Previously on ''Arthur'' chapter:

—Todavía no olvido lo mal que me trataste.

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—Qué pedazo de pérdida de tiempo gastarlo hablando con vos. Tenés razón, mira la arruga que te traspasa, la piel se te está derramando. No me vas a gustar de acá a algunos años, si no hacés nada ahora...

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—Mesa para cuatro.

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—Es fácil dominar a una mujer, eres más fuerte, más alto, pero no es tan sencillo cuando se trata de otro hombre.


—Es la impresión que da ahora, pero espera a que ingrese en el ejército y se entrene como debe —Gilbert le palmea el hombro bruscamente a su hermano—. Quiero que aprenda lo necesario antes de que se enfrente a las habitaciones compartidas —Gilbert anda diciendo estas cosas como si fueran algo tan normal.

Ludwig siente el golpe como una caricia. Sonriendo forzosamente ante la examinante mirada de Miguel.

—Epa, no te preocupes... Acá te harás más hombrecito de lo que ya eres —le guiña el ojo porque saaaaabeeeeeee lo queeeee va a haaaaaceeeeer acá cuando tome confianza con los prostitutos. Ludwig siente un escalofrío y se revuelve, asintiendo.

—S-Sí, eso... Me ha explicado mein bruder... —sus mejillas se sonrojan porque, bueh, a Miguel se le ve imponente.

—¿A quién nos recomiendas? —le pregunta Gilbert a Miguel, en un tono de preocupación fraternal—. No quiero a alguien sencillo, no quiero que sea débil —aclara, para que no se exceda en recomendarle a alguien calmado tipo Matthew (a quién, sea dicho, Gilbert le tiene puesto el ojo desde hace tiempo).

—Mmm... —Miguel le suelta la mano al menor, a quien le estaba dando un apretón, y voltea sólo un poco. Observa el paisaje, Feliks hubiera sido ideal, pero está ocupado con dos hombres nuevos, Feliciano también, Luciano y Martín sentados, misteriosamente, sin nadie alrededor. Voltea hacia Gilbert y Ludwig—. Mira, puedo recomendarte uno muy suculento, uno que tu hermanito no se va olvidar ni con treinta que le sigan —por favor, dejemos las sobonerías...

—Basta de palabras, quiero verlo y juzgarlo con mis propios ojos, kesesese.

—Ok —Miguel sonríe y le palmea el hombro, dirigiéndose luego hasta Martín. Susurra cosillas a su oído y lo trae del brazo, tan elegante ella, con tacos, un poco más alta que Miguel. Gilbert, mientras espera a que Miguel regrese, instruye a su hermano.

—No es necesario mirarlo a los ojos, pero es más digno.

Ludwig asiente. Miguel llega con Martín. Luciano les sigue de cerca, con un vestido que le deja descubierta la espalda, en parte por cumplir con el castigo, en parte por chisme, para saber si se trata del inglés con el que se encontraron horas antes.

Martín sonríe como tiburón, pero elegante al ver tremendos machos macizos en frente, agarrado del brazo de Miguel.

—Buenas noches —fija los ojos verdes en Gilbert y se relame los labios. Con un vestido color rojo tan ceñido y chiquititito. Miguel hace un gesto con la cabeza a lo «aquí está».

—Buenas noches —le devuelve el saludo Gilbert, con una leeeeeve inclinación de cabeza, mirándole fijamente los rasgos, aprobando el color de cabello y la fisonomía—. ¿Nos acompaña? —sonrisa que quiere ser galante, pero que es más bien de Diablo que te está ofreciendo un trato.

Martín se muerde el labio, mirándole a Gilbert descaradamente el paquete, y subiendo despacito su mirada hasta llegar a su boca.

—¿Querés que te acompañe? Te acompaño hasta el fin del mundo —responde, Miguel se ríe, jejejeje, Ludwig está como las bolas navideñas que le cuelgas al árbol, exacto, color rojo. Martín le parece guapísima, a rabiar (el muchacho realmente cree que es mujer), traga saliva.

—Realmente —Gilbert se relamería de forma obvia si fuera así, Martín, pero no lo hace—, no soy yo quien te quiere —le señala a su hermano, tan cómodamente sentado en su silla, con un brazo en el respaldo.

Martín dirige sus ojos hacia Ludwig, le mira como quien lo hace con su comida luego de no haber almorzado en todo el día. Ludwig tiene los ojos como platos. Martín abandona el brazo de Miguel.

—Mirá vos, ha bajado un angelito, ¿es el Juicio Final? ¿O es mi polvo final y me llevás al cielo? —pregunta pegajoso. El alemán más jovencito solo llega a contestar con balbuceos que nadie entiende. Gilbert le mira, esperando una respuesta de hombre. Luciano le encuentra gracia a la frase de Martín.

El menor carraspea, acordándose de por qué su hermano lo trajo a este lugar y...

—Vengo a elegirla como combatiente.

Luciano parpadea extrañado, aún manteniéndose en segundo plano.

—Siéntese —ordena Gilbert para Martín, para empezar con... Todas esas cosas que Ludwig aprenderá hoy, incluyendo la conversación del preámbulo: Qué decir, qué no decir, cómo mandar la conversación manteniéndose dentro de lo correcto.

Martín levanta una ceja soltando una carcajada. Luciano se queda parado atrás, a unos pasos. Gilbert lo ve y se sorprende.

—¿Y él? —lo señala, preguntándole a Miguel.

—Él es Luciano.

Luciano sonríe coquétamente.

Boa noite, cavalheiros —se acerca hasta el borde de la mesa. Miguel deja el lugar sonriendo porque tiene que trabajar... O ir a ver a Manuel al piano.

Ludwig está todo nervioso al lado de Martín, porque a éste se le ha subido el vestido por el culo (realmente por la pierna) y no puede dejar de mirar abajo, sonrojado.

—Interesante —Gilbert sopesa al mulato—, acompáñanos también —le ordena. A Luciano no le gusta el tono, pero obedece.

—¿Y, cómo te llamas? —pregunta Martín en un gesto coqueto, acomodándose mejor el escote del vestido, el alemancito traga saliva, pero no deja de mirarle a los ojos.

—Ludwig Beilschmidt —suelta con un marcado acento alemán que no quita ni con cinco años hablando español, Martín asiente, interesado (es la primera vez que se va a tirar a uno de esa nacionalidad) y le sigue repasando con los ojos la carita, sonríe acercándose a su oído.

—¿Y cuántos años tenés, nene? Te ves re pibe —afinando mejor su acento argentino seductor que derrite a masas, Ludwig se sonroja más, pero es firme, no comprendió la ultima palabra que le soltó, porque ha aprendido el español neutro del Perú.

—Tengo quince años —Martín le sigue respirando casi por el cuello porque ha estado bajando mientras el otro se decidía a responderle, abre los ojos grande porque es un peligro tener un... Menor.

Gilbert está mirando a Luciano, haciéndole preguntas de rigor, si es ilegal, si es su padre o su madre el blanco y quién el negro, cuantas generaciones hace que empezó la mezcla en su familia, cuántos años tiene, cuánto tiempo lleva allí... Luciano aprieta los dientes mientras sonríe, riendo ante algunas preguntas y respondiendo con la verdad... Pero no diciendo más de lo necesario, la forma en que Gilbert lo mira no le gusta.

—Quizás seas mejor para mi hermano —sopesa Gilbert, en voz más alta, en parte porque se trata de un mulato. A los peruanos más cobrizos ha aprendido a respetarlos, pero éste es un caso distinto. Voltea hacia Ludwig—. ¿Te gusta él o prefieres a otro?

Luciano todavía no se da cuenta del tema que es tener a un menor allí, demasiado ocupado con el hermano del niño. Martín piensa, para sí, que no debe ser problema el niño porque el mismo Miguel lo ha conducido hasta ahí...

—Y-Yo... —por mí se las meto a los dos juntos al hilo, se sonroja porque los dedos de Martín no están quietos. Mira de reojo a Luciano, la verdad es que le da mucho morbo hacerlo con un negro por todo el asunto de la discriminación—. Me gustan las dos, bruder.

Luciano por primera vez se fija en Ludwig, y le sonríe, menos forzado que a Gilbert.

—Tenemos por castigo estar siempre juntos, señor —refiriéndose a Martín—, si así lo prefiere.

Martín asiente despacito.

—Juntitos somos muy útiles, míster —susurra, Ludwig mira a su hermano con cara de ganador nazi.

—Pues entonces, no se diga más...

Gilbert se ríe con un kesesese que no viene a cuento de nada al oír la resolución de su hermano, pero les explico que, ocurre, está contento y orgulloso de verlo responder así.

—Perfecto. Estarás bien solo, ¿no? —ay de todos si Ludwig responde que no.

Ludwig niega despacito con la cabeza porque no se puede creer que le esté proponiendo eso (ni tampoco quiere verse menos macho por negarse), y como es alemán le asusta tener tanto... Cuerpo para él solo, sin ayuda. Y... Quizá hasta su hermano le pueda enseñar algunos trucos. Queessuprimeravezjoder.

—Bruder... Sería mejor si tú... —le mira significativamente. Martín mira diabólico a Gilbert. ¡Santo Dios, hace tanto tiempo que no lo hacia con varios! (Dos semanas).

—¿Si yo? No me has respondido —sabemos que Gilbert suena bruto, pero no lo dice así con mala intención. Luciano no sabe si reírse o no ante la situación que se está formando.

—Sitúmeacompañaras —suelta Ludwig, bruuuuuto también, con los ojitos azules brillando.

—¿Seguro que me quieres allí la primera vez que te midas como hombre? —le pregunta con seriedad, mano en el hombro de su hermano, mirándole directamente a los ojos. Hay un brillito, una lagrimita awesome. Ludwig asiente con fervor sin dejar de mirar a los ojos a su hermanito.

—Ja, bruder. Seguro —Martín se relame los labios mirando a Luciano, medio sonriente. Luciano levanta las cejas sorprendido, con una media sonrisa de «quién lo diría». Gilbert piensa que debe hacerlo por el bien de su hermano.

—Así será. ¡Más cervezas! —pide.

Así que una hora después, con más alcohol encima, Gilbert se levanta de su asiento y le pone una mano en la cadera a Luciano, que está sentado sobre la mesa. Martín está abusando del adolescente en cuestión, tratando de abrirle la camisa le besa las comisura de los labios muy contundentemente. Ludwig está viendo las estrellas. Cuando el argentino se aleja para besarle la mandíbula, vuelve a tomar más cerveza, mira de reojo a su hermano.

—Vamos —sugiere Luciano, meloso, con los brazos al cuello de Gilbert, y lo dice lo suficientemente fuerte como para que le escuchen los otros dos también.

—Vamos nene que quiero comerte entero —agrega Martín, y se levantan, Ludwig tratando de arreglarse la ropa. Gilbert suelta a Luciano para poder caminar hacia donde él saaabeee que deben ir, y se encamina llevando la batuta. Martín de la manito con Ludwig lo sigue. Cada cual con una cerveza en la respectiva mano libre.

Miguel busca con la mirada a Manuel, mientras limpia unos vasos.

Manuel siente algo detrás de la nuca, y empieza a ponerse nervioooooso. Yerra una tecla. Se nota.

Miguel se ríe por el desliz del pianista, llenándole el vaso de whisky a un estadounidense que conversa fumando un puro con un finés.

Martín lleva una mano de Ludwig a su cadera, acercándose a las escaleras. Gilbert va unos escalones más arriba, habiendo hecho a Luciano subir adelante (porque tiene un vestido, o sea que le está mirando por debajo. Por algo es un estratega), con los otros dos detrás.

Al llegar al final de las escaleras, Luciano se detiene, indeciso de hacia dónde dirigirse. Gilbert le da un empujoncito para que se apure.

—¿Martín...?

El nombrado levanta una ceja detrás del alemán.

—Decime, nene.

—¿A qué cuarto llevamos a los señores?

—¿Cuál cama es más grande? —discúlpenlo, la belleza de Ludwig lo ha puesto lentísimo.

—¿Creo que la mía? Pero... —las legumbres que quedaron escondidas..., le mira con cara de circunstancias. Recordemos que es su primera vez haciendo esto en una situación... Profesional.

—Oh... Vayamos a la mía por hoy —guiña el ojo para Gilbert y voltea a sonreírle a Ludwig y subir para indicarle el camino. Luciano empieza a sentirse leeeeevemente incómodo, entre que hay un menor, Gilbert le trata con cierto desdén y que será, o al menos intentará ser, un cuarteto.

Gilbert se siente todo un macho macho man.

—Con mis cinco metros podría con los dos —dice nada más entrar al cuarto. Formas de coquetear por Gilbert B.

Martín se ríe cerrando la puerta a su espalda y atrayendo de la mano suavemente a Ludwig, que anda todo timidón para besarlo con mucho cuidado, leeentooo. Sin prender la luz. Gilbert mira, con una media sonrisa... Y cierto bulto en sus pantalones. Luciano se pregunta cómo mierda lo harán, y al mirar a Gilbert, éste agrega, más bajo:

—Podría hacerlo, pero mi hermano es primero —le hace un gesto con la cabeza, que Luciano comprende, por lo que se acerca a los otros dos.

Ludwig, una vez que el fuego de Martín lo acuna, se desata y empieza a golpearlo contra la puerta mientras le toca torpemente toda la carne que pueden apachurrar sus manos, Martín está agradecido subiéndole sus piernas a la cadera.

Luciano le abraza por detrás, dándole besos por el cuello al muchacho. Gilbert los mira durante diez segundos antes de decidir que es una buena idea mandarles quitarse la ropa, pero se contiene de decir la orden. Su hermano debe tomar el control. El argentino le besa el cuello a Ludwig, quien no se contiene de gemir porque nunca nadie le han lamido de esa forma ahí, ¡en la zona débil de todo hombre! Con los ojos apretados, le sube brusco el vestido a Martín, mientras lo sigue embistiendo. Fuera de sí.

Está Luciano besándole un lado del cuello y Martín besándole el otro. Una mano de Luciano se sale del torso de Ludwig y se sostiene del hombro de Martín, empieza a susurrarle al menor cochinadas que no son realmente cochinadas... Cochinadas bien disfrazadas con palabras no tan fuertes. Léase, cosas como «señor, si usted no fuera tan jovencito las cosas que le haría».

Martín seguro le va a quitar la camisa, el pantalón (después de haberse sacado el vestido ya) y le va a hacer unas cuantas cosas en la entrepierna que no relataremos. Ludwig va a gemir alemánicamente, si esto es posible y... Disfrutará, de algún modo, mientras Luciano pierde la cabeza y en una de ésas que le recorre la espalda que alcanza aún con ropa y llegue al otro lado del cuello, besará a Martín. Porque ésas son las cosas que quieren ver los clientes, ¿no?

Martín se lo va a comer.

El miembro de Luciano se frota contra el culo de Ludwig, aún con el vestido. Gilbert lo nota y no le gusta para nada, así que se acerca y le pone una mano en el hombro al brasileño, tirando hacia atrás de él.

—Desnúdate —le ordena y a pesar del tono, se sonrooojaaa. Martín se agacha para lamerle el vientre a Ludwig y bajar...

Luciano obedece (hay que decir que está caliente), y se pone en cuatro sobre la cama... Gilbert se lo va a quedar a estas alturas. El alemán menor gime en éxtasis porque tiene al mejor petero del sitio entre sus muslos, sonrojado hasta el pecho, sudoroso por todas partes. Abre un poquito los ojos... Ve a su hermano en frente, se muerde el labio, luego baja la mirada a Martín.

—Sos duradero, eh... Para ser la primera vez.

Ludwig respira a bocanadas.

—N-No es la primera vez que... —confiesa. Ta ta tááán. ¿Quién habrá sido el primero? Porque Martín es el segundo.

Gilbert mira a Luciano sobre la cama, intentando contenerse porque esto es para su hermano, no para él... Pero quiere... quiere. Mientras, de espaldas a ellos, Martín rasguña suaaaaavemente con sus uñas el interior de los muslos de Ludwig, pasando su lengua por fuera del asunto, para dejarle retomar el aliento antes de seguir.

Luciano, jadeante, mira a Ludwig con las pupilas nubladas y toda la espalda sudorosa, se excita el triple mirando a Martín besarle los muslos al debutante.

—S-Señor... —llama por Gilbert para pedir socorro, que está ardiente. Debe estar dándole una vista espectacular a Ludwig. Martín, a ratos, mira de reojo cuanto puede hacia atrás, y le dan ganas de darse la vuelta completamente porque ni el rostro alcanza a verle a Luciano. Gilbert se acaricia a sí mismo, sólo mirando al moreno.

—Espera tu turno —es lo que le dice, y también se lo está diciendo a sí mismo, eh.

El adolescente alemán está con toda la cara roja, logra verle hasta el alma a Luciano desde ahí... Oh, Dios mejor que cierre los ojos que entre Martín y el moreno... Lo van a matar de una sobredosis de orgasmo. Aunque los abre cuando oye el llamado de Luciano y su hermano acariciándose es el casi-detonante.

Br-Brudeeeeer —gime con los dedos enganchados en el cabello rubio de Martín. Martín le acaricia suavemente las pelotas y sonríe malvadamente.

—¿Querés terminar? —le pregunta maligno. Gilbert traga saliva al oír el llamado, de pronto se siente débil, que le caerá encima a Luciano... Y de hecho, le pone una mano en una nalga, que la aprieta, mientras con la otra mano sigue consigo mismo.

Ludwig sólo se muerde un labio asintiendo con los ojos llorosos, Luciano abre la boca y solamente se le escapa un «mmm» a lo cortometraje porno, y se acaricia él mismo también.

—Señor, no tiene por qué a-aguantarse —recuerda para Gilbert.

—Quiero ver esa negra cara tuya —mulato, Gilbert, mulaaaaatooooo—, llena de mi poderoso semen.

Luciano aprieta los ojos, aunque no le importa ya ser llamado despectivamente llegado este momento. Se voltea encima de donde está, de tal manera que le queda mirando a los ojos en cuatro, desde ahí. Acerca su mano a la entrepierna de Gilbert.

—Bé-Bésame —exige Ludwig a Martín y no se sabe por qué, pero quiere, le provoca. Gilbert le GOLPEA el rostro a Luciano con su... Ejem, con sus cinco metros de gloria, y la otra mano la lleva a una de sus muñecas, se la agarra con fuerza detrás de la espalda. No es un golpe fuerte, pero Luciano aprieta los ojos de nuevo por la brutalidad, ya que de todas maneras es un golpe. De todos modos dirige sus labios a los cinco metros.

Martín se siente en su ambiente, con alguien pidiéndole cosas, así que se levanta, y le va dando besos tortuooooosos por el pecho a Ludwig, camino hacia arriba. Se entretiene en el cuello. Ludwig sufre, como es de esperar, con lo fogoso que es Martín, contrae el estómago, así los besos sean en el cuello, susurrándole a Martín una oración satánica y muy nazi en su lengua materna, que Martín no entiende (sin desmedro de lo cual sonríe, pensando que es un halago) y le muerde la oreeejaaa al menor.

—¿Qué querías? —le pide que le repita.

Gilbert sostiene con fuerza la mano detrás de Luciano, menos mal que no hay cadenas o cuerdas por aquí, ya que le sostiene para qué Luciano no vaya a morderle o algo, es su forma de controlarlo. Ludwig sale de su embeleso por un dolor gustoso, intangible en este momento, para Martín. Y se olvida de hablar en español.

K-Küss mich —agarra su cabello con más fuerza, ya que aflojó mientras estaba concentrado en no matarlo por la espera, y lo atrae a su cara. Martín se sorprende por el cambio, pero le besa... Tratando de controlar el ímpetu.

Ludwig tendrá carita de ángel, pero esperamos que no le destroce la boca a Martín, literalmente.

Luciano es muy bueno con la lengua ¿saben? Al menos va a vengarse en su cancha.

—Lento —le ordena Gilbert y mueve las caderas leeeeentooooo, pero laaaaargooooo. El brasilero se agarra la entrepierna porque sigue sufriendo con tanto preámbulo y saaaaaleeeee y entraaaaa suave de su boca con sus ojos clavados en la cara de Gilbert, que le mira con mucha superioridad—. Mi hermano te dominará tan bien... ¿No crees que así debe ser, eh?

Luciano piensa que ha conjugado mal el castellano. No se habla con la boca llena, es lo primero que le enseñaron cuando llegó al prostíbulo. Sigue haciéndolo sufrir, ahora usando su mano para masturbarlo y chuparlo a la vez. Se deben oír sonidos nada castos.

Martín camina hacia atrás, lento, intentando llevar a Ludwig hacia la cama. Éste le agarra del antebrazo con fuerza cuando siente el movimiento, y enfoca su mirada alrededor y en su hermano, de nuevo, porque se había perdido. Siente cosquillas por toda la piel con lo que ve.

Martín se separa apenas unos milímetros, para que Ludwig vaya a por él (y en lo posible así hacerlo avanzar hacia la cama). Gilbert suelta jadeos pesados, y unas palabras en alemán que le dicen a Luciano lo puto que es y cómo quiere ver su cara morena llena de semen pidiéndole más. Otra vez.

Ludwig avanza rápido cuando entiende lo que hace Martín, mirándole con un deje de desconfianza en sus pupilas celestes. Martín le sonríe encantador, relamiéndose y besándole un par de veces más, sólo piquitos.

Luciano, santo Dios... Que tal vista, ni un hotel frente al mar, eh. Trata de deshacer el agarre de Gilbert en sus muñecas, pero al hacerlo le duele y eso le excita más. La segunda muñeca Gilbert se la ha subido en cuanto ha podido, agarrándole con ambas manos para usarlo, además, para mantener el equilibrio. El moreno se mueve como serpiente, con dificultades obvias.

—Señor, que rico está —confiesa, sin dejar de mirar al patrón. Relamiéndose.

—Dime que quieres que te penetre —a Gilbert le gusta mandar y que le rueguen por sus dones.

Martín, al sentir la cama detrás de sus gemelos, suelta ruiditos sensuales en el beso, con suspiros, sus dedos enterrándose en la piel de Ludwig (le dejará marcas seguramente), deteniéndose un momento antes de llevar esto al siguiente nivel.

Luciano le besa a Gilbert el centro del vientre.

—Métamela entera —suelta mirándole salvaje. Con eso, Gilbert muere de orgullo, cara roja y todo, pero sintiéndose el Dios del sexo... Amor, estás pagando. Obviamente te dirán lo que quieres oír.

Ludwig se desconcentra con los ruiditos sensuales de Martín en sus labios y le mete la lengua tosco cuando puede, porque no va a medias.. Sin sentir muy fuerte los dedos del argentino. Gozando.

Luciano trata de erguirse, para besar a Gilbert, voltearse y darle paso... Pero su muñeca se lo impide. Al sentir el movimiento de éste, Gilbert le suelta, aunque tarda, reticente a dejarle «libre», pero tiene el cerebro licuado a estas alturas.

Martín tiene su asunto totalmente interesado, pero no quiere asustar a Ludwig haciéndole llevar la parte pasiva... Se sienta en la cama y le mira con sexo en los ojos. Luciano besa meloso con lengua por todos los rincones de la boca de Gilbert, enrollándole sus manos en el cuello.

Ludwig traga en seco cuando ya está arrodillado en la cama, porque la mirada de Martín es contundente.

—¿Y ahora qué? —pregunta ronco y sonrojadito.

—Quitate lo que haga falta y bajá —le instruye Martín... ¡Cuando se supone que debería ser al revés! Gilbert en un principio no se da cuenta, besando a Luciano y levantándolo. De algo que sirva tanto entrenamiento militar. Ludwig asiente a lo que instruye Martín, un poco quedito porque tampoco es un máster conocedor en estos temas de penetración, ni sexo, ni preparación, así que baja la cremallera de su pantalón, se lo quita y se queda sólo en calzoncillos. Carraspea.

—Me los quitas tú, soy el cliente.

—Por supuesto —cede Martín encontrándolo adorable.

A Luciano se la van a meter allí arriba, sosteniéndole Gilbert fuertemente de las nalgas para que no se caiga y con las rodillas flexionadas, si el mismo Luciano no hace amago de bajarse. Entra en pánico cuando Gilbert le presiona más fuerte, él pensaba que iba a tumbarlo en la cama... Empuja su pecho suave, pero notoriamente.

—Se-Señor, ¿le parece mejor si vamos a la cama? —susurra en su oído para que le oiga muy bien. Además que no quiere acabar cojo. Gilbert levanta una ceja.

—¿No puedes con toda mi grandiosidad?

El brasilero niega sin mirarle. Un tantito temeroso.

—Esperable... No puedo obligarte a hacer algo superior a ti —hablaría mal de él como «amo y señor». Le baja hasta la cama, dejándole de espaldas. Luciano no contesta a las palabras de Gilbert porque prefiere el silencio antes de ser tachado como malcriado. Se acomoda en la cama cuando le deja, mirándole a los ojos, porque le parecen muy bonitos y muy poco comunes. Parecen candela.

Ludwig le empuja las caderas a Martín, sin ser muy obvio porque su pudor es del tamaño del continente asiático.

—Ve calculando tú —le enseña Martín a Ludwig con pacieeeeencia—. No te asustés si duele, sé machito y resistilo.

—No me digas lo que tengo que hacer, puta —y entró en confianza Ludwig, la voz de su hermano cerca le activó el switch del orgullo—. Bájamelos.

Martín levanta ambas cejas con sorpresa.

—Eh, así que sos un verdadero machito —le baja la ropa al tiempo que contesta. Gilbert le pone a Luciano una mano en la cadera y con la otra se agarra el asunto y... Ya ustedes saben. Luciano le alienta soltando un gemido.

—No me haga esperar más, señor. Lo quiero entero y profuuundooo.

Y eso mismo hace Gilbert. Podríamos decir que le obedece. Cinco metros pa' entro, por suerte, no tan rápido como suena al decirlo, pero tan rápido y profundo como puede a la primera sin que le duela a él. Paso militar y redoble. Luciano llama hasta al Espíritu Santo cuando le siente en su estómago.

Ludwig manosea la cara de Martín y luego lo besa apretando los ojos. Martín le besa de vuelta, sintiendo empatía en el estómago. Le hace un «shhhhh» contra los labios. El alemán le empuja más hacia la cabecera de la cama durante el beso. Oyendo los sonidos húmedos que hace su hermano. Martín se deja hasta tocar la cabecera con la coronilla. Le toca el asunto desde su posición, dándole largos y apretados movimientos para mantenerlo vivo. Ludwig jadea entrecortado en su boca, mirando de reojo a su hermano, ¿Lud, te gustaría que fuese Gilbert, acaso? Se motiva mucho más viendo las muecas de Luciano, aunque no es que Martín no le guste, eh, pero a este alemán le llama el pecaaadooo.

Martín se siente un campeón.

Gilbert se mueeeve dentro de Luciano, lento en un principio. Gime bajito. Más que nada jadea profundo, pesaaadamente. Echa una mirada hacia su hermano y el rubor se le acrecienta, no le quita la mirada de encima. Se relame.

Ludwig le acaricia el pecho a Martín con los ojos cerrados.

—¿Qué me vas a hacer?

—Lo que querás que te haga, pibe —sonrisa súper confiada—. Confiá en mí. Lo que querás —le repite, más bajito, entrecerrando los ojos.

—Hazme sentir todo lo que hemos pagado por ti —sonrojadazo, porque su hermano... Su hermano es un delito. En el sentido romántico. Y tiene miedo por eso del siguiente paso, carraspea. Eso no quita que se sienta muuuuy adulto en esta situación.

Martín sube las caderas con un movimiento imprevisto, y luego ralentiza, sólo para excitarlo. Vuelve a hacer el movimiento. Ludwig suelta un jadeo. Y trata de agarrarle con una mano una parte de la cadera, el huesito.

—Estás listo —es una pregunta, aunque no lo parezca. Le mete unos dedos presionando fuerte, pero no violento. Le habla para que no vaya a asustarse—. No pasa naaadaaa, vi'te —le dice suaaave y presiona con sus yemas. Ludwig pega un grito alamante con la introducción y empieza a desesperarse con los ojos muy abiertos.

Gilbert se despabila ligeramente con el grito y frunce el ceño. Al menos cierra la boca, que tenía abierta desde hace rato. No deja de embestir a Luciano.

—Shhh, pibe, sos un hombre —le alienta Martín sin detenerse. Ludwig traga saliva haciendo gruñidos, le duela fuerte o no, es un exagerado.

Br-Bruder... —llama porque esta situación lo pone de los nervios, auch, tensando las piernas.

Luciano gime al ritmo de las embestidas de Gilbert, apretándole mientras puede, y observándolo muy fijamente.

Se-Senhor, mááás fuerte —logra decirle y todos nos palmeamos la cara porque... pobre. Gilbert le escucha a medias y aunque por un minuto lo hace más fuerte... Ludwig le está preocupando. Le mira sin comprender, pero algo se ve mal aquí.

Martín besa a Ludwig para que se relaje porque siente las cosas más tensas y así no funcionará, y el menor frunce el ceño todito sudoroso en dirección a su hermano, besando a Martín, su lengua le funde un poco el cerebro.

Luciano está en celo, gimiendo de dolor y placer a partes equitativas. Le repasa con los dedos el pecho a Gilbert, lo que hace un genial contraste de colores. El alemán le aprieta bajo las costillas, y empieza a bajar ostensiblemente la velocidad... Inspira profundo.

Ludwig se siente un poquito dejado de lado por Gilbert al no verle responder su llamado... Por Dios, ¡que está follando! Mientras practica su lengua en la boca de Martín. Se toca, temblando por el ruido fuerte que hace su hermano, cambia la dirección de su mirada a Martín. Lo toca a él también, algo torpe porque está excitado y bueno... No es muy sensual.

Gilbert se detiene y se sale de Luciano.

—Lud —le llama y jadea.

—Brudeeeeer —llama el nombrado, dejando de besar a Martín, en ipso facto. Lucianito gime por la salida de Gilbert, quedando desorientado.

—Meine... —Gilbert tropieza un poco, pero se afirma, ya casi libre del embrujo de Luciano, y alcanza con una mano el hombro de Ludwig. Martín no entiende por qué Ludwig deja de besarle, pero con tantos «hermano, hermano» se hace una idea y le da mooorbooo.

Ludwig traga saliva y trata de arreglarse el cabello.

—Bruder —una vez más.

Gilbert jala de Ludwig hacia sí, con fuerza, para poder abrazarlo. El menor le rodea con los brazos el torso, no importándole más, deben resbalar calientes con todo ese sudor.

—Yo... No sé... Qué —hecho un lío. Luciano se recompone, más o menos, y se apoya en sus codos para verlos, expectante.

Gilbert le besa la cara a Ludwig, como... Una perra que lengüetea a sus cachorros, así medio bestia por donde pueda, incluyendo los labios. Le aprieta con fuerza. Ludwig le corresponde abriendo la boca y sacando la lengua para besarle también, tooorpe.

Meu Deus —suelta Luciano horrorizado y excitado a la vez por la escena, ¡¿quién no?!

Martín está de piedra y le viene la risa, de la nada. Mira a Luciano con una sonrisa tonta debido al morbo. Gilbert le pasa a Ludwig las manos por la espalda, y lo acomoda sobre sus piernas, así arrodillado como está. Ludwig trepa las piernas encima de Gilbert, mientras lo besa con pasión desatada. Oh, ¿quién lo diría, no? Con los mejores prostitutos alrededor y sólo encendiéndose por su hermano.

Iiich... Lieb-be... —medio jadea al separarse de sus labios.

Luciano mira de reojo a Martín y sonríe por el estado de shock y por el morbo, se acaricia leeeeentito la entrepierna.

—La reputa que los parió —murmura Martín por lo bajo, con todo el asunto firme al aire. Eso no va a bajar tan fácilmente, menos cuando ve a Gilbert penetrando leeentamente y con un cuidado que nadie se esperaba, a Ludwig. Se muerde el labio, y dirige su mano hacia el asunto de Luciano.

Luciano sigue mirando a los dos hermanitos contonearse enfrente suyo, cambiando la mirada a Martín, después, se muerde el labio y gatea hacia él.

—¿Nos la tenemos que arreglar solos, no? —justifica Martín ladeando la cabeza. Luciano asiente con la cara ardiéndole, para besar a Martín mientras se acaricia. Cuando está a centímetros de sus labios:

—Creo que no los satisfacemos —confiesa.

—A la mierda ellos, ¿y nosotros qué? —le atrae de la nuca para besarlo laaaaargooooo. Se escuchan sonidos húmedos detrás, jadeos de Gilbert. Luciano se deja llevar por el beso, obviamente metiéndole la lengua, y se sienta encima de las piernas de Martín, frotándose porque todos en este cuarto están al límite.

Ludwig golpea sus caderas contra Gilbert. Gimiéndole en el oído cuando se separa de su boca. Gemidos que a Gilbert lo derriten.

Martín se aprovecha del culo de Luciano manoseándolo descaradamente. El asunto le palpita y quiere meterlo, porque de jugueteo previo con Ludwig tuvo mucho, y Luciano, que está a punto caramelo gracias a Gilbert, dirige sus manos con las de Martín que están en sus glúteos, ayudándolo a abrirlo.

—Martín, Martín... —le besa la barbilla, el cuello, gime, jadea, se restriega contra el argentino. Más contacto. Hasta que Martín acomoda su asunto entre las nalgas de Luciano, con el pecho rooojo por la fricción y posiblemente en un principio no le acierte bien porque está gimiendo entre besos, pero allí está la intención de metérsela.

Luciano se acomoda para que lo penetre, con la respiración agitada.


Entre el racismo, el sexismo, el sexo, la pedofília y el incesto, esta sola escena nos hizo dudar en publicar toda la historia.

Está pensado en otra época, cuando los niños se hacían hombres a muy temprana edad.