PRIMERA PARTE
EL PORTAL DEL TIEMPO
Capítulo III - De camino a Plaza Leene
2
No tardaron mucho en llegar a la pequeña granja de los Degjel. Sin importarle la aseveración de Marle, Crono permaneció preocupado y cauteloso ante la reacción de su amiga al conocer su hogar. Ya sabía que ella era de clase media-baja, y había vivido en algún aposento del castillo para la servidumbre, pero él sencillamente era de clase baja. Supuso, Marle estaría acostumbrada a algunos lujos mayores de los que disponía en su humilde morada. En efecto estaba sorprendida, pero no para mal. En sus ojos destellaba la curiosidad de desear saberlo todo, y a cada momento que podía darse oportunidad, asaltaba a Crono con alguna pregunta relacionada al campo o al cultivo. No lo dejó en paz con sus inocentes dudas hasta que el muchacho tocó a la puerta.
Tamara apareció con el rostro crispado de los nervios. Tan pronto como vio a su hijo, se lanzó para abrazarlo, sorprendiéndolo tanto a él como a Marle.
—¡Crono, estás bien! Hace poco hubo un temblor. Temí que hubieras salido lastimado como la vez pasada.
—Calma mamá, estoy bien.
—¿La vez pasada? —se extrañó Marle.
—El año pasado bajaba las escaleras cuando sucedió el anterior temblor a éste. Me caí torciéndome un tobillo— le explicó.
Entonces Tamara se percató de la presencia de Marle.
—Ha… Buenos días tenga señorita. Pero pasen adentro, pasen.
Con cierta timidez por conocer a la madre de su amigo, la muchacha entró a la vivienda detrás del pelirrojo. La mirada de Marle se paseó por toda la estancia, como cualquier otro noble lo hubiera hecho para criticar la pobreza en que vivían, aunque Marle no lo había hecho con esa intención, por el contrario, seguía maravillada de la grandiosa vida más allá de los muros del castillo.
—Tienes una casa muy acogedora, Crono. Es muy interesante.
—Pues… gracias. —Sentía se ruborizaba de nuevo.
Buscando recordarle los buenos modales a su hijo dándole un ligero codazo, Tamara, aprovechando la distracción de Marle al mirar la estancia de manera anhelante, lanzó la pregunta.
—Hasta hoy solamente te había visto con Lucca. ¿No vas a presentarme a tu amiga?
Pegando un saltito, Marle se dirigió a la mujer sonrojándose, seguramente pensando que la maleducada fue ella al no presentarse debidamente ante lo emocionada y nerviosa que estaba. Haciéndole una breve reverencia en señal de respeto, se presentó:
—Es un placer conocerla señora Degjel, mi nombre es Marle Q'bey.
—El placer es mío, querida.
Ahora era ella quien se mostró tímida y nerviosa, Crono se dio cuenta de eso al notar la mirada de su madre bajar del rostro de Marle, al lujoso pendiente. Además de la exótica joya, estaban las limpias y finas ropas blancas de la muchachilla, así como los modales de su presentación tan refinados, pese a su reacción inicial. Como él, en un inicio, la mujer imaginó que Marle era una muchacha quizá de clase alta, una noble como Lucca. Evitando que se formara más ideas, agregó algo más a la presentación de su amiga.
—Marle trabajaba en el castillo como mucama.
—¡Ah, ya veo! Siéntete como en tu casa, querida. Justamente en la mesa tengo algunos bocadillos de pan con pasas recién horneados. Pueden servirse.
—Muchas gracias, señora —respondió con una sonrisa sincera antes de ir a tomar uno.
Crono iba a seguirla cuando su madre lo tomó por el hombro, acercándolo mucho a ella para hablarle en voz baja.
—Hijo. ¿Ella es el motivo por el que rompiste tu compromiso con Lucca?
No entendió de forma inmediata qué tenía que ver Marle con el asunto.
—¿Mamá?
—Porque si es así, lo entiendo. Puede que una joven de clase alta no era lo que tú buscabas. Después de todo, sólo sentías aprecio por Lucca. En cambio una jovencita de clase media contigo, forma una mejor pareja que…
—¡No mamá, espera! Ella y yo no… digo. Apenas la conocí esta mañana.
—¿En serio? Bueno, venga, de igual manera no es un mal partido para ti.
Los Degjel se acercaron al comedor. El pelirrojo aún estaba un poco abochornado por las suposiciones de su madre. La buena mujer lucía repentinamente feliz y entusiasmada al ver a su hijo junto a la muchachilla rubia.
Con una mano, Marle probaba entusiasmada un panquecito, mientras con la otra acariciaba detrás de las orejas a "Tigre", el gato atigrado. Ignoraba sobre de qué habían estado cuchicheando madre e hijo, pero prefirió no preguntar, al suponer que eso no era de su incumbencia, sin sospechar que podría haberse tratado de algo relacionado con ella.
—Bueno, mamá —dijo el muchacho rompiendo el silencio—, solo venimos a dejar unas cosas que recogimos por ahí. Vamos de salida.
—¡Aja! Crono y yo vamos a ir a la feria del Milenio. Señora, ¿no quiere acompañarnos? —agregó su amiga entusiasmada.
El muchacho tragó saliva con dificultad, pero era tarde, Tamara pareció suspicaz.
—¿Pero qué no vienen de ahí?
—No, venimos de Porre. Estuvimos ofreciendo un acto de entretenimiento para la fiesta de Edgar, el hijo del alcalde Mento.
Crono se aclaraba la garganta para indicarle a Marle que se detuviera, pero ella no se dio cuenta. Tamara clavó en él su mirada con cierto enfado.
—Qué curioso. No me habías comentado nada al respecto.
Dándose por vencido, con resignación el muchacho comenzó narrarle a su madre la proposición que le hizo el alcalde Mento días atrás, también sobre la autorización de Sir Dianos para portar una espada de verdad el día de ayer, y la necesidad de juntar dinero para costeársela. Durante el relato, Marle comprendió el apuro en que lo metió; apenada, se mantuvo a su lado preparada para ayudarlo de ser necesario durante la explicación. Al terminar, la buena mujer ya no parecía tan molesta como su hijo hubiese esperado.
—No me gusta que me guardes secretos, Crono.
—Lo lamento mucho.
—Descuida. Por mí no te angusties —su mirada se volvió ligeramente sombría al contemplar a lo lejos por la ventana la silueta del castillo más allá en el horizonte—. Si Sir Dianos te ha concedido el derecho para portar una espada auténtica, confío entonces en su criterio, solo por favor ten cuidado.
—Por supuesto. No quiero que te preocupes por mí.
Alejando los malos pensamientos, la mujer se mostró más accesible con la pareja.
—Entonces déjenme aquí sus cosas y vayan a divertirse.
—¿No quiere acompañarnos, señora? —la invitó Marle de nuevo.
—Lo lamento querida, pero no me será posible. Le prometí a nuestro vecino pasarme por su casa para echarle un ojo a su esposa Lara de vez en cuando. Ella no quiso acompañarlos porque se sentía mal, pero tampoco deseó que se quedaran con ella. Tú sabes lo orgullosa que es a veces, Crono.
—Sí, mamá —entendió su hijo. Dándole un vistazo a la doncella, recordó su promesa de presentarle a su amiga—. De hecho, tenía contemplado ir ahora a su casa para buscar a Lucca.
—Vamos, pues deja de retrasarte tanto. Me gustaría que no regresaras tan noche a casa, e invites a Marle a cenar con nosotros. Si es que no tienes inconvenientes, querida.
—Será un honor, señora.
Marle siguió a Crono hacia su habitación en la segunda planta con Tigre en brazos, como escuchó llamar a su amigo a la mascota, cayéndole en gracia a la joven. Al gato parecía no importarle si era Crono, Tamara o Marle quien se le acercara, siempre y cuando le prestaran atención y mimos. Mientras su dueño guardaba las cosas, la muchacha miraba maravillada por la ventana de la habitación.
—¡Desde aquí puedo ver la Plaza Leene y el castillo de Guardia!
—La vista siempre es agradable aquí arriba, es lo mejor que tengo, supongo. Ya estoy listo.
—¿Vas a llevar tu espada de madera?
—Así es. Tengo pensado ir a pegarle al gato en la feria.
Asustada, Marle arqueó una ceja sosteniendo nerviosa entre sus brazos y con más fuerza a Tigre para protegerlo, quien emitió un débil maullido.
—¡A Tigre no, Marle! Gato es el nombre de una de las atracciones de la feria, lo fabricó la amiga de la que te hable. Te sorprenderá cuando lo veas. Por cierto, pronto conocerás a Lucca, es a la casa de ella a donde vamos ahora.
—¿La noble de buen corazón?
—La misma. Vámonos.
Bajaron a la estancia, ahí se despidieron de la señora Degjel.
—Los dos vayan con cuidado. Marle, casi lo olvido querida. ¿Ya habías venido antes al pueblo de Truce, cierto?
—¡Ah…! ¿Cómo? —exclamó nerviosa.
—No estoy segura —le comenta concentrándose y mirándole con perspicacia—, pero me da la sensación de ya haberte visto antes en alguna parte. Me parece que… quizá entre la multitud hace un año. ¿No sería cuando el Rey Guardia hizo una proclama real cerca del puente Zenan con su corte y séquito?
La expresión de Marle fue como si hubiese visto a un fantasma, pero en breve logró recomponerlo.
—Pues… sí. Creo que me vio. Recuerde que solía trabajar en el castillo. ¡Claro! La servidumbre de Guardia bajó también para acompañar al rey.
—¡Entonces fue ahí! Este es un mundo pequeño. Ya no les quito más tiempo. Partan y vayan con cuidado. Crono, sé un caballero.
Se despidió de ambos con un beso en la mejilla.
Afuera, el muchacho se sentía mal por haberse dejado llevar por momentos una mala impresión de Marle antes de entrar en su casa. Su comportamiento, si bien no fue muy natural, no fue en absoluto irrespetuoso, sino todo lo contrario, incluso cuando salieron rumbo a la casa de Lucca, Marle no se resistió a hablar sobre el tema.
—Tu madre es una mujer muy agradable, Crono. Me recuerda mucho a la mía.
—Tal vez algún día pueda conocer a la tuya.
—Eso no sucederá… ella murió hace mucho, cuando yo era una niña.
Hizo una mueca al darse cuenta de su metedura de pata.
—Lo siento.
—Descuida. ¿Cómo dices que se llama tu amiga, la noble?
—Lucca.
—Me suena su nombre, también el de Lara, tu madre la mencionó. ¿Es acaso su madre?
—Así es. Lara es la esposa de Taban Gendius, por consiguiente, Lucca es su hija.
Marle se detuvo de pronto. Su rostro volvió a perturbarse.
—¿Gendius? ¿Ese señor no es acaso el inventor real de Guardia?
—El mismo. Ya veras, Lucca es tan buena como su padre en esa área… bueno, quizá más creativa. No pienses mal, pero Gato es uno de los pocos inventos en los que le ha ido bien de los que ha hecho hasta ahora.
