SELL YOUR SOUL, NOT YOUR WHOLE SELF

...

—¿¡Vas a tener una cita con Christophe De'Lorne!?

Claramente Craig estaba molesto.

—¡No me dejó opción!

Defenderse era inútil, debió saber que Chris jugaría sucio.

—¿No te dejó opción...? ¿No te dejó opción?

La cajetilla de Tucker descansaba sobre la cama del mismo, acusadora, pero completa e intacta. Tweek la miró algo incómodo. Había hecho lo posible por recuperarla. No quería que el dinero de Craig desapareciera en el despacho del director para siempre, por eso le había propuesto un plan para salvar la caja. El plan incluía a Topo, quien se encargaría de apagar las cámaras del sector, a Craig, que, como distractor, pelearía sin motivo con Stan para atraer la atención de los inspectores, y a Tweek, el encargado de ingresar a la oficina del director para tomar los cigarrillos.

Todo fue muy bien y de acuerdo al plan, incluso, la riña creció bastante cuando entró Kyle al combate y luego Token, para defender a Craig, lo que hizo que muchos estudiantes y

hasta el mismo director acudieran a presenciar el escándalo.

La puerta del despacho se encontraba abierta. Eso facilitó mucho todo y le ahorró tiempo, pero De'Lorne ya había encontrado la cajetilla y pidió explicaciones. Sabía que en realidad al castaño le importaba media hectárea de comino lo que fuera que estuviera buscando, pero decidió aprovechar la oportunidad para un poco de chantaje y, así, obtener una cita con Tweek.

La idea no le gustó demasiado a Craig.

No era como si a él le gustara mucho tampoco.

—Mira, sólo caminaremos unos minutos, comeremos algo y le diré que debo volver al trabajo. —Trató de tranquilizarlo.

No lo logró.

—No conoces a Chris. ¿Y si intenta algo raro?

—No va a intentar nada raro. Y si lo hace, puedo arreglármelas por mi cuenta, te lo aseguro.

A ninguno de los dos le terminaba por convencer esto último, pero ya vería qué hacer. Christophe le seguía dando miedo, pero qué demonios, lo hecho estaba hecho y tratar de burlar al chico sonaba a muerte segura o, mejor dicho, expulsión segura, lo que era peor, quizás. Continuó limpiando el rostro de Craig con un paño húmedo. Había sangre seca en él. Tucker le miró grave, resignado. Tal vez estaba no sólo preocupado, sino celoso. Tweek sintió que debía hacer algo.

—Hey, hey. No te pongas así —dijo acariciando su cara.

Craig le apartó el brazo y se puso de pie. Sí, definitivamente estaba enojado.

—No debiste decirle que sí.

—Era eso o le decía al director, Craig.

Pausa.

—Lo voy a matar.

—No, no lo vas a hacer. Siéntate y escucha —exigió y Craig no se movió—. Bien, no te sientes… Pero, mira, lo que va a pasar es que iré con él al pueblo, tú te desharás de esa hierba, me avisarás y yo lo dejaré ahí. ¿Ves? Así será mejor.

—Te va a matar si haces eso.

—Eso será otro problema, pero lo veremos luego.

Le sonrió. Tucker le sonrió de vuelta, forzado.

Tweek volvió a su lugar del cuarto y se desvistió para después ponerse su pijama. Vio con el rabillo del ojo que Craig hacía lo mismo.

—¿Craig? —dijo mientras se acostaba.

—¿Qué?

—¿Y si… después de todo esto con Chris… Salimos a algún lado…?

—¿Qué?

—Que si quieres tener una cita… Conmigo.

—Seguro.

No era la respuesta que quería, pero al menos era una positiva. Le sonrió y apagó la lámpara de su mesa de noche, buscó el control de las luces de los estantes para apagar también las corridas de alambres cobrizos. Craig no demoró en oscurecer la habitación.

Llegó el sábado. Pasó el peine una última vez por su cabello húmedo y cerró los ojos bajo una nube de su perfume favorito.

—¿Arreglándote para De'Lorne?

La voz de Tucker estaba impregnada en odio.

—Sabes bien que no. Hazte a un lado, Craig.

No se arreglaba para su cita, se arreglaba porque iría al pueblo. Calzó sus botines, se escondió bajo su chaquetón café y buscó sus guantes. Justo llamaron a la puerta. Se apresuró a abrirla. Christophe De'Lorne le miró de pies a cabeza antes de curvar sus labios en algo similar a una sonrisa. Tweek tembló mientras se ponía los guantes y salió de la habitación.

—¿Qué se supone que le diga a Mackey? —Preguntó Craig, escupiendo sus palabras.

—Dile que salió conmigo. Lo va a entender.

Christophe sí que tenía poder allí. Ignoró la tensión que comenzaba a formarse y se despidió de Craig. Se suponía que dentro de una hora debía acudir al programa antidrogas de Mackey, pero iba a estar un poco ocupado en ese momento.

El plan era simple, Craig ocultaba la droga, le avisaba a Tweek y él se iba a su casa. Muy simple.

Caminaron en silencio hacia el estacionamiento del internado.

—¿Qué? ¿Acaso tienes auto?

Christophe rio.

—¿Preferías un auto? —Preguntó subiéndose a una moto y tirándole un casco.

Me tienes que estar jodiendo…

Estaba a punto de cumplir el sueño de gran parte de adolescentes: Ir a una cita en una moto negra por la carretera.

—Woah, no. Esto está genial. —No pudo evitar decir.

—Entonces sube.

Lo hizo. Se subió y aferró del francés apenas hubo partido. Se preguntó si Craig le estaría viendo alejarse desde la ventana. Probablemente sí. Chris aceleró aún más después de tomar una curva y, sin previo aviso, dobló hacia uno de los caminos pequeños pavimentados que llevaban a las montañas.

—¡Espera! ¿No vamos al pueblo?

—¿Qué? —Gritó a modo de respuesta.

—¡Que si no vamos al pueblo!

Poco podía escuchar con el sonido del viento y el motor.

—¡No!

—¿Entonces?

—Sorpresa.

Casi pudo ver la sonrisa que se formaba en el rostro del castaño. Lo odió por echar abajo el plan. Si se iban a las montañas, no podía escapar de la cita y tampoco podría comunicarse con el azabache que le enviaría su mensaje. Demonios. Trató de centrarse en el paisaje y no en su desdicha. Observó los árboles nevados y recordó que el pavimento aún estaba escarchado. Sintió miedo. ¿La moto podría con el hielo? Quiso confiar en las habilidades de Chris y no pudo hacer nada más que abrazarlo fuerte para no caer. Pronto llegaron a un gran letrero que anunciaba un camping. Desvió la motocicleta hacia donde apuntaba la flecha. ¿Camping? ¿Cabañas?

—Llegamos. Ya puedes dejar de temblar.

¿Estaba temblando? Qué bochorno.

Se bajó sintiéndose mareado, pero la curiosidad pudo con su malestar y siguió al francés sin problemas. Miró a su alrededor para toparse con otras cuatro motos. Escuchó risas a lo lejos. Se acercaron al mesón y De'Lorne dio su nombre antes de que le entregaran una llave. ¿Qué demonios?

Caminó detrás del chico y, cuando abrieron la puerta de una de las cabañas, salió nadie más ni nadie menos que Gregory Fields. Junto a él aguardaba gente de cursos más altos y chicos que había conocido en una junta con su grupo y el de Chris.

—¿Y ellos?

—¿Pensabas que te iba a forzar a una cita conmigo? —Preguntó Chris, riendo—. Deja tus planes de escape y disfruta de una cerveza. Entra. Un tiempo lejos de Tucker te hará bien.

—Pensé que eran amigos.

—Lo somos… O al menos lo fuimos. No se ve muy contento de verme últimamente.

Whoops. Sí, era su culpa.

Entre los presentes distinguió a Tammy Warner, la ex de McCormick, quien, alegre, le tendió una cerveza. No tardó en resignarse y aceptar que pasaría la jornada bebiendo con aquel grupillo. Tampoco era como si le molestase.

Hacía frío. Pronto prendieron fuego en la chimenea rústica de la cabaña y dejaron que el humo inundara la sala, espeso, pero no tanto como el de la marihuana que rechazó y los demás compartieron. No pretendía volver a tener contacto con una de esas cosas, ya suficientes problemas había tenido por su culpa.

Se preguntó dónde estaba el grupo de jóvenes que no fumaba ni bebía y también se preguntó por qué el ya no pertenecía a este mismo. No supo si la respuesta era Craig Tucker o Clyde Donovan, pero detestó a ambos por unos segundos. Extrañaba su vida sana. Pero ya no la extrañaría más, al menos no ese día. Eso se dijo mientras dejaba que se vaciara su Corona y extendía la mano a Tamill, pidiendo que le sirviera un poco de lo que fuera que tuviera en sus manos.

Annie Bartlett celebró su elección y pasó su vaso para pedir de lo mismo. Era la primera vez que coincidía en algo con Annie y, en realidad, eso le relajaba bastante. La chica solía pertenecer a uno de esos clanes extraños que lideraba con Mike Makowski —también presente— y aún le generaba cierto temor. Vestía extraño, hablaba extraño, miraba extraño, pero parecía ser buena persona.

Cerró los ojos y tomó un sorbo de su vaso, haciendo lo posible por no saborear el líquido. No le gustaba el dejo a alcohol.

Las horas pasaron.

Las horas pasaron y no revisó su móvil.

Siguieron pasando y olvidó su timidez para hacer el ridículo junto a De'Lorne y Warner.

Olvidó su timidez para socializar de formas que desconocía hasta entonces.

Y socializó hasta que ya no pudo seguir hablando sin trabarse.

Ahí recién recordó a Tucker.

—Chris, ya es hora de irnos…—susurró cerca de él, una vez que logró distinguirlo.

—¿Ya lo viste? No se sabe ni su nombre… —respondió Michael dándole una calada a su cigarrillo.

Este era uno de los chicos de otro de los grupos raros que prefería evitar.

—¿Y cómo se supone que… Que… Vuelva ahora…?

—Yo te puedo llevar.

—¿Y tú eres…? —Preguntó el rubio.

—Mercedes. ¿Eres amigo de Tucker, no?

—Sí.

—Dicen que te trata como si fuera tu mamá. ¿Él te espera?

—Sí… —dijo algo avergonzado.

La muchacha le dirigió una sonrisa y dio un grito que resonó por toda la habitación despidiendo a todos. Revisó al francés hasta lograr dar con las llaves de la motocicleta y salió una vez que Tweek hubo dado su frase de agradecimiento y retirada.

La rubia cogió uno de los cascos y se lo puso, luego subió a la moto esperando a que el chico reaccionara y la siguiera.

—Espera… ¿Tienes licencia?

Mercedes rio.

—No. Me falta un año para conseguirla.

—¿Entonces…?

—Como si De'Lorne la manejara legalmente. Se verá mayor, pero sigue siendo un niño.

—Uno mucho mayor que tú…

—Son detalles, Tweek —dijo sonriendo—. ¿Quieres que te lleve o prefieres a un borracho de conductor?

El aludido miró el suelo, tratando de analizar con su cerebro aturdido. Optó por imitar a la chica. El motor partió.

—Hey, Mercedes, ¿por qué Craig se junta con estos chicos tan… Mayores?

—Craig es un buscapleitos, Tweek. Conocen a otros como ellos y forjan hermandades o porquerías así. Es la única razón por la que chicos como tú, Clyde y los demás pueden ir a juntas con ellos. Bueno, esa y porque De'Lorne es un asaltacunas por ti.

Tweek sintió sus mejillas enrojecer. La única razón por la que él estaba siendo invitado a esas juntas era porque Craig y Christophe habían perdido la cabeza por él y eso le incomodaba en cierta parte. Presentía un quiebre. Uno grande.

—¿Y tú por qué te juntas con ellos? ¿Acaso también eres una buscapleitos? —Se burló Tweek.

—No, cariño, eso es porque Tucker y yo tenemos una historia.

La chica le guiñó el ojo.

Sintió una onda de calor inundarlo. ¿Mercedes era la famosa ex de Craig? Agradeció profundamente que el azabache fuera gay, pues, de lo contrario, no hubiese tenido oportunidad al encontrarse con una vara tan alta. La rubia sí que era atractiva. Era femenina, agradable, divertida, bonita y con buen cuerpo. Y él sólo era él, un chico torpe que recién aprendía a beber y que nunca había tenido amigos hasta que conoció a Craig. ¿Qué demonios había visto el pelinegro en Tweek? No lo sabía, pero esperaba que eso no se fuera muy pronto.

—¿Aún te gusta Craig? —preguntó a la muchacha.

—¿A quién no le gusta Craig?

—¿A mí?

Gran mentira.

La chica soltó una carcajada que no se logró ahogar con el sonido del pavimento bajo las ruedas.

—Aparte de ti, claro.

Sí… A todas les gustaba Craig Tucker.

Fue ahí donde recordó a Wendy y su maldito plan a sus espaldas junto a Rebecca y las demás chicas. Apretó los labios tratando de apartar la sensación desagradable que le proporcionaba ese pensamiento y, disculpándose, tímido, estrechó el agarre alrededor de la cintura de la muchacha al notar que aumentaba la velocidad de la motocicleta.

De pronto vio la gran e imponente estructura del internado aparecer frente a sus ojos, era, sin duda, un edificio muy atractivo a la vista, pero lo que más le llamó la atención fue distinguir al grupillo de Craig sentado en la entrada de ladrillo y rejas.

Mercedes echó un vistazo a Tweek y le dedicó una sonrisa. Frenó la moto de golpe frente a los cuatro muchachos.

El rubio presenció el momento exacto en que el rostro de Tucker cambió del enojo a sorpresa y temor de un segundo a otro, literal, si es que no más rápido.

El pelinegro volvió a posar los ojos sobre Tweek y retomó su enfado, encaminándose hacia él.

—¿Dónde demonios estuviste todo este rato? ¿Tienes idea de lo preocupado que estaba? ¡No me respondiste ningún mensaje ni llamada…! —Empezó colérico—. ¿Qu–?

—Dios mío, mamá Tucker, basta —rio la rubia sacándose el casco y descendiendo de la moto—. ¿Entonces eran ciertos los rumores? ¿Estás cuidando a Tweek como a un niño?

—No te metas, Mercedes.

Clyde alzó la vista y se puso de pie.

—¡Hey! ¡Tanto tiempo!

La chica no atendía el internado ya, desde hacía dos años, por eso Tweek nunca supo de su existencia.

—¡Clyde!

Corrieron a abrazarse. Craig rodó los ojos, hastiado, y se concentró en el rubio una vez más. Este bajó de la motocicleta para acercarse al azabache, buscando las palabras para explicar todo lo que había ocurrido las cuatro horas anteriores antes de que Tucker estallara.

—Mira… Chris me terminó llevando con sus amigos en unas cabañas... Y no hallé señal para avisarte y luego tomamos y… Y olvidé seguir intentando llamarte… Lo siento mucho. En serio. ¿No creí que te preocuparías tanto?

Craig lo miró con el ceño fruncido, pero, poco a poco, comenzó a suavizar la expresión.

—¿Y por qué volviste con… Ella?

—Chris quedó muerto. Bebió mucho.

—¿Y se robaron su moto?

—La tomamos prestada —respondió la rubia—. No creo que se enoje. Pero, si lo ves, ¿dile que me la llevé al pueblo? No tengo cómo volver.

—Bien. Me matará, de seguro, pero supongo que tendré que decirle.

—Gracias, Craig, eres un amor.

La chica se aproximó al pelinegro y le revolvió el cabello.

—¿No has pensado en llamarme, Craigy?

Todos observaron a ambos adolescentes como si estuvieran presenciando algo indebido. Tweek sintió una ola de calor subir por todo su cuerpo y quiso hablar, pero algo trabó sus palabras.

—¿Qué tal si vuelves a tu casa? —sugirió Craig—. Ya es tarde, Mercedes.

—Oh, vamos, sabes que qu–

—Mercedes, estás algo ebria, ¿lo sabes?

—…Sí.

—Será mejor que te lleve al pueblo, ¿te parece? —ofreció Tucker.

—No será necesario. Yo la llevo —dijo Clyde, mirando de reojo a Craig—. Yo me encargo.

—Gracias, chicos —agradeció Mercedes.

La rubia se despidió y Clyde hizo partir el motor. Desaparecieron en la carretera.

—Vaya, amigo, eso fue raro —soltó Token.

—¿No piensas en volver con ella algún día? E-e-esa chica e-está loca por ti.

—No es cierto. Sólo está nadando en alcohol. Igual que Tweek —Cortó el azabache.

El aludido abandonó en silencio la reunión del grupo sujetando su chaqueta con una mano en el hombro. No tenía ganas de discutir con nadie, menos con Craig, así que consideró buena idea alejarse y volver al cuarto.

Una vez en él buscó sus cosas y se preparó para una ducha rápida que se extendió a veinte minutos de contemplar el agua caer sobre la losa y desaparecer por la boca de la cañería. El efecto del alcohol ya desaparecía casi por completo y sólo le quedaba un dolor sordo en la cabeza. Extendió la mano para tomar la toalla.

—La odio. —Dijo por fin.

Salió del cubículo y caminó hacia los espejos secándose los rubios cabellos.

—Claro que la odio. —Reafirmó.

No era verdad. La chica le caía fenomenal, a pesar de lo poco que había intercambiado con ella, pero el problema con la rubia estaba justo en su pasado junto a Craig. Y, por alguna extraña, pero no desconocida razón, Tweek ya no sentía grata su presencia ni los recuerdos de esta misma.

Limpió el vapor que bloqueaba su reflejo y se miró fijamente.

—Ahí estás, Tweek.

Era Clyde.

¿Tanto tiempo había pasado?

—¿Te sientes mejor?

—Sí… —Aguardó—. ¿Craig sigue enojado conmigo?

Clyde rio.

—¿Enojado? Está furioso. Token está aún tratando de controlarlo.

—¿Tanto así?

—Creo que es culpa de Mercedes. Verla le puso mal. ¿Sabías tú que ellos estuvieron–?

—¿Crees que Mercedes tenga oportunidad?

—Sinceramente, no lo creo. Wendy lo tiene atrapado. ¿Has visto cómo se pone a veces?

Wendy…

Sabía que no era Wendy, por eso se sonrojó y tuvo que tratar de ignorar los comentarios de Donovan burlándose de Craig.

Sí. Mercedes no tenía oportunidad contra él. De eso ahora estaba seguro. Sintió algo tibio crecer dentro de su pecho y sonrió. Se terminó de vestir luego de que el castaño se fuera del cambiador y se encaminó a su cuarto algo nervioso, memorizando frases en silencio. Abrió la puerta y encontró al azabache jugando con su celular, sobre la cama.

—Craig… Yo–

—Tweek.

—Siento mucho haber echado a perder el plan…

—¿Lo de salir nosotros… aún sigue en pie?

—C-claro que sí… ¿Mañana estaría bien?

—Estaría perfecto. ¿Quieres escapar al pueblo?

—Suena bien.

—¿Me perdonas por haber sido un imbécil todo este tiempo? —Preguntó Tucker apartando la vista de su móvil para posarla sobre el rubio.

El muchacho sintió un escalofrío recorrer su cuerpo y quiso abrazarlo, pero no lo hizo.

—¿A qué te refieres?

—Te cambié la vida para mal. El tú de antes no hubiese aceptado beber tanto y mucho menos montarse en una moto con una chica ebria.

—Craig, estoy bien así.

—Sabes bien que te obligué a fumar hierba.

—No me obligaste, yo acepté.

—Te sentiste obligado.

—¡No…!

Sí…

—Tweek, no deberías venderte tan fácil. Si quieres decir "no", sólo dilo… Que el resto no te presione. Mucho menos un grupo de idiotas como el nuestro o esos tipos raros con los que estuviste hoy. Nosotros estamos acostumbrados a arrastrar nuestras vidas por donde se pueda, pero tú… Tú tienes planes.

—Craig, ustedes también tienen–

—¿Has visto a Clyde? ¿Crees que a él le importa un poco el futuro más allá del viernes por la noche? ¿A Token? Token no se esfuerza. Sabe que va a conseguir lo que quiera de todas maneras con el dinero de su familia. ¿Y Jimmy? Jimmy sólo piensa con la verga. Lo sabes.

—¿Qué hay de ti, Craig?

—¿De mí? Bueno. La vida ni siquiera me importa. Las cosas pasan… Yo las veo pasar. ¿Un futuro? No me veo a mí mismo fuera de este mundo… Pero tú, tú puedes hacer más.

—¿Qué puedo hacer? Dime tú, Craig. ¿Qué puedo hacer?

—Eres un artista. Tus fotos, tus dibujos…

—Mis dibujos no son buenos y las fotos tú las editas, Craig.

—¿Cómo puede ser que no veas lo que tienes en ti? Tu forma de ser es la de un artista. Eres especial. Lo que miras lo transformas en arte.

A estas alturas Craig le tomaba ambas manos recalcando sus últimas palabras.

—Sólo vas a lograr que me sonroje —admitió Tweek—. Yo n–

—Te puedo enseñar.

—¿Qué?

—Sé que crees que soy mejor en las fotos, pero si te enseño, te aseguro, serás mejor.

—¿Por qué haces esto?

—Quiero mostrarte el Tweek que puedes llegar a ser si vuelves por el camino correcto.

Nadie jamás había hecho sentir a Tweek Tweak tan capaz alguna vez en su vida. Nada ni nadie le había hecho sentir que tenía un futuro.

Él se veía a sí mismo como un chico adolescente que jamás había vivido la adolescencia como debía y creía haber estado haciendo algo mal por largos años hasta conocer a Craig y ahora este le afirmaba que lo que estaba mal era lo que ahora hacía. Que antes estaba en lo correcto. Que siempre estuvo bien. Que el problema había sido Craig Tucker.

Era una mezcla interesante de pensamientos.

—¿Entonces… Quieres que deje de fumar y beber?

—Exacto.

—Entonces déjame mostrarte al Craig que puedes llegar a ser si lo haces también. Déjame mostrarte un futuro.

Sostuvo sus manos y las entrelazó con las suyas. El rosa pálido invadiendo con furia las mejillas del azabache le pareció el espectáculo más tierno del mundo. Sabía que Craig hacía lo posible por mantener la calma al menos en su rostro, pero verle perder la compostura lentamente por gestos como ese se le hacía hermoso. ¿Podría permitirse otro beso? Decidió que sí.

Aproximó su cuerpo hacia Craig y, todavía sosteniendo sus manos, rozó sus labios con los de Craig y este se acercó más aún para continuar la anhelada caricia.

Sin previo aviso, la puerta se abrió frente a ellos.

—Tweek, Rebecca en serio lo sient– ¿Tweek? ¿Craig? —Pausa—. ¿Chicos, qué carajos? —Exigió saber la voz extrañada de la novia de Token.

Guiaron de inmediato sus ojos a su inesperada visita completamente congelados.

—Okey. Quiero una respuesta ahora y no quiero que sea que le estabas enseñando a besar a Tweek… Aunque eso ya sería raro.

Los tres se encontraban mirándose en silencio. Craig le había pedido a Nichole que no se fuera antes de escuchar lo que tenía que decirle. Esto último estaba tardando mucho más tiempo que el esperado, de hecho, Tweek había bajado y subido por vasos de café para todos, lo que le llevó cuatro viajes.

—¿Y bien?

—No le puedes decir a nadie, Nichole, por favor —pidió Tweek, leyendo la mirada de Craig.

—Menos a Token.

—¿Están juntos…?

—No.

—¿No? ¿Y qué era eso? ¿Un experimento? —Preguntó la chica—. Tweek, ¿y Rebecca? Digo, sé que es una perra y todo, pero igual…

—Rebecca puede irse a la mierda —sentenció Tweek.

—Bien, Rebecca puede irse a la mierda, lo entiendo, pero yo no. ¡No es que sea homofóbica! Es solo que… Bueno, Craig, hemos sido amigos hace mucho y no sabía que eras… Gay.

—Creéme, yo tampoco —dijo el azabache.

—¿Pero no están juntos?

—No. —Corearon.

—¿Por qué no? ¡Alguien explíqueme algo! ¡Craig, por favor!

Sintió la angustia de Nichole. Claro. Ella y Craig eran amigos desde hacía años y el chico no le había dicho nada. Era obvio que estaría así de exaltada. Sentía que le debían una explicación, pero él no hablaría hasta que Craig lo hiciera. Suspiró. No pensó que su pequeño secreto duraría tan poco. No sabía si Nichole era de fiar. Para empezar, ella y Red delataron a sus amigas, lo que le sumaba puntos de fidelidad y le quitaba otros…

—Mañana tendríamos una cita —respondió Craig, por fin.

—Entonces todo calza ahora… Tu comportamiento… —Se quedó callada—. Oh, Dios mío.

—¿Qué?

—Clyde se juntó con Wendy para hablar de ti y… Carajo, ¡no saben esto!

—Y no lo van a saber —soltó Craig molesto—. No sale de aquí, Nichole.

—Pero…

—No.

Craig estaba tan enojado con la idea de ser expuestos que se llegó a sentir mal. Sabía que era normal querer ocultarlo, pero, carajo, igual dolía.

—Bien. No diré nada. Pero quiero que tu grupo lo sepa. ¿Entiendes? Si no se lo dices tú a Clyde, lo haré yo, porque no tengo ganas de verle enterándose por una tercera fuente. Y no me mires así. Sabes que lo hago por el bien de ustedes.

—Nichole, ni siquiera sabemos si va a salir algo de esto…

—¿Crees que nací ayer, Craig? Sé lo que significan todos sus malditos gestos y también sé que estás haciendo sentir terrible a Tweek, así que contrólate y buenas noches. Gracias por el café, Tweek.

Y la puerta que tanto odiaron ver abriéndose, se cerró.

Tucker escondió su rostro en su mano y se sobó. Tweek le miró nervioso. De alguna u otra manera, lo que parecía haber sido un paraíso, se tornó en un calvario.

—Lo siento, Craig… Fue mi culpa.

—Tonterías. Tarde o temprano pasaría.

—Vaya que fue temprano…

—Bueno, ya sabemos, esa puerta debe permanecer con seguro.

Silencio.

—Aunque no es como si nos fuéramos a besar de nuevo o algo —Craig trató de arreglar su frase.

Tweek le miró con una sonrisa y levantó las cejas, divertido.

Tucker observó.

Luego sonrió también y tomó su mano, acercándose de nuevo a su rostro.

—Craig, el seguro —dijo el rubio alejándolo de él.

—Oh, claro. Perdón.

...

Siento MUCHO la demora. Me mudé a Argentina para iniciar la Uni y, como es mi primera semana, todo es un caos y el internet de la residencia se cae cada dos segundos, no tengo tiempo para nada y el internet se cae cada dos segundos, ¿ya lo dije?

Siento si no está bien la edición, no tuve mucho tiempo para releer.

¿Saben? Entre eso y mi cumpleaños, me compraron un hermoso libro que, si no lo han leído, les aconsejo que lean: "Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo". Vale la pena.

Espero poder subir este cap. hoy y espero poder actualizar este mismo mes. ¡Gracias por su apoyo!