Capítulo XI.
Llegó el día siguiente, y con él el último partido de la Serie A femenina de la Liga brasileña. Era un partido importante, significaba que, independientemente de lo que hiciera su rival, el Cruzeiro, que está segundo, si ganaban ellas, el campeonato era suyo.
Las chicas del Palmeiras estaban nerviosas, pero sabían que ni con los nervios ni estando confiadas podían llevarse el partido.
Mary, cómo no, fue al estadio a ver jugar a sus amigas, pero no sólo ella asistió a ese partido, pudo observar desde su lugar que Sanae, Yukari y Kumi también se encontraban allí. Se extrañó y a la vez se puso medio curiosa; ¿Qué hacían ellas allí? No paraba de preguntarse.
En los vestuarios las chicas terminaban de ponerse sus indumentarias y recibir las últimas instrucciones del entrenador.
Anita estaba sentada en una banca, con una de sus piernas sobre está para colocarse sus espinilleras, pero su mirada estaba fijada al frente, aunque perdida. Akatsuki se acercó a ella.
-¿Se puede saber qué te pasa? Tienes la mirada perdida.
-¿A mí? ¿Qué me tiene que pasar? Nada, sólo me estoy colocando mis espinilleras.
-Sí, ya, lo que tú digas. Por eso llevas así diez minutos – arqueó las cejas.
-¿Así cómo? – la morena la señaló – Con la espinillera en la mano aún y mirando al frente.
-No me di cuenta – medio sonrió – Estaba pensando.
-Pensando – suspiró – Pues espero que cuando pises el campo se te quite esa cara y estés concentrada, no podemos fallar, es el último partido y todas tenemos que darlo todo ¿Entendido?
-Tranquila, ¿Cuándo he estado yo distraída en un partido?
-Eso espero. Y luego me tienes que contar lo que te pasa ¿Eh?
-Claro, sin problema, necesito ideas para mi plan – terminó de hacer lo que estaba haciendo y se levantó.
-¿Qué plan? – se extrañó y a la vez se preocupó Akatsuki, ya que parecía que su amiga no planeaba nada bueno. Iba a volver a insistirle para que le dijera qué se le estaba pasando por la cabeza, pero en ese instante llegó el entrenador, así que prefirió dejar momentáneamente lo de Anita y centrarse en el partido, que era lo que en ese momento importaba.
Después de una pequeña charla del entrenador y de sus últimas instrucciones, salieron al terreno de juego. Se acercaron al círculo central y saludaron a sus rivales y a los árbitros.
Akatsuki se saludó con la capitana del Atlético Mineiro (qué casualidad, la misma jornada que escribí este capítulo se enfrentaban ambos equipos xD) y se sorteó el esférico y el campo; sacaría de centro el Palmeiras.
El partido dio comienzo, pero no fue hasta el minuto veinte del primer tiempo que el Palmeiras se adelantó con un gol de tiro raso hacia la izquierda de la portera de su delantera Eloisa.
La primera mitad terminó con ese resultado, y eso que el equipo local podría haber ampliado su ventaja, pero la suerte y la puntería no estuvieron con ellas.
En el segundo tiempo el Atlético Mineiro dio un pequeño susto nada más reanudarse el encuentro; Anita, que estaba nuevamente metida en sus pensamientos, no se percató que iban a chutarle a portería y reaccionó tarde al disparo, suerte que el chut iba un poco desviado y dio en el póster de la portería y en el rebote una compañera despejó a córner.
-¿Se puede saber dónde tenías la cabeza? ¡Casi nos anotan! – le recriminó una de las centrales.
-Lo siento, no estaba atenta. No volverá a pasar – se disculpó tristemente.
-Venga, ya queda sólo este medio tiempo para que termine el partido, después cuando ya haya acabado todo y tengamos el trofeo, te pones a pensar en lo que quieras – le dijo Samantha, la lateral izquierdo.
-¡Vamos chicas, va! Atentas al saque de esquina – gritaba dando ánimos Eloisa.
El saque de esquina era una jugada ensayada del Atlético Mineiro, pero que (y esta vez sí estaba atenta) Anita supo adivinar y atrapar el balón sin problemas saliendo de su portería.
En seguida le pasó a una de sus centrales y ellas se encargaron de mover el esférico hasta que consiguieron anotar el segundo.
-Guau, sí que es buena sí. Supo adivinar esa jugada ensayada – medio susurró Mary desde la grada.
-Claro que es buena, es la mejor – le dijo una voz a sus espaldas. Ella se giró, sorprendiéndose de ver de quién se trataba.
-¡Taro! – exclamó emocionada abrazándole - ¿Pero qué haces aquí?
-Pues tenía un vuelo previsto para mañana, pero decidí adelantarlo – le dio un beso.
-Me alegro muchísimo de que hicieras eso, así puedo estar un día más contigo ¿Y tus maletas, que las dejaste en casa de tu hermano?
-No, las dejé en el hotel dónde me hospedaré.
Pero ¿Es que no te quedarás en casa de tus hermanos?
-No creo que le haga mucha gracia a mi hermano Carlos.
-¿Y eso por qué? ¿Cuándo me dirás por qué tu hermano y tú se llevan mal?
-No te preocupes, ya lo sabrás – le sonrió sentándose a su lado.
No muy lejos de allí, en otro lugar de las gradas, dónde se encontraban Sanae y las demás.
-Vaya por Dios, ese balón podría haber entrado – murmuró entre dientes Kumi – Qué suerte tiene, hasta entrando distraída.
-Cierto, pero hay que reconocer que hizo una buena parada – confesó Yukari – A ver si a lo largo del partido la suerte sigue estando de su parte ¿Verdad Sanae?
-Pues sí - *¿Será que está intranquila? Se ve un poco distraída y nerviosa ¿Estará así por Tsubasa?* – pensaba Sanae.
El partido terminó, después de muchos intentos por parte del Palmeiras de ampliar su ventaja en más goles y del Atlético Mineiro por conseguir al menos marcar un gol y después empatarles, pero el resultado fue de 2-0 para las locales, consiguiendo así ser campeonas de la Serie A de la Liga brasileña femenina.
Todas las jugadoras se abrazaron felices, por fin habían conseguido lo que tanto deseaban y habían luchado a lo largo de la temporada, sin contar que tendrían unas pequeñas vacaciones antes de que algunas empezaran el torneo femenil de selecciones.
Después de celebrar un poco en el campo, se marcharon a los vestuarios (no sería hasta el día siguiente que le dieran la copa de la Liga) para ducharse, cambiarse y celebrar con sus amigos o familiares cada uno por su lado, ya habría tiempo, al día siguiente, de celebrarlo con el equipo y la afición.
-Vaya, me da coraje de que haya ganado al final – dijo Kumi – No sé, pero tenía la esperanza que ella se equivocara y al final perdieran.
-Bueno, tampoco es que nos importe mucho.- Total, no vinimos a animar a aun equipo u otro, sólo a curiosear. Además, Akatsuki está también en ese equipo, deberíamos alegrarnos porque ganó.
-Así es – intervino Sanae – Aunque no tengamos mucha relación con Akatsuki, es nuestra compañera, Kumi.
-Y ella no es como Mary, que es medio tonta, Akatsuki es buena – las demás rieron ante tal comentario.
-¿Nos vamos ya entonces? – preguntó Sanae. Sus amigas asintieron y se marcharon del estadio.
En los vestuarios Akatsuki se volvió a acercar a Anita, quién pareciera que estuviera un poco menos distraída y pensativa.
-Bueno, parece que ya no sigues en babia ¿Qué te pasaba? Y no me vayas a decir por el partido porque no me la creo.
-Está bien… - suspiró – Pues no, no era por el partido. Es por Tsubasa.
-¿Y qué pasó con él? ¿Es por lo de ayer que me contaste?
-Pues sí. Me sentó muy mal y me dejó muy intranquila que esa viniera del mismo sitio, y encima con él.
-Bueno, eso no es para ponerse así. Tampoco tiene nada de malo ¿O sí?
-Yo ya no sé si está bien o no. Yo lo que sé es que no está dispuesta a dejar de ser su amiga ni dejar de verle.
Es que eso no se lo puedes prohibir a nadie. Estás siendo un poco egoísta en ese caso, ya que si tanto te importa Tsubasa, tienes que entender que ella es su amiga – le explicó.
-¿Y por qué no? Ella lo que quiere es no ser su amiga precisamente, ella quiere ser su novia y eso, lo siento mucho por ella, no se lo voy a permitir, porque la novia de Tsubasa soy yo.
-Vale, puede que a ella le guste, pero párate un poco a pensar. Él está contigo, por lo que sólo la verá como una amiga, por mucho que esté enamorada de Tsubasa ¿No crees?
-Otra igual que Mary. O me estáis diciendo lo que de verdad quiero oír porque sois mis amigas o en verdad no os enteráis de nada.
-¿Qué quieres decir?
-Que no os confiéis demasiado en que no conseguiría nada con Tsubasa, porque las mosquitas muertas son las peores. Y si no intentara algo ella directamente, lo harían sus queridas amiguitas por ella.
-¿Te refieres a Kumi y Yukari? – ella asintió – No creo que ellas sean capaces de meterse ¿O sí?
-Seguro que son capaces. En fin, de todas maneras aún tengo que hablar con Tsubasa y regañarle un poquito.
-Te estás tirando al drama – empezó a reír – Tampoco es para tanto.
-Sí es para tanto. Y de drama nada. Bueno, cambiemos de tema mejor. ¿Qué vas a hacer ahora?
-Pues ni idea…tenía pensado ir a a casa y ya, pero Eloisa y las demás me han dicho de ir a tomar algo por la victoria ¿Y tú?
-Suena genial eso. Yo acabo de recibir un mensaje de Mary, que me espera en la puerta, que tiene una sorpresa.
-¿Una sorpresa? – se extrañó.
-Eso dice – se encogió de hombros – Tratándose de Mary, a saber.
-Pues sí. – rieron ambas – Bueno, me voy a la ducha que aún ni me metí a duchar y estas chicas ya mismo se van.
-Date prisa, si no te dejan aquí – rio – Que os lo paséis bien.
-Gracias, tú igual. Que la sorpresa de Mary sea buena.
-Espero. Gracias.
Anita salió a la puerta del estadio con su bolsa de deporte y allí mismo estaba esperándole una sonriente Mary.
-¿Y a ti qué te pasa con esa cara? ¿Se te quedó así de tanto cotorrear? – se burló.
-Mala eres. No, no, no. Tengo una sorpresa para ti – puso sus manos detrás de su espalda y dio unos pasitos hacia atrás.
-¿Y de qué se trata? – preguntó curiosa.
-¡Tachán! – exclamó extendiendo ambos brazos hacia una esquina del estadio, de dónde salió Taro.
-¡Taro! ¿Pero qué haces tan pronto aquí? ¿No me dijiste que aún no llegabas? – lo abrazó.
-Sí, pero decidí venir antes para verte jugar el último partido de la Liga.
-¿Me viste jugar? – se sonrojó.
-Así es Y tengo que confesar que aunque seas tan buena jugadora no deberías distraerte con tanta facilidad.
-Bueno…fue un pequeño lapsus, no volverá a pasar – sacó la lengua - ¿Y dónde te quedarás estos días? Supongo que con nosotros ¿Verdad?
-Sabes que no – cerró los ojos – Y no hablemos del motivo.
-Está bien…Pero esto pronto debería acabar.
-Ya lo sé… ¿Y Tsubasa, por dónde ronda? Me gustaría verle.
-Mi hermano está hoy en otra ciudad ¿No Anita?
-Sí, salió ayer por la tarde porque hoy jugaban un partido, que por cierto, empieza dentro de una hora. Pero mañana está aquí ya.
-Ah, estupendo entonces. – sonrió - ¿Vamos a algún sitio en particular, chicas?
-Eh…yo me marcho a casa, estoy cansada y me apetece ver el partido de Tsubasa. Os dejo a vosotros para que os veáis un ratín solitos.
-Como quieras amiga, pero sigo diciendo que puedes venir sin problemas – dijo Mary
-No, no, no os preocupéis por mí, me apetece irme a casa, disfrutad vosotros.
-Está bien, salúdame a Pepe, dile que mañana lo veré.
De acuerdo, bye – se despidió.
Anita llegó a su casa y se encontró que su hermano Pepe se encontraba solo viendo la televisión. ¿Eso significaba que no se había dignado a ir a verla jugar el partido?
-¿No fuiste a verme? Vaya hermano
-Claro que fui, sólo que en cuanto terminé me vine. Es más, fui con Carlos – dijo acercándose un bol con palomitas.
-Ah, me creía – fue lo único que dijo - ¿Y dónde está Carlos?
-Ya venías tú con el arma cargada para regañarme ¿Eh? Pues cuando terminó el partido me dijo que no se venía a la casa conmigo, que se iba por ahí.
-Este hombre es muy raro. ¿Es que acaso hoy no tenía un partido él también? ¿Cómo que no fue?
-Me dijo entre dientes que estaba sancionado por acumulación de tarjetas, por lo que no estaba convocado, y cómo su equipo jugaba fuera pasó de ir a verlo fuera. – explicó comiéndose las palomitas, acabando por atragantarse y toser.
-Qué ansia por favor, puedes comértelas de a una, son todas para ti ¿Eh? – se burló – Pues no me dijo nada de que estuviera sancionado.
-¿Desde cuándo nuestro hermano dice qué hace o qué sucede con su vida? – ambos se miraron y se empezaron a reír.
-Tienes razón. ¿Ya empezó el partido de Tsubasa? No me di cuenta.
-Pues lleva ya diez minutos. Aunque no me extraña que ni cuenta te dieras, porque hasta en el partido te vi extraña. ¿Algo que contarle a tu hermano gemelo?
-Déjame Pepe, no tengo ganas de hablar, mejor veamos el partido.
Santana se encontraba apoyado sobre una farola esperando a que alguien saliera del estadio. Miró su reloj de muñeca; esa persona definitivamente se retrasaba en salir del recinto. Suspiró entre nervioso y aburrido por la espera. Por fin esa persona salió del estadio, pero lo hizo en compañía.
-Ey, miren ¿Ese no es Carlos Santana, el hermano de Anita? – se percató Adriana, una jugadora.
-Sí, es él, el jugador del Flamengo ¿No? – dijo otra
-¡Mira que está guapo! Y con ese aire serio y frío… ¡Me encanta! – exclamó Samantha. – Me encantaría tenerlo de novio. Podría plantearme conquistarlo.
¿A dónde vas Akatsuki? – le preguntó otra jugadora al ver a su amiga alejarse y acercarse a él.
-Creo yo que él tiene ya los ojos fijados en alguien – sonrió Eloisa – Así que pierdes tu tiempo Samantha.
-¿Qué? ¡Venga ya! No se vale… Lo quería para mí.
-Se siente – reían todas - ¿Qué hacemos, esperamos a Akatsuki o nos marchamos?
-Yo opino por marcharnos, creo que encontró un plan mejor – guiñó el ojo Adriana – Por no decir que está claro que él la estaba esperando.
-¿Pero ellos están juntos? – preguntó Samantha – Porque si no lo están, yo intentaré conquistarlo, jolín.
-No creo que tarden mucho. Samantha, es que siempre te fijas en los que tienen novia. Tienes la puntería atrofiada – rio su amiga.
-Tan atrofiada como la puntería cuando tienes que chutar a portería – se burló otra
-¡Oye! Dejen de reírse a mi costa ¿Eh? Malvadas, qué bien os lo pasáis. Creo yo que este campeonato he marcado más goles que otras.
-¡Akatsuki! Si ese chico te está esperando no sientas pena por nosotras, ya nos vemos mañana.
-¡Eh! ¿Me dejan acaso aquí? – se acercó nuevamente a ellas.
-Venga, que el plan que vaya a proponer él será mil veces mejor que el nuestro. Vete con él.
-Pero… - no le dio tiempo a reaccionar, porque sus amigas se estaban alejando muy alegremente – Pues se fueron sin mí.
-Ya que estás libre ¿Aceptas entonces venir conmigo a dar un paseo? – dijo él a sus espaldas.
-Bueno…De acuerdo. – aceptó, y ambos empezaron a caminar – Pero debería pasar primero por mi casa y soltar la bolsa, es un poco incómoda estar cargándola todo el tiempo.
-Claro. Si quieres la llevo yo hasta tu casa – se ofreció
-No te preocupes, puedo llevarla yo. ¿Sabes? Creo que le gustaste a mi amiga Samantha – comentó.
-¿Ah sí? ¿Cuál, la gritona morena de antes?
-Oye, no la llames así.
-Era broma, no te enojes. Pero… Que le guste a ella o a cualquier chica me da absolutamente igual. – se acercó a su oído para susurrarle – A mí a quién me interesa gustarle es a ti – ella se sonrojó, aunque se mantuvo serena para que no se notara.
-¿Ah sí? ¿Y eso por qué? – él se paró delante de ella, cortándole el paso.
-Simple, porque me gustas. ¿O es que es tan difícil de entender?
-No me hagas reír, por favor. Nadie se creería que el robot del fútbol guste de alguien. Puede que consiga tener a quién quiera, pero gustar… Ese sí que fue un buen chiste.
-Me hieres diciendo eso ¿Sabes? Y sí, a veces los robots también tenemos sentimientos, por si alguien no lo sabe. Y de qué me sirve tener a cualquier chica si la que quiero no puedo. ¿No?
-Tú sabrás. Pero pierdes un poco tu tiempo.
-¿Y me podrías decir por qué? ¿Es que acaso no eres capaz de ver que me gustas y que quiero que seas mi novia?
-¿Novia? Esas son palabras mayores, creo yo. No podría ser tu novia ni aunque quisiera.
-¿Y eso por qué?
-Te digo lo mismo, simple. Porque no quiero vivir lo que vive tu hermana.
-¿Mi hermana? ¿Qué tiene que ver ella entre tú y yo?
-Porque si eres así de celoso con tu hermana, no me quiero imaginar con tu novia. Y lo siento mucho, yo, no necesito a un novio posesivo y celoso a mi lado – sentenció.
-Pero es diferente… Tú sabes que mi hermana…
-Sí, sé perfectamente la historia, te recuerdo que es mi amiga. Pero no quiero vivir en una relación de constante celos, "dónde vas" "con quién vas" "quién es ese".
-Te prometo que yo no sería así contigo. Entiende que con mi hermana tengo esa necesidad…
-Te lo dije la otra vez, cuando vea cambio en ti, empezaré a planteármelo – llegaron hasta tu casa y la chica abrió la puerta del gran portón – Esto… Se está haciendo tarde, otro día hablamos con más calma mejor.
-Tal y como me lo dijiste la otra vez, yo también te lo digo como aquella vez. Te dije que cambiaría y cambiaré. – dijo muy seguro. – Y entonces no te quedará de otra que aceptar ser mi novia. Está bien, se está empezando a hacer de noche, que descanses, y felicidades por la victoria – a Akatsuki no le dio tiempo de decir ni despedirse de Santana, porque él se marchó rápidamente.
El partido de Tsubasa terminó con la clara victoria del Sao Paulo por cuatro goles a dos, marcando el nipón tres de esos cuatro. Para la Serie A masculina de la Liga brasileña sólo quedaban dos partidos más, y el Sao Paulo, tenía todas las papeletas de ganarla, incluso en el siguiente partido si el segundo clasificado, sólo empataba.
Anita se levantó del sofá y salió de su casa, no sin antes despedirse de su hermano Pepe diciéndole que no tardaba en volver. Empezó a caminar calle abajo, frotándose los brazos; ya había anochecido y hacía algo de frío.
Siguió caminando sin rumbo fijo, y se paró hasta llegar a un puente. Se acercó hacia la barandilla, observando cómo se reflejaba la luna en el agua del río. ¿Por qué diablos no podía quitar sus ojos de la tranquila agua del río? ¿Por qué tenía un horrible impulso de querer caer en esa agua?
Se asustó de sus propios pensamientos. ¿Es que acaso tenía ganas de hacer algo tan horrible como suicidarse? ¿Desde cuándo había cambiado sus instintos y traicionado a sus propios principios? Ella no era así, ella era la típica persona que pensaba y decía que suicidarse era de cobardes, y que, aunque la vida sea muy dura, eso nunca se debía hacer.
¿Entonces por qué tenía esos pensamientos? Sacudió su cabeza repitiéndose miles de veces que era una auténtica imbécil. Por favor, ¿Después de lo que hacía unos años había pasado no se le pasó esas cosas por la mente y por un simple chico sí?
Se separó rápidamente de la barandilla, para que su cuerpo no le jugara una mala pasada, y se sentó en un banco que estaba al lado. ¿Por qué tenía que estar así sólo por un chico? ¿Qué diablos tenía Tsubasa para que no pudiera soportar que él la dejara? ¿O es que lo que no soportaría es perder?
De repente sintió cómo le colocaba alguien una prenda cálida sobre sus hombros. Se asustó porque era ya muy tarde y no sabía de quién se trataba, pero le tranquilizó ver que era Tsubasa.
-¿Tsubasa? ¿Qué haces aquí? – se asombró.
-Eso más bien lo debería preguntar yo. ¿Qué haces aquí a estas horas y encima sola?
-Estaba paseando y se me fue el santo al cielo. Ni siquiera sé cómo acabé aquí. ¿Tú no tenías que estar fuera aún?
-No, siempre volvemos para casa después del partido. Venía en el autocar del equipo y por casualidad te vi y bajé – explicó. - ¿Por qué tienes esa cara?
-Es que estaba pensando – se quedó callada durante un tiempo – Tsubasa… Tú vas a dejarme ¿Verdad?
-¿Por qué esa pregunta? La verdad que no entiendo a qué viene – respondió sin entender.
-Sólo respóndeme por favor. ¿Sigues conmigo por pena?
-Por pena ¿Por qué? Que yo sepa no estoy contigo por pena. Estás muy rara ¿Se puede saber qué te pasa?
-Porque… Desde que llegó esa chica estás muy raro, y te siento más lejos… Tú la quieres a ella ¿No?
-¿Te refieres a Sanae? No digas tonterías, claro que no. Anda, ven aquí – la abrazó – Estás helada, será mejor que te lleve a casa.
-No quiero ir. Tsubasa… Bésame, por favor… Necesito que me beses… - se sorprendió de su propia súplica. ¿Desde cuándo ella suplicaba? ¿Desde cuándo ella se rebajaba y humillaba de esa manera? Antes de que el chico pudiera reaccionar, ella rectificó – Olvídalo, llévame a casa por favor.
-Sí, porque se ve que no te encuentras bien. Vamos, te llevo a mi casa.
-No, no quiero ir a tu casa, quiero que me lleves a la mía.
-Está bien, te llevo a tu casa – la ayudó a levantarse del banco y la abrazó para calmarla un poco.
Continuará.
