Los Siete Dragones

Por Marce-chan

Capítulo 10

Decidí seguir el consejo de Kamui y esparcir mi olor en la isla manteniéndome en constante movimiento por sus alrededores, pero nunca me acerqué al volcán ni al claro, revisaba periódicamente las raíces de los árboles y de vez en cuando encontraba las pequeñas bolsas con provisiones que Kamui dejaba para mí, me sentía muy agradecida con él y esperaba poder pagárselo algún día.

Cada día que pasaba era horrible para mí, el clima era inclemente, aún siendo una isla en medio del mar, hacía mucho frío, surgían inexplicables vientos helados y llovía constantemente. Al cuarto día en la isla me sentía terriblemente desesperada, sola y perdida, rogaba por la llegada del gremio. Natsu siempre había sido mi luz y mi apoyo incondicional y ahora que él necesitaba mi ayuda me sentía tan inútil y me odiaba por el hecho de que no podía hacer nada para ayudarlo.

Mientras caminaba con los vagos pensamientos de desesperación rondando mi mente, tropecé con una raíz y caí de frente, cuando intenté levantarme me percaté que las raíces se movían enroscándose en mis piernas, comencé a gritar aterrorizada, mientras me debatía, un brillo verde, ya conocido para mí, comenzó a emanar de las raíces y a causarme un punzante dolor.

-¿Quién eres y cómo rayos llegaste hasta aquí?-llegó hasta mi una profunda voz.

Levanté la mirada y vi a Dust de pie frente a mí.

-¡Suéltame!-grité-¡Me duele!

Él me miró fijamente mientras yo gritaba y me debatía.

-Te recomiendo que te calmes, entre más te muevas será peor para ti-me dijo.

-¿Por qué me haces esto?-grité-¡No te he hecho nada!

-Lo lamento, no sé quién eres, ni tengo nada en tu contra, pero no debes estar aquí y mi obligación es deshacerme de ti-respondió.

Grité de dolor, las raíces me apretaban más conforme me debatía, de repente, de la nada, las raíces se encendieron en llamas y se quemaron hasta volverse cenizas.

-¿Qué?-exclamó Dust.

Un muro de fuego surgió entre él y yo, por primera vez desde mi llegada a esa isla me sentí aliviada.

-¡Si vuelves a tocarle un solo cabello a Lucy te haré cenizas!

-¡Natsu!-grité al verlo aparecer enfrente de mí.

Dust retrocedió, me miró y lo miró a él, comprendiendo.

-¿Para qué rayos trajiste a tu novia aquí, Salamander?-reclamó-¿Acaso estás loco?

-¡Yo no la traje!-respondió Natsu a los gritos-¡Y que ni se te ocurra informar sobre esto!

Dust resopló.

-No diré nada, pero busca el modo de sacarla de aquí, por su propio bien.

-Lo sé-respondió Natsu bastante molesto.

-Quedan 4 días-dijo Dust dándole la espalda y alejándose-Tenlo presente, Salamander.

Natsu no respondió, lo observó hasta que se perdió de vista y las llamas se extinguieron tal como aparecieron, yo seguía en el suelo con las piernas heridas y sin poder moverme por el dolor. Natsu se volvió hacia mí, pero no encontré la expresión de furia que esperaba sino una profunda tristeza.

-¿Por qué?

Me quedé pasmada mirándolo, me esperaba cualquier reacción menos ésa. Esperaba que me preguntara como llegué hasta ahí, pero nunca porque.

-¿Por qué? ¿Por qué me seguiste?

Me incorporé con todo mi esfuerzo hasta quedar sentada en el suelo y suspiré.

-Porque todo es más sencillo cuando estamos juntos.

-¡No!-respondió Natsu de inmediato-¡Esto es diferente!

-La situación es lo de menos-lo interrumpí-Mi deber es estar a tu lado siempre.

-Pero…-replicó.

-¡Y por eso!-lo interrumpí nuevamente elevando la voz-¡Por eso estoy aquí!

Natsu se sobresaltó y se quedó callado, mirándome con intensidad, su mirada me azoró y desvié la vista de él muy sonrojada, todo se quedó en silencio por un momento, de repente una sacudida me hizo alzar la mirada, cuando me di cuenta me hallaba en sus brazos y me estrechaba fuerte pero delicadamente, su calor me invadió de inmediato y después de tantos meses por fin recuperé la sensación de que estaba en casa, que había regresado a mi hogar, que todo estaba bien, lo abracé fuertemente también y mis lágrimas comenzaron a caer sobre su hombro.

-Natsu…

-Perdóname, Lucy.

-¿Por qué te disculpas?-pregunté sin comprender.

-Te hice venir hasta aquí, todo lo que has pasado es mi culpa…

-Cállate tonto-lo interrumpí-Ya no importa, lo importante es que te encontré y lo que sea que venga lo enfrentaremos juntos.

-Es demasiado-replicó él negando con la cabeza-Demasiado grande, demasiado peligroso, tienes que salir de aquí.

-¿Qué no lo he dejado claro?-repliqué irritada-¡No pienso dejarte! ¡No me alejaré de tu lado! ¡No importa lo que pase!

-Lucy…

Se separó para mirarme y sonrió.

-Gracias.