"La Biblia enseña a amar a nuestros enemigos como si fueran nuestros amigos, posiblemente porque son los mismos."—Vittorio de Sica

Más que haber dejado el Halloween atrás, parecía que la celebración pasada fuese más bien San Valentín, pues un delicioso aroma a rosas estaba suspendido en el aire. No sabía de dónde provenía, pero no por ello William dejó de embriagarse con tan agradable perfume. De hecho, ni siquiera sabía dónde estaba en aquel momento, sin embargo se encontraba mejor que perfectamente.

...William. ...Bienvenido a Xanadu.

Acorde con el dulce y agradable ambiente, una suave voz se dejó oír por todo el lugar, llamando la atención del moreno. Para su deleite, la aparición que se llevó a cabo a continuación hizo que se sintiese todavía más a gusto en aquel lugar idílico. De entre la luminosa atmósfera del lugar, alguien igual de brillante, como una estrella, se abrió paso desde ningún sitio hacia él. Era Altaira. Sus cabellos dorados ondulaban como al son de un viento imperceptible, y sus ojos de igual color presentaban una seductora chispa. Lo único que contrastaba todo aquello de una manera muy relativa era la seriedad que seguía caracterizándola.

Altaira.—inmediatamente, una sonrisa se dibujó en su rostro.—Me alegro de verte.

Extendió los brazos hacia ella, invitándola a acercarse a él, invitación que ella aceptó.

Entonces… ¿Estamos en…"Xanadu"? ¿Qué es eso?

...Significa "paraíso". ...Xanadu.—pronunció, de una manera algo peculiar.

Paraíso...—meditó el escocés, simpático.—Sí, es bastante acertado, ¿No crees?

A modo de respuesta (si se podía considerar tal cosa), ella se agazapó para acercar su cara a la suya, a lo que William reaccionó con más rubor que el que ya tenía.

¿...Tú qué crees, William?

Ehm, pues...—estaba rojo como un tomate, pero seguía sonriendo.—Creo que sí.

Como clásica reacción suya, un punto más de su naturaleza indómita, el escocés tomó a su amiga rubia por las muñecas, sonriéndole sin cesar, y acercándose más a ella para mirarla directamente a los ojos. De nuevo, se perdió en sus orbes y no quiso buscar el camino de regreso jamás. Se ruborizó un poco más, si es que eso era posible, y fue cuando se percató de que las caras de ambos estaban muy cerca la una de la otra, e inconscientemente bajó la mirada y entrecerró los ojos: sus labios estaban prácticamente rozando los suyos, mientras adornaban su estoicidad.

Se conocía perfectamente. ¿Qué iba a hacer a continuación? ¿Impulsarse y besarla? Sería completamente capaz pese a lo azorado que estaba. Sin contar las mariposas en el estómago, sí que se sentía en un éxtasis paradisíaco en ese momento….

A-Altaira...—la llamó en un suave susurro.—¿...Por qué no sonríes?

La susodicha calló densamente, prácticamente cerrando los ojos. Pero William persistió

Quiero verte sonreír, Altaira. Quiero ver que te sientes bien cuando sonríes.

...La pregunta es...—comenzó, misteriosa.—¿...Por qué sonríes tú, William?

¿Que por qué? Pues porque me siento alegre, y eso es algo bueno.

¿..."Bueno"? ¿...De veras consideras bueno...esto?

Señalando el "esto" con la mirada, fue entonces cuando el moreno escocés se percató de algo de lo que no tenía constancia. Él y Altaira, por alguna razón, estaban atados el uno al otro por una cuerda que rodeaba el vientre de ambos. Pero… ¿Le molestaba?

¿Por qué no?—alegó, aún con su gesto.—¿Qué hay de malo en estar unidos?

Era una pregunta retórica, pero alguien no sabía muy bien qué significaba eso.

Se me ocurren varias cosas... William.

Una voz tras él se mostraba amenazante, y dedujo que algo ya no iba como debería en el 'paraíso' porque la luminosidad se metamorfoseó en una lechosa negrura. William se dio la vuelta para comprobar qué pasaba, cuando percibió que, tras él, estaba aquella chica lúgubre de siempre: X.A.N.A.

En algo tenías razón, William. Sí que se puede sonreír cuando algo es bueno para ti. De hecho, lo sigo al pie de la letra. ¿No me ves la cara?

Obviamente, X.A.N.A estaba sonriendo, aunque pérfidamente. Y el hecho de que algo fuera bueno para X.A.N.A implicaba lo contrario para William. Con un malévolo gesto, la sombría muchacha hizo un chasquido y la cuerda que les unía se acabó prologando de tal manera que acababa en la mano de X.A.N.A, quedando ambos amigos suspendidos como si fuesen títeres completamente a su merced.

Ella es solo una marioneta. Pero… Si te quieres unir a ella y quedarte atrapado en sus cuerdas, allá tú. Te arrastrará con ella a formar parte de mis dominios. Je, je…

Pese a que aquello le había pillado por sorpresa, William no estaba asustado. Todavía tenía las manos libres, y deshacerse de la cuerda que le rodeaba el estómago fue tarea sencilla, por lo que enseguida quedó libre. Supuso que, de la misma forma, Altaira se habría desligado también, pero no fue así. La cuerda seguía suspendiéndola, casi dando a entender que la chica ni siquiera tenía una vida propia.

Hmpft. Ya lo has visto. Tus lazos con ella todavía son algo endebles. Aún podrías escaparte de mí, pero solo… Si te alejas de ella. De otra forma, solo consolidarás los nudos que te unen a ella… Atrapándote a ti mismo.—explicó, maquiavélica, X.A.N.A.

¡Suéltala, X.A.N.A! ¡Suelta a Altaira!—suplicó enfurecido el muchacho rebelde.

Si yo te entiendo, William. Pero, entiéndeme tú a mí...—se rio, ante la clásica frase.—No puedo dejar caer a Altaira… Sería un suicidio, ¿No crees?

¿Un suicidio? Porque no iba a permitirlo, pero si no, más bien, ¡La asesinarías!

Je, je, je...—rio aún más, mostrando sus dientes.—Sé muy bien lo que he dicho.

De repente, las cuerdas que rodeaban a Altaira se ciñeron más sobre ella, haciendo que la sangre brotara de su piel y su boca. Pero, algo no iba bien en ella, en el sentido que… Parecía que no le dolía nada en absoluto, como si no sintiese lo más mínimo.

¡Altaira! ¡Altaira!—la llamó William, exasperado, ante las risas de X.A.N.A.

No te oye. Es solo una marioneta, y las marionetas no oyen.—sonrió, con malicia.—Pero, si le quieres decir algo, dímelo a mí. Total, será lo mismo….

Haciendo caso omiso de lo que creyó amenazas de X.A.N.A, intentó de todo y más por alcanzar a su amiga y rescatarla, pero nada pudo hacer. Era demasiado tarde. Aquel sentimiento solo le hacía desear que ojalá siguiera atado junto a ella, para salvarla.

Aquel idílico paraíso ya no lo era tanto. Más bien, ahora era un macabro sueño.

(...)

—¡Altaira! ¡Altaira!
De hecho, era un macabro sueño…. Literalmente. Gritando y gritando, abrió los ojos de par en par, incorporándose en su cama. William ya había perdido la cuenta de las veces que se había despertado de esa forma, gritando el nombre de su amiga, y por la misma razón, por haber soñado con asuntos bizarros sobre X.A.N.A.

Fue solamente cuando se percató de que todo era un sueño que pudo fijarse más en su alrededor. Su reloj marcaba las diez de la mañana, y cuando iba a bufar por haberse quedado dormido para clase (pese a que no quisiese ir de todos modos), recordó que la academia les había concedido ese día para descansar como libre disposición para el puente de Halloween, por lo que se alivió un poco. Sin embargo, algo seguía sin cuadrar: su cuarto seguía cubierto en una penumbra que no le permitía ver a dos palmos de su cara, pese a ser ya de día. ¿A qué se debía aquello?

El joven Dunbar saltó de su cama, despegándose las sábanas empapadas por su sudor frío, y se acercó a la ventana. El cielo estaba teñido de un gris plomizo, y fuera parecía que arreciaba una tormenta eléctrica que tenía mala pinta. Los rayos agrietaban el firmamento como cicatrices irreparables, y no habían cesado desde ayer.

—No recuerdo haber oído nada sobre tantos rayos. ...Qué raro...—se dijo, pensativo.

Estirando los brazos para desperezarse, decidió hacer algo productivo y divertido pese a que hasta los fenómenos meteorológicos les amargasen sus días libres para salir. Lo primero de todo sería, creyó William, encender la luz, pues no veía nada, así que caminó hacia la puerta para encontrar el interruptor. No obstante, cuando lo hizo, notó que una sustancia líquida y algo viscosa le empapaba el pie. Cuando miró, entornando los ojos, vio que era un fluido rojizo. ¿De dónde provendría?

—¿Qué es esto? Parece...—le dio un escalofrío.—¿Cómo ha llegado aquí?

Siguió avanzando, con más motivos para prender la luz, pero cuando lo hizo, por poco se estampó contra la puerta, pues había tropezado con algo de cerca de la cama.

—¡Ay! ...Creo que debería ordenar mejor. ...Ja, ni de coña.

Sin quererlo, ya le había dado al interruptor, por lo que la luz ya estaba encendida, así que procedió a darle la espalda a la salida para comprobar el origen de aquella sustancia. Cuando lo hizo, sin embargo, por poco se cayó sin necesidad de tropiezos.

—¡¿P-pero qué rayos…?!

De bruces en el suelo, rodeada por un charco de ese líquido rojo pringoso, yacía Altaira, quien parecía estar inconsciente en ese momento. ¿Qué hacía ahí, así?

—¡Altaira!—William no daba crédito. Se acercó y la incorporó, pero seguía desmayada.—¿Te encuentras bien? ¿Me oyes? ¡Altaira!

Fue un alivio para él comprobar que aquello que se asemejaba a la sangre solo eran restos de la sangre falsa del día anterior, que ella todavía llevaba por encima, pues seguía con el disfraz puesto, a excepción del cuchillo, que no lo llevaba. Sin embargo, aquello no le preocupaba lo más mínimo, ¿Qué hacía Altaira en su cuarto, en tal estado? Cierto era que la muchacha rubia le había pillado el gusto a colarse en su habitación y asustarle sin querer, pero no por eso lo comprendía mejor. William la tomó por los hombros y la sacudió ligeramente para que se despertase.

—...Hm… ...Hm...—protestó ligeramente la desmayada, casi inaudiblemente.

—¡Altaira! ¡Uf, menos mal!—suspiró de alivio el joven Dunbar.—Ven, túmbate, tranquila. Descansa un rato, ¿Vale?

—...W-william… ...No...No te me acerques...—susurró entrecortadamente.

—¿Eh? ¿De qué estás hablando? ¡No pienso dejarte aquí tirada!—le espetó, sincero.

—...W-william… Es en serio. ...Y-yo...N-no quiero hacerte daño…

La miró a los ojos para comprender un poco la naturaleza de todas aquellas cosas extrañas que estaba diciendo, y pudo comprobar que, al igual que le había pasado la noche anterior, los ojos de ella parecían haber pasado del dorado al azul marino. Altaira estaría delirando…. Pero probablemente, él también.

—No sabes lo que dices, Altaira. Estás delirando. Anda, descansa un poco.

Ayudándola a incorporarse, William la sujetó por los brazos y la dejó acomodarse en su cama revuelta, con el objetivo de que se calmase y le contase, quizás, como acabó ahí.

—¿Qué haces todavía con el disfraz puesto, Altaira? ¿Qué te ha pasado?

Ya estirada en el lecho de su compañero, con la mirada algo perdida, Altaira giró la cabeza, mirando al joven rebelde. Tenía las orbes abiertas de par en par, y solo le observaba sin decir nada. Parecía… ¿Afectada?

—Espera… ¡¿Ha sido Sissi?!—se enajenó William.—¡Verás cuando pille yo a esa…!

—...N-no… Y-yo… N-no estoy bien... —afirmó, perdiendo su mirar.

—La verdad… Ayer no hacías muy buena cara. Te noté… Rara.—compartió el moreno, sentándose con cuidado cerca de ella.—¿Te sientes bien?

—…¿Y-yo? ¿S-sentir-me…?—se sujetó los brazos, notándose algo confusa.

—Tranquila. No te agobies.—le dijo amigablemente William, con las manos sobre sus hombros tensos.—Puedes quedarte aquí, ¿Vale? Voy a buscarte algo de ropa para que te cambies. No debe ser agradable ir siempre pringada de sangre falsa...—rio.

Poniéndose una chaqueta para disimular que seguía en pijama, William se dispuso a salir un momento de su cuarto para hacerle un favor a su amiga. Se preparó para hacer lo propio cuando notó una mano en su brazo que le retuvo unos instantes.

—...W-william...—tartamudeó Altaira, con los ojos seriamente ensombrecidos.

Por su aspecto, estaba tratando de detenerle. Como si temiera quedarse sola. Nunca la había visto tan afectada, tan… Vulnerable. En ese instante, William se sentía ciertamente preocupado por ella, por lo que hizo todo lo que pudo por ayudarla.

—Volveré enseguida, te lo prometo. No te preocupes. Tranquila.

Altaira le miró nuevamente. Y sin saber por qué, William distinguió en sus pupilas que, aunque casi imperceptible para el resto del mundo, apareció una chispa de calma. Por eso mismo, William también se sintió un poco más relajado y, lanzándole un último vistazo, abrió la puerta y abandonó la estancia, encaminándose al cuarto de su amiga.

Mientras tanto, la rubia seguía incorporada, cubierta por una manta, con la mirada perdidamente confusa, sin saber qué hacer y con aspecto preocupante.

—…¡E-el ordenador! Q-quizás… L-lo averiguo…

Con movimientos torpes, Altaira apartó la manta y trató de ponerse en pie, sin embargo le costaba mantener el equilibrio, así que se sujetaba a cualquier soporte para no caerse, todo para llegar a su destino: el escritorio de William, sobre el cual estaba el monitor de su equipo. Con cuidado, la rubia tomó asiento y trató de manipularlo.

—...S-si lograra conectarme… ...Y saber por qué yo…

No obstante, fue tratar de pulsar unas teclas para que todo se volviera negro de repente. Y no solamente la estoica muchacha se percató de ello…

Simultáneamente, el joven Dunbar subía las escaleras hasta el piso de las chicas para localizar la habitación de su compañera y acceder sigilosamente, ya que la puerta no estaba cerrada con llave. Al entrar, lo primero en lo que se fijó fue que estaba algo desordenada, y si además se añadía la escasa decoración, William concluyó que la estancia de su amiga Altaira era bastante similar a la suya. Sonrió ante este hecho, pero decidió no dormirse en los laureles, pues ella no parecía estar pasando por su mejor momento. Abrió algunos cajones y seleccionó algunas prendas.

—Anda, el famoso libro… Se lo llevaré también.—rio, con sorna, tomando el tomo.

Se dispuso a salir, pues tampoco quería ser indiscreto con las pertenencias de su amiga (sólo pensó de ese modo porque ella era tal cosa, en otras circunstancias ni se le hubiese ocurrido), y fue entonces cuando comprobó que Altaira se había dejado la pantalla de su ordenador prendida, con alguna cosa en el monitor.

—¿Qué es todo esto? No entiendo mucho, pero hay algo que… ¿Me suena?

Se volvió un momento para comprobarlo, pero justo cuando por fin iba a leer algo, un apagón cortó la potencia del ordenador y de la iluminación, dejándolo todo a oscuras.

—¡Ahí va!—se sorprendió el moreno.—¿Otra apagón? No sería la primera vez...—caviló, para luego cambiar el foco de sus pensamientos.—¡Anda! ¡...Altaira!

Apresuradamente, y guiándose como pudo, William salió del cuarto para irse al suyo. Allí, la seria muchacha ya no lo estaba tanto. No estaba pasando un buen rato.

—¡...No! ¡¿...Q-qué he hecho…?! ¡T-tengo que…! ¡...Ahora mismo…!

La rubia se alzó de la silla y se apresuró por volver a donde estaba y cubrirse con la manta de nuevo, sin embargo las prisas se sumaron a su agitado e inestable estado, lo que hizo que la desordenada estancia lo estuviese todavía más, puesto que algunos soportes donde se apoyaba cedieron y el vestido largo que llevaba no le facilitaba las cosas, por no contar que la habitación estaba completamente a oscuras y casi no llegaba luz natural del exterior. El resultado: trastos varios por doquier desperdigados por el suelo y Altaira tratando de ponerse de pie y volver a la cama inútilmente.

—Altaira, ¿Estás…?—inquirió William, antes de darse cuenta de que la susodicha ya tenía sus propios problemas, ajenos al apagón.—¡Altaira! ¿Qué…?

De nuevo estaba tendida en el suelo, y para colmo, su habitación era un completo estropicio (mejor dicho, en mayor medida). Cuando ella se percató de su presencia, en esas extrañas circunstancias, inmediatamente se cubrió la cara con las manos.

—Eh, eh, ¿Qué ha pasado? ¿Qué haces en el suelo?—se acercó, ayudándola a incorporarse.—¿Estás bien, te has hecho daño?—preguntó, mirándola.—Altaira, ¿Qué intentabas? ¡Es peligroso! Y más estando como estás, encontrándote mal.

—…Y-yo… Y-yo… Y-yo...—balbuceó, mirando a su interlocutor con cierta timidez.

—Ya, ya lo sé. No eres ninguna tonta y no tengo por qué darte el clásico tostón. Como yo hago siempre, te hiciste la valiente. Si te soy sincero, yo hubiese hecho igual...—juzgó, razonando. A continuación, sonrió hacia ella.—Pero no me des estos sustos, ¿Vale? Eso es todo. Por un momento pensé que te habías hecho daño.

Ante esas palabras tan amistosas, Altaira alzó la mirada, encarándose con la suya.

—...Y-yo… T-tu habitación… Y-yo…

—Bah, me importa un bledo la habitación.—rio informalmente William.—Me preocupa mucho más que estés bien. Además, solo era cuestión de tiempo.

—….Gracias, William. ...Gracias.

No había sonrisa de parte de ella, pero William pudo intuir un atisbo de dulce sinceridad manando de sus palabras, por lo que él sí hizo ademán de sonreír. Seguidamente, la cogió en volandas y la tumbó de nuevo, notándola algo más tranquila, donde cabía.

—Te he traído ropa. Yo me iría y cerraría la puerta, pero no vas a ver nada…

—¡Dunbar! ¿Estás ahí? ¡Sal un momento!

Era la voz de Jim. Sabía que tanto él como Altaira se podrían meter en problemas si se enteraba de que estaban los dos juntos en el cuarto, por lo que se deslizó silenciosamente por la puerta y cerró tras de sí, procurando aparentar normalidad.

—Te traigo velas para el apagón. Anda, ten. Y nada de jugar, ¿Está claro, listillo?

Iba a hacer algún chiste al respecto, pero se abstuvo en aquella ocasión, porque tuvo una pensada: Seguramente, Jim iría de puerta en puerta repartiendo las velas, lo que implicaba que tarde o temprano acabaría en la habitación de Altaira. Y de nuevo, volvían a estar igual. Por lo que tuvo que ingeniárselas otra vez…

Sigilosamente, volvió a entrar y encendió rápidamente las velas con un mechero suyo que, obviamente, incumplía las normas, pero no le importó en absoluto.

—Mira, así podrás ver. ¿Crees que podrás tú sola tal y como te encuentras?

Ante el asenso endeble de la muchacha, William le indicó con un gesto que guardara silencio y le susurró "Ahora vuelvo". Salió al pasillo, no solo para darle intimidad a la rubia, sino para encaminarse de nuevo al piso de arriba cuando Jim no miraba. Allí, esperó unos minutos hasta que ocurrió lo que había imaginado: el profesor de gimnasia llamó también a aquella puerta. Por suerte, él podría remediarlo.

—Xiomara Altaira N'Aima...—parecía estar leyendo una lista.—¡Altaira! ¡Abre!
—No puedo salir, Jim, me estoy cambiando de ropa.—Teóricamente, era cierto.—No te preocupes por nada, estoy súper bien, tengo mis propias velas en el cuarto.—explicó, adaptando una voz femenina la mar de graciosa y artificial.

—Oh, vale… Espera un momento, ¿Cómo sabías que venía por las velas?

—Aaaaaahm.—Maldita sea. Improvisó.—Me lo acaba de decir William por mensaje. ¡Somos tan amigos que lo sabemos todo del otro...! ¡Es taaaan mono…!—actuó.

Impresionantemente, Jim parecía estar satisfecho con la respuesta y coló. Suspiró.

—Soy idiota, ¿Cómo ha podido tragárselo? Altaira nunca hablaría de ese modo. Igual es porque lo que he dicho es verdad. Je, Altaira diciendo que soy mono.—se rio.— Ya me gustaría a mí.—ante ello, se ruborizó un poco.

No podía dormirse en los laureles, sin embargo, porque ahora debía darse a la fuga. Salió del cuarto rápidamente y volvió al suyo. Altaira ya se había cambiado de ropa.

—Ya estoy de vuelta. Los profes son un poco estúpidos.—comentó, con aprobación.—Tienes mejor aspecto. ¿Te encuentras mejor? Dime, ¿Qué te pasaba?

—...E-estoy mejor...Creo. Más estable. ...Yo…. No sé muy bien qué me sucedía.

—Vaya susto me has dado. Pero bueno, lo que importa es que ahora ya te encuentras mejor. ¿Quieres dormir un poco? Quizás te viene bien.

—...No. Yo… Yo no duermo.—declaró, seria como de costumbre.

—Bueno. Entonces, ¿Qué te parece si charlamos?—preguntó William, inquisitivo.

—...De acuerdo.—accedió tajantemente, mirando a su compañero.

—¿Sabes? Cuando Jim había ido a buscarte a tu cuarto, mencionó de nuevo tu nombre completo. Es muy curioso, ¿Sabes? N'Aima. Es tu apellido. No lo había escuchado nunca. ¿De dónde es? ¿Es de donde naciste, por casualidad?

—...Yo nací… Cerca de aquí.—vaciló un instante.

—¿De veras? Creía que eras extranjera. De hecho, no sé mucho sobre ti.—le comentó William, observándola.—Háblame de ti, Altaira.

De repente, aunque tampoco hablase mucho, la susodicha calló como una tumba. Sus labios se tensaron ligeramente, y sus ojos tornasolados se abrieron un poco más.

—¿Quieres que empiece yo hablando sobre mí?—concedió William. Había decidido aprovechar la ocasión para conocerse un poco más en profundidad, pero si Altaira no se sentía a gusto con aquella situación, empezaría primero.

Condescendiente, ella dijo que sí con la cabeza y su amigo moreno comenzó a compartir datos sobre él: lo que le gustaba, lo que no, su personalidad, algo de su familia y sus orígenes, y alguna pincelada de su pasado. Altaira parecía escucharle, solemne, no obstante William todavía sentía una pequeña incomodidad al hablar con su amiga de él mismo: había una parte muy importante de su vida que no le había mencionado, simplemente porque no podía hacerlo. Se trataba del cómo se convirtió en Guerrero Lyoko y todo lo acaecido con X.A.N.A., que tanto le marcó. No quería mentir a su amiga, pero prometió guardar el secreto, y no era ningún traidor. Ya no.

—...Entiendo.—bisbiseó la rubia.—¿...Eso es todo?

—Quién sabe. Uno siempre tiene algún secreto por ahí, ¿No?—admitió el escocés.

—...Cierto. ...Todo el mundo tiene algún que otro secreto…

—Me alegro de que lo entiendas.—le dijo, algo aliviado.

Algo dubitativo, William miró repetidamente a Altaira de soslayo, como si le incomodara hacerlo aunque ciertamente no era así. A continuación, carraspeó y habló.

—Antes de que me cuentes sobre ti, Altaira, querría decirte algo.

Al instante de sus palabras, un rayo cruzó el cielo. Otra clase de oscuridad se hizo cada vez más y más densa para los ojos de Altaira, que empezaban a pesar…

—Verás, Altaira… Nos conocemos desde hace poco, por no contar que el día que nos conocimos fue el más raro de toda mi existencia con diferencia...—comentó el moreno, riendo para hacer la situación más llevadera.—Pero, ¿Sabes? Nos hemos hecho grandes amigos, y eso me alegra. Ahora, si no estuvieras aquí, no sería lo mismo sin ti.—se frotó la nuca, algo colorado.—Además, somos muy parecidos, ¿No crees? Noto que tenemos muchas cosas en común, y aunque aún me faltan muchas cosas por saber de ti, siento que… Que eres muy especial para mí.

Suspiró levemente, pues aunque lo había dicho muy en serio, y sin saber por qué dada su naturaleza indómita, admitirlo delante de ella le producía un cálido rubor y una ligera sensación de tener mariposas en el estómago. ¿Estaría soñando…?

—…¿Y bien? Altaira, ¿Qué opinas de…?

Se giró para contemplarla una vez más, sin embargo comprobó, para su sorpresa, que la rubia se había quedado profundamente dormida en su cama, con los ojos delicadamente cerrados y un remanso de tranquilidad invadiéndola.

—Increíble… ¡No ha oído nada de lo que le he dicho!—admitió, rojo como un tomate.—En fin… La dejaré dormir. Estará cansada…

Al mirarla dormir, simplemente porque le salió del alma, de algún modo, sonrió con calidez. No sabía si él estaría soñando, pero ella, en ese momento, sí lo estaba.

(...)

De repente, perdió completamente la noción del tiempo y del espacio. Parecía navegar completamente extraviada en medio de ningún lugar. Una misteriosa neblina cubría la mayor parte de su campo de visión, lo que la dejaba algo desorientada.

—…¿Hm? ¿...Qué lugar es este?—musitó Altaira, algo menos impertérrita que siempre

Estábamos en Xanadu, Altaira, ¿No lo recuerdas?

Extrañada por escuchar aquella voz familiar, entornó sus particulares ojos para fijarse mejor entre la transluz del ambiente. Ciertamente, reconoció entre ella una silueta que despertó una concordancia en su mente. La percibió oscura, bastante oscura. Aunque, como para todo, había un porqué.

¿...William?—le llamó, notándose un atisbo de curiosidad en su tono.

Sí. Soy yo. ...Al menos una parte de mí.

No se mostraba consternado por tal respuesta, pero a la rubia sí le sorprendió un poco, así que avanzó para encontrarse con él. Tan pronto como lo tuvo delante, supo el porqué de sus bizarras palabras. Allí estaba William, sí, o al menos, lo parecía por fuera: los mismos cabellos revueltos y negros, los mismos ojos azul marino, la misma complexión alta y la misma buena planta. Sin embargo, no era completamente él. Prueba de ello eran los símbolos de X.A.N.A de su frente y su pecho, su traje completamente negro, su enorme sable y su expresión llena de malicia. Parecía William, aunque… Ahora X.A.N.A formaba parte de él asimismo.

...William...—le llamó la rubia, en un suspiro.—¿...Qué…?

Yo ya no soy William. Solo soy… Un siervo de X.A.N.A.—declaró, con una media sonrisa. No parecía estar terriblemente afectado por ello…

—…¿Pero cómo…? ¿...Tú no…?

No me digas que no lo recuerdas. Al fin y al cabo… Fue cosa tuya.

Los ojos de la muchacha se abrieron un poco más. No recordaba nada de eso… Ni siquiera estaba segura, de alguna forma, de querer recordarlo. "¿...Cómo?", pronunció.

Ya sabes...—continuó el moreno, alzándose de su invisible asiento y reposando su sable en el hombro.—X.A.N.A me tendió una trampa muy peligrosa, y como soy como soy (era como era), caí de cabeza. Y todo porque quise salvarte… Amiga.

Sorprendentemente, en ningún momento William daba la sensación de estar furioso o similar, sino que se mostraba la mar de paulatino, incluso cómodo en la situación. Altaira, por su parte, no recordaba nada de eso, sin embargo… No la sorprendía.

¿...De veras? ...No lo recuerdo… ...William…

Pareces sorprendida. Pero si tú sabes de qué te estoy hablando...—le sonrió con malicia William, cómplice.—Por supuesto que lo sabes. Y pensar que antes era yo el que no sabía que lo sabías… De hecho… ¿No fue todo cosa tuya?—sonrió.

Como si de una interferencia se tratara, cual holograma, la imagen de una extrañada chica rubia cambió enseguida a la de otra muy parecida, con rasgos más obscuros, sonrisa más maligna y cruel, sin dejar ni rastro de la otra.

Por supuesto.—confesó, segura de sí misma.—El que pasase esto era solo cuestión de tiempo. Ahora que vuelves a ser mi prisionero, mi venganza hacia ti se ha completado… William.—explicó perversa, una mueca maquiavélica deformándole la tez

A medida que fue hablando, la de los ojos sangrientos dio un paso hacia su "esclavo", acercando su mano a la cara del moreno, en un gesto de venenosa ternura. Él simplemente se dejó, con una sonrisa que nunca habría puesto de tratarse completamente de su propia persona, pues en ese mismo instante, su peor enemigo se estaba burlando de él en su cara. Sin embargo, tan pronto como la X.A.N.A personificada se acercó y se cruzó en su mirada, algo peculiar sucedió: por vez primera, X.A.N.A daba la impresión de estar… ¿Confusa?

—…N-no… Esto no… No puede ser...—balbuceó la chica, con algunos reflejos de la muchacha rubia que había sido antes. De hecho, fue cambiando hasta que volvió a ser la Altaira rubia de antaño, quien tampoco tenía mejor aspecto.

Bajó la cabeza, hasta ensombrecérsele la mirada, y todo "Xanadu", de nuevo, volvió a teñirse de un hiriente negro azabache intenso.

¿Qué pasa? ¿No era esto lo que querías...X.A.N.A?—preguntó el escocés, alegre.

...S-supongo… ...Eso creía antes...—susurró, antes de volver a cambiar.—¡Claro que es lo que quiero! ¡Tenía que vengarme de ti, William! ...Aunque… ¿P-por qué…?—otra vez, de morena a rubia.—...S-si es así… ¿...P-por qué me sucede esto?

William, taciturno, observaba la continua metamorfosis de la joven cerca suyo.

¡...E-esto no debería ocurrirme! ¡¿P-por qué…?!—Ahora, la oscura.—¡N-no es posible que pensemos diferente! ¡¿Quién eres tú, chica rubita?! ¡Tú...Tú no eres ella! ¡No eres Altaira! ¡No puede ser que te comportes así, si yo te he…!

No pudo acabar la frase. Esta vez, William dio un paso al frente, blandiendo su enorme espada, con la que acabó por provocar un corte certero e invisible a ¿X.A.N.A?

...Es cierto que eres X.A.N.A., pero… Has cambiado.—sonrió, sujetando el sable.

¡...William! ¡N-no es cierto! ¡WiLLiAm! ¡wILLIaM! ¡aAAaAaAaAAaAAaah!

Y como una bocanada de aire que nunca había estado allí presente, la silueta de X.A.N.A, o lo que fuese, se difuminó dejando tras de sí una estela luminosa. Adiós a Xanadu; adiós al sufrimiento. Si aquello era el paraíso, no lo aparentaba.

De hecho, cierto alguien no estaba disfrutando en absoluto de aquel "paraíso"...

(...)

Al contrario que lo que le dictaba su personalidad rebelde e indómita, William estaba siendo especialmente cuidadoso y considerado al procurar hacer el mínimo ruido posible para no despertar a su amiga durmiente, que seguía roque en su cama desde hacía un buen rato. Ni siquiera el ruido de los estruendosos rayos la despertaba.

Mientras tanto, y ya que se lo había traído de la habitación de la estoica rubia, aprovechó para darle un repaso a sus escenas favoritas de "Romeo y Julieta", libro que Altaira se estaba leyendo con su ayuda. Sonreía para sí mismo, como si nunca lo hubiese leído antes y lo estuviese descubriendo todo en ese mismo momento.

—Aquello sí que fue un romance complicado… Y todo para acabar muriendo ambos. Aunque claro, murieron por amor. Una perfecta tragedia.—comentó para sí mismo.

Sacudió la cabeza ante su ocurrencia, ya que aunque no le sorprendía, siempre le sonaba algo bizarro escucharse comentando tan profundamente algunas cosas. En el movimiento de su cabeza, fue cuando pudo desviar su atención hacia Altaira: durmiendo, se veía bastante pacífica. Como si nunca hubiese dormido antes. Aunque… Lo que sucedió a continuación terminó por, en cierto modo, desmentirle.

—¡...Aaaaaaaaaaaaaah!

Abriendo los ojos tornasolados de par en par e incorporándose en la cama, con la respiración agitada, Altaira se despertó, no tan pacíficamente, y William, por si no tuviese ya varios sustos de su parte ese día, por poco no se caía de su asiento.

—¡¿Qué te pasa?! ¡Tranquila, Altaira, solo era un sueño!—trató de calmarla.

En un silencio tenso, la rubia se calló y miró hacia todas partes, ubicándose.

—¿...Dónde estoy? ¿...Q-qué ha pasado? ….N-no recuerdo nada….

—Estás en mi cuarto. Te sentías mal hoy y, viniendo a pedirme consejo, te desmayaste y casi me matas del susto. Estuvimos hablando y te quedaste dormida. Y ahora, casi vuelves a matarme del susto. Has estado durmiendo un rato.—explicó, sarcástico.

—¿...Durmiendo?—inquirió, como alterada.—¡...N-no puede ser!

—Altaira, por valiente que seas, duermes, como todo el mundo. ¿Qué se supone que es tan raro en dormir? Y más, cuando te sientes mal.—comentó, indiferente.

—...C-cierto. ...Debe de ser eso… ...Creo.

Por mucho que dijese eso, su expresión dejaba mucho que desear en cuanto a lo que mejora se refería. Confusa y quizás alterada y cansada, Altaira se mostraba un poco inquieta e intranquila, con un ápice de pesadumbre. El escocés moreno solamente hizo ademán de mirarla. A continuación, sonrió. Creyó tener la cura para eso.

Arrodillándose para ponerse a su altura, extendió los brazos y, pillándola completamente por sorpresa, la rodeó con ellos y le regaló un amigable abrazo.

El respirar inquieto de la chica se detuvo de golpe. William ciertamente se encontraba mejor, así lo indicaba el rubor de sus mejillas. De hecho, incluso Altaira se sintió algo aliviada ante el gesto…. Como más serena, apaciguada. Tranquila a causa del abrazo.

"No. Si lo de dormir era grave, esto lo es más. ...No puede ser."

(...)

¡Muy buenas a todos! Pido perdón por haberme hecho esperar más esta semana Y_Y Tengo demasiadas cosas en la cabeza, y eso parece que no cambia. Entre una cosa y otra, sumado a deberes, exámenes, y el etcétera de siempre, no he sacado mucho tiempo y se ha tenido que demorar. ^^U

Espero que os haya gustado este nuevo capítulo ^^ Solo digo que lo de los sueños me lo tomé al pie de la letra, al parecer XDDD En fin, espero que no se haga muy aburrido. Cualquier comentario a destacar, ya sabéis, estoy abierta a escuchar opiniones XD

Sin más dilación (ya ha habido bastante :( ) voy con reviews y demás x) :

draoptimusstar3: Yo pensé lo mismo de ese refrán, y como me pareció adecuado, lo puse XD Creo que el por qué es bastante obvio. Como lo consideré un capítulo importante, puse una cita de Shakespeare, por razones obvias ;) XD Me alegro de que te pareciese una buena venganza, simplemente no podría dejarlo así, William nunca se daría por vencido, y menos con Sissi XD Fue muy divertido escribirlo, así que espero sinceramente que haya sido de tu agrado :3 Como siempre te digo, escribes muy lindo y muy acertado, y me levantas mucho la moral :) Me ha gustado la explicación, te lo agradezco. Espero que este nuevo capítulo sea también de tu agrado :3

WindDragon-19: ¿Y cuándo Jeremy NO es la voz de la razón? Ah, cierto, cuando está Aelita de por medio XDDD Sí, así es, procuré dar a entender que, con su mente de Einstein, Jeremy empezó a oler un poquito a chamusquina, habrá que apartarse del fuego… Pero el bobo de William se va a quemar vivo XD Vaya, muchas gracias, te lo agradezco, y me alegro que te pareciese una buena venganza. Me centré en hacer que fuese "al estilo William", es decir, a lo grande XDDD A medida que esto avanza más temo por la vida de Will, se va a llevar más golpes… Pero al idiota no le importará (con amor lo digo, y nunca más apropiado) XDDD Aunque sí, por otra parte, X.A.N.A también está pasando un mal ratillo… :) Gracias por tu apoyo, siempre me es muy importante :3 ¡Hasta la próxima! Kyrucorto :D

SisterAlicorn122104: Quería agradecerte el fav y el follow al fic, significa muchísimo para mí :3 Gracias por tu apoyo, y cualquier cosa que quieras comentar al respecto, te escucharé con mucho gusto :3 Muchas gracias, de verdad ^3^

A The Legend of DN, mucha suerte con eso proyecto que me comentaste, estaré encantada de serte de ayuda si puedo serlo ^^ Espero que lo lleves bien, ¡Ánimo!

Me despido aquí por el momento. Intentaré sacar tiempo para escribir, sin embargo tengo tantas cosas en la cabeza, sobre todo relacionadas con la escuela, que casi no doy abasto. Pero en fin, espero volver prontito con un nuevo capítulo, ya que yo también lo estoy deseando. ¡Gracias a todos, y Feliz Halloween en directo desde la otra punta del Año! XDDD

Codelyokofan210399