¡Hola!
Niños, vengo a invitarles oficialmente a ingresar al Grupo: *-Miraculous-Fanfictions-* en Facebook y al evento: #LaNavidadSinNavidad.
Tendremos lindos premios y estará chido el reto jajaja.
Bueno, TTBTM, Juego de Reinas y Meant To Be estarán pausadas un poco mientras que avanzo hasta cierto punto de esta historia.
Continuando con la Semana de #DiarioDeUnaEsposaTrofeo, les traigo nuevo capi… para quienes decían que estaba cambiando la trama, NO, solo tenían que creérsela un ratito :v
Pasen por mis redes para que chequen la foto actual de la pinchi #Ellianna :v
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Cómo siempre, disfruten la lectura...
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DIARIO DE UNA ESPOSA TROFEO
CAPÍTULO XI:
Seguridad.
Lo recordaba, lo recordaba todo a la perfección.
—Te amo, Nathalie.
—Chleo... —lo abrazó, afirmándose con fuerza de sus hombros.
—Nathalie, por favor, volvamos a casa.
No respondió nada, solo asintió y una vez más se dejó llevar plena y completamente por él.
—Por cierto, la sorpresa, te va a encantar. Nos iremos durante toda una semana a Venecia. Pasaremos mucho tiempo juntos, justo cómo tú querías.
—¿De verdad? —Preguntó y él sonrió—. Eso es muy lindo de tú parte.
—Quiero que confíes en mí —sus ojos turquesa se iluminaron al escuchar aquella frase salir de los labios de Chleo.
—Yo tengo que decirte algo...
—No te preocupes, ya tendrás tiempo suficiente cuando estemos en Italia, te va a encantar el lugar. Es simplemente hermoso.
Ese mismo día Nathalie regresó al hotel, regresó a vivir la vida como la estaba viviendo en los últimos años. El día del viaje llegó y tal cómo lo había prometido, tomaron un avión que en pocas horas los dejó en la hermosa ciudad de Venecia. Una de las ciudades más románticas del mundo.
Durante toda la semana se había comportado como todo un caballero. Era casi increíble para Nathalie la actitud que repentinamente había tomado Chleo con ella, con su relación y con básicamente cualquier cosa que los incluyera a ambos. Fue por eso que, cuando tuvo la oportunidad de decirle lo que había hecho, que había dormido con Julien, prefirió no hacerlo.
—¡Chleo, Nathalie, bienvenidos! —Saludó eufórica Andrea Bourgeois cuando estuvieron dentro del hotel—. ¿Cómo estuvo su viaje?
—Fue divertido —respondió el rubio encogiéndose de hombros.
—Fue realmente lindo —fue la respuesta de Nathalie, mientras se acercaba para besar las mejillas de la mujer.
—¿Puedes adelantarte? Necesito ver unas cosas con mi madre. —Nathalie asintió a la petición de Chleo y éste besó sus labios, antes de verla subir al ascensor—. Subiré antes del almuerzo.
—Te esperaré —respondió y el ascensor se cerró.
—Hijo, me alegra tanto que hayas arreglado las cosas con Nathalie, yo sabía que...
—No te confundas, madre. Negocios, son negocios. Es lo que papá decía, ¿lo olvidas?
—¿Chleo? —La mujer suspiró y abrió la puerta de su despacho—. ¿Por qué no puedes solo admitir que realmente quieres a Nathalie, después de tantos años y tantas cosas.
—Madre, tú lo dijiste una vez, tener a Nathalie de esposa es ventajoso para mí, y la familia lo aprueba. Esa es la única razón por la que sigo con esto. Yo no voy a negar que siento muchas cosas por ella, sobre todo a ti. Yo, siempre vi a Nathalie como la niña perfecta. Buena en todo y con todos. Y ¿qué me quedó de eso? Nada.
—Chleo, es ridículo que después de tantos años sigas culpándola. Ella no tiene idea de nada.
—No, madre, te equivocas, ya no la culpo. Pero soy consciente de algo. Este viaje me hizo entender algo, la Nathalie que yo amo, la que me volvía loco y era el centro de mi mundo se murió en Rusia hace años.
—Hijo, eso no.
—La idea es que se convierta en mí esposa y así será, ¿ok?
Tomó las cosas que necesitaba y salió de la oficina, no esperó una respuesta. Solo se dio la vuelta y caminó en dirección al ascensor. Las puertas se abrieron e ingresó a este. Tomó su teléfono y marcó un número de teléfono.
—¡Hola, Chleo! —Escuchó la voz del otro lado y respiró profundo.
—He estado llamándote hace días. ¿Por qué no respondías?
—Lo siento, no podía responder. No estaba en casa. Estuve de viaje por Japón y no estuve muy atenta al teléfono.
—Escucha, Ellianna, ya sé lo que hiciste.
—¿De qué hablas?
—Sé que le enviaste las fotos a Nathalie.
—¡Yo no...!
—Quiero dejarte algo claro, en primer lugar; no me importa si las enviaste tú, tu madre, tu representante, o cualquier otra persona en el mundo. En segundo lugar; deja a Nathalie fuera de esto. Lo de nosotros ha sido un juego desde que empezó y tú lo sabes. Desde que te cruzaste en mi camino te aclaré que yo no tenía intenciones de intentar algo contigo. Tú has insistido.
—Pero aún así, perdiste la virginidad conmigo, ¿lo olvidas?
—No, no lo olvido, y no me importa, el asunto es que, y te lo repito, quiero, no, te exijo que dejes a Nathalie fuera de esto.
—Vaya, así que era verdad que la querías tanto.
—No se trata de eso. Ella es mi prometida, y me voy a casar con ella, te lo conté en año nuevo, es un matrimonio arreglado, entre nosotros solo existe el interes y nada más que eso. Cada uno ganó algo por este compromiso y cada uno ganará aún más con la boda.
—No te creo. Te hubiese creído antes, pero, con lo que sé ahora, no te creo. Ella es la chica, ¿no? Fue ella quien te partió el corazón hace años, ¿verdad?
—Ya te dije que eso es mentira, no sé quien te dijo todo eso, pero, es mentira.
—No, no es mentira, yo sé toda la verdad, cariño y en cuanto tenga la oportunidad se lo diré.
—No, no puedes decirle nada eso, porque es una mentira.
—Sabes que no lo es, no existe una casualidad tan grande que haga que tú prometida no recuerde más de la mitad de su vida y casualmente una chica con su mismo nombre, de una familia cercana a la tuya y que creció contigo tuvo un accidente en la misma ocasión. Ya te he dicho, cuando menos te lo esperes, la buscaré, la haré sufrir... a menos qué...
—¿A menos qué?
—Rompas tu compromiso con ella, y te cases conmigo. Porque yo, te quiero más que ninguna otra persona, mientras que ella, ni siquiera te soporta. ¿O no?
—Estaba dispuesto a escucharte, Ellianna, pero te dejaré algo muy claro. El pasado de Nathalie, mí pasado con Nathalie, no es de tu incumbencia, así que te diré esto una sola vez; no quieres que yo sea tu enemigo. Además, acabo de tener una maravillosa idea, para terminar de solucionar mis problemas con Nathalie, los problemas que tú misma haz ocasionado. Sabino te llamará.
Colgó la llamada y soltó el botón que mantenía cerrado el ascensor. Apretó el móvil en sus manos y relajó su rostro, guardando el aparato en el bolsillo de su camisa.
Caminó despacio hasta la puerta de su sweet y antes de abrir se detuvo un segundo. Levantó nuevamente el aparato y escribió un mensaje rápidamente.
—Organiza una cena para Ellianna, Nathalie y para mí, quiero que la misma Ellianna le desmienta a Nathalie lo ocurrido en Diciembre. No me interesa si tienes que amenazarla, tienes carta blanca, haz lo que te de la gana, pero ella no va a arruinar mis planes.
Abrió finalmente la puerta y las maletas seguían atravesadas en el salón central. Caminó hacía la habitación y entonces la vio. Estaba acostada, al parecer se había dormido viendo alguna película. Ya tenía el pijama puesto y en la mesa al costado de la cama había dejado su anillo.
No pudo evitar tomarlo unos segundos entre sus dedos. Él no lo había escogido. Solo lo había recibido y se lo había entregado en su fiesta de compromiso. Tenía los nombres de ambos grabados en el inverso y un rubí. Había sido idea de Andrea que combinara con el cabello de Nathalie.
Dejó el anillo donde estaba y se quitó la ropa, miró la hora en el reloj de pared y aún no eran las 12. Miró el pijama por un momento pero lo dejó en su lugar.
Regresó al borde de la cama. Ella estaba completamente dormida, enterrada entre unas 6 almohadas mullidas. Se sentó al borde de la cama y acarició sus cabellos. Entrelazó sus dedos entre ellos y los bajó lentamente desde su cuello, tocando con las yemas de sus dedos el pecho semi desnudo de la joven.
—Haré que te enamores de mí, —susurró al viento—, y voy a romper tú corazón —siguió deslizando sus dedos lentamente hasta llegar a su vientre—. Y entonces, aunque te duela, aunque llores y patalees, no podrás alejarte de mí. Estarás unida a mí para siempre. Serás mi esposa, mi propiedad...
Se subió a la cama, posicionándose a horcajadas sobre ella, acercando su rostro al de ella. Besó sus labios con fuerza, mordiendo el labio inferior de aquella joven mujer.
—¿Chleo...? —Suspiró su nombre, entre abriendo los ojos—. ¿Qué haces...? —Preguntó al sentir la hombría de Chleo sobre su bajo vientre.
—Solo quiero continuar lo que veníamos haciendo en Venecia...
—Espera... —se sentó frente a él sobre la cama—. Se supone que iremos a almorzar, ¿qué hora es? Marion y Adrianne nos estarán esperando.
—Olvídate de ellos, llegaremos tarde y ya... —la haló de las piernas, colocando cada una a los lados de su cadera, obligándola a acercar sus intimidades—. No quiero ver a Marion y Adrianne, son demasiado cursis, me aburren.
—Chleo... —estaba sonrojada, a pesar del tiempo, todavía se sonrojaba ante esas circunstancias.
—Yo quiero verte a ti, desnuda, sobre mí, ahora.
Le besó antes de que pudiera responder algo, haciendo que, por la posición de sus cuerpos, se juntaran aún más, se rosaran aún más, y, finalmente un suspiro escapándose de los labios de Nathalie fuera todo lo que necesitaba cómo señal de que debía continuar.
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Estaba sentada en la sala de espera. Sus ojos saltaban entre la puerta de ingreso y la puerta por la que se habían llevado a Chleo horas antes. La ansiedad, la preocupación y la culpa estaban lentamente haciendo hogar en su cabeza, a la vez que sus uñas eran destruidas por sus dientes y sus nervios le tenían tomando cafeína.
—Nathalie —escuchó la voz de su suegra y se levantó de un salto—. Lamento la demora, ¿te han dicho algo?
—¡Mami! —Por instinto levantó a la niña, que llegaba con Andrea y su niñera.
—No, nada todavía —abrazó a la pequeña y besó sus mejillas—. El doctor dijo que está en recuperación, pero es lo único que sé, para ser honesta.
—Bueno, eso al menos significa que está bien, ¿no? —Preguntó la mujer y Nathalie bajó la mirada.
—Sí... eso espero.
—¿Está todo bien? —Preguntó y Nathalie se acercó a la niñera, pidiéndole cargar a Galilea.
—¿Diana, Puedes llevar a Galilea a la cafetería, por favor? Que se coma un helado o algo. Solo, distraela.
—Está bien, Sra. Nathalie.
―Oh, por favor, deja de llamarme señora, no me gusta, solo llámame Nathalie. ¿Entendido?
―Está bien ―tomó a la niña en brazos―. Vamos, Galilea, compraremos lo que tú quieras.
―¿Lo qué yo quiera?
―Sí.
―¿Ahora si vas a contarme? ―Preguntó Andrea y Nathalie asintió, sin desviar la mirada del pasillo por el que Diana y Galilea se habían ido.
―Esto es mí culpa, Andrea, ―continuó hablando antes de poder ser interrumpida―. Yo, engañé a Chleo, todo comenzó hace muchos años, antes de casarnos. Cuando me enteré sobre Ellianna y recibí esa estúpida revista y bueno, estaba tan enojada… yo fui y cómo toda una cobarde, solo pensé en vengarme y me acosté con Julien.
―¿Qué…? ―Se sentó en una de las sillas del pasillo, completamente sorprendida por aquella confesión.
―El problema es que, luego, cada vez que Chleo hacía una tontería, para mí, era la venganza perfecta. Sé y siempre supe que estaba mal, pero al menos me hacía sentir menos idiota. Pero, lo hice tantas veces, que, cuando supe que estaba embarazada, estaba casi segura de que mi hijo era de Julien y no de Chleo.
―¡Dios, Nathalie!
―¡Lo sé! ¡Esto apesta y lo admito! Pero… ―se sentó junto a Andrea ―. Me sentía tan mal. Sé que no es excusa, pero solo lo hice para no sentirme tan mal cada vez que Chleo hacía alguna de sus idioteces.
―Pero, Galilea, ella…
―Oh, no te preocupes, Galilea es hija de Chleo… te lo aseguro… el asunto es que, eso fue mucho antes de Galilea, hablo de mi primer embarazo, Andrea… estaba asustada pero había decidido que cuando el bebé naciera le haría algún test de ADN y asumiría el resultado. Pero, ya tú sabes lo que pasó aquella vez… Y, en aquel entonces, Chleo fue tan… diferente cuando supo que yo estaba embarazada que yo dejé de hacer estupideces… luego, bueno, cuando volví a quedar embarazada, yo quise ser realmente una buena esposa. Pero… Chleo siempre acaba haciendo sus idioteces y, es realmente doloroso.
―Pero, Nathalie, ¿tú lo has hablado con él? O sea, ¿Chleo sabe todo esto?
―No lo sé… pero, Julien me ha estado ayudando con algo que quería hacer, y bueno, todo ha sido profesional. Sí, Julien me pidió regresar con él, pero le dije que solo lo haría una vez que estuviera física y legalmente separada de Chleo, pero… hoy salí de casa. Fui a verme con Julien, fui a trabajar en ese proyecto y ese idiota respondió mi teléfono cuando Chleo llamó… Chleo se enojó muchísimo y regresé a casa tan rápido como pude, pero cuando llegué, Chleo estaba tirado en el suelo y… yo…
―¿Nathalie? ―Ambas se dieron vuelta y una mujer hermosa y curvilínea, de facciones casi perfectas y un cabello que cambiaba entre el verde y el rosa les miraba con una mano semi-elevada en señal de saludo.
―¿Hola…?
―¿No me reconoces? ―La pelirroja negó levemente usando su cabeza―. ¡Oh, per Dio! ¡Sono io, Ellianna! ―Abrazó a Nathalie sin advertirlo―. Estoy tan feliz de verte, cariño.
―¿Ellianna? ―Andrea se acercó y la mujer tomó su mano con respecto―. Estás muy cambiada.
―¿De verdad? ―Sacudió su cabello―. Es solo un cambio de look casual. El cabello de colores está de moda y bueno, este estilo ceñido al cuerpo y las transparencias también, ya sabes, lo normal, en mi mundo, hay que mantenerse al día con la moda.
―¿Qué estás haciendo aquí, Ellianna? ―Preguntó Nathalie directamente y la italiana sonrió.
―Vamos, Nath, guarda las uñas, cariño ―pasó su brazo sobre el hombro de la pelirroja―. Estaba en París por trabajo, y me enteré que Chleo había sido traído de emergencia. Tú sabes que él y yo somos solo amigos. Sí, estuvimos juntos un par de veces, incluso cuando ya estaba contigo, pero ¿qué más da? Tú eres su esposa después de todo, ¿no?
―Permiso ―se sacudió del abrazo de la modelo, quien quedó parada sonriendo, ante la mirada inquieta de Andrea―. Doctor, ¿cómo está Chleo? ―Preguntó y el hombre con su bata blanca sonrió.
―Está mejor, en unos minutos podrían pasar a verle.
―¿De verdad? ―Sus ojos se iluminaron ante la buena noticia―. Le diré a su madre.
―Sí, espere, Sra. Bourgeois. ―Se volvió nuevamente al doctor y este posó la mano sobre su hombro―. Verá, el señor se está recuperando maravillosamente rápido, pero es nuestro deber velar por su salud. No podemos permitir que vuelva a alterarse, así que, lamento decirle que usted no puede entrar a verlo.
―¿Qué? ¿Por qué? ―Andrea y Ellianna se habían acercado desde atrás―. Yo soy su esposa.
―Sí, y ha sido petición del paciente. Ha pedido que por ahora no quiere verla a usted.
―Oh… ―Andrea apoyó las manos sobre los hombros de Nathalie y Ellianna sonrió.
―Pero, los demás si podremos pasar, ¿verdad, doctor? ―Ambas mujeres miraron a Ellianna y el doctor asintió.
―Iré por Galilea ―anunció Nathalie alejándose por el pasillo.
―Nathalie, espera ―Andrea le siguió.
―¿A qué horas podré pasar a verlo, Doctor?
―¿Es usted familiar del Sr. Bourgeois?
―Soy una de sus mejores amigas de toda la vida. Prácticamente su hermana.
―Entiendo, la enferma vendrá a buscar a los familiares del caballero cuando sea el momento adecuado. Permiso.
Ella sonrió y agitó la mano como despedida mientras el doctor se alejaba lentamente.
―El maldito de Sabino tenía razón… ―volvió a las sillas y se sentó, cruzando sus largas piernas―. Lo siento tanto, Nathalie, pero io vinco, cariño.
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*-Continuará...-*
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