AVISO IMPORTANTE
El capítulo contiene ciertas menciones a sadismo puro, tortura. Son ciertas menciones, no voy a desarrollar un tema como ese, no se preocupen. Pero en uno de los recuerdos hay un comentario que incluye una ligera descripción. No creo que llegue a ser perturbador pero mejor aviso para que no me reclamen después. Es cosa de un párrafo y está en los recuerdos de Sebastian.
Era necesario. Gracias.
CAPITULO 11: CAUSA PROBABLE
MOLLY
Todo es apariencia. Nunca nada es cómo aparenta ser, todo es mentira. Eso lo aprendió de la mala manera.
Molly, a sus tiernos 17 años, estaba por completo enamorada hasta que se le rompió el corazón y se encontró llorando afuera de una cafetería antes de salir corriendo sin fijarse muy bien en el rumbo. Había creído que era para siempre, que lo que sentía jamás dejaría de sentirlo y que él la amaría de la misma manera.
Pero no, él no quería volver a verla y ella sentía que todo su mundo se resquebrajaba lentamente.
Cuando se dio cuenta de que no sabía dónde estaba había pasado casi hora corriendo. Se sintió asustada pero se tranquilizó un poco al darse cuenta de que el barrio se veía seguro, era cuestión de encontrar alguna estación de metro o una parada de autobuses. Sacó su celular e intentó marcarle a padre, él podría decirle cómo salir de ahí con tan sólo el nombre de la calle pero por más que lo intentó no contestó su llamada.
Entonces se detuvo en seco, unos pasos más adelante su padre salía de un restaurante seguido por una mujer que no era su madre pero que de todas maneras lo abrazaba y besaba. Lo peor fue cuando dos niños, parecían gemelos, los siguieron al interior del carro que el valet acababa de traer para ellos.
Un auto, su padre estaba manejando un auto en Londres y el restaurante que acababan de dejar era muy fino y costoso. Y si Molly no se sentía lo suficientemente impresionada, los niños, al estar en el interior del auto, sacaron cada uno una consola portátil.
Molly jamás salía a comer a un restaurant. Lo más era la cafetería en la que había estado hacía una hora y eso era porque él, su ahora ex novio, la invitaba. Molly no tenía una consola portátil de videojuegos a pesar de que le gustaría, Molly tenía un teléfono celular que parecía un ladrillo y eso era su único lujo porque su padre exigía saber dónde estaba siempre. Molly y su mamá no tenían coche, era demasiado caro, gasolina y permisos para usarlo en Londres, era un gasto exorbitante.
Molly no podía ir a ningún lugar, los conciertos los tenía prohibidos, el cine, salir con sus amigos, todo. No tenía dinero para nada así que era mejor que lo tuviera prohibido. Por eso había caído tan enamorada de su ex, porque finalmente había podido hacer algo, su mamá lo adoraba y por eso, mientras él pagara, le daba permiso de salir con él. No era como si fuera por interés, pero si el chico no pagaba Molly no tenía manera de acompañarlo; vivían con un presupuesto demasiado justo, pagaban comida, renta y servicios, ropa ocasionalmente y las cosas de la escuela de Molly.
Gracias a él había podido ver a Oasis y Blur en concierto y había visto la última película de Brad Pitt. Maldita sea no quería pensar en él porque algo peor había sucedido frente a ella y para variar no había sabido qué hacer.
Quería gritar, hacer un gran escándalo, tomar a esa mujer de los cabellos y golpearle en el pavimento.
Esa mujer comía en un restaurante elegante, vestía bien y sus hijos viajaban en coche mientras jugaban videojuegos.
Cuando llegó a su casa lo hizo por alguna clase de milagro, Molly simplemente había caminado sin rumbo hasta que encontró el metro. Se derrumbó en su cama, lloró hasta que no pudo hacerlo más. En la mañana su madre y su padre desayunaban pan tostado y café. Sentados en la mesa, platicando sobre las noticias en la televisión.
Y ella no hizo nada.
Durante años fue encontrando pistas y evidencias sobre la doble vida de su padre pero no dijo jamás nada. Entró a la escuela de medicina y cuando iba en el segundo año su madre enfermó. Cáncer de mama, en cuestión de días después del diagnóstico comenzaron con la terapia. Fue horrible, Molly perdió un año en la escuela porque alguien debía acompañar a su mamá a la terapia, alguien debía estar con ella en la casa porque ella se sentía tan cansada que no podía hacer nada sola; alguien debía limpiarla, alimentarla, abrazarla y amarla cuando se sentía miserable.
Y ese alguien fue Molly porque su padre las abandonó a los dos meses del diagnóstico.
Entonces Molly lo odió con todo su ser.
Pero jamás dijo nada a su madre sobre la doble vida de su padre. Ni una sola palabra.
Su madre sobrevivió al cáncer.
Pero el odio a su padre no se hizo menor sino más intenso, cada vez que pensaba en él sentía ganas de asesinarlo.
Trató de regresar a la escuela de medicina pero fue muy difícil, le pusieron muchas trabas para volver a inscribirse. Un día, simplemente comenzó a llorar, en un callejón, cerca de Trafalgar Square. Estaba harta, de no tener nada, de tener que trabajar en un lugar patético sirviendo comida para poder mantener a su madre.
Fue cuando él llegó a su vida. La había visto enojarse en la oficina de asuntos escolares, él también estaba ahí, arreglando los papeles de su residencia, era el año en que entraría a la especialidad de terapia intensiva, era muy joven para hacer una subespecialidad pero él era un genio. Y no pudo evitar seguirla, tanto odio en una joven tan hermosa no podía ser desperdiciado.
Él no quería nada, sólo el nombre de su padre. Él no le pedía nada sólo que jamás lo olvidara. Algún día iba a necesitar algo y ella tendría que hacerlo sin chistar. Molly aceptó sin pensarlo dos veces.
Cuando su padre murió ella supo que él había sido el autor. Nunca dudó de eso. Scotland Yard lo calificó como un robo a casa-habitación común pero el dueño los había interrumpido, por eso lo habían golpeado de aquella manera, por eso le habían destrozado tantos huesos.
Molly sonrió.
Después de eso Molly entró a la escuela de técnicos forenses y se graduó en dos años. Comenzó a trabajar en St. Bart's, el hospital escuela para médicos militares. Ahí la vida fue buena, su madre se había ido a vivir con una hermana a un pueblo alejada de la contaminación y la vida acelerada de Londres, Molly la visitaba una vez al mes.
Tenía un pequeño departamento, todo parecía tranquilo por fin en su vida. La única vez que volvió a ver a la mujer y a los niños fue precisamente en St. Bart's, iban a consulta con un pediatra, fue cosa de unos segundos, se veían bastante bien.
Después conoció a Sherlock Holmes y su vida se puso de cabeza. Su madre la interrogaba cuando hablaba con ella por las noches sobre el doctor que parecía haberla enamorado pero no había gran cosa que decir, Sherlock no estaba interesado en ella. Parecía orbitar alrededor de John Watson, un médico de urgencias al que Molly no había podido odiar. Ni siquiera le caía mal, ¡maldito sea!
A pesar de falló romántico Molly hacía lo más parecido a lo que le hubiera gustado. Trabajaba con los cadáveres, realizaba las necropsias de menor importancia, estaba en el laboratorio y lo veía trabajar y hacer su magia. Sherlock era impresionante.
Y cuando todo parecía normal, una buena vida a pesar de lo de su padre, él volvió.
Como un insecto quedó atrapada en su telaraña años atrás y ahora volvía para destruir todo lo que ella amaba.
Una llamada la puso sobre aviso y ella no pudo negarse. Le pedía una muerte por semana, para que estuviera lista. Ella experimentó con lo que él le mandó, toxinas poderosas que producían efectos mortales. Lo hacía con algunos pacientes en urgencias, escogía precisamente, aquellos a cargo de John Watson.
Sherlock dudaba, cuando hacían las autopsias, dudaba. Ella sabía que a él no lo iba a poder engañar por siempre, que él se daba cuenta de que algo estaba mal, que le faltaba una pieza en el rompecabezas, que los diagnósticos que daban no explicaban por completo los fallecimientos.
Pero no tuvo tiempo de dudar más cuando por fin, después de mucho tiempo, John Watson comenzó a tener un romance con él.
Entonces las muertes de urgencias se detuvieron, porque él así se lo ordenó.
Molly casi sufre un infarto cuando vio a aquella araña en el hospital. Iba caminando al lado del doctor Trevor y le dedicó una mirada que no duró más de un segundo. Nadie la saludó, nadie sabía su nombre.
Pero él la buscó, le dijo lo que tenía qué hacer y ella no entendió la razón. Pero él no le iba a explicar nada, sólo esperaba que lo cumpliera.
Cuando John casi muere tuvo que dejarle la pista a Sarah para salvarlo. Aún a pesar de todo, no podía odiar a John. No quería ni imaginar lo que hubiera vivido Sherlock sin John. A veces era todo muy complicado, Molly era capaz de matar pero no podía herir a aquellos que "quería". Quería a Sherlock pero hubiera querido más, y quería a John a pesar de que deseaba odiarlo. Y ellos no sabían nada de ella ni les interesaba en lo más mínimo.
Pero a Irene no había manera de salvarla.
Pero a él no pareció importarle. Cuando lo de John él simplemente se rio. Molly pensaba que le habría gustado verlo morir, parecía tenerlo en poca estima igual que a Sherlock. Y cuando lo de Irene la había mirado complacido, "esa perra", había dicho.
Tenía una oportunidad más.
Molly no sabía qué hacer porque esto se había salido de control. Ella no era una asesina ¿o sí?
Tal vez fue cuando se dio cuenta de que no se arrepentía. De su padre, de los pacientes de urgencias, de Irene.
Sólo con John había sentido algo parecido al arrepentimiento pero era más bien egoísmo. Sin John Sherlock se iría y ella no quería dejar de verlo.
Una oportunidad más o algo le pasaría a ella. Él no dudaría en lastimarla como lo había hecho con su padre hasta provocarle la muerte. Se sentía asustada y no quería quedar a merced de él, de ese maldito al que jamás debió pedirle nada.
Pero ella había tenido la sangre fría para hacer las cosas que le había pedido, era tiempo de tener la sangre fría para salvar su pellejo.
MARY
Si Mary fuera mejor recordando rostros habría reconocido en algún momento a Sebastian Moran. Lo vio con John en el congreso y entre la multitud cuando todos querían irse del hotel de la muerte, como les dio por llamarlo. Ella había salido custodiada por la mujer rubia y por el jefe de inspectores Lestrade. Había logrado dar una declaración de todo lo que sucedió pero estaba hecha polvo. Por eso Mary no lo reconoció en esas dos ocasiones.
Hubiera sido bueno que lo hiciera.
Años atrás coincidieron por causas del destino y su conversación cambió mucho en la vida del casi adulto que era Sebastian. Tenía 20 años y Mary había entrado a estudiar enfermería y prestaba una especie de servicio comunitario en una clínica para urgencias menores. Le indicaron realizar una curación y sutura de un paciente.
Encontró a Sebastian sentado en la camilla con la mirada perdida y es rostro cubierto de sangre por una herida profunda en cuero cabelludo. Mary lo limpió a consciencia y suturó la herida con cuidado. Después hizo lo mismo con una herida en hombro y una en la mano.
-¿Qué te pasó? –preguntó y tal vez no debió hacerlo. El chico, porque se veía más joven de lo que era, no más de 16 años pensó ella, se echó a llorar y le contó una historia de una familia disfuncional de la que quería escapar, de drogas y hurtos para pagarlas. Pero eso era algo normal, muchos adolescentes acababan haciendo eso. Pero Mary escuchó lo peor cuando el chico le dijo que era homosexual y que tenía un novio, un novio que pensaba que lo quería pero que lo lastimaba. Había pasado dos años con él, le había fracturado dos costillas y una mano en ese tiempo y cuando insinuó que lo iba a dejar lo había tirado de las escaleras y lo había golpeado, por eso estaba ahí, en esa clínica. No había ido al hospital porque hacían demasiadas preguntas.
Mary sintió rabia. Era un chico tan lindo, no merecía aquello.
Él le dijo que su novio era mayor, que lo mantenía, que no le permitía drogarse, que no lo dejaba robar, que lo había sacado de vivir en la calle. Que parecía perfecto, pero que cuando llegaba de trabajar totalmente frustrado, se descargaba con él. Tenía miedo, él pensaba que había asesinado a alguien por puro placer, no estaba seguro, pero creía que era cierto.
-Vete, tan lejos como puedas –dijo ella pero él se rio, no tenía manera para hacer eso, no tenía dinero y nada le pertenecía, todo era de él.
-El ejército, te mandarán a Afganistán.
Y Sebastian la escuchó.
De eso ya habían pasado más de 10 años.
SEBASTIAN
No debió dejar el ejército pero estaba cansado. De verdad cansado. Cuando a John lo hirieron y lo dieron de baja fue el principio del fin. Había pasado 4 años al lado de John y nunca lo pudo confesar pero estaba enamorado por completo de él. Eso era el amor, estaba seguro, no lo que había vivido antes.
Pero John se fue de su vida y él tuvo que hacer lo más parecido a lo que hacía a su lado para no sentirse morir. Pidió entrar a la escuela de medicina y se lo concedieron. Terminó haciendo una especialidad en pediatría porque John se ponía muy triste cuando los niños morían, algún día haría cirugía pediátrica y podría ayudar todavía más.
Quería volver a verlo, quería estar de nuevo cerca de John.
Ese fue el segundo error.
Al buscarlo lo encontró a él. De quién había huido años atrás y cuando se reencontraron, quedó muy claro que no lo dejaría volver a escapar.
Y John lo rechazó, tenía una relación con un tal Sherlock Holmes, un maldito genio. Sebastian era alguien común y corriente, alguien a quien John no quería en su vida.
Y ahora estaba atrapado de nuevo y él se divertía con su dolor, de nuevo sentía el miedo a morir cada vez que tenía relaciones con él, de nuevo el terror a sangrar y no poder ni siquiera detenerlo. A él le gustaba verlo perder el conocimiento cuando lo penetraba mientras apretaba una cuerda alrededor de su cuello, le gustaba usar otros objetos para introducirlos en él. Y por eso tenía miedo pero creía que no era posible escapar una segunda vez.
Sebastian sabía que ahora era más fuerte pero a su lado, se sentía como un niño.
Así que su mente escapaba en esos momentos, se refugiaba en sus recuerdos de John hasta desmayarse por la falta de oxígeno.
Sebastian lo odiaba y hubiera deseado que John lo salvara.
HARRIET
Cuando su hermano entró en la estación de policía de Canterbury para recoger a Mary ella se sorprendió de verdad. Había pasado dos años sin ver a su hermano porque había tocado fondo de tal manera que él no quería volver a verla. Ella y Clara habían tenido un accidente y Clara había muerto. John pensó que ella iba a manejando, siempre pensaba lo peor de ella. Pero no, Clara había estado manejando pero ambas iban más intoxicadas de lo que deberían, habían bebido y peleado y luego habían tomado el auto y habían chocado con un árbol y Clara no tenía el cinturón de seguridad puesto. Harriet sí.
Pero eso era el pasado, había dejado de beber y ahora tenía un trabajo estable.
John la abrazó, todo estaba bien.
-Gracias –dijo Mary antes de retirarse del precinto, sus cálidos ojos azules eran lo más bello que había visto en la vida, después de los de Clara. Harriet sintió algo, algo que pensaba que no iba a volver a sentir.
-Cualquier cosa que necesites, estoy para ayudarte –le dijo y puso su tarjeta con su número de celular en la mano de Mary. Ella la miró interesada.
-¿Watson? –preguntó cómo negándose a creer lo que estaba leyendo.
-John es mi hermano –le dijo y Mary sonrió a pesar de todo. Ahora entendía, estaba todo muy claro porqué se sentía tan atraída por aquella mujer rubia aunque estuviera viviendo todo un infierno por la muerte de Irene.
-¿Puedo llamarte aunque no necesite nada? –se aventuró a preguntar y Harriet sintió que su rostro se calentaba, su estómago dio un vuelco, era como si el vacío que vivía dentro de ella estuviera siendo ocupado por Mary.
-Por supuesto –le respondió.
Se alejó apoyándose en el brazo de su hermano, caminando muy despacio.
GREG
-¿Estás seguro? –preguntó Lestrade y se arrepintió, esa mirada que le dirigía Sherlock cuando sentía que las preguntas eran innecesarias era algo que le gustaba ahorrarse. Esos malditos ojos azul, verdes, amarillos, el color que fuera, lo miraban con reprobación.
-Claro que estoy seguro, es estúpido que lo dudes. Irene, John y por lo menos cinco pacientes previos de urgencias sufrieron el mismo tipo de intoxicación fatal.
-Excepto John –dijo Lestrade y de nuevo se arrepintió.
-Obviamente –le espetó con algo que parecía mucho a una combinación entre ira y miedo.
-¿Pero aún no me puedes decir quién está detrás de esto?
Lestrade se sentó y trató de valorar todo. Scotland Yard era un lugar adecuado para él, le gustaba lo que implicaba ser el jefe de todos y que su trabajo fuera respetado, aunque ahora ya no tenía mucho que ver con la medicina. Sabía que le debía mucho a Sherlock, las cosas eran más sencillas cuando Sherlock lo ayudaba, sólo había que tolerar su carácter.
-No, pero es alguien de St. Bart's.
Lestrade esperó pero no dijo otra cosa, sin despedirse salió de su oficina. Cerró los ojos, su celular vibró mientras trata de tranquilizarse. Habían sido unos días de locura. Ver de nuevo a Mycroft había sido suficiente para enloquecerlo. Tenerlo dentro de una misma habitación de hotel casi hizo que sufriera una intoxicación etílica, benditos mini bares de las suites, tenían más alcohol del que pensaba. Después había aceptado hablar, después lo había besado como nunca en la vida, después lo había poseído y después se había muerto Irene Adler.
Eso no había sido adecuado ni para ser pensado. Irene no tenía la culpa de que alguien decidiera asesinarla en el preciso instante que se dejaba seducir por Mycroft una vez más.
La pantalla de su celular brillaba intermitentemente.
En mi casa a las 21 horas. MH
Maldito Mycroft, pensó Lestrade, esa no era una pregunta. Pero no había marcha atrás, de nuevo estaba apostando todo por él y esperaba no volver a caer, esperaba no volver a romperse.
SHERLOCK
Cuando por fin tuvo a John de nuevo en su departamento de Baker Street y pudo cerrar la puerta dejando fuera todas las cosas que lo estaban atormentando, se sintió mejor. Había algo que lo hacía dudar aún y ese algo no le dejaba ver la verdad de lo que estaba sucediendo. ¿Qué era? La respuesta parecía tan cercana que lo eludía.
Pero John estaba aquí, a su lado y eso le proporcionaba mucha tranquilidad. Recibió de buen grado la taza de té que le tenía preparada y se sentó a su lado para ver televisión. Eso le dio tiempo para revisar todas y cada una de las autopsias que le habían parecido extrañas, revivió en su mente todo lo que hizo, todo lo que vio. Al final, John estaba dormido en sus brazos, la televisión con imágenes de infomerciales y Sherlock sólo podía pensar en que Molly jamás le había entregado las pruebas toxicológicas de los pacientes de urgencias. ¿Cómo había sido tan descuidado? ¿Por qué no se las había exigido?
Molly.
Gracias a todos por seguir leyendo.
Ahora tocó una actualización rápida, le estuve dando muchas vueltas para explicar el porqué Molly quiere matar a Mary esta es la razón y para mi Sebastian es alguien que no es malo, si no más bien quedó atrapado en una relación abusiva.
Merenwen: Muchas gracias por tus palabras, cómo me cuesta el punto de vista Sherlock, pero también me gustó la manera de conocer a John.
Runa: Perdón por arruinar tu café pero en todos tus bebidas fíjate bien cómo las preparan jejejeje. Gracias por lo que dices amiga.
kiras70: Muchas gracias, me encanta que nuevas personas dejen comentarios.
maisfeliu: Gracias! Y sobre cuándo actualizo, no tengo una fecha exacta, tratao de que sea cada fin de semana pero no siempre puedo.
torredemarfil: Respuestas, tienes respuestas. Tal vez el quién no era tan difícil pero necesitaba un buen porqué.
simsfans: Primero no te mates, siempre voy a continuar jejejeje. Segundo, como dije, el quién no es tan difícil pero quería un buen porqué. Me sirvió para desarrollar más a mi Sebastian.
Gracias de igual manera a todos los que lo leen aunque no dejan review, sería genial que lo hicieran, me dejaran saber qué les gusta y qué no.
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