Capitulo 6

¡¿Por qué siempre tiene que hacer las cosas tan difíciles, maldita sea…?! Sopló Snape andando desde su despacho en las Mazmorras hasta el que ocupaba como director.

Lo peor de todo no había sido la discusión con Lucius, pues estaba más que acostumbrado a discutir con todo el mundo, sino que no había sacado en claro nada nuevo. Era demasiado blando con él¡demasiado! Tenía que encontrar una forma de hacerle hablar aunque fuera con la colaboración de los aurors.

Una vez estuvo a punto de hacer girar las escaleras del grifo dorado que llevaban al despacho, su experiencia tras numerosos años de guardias por los pasillos le hicieron volverse. Había escuchado un susurro en la oscuridad del pasillo, estaba seguro.

Conjuró un lumos cerca de una de las estatuas que presidía el pasillo y la luz destelló dorada en una mata de rizos y unos ojos claros y enormes.

Cómo no... ¡Cómo no...! Malfoy, siempre Malfoy...

- ¿Qué hace aquí srta Granger? - Le dijo con la seriedad propia del enfado que traía. La niña respiró profundamente un par de veces intentando conseguir una expresión de fría tranquilidad, pero los ojos se le llenaron de lágrimas mientras sus manos apretaban lo que parecía un pergamino viejo y ajado.

- Déme eso - El Director cogió de sus manos el pergamino y se lo quedó mirando con una ceja arqueada. Al pronto recordó un pasaje similar, hacía ya muchos años, con el chico Potter. Estaba seguro que aquél pergamino era el mismo que tenía de nuevo en sus manos y que no dudaría en insultarle si intentaba algo.

- A partir de mañana tendrá una semana de detención, Granger, limpiando en mi clase lo que se me ocurra. Ahora entre - Abrió la puerta con desgana y la luz inundó la oscuridad del pasillo del que surgieron.

Ronald y Hermione estaban todavía hablando cuando Snape entró con la cría en el despacho.

Hermione se volvió al escuchar los sollozos de Nayara, y se levantó de la butaca como por un resorte para acercarse a ella. Había estado llorando, eso era obvio, pero su rostro mostraba en ese momento el amor y la preocupación más absoluta.

- ¿Qué haces aquí, Nayara? - Le preguntó intentando sonar autoritaria pero fracasando, pues la voz aún se la quebraba.

La niña bajó la cabeza queriendo esconderse tras los rizos dorados, y cuando su madre la abrazó se echó a llorar desconsoladamente.

- Iba a la cocina….y os ví… Pensé que había pasado algo malo y… os seguí… ¿Qué le han hecho a papá…? - Hermione frotó su espalda suavemente, mordiéndose el labio para contener su propio llanto, y miró a Snape, que tenía el porte regio y la expresión inamovible de una estatua. Al ver en sus manos el pergamino supo perfectamente cómo les había visto su hija, y se volvió de golpe para fulminar a Ron con la mirada.

El pelirrojo casi hizo un puchero mientras se encogía de hombros.

- Llévatela a la torre Ravenclaw. No son horas de que esté por aquí despierta – Le dijo el Director a Hermione, y ella tomó los hombros de la niña con sus manos para ponerla en pie.

- ¡Pero yo quiero saber dónde está mi padre! – Exclamó haciendo fuerza para que su madre no la sacara del despacho.

- En cuanto sepamos algo nuevo te lo diremos, cielo, te lo prometo – Le dijo Ronald acercándose a ella y besando su frente. Nayara le tomó la mano, y el auror las acompañó hasta las escaleras del despacho.

- Van a encontrarle¿verdad? - Escuchó Severus que preguntaba la cría con la voz agudizada, haciéndola más pequeña de lo que ya era, y el mago cerró los ojos unos momentos.

Más le valía a cierto Malfoy empezar a hacer algo por el bien de los demás, o en unas horas tendría a un ojeroso Director arrastrándole por toda Inglaterra hasta encontrar a Draco, estuvieran o no los aurors de acuerdo.

Fuera, en uno de los patios con galería que tenía el castillo entre varias de sus alas, Nayara quería entender, pero no lo conseguía. Sus padres eran buenas personas, y su hermanita obviamente también… ¿Quién podría desearles mal? Su madre le había contado que cuando la guerra terminó no todo el mundo quedó contento con el resultado, pero para la chica, el Señor Oscuro era tan lejano como que pronunciaba su nombre con toda la naturalidad del mundo. ¿Cómo pensar que gratuitamente alguno de esos descontentos podría querer hacerle daño a su padre?

- Las cosas son muy complicadas, Nayara… - dijo Hermione con un suspiro - Y me temo que todo este relacionado con lo que quieres saber, y con la carta que te envió tu abuela, la madre de tu padre. Antes que nada, quiero pedirte perdón. Debimos haberte contestado, pero tu padre… bueno. Quería estar seguro de lo que te iba a contar.

Nayara anduvo junto a su madre bajo los soportales mientras la nieve caía como gruesos copos, haciendo a veces un ruido sordo al golpear contra las tejas sobre ellas.

- ¿Por qué no nos dijisteis nada¿Por qué nunca hemos sabido que los padres de papá viven?

La bruja miró unos instantes al frente, como para perderse en un pasado distante y doloroso y poder relatarlo.

- La familia Malfoy es una de las más antiguas de Inglaterra, y todos sus miembros son magos y nacidos de magos. Son lo que ellos llaman 'sangre limpia'. Tu abuelo se opuso abiertamente a que tu padre y yo nos casáramos, hasta tal punto que desheredó a Draco.

- ¿Le desheredó?

- Los Malfoy, es decir, tus abuelos, pues son los únicos aparte de nosotros que viven, son ricos. Mucho. Es tradición familiar que el patrimonio pase al heredero... cosa que jamás sucederá. El odio de Lucius Malfoy por la gente como yo, que tenemos padres muggles, es tal, que al conocer la decisión de Draco de casarse conmigo le repudió como hijo.

Los ojos de la chica apenas cabían en su rostro al escuchar aquella revelación y de pronto sintió frío, y no era exactamente por culpa de la nieve.

- Desde entonces no se dirigen la palabra a no ser que sea para decirse alguna barbaridad, y tu padre no ha vuelto nunca a su casa – Dijo omitiendo la única visita que ella conocía que había hecho a su madre.

- Por eso querías que pensara que sus padres habían muerto…

- Sí. Pensamos que sería lo mejor... Igual que pensamos que sería lo mejor no casarnos y mantener nuestra casa en secreto. Por eso lleváis mi apellido. A los ojos del mundo soy madre soltera, y todos creen que tu padre vive solo en el centro de Londres. Por eso Draco no puede venir con nosotras al andén 9 3/4.

- Pero una vez desheredado... No sé, quiero decir... ¿Qué peor podría pasar?

- La nobleza mágica, como seguro que el Profesor Binns te habrá explicado ya en más de una ocasión, a veces lleva sus prejuicios al nivel más radical, y los Malfoy son famosos por tomarse la justicia por su mano en multitud de ocasiones. Es el miedo a que puedan haceros algo lo que nos hizo tomar las decisiones que tomamos. - la bruja hizo una pausa para contener su rabia y frustración - Hay mucho que no sabes de la familia de papá, entre otras cosas porque a él no le gusta hablar de esto.

Nayara bajó la cabeza perdida en sus pensamientos al respecto, y Hermione suspiró y la atrajo hacia sí para abrazarla, temiendo haber revelado demasiada información a su hija quien, en el fondo, no era más que una niña.

- No son ellos quienes le han secuestrado¿verdad? - Preguntó de pronto dando un respingo, y la bruja miró al cielo oscuro y encapotado.

- No lo sé… Aunque supongo que el profesor Snape nos hubiera dicho algo si tu abuelo estuviera involucrado… - suspiró, e intentó creerse sus propias palabras. Después de lo de Joelle, no sabía qué pensar del juego que se traía entre manos con Lucius - Pero estoy segura que él y Ron le encontrarán, sin duda.

La niña suspiró, sintiendo que las lágrimas se le quedaban muy frías en la cara. Ron era un gran auror, si alguien podía encontrarle era él. Su fe en el amigo pelirrojo de su madre no tenía límites.

- Entonces… los padres de papá no le quieren¿verdad? Si no... no entiendo cómo pueden ser así. No sé cómo pudieron sino echarle de casa, o no quererte por los abuelos - Dijo apretándose contra su madre a pesar de las frías reflexiones.

Hermione hizo un gesto que la niña no pudo ver y suspiró de nuevo, sin decir palabra, pero el silencio fue de lo más elocuente, y a Nayara se le llenaron los ojos de lágrimas de nuevo.

-No es justo…

- Es cierto, no lo es… Pero Draco tiene mucha fuerza, cariño, y superó todo esto hace años porque nos tiene a nosotras - Le dijo acariciándole la cabeza suavemente con una sonrisa triste y lejana. Sus palabras no eran del todo ciertas, pero era lo mejor que podía ofrecerle a su hija; confianza y consuelo.

- Pero entonces no entiendo por qué me escribió la madre de papá. Además parecía sorprendida en su carta de que yo existiera. ¿Papá no les dijo que habíamos nacido Joelle y yo por eso de que le echaron de casa?

- Sí, eso fue lo que pasó. Ya que tu abuelo no quería saber nada de él, Draco decidió que jamás les contaría nada. Pero tu abuelo se enteró el día de tu primer partido de quidditch, y supongo que se lo contaría a tu abuela. Según Draco, te escribió porque quiere conoceros...

- ¿Quiere conocernos¿Y por qué, si no quiere que estés casada con papá?

- No lo sé... y eso es lo que me da miedo. Me aterra que quiera haceros algo – la bruja estuvo unos momentos en silencio, pensando cómo preguntar a su hija: - ¿Querrías tú conocerla?

Nayara se quedó en silencio, sin saber por unos instantes qué responder.

- No. Si no te quieren por los abuelos, y no quieren a papá, no quiero saber nada de ellos. No me importa quiénes sean, ni si son ricos. No quiero saber nada de ellos, y no le diré nunca más a papá que me cuente nada de su familia. Ahora entiendo por qué Joelle y yo llevamos tu apellido, y lo prefiero así.

Durante unos segundos, Hermione se entristeció, pero al momento se mordió el labio con rabia. No había derecho a que un desalmado hiciera que una niña hablara con ese desdén.

El viento sopló con fuerza trayendo copos de nieve contra sus rostros, y las brujas se giraron para protegerse del aire molesto. La luz dorada que salía por alguna de las ventanas del castillo caía sobre el patio central, iluminando vagamente la estatua de Harry Potter…o mejor dicho, la estatua en la que quedó convertido en su enfrentamiento final contra Voldemort.

Hermione la miró, y como siempre, un escalofrío recorrió su espalda. No podía evitar pensar que su Harry estaba ahí dentro, encerrado en esa piel de piedra…

Sabía que no era así, que le habían hecho un centenar de pruebas y era concluyente que había muerto al convertirse todo su cuerpo en piedra… pero la expresión de la estatua, esa calma en sus ojos, la expresión sencilla en su rostro, todo era demasiado perfecto para no dejarse llevar por esa fantasía.

¿Qué habría visto antes de morir¿Estaría junto a sus padres? Su sacrificio había salvado a Inglaterra de un final trágico a manos del tirano más despiadado que hubiera puesto los pies nunca en las islas…. Se merecía ser feliz por fin…

- Estaba en tu clase¿verdad?

- ¿Qué? - Hermione miró a su hija, sobresaltada pues estaba perdida en sus pensamientos.

- Él. Harry Potter. El tío Ron lo mencionó en su carta de mi cumpleaños, y os busqué en el anuario de la biblioteca. ¿Erais buenos amigos?

- Sí… él y Ronald eran mis mejores amigos. Siempre estábamos juntos, pasara lo que pasara, en los buenos y malos ratos… No escuches a los que intentan difamarle. Harry era un buen chico, un gran amigo. No tienen derecho a hablar así de quien nos salvó a todos...

Nayara miró la estatua como otras tantas veces había hecho, contemplando la varita encajada en su mano y las monturas de piedra, que habían tallado cuidadosamente hasta quitarle lo que fueran los cristales para que todos pudieran ver los ojos del muchacho. No podía ver su legendaria cicatriz en la noche, pero ahí estaba, entre el pelo alborotado.

- Dicen que Voldemort le convirtió en piedra antes de morir, que no soportaba morir solo. Dicen que Potter sabía lo que Voldemort quería hacer y no se movió, que dejó que le convirtiera en una estatua…

Hermione sintió una punzada de dolor en el pecho al escuchar esas palabras, y los ojos se le llenaron de lágrimas como en el momento en que le encontró así.

- Mi pobre Harry... No tenía familia ¿sabes? Voldemort mató a sus padres, y vivía con unos tíos que le odiaban. Cuando por fin pudo conocer a su padrino, Voldemort también se lo llevó, y luego destruyó la familia de Ron y mató a la única persona que había tratado a Harry como a un hijo. Estaba solo, Nayara, y tenía sobre sus hombros la responsabilidad de salvar a todo el mundo de Voldemort. Era bueno y amable, y quería mucho a sus amigos. Hizo de todo por nosotros y aunque le costó, no me censuró porque me gustara tu padre...

Las lágrimas le rodaban a la bruja por las mejillas mientras hablaba, y Nayara se abrazó a ella intentando consolarla.

- Ojalá estuviera con nosotros todavía... Juntos siempre éramos capaces de hacerle frente a todo; con él a mi lado no dudaba en lanzarme a un duelo contra quien fuera, y ahora no soy capaz ni de proteger a mi familia... – Casi gimió llevándose una mano al abultado vientre.

Hubo un pequeño silencio, el suficiente como para que Hermione pudiera recomponer su voz.

- Pero Ron le encontrará. Estoy segura… - dijo más para su tranquilidad que para Nayara - Vamos a tu Torre, cariño. Hace frío aquí fuera - Le dijo Hermione, y echó una última mirada a Harry, sin poder evitar una sonrisita triste al ver que alguien había puesto en torno a su cuello una bufanda Gryffindor…

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Nayara se despertó horas más tarde y, perezosa, se revolvió en su cama para volver a dormir. Pero al volverse hacia la ventana y ver que ya había amanecido se dio cuenta de que se había quedado dormida.

Se levantó de la cama de un salto para vestirse, pero de pronto se acordó por qué se había acostado tan tarde y se le fueron las ganas de darse prisa. Con un suspiro, y entre bostezos, recogió la ropa que dejara tirada la noche anterior y se vistió deseando no llegar a tiempo al desayuno, porque no tenía ganas de comer nada.

De hecho, no tenía ganas de hacer nada más que llorar.

Nadie la había despertado, como prometieron hacer si pasaba algo, de modo que su padre… aún estaba Merlin sabía dónde.

Sólo de pensarlo, se le llenaron los ojos de lágrimas… pero de pronto se le ocurrió que quizás hubieran olvidado el decírselo. Estarían ocupados deteniendo o cualquier cosa.

Claro. Eso tenía mucho sentido. Seguro que el tío Ron había encontrado a su padre y no se había acordado de decírselo. O quizá querían dejarla dormir porque para ellos aún era una niñita.

Más animada se cepilló el pelo y se hizo una coleta alta que desparramó multitud de rizos sobre su espalda, cogió los libros del día y bajó la torre Ravenclaw con intención de ir directa al despacho del Director a preguntar.

Desgraciadamente cuando pasó frente a las puertas del Gran Comedor escuchó el barullo matutino normal y el profesor de guardia la indicó que se uniera a sus compañeros, de modo que no tuvo más remedio que entrar para que no la reprendieran.

La niña abrió la puerta pensando que la jefa de su Casa la frunciría el ceño al verla llegar tarde, pero en vez de eso lo que vio fue a los Slytherin mirándola como si nunca la hubieran visto, a algunos Gryffindor dándola la espalda bruscamente y a Ravenclaw y Hufflepuff mirando de reojo.

Nayara entró despacio y cerró la puerta, sin entender por qué le daban tanta importancia a que hubiera llegado tarde a desayunar, y se sentó en su sitio en la mesa de las Águilas. Como no tenía especiales ganas de hablar con nadie no echó de menos que no le dieran conversación, aunque le parecía extremadamente sospechoso que hubiera tanta gente cuchicheando en vez de hablando, como era lo normal.

Estaba dándole mordiscos a un bollito de leche cuando escuchó una voz demasiado familiar alzándose entre el resto.

- Lo que no sé es por qué no está entre las Serpientes, que es donde debería estar… - dijo Emma Andon, la Gryffindor con la que siempre tenía problemas - aunque si yo fuera Slytherin (y me alegro de no serlo) tendría reparos en admitir a una familia de asesinos como los Malfoy. Ahora que lo pienso, seguro que esa forma suya de saber dónde están siempre los profesores en los momentos más oportunos es cosa de magia negra...

Nayara levantó la cabeza y miró a Emma, que estaba alzada en su sitio para que la pudiera ver. La morena tenía una sonrisita malvada en el rostro; había encontrado algo fantástico con lo que poder meterse con ella.

- ¿Qué pasa, Malfoy¿Acaso has recibido una lechuza de tu madre diciendo que ya han encerrado en Azkaban también a tu padre?

- No estoy de humor para tus tonterías, Andon, déjame en paz.

- Uhh… ¿Vas a matarme, Malfoy? Estoy segura de que tu abuelo te enseñó los Imperdonables… Claro que tu padre los practicaba con los elfos domésticos de su casa, podría haber sido él…

- ¡Deja de decir mentiras! – Nayara se puso de pie, enfadada – ¡Mi padre no hacía nada de eso!

- Pues eso no es lo que dice el periódico… - dijo cogiendo El Profeta y enseñándole la portada, donde señalaba la palabra "parricidio" – Seguro que también dirás que es mentira que tu abuelo era uno de los líderes de los mortífagos y un asesino… como toda tu familia.

Al ver en la portada del periódico a un hombre que era prácticamente su padre pero con bastantes años más, la chica se quedó sin habla, pálida. Asesinos, ponía, mortífagos. Emma fue pasando las páginas del periódico hasta enseñarle un árbol genealógico donde aparecía toda la familia de su padre, incluso él mismo. Los alumnos que no habían visto el periódico no perdían ojo, y el murmullo en el gran salón iba in crescendo.

- Así que te llamas Granger porque te avergüenzas de tu familia… ¿O es que tu padre quería que llevaras el apellido de tu madre para que en el futuro pudieras seguir el legado familiar sin que sospecharan de ti?

- ¡Callate de una vez, Andon! - Nayara sacó su varita en un arrebato y le lanzó un conjuro que lanzó a la Gryffindor volando de su asiento y la estrelló contra el banco de los Hufflepuff.

Todo el Gran Comedor se quedó en silencio de golpe mirando a la rubia y a Emma, que estaba inmóvil donde había caído, sin atreverse casi a moverse.

Sinistra, que no se había percatado de la pelea hasta el conjuro, se levantó con el ceño fruncido sobre los grandes ojos azules.

- ¡Granger¡¡Al despacho del director!!

Con un suspiro de resignación, Nayara se dejó subir por las escaleras de grifo que conducían al despacho del director. Cierto que quería hablar con él, pero no de ese modo. Con la detención del día anterior había tenido más que suficiente de su ceño fruncido, no quería más…

Las escaleras se detuvieron, y la niña llegó a una gran sala redondeada, muy amplia. Había algunos aparatos enormes y dorados, y una pared repleta de cuadros que parecían dormitar. Otro mural era una gran biblioteca repleta de antiguos volúmenes encuadernados en piel, añejos y sucios de años de trabajo, y había muchos objetos extraños que Nayara no conocía.

Se sorprendió al ver al Sombrero Seleccionador sobre la estantería, silencioso y cubierto de polvo, así como un perchero donde, al parecer no vivía ningún pájaro.

¿La noche anterior era todo así? No recordaba haber visto nada de aquello…

Miró a su alrededor, a las escaleras de pasamanos dorado, a los grandes aparatos que parecían servir para mirar las estrellas…

Estaba sola, no había duda. O al menos, lo estuvo durante unos minutos, puesto que pronto escuchó el sonido de la escalera. Cuando se giró, lo primero que vio fue la larga capa del profesor de pociones arrastrando por las baldosas del suelo, seguido de sus brazos cruzados sobre el pecho.

- Uh…. Buenos días Director Snape… - Murmuró mirando a sus zapatos. Severus la miraba con su mejor expresión de fastidio, y la niña tragó saliva penosamente. Antes de preguntar nada sería mejor campar con la tormenta…

- Me parece que es un poco pronto hoy para comenzar peleas en el Salón¿no¿Qué brillante pensamiento dio rienda suelta a su salvaje comportamiento, srta. Granger?

- Uh... Estaban… Estaban insultando a mi padre, Director Snape…

- ¿Y eso es motivo suficiente para mandar a su compañera a la enfermería? - de pronto Severus arqueó una ceja - ¿Ha dicho que insultaban a su padre¿Por qué?

- Por lo que viene en El Profeta… - Nayara frunció el ceño, aún ofuscada por las hirientes palabras de sus compañeras. El Director empezó a tener un terrible presentimiento, y se acercó con grandes pasos a la mesa rectangular donde la lechuza le había dejado el periódico.

La foto de la portada se movió, mostrando el cadáver de Maximus Malfoy y a varios aurors encerrando a un Lucius inconsciente tras unos barrotes. Porque era él, a pesar de que en la foto su pelo pareciera oscuro.

Merlín... Lucius¿qué has hecho...?

Desvió los ojos negros hacia la niña, que miraba sus reacciones con una mezcla de curiosidad y miedo, y abrió el periódico para ver el artículo sobre la familia Malfoy que incluía un extenso árbol genealógico y fotos de sus miembros más recientes.

Ni Hermione ni ninguna de las niñas aparecía en él, a Merlin gracias, pero Draco era perfectamente reconocible. Los alumnos debían de saber que era el padre de Nayara por el día del partido de Quidditch….

Estaba leyendo entre líneas lo que el periódico decía que había pasado cuando la Ravenclaw le preguntó tímidamente:

- ¿Ese hombre es mi abuelo…?

Severus alzó la cabeza y se aclaró la garganta, incómodo por la situación. Si no lo sabía, no debería ser él quien se lo contara…. Pero al parecer se había enterado de los líos de su familia de la peor forma posible.

- Sí. Es el padre de tu padre.

- ¿Y es un mortífago…..? - Se atrevió a preguntar, la cabeza gacha. No había escuchado muchas historias sobre las Guerras, pero sí las bastantes para saber quiénes habían sido los malos del cuento, aquellos que habían luchado contra Harry Potter y sus compañeros.

- No más que yo - Respondió lentamente, queriendo creerse sus propias palabras. A pesar de haber estado envuelto en varias cosas turbias desde que terminara la guerra, tenía constancia de que hacía muchos años que Lucius no mataba a alguien. El asesinato de su padre, al que nunca había levantado siquiera la voz, le desconcertaba de sobremanera, máxime después de lo que consiguiera sonsacarle la noche anterior.

Todo apuntaba, más bien, a que quien le quería ajustar las cuentas había preferido dejarle vivo y cargarle las culpas por la muerte de su padre. Pero¿Y Draco? No estaría allí con ellos… sería demasiada casualidad.

Snape siguió leyendo entre líneas por si acaso había alguna pista de su paradero y, de pronto, encontró la respuesta que quería y que le sorprendió. Estaba en St Mungo, malherido pero vivo, y le ponían como posible víctima de su padre, el fraternicida.

Aquello era raro, demasiado raro, y cada vez olía más a trampa.

El Director se anotó mentalmente hablar con Remus Lupin sobre ese asunto, y a Ronald Weasley le preguntaría muy educadamente cómo se le había olvidado avisarle de que habían encontrado a su ahijado.

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Nayara no se había quedado muy convencida con la respuesta de Snape. Era de dominio público que el Director de Hogwarts había sido seguidor de Voldemort en su juventud, y la respuesta que le había dado le hacía pensar que ciertamente su abuelo no debía haber sido menos…. Sobre todo teniendo en cuenta que según el periódico, aquella era la cuarta vez que estaba en Azkaban…

La niña tragó saliva, sintiendo que se le hacía un nudo en el estómago.

Por si fuera poco malo lo que su madre le había contado la noche anterior sobre ellos, sus abuelos además también eran asesinos de muggles, golpistas y aficionados a la magia negra.

Seguro que habían sido ellos los que habían obligado a su padre a tatuarse la Marca, pensó con aprehensión sintiendo lástima por él. Alzó los ojos para preguntarle al Director que tanto parecía saber sobre su familia y él tiró entonces el periódico sobre la mesa.

- Las respuestas sobre tu abuelo te las tiene que dar tu padre, no yo. Treinta puntos menos para Ravenclaw por pelear en el comedor, y servirás detención con la profesora Sprout toda la semana que viene.

Nayara abrió la boca para replicar, pero la cerró de golpe al ver la mirada fulminante de su Director y profesor de Pociones.

- ¿Tiene noticias de mi padre? – Dijo casi en un murmullo.

- ¿No ha leído El Profeta?

- Andon no me ha dado tiempo…

- Su padre está en St. Mungo. Dice el periódico que alguien sin identificar le llevó anoche al hospital.

- ¿El periódico¿No lo encontró usted¿Ni Ron? – la cría se le quedó mirando con los ojos muy grandes. ¡El Director se acababa de enterar! - ¡Pensaba que le tenía más aprecio a mi padre!

- Anoche hicimos todo lo que estuvo en nuestra mano para encontrarle, tanto yo como los aurors. Barrieron la casa de tu abuelo de arriba abajo, y no encontraron nada. Yo no tuve más suerte donde busqué, tampoco. Pero le digo una cosa, srta Granger, no se crea todo lo que dicen en ese periódico…

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- ¿Habéis visto esto¡Es increíble! - Escuchó Hermione decir a uno de sus compañeros del trabajo mientras les enseñaba El Profeta.

La bruja no le dio mayor importancia a sus comentarios, concentrada como estaba en no quedarse dormida en su silla. La lechuza que le había mandado Ronald de madrugada informándola que le habían llegado noticias de que Draco estaba en St. Mungo la había hecho salir corriendo de casa en mitad de la noche.

Le vio profundamente dormido y con varios aurors, entre ellos el pelirrojo Weasley, quienes interrogaban al personal del hospital intentando averiguar quién le había llevado hasta allí, pero no había caso. La persona en cuestión debía de llevar un hechizo deilusorio, y no había forma de que supieran siquiera si era hombre o mujer.

Hermione había estado toda la noche junto a Draco, incluso cuando Ron se marchó con su escuadra tras prometer escribir a Nayara para contárselo.

No había dormido nada y, aunque hubiera deseado quedarse allí con él tenía que ir al trabajo al día siguiente. La bruja era abogado, y tenía un caso que ganar para un cliente muy importante del bufete donde trabajaba.

Luego iré, pensó revolviendo de nuevo los papeles sobre los que casi estaba tirada, pero de pronto las palabras 'Malfoy' y 'Asesinato' la hicieron dar un respingo en la silla.

- ¿Qué ha pasado? - Dijo empujándoles ansiosa hasta que le dejaron ver la portada del periódico. Al verlo casi se le olvidó respirar:

"Actualidad: El patriarca de la familia Malfoy, asesinado por su hijo, un mortífago ex convicto"

"En páginas centrales: Los Malfoy, generaciones de magos al servicio de la oscuridad"

- Los aurors que le detuvieron dicen que los muebles de varias habitaciones habían ardido de una forma muy extraña, puesto que las paredes ni el suelo habían sufrido desperfecto alguno – Continuó uno de sus compañeros, quien sin duda se había leído ya parte de los artículos

- Dice también algo de un imperdonable¿verdad? Me lo ha contado Cleo por encima... - Comentó una mujer que tenía casi el doble de edad de Hermione.

- Sí, un Cruciatus... La verdad, no comprendo cómo han dejado a ese hombre suelto, si siempre hemos sabido todos que era un asesino. Toda su familia son todos unos desequilibrados.

- Sí¡y lo peor es que Lucius Malfoy y su hijo trabajan en el Ministerio!

- ¡Anda ya!

- Como lo oyes. Viene aquí, en el periódico, y además mi primo me lo dijo una vez porque Lucius Malfoy llevó su caso contra unos licántropos que...

- ¡Pues si dice que también la tomó con él…!

Hermione se apartó de ellos, horrorizada. Acababa de ver entre las hojas del periódico un árbol genealógico de la familia de su marido, y no quiso ni imaginar las barbaridades que en él pondría. Si Draco hubiera ido al trabajo esa mañana, no quería pensar lo que le hubiera sucedido.

Se tapó la boca con una mano de golpe. ¡Los periodistas debieron ir a St.Mungo poco después de que ella se marchara¡Podían haberla visto…!

Tranquila. Si lo hubieran hecho todo el mundo me estaría acosando a preguntas, se dijo, y volvió a respirar de nuevo… hasta que le vino a la cabeza su hija.

Muchos, muchos alumnos, incluida Nayara, recibían El Profeta todas las mañanas en el desayuno. Si alguien recordaba a Draco del día del partido de Quidditch… No sabía lo que podía haber pasado en Hogwarts.

La mujer miró los libros e informes con los que había estado trabajando, y de pronto le pareció que nada era suficientemente importante como para no estar en ese momento con su familia.

- Me voy - Dijo de pronto poniéndose en pie, y todos se volvieron a mirarla.

- ¿A dónde? El juicio es dentro de tres horas - Su jefe, un hombre medio rubio y pecoso con un gracioso monóculo, frunció el ceño.

- Me ha surgido un imprevisto, pero estaré para el juicio, lo prometo.

- Srita Granger... - No bien había comenzado la frase cuando Hermione ya salía por la puerta de la sala hacia las chimeneas floo con dirección a Hogwarts.

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Fuera, sentada sobre dos piedras grises y cubiertas de líquenes, Nayara observaba el precioso paraje natural que envolvía Hogwarts, mecido por una suave brisa invernal. Cierto era que Hogwarts era un lugar mágico en todos los sentidos, y el estar rodeado por un paisaje de montañas verdes y pequeñas colinas, no hacía más que aumentar su encanto. A Nayara le encantaba sentarse a ver las puestas de sol cerca del gran lago, pero hoy no estaba de humor para eso.

Cabizbaja, estaba sentada abrazándose las rodillas, con el mentón apoyado en ellas y la mirada de sus ojos plata perdida en el infinito. Estaba en horario lectivo, pero eso no le importaba en lo más mínimo.

¿Para qué voy a ir?, se preguntaba, ¿Para que sigan haciendo comentarios ponzoñosos sobre mí y mi familia?

El pensar en sus abuelos como parte de su familia la hizo estremecerse. Después de todo lo que había hablado con su madre, Nayara no tenía la menor idea de que la ancestral familia Malfoy había estado ligada siempre a las Artes Oscuras y, por consiguiente, a Voldemort.

Todo apuntaba a que su abuelo, que sin duda sería el despiadado asesino que todos decían que era, tenía parte en aquello. ¿Qué tenía de raro que secuestrara a su hijo y le golpeara, si había matado a su propio padre?

La niña se abrazó, apoyando la cabeza sobre sus rodillas.

Todos en el colegio se habían puesto en su contra por su abuelo sin que nadie supiera que no sólo no los conocía sino que les odiaba por lo que le habían hecho a su padre, y eso le daba mucha, mucha rabia porque¿quién iba a creerla si lo contaba? Sus compañeros de Casa la miraban con recelo, intentando no acercarse a ella a pesar de que la conocían de sobra como para saber que no conocía más magia oscura que ellos, e incluso su amiga Slytherin parecía tener problemas con los suyos por haber intentado acercarse a hablarla.

Nayara se sentía impotente y muy sola, y no pudo evitar que los ojos se le llenaran de lágrimas. Con un sollozo se encogió más sobre sí misma, ahogando el llanto sobre sus brazos.

La Ravenclaw no se dio cuenta de que estaba acompañada hasta que la potente voz de Rubeus Hagrid, el guardián de los terrenos de la escuela la sacó de sus cavilaciones:

- ¡Hola! - La saludó jovialmente.

La niña se sobresaltó, y rápidamente se enjugó las lágrimas, intentando esconder su llanto a los ojos del guardián de los terrenos de la escuela. No quería que nadie la viera llorar para no provocar un nuevo motivo de burla.

Nayara sabía que Hagrid era un semigigante, a juzgar por su tamaño sobrehumano, pero pequeño, a su vez, para un gigante. Había oído hablar a su madre sobre él, al parecer eran muy buenos amigos, desde su época de estudiante en Hogwarts, hace ya bastantes años, años que habían hecho mella en Hagrid. Su espera cabellera y barba eran de un tono grisáceo blanquecino, y parecía que cada vez le costaba más moverse por entre los bosques.

- Hola - Respondió la niña desganada.

Hagrid sonrió, y se dispuso a sentarse junto a la Ravenclaw, no sin antes emitir un pequeño gruñido a modo de queja; ya no estaba para sentarse arqueado en piedras tan bajitas.

- Y bien ¿cuál es tu nombre? -

La niña miró al guardián, y le respondió.

- Nayara... Nayara -dudó- ...Granger.

Hagrid había leído el periódico de esta mañana y sabía que la chiquilla no debía pasar por buenos momentos. Además no era nada tonto, y se había dado cuenta de que la había encontrado llorando.

- ¿Cómo está tu padre?

- ¿Mi padre? - Preguntó a la defensiva, pensando que también él iba a hacer algún comentario ponzoñoso.

- Sí, tu padre. Draco Malfoy.

- Ah… Pues… no lo sé. No he ido a verle…. De hecho me acabo de enterar de que está en el hospital… – Contestó Nayara suspirando y cogiendo una piedrecilla del suelo y lanzándola sin ganas.

- ¿No vas a preguntarme por qué sé que es tu padre?

- ¿Para qué? Si todo el colegio se ha enterado¿por qué no iba a saberlo usted también?

Hagrid no hizo caso del tono amargado de la niña, y palmeó su espalda amistosamente con una de sus manazas.

- Tus padres fueron alumnos míos. De hecho Hermione es muy buena amiga mía, solía venir con sus amigos a tomar el té a mi cabaña - sonrió el guardián, recordando los felices momentos que pasó junto al trío Gryffindor - muy buena chica, valiente y gran amiga de sus amigos.

Nayara desvió su mirada de Hagrid, para posarla en una bandada de pequeños pajarillos

negros que emprendían el vuelo en dirección al Bosque Prohibido.

-¿Pero sabes? La verdad es que te pareces mucho a tu padre, tienes sus mismos ojos. Sólo espero que el año que viene no seas tan buena pieza como era él – Suspiró al recordar al problemático Slytherin rubio que tanto odiaba sus clases de "Cuidado de Criaturas Mágicas"

- ¿Por qué dice eso?

Hagrid se levantó entonces con otro quejido y le hizo señas a Nayara para que le siguiera.

- Vamos, ven conmigo - le sonrió - quiero mostrarte algo.

La Ravenclaw se levantó, y le siguió por el sendero que llevaba hasta su cabaña, y rodeándola, hasta los corrales que había detrás del huerto de calabazas gigantes. El semigigante hizo una pausa para recoger un cesto lleno de ¿hurones muertos? Un escalofrío recorrió la espalda de Nayara.

A saber a que cosa querrá alimentar con eso... pensó.

A veces oía a su madre hacer comentarios sobre los gustos excéntricos de Hagrid en relación con los animales fantásticos, casi siempre seguidos por un gruñido de desaprobación por parte de su padre. Nayara no creía que nadie poseyera tan poco sentido común como para tener de mascota a un dragón o hacer reproducción experimental con Merlin sabe que criaturas.

Hagrid abrió la puerta del corral, y esperó a que Nayara pasara para cerrarla tras ella. La niña se sobresaltó al ver lo que había en el corral; nada más y nada menos que un hipogrifo. Nayara retrocedió hasta toparse con la puerta, quiso echar mano del cerrojo y salir de allí, pero Hagrid, viendo su intención, intentó disuadirla haciendo uso de palabras amables.

- Vamos, no te asustes, Descarado no te hará nada- dijo el guardabosques con una amplia sonrisa -a veces te da algún que otro mordisquito, pero sólo lo hace porque quiere jugar... Es muy juguetón ¿sabes?

Si lo era en verdad o no lo era, Nayara no quería quedarse a averiguarlo; un mordisquito juguetón de semejante animal podría arrancarle un brazo. El hipogrifo no era una criatura particularmente peligrosa, pero ella había leído en los manuales que sólo expertos debían tratar con ellos... y a ojos de la niña, Hagrid no parecía un experto.

- Venga, acércate - le extendió una de sus grandes manos - te aseguro que no corres peligro.

- No... – titubeó - no creo que quiera... que me acerque - Dijo insegura.

- ¡Claro que quiere! A Descarado le encanta conocer gente nueva

- No, de verdad, profesor Hagrid, yo...

Quiso continuar pero fue interrumpida por Hagrid, que llamaba a Descarado con un tono suave y juguetón, tanto como su voz potente le permitía, y balanceaba la cesta de hurones muertos. El hipogrifo, de doradas plumas, acudió a la llamada de su cuidador, trotando con sus patas equinas, hasta plantarse muy cerca, demasiado, para el gusto de Nayara.

- ¡Hola precioso! - le saludó, palmeando su cuello emplumado - ésta es Nayara. Mira Nayara, ahora verás lo que le he enseñado - Dijo feliz.

Nayara dejó escapar una risita asustada, mientras Hagrid le lanzaba un hurón al aire a Descarado, que el animal cazaba diestramente al vuelo.

- Venga Descarado¡saluda a Nayara!

Dicho esto, Descarado se levantó sobre sus cuartos traseros, y abrió sus alas, como si quisiera levantar el vuelo, pero sólo las movió graciosamente, haciendo ruiditos y moviendo su cabeza de ave.

- ¡Muy bien! - exclamó Hagrid lanzándole otro hurón muerto - bien hecho, Descarado - se acercó y le palmeó el cuello otra vez, a modo de darle a entender que se había portado muy bien y le premiaba por ello - Nayara, ahora que Descarado te ha saludado tienes que hacerle una reverencia... - Dijo riendo.

- Sí, ya sé como: me inclino hacia él despacio y espero a que me devuelva la reverencia.

Dicho esto, Nayara se agachó, haciéndole una reverencia al animal, que al poco tiempo éste le devolvió.

- Bien hecho, no podía esperar menos de ti. Fíjate que tu estando en segundo curso lo has hecho perfectamente y en cambio tu padre en tercero tuvo la brillante idea de ofender a un hipogrifo...

- ¿En serio? – Preguntó la niña un poco más animada, aunque aún asustándose cada vez que Descarado picoteaba uno de los hurones que Hagrid le ofrecía.

- Sí. Tuvo suerte, BuckBeack sólo le arañó en un brazo, pero podría haberle matado. Ya sabes, Nayara, que no debes ofender nunca a un hipogrifo.

- Sí, profesor Hagrid, ya lo sé. Los hipogrifos son muy orgullosos… Y mi padre también lo es. Seguro que fue por eso por lo que su hipogrifo le atacó.

- Bien eh… Nayara, ahora tienes que volver al castillo. Los alumnos no pueden saltarse las clases y vagar por los terrenos, ya lo sabes – Dijo el semigigante frunciendo un poco el ceño para luego mesarse la larga barba rizada. Descarado gorjeó antes de alzar el vuelo sobre los árboles, y la chica supo que era el mejor momento para marcharse.

- Sí profesor. Volveré a Hogwarts. Gracias por enseñarme a Descarado

- ¡Nayara! – Escuchó la niña cuando subía las escaleras hacia la Torre Ravenclaw. Al volverse vio a su madre yendo a paso raudo hacia ella.

- ¿Dónde estabas? Tendrías que estar en clase – La reprendió colocando tras sus orejas el pelo que se le había salido de la coleta.

- No tengo ganas de dar clase. Todo el mundo me mira y cuchichea de mí y de papá, y el director me ha castigado por cerrarle la boca a una Gryffindor – Dijo enfurruñada mirando al suelo. Al ver su carita de puchero, el gesto de Hermione se ablandó y abrazó a su hija fuerte.

- Lo sé, cariño, lo siento. Estoy aquí por eso. He venido a hablar con el director Snape para que me deje llevarte a casa antes este año. También nos llevaremos a papá para que le cuides con la abuela mientras estoy trabajando.

- ¿En serio vas a llevarme a casa? – le preguntó, y no pudo evitar sonreír cuando Hermione asintió - ¿Cuándo?

- Ahora mismo. Vamos arriba y recogemos tus cosas corriendo, me esperan en el trabajo...

Tras hablar con el subdirector y dejar sentenciadas sus clases del día porque presentía que tardaría mucho en volver, Severus había mantenido una pequeña charla con Hermione donde le había jurado que no sabía nada de lo sucedido en la noche. Entre otras muchas cosas, la bruja había insistido en llevarse a su hija del colegio, cosa que Snape consideró realmente juiciosa, coincidiendo también en que lo mejor sería trasladar a Draco a su casa cuanto antes mejor.

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Así, terminadas todas las gestiones necesarias en Hogwarts cogió un buen puñado de polvos floo a la chimenea y se trasladó al Ministerio de Magia dispuesto a enterarse de todo lo que había pasado; En menos de veinte minutos el excelso Director de Hogwarts cruzaba, ciertamente de mal humor, la puerta del despacho del presidente del Wizengamot en el Ministerio de Magia.

- ¿Dónde le han llevado? - Preguntó en un gruñido, cruzándose de brazos con un revolver de su capa.

Los ojos del ex ministro de Magia Filias Artney, un hombre bajito y algo arrugado ya por los muchos años que tenía, se abrieron de par en par por unos momentos, pero pronto su gesto se endureció.

No le hizo falta preguntar a quién se refería; de sobra era sabido que el Director de Hogwarts siempre se alzaba en defensa de Malfoy estuviera en el lío que estuviese.

- A su antigua celda de Azkaban¿a dónde si no?

- ¿Sin juicio?

- Pero claro que sin juicio. Tres veces ha estado antes en Azkaban. ¡Tres veces! Y en todas se le han imputado cargos similares a los que le han traído aquí hoy. La ley dice claramente que en la tercera imputación de los mismos cargos la cárcel será inmediata y sin juicio, pero al ser la condición del Sr. Malfoy tan peculiar en su tercera condena, la ley se le aplica directamente en ésta - Le explicó con una sonrisita mordaz y complacida.

- Voy a verle - Dijo Severus dándose la vuelta bruscamente y haciendo que Artney se levantara de golpe.

- ¡No puede hacer eso!

- No intente detenerme, presidente Artney. Luego me pasaré a verle - Con un portazo, Snape se marchó dejando al presidente del Wizengamot con la palabra en la boca.

Odiaba a la mayoría del Ministerio. Como siempre le decía Lucius, eran todos unos estúpidos hipócritas incapaces de hacer bien su trabajo…

Tuvo que hablar con varios funcionarios para conseguir un traslador hasta Azkaban, pero por fin se salió con la suya y se apareció directamente en la temida isla-cárcel para magos oscuros.

Sus pasos retumbaron por los pasillos de piedra oscura y mohosa mientras andaba, de brazos cruzados, junto al único carcelero que guardaba la prisión.

Era un tipo extraño, achaparrado y que vestía una túnica azul oscura que estaba muy sucia. El pelo, largo, sucio y desgreñado le caía por la cara, haciendo difícil el verle los rasgos.

Iba gruñendo, cojeando ostensiblemente de un pie zambo, pero Severus no le prestaba atención. El lugar despertaba en él recuerdos muy indeseables… Y es que, a pesar de que los dementors habían abandonado aquél lugar hacía muchos años, la prisión de Azkaban seguía siendo terriblemente fría y deprimente, como si aquellos espectros hubieran dejado impregnada su esencia en las paredes.

- Aquí es - Dijo el carcelero con un sonido gutural. Snape le miró muy mal, primero asqueado por su aspecto y segundo por la celda.

Artney no había mentido. Le habían asignado el mismo rectángulo de techo bajo en que Lucius había estado preso las otras ocasiones. Se inclinó y miró dentro, viendo tan solo un ovillo en oscuridad al fondo de la celda.

- Abre la puerta. Voy a entrar.

- No. No, ni hablar. No abro puerta - Se negó rotundamente cruzando sus brazos cortos sobre el pecho. Severus sacó la varita, desafiante, y el carcelero se apresuró a levantar el conjuro.

Con un gruñido, el Director se agachó y entró en el cubículo. Lucius estaba hecho un ovillo de lado, tumbado sobre una manta. Achicó los ojos.

- ¿Lucius…? - Preguntó sin atreverse a tocarle. Al ver que no respondía conjuró un Lumos, y lo que vio no le gustó nada.

Estaba muy pálido, cubierto de sangre seca, heridas y verdugones, y la mano izquierda tenía una espantosa quemadura que no imaginaba cómo podía haberse hecho y que cauterizaba casi por completo varios cortes.

Las partes de su pecho y espalda que dejaban ver la bata y el pijama rasgados tenían un aspecto lamentable, y parecía que le hubieran golpeado el rostro contra algo duro.

Su pelo oscuro estaba esparcido por el suelo de la celda, sucio y desgreñado, incluso apelmazado de sangre en algunos lugares.

Snape tenía la impresión de que quien le había hecho aquello no tenía intención en dejarle con vida, sino que el que estuviera en Azkaban era un accidente. Lo que no le encajaba era lo de Draco.

Nadie sabía cómo había llegado al hospital, y todo eran conjeturas sobre lo que había sucedido en Malfoy Manor, lugar donde se habían sucedido los hechos. ¿Había estado Draco realmente allí? Cuando los aurors barrieron la mansión no encontraron nada… aunque de eso no podían fiarse. Quizá le llevaron allí después, como a Maximus.

Quizá querían matarlos a todos juntos.

Severus le puso la mano en el cuello para tomarle el pulso, maldiciendo a todo el Ministerio. Apenas estaba vivo, y esos aurors desgraciados seguían manteniendo sus viejas costumbres de no dar ni agua al enemigo a pesar de todo el civismo del que siempre decían hacer gala. Algunas cosas, por desgracia, nunca cambiarían…

Igualmente estaba seguro de que nadie le había preguntado nada a Narcissa... ¿Qué habría pasado con ella? En el diario no decían nada… Pero eso no significaba mucho, tampoco.

Tendría que ir a hacerla una visita.

Maldijo entre dientes cuando se irguió y se dio con el techo en la cabeza, y de pronto se sintió plenamente convencido de hacer algo totalmente fuera de la ley. Apagó su varita en un momento y miró atrás; no estaba el carcelero. Con un mobilicorpus le sacó de la celda y miró a su alrededor. Nadie.

De no ser por lo serio que era lo que estaba haciendo se habría sonreído; estaba seguro de que Dumbledore aprobaría totalmente sus actos.

Cuando el translador le devolvió al Ministerio, sin apenas dar tiempo a más que una respiración se desapareció con su amigo directamente al Bosque Prohibido; Poppy podría encargarse de él.

- ¡Merlin¿Qué ha pasado? – Dijo la mujer saliendo de su despachito al escuchar al Director decir que tenían una emergencia. Cuando vio a su nuevo paciente sobre una de las camas se quedó mirándole fijamente; conocía esa cara, pero no era capaz de identificarla.

- Es el padre de Draco Malfoy – Le ayudó, y la enfermera frunció el ceño al momento.

- Pero si era rubio...

- Su color de pelo es el menor de sus problemas¿no cree? – Le dijo mordaz, si bien él también tenía curiosidad.

- Esto no es un hospital, Director Snape – le dijo la bruja poniéndose en jarras. De pronto tragó aire y se llevó una mano a la boca - ¿¿No estaba en Azkaban??

- Estaba. Poppy, morirá si no hace algo pronto – le dijo arqueando una ceja- No se preocupe por los aurors, que ya me encargaré yo de ellos.

- Se ha vuelto loco¿sabe? – Le respondió acercándose al herido para hacerle un reconocimiento – Este hombre es un asesino y usted lo trae a un colegio nada menos que para que le cure. Bien, usted sabrá. Yo sólo soy la enfermera... – Gruñó, y con las manos arrugadas por los años examinó sus heridas.

Agitó la cabeza varias veces y, cuando terminó de rasgar la bata y la chaqueta del pijama, Snape contuvo una mueca de desagrado al ver los huesos traccionados marcándose anormalmente bajo la piel. Pasaron unos minutos y, cuando ella se detuvo, el profesor le dijo:

- Poppy, deme su opinión. Opinión profesional – Añadió al momento arqueando una ceja al comprender que la bruja ya se disponía a disparar con toda la artillería.

- Varias fracturas y contusiones, alguna interna, me temo, un Cruciatus si no me engañan los ojos, quemaduras y cortes por cristales – terminó mostrándole una esquirla que acababa de quitarle – Necesita un medimago, no a mí. Llévele a St. Mungo antes que su estado empeore.

- No puedo llevarle allí, Poppy. Haga lo que pueda por él mientras regreso. No creo que tarde mucho en volver...

Sin dejar que la mujer pudiera replicar nada, el Headmaster se acercó a la chimenea a grandes zancadas para aparecerse en la consulta médica privada donde siempre habían asistido a los Malfoy.

Snape no prestó atención a los pasillos y personas del lugar, y dedicó todos sus esfuerzos a intentar resolver aquella situación tan incómoda. Él era el primero que la noche anterior hubiera enviado a Lucius a Azkaban de una patada, pero el que hubiera intentado quemar Malfoy Manor no le parecía verosímil en absoluto puesto que él adoraba su mansión, y mucho menos creíble era el cargo de asesinato contra su padre. Si no era capaz de alzarle siquiera la voz¿cómo iba a intentar un duelo contra él?

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El medimago Matthew Harvey salió de su despacho cuando su secretaria le dijo que tenía una urgencia en la consulta. Enseguida reconoció al director Snape y le ofreció asiento, que él declinó.

- Merlin. Estaba leyendo El Profeta cuando llegó… Su visita no tiene nada que ver con lo de anoche ¿o sí? – Les preguntó subiéndose las gafas de montura redonda con gesto preocupado.

- Me temo que sí – En pocas palabras, el Director le resumió la situación, y el medimago resopló y se apartó un mechón de pelo blanco de las gafas.

- Entonces lo que quiere es que vaya a ayudar a su enfermera extraoficialmente, si le he entendido bien...

- Asumo toda la responsabilidad para con el Ministerio. Lo que le pediría es que se diera la mayor prisa posible. No sé cuánto tardarán en venir por él, ni la gravedad de sus heridas.

Poppy miró con desconfianza al recién llegado, pero ambos se compenetraron rápidamente, trabajando mientras el Headmaster conversaba a gritos con el presidente del Wizengamot.

Estaba el medimago Harvey haciendo una valoración del estado de sus órganos internos cuando Snape cerró bruscamente la comunicación desde la chimenea. A la vez, Poppy llegaba a su lado con una poción y un ungüento para soldar los huesos.

- Me temo que la poción servirá de poco – le dijo subiéndose las gafas y arqueando las cejas – Tendremos que inmovilizarle.

- ¿Por qué? – Preguntó sorprendida, porque nunca había escuchado un medimago que utilizara técnicas similares a las de los muggles.

- De todas las veces que he tenido que administrárselo, ya no le surte el mismo efecto – sopló - Al menos, ahora que está muerto Malfoy Sr ya no tendré que preocuparme por una fractura así a no ser que se caiga de un caballo o algo similar.

Snape, que había escuchado eso último, se acercó a ellos con una ceja alzada.

- No sé si le he entendido bien¿puede explicarme por qué ha dicho eso?– Le preguntó, y apartó la mirada para no ver cómo el medimago colocaba los huesos de sus maltrechos brazo y espalda.

- Soy ya muy anciano, Director Snape, y conocí a Mr. Malfoy cuando apenas era un niño. Nunca ha despertado mis simpatías por sus vinculaciones con Ya-sabe-quién, y no tengo idea de cómo o por qué le ha matado, pero lo que es seguro es que me alegro de no tener que ver más a su padre. Si no lo era, y permítame dudarlo, podría haber sido uno de los peores mortífagos por la cantidad de maldiciones y torturas que conocía – suspiró, y dejándole boca abajo hizo un conjuro con su varita sobre su cuerpo que terminó sobre una pared – Fíjense en esto; por eso la magia ya ni siquiera funciona con él como debería…

Por obra de su conjuro había en la pared una brillante representación del esqueleto de Malfoy, y a Snape no le hacía falta ser doctor para ver en él las fracturas curadas.

- Su padre le ha apaleado y maldecido brutalmente desde que los conozco, jactándose de ello en mi propia consulta incluso, por eso digo que ya no tendré que preocuparme por casos como éste.

Severus no apartó la vista de la pared mientras una conjetura daba vueltas insistentemente en su mente.

Recordó otros pasajes, otros momentos en sus vidas; heridas, indisposiciones, médicos y toda suerte de maldiciones que nunca le decía quién le había lanzado. Todo encajaba en terrible armonía con las palabras de Harvey.

Jamás, jamás padre e hijo se habían llevado bien, y Maximus siempre se había salido con la suya fueran cuales fuesen los deseos de Lucius. Severus siempre se había preguntado por qué no le chillaba a su padre todo lo que se lo hacía a él tras una de sus famosas discusiones en vez de bajar la cabeza y aceptarlo todo, pero ahora las piezas del puzzle encajaban como nunca; Lucius debía temerle tanto que nunca había sido capaz de defenderse de él, fuera lo que fuera lo que le ordenara hacer.

Fue él quien le obligó a secuestrar a la niña... y obviamente por eso no quería ir, para no darle más motivos después del aviso en la Mansión. Si fue él quien secuestró a Draco tiene sentido lo que dijo Narcissa de que era una cuestión estrictamente familiar... y también el hecho de que no le importara matar a Lucius siempre que mantuviera a Draco con vida para continuar el linaje Malfoy... ¿Pero por qué secuestrar a Draco¿Y por qué se rebeló Lucius precisamente ahora, después de tantos años, si todo apuntaba a que no podía enfrentarle...?

Lo único que no es seguro es que fuera él quien estuviera detrás de la Cámara Mágica de los Lores, aunque todas las pistas que hemos encontrado terminan en él. Quizá tenía a todos engañados... excepto a Lucius. Claro. Él sí sabía quién estaba detrás de todo, razón de más para tenerle amenazado de muerte... Maldita sea, ha sido él todo este tiempo¿Cómo es posible que se me pasara, si todo apuntaba en la misma dirección?

Pero Snape sabía la respuesta a su pregunta. Había estado demasiado centrado en Lucius como para pensar seriamente que Maximus tuviera un gran papel, él, que siempre había trabajado para el Señor Oscuro en la sombra y que no había dado nunca problemas…

Tengo que hablar con Narcissa inmediatamente…

- ¿Ha visto alguna vez al resto de la familia? – Preguntó al doctor, que seguía con sus quehaceres ayudado por Poppy, una vez terminadas sus reflexiones.

- Claro… Pero no así, si es a lo que se refiere. Claro que no sé si habrán ido a otros médicos.

- ¿Y su pelo? - Le preguntó finalmente, sucumbiendo a su curiosidad.

- Mr. Malfoy es moreno. Posiblemente alguien haya usado un poderoso finite incantatemcon él y el conjuro que usa para llevarlo rubio se haya deshecho. No me pregunten por qué, pero siempre he tenido la sensación de que odiaba su pelo oscuro porque le hacía parecerse más a su padre.

Durante unos momentos Severus arqueó una ceja y Poppy le miró con los ojos bien grandes, y el medimago se encogió levemente de hombros y continuó con su trabajo.

- Gracias, Mr. Harvey – le dijo el Director al poco planeando mentalmente la visita inmediata a Malfoy Manor – Me ha sido de gran ayuda.

- No me las dé. Sólo he respondido a sus preguntas. Pero quiero que quede claro; mis respuestas no implican que no piense que Mr. Malfoy debía llevar años en Azkaban pagando por sus crímenes...

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En el siguiente (y último bonus) ... sabremos lo que pasó en Malfoy Manor.