11. Situaciones extrañas y dudas

Creer en un amor no sentido, es como decirse a sí mismo que no habrá más mañana para encontrar el amor verdadero.

Había salido rápidamente de la fiesta de Naruto, aunque eso era lo que menos le importaba en esos momentos, sentía que su corazón sangraba y ella como médico nada podía hacer, porque era una herida que se curaba con algo que ella no conocía en esos momentos..amor.

Muy cerca de la kunoichi Sai trataba de "atraparla", sabía que ella estaba sufriendo mucho y aunque él pensaba que debería estar feliz, no lo estaba para nada. No podía describir cual era la emoción que estaba dentro de su pecho en esos momentos, pero sí estaba seguro de que tenía que alcanzarla sino algo malo podría ocurrir.

Sakura quería llegar lo más pronto a un lugar donde nadie la molestara, claramente su hogar no era la primera opción por razones obvias. Mientras corría miraba en ambas direcciones en búsqueda de una banca.. un árbol.. una frondosa planta que la cobijara en esos momentos.

—Por favor…— rogaba… hasta que sintió que su cuerpo perdía las fuerzas y caía al suelo causado por el pavimento resbaladizo y sus pocas ganas de continuar. Apenas su rostro entró en contacto con el frío asfalto empezó a llorar como si la vida se le fuese en ello, desgarrándose los dedos por tratar de apretar el asfalto y ahogándose con cada quejido de dolor —parece que este es el mejor lugar para alguien como yo— fue un pensamiento miserable, pero cierto desde su perspectiva. Trató de colocarse de pie, pero era inútil, su cuerpo no respondía y su mente aun estaba nublada por el dolor.

—Hola preciosa— dijo un jounin de mediana edad que circulaba por los alrededores del centro de Konoha. La pelirrosa dirigió su mirada perdida hacia aquel espécimen que la observaba lascivamente y se relamía los labios.

Un extraño presentimiento asaltó a Sai que uso una de sus aves de tinta para apresurar el paso, en su corta experiencia como ninja sabía que cuando su sexto sentido le decía que algo estaba pesando, el tenía que creerle.

El mayor tomó a Sakura del brazo y la levanto como si de una pluma se tratara, acercó su rostro al cuello de la chica, para degustar el aroma de la kunoichi que no respondía en absoluto a lo que estaba haciéndole aquel hombre.

—Hueles muy bien— sin pensarlo la llevó a un callejón y empezó a lamer el cuello de la de cabellos cortos que sintió un leve cosquilleo que la trajo a la realidad.

—¿Sasuke-kun? — fue lo único que apareció en su mente, pero al ver que se trataba de un extraño sus ojos de horrorizaron y trató de soltar un grito. Al sentir que la chica se tensaba colocó una de sus manos en la boca de la joven, para que esta no gritara.

—Si cooperas esto será muy placentero— la pelirrosa solo pudo distinguir los ojos amatistas de aquel hombre y los cabellos celestes. Se tensó inmediatamente al sentir una mano traviesa que acariciaba su trasero sin tapujos. Quiso gritar, pero le fue imposible al sentir la lengua del otro que la exploraba con confianza, sin importarle el estado en el que estuviera la chica.

Solo podía llorar, lo cual le hacía sentir más impotente que nunca, porque desde la partida de Sasuke ella había hecho una promesa a si misma de nunca depender de alguien para defenderse, pero que podía hacer en esos momentos si estaba completamente inmovilizada. Era casi como una muñeca, todos hacían lo que quisieran con su cuerpo, primero Sasuke y después ese extraño que no tenía pensado soltarla.

—Por favor que termine rápido…— eso fue lo único que pidió la ninja médico que ya se había resignado a la idea de que sería violada en ese lugar —Sasuke-kun…— se vino a la mente el rostro del pelinegro cuando estaban haciendo el amor, lloró con más fuerza al rememorar esa situación. A pesar de que el Uchiha la había utilizado, había sido muy distinto de lo que estaba ocurriendo ahora.

—Eso es…. Estate quieta— decía con voz ronca y arrastrada aquel ojiamatista.

Cuando una de las manos se coló entre sus piernas sintió temor, quiso morir en ese mismo instante… pero se detuvo bruscamente y sintió como la presión sobre su cuerpo desaparecía y se resbalaba para quedar recostada en la pared, con la piel un tanto expuesta al frío y marcas en todo su cuello y pecho.

Colocó su chaqueta en la espalda de la ojiverde que la miró esperanzada —Perdón por demorar— ella aun no distinguía bien de quien se trataba.

—Sasu-ke-kun— después de eso su mente se fue a negro y cayó sobre algo mullido que la cobijo, para después tomarla en brazos y llevarla a otro lugar.

—Lo siento, por no ser quien esperabas— respondió el pintor que vio el rostro un poco más calmado de la pelirrosa. Luego posó sus ojos ébano en aquel hombre que había ultrajado a la chica y lo reconoció de inmediato, parecía que su misión no había terminado aun. Torció una sonrisa y continuó con el camino que lo llevaría a su casa, ya que su máxima prioridad estaba profundamente dormida entre sus brazos.

No muy lejos de ahí el portador del sharingan había parado de arrastrar a Karin para fijarse en Sai que llevaba a "su" Sakura en brazos y con su chaqueta. Apretó con más fuerza la muñeca de Karin que se quejó inmediatamente, pero fue ignorada olímpicamente por Sasuke que no tardó en dirigirse a aquel callejón de dónde habían salido aquellos dos. La de lentes al ver un cuerpo tirado empezó a sudar frío y tiró de la manga del Uchiha.

—Será mejor que nos vayamos Sasuke-kun, nosotros ya no tenemos nada que ver con ellos— primera vez que hablaba así delante del pelinegro, que sintió que algo no estaba bien ahí, además del embarazo de Karin. No lo pensó dos veces y por primera vez le hizo caso a su acompañante que suspiró de alivió, en cambio, él no puedo evitar darle una mirada de desprecio a Suigetsu que estaba inconsciente en aquel lugar.

Todo el camino hacia la casa fue en silencio, la pelirroja tampoco quiso hablar porque sabía que Sasuke la atacaría con preguntas que ella no sabría cómo responder. Por su parte el pelinegro recordaba el regalo que le había dado Sakura a Karin, frunció el seño inmediatamente.

Introdujo la llave en la cerradura y abrió la puerta con una fuerza descomunal, la de lentes prácticamente corrió al interior del lugar y tomó asiento en el sillón del comedor. Sasuke masajeó su sien y tomó asiento frente a la chica.

—Tienes mucho que explicar, así que empieza a hablar— se cruzó de brazos y espero a que la joven empezara a hablar.

—Se supone que está claro ¿o no Sasuke-kun? — dijo esta con mucho naturalidad, tratando de ocultar los nervios.

—No está claro, porque es imposible… bueno tu sabes— revolvió sus cabellos con incomodidad, mientras fijaba la vista en la mueca de molestia que se formaba en el rostro de la chica.

Se inclinó un poco para mirar al portador del sharingan a los ojos.. —tienes muy mala memoria, pero lo único que puedo decirte es que es verdad que estoy esperando un hijo tuyo, así que tendrás que hacerte a la idea de que serás padre.. y no podrás estar con nadie más que no sea yo— se puso de pie y se dirigió a la habitación con una sonrisa triunfal. El Uchiha solo pudo soltar un suspiro, estaba consciente de que había cometido el peor error de su vida; tenía claridad de que no quería herir a Sakura, pero esto no estaba en sus planes… en el fondo de su corazón aun albergaba la esperanza de volver a ella, pero con esto esa pequeña luz se había acabado por completo.

No sabía qué hacer, estaba consciente de que al asumir la responsabilidad no podría volver a ser la persona que era, tendría que cambiar completamente y adquirir un nuevo rol, compartir el resto de su vida con una persona que no le importaba en lo más mínimo y verla.. a ella.. con otro que no fuese él. Sin duda ese era un gran golpe a su orgullo.

Todos estaban mirándose las caras, después de lo que había ocurrido con Sakura y Sasuke los ánimos habían decaído considerablemente, incluso el rubio hiperactivo había quedado preocupado después de saber que Karin estaba embarazada. Siempre bromeó con el tema de que su amigo restaurara su clan, pero nunca pensó que sería tan rápido se haría realidad.

—Que problemático es todo esto— dijo como siempre el Nara que recibió un codazo por parte de Ino, que estaba con el seño bastante fruncido.

—No puedo creerlo y menos de Sasuke, pobre Sakura— la rubia sabía cuánto amaba su amiga a Sasuke, ella mejor que nadie era testigo de todo lo que había sufrido. Incluso ella lo había vivido…

—Estoy preocupada por ella— dijo Tsunade a lo que todos asintieron.

—Sai fue tras ella, no creo que le pase algo malo— acotó Tenten que trató de ver el lado positivo de aquel drama.

—No podemos arruinarle la fiesta a Naruto, así que continuemos celebrando y confiemos en que todo se va solucionar— acotó Chouji que tenía una hamburguesa en la boca. Todos rieron al ver al amigo de Shikamaru así de relajado, y trataron de retomar lo que estaban haciendo. Naruto sonrió y siguió de anfitrión, aunque la culpa no lo había dejado tranquilo en lo absoluto.

—Ella estará bien— la voz de su sensei le dio a entender que no se preocupara.

—Muchas gracias Kakashi-sensei— se volvió para subir el volumen de la música.

El ex integrante del equipo ANBU había llegado a su casa con algo de dificultad para abrir, ya que traía a la pelirrosa en brazos. Luego de entrar la depositó en su cama y se dirigió a la cocina para calentar el agua y preparar un té, recordaba que debía colocarle bastante azúcar para que las personas se tranquilizaran, porque seguramente la pelirrosa no despertaría muy tranquila después de todo lo que había pasado.

Se apoyó en el marco de la puerta mientras el agua hervía, con la vista perdida en dirección a la ventana que mostraba un blanquecino panorama, demasiado bello para que ese momento fuese así de deprimente. Se había dado cuenta que lo único que quería hacer en esos momentos era matar a cierto pelinegro, no recordaba haber tenido esa sensación alguna vez, era algo totalmente nuevo e incontrolable. Sin leerlo de algún libro, estaba consciente de que era dañino tener pensamientos así, tanto para él como para la persona que sería la afectada.

—¡No! — escuchó el grito que provenía desde su habitación, sin pensarlo dos veces se acercó a paso acelerado y vio a la pelirrosa que había despertado abruptamente. Con lágrimas en el rostro y su pecho descubierto, dejando ver el sostén; un sonrojo se formó inevitable y cogió una manta para arropar a la chica y así tratar de tranquilizarla.

—No hay nada que pueda dañarte aquí— le habló desde muy cerca, a lo que la chica reaccionó negativamente.

—¡Suéltame Sasuke! — le había llamado Sasuke inconscientemente, se tapó la boca rápidamente el reconocer al dueño de esa voz. Lo estaba dañando, incluso cuando él le había salvado de aquel hombre del callejón —Lo siento.. mucho.. Sai— este solo sonrió de lado.

—¿Estás un poco mejor Sakura? — la de cabellos cortos asintió con un poco de vergüenza, tapándose hasta el cuello — Me alegro—

—Me iré en seguida, no tienes que preocuparte— dijo con una tenue sonrisa, que contrastaba con las gotas saladas que caían de sus esmeraldas.

—No tienes que preocuparte, puedes quedarte aquí cuanto necesites— iba a reprocharle, pero el ruido de la tetera le interrumpió —espera un poco, prepararé un poco de té.. con bastante azúcar— le llamó la atención que dijera eso último.

—Creo que debí decirle que no me gusta el té con azúcar— en la cocina el pelinegro estaba bastante agitado, ahora no era esa sensación de querer matar, sino que de proteger, era lo que más quería en esos momentos.

Tomó dos tazas y preparó el té según las indicaciones de un papel que estaba pegado en el refrigerador, después de todo él no era de las personas que se destacara mucho por sus habilidades culinarias.

La chica ya estaba sentada en la mesa, lo cual sorprendió a Sai quien dejó la bandeja con la bebida caliente, Sakura extendió la mano y cogió una de las tazas y probó su contenido.

Para sus adentros una mueca de asco se mostró, en realidad estaba muy dulce… aunque podía soportarlo.. incluso podría llegar a gustarle. Observó a Sai que tenía esa sonrisa y pensó tal y como lo hizo con el té…tal vez podría llegar a gustarle.

Guiada por un deseo complejo y carente de romance, dejó la taza y dirigió ambas manos al rostro de Sai que por primera vez dejó entrever asombro al sentir el tacto de la piel de la chica, en su rostro — no me gusta el té con azúcar— soltó ella, a lo que el suspiró un poco más calmadamente —pero quizás…— se acercó un poco más al rostro del joven — podría llegar a gustarme— terminó susurrando en los labios del chico. Se abstuvo de besarlo, porque si lo hacía eso implicaba que tendría que dar muchas respuestas y eso era algo que no podía hacer en esos momentos.

Volvió a tomar asiento y siguió bebiendo el té, el chico pintor no se movía en lo absoluto.

—¿A qué estás jugando Sakura? — pensó con un leve sonrojo.

—Llamaré un Taxi para que me lleve a casa, no quiero abusar de tú hospitalidad— en parte era verdad lo que decía, pero también temía porque algo más pasara, estando ellos dos solos y ella así de vulnerable y confundida.

Aun estaba tan pasmado que no fue capaz de refutar lo que había dicho la ninja médico que ya estaba marcando el número del taxi.

Karin estaba en la habitación esperando a que Sasuke fuera a dormir, pero nada de eso había pasado. Estaba muy disgustada, esa no era la reacción que esperaba por parte del ex integrante de Akatsuki; ella había imaginado que el pelinegro al fin cedía a sus encantos y así todo podría ser tal como ella lo había planeado. Todo se estaba complicando, debía salir lo más pronto de ese lugar, de Konoha, sino Sasuke empezaría a dudar.

—Estás bastante pensativa, parece que se va a caer el mundo—

—Esa voz… ¡¿Qué demonios haces aquí? — se puso rápidamente de pie, mientras se acercaba a la persona que estaba en el marco de la ventana.

—No te alteres, después de todo… —

—¡Cállate! No tienes nada que hacer aquí— acomodó sus gafas y observó con furia a cierto peliceleste que estaba caminando hacia ella.

—Shhhhh sabes que si sigues reclamando tú serás la que pierda ¿o crees que ni Juugo ni yo nos daríamos cuenta de que escapaste? Y curiosamente justo después de "eso" — ella miró hacia un lado asustada, estaba consciente de que con el grito que había dado Sasuke iría a verla —No creo que Sasuke venga, después de todo tú no le importas en lo más mínimo— la pelirroja frunció el seño y empujó al chico de los dientes filudos.

—Eres un maldito pez rastrero— lo empujó lo mas que pudo hacia la ventana, pero justo antes de que quedara al borde del balcón este se aferró de la cintura de la chica y la beso rápidamente. Golpeó con fuerza el pecho del peliceleste, pero este no atendió a lo que hacía la de lentes y la agarró con más fuerza.

La pelirrosa estaba pagándole al taxista, soltó un bostezo… estaba cansada y abatida y aun no terminaba ese día, porque cuando vio en dirección al balcón de la casa de Sasuke vio a la pelirroja besándose con un hombre, peor aun.. era el hombre que había intentado violarla hacía unas horas. Sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal, no lo pensó más y entró rápidamente a su casa y se encerró en el baño; recién había recordado todo lo que había pasado. Parecía como si hubiera bloqueado ese día y recién ahora estuviera asumiendo todo lo que había ocurrido.

—Después tendré que disculparme con Naruto por irme así de su fiesta— fue lo que pensó en esos momentos.. —Ahora que lo pienso… ella no debería haberse estado besando con otro— recién había caído en cuenta de que algo extraño estaba sucediendo — porque se supone que cuando estás embarazada es porque estás enamorada del padre de tu hijo— mordió su labio inferior, mientras hacía todas esas suposiciones.

No quiso darle más vueltas al asunto y luego de entrar a la casa y prender las luces, se dirigió a su habitación, curiosamente la pelirroja no había dejado rastro alguno, llego a pensar que todo era un deseo oculto de su mente, una excusa para no asumir que lo había perdido y casi había sido violada, todo en un mismo día.

—Que irónica puede ser la vida, como si todos conspiraran para que las cosas malas se juntaran— abrió la puerta de su habitación, aun a oscuras se sacó la chaqueta mojada y la dejó tirada en algún lugar, se tendió en la cama para tratar de descansar, sin embargo un bulto a su lado distrajo su atención y la obligó a prender la lámpara que descansaba en su velador.

Frunció el seño al ver que la brisa fría entraba al lugar y los cabellos negros se esparcían en su almohada —¿se puede saber cómo tienes el descaro de estar en mi habitación Sasuke? — le dijo muy despectivamente mientras permanecía de pie. El portador del sharingan se giró para verla a los ojos; se sintió recorrida por esa mirada penetrante y tragó saliva al ver que su ex compañero de equipo miraba con insistencia su cuello.

—¿Por qué tienes marcas en el cuello? —se limitó a preguntar indiferentemente, tratando de ocultar una pizca de celos.

Instintivamente se llevó una de sus manos al cuello —como si te importara— sintió que se acercaba más de lo que podía permitir.

—Ya no puedo….— la pelirrosa no entendía que era lo que trataba de decirle ese chico —mantenerme alejado de ti, tienes que saber la verdad—

—Que verdad, no sé de qué estás hablando Sasuke—

—El hijo que está esperando Karin…no—

—Basta, si vas a negar todo pierdes tu tiempo; será mejor que aprendas a ser un padre responsable en vez de estar aquí hablando estupideces—

—Eres una molestia…— ella le miró con odio.. Y aun tenía el valor de llamarla de esa manera, después de todo el daño que le había hecho.

—Y que si lo soy, no te importa—

—Lo eres porque nunca me dejas terminar con lo que tengo que decirte… al igual que esa noche— refiriéndose al día en que el abandonó Konoha y se encontró con ella en la salida de la aldea.

—Por favor no compliques más todo, vete— como si los papeles se invirtieran ahora era ella quien no quería tenerlo cerca.

Tenía la esperanza que el luchara por ella… incluso sabiendo que sería padre, tenía la esperanza que en esos momentos él lucharía por ella. Como si de un tire y afloja se tratara, partió por donde mismo había llegado.

Cuando vio a Karin besándose con él, entendió todo y supo que no estaba todo perdido… pero el asunto era que ahora la pelirrosa no confiaba en él. Algo que no perdió ni cuando estuvo con Orochimaru y ahora cuando más necesitaba que le creyera, todo se complicaba.

—Demonios— saltó a su balcón y cerró las cortinas…no quería más mal entendidos.. —no debía haber hecho esto desde el principio.. fui un cobarde, pensé que huyendo la salvaría de mi y ahora soy yo quien no puede alejarse—