NdA: Gracias como siempre por leer y comentar!
Capítulo 11 El baile de disfraces
Las primeras decoraciones de Samhein habían hecho su aparición el sábado por la tarde, pero el domingo por la mañana el castillo apareció engalanado en todo su esplendor. Scorpius se despertó de buen humor, se aseó mientras bromeaba con sus amigos, se vistió y bajó a desayunar con los demás. Violet, para diversión de todos excepto Diana, encontraba aquella festividad muy intimidante y tenía miedo de que ocurriera algún terrible incidente de magia negra. Damon fue incapaz de resistirse a la tentación de intentar asustarla aún más y se ganó un empujón de Diana que casi lo estampó contra la pared, cosa que no le hizo ninguna gracia ni a él ni a Britney. Cuando llegaron al Gran Comedor, Scorpius estaba poniendo paz entre ellos.
-Vamos, Diana no quería darte tan fuerte. Es que a veces no controla bien su fuerza. Es como ese muggle del que nos habló la profesora Blackcrow, ese amigo suyo que cuando se enfada se vuelve verde y lo destroza todo.
-Ese es Hulk y no es un amigo suyo –replicó Britney, con voz áspera-. Ni siquiera existe, es un personaje de un cómic.
-Oh, ya decía yo –exclamó, olvidándose por un momento de sus labores pacificadoras-. Me extrañaba un poco que un muggle pudiera hacer algo así, no creas, pero bueno… pensé que igual era un squib.
-Bueno, todos podemos descontrolarnos –dijo Damon, en tono ligeramente amenazador.
Diana frunció el ceño, pero permaneció en silencio y se sentó en su sitio. Los demás hicieron lo mismo y Scorpius esperó que el desayuno sirviera para aclarar el ambiente. No le apetecía pasar aquel día de fiesta preocupado por sus amigos, sino riéndose con ellos y achuchándose con Albus quien, por cierto, todavía no había llegado al Gran Comedor. Seren sí que estaba allí, sentada junto a su amiga Ginny. Y Mei también, leyendo un libro.
Albus fue en realidad casi el último en llegar, precedido de dos Gryffindor de primero con aire enfurruñado; iba con Rose y parecía algo acalorado, como si hubiera pasado algo serio. En cuanto se sentaron, el desayuno apareció sobre las mesas y Scorpius se dispuso a dar cuenta de sus salchichas y sus tostadas con mermelada. Ya le preguntaría después qué le había retrasado.
Tal y cómo esperaba, el desayuno y la conversación sobre los disfraces sirvió para aclarar un poco el ambiente entre los de su curso. Había algunos estudiantes notables que habían sido muy reservados sobre sus disfraces, como Spencer Arrow o los dos Premios Anuales y corrían los rumores sobre ellos, y también se especulaba sobre si los profesores iban a disfrazarse o no. Scorpius sabía que al menos Ted Lupin lo haría porque él mismo se lo había contado: iría de Victor Krum y pensaba metamorfosearse y todo para conseguir el parecido.
Cuando terminó el desayuno se acercó a Albus y le dio un beso.
-Eh, ¿qué ha pasado? ¿Por qué has llegado tan tarde a desayunar?
-Nada, una tontería.
-Albus… -dijo, recurriendo a su nombre completo para que viera que no se dejaba engañar.
-Bueno, pero no hagas nada, ¿eh? Rose y yo ya lo hemos resuelto. Ni se lo digas a nadie.
-Claro.
-Por si acaso.
-Bueno, ¿qué ha pasado? ¿Han degollado a alguien o qué?
Albus se acercó aún más a él para que nadie pudiera escucharles, un movimiento al que Scorpius no tenía nada que objetar.
-¿Esos de primero que has visto? ¡Los muy tarados querían disfrazarse de mortífagos! –Scorpius soltó una exclamación de sorpresa-. Louis, mi primo, se ha enterado de casualidad y me lo ha dicho hace un rato, cuando bajábamos a desayunar. Rose y yo los hemos enganchado y los hemos hecho confesar. No sabían qué tenía de malo. De verdad, qué críos. Tenían las máscaras y todo. ¡E iban a tatuarse una Marca Tenebrosa!
Scorpius tuvo que taparse los ojos con la mano un momento ante tanta insensatez.
-Ay…
-Menos mal que los hemos pillado a tiempo. ¿Te imaginas si llegan a entrar vestidos en el Gran Comedor así?
En el mejor de los casos, el gesto habría sido de un mal gusto lamentable. En el peor de los casos, si los hubieran confundido con auténticos mortífagos a pesar de que ninguno era tan alto como un adulto, alguno de ellos podría haber salido gravemente herido.
-¿Qué les habéis dicho?
-Uf, de todo. Que si eran idiotas, que si querían que los mataran… Imagínate. Y ni se les había pasado por la cabeza. Lo que más les preocupaba era que se habían quedado sin disfraces. Rose les ha sugerido que se disfracen de dementores, así pueden utilizar las capas.
El día pasó lentamente, aunque eso a Scorpius no le parecía un motivo de queja, no cuando era un día de fiesta. El único incidente fue que encontraron a unos Slytherin de primero, entre ellos a Cainan, el hermano de Damon, tratando de aterrorizar a unos compañeros suyos de Hufflepuff con historias sobre lo que supuestamente sucedía en Hogwarts durante Samhein. Scorpius les riñó y los alejó de allí con ademán imperioso. Albus, mientras tanto, trataba de tranquilizar a los Hufflepuff. Scorpius no pensaba que tuviera el talento de Seren ni nada de por el estilo, pero con eso de que era el hijo de Harry Potter y se parecía tanto a él había mucha gente que se lo tomaba muy en serio, especialmente entre los pequeños.
La cena se sirvió un poco antes de lo habitual y entonces todos corrieron a sus Salas Comunes para prepararse. Scorpius se dio una ducha y después, envuelto en una toalla, sacó cuidadosamente su disfraz y lo dejó sobre su cama. Iba de vampiro, pero no de cualquier vampiro, sino del terrible Orín, que había sembrado de terror el norte de Europa desde el siglo V hasta el XII. Llevaba unos pantalones oscuros, una camisola marrón sujeta a la cintura por un cinturón de cuero y se cubría los hombros con una imitación de la célebre capa del vampiro Odín, hecha de piel humana y de lobo.
Cuando salieron del dormitorio se encontró en la Sala Común con Cassandra y sus amigas, las tres disfrazadas de espectros, con túnicas plateadas de bordes rasgados y un hechizo que hacía que su pelo y su piel tuviera el mismo color que sus túnicas. Scorpius tuvo que admitir que el efecto era muy bueno.
-¿Quién os lo ha hecho?
-Ramla, la de sexto. ¿A que está genial?
Por allí se veían también vampiros, un Grim, algún Salazar Slytherin, dos o tres fantasmas poco logrados, jugadores de quidditch, sanadores, momias, dos Muertes y personajes históricos o de historias famosas, como Babbitty Rabbitty. Arrow, que tan celosamente había protegido su disfraz, iba de rey Arturo, el único muggle que formaba parte de las leyendas mágicas, con una cota de malla y una espada que medía lo menos un metro.
-Venga, vamos –dijo Damon.
Scorpius asintió, deseoso de reunirse con Albus, y él y sus amigos recorrieron el laberinto de pasillos en dirección al castillo. Una vez allí caminaron hasta el vestíbulo. El ambiente allí era similar al que había en la Sala Común de Slytherin porque nada más llegar se cruzaron con una cuadrilla de Ravenclaws compuesta de más vampiros, más fantasmas, algún auror y un Harry Potter, con sus gafas redondas y su cicatriz en la frente. De camino al Gran Comedor aún se encontraron con otro Harry Potter más, esta vez de Hufflepuff.
-En serio, debe ser muy raro ver a gente disfrazada de tu propio padre –comentó Scorpius, sin dirigirse a nadie en particular.
-Yo me disfracé una vez de Harry Potter, cuando era pequeño –dijo Watson.
Todos se giraron hacia él.
-¿¡Qué!?
-No sabía que iba a ir a Slytherin –se defendió.
-Colega, no tendrías que habérnoslo dicho –masculló Damon-. Qué mal rollo. Si ya me costaba respetarte ahora es imposible.
-No está tan mal –dijo Scorpius, sintiéndose obligado a defender al señor Potter. No era sólo porque fuera el padre de Albus; eso sólo no habría sido una razón de peso. Se acordaba del día que habían pasado en su casa, hablando con el cuadro de aquel nuevo pariente Black, y de cómo le sonreía a él con afecto cuando le veía-. O sea, cuando no te registra tu casa ni te interroga con veritaserum. Y todos nos alegramos de que se cargara a Voldemort. Pero disfrazarte de él… En serio, William, ten un poco de instinto de supervivencia, hombre.
Entonces entraron al Gran Comedor. Las mesas, como siempre que había un evento similar, estaban arrinconadas contra la pared para dejar espacio libre en el centro y del cielo estrellado del techo colgaban murciélagos, velas encendidas y calabazas con muecas. Scorpius oteó la multitud en busca de piratas para localizar a Albus y lo vio con sus amigos, hablando con su hermana, que iba de rockera, de una de las Brujas de Macbeth. Pero quien atrajo su atención fue un chico que había con ellos, vestido inconfundiblemente como Hagrid. El disfraz era perfecto: los pelos largos, la barba, la enorme tripa, la ropa… De lejos, sólo se diferenciaban por la estatura. Scorpius rió al verlo, divertido. No sabía si al verdadero Hagrid iba a hacerle gracia, pero a él le parecía una gran idea y se acercó a saludar a Albus y averiguar quién se escondía debajo de todo ese pelo.
-Eh, Scorp –dijo Albus.
Scorpius le dio un beso.
-El joven Malfoy –exclamó el falso Hagrid, imitando su cerrado acento-. ¿Quieres ver mi cría de nundu? Es una monada. Seguro que a McGonagall no le importa que lo tenga en el colegio.
Entonces le enseñó un cachorro de león de peluche vagamente familiar. Scorpius se echó a reír y fijándose mejor, reconoció por fin al chico que tenía delante.
-¿James? –Claro, aquel era Simba, el peluche que Albus aún guardaba en su dormitorio.
-¿A que es un disfraz genial? –dijo Lily, mirando a su hermano mayor con orgullo.
Scorpius asintió, pensando que si ella y Albus estaban tan sonrientes es que confiaban en que Hagrid fuera a tomárselo bien.
-¿Ya te ha visto Hagrid?
-Todavía no –contestó James con su voz normal.
Scorpius decidió que eso era algo que no quería perderse y se quedó remoloneando por ahí, observando a los demás. Seren tenía un aspecto magnífico con su disfraz de Leonor de Cavensham y el de Mei también era bonito, aunque no podía decirse que lo llevara con mucha gracia. Había cinco Harry Potters hasta el momento, dos Dumbledore y varias versiones de los Cuatro Fundadores. Y estaba claro que los profesores iban finalmente a acudir disfrazados, ya que los que ya estaban allí lo habían hecho bajo un disfraz. Ninguno de éstos había ido a reñir a James, así que de momento todo iba bien.
-Ahí viene –dijo Amal.
Scorpius miró y vio que, efectivamente, Hagrid acababa de entrar en el Gran Comedor junto con Longbottom, McGonagall y Flitwick. El gigante iba disfrazado de Sauce Llorón, lo cual no dejaba de ser ingenioso, eso Scorpius tuvo que admitirlo. Al principio simplemente caminaron entre los alumnos, sonriendo y observando los disfraces; estaba claro que todavía no habían visto a James. Y McGonagall, que llevaba simplemente un antifaz, fue la primera en hacerlo. Scorpius se dio cuenta de cómo fruncía el ceño de repente y se encaminaba hacia James. Hagrid vio lo que pasaba casi de casualidad y la siguió hasta llegar también junto a James. Para sorpresa de Scorpius, a quien no le quedó más remedio que admirar su descaro, el hermano de Albus saludó a la directora con su mejor imitación de Hagrid.
-Profesora McGonagall, me alegro de verla. Casi no la reconozco con ese antifaz. Si ha oído por ahí que tengo un cachorro de nundu en mi cabaña quiero que sepa que es mentira, yo nunca haría algo así, se lo prometo. –Y mientras decía eso, se las apañó para dejar ver un poquito del peluche.
Scorpius tuvo la sensación de que la directora de Hogwarts luchaba para no sonreír, pero detrás de ella, Hagrid estalló en carcajadas.
-¡Menudo sinvergüenza estás hecho!
McGonagall meneó la cabeza.
-Vaya ideas tiene, señor Potter.
Con eso, se fueron; estaba claro que les había hecho gracia. Ahora Albus y Lily miraban a James como si fuera un héroe. Y Scorpius tuvo que admitir que también sentía un poquito de simpatía por él.
Disfrazarse era un poco como contar una buena historia y dejarse llevar por los personajes. Igual que en esas ocasiones se olvidaba de sí misma y se sentía como ellos, Seren también se sentía un poco como Leonor de Cavensham así vestida, valiente y aguerrida. La ropa, desde luego, tenía su propia magia.
Se lo estaba pasando bien, riendo con sus amigos, bailando y bebiendo cerveza de mantequilla, disponible para todos los alumnos de tercero para arriba. McGonagall estaba intentando compensarles por la ausencia de visitas a Hogsmeade, de veras que lo estaba intentando… Y la mayoría de la gente parecía estar disfrutando tanto como ella; era genial ver tantas caras felices a su alrededor. Por supuesto, Mei pertenecía a la minoría que permanecía apartada, observando a los demás sin participar, pero eso era lo que la propia Mei quería, así que no había mucho más que hacer: Seren había tratado de convencerla un par de veces para que saliera a bailar con ella y todo lo que había recibido a cambio habían sido miradas de horror.
Bueno, que Mei se horrorizara todo lo que quisiera, a ella sí le gustaba bailar y pensaba hacerlo mientras durara la música. Pero después de una pieza especialmente movida se encontró sudorosa y sedienta, así que se fue con Ginny a por algo de beber a una de las mesas.
-Eh, Seren…- Ese era Amal. Seren le sonrió, contenta al ver que él ya parecía otra vez completamente cómodo con ella. Había costado algún tiempo-. ¿Has visto a Albus?
Seren soltó una risita.
-Él y Scorpius se han perdido hace un rato. Deben de estar celebrando su aniversario. Nos vamos a beber algo, ¿te vienes?
-No da igual. Hasta luego.
Amal se perdió entre los demás estudiantes y Ginny y ella prosiguieron su camino. Cuando llegaron a la mesa, Seren cogió rápidamente una de las jarras de cerveza y le dio un par de largos tragos.
-Ooh, qué buena. Me moría de sed.
Vale, inconveniente de la seda y el cuero: daban un calor de la muerte.
-Nos tendrían que dar mañana la mañana libre y dejarnos celebrar Samhein de verdad, ¿a que sí? –dijo Ginny.
-Bueno, no me importa que nos quiten clases –contestó Seren-, pero ¿cómo quieres que lo celebren? No van a hacer ceremonias en serio con todos estos críos. Ni siquiera sé si quiero que hagan ceremonias en serio. ¿Quién quiere ver a los muertos? A mí me daría miedo.
-No sé, a mí no me importaría ver a mi tatarabuelo. Era muy simpático y…
Entonces Seren recibió un empujón y parte de la cerveza que todavía tenía en la jarra se le cayó encima del disfraz.
-¡Mierda!
-¡Ay, perdona! –Seren se dio cuenta de que se trataba de James Potter-. Ha sido el idiota de mi primo Fred, que me ha empujado. ¿Te he manchado?
-Pfffff… -Fue toda la respuesta de Seren, porque la mancha, de un palmo de grande, era evidente.
James sacó su varita.
-Espera, yo te lo arreglo.
-¡No! –chilló, horrorizada.
James se quedó como paralizado.
-Sólo iba a lanzarte un Fregotego –dijo, con un tono de voz algo extraño.
Seren se fijó en él y pudo ver que debajo de la peluca y de esa enorme barba estaba rojo como un tomate.
-Ya, ya… Pero es que es seda –le explicó-. Un Fregotego en la seda es… es que la destrozas. –Y en ese momento se dio cuenta de que había dos o tres alumnos mirándoles con cierta desconfianza, como si no estuvieran seguros de qué estaba pasando ahí. Esa desconfianza estaba claramente dirigida hacia James. Seren comprendió por fin que su grito de horror había sido malinterpretado por ellos, incluso por el propio James y se sintió apurada porque esa no había sido su intención. Lo único que se le ocurrió fue seguir hablando con él para que todos vieran que lo que había pasado no tenía la menor importancia–. Las manchas de la seda se quitan con un Inmaculatis muy, muy flojito. ¿Ves? Hay que hacerlo con cuidado.
Y se lo demostró. La mancha desapareció y luego ella secó la humedad, dejando el faldón de la túnica como nuevo.
-Ya veo –dijo James-. Bueno, siento el accidente.
-No pasa nada, se ha arreglado en un momento. –Pero la situación todavía parecía muy incómoda y ella de verdad quería que vieran que no tenía nada en contra de James, que tanto estaba ayudando con la obra y sin pensarlo añadió-. ¿Quieres bailar?
En cuanto las palabras escaparon de su boca, se sintió un poco avergonzada. ¿Por qué había dicho eso? Podía sacar a un chico a bailar si tenía mucha confianza con él, como con Albus y Scorpius; en esos casos, estaba claro que se trataba simplemente de divertirse. Pero a James no lo conocía tanto, aunque hubieran pasado más tiempo juntos gracias a la obra de teatro y le daba mucho corte que se le ocurriera pensar que estaba interesada en él de otra manera.
-Claro, vamos.
Entonces fue con James hacia el centro del Gran Comedor y se pusieron a bailar. James no era tan buen bailarín como sus hermanos, pero se defendía bien. Poco a poco. Seren se relajó: nadie parecía a punto de señalarla con el dedo y acusarla de querer casarse con James.
-Tanto pelo debe de dar mucho calor –dijo, divertida, viendo que de vez en cuando James se lo apartaba de la cara con expresión de agobio.
-No te lo puedes ni imaginar. La barba me está matando. No sé cómo Hagrid lo resiste.
-Pues quítatelo ya.
-Nah, he de aguantar hasta el final.
-La función debe continuar. –James la miró con cara de haberse perdido-. Es una cosa que dicen los actores. Pase lo que pase, la función debe continuar.
-Bueno, vale, algo así. –Sonrió un poco-. Realmente estás chiflada por todo eso del teatro, ¿eh?
-Sí.
-¿Vas a ir a la Academia de Teatro cuando dejes Hogwarts?
-Seguramente. Pero has de pasar un examen para entrar, así que no depende sólo de mí.
-¿Un examen? ¿De qué tipo?
Seren le estuvo hablando de la Academia de Teatro y luego James le habló de la Academia de Aurores. Albus ya había mencionado alguna que otra vez que aquel era el futuro que su hermano deseaba, pero alguna indirecta velada de James hizo que Seren comprendiera que no estaba seguro al cien por cien de ir a ser admitido.
Después de un bailar un par de canciones, los dos se fueron a seguir hablando. Seren se dio cuenta de la mirada interrogativa y sonriente que le dirigía su amiga Ginny, como preguntándole si había ligado con James Potter. Le pareció un poco tonto plantearlo en esos términos. Conocía a James, era el hermano de Albus, había estado en su casa por su cumpleaños, ahora trabajaban juntos en el club de teatro. No tenía nada de raro que hablaran un rato. Y sí, tenía una cara simpática, con aquel pelo rojo y alborotado, y las pecas; se parecía a su madre, como Lily, y Ginny Potter era una mujer muy guapa. Pero eso no significaba que a ella tuviera que gustarle. Se lo estaba pasando bien charlando con él, eso era todo.
Mientras bebía un poco de ponche de Samhein, Teddy observó atentamente a Urien. ¿Era pronto para ver si su idea de apuntarlo al club de teatro funcionaba? A algunas personas les ayudaba poder expresarse a través de otras personalidades, de otras voces.
En ese momento, al menos, Urien y Amal estaban riéndose y haciendo el tonto con otros chicos de Gryffindor. Parecía bien ajustado, feliz. Por una vez no estaba pendiente de su hermana Penny, que andaba por ahí con sus propias amigas. Los dos tenían todavía secuelas de lo que habían pasado, pero las estaban superando, estaban aprendiendo a convivir con ellas.
Y lo mismo, más o menos, podía decirse de las docenas de niños que habían perdido parientes en los ataques de Windfield, del mercado, de Azkaban… Algunos mejor que otros, con ayuda de pociones o sin ellas, pero todos seguían adelante o lo intentaban.
-Estás tan serio que no sé si avisar a los aurores y decirles que eres un intruso con multijugos, Lupin.
Teddy salió de su ensimismamiento y sonrió al ver a su lado a Rebeca Warbeck. Iba vestida de doxy, con unas alas membranosas y negras pegadas a la espalda y un vestido verde y negro que le sentaba de fábula.
-Eh, eso me ofende –dijo, haciendo que su rostro dejara de tener el aspecto de Krum-. Soy una de las personas más profundas de Hogwarts.
-Ja, eso ha estado gracioso.
-Le haré saber, señorita Warbeck, que está demostrado que los Hufflepuff somos las personas más sabias de todo el mundo mágico. En vez de perder el tiempo con tonterías nos dedicamos a vivir nuestras vidas tranquilamente y a no meternos en líos. –La señaló con el dedo-. Esa es la clave de la felicidad.
Rebeca hizo un mohín.
-No meterse en líos, qué aburrido. La vida no vale la pena vivirla si no puedes conspirar un poco de vez en cuando.
Teddy sonrió, consciente de que, como mucho, Rebeca podía conspirar para que los Slytherin sacaran buenas notas en Pociones.
-Bueno, eso puede arreglarse, depende de lo que pretendas. Al fin y al cabo, ya sabes cómo somos los Hufflepuff, Warbeck. Ingenuos. Fáciles de manipular.
Ella se mordió los labios para no sonreír también y Teddy tuvo la impresión de que aquella noche podía ser, por fin, la noche en que Rebeca se cansara del coqueteo y aceptara sus insinuaciones.
-Lupin, puede que seas un ingenuo para algunas cosas, pero para otras tienes más peligro que un elfo en una fábrica de cerveza de mantequilla.
Teddy se echó a reír.
-Vamos, esa es una acusación sin fundamento. ¿No deberías comprobarlo por ti misma? –le preguntó, recorriéndola con los ojos.
Esta vez Rebeca sí sonrió y le repasó el cuerpo de arriba abajo con el mismo descaro.
-No sé, ¿qué clase de prueba tienes en mente?
Teddy se inclinó hacia su oreja y deslizó un dedo por su muñeca, por el dorso de su mano.
-Podríamos ir a mi habitación y ver qué se nos ocurre –murmuró, notando con placer cómo Rebeca se estremecía ligeramente.
-Creo que empiezo a tener algunas ideas.
-Estoy deseando oírlas.
Rebeca esbozó una sonrisilla y echó a andar hacia la puerta del Gran Comedor. Teddy, feliz y caliente, fue tras ella.
Blaise curvó los labios con desprecio cuando vio salir a Rebeca Warbeck tras Lupin. Le decepcionaba que una Slytherin capaz y sensata se dejara embobar por ese cantamañanas.
-La verdad, pensaba que Warbeck tenía mejor gusto…
Arcadia, que estaba a su lado, meneó la cabeza. Iba disfrazada de cazavampiros, con una tira de estacas cruzada a su espalda y una cota de malla que le llegaba hasta los muslos. En ese momento parecía un chico más que nunca. Él no se había disfrazado y sólo se había dejado caer por la fiesta para que todos tuvieran claro que no se estaba escondiendo.
-Vamos, no me digas que nunca te ha dado morbo averiguar si tiene azul el pelo de todo el cuerpo.
-Por supuesto que no –dijo Blaise, despectivo-. Nunca he entendido por qué tiene tanto éxito con las mujeres.
Ella se rió entre dientes.
-No esperaba que fueras tan inocente.
Blaise la miró, un poco ofendido.
-¿A qué te refieres?
La expresión de Arcadia, condescendiente y burlona, no le estaba haciendo mucha gracia.
-Recuerdas que Ted es metamorfomago, ¿verdad? –Le dio un ligero codazo-. ¿No le ves potencial a un amante que puede volver cualquier parte de su cuerpo más grande y gorda?
Blaise comprendió al momento lo que quería decir y luchó por disimular su conmoción. Ni se le había pasado por la cabeza, claro, como si no tuviera cosas más importantes en las que pensar. Arcadia se estaba riendo entre dientes y él tuvo que admitir que se había quedado sin palabras, quizás porque no sabía si envidiarlo o tenerle aún más manía.
-Sigue sin interesarme –dijo al fin.
-No creo que él vaya a ofrecértelo –replicó ella, encogiéndose de hombros.
Roger Davies se acercó a sacar a bailar a Arcadia y ella se marchó, dejando a Blaise solo y algo aburrido. Tenía lo de su madre en la cabeza y no estaba de humor para fiestas. No muy interesado observó a Scorpius y Albus entrando en el Gran Comedor de la mano; sólo con mirarles a la cara se notaba lo que habían estado haciendo. Cuando se dio cuenta de que le estaba irritando ver tanta gente feliz decidió que era mejor volver a su dormitorio. Él tenía su propia fiesta de Halloween, ¿no? Una madre que usaba magia abominable para asesinar maridos, una madre que podría terminar muerta o dementorizada. ¿Había algo más macabro que aquello?
Mientras salía del Gran Comedor, se dijo que probablemente no.
