Disclaimer: los Juegos del Hambre no me pertenecen.

Esta historia forma parte del Intercambio "Debajo del árbol" del foro "El diente de león".

Regalo para Giselle Jay. Nos leemos abajo.


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.XI.

Peeta sonrió como un tonto cuando vio el nombre de Katniss iluminando la pantalla de su teléfono, a eso de las ocho de la mañana.

—Buenos días, Katn…

—Hoy entras hasta las dos— le cortó ella—. ¿Puedes ir a almorzar?

Había una extraña intensidad en su voz y un afán casi violento cuando se lo preguntó. A Peeta le pareció que más que una pregunta, era una orden. Por lo general él tenía un carácter bastante llevadero, pero aquella forma de tratarlo, sin saludo, fingiendo que lo que había pasado la noche anterior no había sido nada digno de mencionarse, hizo que aflorara su poco usual lado amargo:

—No puedo. Tengo cosas que hacer.

—Te veo a las… oh. Vale —Katniss no supo qué hacer con la negativa—. ¿Qué clase de cosas?

Peeta resopló.

—El tipo de cosas que no tengo por qué contarle a mi jefa.

Katniss parpadeo.

—Te lo estoy preguntando como tu novia… o algo así —dijo intentando acceder a él por medio del humor.

Peeta no cedió:

—Una novia podría haber empezado saludando. O hablando sobre lo que pasó anoche.

—Buenos días— dijo ella, evitando deliberadamente el otro tema.

—Buenos días, Katniss.

—Entonces ¿no puedes?

Peeta pensó en ceder, pero algo se estaba cociendo detrás de aquella actitud tan agresiva de ella y él tenía un mal presentimiento.

—No, hoy no puedo.

—Vale. ¿Mañana? ¿Por favor?

Peeta sonrió.

—Mañana entro a las diez.

—Estoy seguro de que puedes negociar un cambio de horario con tu jefa.

—No lo sé, de vez en cuando es algo inflexible

—Sí, he oído que puede ser algo tirana. Cree que como ella es adicta al trabajo todos deberían serlo.

—¿Lo eres? —preguntó Peeta.

—¿Tirana?

—Adicta al trabajo.

—Pues sí— admitió ella—. ¿De qué otra forma crees que habría conseguido abrir doce restaurantes yo sola?

—Supongo que tienes razón. Suena algo solitario.

Katniss no quiso darle la razón.

—Es muy satisfactorio— dijo con frialdad.

—No lo dudo— replicó él.

—Vale, entonces ¿hago el cambio en tu horario y almorzamos mañana?

—Por supuesto. ¿Necesitas que pase por ti?

—No. Nos vemos en el restaurante. Hay un italiano en la Quinta con Kent. Frente al parque.

—Sé cuál es— dijo él, de nuevo sorprendido por los gustos sencillos de Katniss—. ¿A las doce?

Katniss dudó.

—Mejor que sea a las once.

A Peeta la perspectiva de pasar más tiempo con Katniss no le molestaba, pero algo le decía que el hecho de que ella requiriera tantas horas, no eran una buena señal.

—Te veo allá.

El restaurante tenía vidrios de color naranja y rojo que filtraban la luz del brillante sol que refulgía afuera, dándole un aire al interior que hacía a Katniss pensar en el atardecer.

Había llegado cerca de las diez y quince, decidida a que, por una vez, Peeta no pudiera ganarle.

Disfrutó de la sensación de triunfo mientras se bebía su té helado. Peeta llegó quince minutos antes de la hora y sonrió cuando divisó a Katniss sentada en un reservado al fondo del pequeño restaurante.

Los pisos de madera se encontraban recién encerados y habían hecho que Katniss trastabillara un poco cuando entró. Ella tuvo el impulso de acercarse a él y ayudarlo a llegar hasta la mesa, pues le preocupaba la posibilidad de que su pierna ortopédica le causara problemas, pero se contuvo. Sin embargo soltó un suspiro de alivio cuando Peeta se sentó frente a ella, indemne.

Llevaba una camiseta de cuello en V y unos jeans desgastados. Tenía el pelo húmedo y despeinado.

—Hola, Katniss— dijo él.

—Hola— ¿por qué se sentía como una adolescente en una cita?

—Te ves hermosa, como siempre.

Katniss se sonrojó. Intentó cubrirlo acomodándose el cabello detrás de la oreja, pero entonces cayó en cuenta de que eso sería, justamente, lo que haría una adolescente y dejó caer la mano sobre su regazo, ruborizándose aún más.

—¿Comida o negocios primero?

No quería que sonara como una propuesta de fusionar empresas o algo parecido, pero las palabras salieron de esa forma de su boca.

Peeta frunció el ceño.

—Como sospecho que no se trata de algo agradable, prefiero comer primero.

Katniss frunció los labios. Lo cierto era que habría preferido salir de aquello cuanto antes, pero intentó disimular su descontento con una sonrisa.

—Por supuesto— dijo alzando el brazo para llamar a la camarera.

Peeta la torturó.

No había otra palabra para describirlo. Comió cada bocado de su plato, un spaghetti en salsa de tomate que hizo que Katniss se arrepintiera de haber ordenado una lasagna que se le antojó insípida, como si fuese un preso que sería ejecutado al día siguiente. Rebañó los restos de salsa con su pan y, cuando ella pensó que finalmente había acabado, ordenó un postre.

Katniss estuvo a punto de apuñalarlo con su tenedor.

La sonrisa ladeada en su boca era prueba inequívoca de que lo estaba haciendo a propósito. Katniss apretó los puños bajo la mesa pero se obligó a mantenerse serena.

Negó con la cabeza cuando él le ofreció una cucharada de gelato y él se encogió de hombros y disfrutó de la pequeña copa de cristal rebosante de azúcar.

Katniss lo observó con los ojos entrecerrados. Saltaba a la vista que el hombre se estaba divirtiendo a su costa y a Katniss le habría gustado ser menos transparente en sus emociones. Prim siempre había dicho que ella era como un libro abierto, excepto cuando se trataba de algo relacionado con sus negocios, Katniss resultaba fácil de leer para cualquiera. Seguramente Peeta sabía lo mucho que la estaba disgustando y por eso podía burlarse con esa facilidad de ella.

La cuchara emitió un tintineo cuando rozó el fondo vacío, pero Peeta siguió hurgando con ella hasta que, finalmente, la apartó y se limpió los labios con una servilleta de papel que dobló en ocho partes antes de entrelazar los dedos sobre la mesa y quedarse viéndola.

—¿Listo?

Peeta asintió.

—Vale— dijo Katniss tomando su bolso y revisando la hora. Eran casi las doce, lo que le daba poco más de una hora y media antes de que Peeta tuviera que marcharse al restaurante.

—¿Nos vamos?

—No— dijo ella mientras sacaba dos carpetas del interior de su bolso y colocaba una frente a Peeta y la otra frente a sí.

—¿Qué es esto? —preguntó Peeta mientras cruzaba los brazos frente a su pecho y miraba con desconfianza la carpeta blanca. Katniss quiso sonreír, pero se contuvo.

—Es un contrato.

Peeta enarcó una ceja y abrió la carpeta. Encontró un montón de papeles sujetos con un clip metálico. En la parte inferior habían marcadores de color rojo, señalando el espacio en donde, asumía, tenía que estampar su firma.

—Supongo que comprenderás que lo que sucedió ayer fue un error y que si queremos que esto funcione, será necesario establecer… patrones de comportamiento que resulten aceptables. En la página número tres encontrarás aquellas acciones que resultan permitidas, así como sus contextos y lo más importante lo que está prohibido. También he incluido un calendario de posibles actividades en las cuales necesitaré tu… compañía.

Peeta deslizó sus ojos por las letras negras, leyendo una a una las líneas, manteniendo el rostro libre de expresión y luego volteó la página para ver un cuadro del mes siguiente en donde se destacaba con rojo las fechas en que Katniss requería de él.

Vio un par de cenas familiares, otros tantos almuerzos y poco más, pero lo que llamó su atención fue un fin de semana, en aproximadamente tres semanas que venía marcado con rotulador amarillo y que no traía los detalles.

Peeta era bueno para fingir, por eso estudio los documentos con aparente calma, sin que Katniss llegara a darse cuenta de lo mucho que lo estaba molestando tanto los papeles en sus manos como su descripción de lo que había pasado la noche anterior.

¿Error?

Katniss podía pensar lo que quisiera. Peeta sabía que no había sido un error. Y si estaba en sus manos el sacar esa idea de su cabeza, se encargaría personalmente de ello.

Cerró la carpeta y compuso una sonrisa.

—Bueno— dijo lentamente— ¿tienes algo más que agregar a lo que tengo aquí? —preguntó mientras daba suaves golpecitos con las uñas a la carpeta.

—No— dijo Katniss observándolo con los ojos ligeramente entrecerrados—. Creo que el contrato lo resume todo.

—De acuerdo— dijo él—. En ese caso me lo llevaré.

—¿Te lo… llevarás?

—Así es— dijo Peeta—. Sería irresponsable de mi parte firmarlo sin haberlo leído ¿no crees?

Katniss no pudo más que darle la razón. Era lo que ella habría hecho, pero ella quería liberarse cuanto antes de la presión que ejercía sobre ella la incertidumbre. Y Peeta era ciertamente impredecible, de manera que ella contaba con que el contrato quedara firmado ese mismo día.

—¿Tienes alguna pregunta?

Peeta bebió un sorbo de agua.

—De momento solo una ¿qué es lo que pasa con este fin de semana? —dijo abriendo la carpeta y mostrando el calendario.

Katniss se sintió enrojecer.

—Prim y Rory se comprometieron hace un par de meses, pero nuestras familias no han tenido la oportunidad de conocerse… al completo— a Peeta no se le escapó esa última parte, pero decidió preguntarlo hasta que tuviera la lista completa de dudas y correcciones, una vez hubiese leído completo el contrato—. Es un fin de semana en la casa de campo de la familia de Rory.

—Trabajo los fines de semana.

—Te conseguiré un reemplazo— le dijo Katniss, tal vez demasiado pronto—. Todo lo demás es negociable, pero realmente necesito que estés ahí ese fin de semana.

—¿Por qué es tan importante para ti?

La mirada gris de Katniss se volvió turbia, como si el cielo se nublara de pronto.

—Digamos que podría encontrarme con alguien ahí. Alguien a quien no he visto en mucho tiempo y no quiero hacerlo sola.

Y después de eso se cerró en banda, como si las puertas de una bóveda se bloquearan por completo.

—Lee el contrato— dijo Katniss— y volvamos a almorzar mañana.

Peeta asintió.

—Mañana es mi día libre— le dijo.

—Perfecto. Entonces nos vemos en…

—Mi apartamento— dijo él—. Tomando en cuenta que soy el que juega con desventaja en esto, creo que es hora de que podamos jugar en mi cancha.

A Katniss no le hacía mucha gracia la idea, pero Peeta tenía razón.

—Está bien. ¿A qué hora puedo llegar?

—A la una estará bien. Te paso la dirección después— dijo poniéndose de pie, dando la conversación por terminada.

Tenía veinticuatro horas para idear un plan lo suficientemente bueno para convencer a Katniss de que su enfoque era mejor que el de ella.

Y las haría valer.


Hola! Recién salido del horno un nuevo capítulo.

Antes de pasar a los agradecimientos, quiero hacer una invitación a todos a una nueva actividad que estamos haciendo en el foro del que salió esta historia.

Es un reto especial celebrando el amor en el marco del Día de San Valentín y el Día Blanco. La misma consiste en plasmar la forma en que aman los diferentes personajes que componen la saga de los Juegos del Hombre. Para poder participar, tienen que visitar el foro "El diente de león". El topic se llama "¿Qué significa el amor? - Reto especial San Valentin/Día Blanco" y ahí están las instrucciones. Para acceder al foro pueden encontrar el link en mi perfil. También pueden poner "El diente de león fórum fanfiction" en google y ahí les sale.

Pinta a que va a estar muy bonito y ya tenemos bastantes personas inscritas. Ojalá algunos de ustedes se animen a acompañarnos.

Vamos con los agradecimientos: NenaVL, AleSt, IamPeterPan, SophiaBS, pilarz, Bremere, X, Guest, Simun, PrettyLu, Sofitkm, La chica de pelo rojo, marizpe, wenyaz, Lichicasco, Sheenaggp11, alejandracottom, Giselle Jay, Gabita565 y Ana88.

También doy el aviso de que pasaré unos cuantos días sin actualizar esta historia porque tengo que dedicarle atención también a mi longfic "Escrito en las Estrellas" y como mi tiempo con la U es algo limitado, no puedo escribir ambos al mismo tiempo.

Igual trataré de no tardarme demasiado.

En este capítulo ha habido una pista enorme sobre la trama. ¿Teorías?

Un abrazo, E.