Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling y la Warner Bros. Esta historia es sin fines de lucro.
La partida del Maestro de la Muerte
Lessa Dragonlady
"Hermano mayor"
Los ojos de Rachel son como un par de estrellas en la noche más oscura...
Hablando de lugares comunes. Necesito algo más original, algo de verdad poético que le haga justicia a la mirada de mi novia. Arrugué el pergamino, dispuesto a comenzar otro poema.
—¿Michael? —llamó mamá desde el marco de mi recámara— Me pareció raro no encontrarte metido en la chimenea.
Giré los ojos —Si lo dices así parece que me la vivo ahí.
Mamá alzo una ceja —Claro... Por cierto, ¿has visto a tu hermana? No ha regresado.
—Lo cual es común. Seguro anda con Cocoa brincando en alguna colina. Ya volverá.
—No sé, tengo un mal presentimiento. Instinto materno.
Ahora yo alcé una ceja —¿Y qué propones que haga?
—Bueno, ya que tan amable te ofreces, ve a buscar a Hermione. Gracias, hijo.
Contuve un suspiro. Al pasar junto a mamá besé su frente. Ya soy más alto que ella.
—Regresaré con esa pequeña nutria —prometí.
Pero no iré solo.
Entré a la habitación de Francis. Mi hermano estaba encogido en su cama, abrazando un cubo de metal que apestaba a vómito.
—¿Todavía no te curas?
—¿No es obvio? —replicó con la voz rasposa.
—Vamos a buscar a Hermione. Mamá está preocupada por ella.
—Olvídalo, no tengo energía más que para seguir respirando. Suerte.
—¿Recuerdas el vestido de mamá que quemaste en las últimas vacaciones? ¿Y que yo te cubrí y juraste pagarme esa en el momento en que te lo pidiera?
Francis vomitó a la mitad de su insulto.
Sonreí antes de volver a hablar —Vamos, quiero aprovechar para hablar contigo sobre Hermione.
Cuando por fin Francis logró cambiarse y bajar las escaleras, fuimos hacia la colina por donde comúnmente nuestra hermana galopa. El frío ayudó un poco a Francis a mantener su estómago.
—¿Qué quieres hablar de Hermione que tenga que ser afuera de la casa? —me preguntó sudoroso.
—¿Recuerdas su nacimiento?
—Claro que no. Yo tenía un año de edad o algo así.
—Bueno, yo sí lo recuerdo. El día era bochornoso. Lloviznó en la mañana y luego salió el sol. Mamá estaba de cuclillas, apoyada de la partera. Su rostro parecía a punto de quebrarse. No sé cuántas horas llevaba en esa posición, intentando pujar. Papá estaba por desmayarse del miedo. El resto de la gente de St. Otterpot que vino a refugiarse del ataque de Voldemort a Hogwarts ya estaban pidiendo a Merlín por el alma de mamá. La daban por muerta.
Francis me miró asustado —¿Tan duro fue?
Asentí. Llegamos a lo alto de la colina y nos sentamos. Desde ahí se veía gran parte de St. Otterpot y el camino que iba a la estación de tren abandonada. Esperaba que Hermione apareciera por ahí en algún momento.
—La señora Grimes te tenía en brazos —dije volviendo al tema—. No parabas de llorar, lo cual ponía más nervioso a papá. Pasó la tarde. Oscureció. Sé que es imposible, pero puedo jurar que a lo lejos se veían las llamas de Hogwarts. De pronto mamá gritó: "Hace horas que no la siento. Ambas vamos a morir".
Francis vomitó. Esperé a que se recuperara para seguir hablando.
—La partera no dejó que mamá se rindiera. "Tienes dos hijos por los cuales vivir, Marie. Puja y sálvate. Ellos te necesitan". Mamá me buscó con la mirada y al tenerme en su visión pujó como nunca.
Tragué pesado.
—Jamás olvidaré la sangre... Mamá cayó gritando. Algo se desgarró dentro de ella. Al mismo tiempo una criatura salió despedida de entre sus piernas. La partera la cogió antes de que se golpeara. El bebé estaba morado. Sus manitas torcidas. Tenía mal formada la pierna izquierda. Era una imagen aterradora.
Francis me interrumpió —¿Me estás diciendo que Hermione nació mal? Pero...
—A eso quiero llegar —corté temblando—. Mamá no vio al bebé, estaba contraída por el dolor. Papá estaba junto a ella, intentando mantenerla viva. Yo fui el único de la familia que vio al bebé muerto. La partera también lo supo: no había algo qué hacer, era muy tarde. Fue al río y metió al bebé en el agua. Supongo que quería limpiarlo un poco antes de que nuestros padres lo vieran.
—¡¿Qué rayos, Mike?! —chilló Francis levantándose. Me agarró del cuello de la camisa.
Lo tomé de sus manos —El río se iluminó. El bebé dentro del agua era de dónde venía la luz. La partera lo sacó. Donde antes había un bebé deforme y rubio ahora estaba uno rosado, hermoso, con algunos cabellos castaños. Lloró.
Francis me golpeó —¡No sé qué pretendes, Michael! Si crees que voy a dejar que digas que Hermione no es nuestra hermana...
Lo empujé —¡Claro que es nuestra hermana! ¡Nuestra nutria! ¡La pequeña sabidilla que se dormía con nosotros cuando tenía miedo! ¡La que besaba nuestros raspones al regresar de explorar el bosque! ¡La que nos regaló una llama eterna al partir a Hogwarts! —me limpié las lágrimas. Francis también lloraba. Agarré valor antes de decir— Pero... Al mismo tiempo, Hermione no es una Berkley. No nació de mamá. No tiene nuestra sangre.
Francis vomitó. Sus ojos azules me miraron con rencor.
—Estás mal —dijo al reponerse—. Pudo ser una alucinación. Una pesadilla. Eras demasiado pequeño. Te confundió lo que viste.
Respiré profundo —¿Por qué Hermione es castaña?
—Mamá dijo que su tía abuela era castaña...
—¿Por qué es tan poderosa? Los Berkley no tenemos tanta magia. Somos granjeros, no duelistas.
—No es la primera bruja en nacer con un don mágico...
—¿Por qué parece conocer antes que nosotros los hechizos?
—Basta...
—¿Por qué dijo que recordó algo que no era suyo al elegir su varita?
—Mike, en serio...
—¿Por qué se parece tanto a Hermione Granger?
—¡No sigas o te golpearé de nuevo!
Me dio la espalda, lo giré para que me mirara a los ojos.
—¿Por qué el profesor Potter está tan interesado en ella?
Los ojos de mi hermano brillaron. Enseguida me encontré volando un par de metros. Caí con el brazo. Chisté por el dolor. El gesto enfurecido de Francis se deshizo.
—¡Mike! Merlín, lo lamento —corrió hacia mí—. Hace años que no hacía magia accidental. Rayos. No me habías hecho enojar tanto desde que rompiste mi escoba de juguete.
—Era mi escoba...
Me echó una mirada cortante —¿Quieres salir volando otra vez?
Giré los ojos —Ayúdame a parar. Creo que me lastimé el hombro.
Vomitó.
—Maldita sea. Ya cubrí mi cuota de por vida de vómitos.
—Ni me lo digas.
Al quedar frente a frente nos pusimos serios.
—¿Insinúas que nuestra Hermione es algo de la fallecida heroína Hermione Jane Granger?
Lo miré apenado —Creo que es ella.
–¡Por las jodidas pelotas peludas y flácidas de Merlín!
Solté una carcajada —Qué asco, Francis.
—¿Desde cuándo tienes esa teoría?
—Desde que Hermione recibió su varita en Ollivander's.
—Joder, si quedaban dudas de que eres un Ravenclaw... ¿Qué hacemos ahora? ¿Se lo decimos a mamá y papá? ¿Hermione lo sabe? Espera... ¿El profesor Potter lo sabe?
—De eso estoy seguro. Potter lo tiene muy presente. Nuestros padres y Hermione no saben.
Francis se mordió el labio inferior, un gesto que le copió a Hermione desde la cuna —Nuestra hermana lo va a deducir tarde o temprano. Es muy lista para dejarlo ir. Quizá sólo le falta saber los detalles de su nacimiento... Merlín, ¿te acuerdas de nuestro encuentro con Ron Weasley? ¿Y si el profesor Potter y Weasley la quieren alejar de nosotros?
Sonreí por su miedo.
—El profesor Potter lo supo desde que yo estaba en primer grado. Por eso le envió un libro a Hermione. Si hubiera querido apartarla de nosotros ya lo habría hecho y nadie lo hubiera podido detener. Por otro lado, Weasley fue muy agresivo, no sé qué pensar de él.
—¿Crees que el profesor Potter esté interesado en ella? Quiero decir, como algo más que amigos... No puede, ¿verdad? Se llevan como treinta años.
—Diecisiete —corregí—. No sé, Francis, apenas estoy aceptando que tengo razón. Olvidemos a Potter, por favor. Hay que concentrarnos en Hermione. Cuando se dé cuenta nos necesitará.
—¿No piensas decirle?
Negué —Creo que es algo que debe descubrir por su cuenta.
Francis bajó las pestañas rubias —Somos hermanos de Hermione Jane Granger...
—No. Hermione Marie Berkley es nuestra hermana.
—¿Y si un día simplemente olvida su lado Berkley y se vuelve Granger por completo? ¡¿Y si nos olvida?!
Apreté los puños —No dejaremos que eso ocurra.
Vomitó.
A lo lejos escuché un relinchar. Me giré buscando a Hermione, pero Cocoa venía sola.
—Francis —dije con la voz temblorosa—, la nutria no está.
Mi hermano miró a Cocoa con el mismo miedo. Hermione jamás dejaría a Cocoa sola, ni la yegua a su montura.
—Algo pasó.
Corrimos hacia ella. Nos costó un buen rato conseguir que Cocoa se tranquilizara lo suficiente para dejarnos agarrar sus correas.
—Calma, calma... Shhh... —acaricié su nariz. Los ojos de de Cocoa estaban vidriosos, como si quisiera llorar—. Todo estará bien.
Francis aprovechó para montar a la yegua. Cocoa relinchó enfurecida, alzándose en sus patas traseras.
—¡Relájate, Cocoa! —gritó mi hermano, vomitándose el suéter— Llévame al último lugar donde estuviste con Hermione. Hazlo por ella, Cocoa. Vamos, vamos...
La yegua bufó nerviosa.
—¡Yo también voy! —dije subiéndome detrás de Francis.
Cocoa se giró de golpe. Casi caímos de la silla. Luego se echó a galope hacia la montaña de dónde venía el río. Mis manos temblaban sobre el estómago de Francis. No quería imaginar qué pudo pasar para que Hermione no regresara con Cocoa. Al llegar al pico vimos la cascada congelada. La yegua disminuyó la velocidad hasta colocarse junto al río.
Clavé los ojos en el hueco destrozado del hielo a la mitad de la corriente.
—¡NO!
Francis y yo bajamos de Cocoa. En cuanto pusimos un pie en el hielo se fracturó. Grandes trozos blancos se desprendieron de la superficie antes de hundirse. La corriente iba con mucha fuerza.
—¡Hermione! —gritó Francis corriendo por la orilla del río.
Jamás sentí tanto miedo.
—Tenemos que regresar —dije usando la razón—. Necesitamos magia para encontrarla. Debemos regresar.
—¿Hace cuánto tiempo se fue Hermione? —gimió Francis tembloroso.
Sabía qué estaba preguntando realmente: ¿cuánto tiempo lleva nuestra hermana en el río?
—Vete en Cocoa —repliqué desesperado—. Irás más rápido sin mi peso. Busca a mamá, papá y a cualquier otro que quiera ayudar. Yo comenzaré la búsqueda. ¡Vete!
Mi hermano brincó sobre Cocoa antes de largarse a todo galope. Al perderlo de vista inicié mi camino por la orilla del río. Alcancé una nueva zona donde el hielo volvía a cubrir la superficie. Mi corazón se detuvo al ver un hueco pequeño. Imaginé lo ocurrido: Hermione golpeó desde la profundidad el hielo para intentar escapar. Seguía viva.
Caminé más rápido. El río se dividía en el siguiente cauce. Una parte, la más delgada, iba a St. Otterpot, la otra, más violenta y profunda, bajaba un par de pueblos más hasta el océano. Llegué a la bifurcación. Observé con cuidado el hielo, buscando una pista. Rodeé varias veces ambos ríos, hasta que vi un arañazo en la parte interna del hielo. Temblé al ver que era el cauce que iba al océano.
—Hermana...
Corrí sin esperanzas. No era lógico pensar que alguien sobreviviría ese camino. Pero mi cuerpo se negó a aceptar la realidad. Escuchaba el crujir de la nieve bajo mis botas. El aire cortar mis oídos. De pronto llegué a un punto donde el hielo nuevamente se rompió. Era como si algo hubiera explotado bajo el agua.
Revisé la nieve, no había huellas. Hermione no salió del río aquí. ¿Qué pasó? ¿Qué pudo provocar una imagen así en el hielo?
Volví a imaginar lo sucedido. Para esta distancia mi hermana debió darse cuenta que no podría romper el hielo y salir. La corriente era muy poderosa. Por lógica debió sacar su varita. Hermione era increíble con ella. Las posibilidades de sobrevivir estaban en su magia. Pero la escena frente a mí no es de un hechizo controlado, parece una burbuja mágica que reventó de pronto. Entonces no usó su varita. Quizá la perdió por la corriente. Si ya no tenía esa herramienta, su instinto debió reaccionar. Como cuando de niña hacia alguna locura y su magia la protegía.
Eso era.
Mi hermana desapareció.
Sonreí, llorando de alivio. Ella estaba viva en algún lugar.
—Te encontraré, hermanita. Espérame.
Doce horas se cumplieron desde que inició la búsqueda de Hermione. Para este momento mamá ya no puede dejar de llorar. La gente de St. Otterpot está prendiendo antorchas en el perímetro del pueblo, una costumbre para los niños que mueren. Francis todavía no regresa de su quinto recorrido en Cocoa por el río. Nadie quiere creer en mi teoría.
—Tu hermana es poderosa, Michael —me dijo papá—, pero desaparecer sin saber cómo hacerlo es casi imposible. Yo tampoco quiero creer que Hermione está... Merlín. No puedo decirlo.
Me alejé de papá. No me servía su poderoso sentimentalismo en estos momentos. Sé que Hermione sigue viva, lo que me preocupa es el estado en que se encuentra. Tal vez necesite ayuda médica. No lo sé. Debo encontrarla, y para eso debo irme de St. Otterpot.
—¿Cómo puedes dejar la casa en un momento así, Michael? —sollozó mamá.
Volví a besar su frente —Prometí que traería a la pequeña nutria de regreso. Pienso cumplir mi palabra. Confía en mí, mamá.
Asintió llorosa —Siempre, mi amor.
Sonreí triste antes de agarrar polvos Flu —¡Malfoy Manor!
Salí en un recibidor de mármol negro. La mansión brillaba de limpieza y magia. El tamaño del techo de esa habitación era el de toda mi casa. Frente a mí estaba Scorpius, todavía con la carta que le envié en su mano.
—Dijiste que era una emergencia —susurró preocupado—. Que era de vida o muerte. Te ayudaré en lo que necesites, pero no entiendo por qué recurres a mí.
Asentí, agradecido —Le contaste a Hermione que tu padre tiene contacto con Harry Potter. ¿Es verdad?
—Los Malfoy no mentimos —dijo orgulloso.
—Necesito la ayuda del profesor Potter. Hermione desapareció, creo que está herida. Sólo él puede encontrarla antes de que a mis padres se les ocurra hacer un ritual de localización.
Frunció el ceño, más pálido de lo normal —Herm... De acuerdo, ven conmigo.
Me dio tranquilidad que Scorpius se pusiera en acción antes de hacer mil preguntas. Gracias personalidad Slytherin. Mientras subíamos las escaleras aprovechó para averiguar más.
—¿Por qué no dejas que tus padres hagan un ritual de localización? Es la manera más segura de ubicar a un familiar.
—Porque es un ritual que usa sangre para funcionar. Mis padres gastarán magia y sangre sin sentido. Hermione no puede ser rastreada a través de ellos. Ni de Francis o yo.
Casi se tropezó —¿Herm es adoptada?
—No. Ya no puedo decirte más. Lo lamento.
Apretó los labios antes de gruñir —Bien... Este es el despacho de mi padre. Déjame hablar a mí.
Entró sin avisar. Lo seguí a la oficina más elegante que había visto en mi vida. El señor Malfoy estaba leyendo El Quisquilloso en un sillón de cuero. No alzó los ojos al escucharnos.
—Scorpius, te he mostrado mejores modales. Toca antes de entrar —dijo con la voz sedosa que definitivamente su hijo heredó. Eran dos gotas de agua, excepto por los ojos de Scorpius que eran ligeramente azules.
—Padre, es una emergencia. Necesito que localices al señor Potter. Hermione está en peligro.
El señor Malfoy sacó la cara de la revista como si hubiera escuchado que Merlín está vivo y quiere casarse con él. Luego me miró confundido.
—¿Qué? —chistó.
Me aclaré la garganta —Permita que explique la situación, señor Malfoy. Soy Michael Berkley, hermano mayor de Hermione Marie Berkley. Mi hermanita tuvo un accidente en el río, desapareció para no morir ahogada, y ahora no podemos localizarla. Sé que el profesor Potter puede ayudar a encontrarla. Por favor. Estoy desesperado. Es mi hermanita. Si no la llevo a casa pronto, mis padres cometerán un error. Ellos no pueden enterarse, señor Malfoy. No sin que Hermione lo sepa primero.
Scorpius me miró incrédulo —¿Qué insinúas, Mike?
El señor Malfoy, en cambio, se levantó como un viejo Conde, con su capa cayendo en ondas desde sus hombros. En su rostro se veía la comprensión total.
Sonreí —Sabía que el profesor Potter le informó de la situación de mi hermana. Era demasiado que su hijo ahora sea su amigo, ¿verdad?
Me devolvió la sonrisa, aunque se veía forzada —Uno jamás deja de sorprenderse con Potter. De acuerdo, muchacho, te ayudaré. No quiero ni pensar lo que haría Harry de lo contrario.
Scorpius se cruzó de brazos —¿Qué están ocultando? ¿Qué pasa con Hermione?
Su padre lo miró con seriedad —Te lo explicaré cuando regrese. Tienes prohibido hablar de lo que escuchaste aquí con cualquiera que no sea tu madre o yo, ¿entendido?
El pequeño rubio hizo un mohín —Sí, padre.
El señor Malfoy besó su frente —Estoy orgulloso de ti. Márchate.
Me despedí de Scorpius. Antes de irse me miró temeroso —Encuentra a Herm.
—Por supuesto —respondí.
Al quedarnos a solas el señor Malfoy soltó un suspiro —Ese hubiera sido yo con otra educación. Preocupado por ella.
—Lamento no seguir su conversación, señor, pero me urge hablar con el profesor Potter.
—Llámame Draco, muchacho, y agarra bien mi mano. Nos apareceré directo con él.
Contuve un grito al ver al profesor Potter tirado en el piso, con la ropa llena de sangre, suciedad y sudor. Tenía un brazo encima de los ojos, y en cada mano sus lentes y la varita. De no ser por el ronquido que escuché lo habría dado por muerto.
Estábamos en una habitación austera. Me dio la impresión que era de un hotel barato. Por la calefacción de gas era uno muggle. En la cama había un montón de mapas del mundo con puntos en rojo marcados. Junto al profesor había un cuenco con restos de comida.
Me acerqué desesperado a despertarlo. Draco intentó frenarme, pero fue muy tarde.
De golpe me encontré en el piso, con la mano del profesor Potter apretando mi garganta y su varita en mi frente.
Sus ojos verdes brillaban como la Muerte. Era impactante ver su rostro deformado por violencia y amenaza, cuando crecí en su salón escuchando sus lecciones en voz serena y profunda. Siempre me provocó tranquilidad, ahora prefería no volver a verlo jamás. Era aterrador.
Como si algo hubiera hecho click en su cabeza su gesto se deshizo en una mueca de sorpresa y cariño. Ahí estaba de nuevo mi profesor, no el asesino que me aturdió de un movimiento.
—¿Michael?
Se alejó de mí, asustado por sus acciones. Luego miró al señor Draco.
—¿Cómo pudiste traerlo? ¡Es peligroso!
El rubio alzó las manos —Es una emergencia. Además contigo estará seguro.
—¡Casi lo mato! Joder, joder, joder... —se giró, limpiando su rostro sucio con las manos.
Sonreí al escucharlo maldecir —Está bien, profesor. Fue mi culpa por intentar despertarlo. Obviamente se encuentra bajo mucha presión.
Su mirada volvió a concentrarse en mí. Abrió la boca, pero se contuvo.
—Quiere preguntar por mi hermana, ¿verdad? —dije tranquilo.
Miró enojado al señor Draco.
—No me metas. El muchacho ya lo sabía cuando llegó a pedir mi ayuda.
—Honestamente, profesor, ¿creía que nunca me daría cuenta? Soy un Ravenclaw de pies a cabeza. Además es mi hermana. Es natural que esté al pendiente de ella.
Sonrió en cuanto me escuchó —Me sigue sorprendiendo cuánto de Hermione adoptaron Francis y tú, igual que ella lo hizo de ustedes. De verdad son hermanos.
—Por supuesto —dije intentando sonar amenazador, aunque después de como casi me vuela la cabeza no tenía sentido, pero el miedo de Francis también era mío. No quería que el profesor Potter o alguien del pasado de mi hermana se la llevaran lejos de nosotros.
Él habló en el mismo tono que tantas veces usó cuando yo no entendía algo en clase —Y siempre lo será.
El calor me regresó al cuerpo —Sabía que puedo confiar en usted, profesor. Hermione desapareció. St. Otterpot la dio por muerta...
Me callé al verlo caer de rodillas. De pronto pareció roto más allá de cualquier remedio.
—¿Muerta? —gimió.
Giré los ojos —No sea dramático, ¿cree que yo estaría tan tranquilo? Sé que sigue viva, aunque nadie me quiera creer. Tiene que localizarla antes de que mis padres se den cuenta que no hay una relación sanguínea con ella, y todo se vuelva un caos. Hermione necesita tiempo para comprender quién es sin la presión de nuestros padres. Merlín sabe que amo a papá, pero con su zanahoria es imposible de contener.
El señor Draco se rió desde que escuchó dramático. Para cuando terminé de hablar el profesor ya estaba más concentrado.
—¿Qué ocurrió? —preguntó.
—Cayó al río congelado. Creo que en el proceso perdió su varita. Lleva doce horas desaparecida.
—¿Perdió su varita? —repitió casi morado—. ¡Por Merlín, Hermione!
Lo miré sospechoso —Usted también sabe algo sobre la varita de mi hermana...
—Tú ya sabes demasiado, Michael —me dijo cansado—. Hay que localizar a Hermione. Sería más fácil si tuviera su varita. Usaré mi...
La ventana del cuartucho explotó. El señor Draco me cubrió con su cuerpo. Desde su hombro vi al profesor Potter levantar un escudo sobre los tres.
Dos magos vestidos de blanco entraron. Sus túnicas eran de manta cruda, iban descalzos y en el rostro tenían un tatuaje en forma de pentagrama. Su acento era extraño, difícil de pronunciar en inglés.
—Señor Potter, le advertimos que no viniera a hacer "negocios" aquí.
El profesor sonrió —Pero no dijeron nada sobre vacacionar. De hecho, estaba planeando comprar un terreno y construir una casa de verano. Seguro a su Dios no le molestará compartir un poquito de su territorio sagrado, ¿verdad?
Los dos hombres lo miraron con odio.
—La muerte le espera al infiel —dijo uno de ellos.
—Ah, no. Créanme. La Muerte nos espera a todos, no es tan caprichosa como su supuesto Dios.
—¡Đæknû es el verdadero Dios! —gritó el mago antes de lanzar un látigo de llamas contra el profesor.
El duelo que continuó me dejó sin voz. Jamás pensé que el profesor Potter fuera tan veloz. Su cuerpo se movía como agua, deslizándose por los movimientos mágicos en vez de enfrentar directo el impacto. Sus dedos manipulaban la magia enemiga y la devolvía con su varita.
Los dos magos no tenían oportunidad contra él. Lo supieron casi enseguida, así que cuando llegaron sus refuerzos, diez magos más, dirigieron su atención hacia nosotros. El señor Draco sacó su varita, pero noté el nerviosismo en su pulso tembloroso.
—¿Traes tu varita? —me susurró.
—No. Todavía soy menor de edad.
—Magnífico... ¡Expelliarmus!
Los enemigos no tenían varitas, usaban esos látigos llameantes para crear magia. Repetían el nombre de su Dios mientras avanzaban hacia nosotros.
Vi al profesor Potter muy ocupado contra los otros diez magos, así que supe que no podría defendernos.
El señor Draco inició un duelo muy complicado. Lo veía sudar, en sus ojos grises había miedo puro. Pensé en Scorpius, el amiguito de mi hermana, y lo mucho que sufriría si se quedaba sin padre.
Avancé corriendo hacia uno de los encapuchados y lo golpeé con todo mi peso en el rostro. Al verlo caer noqueado agradecí las horas que cargué costales de semillas y corté leña. Mis brazos eran muy fuertes.
El señor Draco consiguió vencer al otro. Me miró agradecido —Supongo que parezco un imbécil junto a Potter luchando contra diez tipos a la vez.
Sonreí —Usted no es un guerrero, señor Draco. No hay vergüenza en ello. Además, junto al profesor todos nos vemos inútiles.
El último gemido de dolor nos indicó que los enemigos fueron arrasados.
El profesor nos miró con la respiración agitada —Estoy harto de estos fanáticos. Vamos por Hermione. Regresemos a la mansión Malfoy. No quiero ir a casa. Teddy se preocupará.
El señor Draco le extendió una mano —Nos apareceré.
Echó una mirada al montón de cenizas que quedó de los mapas en la cama. Si el trabajo de esos hombres era destruir la investigación del profesor Potter, aunque entregaron su vida, lo consiguieron.
—¿Eran de valor? —pregunté.
El profesor asintió —Mucho. En especial el que tenía los sellos rojos.
Sonreí —No se preocupe, cuando sepa que Hermione está a salvo le haré una copia de ese mapa. Memoricé dónde estaban los puntos rojos.
Me miró sorprendido —Dime, Michael, ¿has pensado en ser Auror?
De nuevo en Malfoy Manor me sentí más seguro. No sé dónde estuvimos hace rato, pero definitivo no quiero regresar. Me senté mientras el profesor Potter invocaba una brújula de oro. El señor Draco estaba bebiendo su segundo vaso de whiskey.
—Cómo resistes esa vida, Harry —dijo nervioso—. Me dio terror pensar que Scorpius y Astoria no me volverían a ver.
El profesor sonrió sin ánimo —Cuando ya no tienes algo qué perder... Listo. Ajusté la brújula para que señalara el núcleo mágico de Hermione. Por suerte sigue siendo el mismo.
Me acerqué para ver trabajar el aparato mágico. La flecha de la brújula era de cobre, giró como un tornado antes de frenarse de golpe y girar en sentido contrario.
—No puede ser... —dijo el profesor.
—¿Qué significa ese movimiento de la flecha? —pregunté.
—Que Hermione está en un lugar impenetrable. Hay un escudo que aísla la magia que hay dentro de ese espacio. Solo hay tres lugares en el mundo con esa descripción.
Lo miré insistente —¿Cuáles?
—La oficina del director de Hogwarts. El Departamento de Misterios en el MM. Y...
—¿Y...? —apuré desesperado.
—Mi habitación.
El señor Draco escupió el whiskey.
Lo miré enojado —¿Quieres decir que mi hermanita está en tu habitación?
—Es una posibilidad. Vamos a ver.
Me agarró del hombro y desaparecimos. No pude despedirme del señor Draco.
La habitación era un desastre monumental. Idéntica a la de Francis. En la cama estaba Hermione, dormida.
Creo que mi corazón volvió a latir. Corrí hacia ella.
—¡Nutria! —llamé girándola. Estaba muy pálida y fría. Su ropa seguía húmeda— No despierta...
Sentí al profesor junto a mí.
—¡No la toques! —grité con el estrés por fin quebrando mi paciencia— ¡¿En qué rayos pensabas?! ¡Si sabías que ella renacería entonces te hubieras alejado! ¡Ella ya tiene una familia y una vida! ¡No te necesita! ¡No me importa lo que viviste con ella, eso fue antes! ¡Ella es una Berkley, mi hermana! ¡Granger murió! ¡Murió y jamás regresará a tu lado!
Me limpié las lágrimas para ignorar su rostro destrozado.
Quedamos en silencio. Escuché su respiración entrecortada. De pronto por fin habló.
—Está herida. Perdió mucha sangre. Debes llevártela ahora mismo.
Asentí.
Con cuidado abracé a Hermione. Sus labios, casi azules, soltaron un quejido —Harry...
Miré furioso al profesor —Es una niña —le recordé.
—Te juro, por mi magia, que solo deseo la felicidad de Hermione. No quiero involucrarme con ella ni entrometerme en su vida.
Su rostro fue tan serio y doloroso que me convenció.
—Que no lo vayas a hacer no significa que no lo desees —dije seco—. Dime la verdad, ¿tú te encargaste de que reencarnara? ¿Cuál era tu plan?
Se recargó en su escritorio. No parecía intimidado, lo cual, supongo, es normal dada la situación. De ninguna manera lo puedo dañar, y tampoco es como si fuera su obligación darme explicaciones. Solo soy un mago de dieciséis años que quiere cuidar a su hermana.
—Nunca quise que reencarnara. Ni siquiera sabía que era posible —respondió con melancolía—. Sólo pedí una segunda oportunidad.
—¿Así lo sigues viendo?
Desvió los ojos verdes —No. Desde el instante en que me dijiste que tu hermanita fue la creadora de tu llama eterna. Ahí acepté mi destino. Lamento no haberme alejado en ese momento, como era el correcto. Fui egoísta. Quería conocerla por lo menos un par de años para asegurarme de que su nueva vida era buena, feliz y llena del amor que se merece. Ahora que la veo en los brazos de su hermano mayor, creo que me doy por servido. No volveré a acercarme a ella.
Hermione se revolvió incomoda. Su voz fue más clara esta vez —Harry... Harry...
Miré impresionado el cuerpo del profesor reaccionar como si la voz de mi hermana fuera un hilo mágico que jaló cada articulación. Su instinto fue acercarse a ella. Se contuvo a tiempo, apretando los puños.
De pronto me sentí ajeno a ese momento entre Harry y Hermione. Tuve miedo.
—Tiene hasta su graduación —dije con el poco valor que me quedaba—. El día siguiente de que mi hermana se marche de Hogwarts no lo quiero ver cerca de ella jamás. ¿Puedo confiar en su palabra?
Negó —Siempre voy a querer saber de ella.
—¡No es correcto! —grité de nuevo.
—Lo lamento, Michael. Lo único que puedo prometer es que jamás incitaré una relación fuera de lo amistoso entre nosotros. Hermione siempre será mi mejor estudiante. Nada más.
—Gracias.
Me sonrió igual que en sus clases cuando daba la respuesta indicada —Gracias a ti por cuidarla de esta forma.
—Soy su hermano mayor —murmuré.
El profesor se me acercó —Te apareceré en St. Otterpot. Por favor no le digas nada sobre nuestra conversación.
—No planeaba hacerlo. Nos vemos después, profesor.
—Adiós, Michael —su mirada cayó en el rostro de mi hermana—. Adiós, Mione.
Cuando parpadeé ya estaba en mi casa. Frente a mí Francis dejó de llorar, recargado en la mesa de la cocina.
—¿Mike? ¿Hermione? —susurró antes de gritar histérico— ¡Mamá, papá! ¡Hermione está en casa!
Papá casi me taclea para agarrar a Hermione. Mientras mi familia se amontonaba sobre mi hermana, yo pensé en la conversación que tuve con el profesor Potter. Después de su promesa ya no me preocupaba. Ahora el problema era que Hermione no se enamorara de él... De nuevo.
Notas: En mi defensa: tengo trabajo, vida, familia, pareja, amigos y necesidades. Ya saben, lo que una persona normal. Lamento mucho la tardanza.
El capítulo deja ver mucho más de lo que esperaban,en especial porque nadie creyó que Harry fuera a aparecer. Sé que advertí su ausencia del fic por un rato, pero de alguna manera es así, ya que no hubo interacción entre Hermione y él. ¿A quién le gustó el POV de Michael? La verdad es que es un muchacho muy inteligente, que además adora a su hermanita. Oh, y también tuvimos un poco de Draco Malfoy! Me gustó que protegiera a Michael, es parte ya de su instinto paterno. La guerra lo cambió. Harry nos dio un pedazo de la información de lo ocurrido el día de la batalla de Hogwarts, y también descubrimos algo de su famosa misión. Michael también nos regaló detalles importantísimos del nacimiento de Hermione. Como ven, el misterio se va deshaciendo.
Gracias por sus comentarios y el apoyo que me han brindado. Espero verlos pronto.
Saludos,
Less.
