La diferencia entre el sexo y el amor
Capítulo XI: El séptimo cielo
"Celos"
Se encontraba recorriendo con la mirada cada parte de la gran sala, sus orbes amatistas, brillantes y expectantes, recorrían la grandeza de su hogar con suma nostalgia, aunque su ausencia en ese lugar no fue bastante prolongada. Todo estaba exactamente igual…desde su partida. Su esposo y conviviente, Eiri, lo observaba en silencio, sin deseos de interrumpir su minuciosa exploración. El pelirosa se acercó a él a lento paso y tomó su mano, fuertemente, como si temiese su pronta partida.
- No me voy a ningún lado…-bufó el escritor.
- Lo sé, pero solo por si las dudas, te estaré vigilando.
- Ahora si te quedarás en casa para siempre, ¿verdad, mocoso?
Su rostro se tornó pensativo.
- No lo sé. Supongo que si me tratas bien, podría considerarlo.
- Si intentas irte, te encadenaré. Después de todo estuviste expuesto ante ese idiota del conejo mucho tiempo.
- ¿Celoso?
Chilló el escritor con una risa descarada.
- Claro que no. Me refiero a que ese imbécil te habrá pegado toda su estupidez. Aumentando la que ya tienes, no quiero pensar que tu diminuto cerebro pueda explotar de "Tontitis terminal"
- Eiri, no es que sepa de medicina, pero estoy seguro de que esa enfermedad no existe.
- Contigo nada se sabe, quizás serías el primero ¿no crees?
Shuichi sonrió dulcemente ante la particular bienvenida de su esposo.
- Yo también te he extrañado mucho…
- ¿De veras? –cuestionó dudoso el escritor.- No te creo…
Shuichi tomó fuertemente sus manos.
- Entonces vamos a nuestra habitación. Te voy a demostrar lo mucho que te he esperado…
Por supuesto, el rubio de ambarina mirada no se negó. Y se dejó guiar al recorrido hasta el séptimo cielo.
- Te amo, Eiri…
Sonrió. Por supuesto que Shuichi ya sabía la respuesta.
- ¿Debería suponer que este es mi regalo muy atrasado de cumpleaños? –preguntó a la par que contemplaba con devoción los hermosos amatistas del pelirosa acostado debajo suyo.
- ¿Debería importar eso ahora? –Dijo Shuichi mientras se deleitaba con el lóbulo de su oído izquierdo.- Haz lo que quieras conmigo…
Besó a Shuichi con una intensidad exquisita, mientras que sus expertas manos recorrían la suave piel del menor por debajo de la polera, provocando que el cantante se estremeciera por el contacto de sus manos frías en su cálido cuerpo. Muy lejos de parar su recorrido lujurioso, el chico se aferró más a él rodeando su blanco cuello con ambas manos.
- ¿Te gusta? –preguntó el mayor.
Se encontró, inesperadamente, con el rostro de Shuichi bañado en lágrimas.
- ¿Shu-chan?
- No sabes cuanto…esperé por este momento. Deseaba tanto verte libre, sonriendo como ahora. Quería con mucha fuerza poder verte…
- Igual yo…-Shuichi lo miró.- Quería ver nuevamente tu rostro, poder tocarlo. Ansiaba tanto poder apreciar tus suaves mejillas encendidas en placer, tus ojos brillando de pasión…
Secó sus lágrimas con besos, apaciguó su dolor con sus caricias. Lentamente se deshizo de su polera, mientras que Shuichi lo imitó con actitud desesperada y lo que descubrió bajo ella lo dejó maravillado y sin palabras para describir su sorpresa.
- ¿Eiri?
No podía creer que desde la última vez que lo tocó…su cuerpo haya cambiado tanto como para exaltarlo de tal manera que lo había dejado sin habla. Pero pensó que el cambio en sí era bueno, su cuerpo había ganado más musculatura y el nuevo Shuichi que tenía frente a sí era el descubrimiento más interesante que había hecho en su vida. Aún con la incertidumbre reflejada en los ojos amatistas del cantante, los besos del ojiámbar siguieron su curso hacia la parte baja del cuerpo del amor de su vida, quien, al sentir los labios de su esposo invadiendo su miembro, empezó a canturrear con su hermosa voz aquellos gemidos que indicaban estaba a punto de alcanzar el primer cielo.
- ¿Tan pronto? –se quejó el escritor.- Parece que realmente estás ansioso…
- S-Solo hazlo…necesito sentirte.
En ese preciso momento pareciese como si ambos lucharan entre sí por tomar el control del cuerpo del otro, experimentando su recorrido hasta el quinto cielo. Lo que comenzó como una lucha por el poder, terminó como una perfecta sincronía entre ambos cuerpos, amándose nuevamente en la igualdad de deseo por el otro. Ambos necesitaban ser uno, se resistían dos semanas atrás por el alejamiento, pero ahora estaban frente a frente, dando rienda suelta a sus emociones.
- E-Esto es una injusticia… ¿por qué tienes que ser tan lindo, mocoso?
- Yo no pedí nacer así…Supongo que tendrás que reclamárselo a mi madre…
El escritor sonrió. Shuichi también.
- ¿Puedo…?
- Hazlo. Soy tuyo.
Seguido de un suspiro de satisfacción de su parte, penetró a su esposo de la manera más cuidadosa, pero sin dejar atrás su deseo y ganas por sentirse dentro de él muy profundamente como si realmente quisiese fusionarse con él. Ambos suspiros, gemidos y jadeos llenaban totalmente la habitación. La distancia había sido sofocante e insoportable, difícil de conllevar si ambos no estaban juntos. Eiri había llegado a un punto…en el que ya no podía depender de sí mismo.
Y así, ambos llegaron conjuntamente a su esperado séptimo cielo.
- Por fin puedo sentirte mío otra vez. Que sensación tan maravillosa.
- Eiri, hablas como si no nos hubiésemos tocado en muchos años.
- Pero…en sí la libertad se siente maravillosa… ¿No lo crees?
- Bueno, la verdad es que…siento que en este momento no quiero pensar en nada más que estar a tu lado.
"Yo te enseñé a besar con besos fríos,
Son de apacible color de roca,
Yo te enseñé a besar con besos míos,
inventados por mí para tu boca."
Susurró Eiri mientras abrazaba más y más el cuerpo de su joven esposo.
- Que hermoso verso, Eiri…
- Es uno de mis favoritos desde que era niño. Siempre me han gustado los versos románticos, a pesar de que no creía mucho en el amor…Supongo que te estaba esperando.
- Ay, que lindo…
- Ahora que recuerdo, ese verso se me vino a la mente la primera vez que nos acostamos tú y yo. Supongo que encajaba bien para ese momento.
- Me lo hubieses recitado en aquel entonces.
- Claro, y así echaría todo mi orgullo a perder diciéndote indirectamente que te amaba. Habría quedado como un perfecto imbécil ante un mocoso escandaloso como tú en aquel tiempo.
Se apegó más a su cuerpo, enterrando sus uñas en la espalda de su esposo a medida que este le brindaba ligeros mordiscos a su cuello.
- No quiero ni imaginarme que es lo que habrá sucedido durante mi encierro cerca de ti. Dime… ¿alguien que no soy yo ha intentado tocarte indebidamente?
- Claro que no, tonto. Y si ese fuera el caso yo no lo permitiría. Creo que eso está más que claro.
Suspiró con tranquilidad el escritor.
- Bien, entonces supongo que podríamos ir por una segunda ronda.
- ¿Ah? ¡Eiri, no! Me siento muy cansado… ¡Eiri!
Día siguiente. Shuichi corría con prisa.
Estaba de malas, eso claramente se notaba en rostro decaído, pálido, pero extrañamente brillante, claro, después de todo el día anterior su cuerpo fue sometido varias veces y había cedido ante la pasión desenfrenada de Eiri. Se había levantado exageradamente tarde, ya iban a dar las nueve de la mañana y en su mente claramente se imaginaba que K ya lo estaría esperando con su querida Magnum lista y recargada para ser disparada en su pequeña e inocente cabecita. Ni siquiera había tenido el tiempo suficiente de prepararse algo rápido de desayunar. Le pidió encarecidamente a Eiri que lo despertara para ir a trabajar temprano en la mañana, pero este también se había quedado dormido y se había despertado bastante tarde. Ahora se encontraba corriendo desesperadamente por la calle tratando de salvar su pellejo, pero ya sabía que era en vano, al menos le perdonarían la vida si llegaba.
- Shuichi-kun, you're late!
Y, efectivamente, ahí estaba Mister K esperándolo con la enorme Magnum totalmente cargada y lista para ser disparada.
- ¡Lo siento, Mr.K! Lo siento, se me ha hecho muy tarde. ¡Por favor no dispare!
- Es raro en ti, Shuichi. Tú nunca sueles llegar tan tarde al trabajo. ¿Ha pasado algo? –preguntó Hiro.
- ¡Demonios, parece que a todo el mundo se le ha ocurrido ser irresponsable el día de hoy!
- ¿A todo el mundo? –preguntó sin entender el pelirosa, pero al darse cuenta de la ausencia de Suguru, entendió las quejas de su representante.- ¿Y Suguru dónde está?
- No lo sabemos, Shuichi. No lo he visto desde que Eiri-san salió de prisión. He ido a su casa, pero parece que no hay nadie, porque no atiende a la puerta.
- ¿Ya probaron a hablarle al presidente? Después de todo son familia ¿no? Él tiene que saber algo de Suguru.
- Cuando fuimos a verlo, Sakano-san nos dijo que estaba atendiendo unos asuntos importantes y que él también tenía que ir a acompañarlo, dijo también que no sabía cuando regresaría, así que dudo pueda ser de ayuda si no está.
- Vaya, y yo que pensaba ayudar a Mika-san de paso…
Luego de pensarlo unos minutos, a Shuichi solo se le ocurrió una solución.
- Bueno, entonces debemos ir a ver a Suguru.
- Pero, Shuichi…yo ya he ido y no hay nadie. Y si está…no quiere atenderme.
- Pues no va a poder rechazarme a mí. Soy el líder de BAD LUCK y si está en su casa va a tener que escucharme a la fuerza si es necesario. Y si aún así no quiere abrirnos la puerta, llevaremos a Mr.K para que la derribe.
Esto último emocionó a Winchester, quien con mucho entusiasmo comenzó a acariciar a su Magnum.
- Eso no será necesario, Shuichi-san…
- Touma-san… ¿qué hace usted aquí? Pensé que demoraría en regresar.
- Sakano-san –le llamó. El productor se acercó al grupo de personas.
- A partir del día de hoy, la banda BAD LUCK se encargará de hacer las audiciones para escoger a un nuevo tecladista.
- ¡¿Cómo?! –exclamaron Hiro y Shuichi a la par por la tan repentina noticia.- Nosotros no necesitamos un tecladista, Touma-san. Ya tenemos a Suguru. - comentó Shuichi.
- A partir de hoy, Fujisaki Suguru ya no pertenece más a la familia de NG.
- Touma-san, ¿por qué? ¡Él amaba mucho su trabajo! ¿Por qué lo despidió?
- Se equivoca, Shuichi-san. Yo no lo he despedido. Fue él voluntariamente quien renunció a la banda. Fui hoy a verlo a su casa y, conversando conmigo, me dijo que era lo mejor para él. Así que todo ya está dicho, no debemos indagar más porque fue su decisión.
No. Shuichi no estaba del todo convencido. Suguru no era de ese tipo de personas que no dan la cara y renuncian así, sin más. Aún sin importarle las quejas de las personas que dejaba atrás, se encaminó hacia la casa de uno de sus mejores amigos paras saber el verdadero motivo por el cual él decidió dejar la banda sin avisarle a nadie.
- Suguru, soy yo, Shuichi. Abre la puerta, por favor…
Sin embargo no recibió respuesta alguna.
- Necesitamos hablar con urgencia, Suguru. Ábreme la puerta o te arrepentirás.
Más lo que oyó fue el canto de las aves. Shuichi ya se estaba impacientando, no recibía respuesta más que de las aves. Tocó varias veces, fuertemente sin importarle el enorme ruido que estaba provocando. Llegó a un punto en el que su ira lo dominó por completo.
- ¡Suguru, abre la puta puerta o traigo a Mr.K y pierdes tu casa a balazos! ¡Abre la puerta que sé que estás allí, condenado mocoso!
La puerta se abrió lentamente y Shuichi ni siquiera pidió permiso para entrar, simplemente lo hizo. Caminó hasta la habitación del muchacho de diecisiete años en donde él se encontraba tocando el piano. Entró silenciosamente al cuarto y cerró la puerta tras él.
- ¿No podía hacer más escándalo, Shuichi-san? –preguntó mientras continuaba tocando el instrumento.
- Quiero que me expliques el por qué de tu renuncia a NG, Suguru. Se suponía que éramos un equipo, pero tú optaste por parecer un cobarde y renunciaste sin siquiera darnos la cara a nosotros que somos tu grupo.
Suguru detuvo su música y le habló al mayor, sin atreverse a mirarle a los ojos.
- No puedo trabajar más con usted.
- ¿Por qué? ¿Te molesta algo de mí?
Suguru profundizó su mirada en el suelo.
- Simplemente no puedo.
- ¡Mírame, Suguru! Cuando hablas y no miras a la gente, lo que dices puede ser dudoso. ¿Es que acaso tienes vergüenza de verme a los ojos?
El menor asintió.
- ¿Por qué?
- Yo…aquel día me comporté muy mal con usted. No solo lo traté groseramente, no le brindé mi ayuda y dije cosas terribles de su esposo, alegando que no lo quería y que solo lo engañaba. Lo siento mucho, no era mi intención hablarle en ese tono, ese día solo buscaba desquitarme con alguien.
- Ya veo…
- De veras lo siento.
- ¿Es por eso que no quieres volver?
- Es que…pensé que usted me estaría odiando por lo que dije la vez pasada tanto que no querría ni verme. Fue por eso que decidí renunciar yo primero antes de que usted me echara de la banda. Además…desde un principio usted no me quería…porque yo solo me estaba colando en la banda como un miembro más…
- Eso ya es pasado. Además, yo adoro como tocas…
- Muchas gracias…
- No tenías que renunciar, Suguru. Yo no te guardo rencor alguno, estoy siendo sincero contigo.
- Shuichi-san…
- Vamos, debemos regresar a la empresa. No podemos empezar a ensayar sin nuestro tecladista ¿o si?
Suguru sonrió. Era la primera vez…que alguien se preocupaba de esa manera por él…que siempre solía ser tan serio, realista y, en muchas ocasiones, pesimista. Shuichi era la primera persona…que se preocupaba por una persona como él.
&&&
- Te agradezco que hayas ido por Suguru, Shuichi-san. Tienes un gran poder de convencimiento…-alabó Touma a su empleado.- ¿Cómo lo has logrado?
- Digamos que él y yo teníamos que arreglar unas cuantas cosas entre nosotros.
- Ya veo…
- Por cierto, Touma-san… ¿Cómo está Mika-san?
- Bien. Aunque se me hace extraño que vaya a hablar contigo cada vez que puede. ¿Puedes decirme de qué tanto hablan ustedes dos?
- De cosas que nos pasan a ambos…
- Pero no comprendo…Si ella tiene problemas, lo más normal es que los comparta con su esposo ¿verdad?
- Bueno, quizás no tiene la confianza suficiente para hacerlo, Touma-san.
- Vaya, de verdad que no entiendo a las mujeres. Quieres ser honesto y comprensivo con ellas, pero aún así no confían en ti.
- Bueno, si usted me permite decirlo, creo que las dudas de Mika-san hacia usted son totalmente entendibles.
- ¿A qué te refieres?
- Touma-san, ¿qué es lo que siente usted por Mika-san?
- ¿Perdón?
- Solo conteste mi pregunta. ¿Usted la ama?
- Bueno, cuando nos casamos, ambos nos amábamos mucho…aunque todo ese amor pienso se perdió cuando centré mi atención más en Eiri-san…
- Ahí están entonces las dudas de Mika-san. Ella no creerá en su sinceridad si primero usted no le aclara qué es lo que siente por ella. Aunque dudo mucho que usted sea el tipo de hombre que ilusiona a las mujeres por gusto.
- Entonces ¿qué piensas que siento?
- Bueno, yo creo que a Touma-san realmente le gusta mucho su esposa. Y que aún no es muy tarde…para volver a empezar como una familia ¿no cree?
El rubio de ojos verdes sonrió con ternura.
- Tienes mucha razón. Ya no tengo que preocuparme más por Eiri-san si lo dejo a tu cuidado. Ahora tengo que pensar más en mí y en mi esposa…
- Bueno, entonces creo que debería empezar por llamarla e invitarla a comer…Tiene que ser sincero con ella y mostrarle sus sentimientos.
- Muchas gracias por tu consejo, Shuichi-san.
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- Vaya, con que eso sucedió…Creo que deberías convertirte en consejero de parejas, Shu-chan. –comentó Eiri con una sonrisa de burla.
- Que aguafiestas eres. Yo solo quise ayudarlos.
- Bueno, pero lo has hecho bien. Te felicito.
- Entonces podrías recompensarme por mi buen trabajo ¿no?
- Mocoso pervertido, ya sé lo que estás pensando…
Se dieron un largo beso, uno muy apasionado. Se prepararían para lo que continuaría. Sin embargo, no esperaban que un pequeño obstáculo en sus deseos apareciera de repente. Pero ellos seguían en su mundo, provocándose entre sí, tontamente enamorados.
- ¡Estoy de vuelta!
Ambos saltaron y se separaron por la repentina sorpresa. Apenas vieron de quien se trataba…la pasión de Eiri se congeló en cuestión de segundos…
Continuará!
Minna, gracias por el apoyo. Ya dejé establecidas las fechas de actualización de los últimos capítulos de mi FF.
Gracias por la paciencia, espero que este fic esté siendo de su agrado!
Beshitos!
Namida No Megami.
