Un capitulo muy corto, pero ni modo lol, espero que les guste esta pequeña pelea con final extraño, comenten, no sean malas personas, necesito saber si si esta bien o estoy escribiendo cosas del asco :'C plz.

-Ana Park

Chasseurs de dragons : Á la fin du monde.

Chapitre 11 : Un nouveau combat.

Pronto Hector apareció con Phoenix a su lado, cosa que desconcertados a ambos hombres que pasados minutos atrás habían ofrecido sus disculpas uno al otro, el joven asiático los miro confusos, más no pregunto o dijo nada, pues aún no conocía muy bien a Lian-chu ni al hombrecillo llamado Gwizdo.

Se dirigió con incredulidad al castaño, y se sentó a su lado, acción que hizo palidecer a el cazador, dejándolo con los músculos tensos, se miraron vagamente por unos minutos, todos callados, incluso Hector lo estaba, pero muy después el silencio se rompió con los reclamos de Phoenix.

-Me han robado mi nave.-Dijo susurrante y con gesto entristecido.-Boint y los otros ya han emprendido el viaje, por un momento pensé que ustedes también, temí que me dejaran fuera de esto, pero ahora veo que aún no se van.

Lian-chu arrugo su ceño levemente "Que horror" pensó, pues a pesar de que ya se había arreglado las cosas con Gwizdo aún seguían las de aquel espantoso sujeto quien parecía que no los dejaría en paz nunca, lo odiaba, sus razones podían ser variadas pero de algo estaba seguro, no le caía bien el hombre, de hecho no le caía muy bien ninguna gente de los confines de Huang Fei, por que también odiaba al hombre rey, todos eran tan similares a su él, era como en aquella isla donde todos tenían la misma cara que el rey, todos rubios y de ojos claros, por lo menos en los confines de el dichoso rey dragón eran distintos en sus semblantes, pero todos compartían la cualidad de tener el cabello negro y los ojos rasgados, no lo quería admitir, pero también había veces que odiaba su propio rostro.

Dejó de pensar en aquello, pues cuando reaccionó miro a Phoenix acercarse peligrosamente al rostro de Gwizdo, quien solo atinaba a tratar de ver a otro lado, nervioso del hombre, Lian-chu se levantó enfurecido y aparto a el hombre de Gwizdo, lo sujeto de la camisa y lo alzó sin mucha fuerza, y lo lanzó hacía el otro lado de donde estaban.

Gwizdo no pudo creer lo que había pasado tan repentinamente, se puso de pie y se hizo un poco más hacía atrás de los hombres grandes y fuertes, ¿Porqué de pronto había reaccionado así Lian-chu?, Hector abrazo la pierna de Gwizdo, temblorosos al igual que él, el estafan te miró aterrado como la nariz de Phoenix se comenzaba a llenar de sangre, el hombre sonrió y limpio el liquido carmesí con su puño, se comenzó a reír efusiva mente, como si el dolor que debió de sentir no existiera y en lugar de punzadas dolorosas sintiera vagamente finas plumas atacarlo.

Phoenix se levantó y con el ceño fruncido le dio un golpe fuerte al rostro de un Lian-chu distraído, quien cayó al suelo, confuso de la misma acción que había hecho enfrente de el hombrecillo de cabellos castaños, dirigió su mirada a los ojos azules de Gwizdo, quien se la regresó asustado e igual con confusión, el pequeño estafador no había jamás que el cazador se peleara o siquiera que le soltara un golpe a otro hombre, él era una persona tan tranquila y amable que el castaño no podía creer que lo que estaba pasando era una confrontación de verdad.

No supo hacer cuando vio a su amigo levantarse y comenzar a golpear al otro hombre, quien al igual que su enorme amigo comenzaba a devolverle los golpes una y otra vez, con más fuerza, y con más salvajismo que antes.

Hector lo miro asustado y comenzó a decirle "Zdo, chu, enix, deber detener, rápido". Entonces sin pensarlo aparto al animalejo y corrió con horror en sus ojos para tratar de detener a los hombre enfurecidos.

Trató de llamar su atención pero lo único que veía eran golpes y patadas con más fuerza, con más sangre saliendo de lugares que no sabía con certeza de que parte del cuerpo, después comenzó a golpear con su escasa fuerza a los músculos de los hombres, sin recibir respuesta, y luego comenzó a gritar sus nombres con euforia.

-¡Lian-chu! ¡Phoenix! Deténganse por favor.

Y sin previo aviso sintió un frío puño golpearle su mejilla, ¿De quien había sido? No pudo descubrirlo, pues con aquel golpe que recibo cayó al suelo y sintió que los hombres se habían detenido para proporcionarle ayuda, se agacharon y comenzaron a llamarlo, Hector se acerco también, asustado más que antes, pues aunque no lo diría jamás, quería mucho a Gwizdo.

El estafador miro a Lian-chu, quien lo sostuvo de la cabeza y comenzó a llorar a mares, escuchó su nombre ser repetido incontables veces, y también pudo divisar a Phoenix sosteniéndole la mano, pero él a diferencia de su amigo, lo miró preocupado y con ceño culpable.

Cerró los ojos, esperando no perder la conciencia.