un día muy largo para todos, los tres Winchester habíamos luchados contra un montón de espíritus que amenazaban con destruir un pueblo pequeño, y fue gracias a la estrategia planeada por papá que pudimos derrotarlos a todos, mandarlos de regreso al más allá y triunfar en nuestra misión. Por supuesto eso significó que después nos llevó a cenar a un buen restaurante (que pagó con una de sus tarjetas de crédito que había obtenido en su último fraude bancario) para celebrar. Después de eso regresamos al motel en el que nos habíamos registrado.
"Duerman bien, que mañana temprano tenemos que partir por la carretera al norte. Hay evidencia de algunos ataques de Wendigo y voy a necesitar de su ayuda", nos ordenó antes de entrar en su habitación.
"Sí, señor", respondimos Dean y yo al mismo tiempo.
Y abrimos la puerta para encontramos una cama matrimonial a la mitad de aquel cuarto. Dean gruñó.
"Otra vez se equivocaron en la administración, y nos dieron una cama en lugar de dos. Tenemos que arregarlo, Sammy."
"Soy Sam… ¿Y para que armar un escándalo? Casi todas las habitaciones están llenas por esos cazafantasmas que venían a investigar los espíritus que destruimos. Además papá dijo que teníamos que dormir temprano para irnos mañana."
"Está bien, si tú lo dices" refunfuñó Dean.
"Pero ahora que lo pienso, podemos aprovechar la cama para hacer algunas travesuras."
"Calma, Sammy, no se te puede olvidar que papá duerme en el cuarto de alado y que tan sólo eres un adolescente y ya quieres follar como los hombres."
"Él estará dormido, De."
"¿Eso qué tiene ver?"
Me acerqué a él jugando con el collar que llevaba al cuello, nuestras miradas se encontraron por una fracción de segundo, pero fue suficiente para transmitirle mi lujuria. Sus cuerpo era como electricidad pura que se aferraba a mí, sus labios se acercaron a los míos para rozarlos antes de entregarse a ellos con pasión. Su lengua tocó la mía antes de entrelazarse en un acto íntimo que nos gustaba a los dos.
"De…" susurré en un gemido de placer.
"¿Qué quieres, Sammy? Pídeme lo que quieras que estoy en humor de complacer tus cochinadas."
"Mientras papá duerme, gózame rico."
Dean soltó una risotada, lo que me obligó a empujarlo dentro de la habitación y cerrar la puerta.
"Dean, nos pueden oír. Hay que quedarnos callados si no queremos que papá empiece a sospechar de nosotros."
"¿Qué va a sospechar? Solamente fue una risa mía. Se acaba de meter a la habitación de alado, dudo mucho que esté dormido. Si no nos ha descubierto hasta hoy, esta noche no lo hará. Además tu fuiste el que me sedujo allá afuera. No querías que te hiciera gozar."
"Sí, De, quiero que lo hagas."
"Pues pídemelo, que me gusta oírlo de ti."
"Quiero que me lo hagas", le gemí al abrazarlo.
"Se pueden hacer muchas cosas, Sammy, bañarme frente a ti, masturbarte, tratarte como mi niño de cinco años y contarte un cuentito erótico antes de dormir. Me parece que vas a tener que ser más específico."
"Quiero que me hagas tuyo, De. Ya lo dijiste, esta noche es para follar como los hombres. Los Winchester somos machos y así es como nos gusta comportarnos en la cama."
"Así me gusta campeón, me encanta cuando esas palabras salen de tu boca", exclamó Dean al empezar a desabotonar mi camisa.
Siempre un botón detrás de otro, pero con una lentitud que me agobiaba. Quería que me arrancara la ropa, que su boca se aferrara a mi pecho y probara cada partícula de sudor. De nuevo sólo hubo una sonrisa lujuriosa de su parte, así que me entregué a su toque experto. Él sabía lo que estaba haciendo y siempre había dejado que el tomara control de la situación. Cuando dejó caer mi camisa, lo tomé del cuello de su chamarra para llevarlo hasta mi boca. Quería probar sus labios, hasta saborear cada fibra de su aliento.
"Ya no lo soporto, De, necesito que me penetres. Quiero tenerte dentro de mí y quiero que me hagas gemir tu nombre del placer que me provocas."
"¿Cuántas veces te lo tengo que decir, Sammy? Las buenas cosas toman tiempo, y cuando estés desnudo entres mis brazos disfrutarás de mi cuerpo, y yo gozaré con el tuyo."
De verdad que no soportaba más, debía tenerlo. Tomando a Dean desprevenido, le quité la chamarra y luego intenté sacarle su playera. Él se dejó, pero en cuanto tuve una vista de su pecho desnudo.
"No hagas, eso, campeón. Yo tengo mi tiempo, y si me sacas de él me voy a enojar y voy a tener que castigarte. No quieres eso ¿Verdad, Sammy?"
"Mientras me penetres, no me importa lo que hagas."
Estas últimas palabras parecieron calmarlo, y de nuevo nos entregamos a un juego de caricias, en donde su boca estaba concentrada en lamer cada una de las células de mi piel, mientras yo acariciaba su crecientes pectorales.
"De, el entrenamiento de papá te está poniendo fuerte. Ahora estás más duro."
Tomó mi mano, y la llevó delicadamente hasta sus pantalones. Rocé su ombligo y me llevó mucho más abajo hasta tocar su pene erecto. Aquel miembro caliente que ya empezaba soltar su líquido preseminal en la punta.
"Te equivocas, Samantha, eres tú el que me pone duro. ¿Te gustan los hombres duros?"
"Me encantan, De."
"¿Quieres probar uno de verdad?"
"Ahora mismo."
"Entonces quítate esos pantalones, y esos bóxers porque esta noche vas a gozar como una perra."
Esas últimas palabras eran justo lo que estaba esperando. Como un niño que está a punto de recibir su regalo de navidad, me quité los pantalones lo más rápido que pude, y también me deshice de mi ropa interior. De un brinco quedé sobre la cama en cuatro patas esperando a que llegara Dean. Supe que estaba detrás de mí en cuanto sentí la primera nalgada.
"Dilo otra vez, Sammy, que me alimento de cada palabra sucia que sale de tu boca."
"Mientras papá duerme, gózame rico", exclamé lamiendo mis labios.
"Es todo lo que necesitaba escuchar", respondió al meter el primer dedo en mi culo, lleno con la crema que había comprado aquella mañana, a escondidas de papá.
Sentir como me dilataba era una experiencia única que nunca he podido olvidar, ni comprar sin importar con cuantos otros hombres me acueste. Porque mi cuerpo vibra al sentir su toque, al hacerme vulnerable a su poderosa masculinidad. Yo lo dejó simplemente porque no puedo evitar pensar que soy suyo, desde el momento en que lo seduje para que me robara la virginidad. Cada vez que me dilata sé que hay sentimiento que se agolpan dentro de él, y que sólo pueden liberarse con un orgasmo. Cuando el considera que me encuentro listo, siento la punta de su pene a la entrada de mi culo, dispuesto a atravesar mi cuerpo para expresar el amor que siente por mí. Para algunos puede ser un acto sucio y lujurioso, pero cuando todo ese tubo de carne entra dentro de mí, estoy seguro que Dean me ama más que a nadie en el mundo. Es cuando de verdad soy su Sammy, y él mi Dean. Su trabajo era protegerme y era justo lo que estaba haciendo al amarme.
El movimiento de vaivén de su pelvis contra mi trasero era inconfundible, típico de Dean al querer mostrar su fuera sobre mí. Su piel chocaba contra la mía. Sus gemidos se mezclaron con los míos. Levanté la parte superior de mi cuerpo, para que me abrazara, e intentáramos besarnos. Estábamos juntos, siempre habríamos de estarlo. Yo había nacido para estar con él, y él había nacido para besarme con pasión. Estábamos juntos, y eso era lo importante.
Sentí sus manos aferrarse con fuerza a mi pecho, hasta lastimarme, y al vibrar su cuerpo derramó toda su leche en mi interior.
Nos dejamos caer sobre la cama, y empecé a acariciar su pecho lleno de sudor. Tan delicioso, cada gota tenía que ser mía y por ello empecé a leer.
"Calma, campeón, tienes toda la noche para lamer todo mi cuerpo, pero en este momento quiero hacer algo más."
"¿De que hablas, Dean?"
"Que no me parece justo que esta noche yo sea el único que disfruta."
No tuve que esperar a que se explicara más, pues de inmediato engulló mi pene y empezó a lamerlo. Era algo que no había esperado, y cada vez que su lengua tocaba mi miembro erecto, yo sentía una oleada de placer intenso que no podía soportar. Todo quedaba reducido a gemidos incontrolables, que inevitablemente terminarían en mi orgasmo.
Una vez que Dean hubo tragado mi semen, acercó sus labios a los míos para que pudiera probar mi propio sabor. Después de eso, Dean me permitió seguir lamiendo su cuerpo. En algún punto de la noche nos quedamos dormidos, abrazados desnudos entre las sábanas húmedas.
A la mañana siguiente nos despertamos muy temprano, nos bañamos juntos y estuvimos listos para el momento que papá había elegido para partir.
"¿Tuvieron una buena noche?"
Dean y yo compartimos una mirada cómplice.
"La mejor, señor", contestó mi hermano.
Por un momento me pareció que papá sabía lo que habíamos hecho la noche anterior y ¿Quieren saber algo? No me importa, amo a Dean con todas mis fuerzas y estoy dispuesto a luchar contra todo el infierno sólo para estar a su lado.
