Cap 11: Para todos un misterio

Ya había anochecido hace horas, pero no le molestaba caminar por las oscuras calles del pueblo, con la escasa iluminación que ofrecía la luna, y las farolas que se encontraban en cada esquina; su vista estaba habituada a esas cosas. Era la hora en que las sombras se confundían con sus cuerpos en la negrura de la noche, pero él podía distinguirlas, hasta el más mínimo movimiento, hasta el más singular cambio en el paisaje, ante sus ojos no había secretos, aun disimulados en la oscuridad. El chico de cabellos negros cargó con los paquetes que llevaba en su mochila, que contaban más que nada de cajas y los periódicos del día siguiente. Sonrió y continuó su camino por las calles del pueblo. Entregando cada paquete en la casa a donde correspondían.

El joven repartidor sentía a cada paso que alguien lo seguía, no era una presencia fuerte de una persona, era más como una sensación de que alguien estaba tras él, pero, también a eso estaba acostumbrado. Cuando puso un poco más de atención a su entorno se dio cuenta de donde se encontraba justamente…

Justo enfrente de aquella mansión, donde habitaba la leyenda más grande del pueblo, pero eso tampoco era un misterio para él….

-Buenas noches Takaokun- escuchó a sus espaldas a alguien llamándolo, y sintió un escalofrío momentáneo.

-Tchh…Kuroko!...te he dicho que no me asustes así…- reclamó reconociendo la voz mucho antes de que su imagen entrara en su campo de visión.

-Creí que era imposible asustarte- contestó monótonamente el fantasma de la mansión.

-También tengo puntos ciegos….sabes?...- se defendió, pero después suavizó su expresión dado que no conseguía nada enfadándose con alguien como ese chico de cabellos celestes.

-Lo siento- se disculpó cortésmente el fantasma de la mansión.

-Bueno eso no importa- desvió el tema- ¿te encuentras mejor?- preguntó recordando lo que había sucedido hacía algunos días…

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Aquella tarde había visto salir de la mansión a esos dos chicos que se habían mudado hacía algunas semanas. Y, aunque nunca había tenido la oportunidad de hablar con ellos, sabía lo suficiente por lo que había visto y por los chismorreos que escuchaba entre las personas del pueblo. Entre las cosas que sabía es que no les agradaba exactamente la idea de que la mansión estuviera encantada, también sabía que estaban obligados a quedarse allí. Y, sabía por el mismo Kuroko que ya lo habían visto en ocasiones anteriores, no con respuestas muy favorables de su parte.

Así que al verlos casi correr sin dirección fija le preocupó un poco, no por ellos, sino por el de cabellos celestes que a esa hora debería de estar encerrado en la mansión. Tal vez algo había pasado, al verlos alejarse de la mansión el caminó en dirección contraria acercándose. Podía estar casi seguro que cualquier cosa que hubiera pasado involucraba al fantasma de alguna forma.

Cuando llegó le sorprendió encontrar la puerta abierta, aunque esos dos la hubiesen dejado así, lo más normal es que el peliceleste la hubiera cerrado, era bastante cuidadoso después de todo; pero bueno, eso había sido a su favor, dado que pudo entrar fácilmente a la casa. Todo olía a incienso, y un olor desagradable cabía destacar estaba impregnado en todo el lugar. Siempre había confiado plenamente en su vista, pero esa vez había seguido a su olfato, el que lo llevó hasta la sala de la mansión.

Era todo un desastre, con rayones en el piso, que le recordaban haberlos visto en alguna parte. Las veladoras a medio consumir aun encendidas por todo el lugar, algunas hierbas esparcidas por la estancia, y esos inciensos desprendiendo ese desagradable olor aun ardiendo sobre el cenicero. Sólo una persona se le venía a la memoria al ver ese escenario, pero la descartó al ver el desastre que había, esa persona no se llevaba con el desastre después de todo.

Lo que más le sorprendió fue que no tardó en encontrar a quien venía a buscar, estaba prácticamente tirado en el piso de la habitación, respirando entrecortadamente, en bastante mal estado. Se acercó a él para pararlo un poco y dejarlo recostado sobre el sillón. Aun en silencio, cosa rara en el, apagó los inciensos y las veladoras y abrió las ventanas para que se dispersara el olor desagradable que invadía el lugar.

-¿Te sientes bien?- preguntó y el otro simplemente movió la cabeza en negación- Te digo que deberías cuidarte más…- lo reprendió para luego seguir recogiendo las cosas que había esparcidas por el piso.

-¿Otra vez un exorcismo?- preguntó mientras lanzaba una risilla que no agradó al otro precisamente, pero aun así asintió sin mostrar ningún tipo de expresión.- Me pregunto si tiene algo que ver Shin chan en esto…

-Fueron esos dos- respondió el de cabellos celestes mientras se sentaba más cómodamente en el sillón.

-Los chicos que viven ahora aquí…- dijo Takao- Los vi correr hace rato por el pueblo, fue por eso que me decidí venir… Realmente me preocupé … ¿Y qué sucedió?

-Nada en especial- respondió el otro con voz monótona- Simplemente bajé porque un olor extraño se colaba por toda la casa, y cuando llegué estaban en medio de un ritual de exorcismo.

-Shin chan- dijo el pelinegro sonriendo en cuanto recogió el libro del suelo, y lo identificaba como uno de los que había hojeado alguna vez en los viejos estantes de la hierbería- La última vez que intentó uno me vi en un problema para avisarte que no aparecieras por la mansión…

-Realmente agradecería que no intentaran exorcizarme…- habló Kuroko- y menos con esos inciensos de olor nauseabundo…

Takao solamente rió y siguió recogiendo las cosas y se dispuso a borrar los rayones que había en el piso. –Y supongo que te vieron…- dijo, casi más como una afirmación que como una pregunta.

-Si- respondió secamente el otro- es por eso que salieron de aquí…

El pelinegro volvió a reír mientras pensaba en que clase de persona intentaba un exorcismo y luego salía huyendo en cuanto veía al fantasma.

-Oye realmente te ves mal…- dijo en cuanto acabó de limpiar el desastre- Creo que iré por algo para que te sientas mejor- anunció.

-Te lo agradecería- respondió el de cabellos celestes levantándose parcialmente del sillón pero fallando en caminar y tirándose al suelo de nuevo.

-Y me llevo esto para regresarlo- dijo mientras cargaba el libro de exorcismos- es mejor mantener este tipo de libros alejados de los idiotas- rió de nuevo.

-supongo que sí- respondió el otro mientras recargaba su cabeza en la pared.-¿ irás a decirle a Midorima –kun que te recete algo para que un fantasma se mejore?

-Hahaha…no sabía que podías bromear.

-No lo hago.

-De todas formas tendré que ir a donde esta él ahorita por algo para ti- dijo como si se estuviera quejando- me debes una por este sacrificio- dijo mientras le dedicaba una sonrisa a Kuroko que seguía recostado contra la pared.

-No luces para nada sacrificado- oyó que contestaba.

-Mmm tal vez- dijo al aire- bueno regreso en un momento…cuídate.

Y luego se había marchado, había cerrado la puerta de la entrada por dentro, y luego salido de la mansión por la puerta trasera, para conseguirle algo a Kuroko. Cuando regresó vio a través de la ventana que había alguien más con Kuroko dentro de la mansión, se ocultó hasta que el otro se marchó, reconociéndolo como uno de los habitantes de esa casa ¿Qué haría ahora allí si horas antes había salido corriendo después de intentar un exorcismo?. Había apresurado más su paso para entrar por la puerta trasera, allí habían encontrado a Kuroko en la misma posición que lo había dejado y con una expresión de confusión mezclada con algo más que nunca le había visto poner. Al final resultó que Kuroko en verdad se seguía sintiendo mal, y aquella noche se quedó todo el tiempo en la mansión, marchándose hasta el día siguiente.

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-Sí, mejor gracias- contestó educadamente el chico de cabellos celestes.

-Eso me recuerda…- continuó con la conversación el pelinegro- ¿Cómo vas con tu trato de paz?

-bien- contestó secamente el otro.

-¿Has vuelto a interactuar con ellos?- intentó de nuevo hacer conversación, y el otro simplemente movió la cabeza afirmativamente- ¿Con el pelirrojo?- y Kuroko volvió a afirmar, y a Takao le pareció ver una minúscula sonrisa formándose en sus labios, casi imperceptible, tal vez había sido su imaginación.-¿y qué pasó?

-Hablamos- contestó el peliceleste.

-¿Así?...¿normalmente?...¿como si nunca hubiera intentado un exorcismo?- se quejó

-Hicimos un trato de paz…Takao kun- reclamó el otro

-Aun así… no resultará nada bueno que interactúes tanto con ellos- reprendió el pelinegro- en serio…deberías cuidarte más.

-No pasará nada- aseguro el peliceleste.

-si tu lo dices- aceptó el pelinegro- sólo ten cuidado …¿si?.

El peliceleste sólo asintió. Y después ambos empezaron a caminar alejándose de la mansión.

-¿Me acompañarás hoy a entregar lo que falta?- preguntó el pelinegro recibiendo una respuesta afirmativa.

Y se perdió de nuevo entre las sombras de la noche caminando al lado de la leyenda del pueblo. Desde hacía tres años, gracias a su singular visión lo había descubierto, era una de las pocas personas que lo había visto, y más veces que cualquiera de los demás habitantes del pueblo, aunque a la luz del día negara su existencia alegando que los fantasmas no existían. Desde hacía dos años y medio que hablaba regularmente con él, se habían convertido en algo así como amigos, aunque ninguno lo dijera en voz alta. Caminaba frente a él, con su piel pálida y sus ropas negras casi fundiéndose en las sombras de la noche…el fantasma del pueblo… era, para todos un misterio, excepto para él.