11.- Los Funerales de Casandra

El lecho de muerte de la Gran Adivina estaba protegido por dos enormes columnas de marfil y una extraña iluminación azul que le daba cierto toque futurista. Sirius las había estado contemplando en todo lo que llevaba la reunión, con una copa de vino llena en la mano que levantaba ocasionalmente, cuando un dolido deudo proponía un brindis por la que en vida fue...

-Mostrar un poco más de alegría sería un sacrilegio para ti, no?- le dijo una vocecita al oído, que lo hizo abrir bien los ojos.

-Estamos en un funeral Bella- respondió él en un tono apenas audible, haciendo la cabeza un poco para atrás- y que te recuerde mucho a tus fiestas no significa que sea una-

Bellatrix sonrió y se colocó a su lado, cruzándose de brazos.

-Era un fracaso de bruja, después de todo- opinó, mirando fijamente al ataúd.

-Miente al menos, está muerta-

-No me interesa. Deberían ahorrarnos tiempo y matar a todos los de su familia. Aprovechando la ocasión.. digo..-

Sirius sonrió de medio labio.

-Al menos el vino es bueno. O no?-

-No sé, no lo he probado- el muchacho le estiró la copa a su prima.

Bella rozó a penas el cristal con los labios y los humedeció del líquido que contenía. Tras un breve juicio con la ceja levantada, aprobó la sustancia y se alejó con ella de Sirius.

Black la vio irse sin sorpresa, sabía que si estaba a su lado era por algo y ya que no logró fastidiarlo, el vino era lo único que podía aprovechar.

Se dio media vuelta, no tener la copa con la mano levantada le producía ligeros cambios en el equilibrio y lo hacían blanco perfecto de los tipejos que buscan a alguien con quien hablar. No quería hacer eso con nadie, a menos que fuera uno de sus amigos, así que decidió ir por un poco más de vino.

-¿Tú también eres mesero?-

Alguien había estado detrás de él y ahora que se la encontraba de sopetón, lo asustó considerablemente a pesar de su muy delgada figura.

-No- admitió con una sonrisita, una vez que hubo tomado la calma.

-No te preocupes, eso te pasa cuando no tienes mucho contacto con el mundo terrenal-

-¿Qué?-

-Que te ven solo y piensan que eres un desadaptado-

Sirius asintió, de pronto la muchacha le parecía tremendamente conocida.

-Soy Sirius-

-Sybill , mucho gusto-

Sirius volvió a sonreír, era curiosa... le gustaba su manera de hablar y que en el fondo esté sintiendo algo muy parecido a él.

- ¿Conocías a Casandra?-

-No, pero creo que mi mamá- admitió Black, sintiéndose un poco estúpido- aunque sí la he visto, un par de veces. ¿Tú?

Sybill bajó la cabeza. La razón por la que el contorno de sus ojos estaba tan rojo se hizo presente: había estado llorando mucho por ella... era obvio que aparte de ser familiares eran muy cercanas.

-Lo lamento-

Le puso una mano en el hombro para reconfortarla.

-De verdad la quería mucho, el lazo que nos unía..- Sybill miró sobre el hombro de Sirius, directamente al ataúd- era más que físico ¿Me entiendes?... era.. –

-Si es así, entonces ella va a estar contigo para siempre-

La muchacha levantó la vista y Sirius se hizo ligeramente para atrás, tenía la impresión de que ella estaba a punto de lanzarse sobre sus hombros y empezar a llorar a rienda suelta. Sin embargo, se limitó a sonreír ligeramente y secarse las lágrimas con la manga de su túnica. Black suspiró para sus adentros y aflojó los hombros, no estaba en condiciones de ser paño de lágrimas de nadie.

De pronto, entre la multitud sus ojos captaron un rostro que le pareció familiar, alguien acababa de llegar, un par de personas mayores saludaban a los deudos, padres... los conocía... sí! Era su..

-¡James!- Sirius levantó la mano y la sacudió en el aire, llamando la atención del muchacho, quien muy ceremoniosamente abrazaba a una señora de edad avanzada.

Potter se sobresaltó y al ver a su mejor amigo dibujó una sonrisa en su rostro que tuvo de desaparecer en segundos, debido al clima grave de la ocasión.

- ¿Me permites?- le preguntó Sirius a Sybill, con algo de miedo por dejarla sola.

-Sí, no te preocupes, igual ya me iba a mi habitación-

-Cuídate-

-Gracias-

La muchacha pasó junto a Potter y desapareció en la multitud.

-Estabas hablando con Trelawney?- le preguntó James al acercarse a su amigo.

-Sybill .. oh! Ya sabía que la conocía de algo- Sirius asintió- estaba muy triste, parece ser la única persona que de verdad lamenta la muerte de la señora-

-Apuesto que sí-

Ambos asintieron lúgubremente, tras lo cual se miraron a los ojos y sonrieron en clandestinidad, a pesar de los pesares de la habitación en la que estaban se sentían contentos de verse. Se abrazaron con fuerza, como si no se hubieran visto en años.

-Sí, también es una lástima para nosotros- les dijo un hombre de cabello cano, palmeándole la espalda a James.

El muchacho asintió, separándose de Sirius y simulando secarse las lágrimas de los ojos. Black se restregó la nariz, manteniendo la cabeza baja.

- ColeTravis- el anciano estiró su mano hacia los ex Gryffindor.

-Winston Goldenbridge- le dijo James con seriedad, correspondiéndole el apretón.

-Dorian Bigcok- saludó Sirius.

-Los dejo.. con su permiso- el ebrio se dio media vuelta y se alejó.

James asintió, presentándole una sonrisa afable, tan pronto la distancia se hizo media se volvió hacia Sirius con los labios ajustados, tratando de no reírse.

-De la que nos salvamos- susurró.

-Creo que las muestras de afecto están satisfechas por hoy- sentenció Sirius, también con la carcajada latente en la garganta.

Ambos volvieron a callarse, estaban muy felices de encontrarse, aunque sea en esa situación. Sirius estaba necesitando mucho de momentos con sus amigos.

- ¿Como te va?- preguntó James, poniendo sus manos en los bolsillos de su túnica solemne.

-No tan mal-

-Es un avance...- el rostro de James reflejó por unos segundos la lucha de su interior, quería decir algo pero sabía que no podía.

-¿Qué pasa?- preguntó Sirius, preocupado- si tienes que decir algo, amigo cualquier cosa... yo estoy para ayudarte, desahógate cuanto quieras- terminó, aunque no comprendía cuan poca fuerza tenía para cumplir su palabra.

- ¿Por qué no vienes con nosotros?. Te juro... podemos hablar con mis papás, ellos pueden encontrar una solución. Podemos a ser hermanos de verdad! Y si no quieres apellidarte Potter, pues, entonces... podemos anular esto del matrimonio. Sirius, no la estás pasando bien con tu familia y no me gusta verte preocupado... he pensado en toda esta gama de solucio..-

-Lo sé, pero esa no es la manera en la que quiero que me ayudes. No me malinterpretes, yo quiero ser tu hermano, de verdad que sí... solo que este es uno de los problemas de los que yo me tengo que salir por mi cuenta. Si me quiero ir de casa en algún momento, si quiero ser independiente tengo que aprender a cargar con estas dificultades. ¿Entiendes? Y no siempre vas a estar tú para ayudarme... quiero salir yo solo, por mi cuenta-

James asintió, bajando la mirada. Sirius le golpeó un brazo, con media sonrisa en su rostro. Él también estaba triste por no poder huir de su familia, la vida con los Potter había sido tan fantástica... pero sabía que no podía correr para siempre de los problemas.

-Si me quieres ayudar, tienes que estar conmigo como en Hogwarts- admitió Black, tratando de cambiar el tono de su voz.

-Pensé que ibas a decir los viejos tiempos- Potter levantó la cabeza, con la sonrisa repuesta.

- ¡Jamás!...

-Porque nadie, nadie me dice viejo-

-Si somos un par de niños con la inocencia en los ojos-

-Seríamos incapaces de cometer actos irrespetuosos-

-Como sacar una cita en un velorio-

Sirius le levantó una ceja a James, mirándolo desafiante y señalando a un grupo femenino de muchachas que circundaban su edad. Ambos conocían esa mirada, era la que ponían en la escuela antes de conseguir chicas... y si el día era bueno y las muchachas generosas, entonces se procuraban las citas de los días que seguían con sus amigas.

-¿Por qué yo?- preguntó James, algo apocado.

-Soy un hombre comprometido- por primera vez se burlaba él mismo de su condición. Sirius dejó escapar un par de carcajadas que, como le sorprendió comprender, no eran de amargura, si no de verdadera gracia. Estaría tan trastornado por el asunto que había perdido la conciencia?- vamos James, por los tiempos no tan viejos-

-No puedo...- en verdad había incomodidad en la voz de su amigo.

- ¿Por qué?-

-Lilly- afirmó con seguridad y hasta seriedad.

- ¿Te ha hecho caso ya?-

-No tanto como que caso- admitió en un suspiro satisfecho- pero.. vamos en buen camino de amistad y creo que ya está empezando a coquetearme-

- ¿Y que esperas?-

-No, no, no, no, no, no, con Lily no es como con las otras chicas. Esas eran fáciles, esta es especial-

Sirius asintió.

- ¿Y Pandora?-

Esa vez, Black sonrió. El nombre de la muchacha lo había hecho recordar los momentos que habían pasado juntos en su jardín.

-¡Qué!- James se tapó la boca- no me digas que ya son..-

-No , solo que..-

-Amigos-

-No tanto como eso-

- ¿Entonces?

Con la sonrisa aún presente, Sirius le relató a James lo que había sido el encuentro en su casa. El largo momento que habían pasado juntos, en silencio, sentados uno muy pegado al otro, le dijo algo de lo que había sentido y él mismo se respondía las interrogantes que habían quedado en el aire desde ese día.

-O sea que ya hablaron-

-No... tanto- habían sido como máximo 5 minutos- lo importante es que estuvimos juntos ¿entiendes? Y no me botó, ni se burló, hasta creo que se apoyó en mí un poquito, al final. No se siente tan mal... huele a fresco, no a dulce ni a channel ni a grageas Berttie Bott.

- ¿Quien huele así?-

-Peter. El hecho es que...- el muchacho movió los brazos de una manera poco simétrica, de un lado a otro y luego al otro- me entiendes?

Esta vez el de la sonrisa fue James

-Sí-

-Somos algo así como compañeros de banca, de asiento..- ahora era Sirius el que quería definir su relación con Pandora- no creo que seamos amigos, porque.. digo, no hicimos nada, conversamos un rato, hasta se burlo de mí!-

-Ya te entendí, tranquilízate... mejor hablamos de los chicos. ¿Has visto a Remus?-

-Sí, el día ese...- Sirius se rascó la cabeza, algo desesperado.

-Mejor te traigo un poco de vino- opinó Potter, dándole la espalda y dirigiéndose hacia donde se suponía estaban las azafatas.

Sirius se volvió a quedar solo, esta vez alejado del ataúd de la Gran Adivina... ni bien su mejor amigo desapareció, su mente quedó en blanco, como si no quisiera pensar más.

Un hombre de edad ya adulta se acercaba a él, estaba visiblemente pasado de copas y tenía los ojos rojísimos.

-No, no- Sirius se alejó casualmente.

Si había algo que detestaba era a esos tipejos que lo hacían partícipes a uno de su borrachera y su aliento a demonios, además de los golpes cariñosos que en su caso casi siempre terminaban en una pelea en la que el pobre ebrio en cuestión terminaba en el suelo y Sirius de pié (a lo mejor también estaba con copas encima) mirándolo con pena. Para él eran sencillamente repugnantes y ni el desinhibidor alcohol los hacía superiores; como ver a Peter borracho por ejemplo: muchas veces tuvieron que detenerlo para que no empezara a pelear con alguien con quien obviamente iba a perder.

Sirius se volvió en el preciso instante en el que una muchacha evadía al borracho que trataba de acercársele. Los ojos del muchacho se abrieron como platos al notar que la chica era Pandora...

Estaba vestida de un impecable luto, incluso su cabellera negra parecía ayudar y en contraste a todo, su piel blanquísima. Sus ojos miraban a los deudos con pena profunda que no caía en la compasión, sus labios estaban apretados, sus manos primero pegadas a sus muslos, luego sueltas y por último entrelazadas. Estaba nerviosa, desde su lugar Sirius podía asegurarlo y sin embargo sus pasos no eran pesados, sino ligerísimos, como si flotara.

Ella también lo vio. Sonrió ligeramente y se le acercó.

-Hola- saludó Sirius.

-Hola- respondió ella, gravemente- mi familia quiere verte- agregó sin mirarlo.

-¿Ah sí? Vamos- admitió con tanto rigor que él mismo que a su madre.

Ambos empezaron a avanzar contra la multitud, que bastante animada parecía haber olvidado el motivo por el que estaban ahí. Unos pocos seguían llorando y otros con las miradas graves trataban de consolarlos... eso al menos cerca al ataúd de la Gran Adivina.

Pandora se detuvo a mirarlo por unos instantes, Sirius hizo lo mismo, esperando que la muchacha satisfaga su curiosidad para reiniciar la marcha; pero pasaron más segundos de los que tenía previstos... se volvió hacia ella y notó que no era curiosidad lo que la tenía atada ahí. Estaba quieta y rígida, pero había algo débil en esa rigidez... algo triste, más triste de lo que estaba acostumbrado a ver en ella.

- ¿Conocías a Casandra?- le preguntó, en voz muy baja.

Pandora asintió.

-Era amiga de la familia- admitió en un susurro quebrado.

-Lo siento-

La miró, buscó su rostro... no tenía lágrimas corriendo en él, pero estaba tan... tan ido, tan dolido que a lo mejor las lágrimas sobraban para demostrar lo que sentía, había en ellos más pena de la que había visto en todos los que ocupaban la sala y tantísimo respeto. Clavó un momento la vista en los ojos de la muchacha y se dejó llevar por las sensaciones que lo atacaron... sentía que estaba siendo arrastrada por una potente corriente de agua y ella permanecía justo como en ese instante, callada, sin moverse, resignada. ¿Por qué? Tenía que ayudarla, tenía que sacarla de ese estado, pero no sabía como, no se le ocurría una sola palabra pala alentarla... aunque sabía que era algo más que eso, que tenía que ser algo que le surgiera de él mismo... entonces levantó el brazo y apoyó su mano sobre el hombro de la muchacha, protegiéndola. Sentía que tenía que protegerla.

I'd surrender everything
To feel the chance to live again
I reach to you
I know you can feel it too

-Si quieres no tienes que ir- le dijo Pandora.

- ¿Qué?-

- Con mi familia-

- ¿Tú quieres ir?-

-No. ¿Tú?

-La verdad es que no-

-Bueno...- la muchacha se dio media vuelta y empezó a caminar.

Sirius la detuvo al instante, sonriendo para sus adentros.

-Pero podemos estar juntos-

Pandora sonrió también.

Minutos después, ambos abandonaron el lugar