Para llevar adelante el plan, primordialmente necesitaba la oportunidad justa. Así también dejar de tener que perder mi valioso tiempo con esta mujer. Pero no podía negar mis sentimientos encontrados. Por un lado, pensé en ofuscarla en cuanta oportunidad hubiese tenido a mano. Por el otro, resulta un alivio tener que apenas supervisar sus estudios. La facilidad con la que lee los manuscritos y comprende los hechizos es impresionante. Sin embargo, y en lo que respecta al manejo de las artes místicas, dista mucho de poder lograrlo.
El cansancio va haciendo mella en ella, por otro lado la luz de la lámpara de aceite va menguando, y el ambiente hace propicio el descanso. Me conmueve observar como intenta mantenerse despierta, es realmente cómico ver como se pellizca las mejillas, adquieren ese tinte sonrosado, que se acentúa con la escaza luz. Realmente está muy cansada, si es que el sueño no logró vencerla aún. Varios mechones caen pesados sobre su rostro, o a menos que pueda leer a través de ellos, sus ojos ya están cerrados.
Me acerqué con cautela hacia donde se encontraba la chica. No quiero despertarla. Para ser las primeras lecciones, trabajó arduamente, y eso es algo por lo que no puedo reprocharla. La pequeña llama de la lámpara forma sombras en su rostro, que en tanto la hacer ver seria y en otras un sueño hecho realidad. Su respiración acompasada, sus largas pestañas, sus cejas castañas, su rostro libre de maquillaje. Atem es un maldito con suerte. Me tomé el atrevimiento de colocar uno de sus rebeldes mechones tras su oreja, y apenas reaccionó. La fatiga triunfó.
Al tomarla en brazos el último destello de luz había muerto, por lo que terminé sumido en la oscuridad con esta muchacha en brazos. Resulta liviana, cual pluma y su piel suave al tacto. Sus ojos, azules como los míos, el Nilo está reflejado en nosotros, en tanto que en el caso de mi primo y de mi difunto tío el firmamento. Somos un mero reflejo. Los corredores, pasajes y escalinatas del palacio los conozco suficientemente bien que puedo moverme entre sus recintos sin luminosidad alguna. En cierto sentido el palacio resulta un lugar desierto, puesto que toda la guardia está apostada en las murallas del palacio y en las entradas de las tumbas. Apenas se percibe señales de vida a mí alrededor.
La biblioteca de Atem se encuentra bien abastecida de libros sagrados y copias, por lo que no hubo necesidad de llevarla al templo. Todo ello resultó ser una ventaja al momento de regresarla a sus aposentos, casualmente ubicados al lado de los del faraón. Bastardo con suerte. Aunque resulta innegable, su madre, que murió muy joven, no pertenecía a la casta real o sacerdotal. Era una completa extranjera, pero tío sucumbió a sus encantos. Los pocos recuerdos que tengo de la difunta reina son gratos. Y en cierto sentido, esta muchacha se le parece. No tendrá una gota de realeza en su sangre, pero tiene sus agallas e inteligencia, sumado a su fuerza de voluntad, es un buen partido para Atem.
Las puertas de su habitación se encontraban abiertas de par en par. Ingresé al recinto sin mediar palabra, aunque un par de ojos perforaban mi nuca. La recosté suavemente cobre la cama y cubrí su cuerpo con la sábana de lino, que estaba prolijamente doblada a sus pies. Es hermosa, verdaderamente bella. Pero le corresponde a esta otra persona, a quién le soy fiel y he de servirle hasta el final. Supongo que me excedí al quedarme contemplando la figura durmiente de esta mujer, o por el hecho de traerla en mis brazos o si quiera haberla retenido para mí toda la jornada, desde los primeros destellos de Ra hasta que las últimas energías de su cuerpo se acabasen. Y ahora, si él pretendía una conversación amena con la muchacha, se vería frustrada, esta y las próximas noches por acontecer. Pero él me lo pidió.
-Mañana, al amanecer iniciaremos los entrenamientos- esa comunicación detuvo mi retirada. Sabe que soy una persona de pocas palabras, con lo que un leve asentimiento bastaría – Setho… -tal vez me equivocaba, pero…- sabes que encontrarás a esa persona y que no falta mucho, pero no es ella –Atem estaba a mis espaldas, mirándome con mucha intensidad. Ese sueño que tengo de forma recurrente, él lo conoce. Sabe lo que significan los ojos azules para mí. Por sobre todo, él sabe que… -Tú me dirás si puedes o no seguir con su entrenamiento e instrucción –él lo sabe bien. Desde que esta mujer apareció he dejado de tener ese sueño. No cruzamos más palabras y me retiré.
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El viento sopla directo a mi rostro. Los rumores se acrecientan. Varios paisanos dicen haber visto en las noches una criatura alada blanca, y que cada noche sobrevuela un área distinta. No ataca, solo vuela en círculos y al amanecer desaparece. De Bakura se sabe poco o nada, sigue oculto, pero no ha de pasar mucho hasta que reaparezca. Mahado, en cierto punto fue un incauto al permitir semejante profanación, pero por otro lado hay algo que él culta, y no es traición. Un grado de culpa importante carga ese sacerdote sobre sus hombros. Pero de haber sido el faraón, no la hubiera dado ninguna oportunidad más.
Todas las noches la buscaba, y podía encontrarla. Pero desde hace un tiempo… Tez blanca, ojos azules, por qué dejaste de perseguirme? Por qué no me atormentas con tus dulces visones? Si es cierto que no es ella, por qué no apareces? Es una de las pocas veces que me siento en paz, cuando te encuentro y disfruto aunque apenas te veo, en una imagen tan borrosa. Tal vez soy un gran estúpido, que profesa tiernos sentimientos a una mera ilusión. Tal vez eso soy. Tal vez deba vivir con el recuerdo de esa ilusión.
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Ra está en su punto máximo, si pudiera convocar a Galestgoras y destruir todo cuanto estuviese cerca de mío. Perder ante un pequeño y diminuto monstruo y que hubiese hecho presenciar ello a esa muchacha, Anzu, humillante. Merecido o no, logré mi propósito. Pero todo parece tener un alto costo. Luego del entrenamiento Mahado fue a terminar de concretar los rituales fúnebres para el difunto faraón. Pero Isis no pudo predecir nada de lo que acontecería en los amaneceres siguientes. El mago oscuro se erguía en una inmensa tabla frente a nosotros. Él sabía que tan solo había dos salidas, aniquilaba a Bakura o moría él. Lo supo desde el inicio.
Atem me dio la venia para recorrer la ciudad con Shada. La muerte del sacerdote portador del anillo sagrado catapultó mi plan. Encubiertamente lograré el objetivo principal, aunque resultó un poco frustrante no obtener ningún espécimen interesante. Sin embargo, uno de los bandidos que atrapamos habló que sería juzgado por el dios dragón blanco. Lo único destacable de toda la pesquisa fue eso, puesto que su corrupto Ka era completamente insignificante.
Cerca de nuestra locación pudimos escuchar un disturbio, la cacería debería quedar pospuesta, pues es más importante mantener la paz en el reino. Varios hombres se reunían en una ronda, tirando piedras y profiriendo insultos a algo que yacía en el centro de aquél amontonamiento. Al percibir nuestra llegada todos dieron lugar para que pasásemos.
La escena era desafortunada. Una mujer, cubierta de heridas y polvo, mojada por un baldazo de agua que le propiciaron los hombres que ahora se dispersaban, yacía en posición fetal sobre el suelo. Solo pedía algo para beber. Por sus raídas ropas, hacía tiempo que viajaba o mendigaba. Era foránea, sus cabellos plateados y tez pálida la delataban. Su figura era frágil. Ordené que le proporcionaran algo de beber. Sus características físicas no eran óbice para semejante flagelo. Llevarla al palacio sería lo correcto, merecía un buen descanso. La interrogaría una vez que recuperase energías.
Algo sucedió, pues al aproximarse a la chica, Shada reaccionó súbitamente. Eso era descomunal en él. Su mirada estaba desencajada. Si era cierto lo que él observaba en ella, Atem no debía enterarse de nada de lo que sucedió en ese momento. De lo contrario, esta valiosa oportunidad la perdería para siempre. Shada prometió guardar silencio y los guardias, mis servidores, otro tanto. Esto no es traición, es mera estrategia. Si se quiere respeto, se necesita poder, y así consolidar el puesto de sacerdote que uno ostenta.
Me reuniré con mi padre y le mencionaré la nueva noticia. Encontré el Ka que podrá equiparar, No! Incluso superar a los dioses. En mis venas vibra la emoción. Saber que tendré el poder para enfrentar a cualquiera, incluso a Atem. Nuestros poderes se verán igualados. Pero no por mucho tiempo. Hay sacrificios que valen cada vida. Y esa muchacha no es la excepción.
No es grato ver la expresión impactada y decepcionada de mi propio padre. Aunque lo dejé atrás, saliendo del recinto, no dejo de percibir su desasosiego. Es como si en vez de enorgullecerse de los logros que estoy obteniendo, se estuviera mortificado con cada cosa que le anuncio. Resulta triste verlo así. Pero ahora debo concentrarme en lo que ya di inicio, y verificar como se encuentra la muchacha. El informe de los médicos es favorable, le bastará dormir y reponer energías. Tez blanca, de ojos azules con un Ka dragón, de poder inmensurable. Es irónica la vida, pues los dioses le brindan a este ser tan frágil un poder tan grande y a los demás seres farsas del mismo. Es increíble que semejante criatura haya podido soportar tanto.
Una de las cosas que menos soportaba era ser interrumpido en mis pensamientos. Pero en el instante que escuché el nombre Akhenaden, mi ser se alertó. Alguien había atacado el Santuario de Wedju. Lo primero que me vino a la mente fue Bakura y Mahado.
