Capítulo beteado por Melina Aragón, Beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)
Disclaimer: los personajes no me pertenecen. Son de la magnífica Stephenie Meyer. La trama es totalmente mía y está hecha sin fines de lucro.
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Capítulo Diez.
Isabella estaba parada mirándolo desde la puerta, sus ojos estaban tan abiertos como si hubiese visto el mismísimo infierno abrirse ante ella.
Edward se levantó dejando el cuerpo inerte de aquella mujer que le había servido como alimento. Su cuerpo se sentía más emancipado, de nuevo revitalizado, porque el haber probado la sangre de Isabella lo había dejado atrofiado, sin embargo verla ahí parada era como una puñalada.
Isabella tuvo que llevarse la mano a los labios para evitar gritar, el pánico le recorría el cuerpo entero en forma de hielo. Edward la estaba mirando y los ojos carmín estaban llenos de odio y peligro que rayaban en el desquicio.
Retrocedió lentamente y cuando sintió que la oscuridad del pasillo la abrazaba, obligó a sus piernas a correr, sin saber exactamente dónde dirigirse, nada en ese lugar le confería seguridad. Nada.
Las puertas de las habitaciones le pasaban borrosas a un lado y sólo en ese momento fue consciente de que estaba llorando. La mezcla de sentimientos en su interior la arrimaban al borde del abismo. Quería huir, quería irse de ahí para siempre pero también era consciente de que eso sería imposible.
Las manos del vampiro la tomaron de las caderas. Sus pies ya no tocaban el piso. Pataleó para intentar zafarse sin conseguir grandes resultados.
—¡Suéltame! —gritó horrorizada. Él la tomó un poco más fuerte haciéndola soltar un jadeo.
—Quédate quieta. —Soltó un par de sollozos y trató de calmar su acelerada respiración. Edward la soltó despacio hasta que sintió que se tranquilizaba—. Isabella, mírame —le susurró. Ella negó, tenía miedo de mirarlo y volver a encontrar esa mirada depredadora en sus ojos, no lo soportaría.
Edward la tomó de la barbilla y le levantó la cara. Ella tenía los ojos cerrados y se negaba a mirarlo. Lo escuchó susurrar algo ininteligible en su oído, algo que la estaba tranquilizando, aunque en realidad no estaba concentrada escuchándolo, sino en las sensaciones que despertaba en ella. El pánico iba abandonando su cuerpo, recordando sólo al Edward sobre ella, llenándola de besos y olvidando al animal que acababa de ver.
—¿Estas bien? —Ella asintió aun con los ojos cerrados. Entonces él la levantó en brazos y la llevó a la cama. Sus pisadas sonaban amenazantes contra el piso adoquinado del pasillo. La furia era palpable en él, ciertamente estaba molesto de que el avance de los últimos días se fuese al carajo por esa estupidez.
No había pensado dos veces lo que hacía, su cuerpo estaba tan entumido y los nervios del cerebro le palpitaban con una fuerza que lo hubiesen vuelto loco de no haber probado sangre fresca.
La prostituta del callejón oscuro no tenía tan buena sangre, pero le había servido para devolverle la movilidad. Estaba tan concentrado en beber la sangre que no había sentido la presencia de Isabella entrando a la habitación.
Edward abrió de una patada la puerta del cuarto y ella sintió el colchón debajo de ella. La seda de la sábana la hizo sentirse segura de nuevo. Y ante el abandono de los brazos del vampiro se hizo un ovillo en la cama.
—No debiste haber ido —le escuchó decir—. Pude haberte matado —arremetió molesto.
—Yo sólo necesitaba saber dónde estabas —gimió—, fui una idiota.
—Basta, sólo no vuelvas a hacerlo. Yo mismo te buscaré cuando te necesite. —Él se giró para salir de la habitación.
—Soy tu puta, ¿cierto? —Se detuvo—. Cuando te canses de mí harás lo mismo.
—No eres mi puta. Eres mi esclava. Estas sólo para complacerme y obedecer lo que yo te diga.
Isabella se levantó de la cama.
—¿Qué diferencia hay entre ser tu puta y tu esclava? Al final de cuentas lo único que necesitas es mi cuerpo.
—¿Cuál es la diferencia preguntas? La diferencia, Isabella, es que para ser mi puta necesitas ser un vampiro, con tu cuerpo tan frágil no eres capaz ni de complacerme por completo ni siquiera la mitad de lo que Irina lo haría.
Esa declaración la dejó helada era como si le clavaran una estaca en el pecho. Su orgullo estaba herido era ilógico, pero era la verdad.
—¿Por qué simplemente no me matas?
—Porque eso sería demasiado fácil para ti.
—¿Demasiado fácil? ¡Esto es el maldito infierno! Tú eres un demonio y ya estoy harta de ti, de todo —le gritó levantándose por completo. Dejándose llevar por una ola de coraje y decepción.
—Pues es el infierno que te mereces y puede ser peor si así lo deseas. Desde el momento en que te dejaste tocar por otro vampiro te lo ganaste.
Ella se quedó estática en su lugar sin comprender lo que acababa de escuchar, ¿otro vampiro? ¿De qué carajos hablaba?
Edward la tomó de la barbilla y la hizo caer de golpe a la cama.
—Si crees que eso no es motivo suficiente, entonces yo mismo te mataré. Aunque eso signifique comprometerme.
—Eres un maldito demonio.
—Te equivocas —contestó—. Soy un vampiro.
Entonces comenzó a caminar y la dejó ahí en medio de la habitación, la misma que la había estado recibiendo noche tras noche con el orgullo por los suelos.
Los siguientes días fueron pasando lentamente para desquicio de Isabella. Edward no entró en su habitación, ni la buscó durante esos días, aunque verdaderamente lo agradecía, puesto que era capaz de gritar horrorizada al sentir sus manos encima. Aun no podía quitarse de la cabeza aquella imagen aterradora, él sobre aquella mujer muerta.
Se estremeció sólo de recordarlo.
Ese mismo día Irina entró en su habitación llevaba un par de vestidos, que acomodó dentro de su closet.
No pudo evitar recordar las palabras de Edward, que Irina lo complacía mucho más que ella, la miró de pies a cabeza. Era una mujer muy guapa, de piernas largas y blancas, casi transparentes, su figura era digna de admirar, incluso por ella, su cabello rubio se veía tan sedoso y pulcro. Y por si fuese poco tenía una cara agraciada.
La primera vez que la vio pensó que era la mujer más hermosa que había visto, luego cambió de idea al saber que era un vampiro pero eso no le quitaba que cualquier hombre cayera rendido a sus pies.
Eres patética sintiéndote mal por aquello se dijo. Sin embargo, la verdad era que le dolía saberlo. ¿Por qué? No tenía la respuesta aunque de algo estaba segura.
Lo odiaba con todas sus fuerzas.
—Edward los mandó. Te quiere hoy en su habitación. Trata de ser puntual. —Su voz la sacó de su ensimismamiento. Entonces Irina revolvió los vestidos y sacó uno color escarlata, luego unas zapatillas negras de tacón que dejó al lado del closet no la miró ni un sólo momento cuando estuvo ahí, incluso cuando salía de la habitación.
Ella se levantó y miró el vestido. Estaba horrorizada de sólo pensar en tener al vampiro sobre ella y tenía miedo al imaginarse que le clavara de nuevo los colmillos, aunque, sabía que si no iba él iría a buscarla y no le iría nada bien.
Se metió al baño y se lavó el cuerpo. A continuación se metió en el diminuto vestido y se calzó los tacones negros que le había dejado Irina. Se acomodó el cabello y caminó a la habitación de Edward. Cuando entró él no estaba en la recamara. Estaba a oscuras y la luz de la luna se filtraba por entre las cortinas. Se asomó al balcón y la fría ráfaga de viento que le golpeó la cara la hizo estremecerse.
Edward llegó a la mansión. Irina estaba en el recibidor y en cuanto la vio arrugó el ceño.
—Contigo quiero hablar —le espetó
—Sí amo, —contestó sumisa. Edward arrugó el ceño y luego caminó a subir las escaleras.
—Te quiero en mi habitación dentro de cinco minutos.
—¿Está seguro? —él se detuvo.
—Claro que lo estoy.
—La humana lo está esperando arriba. —Edward levantó la mirada hacia el pasillo que daba a la habitación, como si pudiese verla desde ahí.
—Entonces hablaremos mañana. —Irina sonrió y lo vio subir las escaleras.
Edward cruzó las habitaciones demasiado rápido y abrió la puerta de su habitación de un solo golpe. Isabella estaba parada mirando hacia la noche del otro lado del balcón. Tenía puesto el vestido que le había mandado a comprar con Bree. Se veía preciosa en el diminuto vestido. Y sus piernas estaban tan largas y blancas con los tacones. Era una muñequita. Era perfecta.
El viento hizo que su cabello se moviera desprendiendo el aroma delicioso de su cuerpo y su sangre. Pero no todo era perfección. El ululante viento trajo consigo otro aroma que él recordaba con odio. El olor de James.
El cólera le invadió el cuerpo entero y la rabia lo hizo perder los estribos. El aura alrededor de la habitación se hizo espantosa y aterradora.
Isabella se giró al sentir su presencia y se llevó la mano a la boca al ver esa mirada que recordaba de la noche pasada. El odio y la muerte estaban reflejados en sus pupilas. Y ésta vez estaba completamente dirigido a ella.
Se alejó de la ventana y cerró los ojos para esperar a que él la tomara, pero eso nunca llegó. Estaba esperando a que la tomara del cabello y la azotara contra la cama pero cuando abrió de nuevo los ojos, él estaba apretando los puños y su mandíbula estaba firme y tensa. Se levantó de la cama y caminó hasta dónde él estaba.
—¿Por qué, Isabella? —Ella negó y retrocedió de nuevo, la voz de Edward sonaba peligrosa—. No entiendo, tú ni siquiera eres tan importante y aun así me cuesta aceptarlo.
—No sé de qué hablas —susurró. Él avanzó hasta ella y le dio un tirón del cabello.
—Debí haberte matado desde el primer día pero, el único idiota aquí fui yo. —Ella abrió la boca para decir algo y él puso un dedo sobre sus labios—. Pienso que tu altanería rebasa los límites y debo enseñarte como obedecer a tu amo completamente. De ahora en adelante no tendré contemplaciones contigo. Cada cosa mala que hagas recibirá un castigo. Intenté ser bueno, te di la oportunidad de acostumbrarte a mi mundo para que pudieras vivirlo pero a cambio preferiste su mundo y eso no lo voy a permitir.
—¿De qué mundo me hablas? No he hecho más que estar metida aquí soportando tus maltratos, tus malditas humillaciones y por si fuera poco, viendo tus asesinatos.
—En ningún momento te dije que fueras a buscarme, pudiste haber seguido dormida —arremetió molesto—, pero si lo que quieres es que las cosas comiencen a cambiar, entonces tendrás que empezar a obedecer.
Se acercó de nuevo a ella y le desgarró el precioso vestido que le había comprado, debajo de la tela no traía más que su suave piel y su linda vagina caliente. Al pasarle las garras por la pierna, los hilillos de sangre comenzaron a escurrir por ella. Se removió llena de pánico y soltó un sollozo ante el dolor.
—Por favor no... —Su cuerpo estaba temblando, jamás había sentido miedo como en esos instantes. La miraba y sus ojos parecían estar inyectados de odio, ¿por qué? ¿Acaso ella había hecho algo para merecer eso? Lo único que había hecho era obedecer sus órdenes.
—Quédate quieta —ordenó—. Y obedece. —La voz retumbó en todo el lugar y ella no pudo evitar el escalofrío que recorrió toda su columna vertebral.
Edward la levantó de un sólo jalón y le lamió el cuello saboreándose del fuerte palpitar de su vena. Irradiaba miedo, lo sabía por sus pulsaciones aceleradas, su olfato depredador podía reconocer su néctar divino saliendo de entre sus piernas, ella estaba preparada para recibirlo. Se rió con ironía, ella estaba tiritando de miedo mientras su vagina la traicionaba. El olor característico que lo volvía loco por completo.
De pronto, reconoció algo que no había notado cuando entró. Algo que lo hizo quedarse quieto y que su corazón diera un vuelco sorprendido. Isabella no tenía el olor de James en su cuerpo, había un ligero dejo de su aroma pero no emanaba de su vagina.
El cuerpo de Isabella estaba impregnado sólo de su propio olor.
La alejó de él y se volvió para recoger los restos del vestido desgarrado en el piso. Lentamente lo llevó a su nariz y cuando reconoció los dos olores, el de Irina y de James, sintió el mismo sentimiento por matar, el mismo que lo desquiciaba cada vez que mataba a una de sus presas pero, esta vez, sería diferente.
Hola niñas, gracias por esperarme. Soy una desgraciada por tardar tanto y no merezco piedad. Lo sé.
Espero les haya gustado el capítulo y me dejen saber qué les pareció. Gracias a las que dejaron un review, y a las que agregaron a follow y favs, a los lectores silenciosos que espero se animen a dejar un comentario para irlos conociendo. No muerdo, lo juro, eso sólo lo hace Edward.
Annabanana94
helenagonzalez26-athos
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kunoishi3
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linda bella
JulieDeSousaRK
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Cinderella Cullen
soledadcullen
Gracias preciosas, nos leemos en la próxima actualización :)
