Título: Helga en Hogwarts

Resumen: Helga se caracteriza por ser una Slytherin, ellos hacen cualquier cosa para conseguir lo que quieren, y Helga no es la excepción a la regla, hace lo que esta a su alcance para conseguir a cierto Hufflepuff del que lleva enamorada muchos años. Esta historia se trata de las locuras que llega a hacer por el amor o la amistad.

Notas: Los personajes no son míos, ni Hey Arnold, tampoco el mundo de Harry Potter. Solo soy una gran fan, la historia si me pertenece.

Aviso importante: Quiero decirles que me gustaría que me digan que animal creen que concuerde con la personalidad de cada personaje (si, planeo hacer un capitulo con los chicos aprendiendo a hacer su Patronus y no sé qué animales usar). La historia de Harry Potter se va a mezclar con esta historia mucho más en los capítulos finales. Gracias por leer.

Capítulo 11. Helga y la apuesta con la princesa.

Era un hecho que Helga G. Pataki no había aprendido nada sobre las apuestas.

Esta vez, fue peor que la vez de Harold. Esa vez había apostado con alguien bastante honesto, y ya le había causado problemas, pero ahora, ¿apostar con Rhonda Lloyd? ¿Con otra Slytherin?

Phoebe suspiró, resignada y lo primero que pensó fue "para ser tan lista no lo parece"

—No hay forma de que yo saque menos que una A en ese examen, Phoebs, te digo, no hay forma...

Si, apostaron sobre las notas, era obvio que Helga tenía más oportunidades de ganar (ya que la joven rubia era muy inteligente) pero a su vez, era igual de obvio que Rhonda no iba a perder, y jugaría sucio de ser necesario para ganar la condenada apuesta (sus padres reprobarían la palabra condenada, pero a la asiática en aquellos momentos le daba igual)

— ¿B+? ¿En serio? Bien, no importa, estoy segura de que la princesa no se sacó más nota que yo. Eso sería absurdo.

Y, sin importar que tan absurdo fuera, la niña rica había sacado una A.

—Hizo trampas. No sé cómo, pero lo hizo.

— ¿Ah, sí? —Phoebe ni siquiera se molestaba en aparentar prestarle a su amiga un poco de atención.

Simplemente le parecía más interesante su libro de pociones, ¿que tenía eso de malo?

—Podría haberla hecho hacer tantas cosas si perdía, ¡la habría hecho declararle su amor a Harold y besar al gordinflón en medio del comedor! O si no, ¡habría hecho que le diga cosas tan cursis al chiflado de Curly que explotaría! Las posibilidades eran infinitas...

La rubia lanzó aire por su boca con gran decepción.

— ¿Que va a querer que haga su majestad, ahora?

Dijo, con sarcasmo, fue una pregunta más para si misma que para nadie, pero incluso sin esperarlo, fue contestada.

—¡Qué bien que lo preguntas, Helga! Porque tengo una lista de cosas que me gustaría que hagas.

—De ninguna manera. Solo podrás darme un castigo, ¿entendido? Solo uno.

—Bueno, bueno, relaja ese ceño fruncido, Pataki, porque el reto te gustará.

Por lo menos, la joven morena había conseguido que la posición de las cejas en el rostro de la rubia cambiase: ahora tenía una ceja levantada.

—¿Cómo es que me gustará?—interrogo, curiosa—¿Que tienes preparado?

Rhonda, rodeo con una mano sus hombros, y sonrió con picardía, mientras caminaba llevándosela a algún lugar más privado para conversar sobre cuál sería el reto a cumplir. Phoebe las observo marchar, y se dio un masaje en la cabeza. Esto de ser amiga de Helga G. Pataki... no es nada fácil.

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Helga no estaba temblando... claro que no... Ella no temblaba... ¿a quién quería engañar? Estaba temblando.

Eran los estúpidos nervios recorriendo cada una de sus venas. Eran los nervios, porque la adrenalina la había sentido otras veces y podía controlarla.

El castigo impuesto por Rhonda consistía en salir de su cuarto a media noche (cosa que si descubrían, le traería problemas) y meterse en la habitación de los chicos de otra casa, especialmente, en la habitación de Arnold (cosa que le traería el doble o incluso triple de problemas) y no solo meterse a su habitación, si no meterse en la cama, la cama de Anold y dormir con él.

Rhonda obtuvo la información necesaria para que Helga pudiera realizar su "pequeño" reto.

Lloyd, con sus contactos, también consiguió que todos de los compañeros de cuarto de Arnoldo abandonaran por esa noche la habitación, a excepción de uno, y ese que quedaría en el cuarto era el espía de la princesa, el que le informaría a Rhonda acerca de las cosas que haga o no haga Helga.

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Ella estaba nerviosa, es decir, ¿cómo no estarlo? Estaba que temblaba frente a la puerta de la habitación del amor de su vida, y pensar que iba a dormir con él solo hacía que sus rodillas temblaran como gelatinas y se sintiera ridículamente débil.

Ya esta, no lo haría... bueno, si lo haría. Solo porque ella sabe perder. Solo porque si no la princesa rica no dejara de molestarla durante el resto de su vida. Solo porque su orgullo Slytherin no le permitía dar marcha atrás y volver a la seguridad de su casa, de su habitación. Solo por eso, y no porque quisiera dormir con Arnoldo... por supuesto.

Respiro hondo, tomando coraje, puso una mano en la puerta. Una vez escucho a su mejor amiga Phoebe decir que dormir con su novio era algo fantástico, te sentías caliente y cómoda y dormías como si fueras un oso invernando, Phoebs le contaba que el pecho de Gerald era muy relajante, y siempre se sentía segura entre sus brazos. Ahora ella podría comprobar si dormir con el chico que queridas se sentía así.

Abrió la puerta, sin más preámbulos, y cuando vio mechones rubios y una cabeza con una forma curiosa, ella tembló. Se quedó un buen rato mirándolo. Una vez más reunió todo el coraje que pudo y levanto las sabanas, se metió rápidamente a la cama y puso sobre ambos la sabana nuevamente.

Estaba rojísima. Respiraba agitada. Se tranquilizó en cuanto miro al cabeza de balón una vez más, él estaba tan tranquilo. Había tanta paz en el, que Helga se tranquilizó solo para no despertarlo. Ya más calmada, la joven se acercó, con movimientos suaves y puso su rostro en su pecho, apoyo su cuerpo en el costado del joven y sin haberlo meditado se durmió.

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Al día siguiente, despertó con sorpresa al descubrir que su amiga tenía razón, que no había mejor almohada que el pecho del chico que te gusta.

Apenas si podía abrir los ojos, y tampoco quería. Solo quería seguir durmiendo.

—¿Helga? —la voz sonó sorprendentemente calma. —es hora de levantarse, pronto habrá movimiento y tendrás problemas si te ven aquí. —la voz sonaba preocupada.

—Veinte minutos más. —gruño y se acomodó frotando su cabeza en el pecho de Arnold.

—Me gustaría dártelos.—sonó sincero—pero no puedo. Tienes que levantarte.

Fue entonces cuando Helga lo proceso. Arnoldo. ¡ARNOLD LE HABLABA! Arnold sabía que ella estaba ahí, ¿ahora qué le diría? ¿cómo lo miraría a la cara después de eso?

Abrió grandes los ojos.

—Tienes el sueño pesado, te estuve hablando durante un rato hasta que despertaste.

Dijo el rubio, ni sorpresa ni molestia ni confusión. Ninguna de esas emociones encontraba la muchacha en él. Aún así, ella consiguió (no sabe cómo) mirar sus ojos esmeraldas y decirle:

— ¡Soy sonámbula!

No era del todo mentira. En fin, era una excusa que ni el propio Arnold había pedido pero ahí estaba. Lo grito antes de salir corriendo como si su vida dependiera de ello.

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— ¡Se suponía que las cosas no iban a resultar así Phoebe!

—No todo sale como se lo espera, Helga.—dijo la asiática acamándose los anteojos.

—¿Pero cómo pudo esto fallar? ¡Era muy fácil! Rhonda me dijo que su estúpido espía me despertaría una hora antes de que Arnold despertara.

—Tal vez Arnold despertó antes, suele pasar, a veces la gente...

— ¡Phoebe, ya es el fin!

La morena giro los ojos sonriendo levemente. ¿Cuándo no Pataki siendo melodramática?

—Me voy a cambiar, no quiero seguir en Howgarts, ¡no puedo soportar tanta humillación!

Si, es cierto, piensa Phoebe, no es fácil ser amiga de Helga G. Pataki.

— ¡Adiós, mundo cruel!—siguió con su monologo, la Slytherin.

Pero de no serlo, la morena se habría perdido de tantas cosas, tantas risas, tantas charlas, tantas experiencias, tantas aventuras. Todo eso que Helga le aportaba, generaba conocimiento, y no hay nada mejor que el conocimiento para los Ravenclaw.

Por lo tanto, ser amiga de Helga es difícil, pero es un esfuerzo que se debe hacer, porque vale la pena.