CHAPTER ELEVEN
- ¡Rose, si fuese hombre, te pediría matrimonio! – rió Alice.
Rosalie no respondió, se limitó a observar a la muchacha al otro lado de la tienda.
- ¿Rose estás bien? – Alice preguntó chasqueando los dedos delante de la cara de la muchacha.
- S-si... ¿podemos pagar el vestido de Bella e irnos de aquí? – pidió.
- ¿Y los vestidos de damas de honor? – preguntó Bella.
- Hay una tienda por aquí cerca que tiene unos vestidos geniales. – Kate dijo cerrando el probador para que Rosalie se cambiase.
Dentro del probador, Rosalie se quitaba el vestido muy rápido. Lágrimas comenzaban a formarse en sus ojos.
Cuando Salió del probador, Alice la esperaba. Bella y Kate, pagaban el vestido.
- ¿Rose, estas bien?
- Si, si. De maravilla. – ella respondió sonriendo y secándose las lágrimas antes de que cayesen
Rosalie dio pasos largos hasta la puerta. Para su desgracia, tendría que pasar frente a la muchacha para salir de la tienda.
- ¿Rosalie? – Esta la llamó.
Rosalie se detuvo en mitad del camino, de espaldas a la chiquilla. Inhaló profundo y se giro sobre los talones. Forzó una sonrisa en el rostro y respondió.
- Irina, ¿no?
- Exacto. Qué bien que lo recuerdes. – la rubia sonrió. – ¿Te sientes bien?
- Genial, estupendamente. – Rosalie la observaba. – Bien, veo que estás ocupada. Entonces. Creo que es mejor que me vaya, todavía tenemos muchas cosas que hacer. – dijo seria, sin dejar de mirar el vestido. Sonrió superficial y continuó. – Felicitaciones para ti y... Emmett. – dijo en un susurró débil.
Irina la encaró asustada y la impidió de abandonar la tienda.
- No, no. Mi hermana va a casarse. Estaba probándomelo por diversión. Emmett y ya no... Ya no estamos juntos. – Irina dijo mirándose las manos.
- Ah... – fue todo lo que Rosalie pudo decir.
- ¿No quieres saber por qué? – Irina preguntó.
Por dentro, Rosalie estaba muriendo por saber el motivo. Pero no debía preguntar. No era de su incumbencia.
- No me deben explicaciones de lo que hacen o dejan de hacer. – Rosalie dijo secamente.
- Pero yo quiero decirlo. – Irina la miró a los ojos. – Sabes... – comenzó a decir nerviosa. Era irritante la forma en que Rosalie la observaba, sin sentimiento alguno. – Vas a acabar matando a Emmett. Él pasa los días encerrado en aquella estúpida casa que compró hace dos años, cuando aún tenía esperanzas de volver contigo. Sus únicos momentos de felicidad que tiene son cuando Julian va a su casa. Todo lo que él necesita es que pronuncies tres palabritas muy sencillas. "¡Yo te perdono!"– dijo molesta. – ¡Emmett necesita oírte decir eso! Él es una buena persona. Simplemente no puede salir adelante porque tú lo mantienes en el pasado. ¡Un pasado que él necesita olvidar y superar!
- Como dije anteriormente, ustedes no me deben explicaciones. – Rosalie dijo fríamente.
Tenía un enorme deseo de llorar.
- En la cabeza de Emmett, él te debe muchísimas explicaciones. – Irina terminó con el seño fruncido. – Permiso. – dijo caminando en dirección de una pelirroja, probablemente su hermana.
- ¿Rose? – Alice camino hasta su amiga. – ¿estás bien? – preguntó.
Rosalie se recompuso rápidamente y respondió.
- Si, estupendamente.
[ . . .]
Tres días pasaron desde la conversación que Irina y Rosalie tuvieron. Las palabras de la muchacha llegaban a la mente Rose cada vez que ella paraba para pensar.
Si Emmett necesitaba salir adelante, y ella también, ¿por qué no simplemente hacerlo?
"Hey, Emmett. Mirá, yo vine aquí para decirte que todo está bien. ¡Estas perdonado!" – pensaba mientras iba a por la ropa a la lavandería."Claro Rosalie, eso sería de lo más normal. ¿Por qué simplemente no podía considerarse perdonado? Ya se pasaron cuatro años, ¡por el amor de Dios!"– discutía consigo misma en lo que conducía hasta la lavandería que quedaba a dieciocho cuadras de su casa. Rosalie detuvo el en el estacionamiento del local, sacó el cesto de ropas de dentro del coche e ingresó a la lavandería, que a esas horas de la noche (pasadas las ocho) estaba casi vacía. Había dos chicas cerca de las secadoras, un señor de edad que dormía en una silla frente a una lavadora, y un muchacho sentado sobre la mesa que usaban para doblar las prendas, jugueteando con algunas monedas.
Rosalie se aproximó a la lavadora y colocó las piezas dentro de esta. Eran pocas. Insirió cuatro monedas de veinticinco centavos, dejó el cesto junto a ella, y se recostó en la mesa, donde minutos antes había visto al muchacho moreno jugando con las monedas.
Rosalie escuchó un titilar en el suelo, observó una moneda correr por este. La detuvo con el pie, y tomó del suelo y se volteó para quedar frente al chico.
- Supongo que es tuya. – sonrió entregando la moneda.
Él sonrió y respondió, con un marcado acento, cuya procedencia Rosalie no consiguió distinguir.
- Gracias. Por poco me quedo sin ropas secas. – rió este.
- Es una fortuna que haya atrapado la moneda entonces. – Rosalie continuaba sonriendo.
- Joosep Järvesaar. – dijo extendiendo la mano a Rosalie.
Ella observó la mano del muchacho por algunos instantes. Era así que las cosas comenzaban. La primera persona que Rosalie "conocía" informalmente, en años.
- Rosalie Hale. – sonrió y apretó su mano. – Ok, la parte de Joosep la entendí, pero tú apellido no. ¿No eres americano? – preguntó, sentándose en la mesa, junto al chico.
- No. Soy de Estonia. – respondió él, y rió cuando vió la mueca en el rostro de Rosalie. – Dudo, siquiera que supieras que Estonia es un país.
- No, en realidad si lo sabía. Es solo, que nunca había conocido a alguien de ahí. – rió ella.
- Tú tampoco eres de aquí. Tienes un acento divertido. – él rió libertino.
Rosalie abrió la boca fingiendo indignación y rió.
- ¿Mi acento es divertido? ¿Has escuchado el tuyo? – rió. – pero no, no soy de aquí. Soy de Texas. Acento sureño.
- Uhm… Acerté – él comentó, victorioso.
- Entonces Joseep, ¿Qué haces en Nueva York? ¿Trabajo, ocio? – dijo caminando hasta la lavadora y sacando sus ropas, en seguida, colocándolas en la secadora.
- Acabo de regresar de un circuito de F1 en Brasil. –él la observaba.
- ¿Piloto? – preguntó Rosalie.
"¿Esto es un castigo? ¿Un piloto de F1?" – pensó consigo misma, haciendo una expresión aterradora. Afortunadamente se encontraba de espaldas a Joseph.
- Sim. Interlagos, ¿has escuchado hablar de eso?
Rosalie se volteó hacia él y sonrió de lado.
- Si. Se puede decir que me encantan los coches y entiendo un poco de carreras, aunque F1 no sea mí preferida– dijo sonriente. – Prefiero Stock Car. – porque era la categoría de Emmett.
Un pequeño momento de silencio se apoderó del aire, pero pronto fue extinguido por Josep.
- Entonces, Rosalie, ¿aceptarías tomar un café conmigo, en cuanto salgamos de aquí? – preguntó inseguro.
- Claro. – ella respondió en un impulso, sintiéndose feliz.
Solo minutos después, cuando ya estaba en la calle, riendo y camino a un pequeño café, acompañada de Joseep, fue que Rosalie lo percibió. El pasado se había quedado en el pasado.
¿Qué tal? ¿Les ha gustado? ¿Qué les ha parecido Jossep? ¿Y la conversación con Irina?
Bueno quien quiera un adelanto del prox capitulo, es solo dejarme un review pidiendolo y yo se los mando en la respuesta. Besos cuídense.
Xoxo
RosalieHaledeCullen
