Jeloues gente del mundo mundial! xD Nuevo chapter a la orden y muchas gracias por todos los reviews que ahora mismo no puedo comentar pero que agradezco de verdad os dejo con la lectura: nuevos problemas a la vista…
besukos!!
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11
Si Draco había necesitado alguna prueba más para acabar a comprender lo que le estaba pasando por dentro, ésta había ido volando hasta él en forma de cabeza pelirroja. Mientras se alejada del gimnasio al sonar el timbre para regresar a las clases, no tenía en la cabeza nada más que la escena entre Fred y Hermione. No había sido nada más que un beso en la mejilla y ella no era nadie más que la sabelotodo ratón de biblioteca Granger. Y, sin embargo…
Las dos clases de la tarde transcurrieron con relativa tranquilidad para todos, pero antes de que comenzase la última hora, Matemáticas, en la que Draco y Hermione coincidían, el rubio la asaltó en el pasillo.
-¿Qué quieres, Paris Hilton? Vamos a llegar tarde – preguntó Hermione, con algo de impaciencia, al ver que estaban solos en el pasillo.
El rubio no dijo nada. En realidad ¿para qué la había buscado? ¿Para contárselo todo? ¡No! ¿Entonces? Dijo lo primero que se le ocurrió para salir del atolladero.
-Vamos a entrar juntos a clase.
Ella puso los ojos en blanco.
-Como quieras. Pero si no vamos YA no entraremos a ningún sitio.
Draco se puso a su lado y la abrazó por la cintura. Casi no pudo notarlo de lo leve que fue, pero sintió a Hermione estremecerse a su contacto y, aunque sabía que era una tontería, una sonrisa de suficiencia afloró a sus labios. Claro que sí. Aunque fuese precisamente ELLA, no había chica capaz de resistirse a los encantos del gran Malfoy. Sí, quizás fuese solo un capricho; pasar tanto tiempo con una persona (y, demás, una persona bastante atractiva, todo había que decirlo) era lo que tenía, que al final terminabas dejándote llevar.
La miró, caminando a su lado con la carpeta en una mano y la vista orgullosamente desviada hacia otro lado para no verle. Y, en ese momento, Draco tomó una decisión: la quería, la tendría. No importaba nada, solamente sabía que haría que la orgullosa Hermione Granger cayese en sus redes y así él se quedaría a gusto y se demostraría a sí mismo que no era más que un estúpido capricho. Algo en su interior se rebeló ante esa afirmación tan rotunda, pero él ya había dejado de prestar atención.
Se detuvieron delante de la puerta de clase y Hermione ya iba a llamar para que el profesor les dejase entrar cuando Draco sujetó su muñeca y la detuvo. La giró hacia sí y la besó. Hermione recibió aquello como un jarro de agua helada y, a pesar de que algo en su interior comenzó a dar saltitos de entusiasmo al notar sus labios unidos, su parte más racional le instaba a empujarle y apartarse de él. Sin embargo, no pudo hacerlo, ya que a los pocos segundos comprendió a qué había venido ese gesto: Draco había visto por encima de su hombro a las dos personas que ahora atravesaban el pasillo mirándoles alucinados y tratando de pasar desapercibidos con muy poco éxito: Harry y Pansy que iban, sin duda, a saltarse la última clase y les habían pillado allí en medio en su huida.
Cuando la pareja salió del corredor, Hermione se dijo que ya era bastante. La parte de su mente que había dado saltitos ahora estaba soñando con jugar al béisbol con la cabeza del rubio. ¿Así que solo la había besado por eso, no? ¡Alto! ¿Y, por qué más quería ella que la besase? No, no, no, Draco era el Anticristo, el asesino de John Lennon, la reencarnación de Saddam Houssein… No le quería cerca, no… ¿Pero dónde tenía las manos ese degenerado? ¿Y, por qué si Pansy y Harry ya habían desaparecido él seguía besándola?
Lo cierto era que Draco se había despistado hacía ya unos segundos de su exnovia y el cachitas descerebrado de Potter. No sabía si ya habían pasado, si estaban de espectadores mirando y comiendo pipas o qué había sido de ellos. De hecho, Hermione le mantenía tan entretenido que ya se había olvidado hasta de la clase a la que supuestamente iban a entrar poco antes. Él también tenía dos partes en ese momento: la que lo instaba a continuar hasta que se asfixiasen y la que le decía que estaba tocando a la desagradable, insufrible y empollona de Hermione Grang… ¿dónde había aprendido a hacer eso con la lengua?
Un carraspeó en el umbral de la puerta fue lo que les despertó.
-Bueno, ahora que han llegado hasta aquí, quizás quieran honrarnos con su presencia y entrar al aula – dijo la siseante voz del profesor Snape.
En ese instante, los dos repararon en la situación.
Snape los miraba desde el interior de la clase, con la puerta abierta. Detrás de él, toda un aula de curiosos que estiraban el cuello desde sus asientos para ver mejor les contemplaba con la boca abierta. Y no era para menos: Draco tenía a Hermione abrazada contra él y sus manos vagaban sin rumbo definido por debajo de su camisa. Hermione, por otro lado, tenía una de sus manos en la nuca del chico, con sus dedos enroscándose por el cabello rubio platino, y la otra en la mejilla de él. Sin tener muy claro cómo habían hecho sus manos (bueno, entonces quiso pensar que eran apéndices con vida propia) para llegar hasta allí, fue la primera en separarse. Draco, muy a su pesar, tuvo que hacer lo mismo, y la chica, terriblemente sonrojada de pura vergüenza, entró al aula y se sentó atrás del todo, rezando porque los demás dejasen de mirarla. Draco la imitó en el otro asiento libre que estaba dos filas por delante.
Y Snape continuó con la clase.
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-¡Hermy, no conocíamos esa faceta tuya! – exclamó Ginny, riéndose al verla acercarse.
Hermione, a pesar de haber mejorado considerablemente evitando avergonzarse de muchas cosas, se sonrojó hasta las orejas, más o menos como Ron lo estaba, pero él de ira. La castaña se sentó junto a sus amigos y le dirigió a Luna una mirada. La rubia, por lo general ensoñadora y en su propio planeta parecía haber bajado a la Tierra única y exclusivamente para aguantarse la risa en su presencia.
Hermione miró mal a Ron, que tenía la vista apartada.
-Has tardado en contárselo, ¿eh? – observó, malhumorada.
-Sorpréndete, querida exhibicionista – dijo una voz a su lado – pero no ha sido él. ¿Olvidas que Patil y Brown están en tu clase y lo vieron todo?
Fred y George se sentaron a ambos lados de la chica, con aspecto claramente divertido. George miró a su gemelo, con expresión maliciosa.
-Fíjate, y parecía pluscuamperfecta…
-Sí, ¿quién iba a esperárselo? – replicó el otro pelirrojo, sonriendo.
Hermione sacudió la cabeza. Fred sabía lo que le pasaba, pero tampoco podía pedirle maravillas porque no dejaba de ser él mismo. Además, a esas alturas ya todo el instituto conocía el incidente sucedido a las puertas del aula de Snape, por lo que tampoco podía pasear su mirada tranquilamente por los alrededores sin que un montón de ojos curiosos se clavasen en ella.
-¿No podemos buscarnos otro sitio para pasar el rato? – preguntó, algo desesperada.
-¡Nop! Estoy esperando a Neville y no quiero que se me despiste, que todos sabemos que ya le cuesta bastante acordarse de las cosas como para que encima tenga que andar buscándome – Ginny hizo un alto en sus risas para contestarle – Quizás esto te enseñe a no hacer cosas sucias en sitios públicos. – añadió, y volvió a reírse.
-¡Pero deja ya de descojonarte, que no tiene gracia! – gimió la castaña, enterrando la cara en sus rodillas, sin saber qué hacer.
Fred la miró con simpatía y le revolvió el pelo.
Los cuatro hermanos pelirrojos, Luna y Hermione estaban sentados en uno de los bancos a la salida del instituto, esperando a Longbottom. Al día siguiente les daban las vacaciones de Navidad y las notas, pero la gente no hablaba nerviosa sobre ello, sino que preferían el cotilleo. Por una vez en su vida, ni siquiera la chica Granger parecía tener los ánimos suficientes como para sacar a relucir el tema, aunque quizás en otra situación habría sido la primera en ponerse a pensar y hablar de ello. Sin duda la falta de oxígeno que le había hecho sufrir el chico Malfoy la había afectado…
Cuando finalmente Neville llegó y saludó a Ginny con un pequeño beso, toda la prole se levantó y se dispuso a irse. Hermione se separó de ellos a medio camino, alegando que tenía cosas que hacer, y como ya ninguno de sus amigos se extrañaba por aquello, la castaña se despidió con un gesto de la mano y echó a andar más rápidamente por otra calle. Necesitaba una sesión de saltos, giros y movimientos exagerados para desahogarse. Y no matar a determinado rubio, llegado el momento… pero tuvo un encuentro por el camino.
Acababa de doblar la esquina hacia el local cerrado que usaba para ensayar cuando se topó con un chico, que parecía bastante contento de encontrársela.
-Hola, preciosa.
-Potter. – fue todo lo que dijo ella, secamente, y trató de esquivarle para seguir avanzando. Pero él se le puso delante.
-¿Te has pensado lo de la cita?
-No necesito pensar mucho el cómo decir "NO" a una persona… o a ti – rectificó.
-¿Sabes? Pansy y yo ya no estamos juntos. Me ha dicho que quiere regresar con el rubiales. Vuelvo a ser un hombre libre – dijo Harry, y le guiñó un ojo con picardía.
-Enhorabuena. Y, ahora, nombre libre, déjame pasar.
El chico de ojos verdes se la quedó mirando, como si no acabase de comprender qué pasaba allí. Hermione resopló. Estaba empezando a hartarse, por no decir que ya se había hartado, y no tenía los ánimos para fiestas.
-Te acabo de decir que la ex de tu novio quiere volver con él, ¿no deberías tirarte de los pelos, o algo?
Hermione pareció percatarse de ello, pero se dijo que tampoco tenía por qué lucirse muy enfadada. Después de todo, en cuanto Pansy regresara con Draco, ellos dos se separarían y las cosas volverían a estar como siempre, así que se iba a ahorrar esfuerzos tontos.
-Sí, en cuantito llegue a casa lo hago, no te preocupes. – replicó ella, indiferente, y al fin logró esquivarle para terminar su camino, dejando a un moreno de pelo alborotado bastante confundido.
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En cuanto McGonagall repartió los boletines y les dio carta blanca para desaparecer de su vista, Draco se acercó a una cabellera castaña y se asomó por encima de su hombro para echar un vistazo a sus notas. Dado que era una cabeza más alto que ella, no le resultó muy difícil, pero en cuanto la chica notó su aliento rozándole una oreja, levantó la mirada, molesta.
-Hola a ti también – dijo ella, sarcástica.
-¿Son tus notas de verdad? – fue todo lo que preguntó el chico, mirándola bastante alucinado.
-No, en realidad las he pintado yo al óleo… - ella bufó - ¡Pues claro que son mías, melón!
-Tienes una media de 9,7… - murmuró él.
Hermione no dijo nada. Acababa de llegar a su taquilla y estaba demasiado ocupada abriéndola y sacando su bufanda y su mochila, llena con los libros de texto y las cosas de baile. Draco se apoyó en la taquilla de al lado, mirándola. Parecía enfadada, o molesta, por algo, y él no sabía por qué, aunque intuía que por algún extraño motivo estaba relacionado con él.
La verdad era que Hermione estaba exasperada, sí, y con él, también. A grandes rasgos, la chica quería creer que su mal humor se debía a que, tras el numerito hormonal del día anterior, él ni siquiera la había buscado y ella sentía que había tenido que cargar con todas las miradas y murmullos a sus espaldas mientras que el chico había desaparecido a hacer a saber qué. Pero si se entraba a profundizar más, ella intentaba negarse que lo que realmente la molestaba era el hecho de haberse enterado (¡y encima a través de Harry!) de que el rubio estaba logrando su objetivo: atraer de nuevo hacia él a Pansy Parkinson. Y, por razones que se sentía temerosa de reconocer, no quería que eso sucediera. De hecho, y aunque le doliera reconocerlo, preferiría seguir con aquella mentira algún tiempo más… no sabía cuánto.
Tratando de sacar todos esos pensamientos de su cabeza como si temiese que Draco fuese a leerlos, cerró la puerta de su taquilla de un golpe brusco y algo más fuerte de lo normal y se abrochó el abrigo, guardándose el boletín de notas en el bolsillo. Cuando levantó la mirada, se encontró con que Malfoy todavía la estaba mirando…
…pero no tenía ni idea de lo que se le pasaba por la mente al chico. No quería aceptarlo, no quería confesárselo a nadie y mucho menos a ella, pero el caso era que el beso de la tarde anterior había logrado aturdirlo casi tanto como el primero que se habían dado y se había pasado desde aquel momento de roce entre labios hasta que el sueño le había atacado, pensando en ello. Cualquier absurdo pensamiento de que ella fuese un capricho más quedaba descartado automáticamente con tan solo ver su reacción: ni siquiera Pansy había logrado dejarlo KO con tan poco como la castaña lo había hecho. Y, en ese preciso instante en que Hermione le miró con aspecto malhumorado, dos fugaces ideas cruzaron su mente: la primera, ¿qué excusa tendría que buscarse para repetir el beso?, y la segunda, ¿en qué punto del transcurso de todo aquello se les había olvidado lo que en verdad estaban haciendo? Un momento… ¿"les"? ¿Quién le decía a él que Granger sentía lo mismo?
-Que pases unas buenas vacaciones – dijo ella, abruptamente, dispuesta a irse.
-Pues vaya fiasco de novia que estás hecha – replicó él, separando la espalda de su apoyo, y por fin se dio cuenta de que había encontrado la oportunidad perfecta para repetir el beso y tener que verse al menos un par de veces durante los quince días de fiesta: mantener las apariencias ante los demás.
Pero alguien se interpuso en su camino cuando se disponía a seguirla hacia la salida. Una melena de color negro se cruzó en su campo de visión, impidiéndole continuar andando.
-¡Pansy! – exclamó él, sorprendido de verdad y tratando de divisar a Hermione por encima del hombro de la chica.
-Hola Draco – dijo ella, con su practicado tono más sensual.
-¿Qué-querías algo? – preguntó él, sin mirarla, todavía ocupado en otro asunto.
-¿Sabes? – dijo ella con un muy mal fingido tono casual – Te quiero a ti.
Y sin más, Draco de pronto se vio atacado por los labios de Pansy, que se depositaron sobre los suyos en un beso que terminó de desconcertarle. Había mantenido los ojos clavados en hermione, que hablaba con una figura pelirroja al final del pasillo, pero ahora tan solo podía ver la fina y blanca piel de Pansy muy cerca de su cara y sentir los fríos labios de la chica moverse sobre los suyos. No le respondió y la apartó con más suavidad de la que era normal en él, pero cuando lo hizo, Hermione y su acompañante habían desaparecido, y Pansy estaba frente a él con aspecto enfurecido y curioso.
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Hermione había estado a punto de salir del instituto cuando Fred la paró en medio del corredor. La castaña tenía ganas de alejarse de allí, porque tenía la incómoda y absurda sensación de que alguien la estaba mirando, pero no quería alarmar al chico y parecer una estúpida por ello, así que le recibió con una media sonrisa interrogante.
-¿Vas a bailar? – le preguntó él, en voz baja.
Ella ni siquiera llegó a sorprenderse de que el pelirrojo lo supiera. Le había dicho que estudiaban a sus víctimas, así que no tenía de qué sorprenderse, y él lo había comentado en voz baja así que tampoco tenía nada que reprocharle. ¿Qué le quedaba? Asintió.
-¿Puedo ir a verte? – preguntó él con toda naturalidad – Me pica la curiosidad. después de tantos años…
Hermione miró a sus espaldas, todavía incómoda por la sensación, y lo que vio la dejó boqueando al aire, como hacía Ron tan a menudo: Draco y Pansy se estaban besando en medio del instituto. Genial, pensó, ahora no solo era la cornuda exnovia de Harry Potter sino también la abandonada por Draco Malfoy. Su vida cada día era más patética. Por suerte, de momento nadie a su alrededor parecía haberse percatado del asunto. Se volvió hacia Fred rápidamente y se encogió de hombros, con una nueva y torcida medio sonrisa en el rostro.
-Si quieres…
El chico la miró, contento, y le tendió un brazo al que ella se agarró, y juntos se alejaron hacia el exterior, dejando atrás una escena bastante desagradable.
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Al llegar a casa, cerró la puerta tras de sí y lanzó las llaves al cuenquito que reposaba sobre la mesita de la entrada. Estaba agotada y era tardísimo. La casa estaba vacía y una nota escrita con la esmerada caligrafía de su madre la informaba de que tanto ella como su padre se habían marchado con unos amigos y volverían a la mañana siguiente. "Estos sí que viven bien. Ni siquiera se molestan en esperar para ver mis notas." pensó ella, entre resentida y divertida.
Sin embargo, no podía culparles. Nunca uno de sus ensayos había durado tantísimo como aquel. En cuanto habían salido del instituto, ella y Fred se habían ido al local abandonado donde ella ensayaba y se habían pasado toda la tarde juntos. El pelirrojo la había observado interesado en cada uno de sus pasos y en los pequeños descansos que Hermione hacía para recuperar el aliento, habían estado riéndose o bromeando. Incluso había logrado olvidarse de la escena del pasillo, y le estaba muy agradecida al chico por ello. Tan bien se lo habían pasado que les habían dado las nueve de la noche sin que se percatasen, y ambos habían tenido que salir corriendo hacia sus casas para que sus padres no les montasen un numerito enfadado.
"Tanto apuro para esto" añadió, mentalmente, dándose cuenta de que el carretón olímpico que se había pegado desde el centro hasta su casa no había servido para nada porque sus "progenitores" estaban borrados de la faz de la Tierra hasta la mañana siguiente. Qué bonito…
Se duchó, se puso un pijama limpio (NdA: de esos de colores, grandes, esponjosos y calentitos, como los bizcochos xD) y bajó de nuevo a la cocina en busca de algo para cenar. Encontró magdalenas en la despensa y un bote de helado de frutas del bosque con sirope en la nevera. No le dio muchas vueltas: estaba tan cansada y tenía tanta hambre que aquella cena le pareció estupenda, así que se tiró sobre el sofá con ella y comenzó a mojar magdalenas en el helado y comérselas mientras hacía zapping en la tele. Quizás no fuese un "desfase" de plan, pero era lo que más le apetecía.
No supo en qué momento se cayó dormida, quizás una vez terminado el helado o puede que se lo acabase en sueños, pero el caso fue que no se percató de que no había escuchado los mensajes de voz de su contestador.
Y de que la luz roja de aviso parpadeaba desde la estantería del salón en un vago e inútil intento de llamar su atención.
