Desclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía y queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
Queridas, hola, como ven aquí está, espero que les guste y no se alarmen, todo estará bien, quiero decirles que estoy actualizando un Fic de Orgullo y Prejuicio (para las que les interese), esto les digo para aclarar que también estoy trabajando en otro proyecto y que por lo tanto la actualización de esta historia ira un poco más lento, de verdad espero que no les moleste, y disfruten el capítulo.
Cap.11
Acción de Gracias.
Ver a Bella dormir era una de las cosas que más disfrutaba durante la mañana antes de ir a trabajar, me hacía sentir un poco tranquilo el imaginarla así, en calma, en la seguridad de mis brazos.
—Buenos días— me saludó una vez abrió sus ojos, sus preciosos ojos castaños.
—Buenos días, preciosa— le di un casto y pequeño beso en los labios, lo que la hizo sonreír.
Era temprano así que todavía podíamos quedarnos un poco más en la cama, se lo hice saber aferrándola fuertemente a mi pecho, rió por mi gesto pero se acurrucó más junto a mí, besando tiernamente mi cuello.
—Debes ir al hospital y yo a la editorial— me recordó.
— ¿Por qué no podemos quedarnos aquí por siempre? — ella rodó los ojos, pero sabía que compartía mi idea.
—Edward, es lo mismo contigo todas las mañanas. — me riñó divertida.
Con dificultad debido a mi agarre se levantó de la cama y cubierta con varias sabanas salió hacia la cocina para preparar un desayuno exprés, pues se estaba haciendo tarde.
Recordé que pronto sería día de Acción de Gracias y mi madre me había rogado que llevara a Bella conmigo este año, quería poder pasar un tiempo en familia con su nueva nuera, más ahora que había pasado el sábado pasado con todos ellos recibiendo su dotación de amor Cullen, Emmett y Alice habían raptado a Bella mientras yo estaba en el hospital, cuando regresé a casa sólo encontré una nota de los dos raptores, pero cuál fue mi sorpresa al encontrarme a todos riendo y bromeando con Bella, ella principalmente con ellos, en lugar de ser el objeto de las bromas ella les tomaba el pelo a todos mis hermanos de la mejor manera y Esme había quedado encantada, incluso mi padre, que se encontraba muy preocupado por toda su situación se estaba divirtiendo de lo lindo.
Eso sólo significaba una cosa, Bella ya era parte de la familia y como tal debía pasar con nosotros estas fechas importantes.
—Cariño— la llamé, entrando al comedor.
—Dime— me dijo sonrojada pero concentrada en que no se le quemaran los huevos que se freían en el sartén.
— ¿Qué harás el próximo jueves?
— ¿El próximo jueves? Bueno, creo que estaré fuera. — contestó después de pensar un poco.
— ¿Qué? — me levanté de la silla donde me había sentado y me acerqué a la cocina con ella.
—Bueno, es Acción de Gracias, Edward— eso ya lo sabía, pero la dejé que se explicara—Renee me llamó ayer para confirmarme sus planes, iré a Forks— dijo seria, no veía ninguna emoción en sus ojos.
— ¿Te irás? — mi voz sonaba muy decepcionada, pero no podía evitarlo, sería otro año rodeado de muchas parejas y yo estaré solo.
—Es un día muy importante, y bueno, nosotros, sobre todo yo, estamos muy agradecidos de que esté un día más, debo estar con mi familia— me dijo apenada.
—Lo entiendo— me alejé de la cocina y claramente escuché cómo venía tras de mí, sentí sus brazos alrededor de mí, me detuve porque no podía hacerle esto, ella estaba tratando de hacerme sentir mejor y yo no le haría una grosería.
—Ven conmigo— me pidió, eso me tomó por sorpresa e inmediatamente me di la vuelta para quedar frente a ella, todavía abrazados.
— ¿Qué?
—Yo sé que es un día para estar con la familia y todo, que quieres estar con tus hermanos y tus padres pero realmente me gustaría también poder estar contigo, y no sé, está bien si tú no quieres…— corté sus nervioso discurso con un beso.
—Tú también eres mi familia ahora, Bella y me encantaría ir contigo— le dije besándola.
— ¿De verdad? — su brillante sonrisa y sus ojos aguados sólo me hicieron querer besarla aun más, y así lo hice.
—Por supuesto, dulzura— le dije animado.
—Oh, gracias Edward, gracias.
—No me agradezcas nada, Bella, no podría estar en un lugar donde tú no estás. — se colgó de mi cuello y me besó de nuevo, me encantaba cuando hacía eso, además que por mi estatura ella debía subirse en mis pies para alcanzarme, no me molestaba, ella era tan ligera como una pluma.
—Debemos ir a trabajar — Yo bufé, detestaba que me lo recordara.
—Bien— cedí, finalmente.
—Eres todo un niño— dijo negando, nos apresuramos y después salimos a toda prisa del apartamento, la dejé en su trabajo, con mucho pesar y me fui al hospital, ahora lo más difícil sería decirles a los demás que no estaría con ellos en día de gracias.
— ¿Tienes los pases? — me volvió a preguntar Bella, yo reí porque era la quinta vez en dos minutos que me preguntaba lo mismo.
—Sí, los tengo, preciosa, ¿Por qué estás tan nerviosa? — la rodeé por los hombros y la pegué a mí, era un poco incomodo debido a los asientos de la sala de espera en la que estábamos sentados, pero no la aparté, besé el tope de su cabeza.
—Es que, bueno, tú eres el primer novio que les presento a mis padres y temo que…
— ¿Qué no me aprueben? —pregunté divertido.
— ¡No! Ellos verán lo maravilloso que eres, temo que no lo tomen a bien, que sientan que estoy tomando una mala decisión— dijo ella, bajando su cabeza.
— ¿Solo es eso? — ella asintió.
—Todo saldrá bien, yo no te dejaré nunca así que no tendrán nada de qué preocuparse.
—Eres increíble. — dijo levantando su rostro y regalándome una amplia sonrisa.
—Tú más— le dije besando su nariz.
Nuestro vuelo fue anunciado y abordamos, ya habíamos checado nuestro poco equipaje, sólo para el fin de semana, así que llevábamos unas pequeñas mochilas y un ligero equipaje de mano.
— ¡Edward, Bella! — escuché a lo lejos, cuando estábamos por entrar.
Entre la multitud se veía al torbellino Alice corriendo hacia nosotros, así como corría parecía más el demonio de Tasmania que nunca, poco me sorprendió ver a Jasper, Rose y Emmett detrás de ella.
Jalé a Bella para que no abordara y nos acercáramos a mis hermanos.
— ¿Qué hacen aquí? — les pregunté una vez los tuvimos en frente.
—Cómo crees que los dejaríamos ir sin despedirnos— me gritó mi hermana, haciendo que varias personas nos voltearan a ver.
—Logramos convencer a Alice de que no podía viajar con ustedes, pero no logramos disuadirla de venir— nos informó Rose, para como conocía a la loca de mi hermana seguramente ella llevaría sus maletas en la parte trasera de su auto.
—Eres muy dulce, Al, todos lo son chicos— les dijo Bella, dándoles un abrazo a cada uno rápidamente.
—Gracias por venir, significan mucho para ella— mis hermanos nos despidieron y por fin abordamos.
—Tus hermanos son increíbles, lástima que tenga que mentirles— dijo Bella afligida, sentándose a mi lado.
—Podríamos decirles— ella negó, yo sólo suspiré y no le dije nada, sabía que ella jamás querría mentirles, pero tampoco quería que pasara por lo mismo que su familia.
—Ya veremos qué podemos hacer con eso— le dije abrazándola y recostándola en mi pecho, sería un viaje largo y para alguien en su condición era muy fatigante, así que trataría de que éste fuera lo menos agotador, por eso mismo había cambiado nuestros boletos a primera clase, habíamos discutido mucho sobre ello pero igual lo hice.
Ella cayó rendida pasadas las primeras dos horas del vuelo, realmente la presión y tantas horas le afectaban, cuidé que estuviera lo más cómoda y cuando el cansancio se apoderó de mí yo también caí rendido, al lado de Bella.
—Edward, anda despierta— sentí varios besos en mi oído por lo que inmediatamente desperté y tomé a mi novia en brazos.
—Deberías despertarme así más seguido—le dije sugestivamente.
—No seas pesado— dijo dándome un ligero golpe en el pecho y riendo musicalmente, cuando anunciaron que debían abrocharse los cinturones para el aterrizaje me acomodé pero igual no dejé de abrazar a Bella.
—No puedo creer que todavía tengamos que tomar una avioneta hasta Port Ángeles— me quejé.
—Sí bueno, nunca dije que sería un viaje corto— dijo seria.
—Dulzura, no me estoy quejando—le dije sonriendo— Pero me preocupa que sea demasiado para ti.
—No te preocupes Edward, estaré bien, quizás un poco cansada pero nada que no se me quite durmiendo.
—Bien, entonces vamos. — la guíe.
Tomé su mano firmemente y bajamos del avión, había mucha gente, ya sabía yo que esta era una de las fechas en que más se viajaba y no me extrañó mucho ver a gente corriendo de lado a lado encontrándose con sus familiares o esperando por un taxi, pero nosotros nos encaminamos al área donde se encontraban las avionetas y esperamos hasta que pudimos subir a una de ellas.
Hora y media después aterrizamos en Port Ángeles, Bella se veía muy cansada, los ojos apenas podía tenerlos abiertos y su respiración era muy errática.
—Bella, cariño te ves muy cansada, deberíamos descansar un momento, después podremos tomar un taxi a Forks— le sugerí, pero ella negó.
—Sólo es una hora de camino, Edward.
—No quiero arriesgarte, Bella. — ella se quejó y no cedió ni un ápice, así que decidí mejor buscar lo más pronto posible un taxi para poder irnos de una buena vez.
Tomé nuestras maletas en una mano y rodeé su cintura con la otra, comencé a caminar con ella por el pequeño aeropuerto hasta que escuché una delicada voz gritando más allá de lo que podía, convirtiéndola en una voz aguda y chillona.
— ¡Bella!
—Mamá— susurró débilmente, casi cerrando sus ojos.
Una mujer de mediana estatura, piel albina, cabello pelirrojo y ojos verdes llegó rápidamente a nuestro lado.
—Bella, mi niña, mi bebé, Oh Bella, sabía que esto podía pasar, lo sabía, lo sabía, se lo dije a Charlie, pero tú eres tan cabezota, oh mi pobre bebé— lloriqueaba, tomando entre sus manos el delicado rostro de Bella.
—Mamá. — susurró de nuevo.
—Ya bebé, aquí estoy, te llevaremos a casa.
—Renee— un hombre de la misma edad que la señora, con la piel igual de blanca, cabello castaño, bigote y ojos tan chocolates cómo los de Bella llegó al lado de su esposa.
—Ayúdala, Charlie— le exigió ella, asustada, fue cuando se dieron cuenta de mi presencia y de que yo sostenía a Bella.
—Mamá, papá, él es Edward, mi novio— logró decir antes de desmayarse en mis brazos, la sostuve con ambos brazos tirando todas las maletas, la cargué y busqué un lugar a donde poder acomodarla, sus padres reaccionaron y me guiaron hacia un banco cercano, acomodé a Bella y de una de las maletas saqué el botiquín que Carlisle me había entregado días antes.
Busqué algodón y alcohol para hacerla reaccionar, después me aseguraría de que no era nada grave.
Diez minutos después Bella regresó en sí, pero estaba muy cansada aun.
— ¿Lo sabes? — me preguntó el hombre, a quien habían llamado Charlie y era el padre de Bella.
—Sí, señor, lo sé— dije seguro, aunque me estaba muriendo de nervios.
—Bien, al menos puedes cuidar de ella— dijo acariciando el cabello de su hija con ternura, Renee sostenía una de sus manos, yo sólo la veía.
—Vamos a casa. — nos pidió, yo la tomé en brazos nuevamente, ella se aferró a mi cuello y caminé fuera del aeropuerto, sus padres nos seguían de cerca, su padre llevaba nuestras maletas.
La madre de Bella nos guió hasta un auto patrulla que estaba estacionado afuera, eso me asustó un poco pero lo dejé pasar, acomodé a Bella en la parte trasera, con su cabeza en mis rodillas, sus padres se subieron a la parte delantera del auto y arrancamos, Bella dormía pacíficamente, lo cual calmaba mis nervios, que estaban al extremo, su madre se volteaba en su asiento de vez en vez para checar a su hija y darme sonrisas pequeñas.
Una hora después estuvimos afuera de una casa pequeña, de color blanco, con un pequeño jardín frontal, pero alrededor de la casa había un bosque enorme.
—Vamos, comenzara a llover— anunció el padre de Bella.
Volví a tomar en brazos a mi novia y la subí hasta su habitación, Renee me guió hasta allí.
—Me alegro que hayas venido con ella— susurró, acomodando el cabello de su hija.
—No se preocupe, señora Swan, ha sido con gusto.
—Bien, por cierto, dime Renee, y por Charlie no te preocupes, sólo no olvides llamarlo Jefe Swan— me dijo con un guiño, saliendo de la habitación.
Bella se removió y abrió lentamente sus ojos, cuando me vio sentado a su lado en la cama me sonrió y se acomodó cerca de mi pecho, rodeándome con sus brazos.
—Lamentó que el día de acción de gracias hubiera empezado así.
—No te disculpes, preciosa, no quiero ni imaginarme qué te hubiera pasado si no hubiera estado contigo— dije estremeciéndome.
—Quizás me hubiera hecho un chichón del fuerte golpe— trató de bromear pero no le vi la gracia.
—No es gracioso— le dije, serio.
—Ya, lo siento, ven aquí— se levantó débilmente y tomó mis labios entre los suyos, besándolos dulcemente.
—Tus padres están abajo— le recordé, ella se separó levemente.
—Con que ya has conocido al jefe Swan, eh— jugó conmigo, yo le hice una mueca pero la volví a besar, no quería ni podía separarme de ella.
—Creo que me estoy ganando una bala en la cabeza.
—Jamás dejaría que te hiciera daño, además, es inofensivo, te lo prometo. — Reímos de buen talante, al parecer su salud estaba mucho mejor y eso hacía que la poca tranquilidad que podía tener en mi vida volviera a mi cuerpo.
—Feliz día de Acción de Gracias, dulzura— le dije revisando la hora en mi reloj, las doce con una.
—Feliz día de Acción de Gracias, Ed— dijo volviendo a besarme, sin duda sería el mejor día de todos, con Bella.
