Ante todo:
DISCLAIMER: los personaje pertenecen a Stephenie Meyer, aunque la historia es mía.
Las cursivas son conversaciones telefónicas o conversaciones que se oyen en la lejanía.
Los pensamientos de los personajes están escritos "entre comillas".
En ésta historia, los protagonistas son humanos.
En los capítulos de los años noventa, es en tercera persona, pero en la actualidad, es Pov Renesmee.
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11. DOLOROSA VERDAD. (2010)
Durante el viaje de vuelta a casa, ninguno de los dos dijo nada, aunque yo no podía dejar de mirar a Jacob.
Era lunes, siete de la mañana. En una hora empezaban las clases, así que, en cuanto llegué a casa, me fui directa a la ducha, cogí mis apuntes y volví al coche, donde ya me estaba esperando Jacob. Él ya se había duchado en el motel y tenía una taquilla en la universidad todo lo que necesitaba ese día. Al menos eso era lo que él me dijo.
El camino a la universidad volvió a ser silencioso, pero en ese momento no eran necesarias las palabras. Ambos sabíamos muy bien los que teníamos que hacer en cuanto llegáramos. Ir al despacho del doctor Masen y suplicarle que nos hiciera las pruebas de ADN. Necesitábamos conocer cuanto antes la verdad.
En cuanto aparcamos en nuestro lugar habitual, salimos corriendo del coche y fuimos al despacho del doctor Masen. Se quedó claramente sorprendido al vernos entrar.
- ¿Renesmee? ¿Que haces aquí?
- Necesitamos que nos haga las pruebas de ADN. – dije sin andarme por las ramas, lo que aun le sorprendió más.
- ¿Prueba de ADN? ¿A vosotros? - pregunto, claramente confundido.
- Si.
- ¿Pero por que?
Deje atrás a Jacob y me arrodillé al lado de su silla.
- Edward, por favor. – supliqué, tomando su mano. – sácanos sangre, saliva o lo que sea, pero necesitamos comprobar una cosa.
- ¿Que cosa?
"Acaso no es obvio?"
- Jacob y yo creemos que, a pesar de lo que nos han hecho creer toda nuestra vida, no somos hermanos. – mis palabras no parecieron sorprenderle. Es más, me daba la sensación de que esperaba que le dijera algo más. – Edward, creo que soy adoptada.
- ¿Por que crees eso?
- Eso no importa. ¿Va a hacerlo o no? – dijo Jacob..
Me volví para mirarle y me fije en su rostro. Parecía estar enfadado.
- Voy… voy a… - se puso en pie y empezó a dar vueltas por el despacho. – Voy a buscar… - no terminó de hablar y salió del despacho.
- Vaya tío más raro. – murmuró Jacob.
Le ignoré. El comportamiento de Edward me había preocupado y el rostro de otra persona había aparecido en mi mente. En concreto, estaba pensando en Seth. No podía seguir saliendo con él. No cuando solo podía pensar en Jacob. Él no se merecía eso. Saqué el móvil del bolsillo de mi pantalón y marqué su número. Saltó el buzón de voz.
- Seth, soy yo. Llámame en cuanto puedas. Tengo que hablar contigo de un asunto muy importante. Tenemos que hablar sobre nosotros. – colgué y volví a guardar el móvil. En ese momento, Edward entró en el despacho.
Jacob y yo nos sentamos y Edward nos sacó una muestra de saliva y sangre. Guardó las muestras y nos dijo que nos marcháramos a clase, cosa que hicimos, aunque Jacob se resistió bastante a marcharse. Tuve que cogerle del brazo y llevármelo a tirones.
- Jacob, no seas gilipollas. – dije cuando logré sacarlo al pasillo. – Edward nos ha sacado dos muestras. Se necesita tiempo. No puede hacerlo ahora mismo.
- Pero… necesito saberlo.
- Y yo, pero… cuando terminemos las clases volvemos a verle, vale? – le di un beso en la mejilla y me marché corriendo.
Jacob se fue a su edificio y yo fui a clase de la señora Sawyer. Dos horas durante las cuales solo me enteré de que daba la clase por terminada. Una hora de conferencia con el doctor Cullen. Otra hora con el señor Martínez, profesor de latín y una hora de video. Nos enseñaron como tratar a pacientes difíciles. Vamos, a tranquilizarles en vez de mandarles a la mierda.
Jacob vino a buscarme y me llevó casi a rastras al despacho del doctor Masen, que ya estaba en su silla, con los codos sobre la mesa y el rostro hundido en sus manos. Sujeté a Jacob a mi lado y cerré la puerta de nuevo al salir.
- No os marchéis. – dijo antes de que la puerta estuviera cerrada del todo.
Abrí de nuevo la puerta del despacho y entramos. Nos sentamos en las dos sillas que había frente al escritorio y esperamos en silencio. La mano de Jacob se deslizó por mi muslo y la tomé entre las mías.
Edward tardó varios minutos en hablar y, cuando lo hizo, habló con voz cansada y temblorosa.
- No se si decir 'lo siento' o 'enhorabuena'.
- No se ande por las ramas. – dijo Jacob. Estaba temblando. Yo también. No podía evitarlo.
- Da positivo.
- ¿Que? – exclamamos al mismo tiempo.
Mi corazón se hizo añicos en ese instante. Solté la mano de Jacob y me puse en pie. Me tambaleé un poco, sintiendo como empezaba a marearme. Edward y Jacob intentaron acercarse, pero reuní todas mis fuerzas y me marché del despacho, llorando. "No puede ser. No podemos ser hermanos. Yo le amo."
Encontré a Seth al lado del coche de mi hermano y me lancé a sus brazos al momento.
- Nessie, que te pasa?
- Vámonos, por favor.
- Claro, pero… ¿te encuentras bien?
Dije que no con la cabeza y Seth, sin hacer mas preguntas, me llevó hacia su coche y nos marchamos a su casa. No pude dejar de llorar en todo el camino. Al contrario. Cada vez lloraba con más fuerza. Seth me cogió en brazos, me sacó del coche y me llevó a su cama, en la que me tumbé y lloré hasta quedarme dormida.
Cuando abrí los ojos, ya era de noche. Estaba sola en la habitación y podía oír a Seth y su familia. Hablaban tranquilamente sobre alguien. Estaban hablando sobre mí.
- ¿Que hace esa aquí? – preguntó Leah. Estaba enfadada y ¿dolida?
- Esa, como tú la llamas, es mi novia. Y se quedará aquí hasta cuando le apetezca.
- Tendrías que saber algo. Su hermano está…
- Cállate ya. – Seth se había enfadado. Se quedó en silencio y habló con más calma a los pocos segundos. – Papá, mamá. ¿Se puede quedar Ness a dormir esta noche? No se encuentra bien y…
- Si, claro. – respondió Sue, la madre de Seth. - No hay ningún problema.
Sonreí. La verdad era que no me sentía con fuerzas de volver a casa. De ver de nuevo a Jacob. Y no solo esa noche. No podía volver a vivir bajo su mismo techo. Por el bien de nuestros corazones.
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Llevaba ya una semana viviendo en la casa de los Clearwater, cuando encontré la solución a uno de mis varios problemas.
Ya había encontrado un trabajo en la cafetería de mi facultad, así que el problema del dinero también estaba solucionado.
Salí de mi última clase de esa mañana y, en el tablero de mi facultad, vi un anuncio. Se buscaba una compañera de piso en un apartamento de estudiantes de cuatro habitaciones. Cogí el papel y llamé al momento. Quedé con la chica para comer en media hora, en la cafetería de la facultad de literatura. Su facultad supuse.
La cafetería estaba bastante vacía. Miré a mí alrededor y fui hacia la única mesa en la que solo estaba sentada una chica.
- ¿Bella Swan? – pregunté insegura.
La chica pareció tensarse, pero sonrió y se puso en pie.
- ¿Y tú eres?
- Nessie Black. – dije tendiéndole mi mano.
Vaciló, pero terminó por estrecharla y nos sentamos.
- Te ocurre algo? Pareces nerviosa. – no pude evitar hacerlo y acaricié su mano en un intento de que se tranquilizara.
- Bueno… no-no no pasa nada. Bueno, Nessie, ¿cuéntame porque quieres mudarte?
- Necesito intimidad. – dije, aunque era cierto. – Bella, si me aceptas, verás que es muy fácil vivir conmigo. Soy limpia, ordenada, respeto el espacio de los demás. Se cocinar, limpiar, y soy bastante manitas.
- Vaya! Parece que contigo todo son ventajas. – dijo sonriendo de nuevo. Ya no parecía estar tan nerviosa, y ello me relajó. – ¿no tienes ninguna manía?
- Bueno, solo una. Pero no tiene porque se un problema.
- Dime.
- No permito que nadie entre en mi dormitorio.
- Eso si que es un problema. – dijo clavando la vista en la mesa.
- Por?
- Ven. – se puso de pie, con mi mano aun unida a la suya. – Te enseñaré el piso y tú me dices que te parece.
El apartamento estaba a menos de un kilómetro. Era precioso y, al recorrer el pasillo, me di cuenta del problema del que me había hablado Bella. Solo había dos dormitorios.
- Pero el anuncio decía que el piso era para compartir con tres personas más.
- Si. Jasper y Paul duermen aquí. – dijo abriendo una de las puertas.
Era un dormitorio enorme, con dos camas, dos escritorios con sus respectivos portátiles, dos armarios, un órgano a un lado de la habitación y una guitarra en el otro.
- Es una habitación enorme.
- Y la otra es aun más grande.
Abrió la otra puerta y me quedé aun más alucinada. Era como la otra habitación, pero con una de las paredes con una estantería repleta de libros. Me acerqué a mirarlos, aun con la boca abierta.
- ¿Te gusta lo que ves?
- ¿Estás de broma? Me encanta! Por fa, Bella. Elígeme a mí. – dije cogiéndola de las manos. – Por fi… Por fi...
- Pero no tendrás habitación propia.
- Me da igual. - dije, haciendo reír a la chica. - Me acostumbrare.
- De acuerdo entonces. – di un salto de alegría, haciéndola reír de nuevo. - son 250 por cabeza. Tenemos un cuadro de tareas en la puerta de la cocina.
- Genial! – exclamé, emocionada.
- Bienvenida a casa, Nessie.
En cuanto oí sus palabras, me lancé a sus brazos. En ese momento era tan feliz que incluso, por un momento, me olvidé de todos mis problemas.
- ¿Cuando puedo mudarme aquí? ¿Puedo dormir hoy aquí?
- Claro. Ves trayendo tus cosas cuando quieras. - volví a dar otro saltito. Estaba feliz. Al fin las cosas empezaban a ir sobre ruedas.
- ¿Que edad tienes los demás?
- Paul tiene diecinueve, Jasper tiene treinta y yo treinta y cuatro.
- ¿Que tu tienes treinta y cuatro? – exclamé, realmente sorprendida. – Pensaba que tenías unos veinticinco!
- Vaya, gracias. – dijo, sonriendo tímidamente.
La puerta de la calle se abrió y llegaron dos chicos. Bella me presentó y ambos me dieron la bienvenida. Comimos los cuatro juntos. Me parecieron unos chicos estupendos. "Me alegro de haber respondido al anuncio. Podré empezar a ser feliz."
- Paul, ¿porque no acompañas a Nessie a casa? – dijo Bella.
- No hace falta. - dije, mirando a mis ya compañeros de piso. - Iré andando.
- A mi no me importa, vamos.
- En serio, no esta tan lejos.
- Insisto. - dijo Paul, dedicándome una amplia sonrisa.
Cogí mis cosas, nos despedimos de Jasper y Bella, y fuimos hacia la calle, donde había una preciosa Harley. Cuando Paul vio la cara que se me quedó al ver la moto, empezó a reír escandalosamente. Me pasó uno de los cascos y nos los pusimos.
- ¿A donde te llevo?
- Tengo que ir a dos sitios.
- ¿Entonces a cual te llevo primero?
Le dije la dirección de la casa de Seth y me llevó hacia allí. Este estaba en el porche y, en cuanto me vio llegar y bajarme de la moto de Paul, se puso hecho una fiera. Aunque eso no fue nada comparado con la reacción que tuvo cuando rompí con él.
- No puedes hacerme esto! – dijo cuando ya estábamos dentro de la casa.
- Seth, llevo una semana intentando decírtelo. Intentando decirte que estoy enamorada de otro.
- ¿De Jacob?
"Así que al final Leah se lo ha contado."
- ¿Cómo dices? – grité, haciéndome la ofendida. Seth no dejaba de mirarme fijamente a los ojos. – ¿Como? A ti se te ha ido la olla. Jacob es mi hermano!
- Y?
- Seth, déjalo. He encontrado un apartamento y… he venido a buscar mi ropa. – entré en el dormitorio de Seth y metí mi ropa en mi mochila.
- ¿Te vas a ir con ese?
- Si.
- Renesmee. ¿Me estás dejando por ese? – se acercó y me sujetó por la cintura.
- Si. – mentí, al darme cuenta de que era la única forma de lograr que se alejara de mí.
- Pero…
- Seth… te quiero mucho, pero… no mereces que piense en otro cuando estemos juntos. - dije, acariciando su rostro. - Lo siento mucho, pero mereces ser feliz con alguien que pueda corresponderte.
Me alejé de él, colgué la mochila en uno de mis hombros y salí de la casa. Paul me pasó el casco y puso en marcha la moto. Vi que Seth estaba en la puerta de su casa, mirándonos. Me monté en la moto, me abracé a la cintura de Paul y nos marchamos, dejando atrás a la única persona que nunca me había hecho daño.
Cuando llegamos a la casa de mis padres no me bajé de la moto. Estaba muy, pero que muy nerviosa. No sabía como se tomarían mis padres la decisión que acababa de tomar sin decírselo a nadie.
- ¿Te encuentras bien?
- No mucho, la verdad.
Paul se bajó de la moto, se quitó el casco y me tendió su mano, la cual tomé al momento. Paul me quitó el casco y me arregló un poco el pelo.
- ¿Quieres que te acompañe?
- No se…
- Tal vez si tus padres conocieran a uno de tus nuevos compañeros de piso, se queden más tranquilos. Soy un gran tío. – dijo sonriendo.
Paul tenía razón. Además, no me sentía con fuerzas de enfrentarme a mis padres sola. Y ya no digamos con mi hermano.
Dejamos los cascos y mi mochila en el porche y llamé a la puerta. Para complicar más el momento, Jacob fue quien abrió la puerta. Nos miró fijamente a los dos y, sin decir palabra, abrió del todo la puerta y se marchó. Paul me miró, claramente sorprendido por el comportamiento de Jacob, pero me cogió de la mano y fuimos hacia el salón, donde mis padres y Jacob estaban sentados en el sofá. Respiré hondo y avancé.
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Bueno, ante todo os pido que no juzguéis a Edward.
Todas sabemos que ha mentido, pero creo que deberíamos esperar a ver cuales son sus razones.
Por otro lado, Bella ha aparecido, junto con Jasper.
Que pensáis de los sucedido en el capítulo? espero conocer vuestra opinión.
Besitos.
