Hola! esta vez no he tardado tanto, eh? ;-)
Ely barchu: gracias, me alegro que te guste!
p: Gracias paula!
Martapotter: Lily tiene poder, pero eso se verá más adelante, Sandy y Sirius estarán separados un tiempo, ya lo verás y Lily y James... es su destino... jajajaja
un besito a todas!
CAPÍTULO 11
- Hola, preciosa.
La asiática sonrió. Habían pasado dos semanas desde el baile y ella y Sirius estaban más unidos que nunca. Todos sospechaban que estaban juntos pero los únicos que lo sabían con seguridad eran sus amigos más íntimos. Esta vez lo dos estaban de acuerdo en no dar detalles, preferían no ilusionarse demasiado pues sabían que la fecha se acercaba. El 14 de marzo Sandy se presentaría ante el consejo de ancianas.
- Buenos días, cariño. -contestó la chica.
Remus besó a Alex en la frente con cariño.
- Joder, qué bien. -murmuró Lily ante las muestras de cariño de sus amigas. James también estaba incómodo. Desde el día de San Valentín no había hablado con la chica, ambos se evitaban una por confusión y el otro porque se sentía culpable. Sentía que estaba utilizando a Mishia y por primera vez se sentía mal por ellos.
- Bueno tortolitos, me voy a clase. -dijo la pelirroja.
- Si todavía queda media hora para que empiecen las clases. -espetó Sandy.
- Ya, pero hay algunas que preferimos estudiar. -contestó la chica levantándose.
Todos vieron cómo salía del comedor. Últimamente pasaba mucho tiempo estudiando en la biblioteca.
- Yo también me voy. -James siguió a Lily que salió del comedor sin mirarlo. -¡Evans! -la llamó por el apellido, aún se referían el uno al otro de esa manera tan fría.
Ella se dio la vuelta y frenó en seco.
- ¿Qué quieres Potter? Tengo prisa.
- Sólo quería acompañarte a casa, no hace falta que te pongas así.
- Bien. -respondió ella.
La chica siguió su camino hacia las mazmorras. Les tocaba una sesión doble de pociones y comenzó a preparar su caldero y leer la poción que tendrían que preparar ese día. James la miró con atención. Le pareció que estaba muy guapa ese día. Llevaba el pelo recogido en un moño y de vez en cuando se apartaba unos mechones de pelo de la cara. Cuando leía algo que le parecía difícil arrugaba su boquita, haciendo que su cara pareciera la de una dulce niña. "Si siempre pareciera tan serena" pensó el chico. Se acercó a ella y sintió que Lily se ponía nerviosa.
- ¿Qué ocurre, Evans, te pongo nerviosa? -susurró él en el oído de la chica.
- No, me das asco. -contestó ella sin levantar la vista del libro.
¿Por qué tenía que ser tan fría? Ninguna chica se hubiera resistido a ese acercamiento. Lily tampoco lo hubiera hecho si no se hubiera repetido que él tenía novia y era James Potter, un engreído. Él la miró fijamente a los ojos y ella aguantó la mirada. En esa situación tan comprometida entró una ravenclaw a la mazmorra.
- James, te estaba –comenzó a decir. –buscando. –terminó mientras dirigía una mirada interrogante a su novio.
- Mishia. –dijo el chico acercándose a la recién llegada. -¿Qué haces aquí?
- ¿Cómo que qué hago? Veo que he entrado en un mal momento, mejor me voy, tengo adivinación y no quiero llegar tarde.
Antes de que Mishia saliera James la agarró de la muñeca y le dio un beso que quitó la respiración a la chica. Lily no pudo soportar esa visión y se enfrascó en la lectura de la poción que estaba estudiando.
- Por esto no creas que se me va a olvidar lo que he visto. –susurró Mishia a su novio.
- Vamos, cariño, es Evans, no pasa nada. –el chico no tenía la intención de que la pelirroja lo oyera pero ella lo hizo y sintió que la ira la llenaba por dentro. Cuando la raven se hubo ido, se levantó y acercándose al merodeador exclamó:
- Claro, ¿cómo se va a preocupar de que le pongas los cuernos? Si sólo soy la alumna nueva. Eres un cabrón, Potter.
- Te recuerdo que fuiste tú la que me besó. –dijo él con aparente tranquilidad.
- Me engañaste, sabías que era yo pero yo no sabía quién eras.
- ¿Así que besas al primero que te lo pide? Eso tiene un nombre.
Lily sacó su varita, pero antes de que dijera ningún hechizo entraron los alumnos.
- La próxima vez que vuelvas a insinuar algo así no te vana reconocer ni tus padres, Potter. –lo amenazó antes de sentarse en su pupitre.
Al termina la mañana, Lily se dirigió a la biblioteca. No tenía ganas de comer y se acercaban los exámenes de mitad de curso así que prefería estudiar. Sus amigas intentaron convencerla de que fuera con ellas pero la pelirroja se negó.
- Sandy, Alex y tú estaréis con vuestros chicos y Potter se irá con Mishia. Además, aunque no se vaya con ella prefiero pasar toda la tarde en la biblioteca que tener que hablar con ese prepotente.
- Vale, vale, creo que lo hemos entendido. –dijo Alex. –Así que comeremos nosotras solas y luego salimos a dar una vuelta, ¿vale?
- No, si me da igual que estéis con ellos, lo que me incomoda es quedarme sola con Potter, ya sabéis lo que pasó en San Valentín y no quiero que se repita. –contestó la pelirroja.
- ¿Seguro? –preguntó la asiática.
- Claro que sí, además tiene novia.
- ¿Y si no tuviera? –esta vez fue Alex la que preguntó.
- Dejadme en paz, ¿qué os pasa? Potter no es un buen tío, es un chulo, un creído y..
- Un prepotente, está enamorado de sí mismo... –continúo Sandy. –Yo también decía eso de Sirius.
- bueno, voy a estudiar, pasadlo bien. –Lily se marchó sin contestar a la chica.
Sus amigas sabían algo que ella ignoraba y prefería que siguiera siendo así. Algo le decía que iban a meterla en problemas. La pelirroja entró en la biblioteca. La única persona a la que vio fue al director Dumbledore leyendo algo. Le pareció extraño que no estuviera en su despacho. Se disponía a saludarlo mas él salió a toda velocidad sin apenas fijarse en Lily. La chica vio sobre una de las mesas el periódico de ese día. La portada le llamó la atención.
"DESAPARECE EL MINISTRO DE RELACIONES MUGGLES"
Francesc Minhor, ministro encargado de las relaciones con el mundo no-mágico desapareció esta mañana en la puerta de su casa cuando salía para ir a trabajar. Unos vecinos afirman haber visto una sombra negra acercarse a él pero nadie puede afirmar si era un ser humano. El ministro de magia...
Lily dejó de leer. ¿Qué era lo que había alarmado tanto al director?
Estaba dispuesta a descubrirlo. Ya estaba empezando a cansarse de tanto misterio y de que nade contara con ella cuando tenía la sospecha de que tenía mucho que ver con todo eso. No se lo pensó dos veces. Esa misma noche saldría de su habitación e iría a hablar con Dumbledore.
- Luke, no intentes defenderlo. –dijo Violet. –Como ahora te has hecho amigo de él ya no es un chulo egocéntrico, ¿no?
- No es eso. Lo que quiero decir es que él tendrá sus razones par hacer lo que ha hecho. El chico estaba en una situación muy incómoda. Por una parte sabía la relación que tenían el merodeador y Sandy, la comprendía y estaba muy contento por su amiga pero por otra Violet y Mishia sólo criticaban a Sirius a sus espaldas porque éste había dejado a la chica. Eli no decía nada, sabía que no iba a conseguir convencer a las chicas de que dejaran de darle vueltas a eso ya que sospechaba que Luke sabía algo sobre Sirius que guardaba en secreto. No importaba, si era algo privado ella no tenía por qué inmiscuirse, además si su novio defendía la merodeador seguro que tenía unas buenas razones.
- Da igual, Luke. –contestó Mishia. –Yo sigo pensando que es un cabrón. No sé por qué me da la impresión de que James me va a hacer lo mismo.
- ¿Por qué dices eso? –preguntó Eli.
- No lo sé, últimamente parece que no vive en este mundo. Cuando está conmigo no me hace caso, no se fija en mí. No quiero ser otro de sus ligues y antes de que me deje lo haré yo. Hoy mismo le voy a decir que no quiero seguir con él.
Sus amigas la miraron como si se hubiera vuelto loca, el primero que habló fue Luke:
- Es lo mejor, además si piensas así es porque no lo quieres de verdad sino no lo dejarías escapar por nada del mundo.
- Tampoco es eso, Luke, lo que pasa es... –comenzó a decir Violet viendo que el semblante de su amiga se iba ensombreciendo.
- No, es verdad, al principio salí con él porque era Potter, joder, uno de los merodeadores. Luego le fui cogiendo cariño pero creo que no es para mí.
- Mishia, hay otro, ¿verdad? –Eli conocía demasiado bien a su amiga como para no darse cuenta de eso.
Las mejillas de la chica se encendieron.
- ¿Qué? ¿Y no nos has dicho nada? –Violet la miró indignada.
- ¿Has puesto los cuernos a un merodeador? Eso no se puede decir todos los días... –comentó Luke.
- Y no lo pienso decir. –afirmó la chica.
- ¿Quién es el afortunado? –preguntó Eli con curiosidad.
- Jos, el ex de Lily.
Luke comenzó a reír estrepitosamente. Sabía que James estaba coladito por Lily y ahora su novia estaba con el ex de la pelirroja, ¡parecía una telenovela!
- No te rías, a mí no me hace gracia. Me voy, tengo que decírselo ya.
- ¿Vas a confesarle tu infidelidad? –Eli comenzó a reír.
- ¡Claro que no! Voy a decirle que le dejo. –dicho esto se fue en busca de James.
- Mishia me ha dejado. –dijo James nada más entrar en el cuarto de los Menesteres que era donde se reunía con sus amigos cuando quería hablar.
- No se te ve muy triste, Cornamenta. –comentó Sirius.
- La verdad es que es mucho mejor así. Ya estaba empezando a cansarme.
- Ya, seguro que sí. Nunca te ha gustado, ¿verdad?
- Joder, Lunático, ¿siempre tienes que soltar todo lo que piensas? –protestó el chico.
- Vale, tengo razón. –dijo Remus sonriendo. –Necesito vuestra ayuda. Dentro de dos días es el cumpleaños de Alex y no sé qué regalarle.
- Un conjunto de ropa interior para que lo estrene contigo.
- Muy sutil, Canuto. Podrías prepararle una cena o algo así.
- En eso ya había pensado, podría prepararla aquí y nadie nos molestaría pero quiero que sea algo especial, no sé si me entendéis.
- ¡Ya sé! –exclamó Sirius. – No me miréis así, que no va a ser una guarrada. Redijiste que a Alex le gustaría ir a París, ¿verdad?
- Ya, y la llevo allá, ¿no? –dijo Remus con sorna.
- Eso es, Canuto. –contestó James adivinando los pensamientos de su amigo.
- ¿Estáis locos?
- No, mira puedes adornar esta sala como si estuvierais cenando frente a la torre Eiffle y James y yo seríamos los camareros. Basta con que lo desees y redecoremos un poco lo que quede. –explicó Sirius.
- Tienes razón, eso estaría muy bien. –A Remus le brillaron los ojos.
- Luego dale una rosa y escríbele una tarjeta o algo.
- Cornamenta, ¡eso es una idea buenísima! Muchas gracias, voy a tener que empezar a prepararlo todo. –el chico salió precipitadamente de la sala.
- Cornamenta, yo también me voy, he quedado con Sandy.
- Bien, yo salgo en un momento. –dijo James tumbándose sobre unos cojines y cerrando los ojos. Pronto se sintió cansado, muy cansado.
- ¿Esperas a un caballero guapo, sexy, atractivo e inteligente?
Sandy sonrió.
- Y vago, engreído y orgulloso, sí, eso es. –contestó.
- Entonces creo que iré a buscarlo.
- No seas tonto. –ella rió y lo besó.
Lo que empezó como un gesto de cariño se convirtió en caricias y besos de amor desenfrenado.
- En mi cuarto no hay nadie. –dijo Sandy cuando notó las manos del chico bajo su falda.
Ambos subieron y comenzaron a desnudarse. Así llevaban dos semanas, los dos se sentían vivos cuando estaban el uno cerca del otro.
- Quédate a dormir conmigo, por favor. –susurró Sandy al oído del chico que estaba tumbado a su lado.
- ¿Y tus amigas?
- Cerramos las cortinas y no nos molestarán.
- Sandy, cariño, ¿qué vamos a hacer? No puedo imaginarme estar sin...
Ella lo cayó con un beso.
- Mi amor, no pienses en eso. –dijo ella. –Te quiero, lo sabes, ¿no?
Él asintió y se ido la vuelta. No quería que Sandy lo viese flaquear, debía ser fuerte, ella sufriría más que él cuando llegase la hora y tenía que aguantar y hacer que se sintiera feliz hasta entonces.
- ¿Estás enfadado?
- Claro que no, princesa. –contestó él mirándola fijamente y perdiéndose en el mar de sus ojos. – Eres preciosa.
La chica sonrió y él la abrazó. Así se quedaron dormidos, los dos juntos, sin nadie que pudiera interponerse entre ellos aunque ambos sabía que cada día que pasaba era un día menos que podrían disfrutar amándose.
"Mierda." Pensó James. Se levantó y salió de la Sala de los Menesteres. No era la primera vez que le pasaba, se había quedado dormido. Suponía que era muy tarde, peor lo que se cubrió con su capa invisible y se dirigió a su dormitorio. Cerca de la sala común vio a una chica pelirroja andando por los corredores sigilosamente, para que no la oyeran.
Lily sobresaltó al sentir que alguien le tocaba. Se giró, pero no vio a nadie, aunque seguía sintiendo una presencia a su lado. Una luz se encendió al fondo del pasillo. Un profesor debía haber oído algo y se dirigía hacia ella, se la iba a cargar, lo sabía. De pronto una mano la agarró de la cintura y alguien la abrazó cubriéndole con una túnica. La chica pudo ver a la profesora Mcgonagall pasando a su lado, casi rozándola y sin percatarse de su presencia.
- Gracias, -susurró- ¿qué es esto?
Alzó los ojos para ver quién había sido su salvador y se encontró con unos de color avellana que lo miraban divertido.
- Es una capa invisible.
- ¿Qué haces, Potter? ¿Por qué me tocas?
Él no la soltó, la apretó más contra sí haciendo que Lily sintiera su boca muy cerca de la de ella.
- ¿Primero me das las gracias y luego me mandas a la mierda? –susurró. -¿Qué hace Doña Perfecta por aquí a estas horas?
- Vale, si tan empeñado estás en saberlo acompáñame. –Lily pensó que James podría ayudarle a descubrir lo que quería.
Se dirigieron al despacho de Dumbledore y Lily le contó lo que había oído escondiéndose detrás de las puertas.
- ¿Espiaste a mis padres?
- No, les oí por casualidad. ¿Tú sabes a qué se referían?
- Claro que no. Vamos, creo que Mcgonagall va a entrar.
La profesora dijo la contraseña y justo cuando la puerta iba a cerrarse los dos alumnos se colaron dentro del despacho del director.
- Minerva, esto es horrible. ¿Has leído el periódico? –oyeron que le preguntaba Dumbledore a la profesora.
- Sí, Albus. Ya sabes lo que esto significa, ¿verdad?
- Algo muy triste y desolador. La guerra ha empezado, sólo era cuestión de tiempo.
- Ahora debemos proteger a Lilian, ella es la que más peligro corre. Esta guerra no puede seguir adelante. Morirán muchos "muggles" y magos que provienen de familias no-mágicas.
- Lo sé, él ha comenzado movimientos a favor de la limpieza de sangre y no sé si podremos pararle. Hemos esperado demasiado tiempo, pero tienes razón, la chica es lo más importante.
Lily no pudo seguir escuchando y empujó a James hacia fuera. Salieron sin hacer ruido y se dirigieron rápidamente a la Sala Común de Griffindor.
- ¿Qué es lo que decían, Lily?
- Ya lo has oído, James, una guerra, limpieza de sangre... –unas lágrimas comenzaron a recorrer las mejillas de la pelirroja.
- ¿Qué te pasa? No llores, tranquila... –él acarició sus mejillas secándoselas.
- Potter, yo provengo de familia "muggle" y en el otro colegio muchos me llamaban sangre sucia y, aunque les ignoraba, me hacía mucho daño, tú no sabes lo que es eso, los Potter sois una familia de honorables magos que...
Él la besó. Ella no se sentía con fuerzas para controlar sus sentimientos y enlazó sus manos tras el cuello del chico respondiéndole al beso. James la agarró de la cintura. Pronto las caricias fueron más fogosas y el chico cogió a la pelirroja poniendo casa una de sus piernas alrededor de las caderas de él.
- En mi cuarto. –susurró Lily.
Entraron en silencia y él se tumbó sobre ella. Lily soltó un gemido cuando él comenzó a acariciar todo su cuerpo con su lengua mientras la desnudaba. Estaba segura de que sus amigas lo habrían oído y eso la hizo reaccionar.
- ¿Y Mishia?
- Me ha dejado esta tarde. –contestó él sin dejar de besarla.
- Claro, y yo soy el segundo plato, ¿verdad? Lárgate de aquí, Potter.
El chico se levantó confundido.
- Lily, aclárate. Cuando estoy con Mishia porque estoy con ella y sino porque te entran paranoias.
- Déjame en paz, eres un prepotente, tienes que aprender a no jugar con las chicas, ¿sabes qué? Tenemos sentimientos.
- Eso no lo dudo, Lily, convendría que hicieras caso de lo que te dice tu corazón en vez de tu estúpido cerebro.
- Evans. –ella finalizó la conversación.
- Buenos días, Lily. Parece que ayer la noche no fue muy bien.
La pelirroja se sobresaltó al escuchar la voz de Sirius en su habitación.
- Sí, el pobre James no estará contento hoy...
Esta vez fue Remus el que habló.
- ¿Qué hacéis aquí? –preguntó la chica enfadada.
- Largaos, que no está el horno para bollos. –Alex besó a su novio y Sandy la imitó con el suyo.
- ¿Cenamos esta noche? Tengo una sorpresa. –le dijo el licántropo.
- ¿Una sorpresa? –a la africana le brillaron los ojos.
- Claro, mañana es tu cumpleaños y... –la chica lo besó antes de que pudiera terminar de hablar.
- Lunático, vamos, que la pelirroja nos está asesinando con la mirada. –Sirius rió y tiró de su amigo.
- ¿qué pasó anoche, Lils? –preguntó Sandy cuando los chicos se fueron.
- Ya os contaré, pero hoy no. No tengo ganas.
- ¿Ya?
- No, todavía no, espera.
Alex reía mientras Remus la guiaba cogiéndola por la cintura y tapándole los ojos.
- Un poquito más… Ya.
Alex abrió los ojos y se encontró ante una verdadera puesta en escena. Unos violines habían empezado a sonar, nadie los tocaba, flotaban en un rincón de la inmensa habitación y sus arcos acariciaban las cuerdas para producir esa preciosa melodía. Al fondo se veía la torre Eiffel en todo su esplendor, brillaba sobre el fondo del cielo nocturno sin luna pero con infinidad de estrellas. Frente a ella, había una mesa preparada para dos personas. Sobre el mantel blanco descansaban copas, platos y cubiertos de plata. Parecía que esa mesa se hallaba justo en frente del monumento parisino, la temperatura era cálida, como los veranos franceses que a Alex tanto le gustaban. A ambos lados de la puerta la chica vio a Sirius y a James vestidos con uniformes de camareros. Le entraron ganas de reírse pero pensó que estropearía el momento así que miró a Remus y le sonrió. Los dos merodeadores les escoltaron hasta la mesa y James hizo aparecer un ramo de flores en el centro de la mesa.
- ¿Qué desean tomar los señores? -Sirius les tendió una carta donde aparecían un sinfín de platos muy sofisticados.
- ¿Qué es todo esto? No conozco la mitad las cosas que pone aquí.
- La mayoría de los platos son iguales, así que no se preocupe, señorita, garantizamos una calidad superior. -contestó James.
Remus rió y Alex no pudo aguantar más tiempo y soltó una carcajada. La situación era bastante cómica, pero aún quedaba lo mejor. Justo en el momento en el que la pareja dijo qué deseaba cenar un grupo de elfos entró formando una fila perfecta y en un abrir y cerrar ojos cada comensal tenía un plato lleno de comida frente a él. Los camareros se retiraron y también las criaturas mágicas.
- Feliz cumpleaños, preciosa.
Alex lo miró con infinita dulzura, le brillaban los ojos de felicidad y a penas podía hablar de la emoción.
- Gracias, Remus, yo… no sé qué decir, me has dejado… asombrada.
Tras la cena llegaron los postres, los mismos elfos pusieron sobre la mesa platos pequeños con diferentes dulces sobre un centro giratorio. Al terminar, Sirius y James volvieron a entrar y el último cogió un instrumento parecido al violín aunque de mayor tamaño y sin arco. Era una guitarra, un instrumento "muggle", el ojiazul comenzó a cantar. ¿Sirius cantaba? No, claro, su varita apuntaba hacia su cuello, debía haber hecho algún hechizo "cantatem". Alex volvió a sentir ganas de reír, pero en cuanto escuchó la letra de la canción las lágrimas inundaron sus ojos.
"Por ti he llorado un río,
Por ti he gritado de alegría,
Por ti he sentido,
Por ti he vivido,
Por ti…
Por ti sé lo que es el amor."
Sirius repetía lo mismo una y otra vez, más rápido, más lento, alto o bajo acompañado por James que tocaba la guitarra suavemente, como si la estuviera acariciando. Ninguno sabía que era la primera desde hacía unos meses que tocaba ese instrumento, lo había echado de menos, pero le traía malos recuerdos, prefería no recordar.
- Remus, te quiero.
- No digas nada, te mereces esto y más. - El chico le tomó las manos y le colocó un pequeño paquete en ellas.
La chica lo cogió pensando qué más podría recibir de su novio, no sabía como expresar con palabras lo que sentía, era demasiado feliz. Abrió la caja que le había dado Remus y se quedó sin habla al ver lo que había en su interior. Cinco pequeñas piedras negras formaban un círculo. Esas cinco piedras cambiaban de color dependiendo de lo que sintiera la persona que las poseía. Se mantenían negras cuando esa persona estaba confusa, si estaba contenta, la perla de la felicidad se volvía de color rojo, si estaba triste, otra se volvía gris, ante el odio o la rabia, una tercera piedra tomaba un color verde, si la persona que tenía las piedras estaba enamorada otras de las piedras negras se trasformaba en una perla rosa y la más importante era la quinta y última. Esa tenía un tamaño mayor que las demás y la poseía aquel que la dueña de las piernas elegía. Esa piedra mostraba los sentimientos de la poseedora, lo cual conllevaba un grado de confianza muy alto. Desde el momento en que laqueen entregaba la quinta piedra a una persona se establecía una conexión mágica entre ambas, muchos magos tenían miedo a ese compromiso y por ello esas piedras eran un símbolo de mala suerte para la mayoría del mundo mágico. Alex no opinaba eso. Sandy tenía cierta predilección por los temas esotéricos y de magia antigua, y ello había influido sobre la africana y Remus lo sabía.
- No te pido que me la des a mí, ya te dije una vez que yo esperaré, ahora también. Quizás nunca me la entregues, o igual se la entregas a otra persona. Somos jóvenes y puede que lo nuestro no llegue a nada pero mientras dure, y ojalá fuera para siempre, quiero que sepas que para mí eres perfecta, única y que no quiero hacerte daño.
La música había cesado cuando Remus comenzó a hablar. El chico miró a sus amigos indicándoles que se marcharan pero se quedaron hasta el final del discurso y luego salieron de la Sala de los Menesteres pensando que el lobito era todo un poeta. Sirius había quedado con Sandy, quedaban diez días para que tuvieran que separarse para siempre y pasaban la mayor parte del tiempo juntos. James se fue a la sala común porque no tenía sueño, algo le impedía dormir. No había contado a sus amigos nada de lo escuchado en el despacho de Dumbledore, lo haría al día siguiente, no tenía ganas. Abrió la puerta y vio a una persona durmiendo.
- Remus, gracias, eres un cielo, no me merezco ni la mitad de lo que has hecho por mí. Te quiero, amor. -ella lo abrazó con fuerza. Al momento todo el decorado de trasformó en una cama con sábanas de seda cortinas blancas de lino.
- ¿Has sido tú? -preguntó el chico.
Ella sonrió libidinosamente y lo besó. Él la llevó hasta la cama y se tumbó sobre ella mientras le besaba en el cuello y bajaba por escote. Ella le quitó la camiseta y buscó sus labios, deseaba besarlo y no separarse jamás de él. Poco a poco fueron desnudándose y se hicieron uno, esa noche del 3 de Marzo sellaron su amor, un amor de juventud, el primero, segundo o tercero, da igual, un romance de los que todo el mundo recuerda con añoranza.
James se acercó al sofá donde descansaba la persona dormida. Aunque el cabello le tapaba la cara, en seguida la reconoció. Era Lily. Él sintió su calor y su esencia dulce y suave. La amaba con toda su alma, no podía seguir negándolo y menos después de esa noche. Alex y Remus se querían, también Sirius y Sandy, ¿por qué ellos no? ¿Por qué habían empezado tan mal? Tenía que dejarse de tonterías, debía reconocer delante de la chica que la quería. Haría lo que fuera para que, sólo por un momento, ella no lo mirara con desdén. Acarició su pelo rojo como el fuego mientras escuchaba su respiración acompasada y lenta. Notaba el tacto sedoso de sus cabellos y estudiaba cada rasgo de su bonita cara. Sus ojos, espejos del alma, verdes y llenos de vida; cerrados, ocultos por unos párpados que terminaban en unas pestañas finas y largas. La nariz, pequeñita, no desentonaba ni llamaba la atención. Sus labios, cómo deseaba besarlos. Rojos, gruesos y sensuales. Incluso dormida, su boca se curvaba hacia arriba dejando adivinar una sonrisa sincera, que tantas veces había intentado que fuera dirigido a él sin conseguirlo. Tenía la piel pálida llena de diminutas pecas en sus mejillas. Su expresión tan tranquila y sosegada mientras dormía contrastaba con la que tenía en el día a día, siempre tan seria y ocultando una tensión interior. Ella se estremeció cuando una corriente de aire entró en el salón y él la tapó con su abrigo. Se sentó frente a ella y la observó hasta que también quedó dormido en el sofá.
James despertó. Lo primero que vio fue la cabellera roja de la que había sido su compañera de sueño. ¿Dónde estaba? ¡Es verdad! En la sala común, se había quedado dormido mirando a Lily. ¡Se veía tan guapa! Estaba tumbada sobre un libro, él fue a retirárselo y se dio cuenta de que era un diario, el que le habían regalado sus amigas el día de navidad, nadie lo podía leer a menos que fuera el dueño de su corazón. Comenzó a sentirse nervioso y decidió arriesgarse, ¿por qué no? Si conseguía leer algo tendría la respuesta que tanto buscaba y si no sabría que debía rendirse para siempre. Lo abrió. Pasó todas las páginas buscando letras, palabras, frases..., sin éxito, el diario estaba en blanco. "¡Mierda!" En ese momento Lily abrió los ojos y él soltó el cuaderno antes de que la chica se diera cuenta.
- ¿Qué coño haces aquí, Potter?
- Buenos días, princesa. Veo que estás de mal humor por las mañanas.
- ¡Joder!
- ¿Ahora qué pasa?
- Es el cumpleaños de Alex y Sandy y yo íbamos a llevarle el desayuno a la cama.
- No creo que puedas, primero porque Alex ha pasado la noche fuera y segundo, porque tu compañera Sandy está durmiendo felizmente acompañada.
Lily decidió guardarse la rabia que sentía en ese momento hacia James por recordarle que era la única soltera y subir a su habitación para preparar la sorpresa que tenían para su amiga.
- Adiós, Sirius, Sandy despierta, tenemos cosas que hacer.
- ¡Joder con la guapita! –Sirius seguía llamándola así cuando la quería molestar.
- Es sábado, Lils. –se quejó la chica.
- Y 3 de Marzo, cumpleaños de tu mejor amiga.
- Mierda. Sirius, lo siento, te veo luego.
La asiática se levantó no sin antes cubrirse con las sábanas y dejar a su novio como vino al mundo.
- No mires, pelirroja.
- No tengo ningún interés, así que no te esfuerces en taparte.
Cuando Sirius se fue a su habitación y Sandy terminó de vestirse las chicas comenzaron a preparar el desayuno. Al cabo de un rato llegó Alex que no tardó en contarles lo sucedido la noche anterior. Cuando terminó sus amigas se abalanzaron sobre ella:
- ¡FELICIDADES!
- ¿Estoy invitado a la fiesta?
- ¡Luke! ¡Hacía muchísimo tiempo que no te pasabas por aquí!
Las chicas lo abrazaron con efusividad.
- ¿Qué es eso de ahí? –preguntó el recién llegado.
- Es el desayuno para Alex.
- ¿Desayuno? –la africana rió. – ¡Comemos dentro de media hora! Además, Remus me ha dado de desayunar...
Las dos chicas se miraron desesperadas... ¡Ya era la hora de comer!
- Yo había traído tu regalo, Alex. –Luke le tendió un paquete que la chica abrió con un brillo en los ojos parecido al de una niña el día de navidad.
- ¡Gracias!
Era un vestido corto de colores muy vivos para verano.
- Nuestro primer regalo no ha tenido muco éxito, pero esperemos que esto te guste más.
Sandy le tendió un sobre azul. Alex lo abrió con la misma ansiedad que el regalo de Luke, irradiaba felicidad. Sacó el contenido del regalo, eran dos vales para un circuito de talasoterapia, relajación con diferentes tipos de agua, barros, saunas, hidromasajes...
- Para que vayas con tu chico. –bromeó Lily.
La chica besó a sus amigas casi con lágrimas en los ojos.
- ¿Qué te pasa? –preguntó la asiática preocupada.
- Es que sois las mejores, estoy muy emocionada... La noche con Remus, el desayuno, todos estos regalos...
- Preciosa, te lo mereces todo. –dijo Lily.
- Venga, vamos a comer, que sino voy a llorar yo también. Por cierto, el regalo lo eligió Eli, yo no sabía la talla ni nada. –el chico enrojeció, seguía haciéndolo aunque ya había perdido parte de su característica timidez. Durante la comida Lily decidió hablar a sus amigas de lo que escuchó en el despacho de Dumbledore, no aguantaba más.
- ¿Guerra? ¿Limpieza de sangre? –Alex parecía preocupada.
- Lo siento, no quería arruinarte el día, pero necesitaba contároslo.
- No pasa nada, Lils, lo que no entiendo es, ¿quién te busca?
- No lo sé, y eso es lo que más me preocupaba.
- Tendrías que hablar con el director y decirle que lo sabes todo. –aconsejó Sandy.
- Me daría vergüenza contarle que escuché escondida tras la capa de James.
- Sería un poco incómodo. –dijo Luke.
- Ya buscaré algún modo de averiguar qué es lo que pasa.
No muy lejos de allí, un grupo de chicos hablaban sobre el mismo tema.
- ¿Así que alguien busca a tu pelirroja?
- Canuto, no es mi pelirroja, su diario estaba en blanco.
- Menuda tontería, esas tonterías no funcionan nunca.
- Lunático, eso es mentira, no intentes consolarme.
- Vale, vale... ¿pero quién la busca?
- No lo sé.
- Cornamenta, lo pasaste bien esa noche, ¿no? –bromeó Sirius al recordar que su amigo y Lily habían entrado en la habitación.
- Vete a la mierda. –contestó el chico.
- ¿Qué pasó? –preguntó Remus.
- Se enteró de que ya no estaba con Mishia y ella dijo algo de un segundo plato...
- Eres poco delicado. –dijo el lobito.
Unos gritos provenientes de la mesa de las chicas les interrumpió.
- Ya vale, John, déjame en paz de una vez. –Alex se había levantado y pegado al chico una bofetada en la mejilla.
Remus se acercó rápidamente hacia su novia seguido por sus amigos.
- ¿Por este, Alex? –John miró a Lupin con desprecio.- NO lo conoces, sé cosas de él que te pondrían los pelos de punta.
- Creo que te ha dicho que te largues. –fue Sirius el que habló, pues Remus se había quedado de hielo. "¿Lo diría en serio?" John se fue, sabía que no saldría ganando contra los merodeadores.
- ¿Qué ha pasado? –preguntó James.
- John le dijo algunas cosas... Da igual, ya ha pasado. –dijo Sandy.
Alex abrazó a su novio.
- Tranquila, cariño, no pasa nada.
- La piedrita estará totalmente gris, aunque poco a poco va cogiendo otro color. –dijo ella.
Ninguno entendió qué significaba todo eso, sólo ellos, y eso les hizo sentirse más unidos que nunca, pasara lo que pasara seguirían juntos, o eso pensaban.
El 14 de Marzo había llegado, Sirius no se había querido despedir de Sandy en toda la noche, pensaba que, abrazándola fuerte, las ancianas no la podrían alejar de él. Ella era su vida, ahora que había conseguido amarla sin tapujos, sin que nada más importara, se la querían quitar. Era la única persona que le había enseñado a querer a alguien más a parte de a él mismo. Habían pasado la noche sin dormir, hablando riendo, y al amanecer, llorando. Recordaban cada discusión, cada vez que hicieron el amor, cada pequeño instante que pasaban juntos y no podían evitar pensar que ya nunca se repetiría. Aunque ella no le había dicho nada, Sirius sabía que ya había tomado una decisión, desde hacía mucho tiempo. Nunca dejaría de lado el poder curativo, y eso decía mucho de su parte, muchas personas lo considerarían loable pero él creía que lo que hacía el consejo era cruel. ¿Se podía llevar toda una vida sin sentir? Si ella lo hacía, él también, no iba a poder amar a nadie más que a Sandy. Todo lo que era parte de ella le gustaba. Los hoyuelos que se formaban cuando sonreía, o cómo movía las cejas al discutir, adoraba la forma en que fruncía en ceño cuando estudiaba y su delicado movimiento al apartarse un mechón de pelo negro de sus ojos. Sus caricias, susurros y besos... Todos aquellos momentos que pasaron escondidos, intentando ocultarse de los demás y engañándose a ellos mismos diciéndose que no se querían. La observó mientras una lágrima caía de su mejilla. ¿Sirius Black llorando? Eso no hubiera ocurrido antes, pero ya no era el mismo, ella la había cambiado. Besó sus cabellos y la abrazó escuchando su reposada respiración, se había dormido hace a penas media hora y su cara se asemejaba a la de un ángel, emanando la misma luz celestial que aquellas criaturas, las más bellas de los cielos. De pronto, cuando el último rayo de sol salió tras las montañas y alumbró a la joven pareja, la chica se desvaneció. Desapareció de entre los brazos de Sirius sin que éste pudiera hacer nada. No había nadie más en la habitación, Ale había dormido con Remus y Lily, en la sala común, como acostumbraba a hacerlo los últimos días, ninguna de las dos había querido molestarles, aunque Sirius sabía que Lily lo hacía porque se sentía mal al ser la única que no tenía pareja, debía sentirse sola. El chico se levantó rápidamente de la cama y, vistiéndose con una camiseta y unos vaqueros, fue en busca de las amigas de Sandy.
- ¡Lily! ¡Despierta! ¡Sandy, se la han llevado!
La pelirroja se levantó de un salto. Aún llevaba puesta la ropa del día anterior y descansaba sobre un libro de lectura.
- ¿qué? ¿No está contigo?
- Se ha ido, ha desaparecido. –el merodeador parecía fuera de sí.
- Nadie puede desaparecerse en los recintos del colegio, tenemos que hablar con Dumbledore, ya estoy harta, no pueden obligar a Sandy a todo esto, es demasiado. –la chica se levantó y fue hacia las habitaciones.
- ¿Qué haces? El despacho de Dumbledore está por el otro lado.
- Ya lo sé, pero iremos todos.
Lily tenía miedo de estar frente al director después de lo que había oído, prefería ir varias personas pues así no se quedaría a solas con él. Casi al instante los tres merodeadores y las dos chicas se encontraban frente a Dumbledore explicándole lo sucedido.
- Sé la condición de Sandy Min, estoy al corriente, al igual que sus padres y no puedo hacer nada, ella debe tomar la decisión. –dijo el director.
- ¡Se la han llevado! –exclamó Sirius.
- Y la traerán de vuelta en cuanto ella lo pida.
- No creo que sea justo que siendo tan joven la obliguen a tomar decisiones que la condicionarán durante el resto de su vida. –dijo Lily sin mirar al hombre directamente.
- Lilian, la vida de un adulto está llena de decisiones difíciles, pronto serán mayores de edad y saldrán de Howarts. Se encontrarán con un mundo lleno de baches, el camino no va a ser llano, pero deberán andarlo y elegir, pueden hacerlo solos o acompañados, pero al final, cada uno será el que decida qué debe hacer y qué no.
Los cinco alumnos estaban cabizbajos. Sabían que lo que decía Dumbledore era cierto pero no podían evitar sentir un enorme vacío al imaginarse una vida fuera de los muros protectores del colegio.
- Ahora por favor, váyanse, tengo mucho trabajo y será mejor que desayunen antes de ir a clase, parece que no han dormido mucho. –el anciano les sonrió con complicidad. –Lilian, quédate por favor, tengo que hablar contigo.
- Tengo doble hora de pociones y el profesor...
- Sus compañeros le avisarán, no se preocupe.
Alex la miró extrañada, y Lily le devolvió una mirada cargada de miedo, no le gustaba la idea de hablar con el director, ¿qué le querría decir?
- Siéntate, por favor. Lilian, dentro de mi colegio, no tengo secretos. –comenzó a decir cuando los demás se fueron.
"Mierda, ¿cómo sabe que le escuché?" pensó mientras obedecía al mago.
- No me parece mal que sepas qué es lo que pasa, -continuó. –pero de momento yo no puedo explicarte ni detallarte nada.
- Lo siento, no era mi intención espiarle pero en casa de los Potter...
- Sé lo que oíste en su casa. Es normal que tengas preguntas pero las respuestas sólo te perjudicarían, al menos de momento.
- Pero... –intentó decir la chica.
- Es mi obligación rogarte que no salgas de Howarts hasta nueva orden. –concluyó Dumbledore.
- ¿Cómo? ¿Y mis fines de semanas? ¿Y...?
- Podrás ir acompañada de un profesor. –contestó él.
- ¿No me dice qué es lo que está pasando y quiere que me quede encerrada no se sabe cuánto tiempo?
- Sí. –la mirada del director hizo que Lily entrara en razón y supiera que debía hacerle caso.
- Espero que me dé todas las respuestas cuando lo que sea que lo que le impide hacerlo desaparezca.
- Todo a su debido tiempo.
- ¿Papá, mamá?
- Cariño, ¡qué alegría verte! –un hombre de aspecto musculoso y ojos azules y con pelo negro y rizado la abrazó.
- ¡Mi niña, no sabes cuánto te hemos echado de menos! –su madre, una mujer delgada y con rasgos asiáticos la beso repetidas veces en la mejilla.
- ¿Qué hago aquí? Estaba en la cama...
De pronto se acordó de Sirius, ni siquiera se había despedido de él. Sus padres notaron en seguida el semblante triste de su hija.
- No te preocupes de nada, y disfruta del paisaje. –su padre lo sonrió tiernamente.
Sandy miró a su alrededor. Se encontraba dentro de una nube, no veía más que sombras borrosas por la niebla y se volteó para mirar a su padre, pero había desaparecido, también su madre, aunque aún podía ver su sonrisa dibujada en el humo blanco.
- Bienvenida, Swuan Min.
La niebla desapareció y Sandy se encontró medio de un prado verde, rodeada por siete piedras que formaban un círculo en las que estaban sentadas siete ancianas de pelo gris y ojos agua-marina.
- Gracias. –contestó la chica.
Llevaba un vestido de lino blanco que caía holgadamente sobre su cuerpo y una corona de flores lilas sobre su cabello que caía suelto por su espalda.
- El blanco es un color que destila pureza, cualidad necesaria para curar, y las malvas son apreciadas plantas medicinales, ambos son símbolos de nuestro clan, al que pertenecerás en cuanto nos comuniques tu decisión. –dijo una anciana diferente a la que le había hablando primero.
- Tengo muchas preguntas, me gustaría escuchar sus respuestas antes de decir qué es lo que quiero hacer. –rogó Sandy.
Una tercera mujer rió.
- No tienes ninguna pregunta, Swuan Min, conoces todas las implicaciones de tu don y si lo aceptas, deberás someterte a ellas. No podrás estar con Sirius.
¿Cómo sabían lo de Sirius? Sandy empezaba a notar que le temblaban las piernas, se sentía débil y a punto de romper a llorar, ¿dónde estaban sus padres? Los necesitaba en ese momento.
- Lo sé, es hora de hablar.
Sandy suspiró, no se mostraría débil ante ese consejo de altivas ancianas que sólo la estaban atormentando. Todas la miraban expectantes, ¿qué diría esa preciosa chica que parecía tan frágil y a la vez emanaba una fortaleza interior? Sandy hizo lo correcto, podría ayudar a muchos magos y combatir la magia negra con el don curativo, sólo debía renunciar a amar y vivir una vida compartida, ¿sería capaz? Sólo lo sabría arriesgándose, unos nacen para pasar por la vida sentados, ella lo haría de pie y siendo dueña de sus actos, no dejaría que nadie la manipulara y menos esas viejas, ya había tomado su decisión, ¿eso implicaba someterse a la voluntad del consejo? Claro que no, sólo seguía unos principios de magia ancestral y antiquísima.
- Quiero poseer el don.
- El viento ha sido testigo de tus palabras y el viento se las llevará donde nadie las pueda borrar.
Sandy notó que la niebla volvía a envolverla formando un remolino que la llevaba a un lugar lejos de aquel paraíso maldito.
- Te queremos, has hecho lo que debías. –su madre volvía a estar frente a ella pero no podía tocarla, Sandy quería abrazarla, pero algo se lo impedía.
- Venid, conmigo, no podré hacerlo sola. –la asiática lloraba desconsoladamente.
- Nos veremos en casa, durante le verano, ahora debes volver a Howarts, sólo queda un poco, aguanta Sandy... –la voz de su padre se desvaneció, y ella sintió bajo sus pies el frío suelo de su habitación. Todo había terminado.
Era le primer día de primavera. Los árboles habían florecido y los pájaros cantaban como en cual película romántica, mas el corazón de Sandy estaba ensombrecido. Desde le día en el que estuvo frente al consejo no había hablado con Sirius. Él lo había intentado, pero la chica lo evitaba, sólo intercambiaban miradas que contenían deseo y pasión, dos sentimientos hechos para expresarse mediante actos, no para llorarlos en la distancia. Sus amias y Luke le habían ayudado, no la dejaban sola para que no pudiera pensar. Algo paradójico, ¿no? Se sentía como una autómata, viviendo la rutina del día a día sin ningún aliciente que la motivara a seguir adelante. Lily parecía contenta de estar acompañada, aunque le dolía es sufrimiento de Sandy, y Alex y Luke pasaban mucho tiempo con su amiga sin la compañía de Remus y Eli pues sabían que verlos felices con sus parejas no ayudaría a la chica.
- ¡Sandy es sábado! He pensado que podríamos hacer una especie de picnic. A las afueras de Hosmeade hay caminos para pasear. –dijo Alex durante el desayuno.
- Sí, vale, yo llevaré los dulces y vosotras la comida. –contestó la asiática.
Ella también hacía esfuerzos por olvidar a Sirius, o al menos olvidarse de que no podía tenerlo porque sabía que lo amaría para siempre.
- Yo no podré acompañaros. –dijo Lily sombría.
- Es verdad, Dumbledore... –respondió Luke.
- Entonces nosotros tampoco, no vamos a dejarte sola. –se solidarizó Alex.
- No seáis tontos, a mí me da igual. Me vendrá bien quedarme aquí estudiando, voy retrasada. –era verdad, sus muchas preocupaciones habían causado una demora en la entrega de diversos trabajos y redacciones.
- ¿De verdad? –Sandy tenía la esperanza de encontrarse con Sirius en Hosmeade, iba a hablar con él, no podía haber nada de malo en ello...
Lily caminaba por los pasillos silenciosos del colegio. Todos los alumnos mayores estaban disfrutando de su día libre en la ciudad y los pequeños jugaban a quidditch o paseaban por el jardín. Había llegado la hora de comer y ya tenía sus trabajos terminados y una tarde por delante para poner en orden sus ideas, aunque no sería tal y como imaginaba.
Alex, Sandy y Luke descansaban tumbados en la hierba.
- Me encanta el olor de los almendros. –dijo la africana.
- Sí, huelen bien. –Sandy estaba ausente, sabía que Sirius estaba allí, podía sentirlo, pero... ¿dónde? Miraba a su alrededor sin saber que un perro de ojos azules la observaba añorándola y deseando estar a su lado.
- ¡Eli! –Luke se incorporó.
- Hola cariño, tenía ganas de verte. –la chica había llegado acompañada de Violet y Mishia.
Sandy se puso a la defensiva, esas dos le daban mala espina, siempre lo había dicho, parecía que estuvieran todo el tiempo cuchicheando y pensando cómo parecer víctimas de todo lo que les ocurría, y más ahora que Sirius había dejado a Violet, aunque se oían rumores de unos posibles cuernos de Mishia. Luke besó a su novia y las tres recién llegadas se sentaron.
- Veo que tenéis montado un picnic en toda regla... –comentó Violet mirando a su alrededor de forma altiva.
- Sí, ya ves, nos gusta pasar ratos solas, desconectando del colegio. –dijo Sandy enfatizando la palabra sola.
- Sí, ahora pasas mucho tiempo así... –replicó Violet. – He oído que has cortado con Sirius.
Alex estaba a punto de abofetear a la rubia. ¿Cómo lo podría haber dicho con tanta brusquedad? Creía que su amiga se hundiría pero Sandy no se iba a quedar callada:
- ¿Cortar? Primero debería haber salido con él, ¿no? –la asiática miró a Violet con aire triunfante antes de decir. –Además, cuando dos personas se quieren no hay ruptura que valga, y tres son multitud.
Luke observaba la escena estupefacto. El silencio estaba resultando realmente incómodo para todos menos Alex y Sandy. La primera parecía apunto de reventar de la risa pues la cara que había puesto Violet era realmente cómica, se le había desencajado la mandíbula y sus ojos echaban chispas.
- Yo creía que estas dos eran listas. –susurró Sandy al oído de su amiga.
- Y si tanto os queréis... ¿por qué no está Sirius aquí? –preguntó Mishia mordazmente.
- ¿Quién ha dicho que no estoy?
Remus y Sirius salieron de la nada, como si se hubieran aparecido ahí, detrás de los arbustos.
- Hola Violet, Mishia. –el segundo las saludó con la cabeza. –Sandy, ¿vienes a dar el paseo que me prometiste?
La asiática se levantó rápidamente, ante la mirada interrogativa de su amiga. Cuando la pareja se fue, Remus besó a su novia tiernamente en los labios.
- Hace días que no estamos juntos, tranquilos.
Ella sonrió y le devolvió el beso.
- Nosotras ya nos vamos, te vemos en la cena, Eli. –se despidió Mishia al ver que la situación de su amiga era similar al de el merodeador y Alex.
- ¿Cómo estás? –preguntó Sirius tras caminar un buen rato en silencio.
- Bien, te echo de menos. –ella lo miró a los ojos aunque bajó la vista inmediatamente, refería no dar pie a situaciones irreversibles.
- Yo también. –el chico se paró frente a ella. –Sandy, yo...
- No, Sirius, ya tomé mi decisión y las ancianas me dejaron muy claro cuál era esa condición. –dijo guardando la distancia apropiada.
- ¿Cómo te fue?
- Mal, eran muy serias, parecían disfrutar con mi amargura.
Sus corazones latían apresuradamente, era muy duro verse el uno frente al otro y no poder saborear sus labios y llenar sus cuerpos con caricias.
- No tendría que haber pasado con eso tú sola. –él intentó acariciarle la mejilla pero la chica se apartó, no sabía por qué pero algo le advertía de evitar el contando con Sirius.
- ¿Y pretendáis acompañarme? Hemos pasado muy buenos momentos, te quiero, y seguramente siempre lo haga, pero no puedo amar, en cambio tú sí. No me sigas ni hables conmigo, ¡olvídate de mí Sirius Black! –las duras palabras que salían de su boca herían tanto su propio corazón como el del merodeador pero, ¿qué más podía hacer? No iba a condenarlo a él a una vida sin amor.
De repente ocurrió algo que ninguno de los dos pudo explicar, fue como si una fuerza superior los impulsara a hacerlo. Sirius la agarró por la cintura y la atrajo para sí besando sus labios. Sandy sintió que las manos del chico la quemaban y sus labios ardían en contacto con los de él, era un dolor placentero, pero a la vez insoportable. Sandy se apartó y lo miró con los ojos llorosos.
- Sirius, ¡ellas no me dejan! Me haces daño cuando me tocas, no-no sé qué es lo que pasa, pero mi piel arde si me acaricias. –sollozó.
- Mi amor, yo no quiero... –los ojos azules del chico expresaban tristeza, dolor e impotencia.
- Ya lo sé, no podemos evitarlo, no estamos hechos para estar juntos, yo no puedo estar con nadie. –Sandy corrió hacia le colegio, estaba anocheciendo.
- Lily, tengo que
hablar contigo.
-
¿Qué haces aquí, Potter? Creía que todos
se habían ido a Hosmeade.
-
Me he quedado porque tengo que hablar contigo.
-
Eso ya lo has dicho, empiezas a repetirte, demasiado. –Lily se
levantó del sofá de la sala común dispuesta a
irse pero él la retuvo.
-
Si no te hubiera dicho nada de Mishia, ¿qué hubiera
pasado esa noche?
Lily
lo miró intentando mostrar seguridad aunque en el fondo se
había quedado en blanco, esa pregunta llevaba en su cabeza
mucho tiempo y aún no había conseguido responderla.
-
Que hubiera reaccionado a tiempo y te hubiera echado.
- Eso es mentira y lo sabes. –James se había sentado junto a Lily y se acercaba peligrosamente.
- No te acerques.
James la besó. Fue rápido, sin premeditación, atrajo la nuca de la chica hacia su cabeza y juntó sus labios con los de ella.
- ¡Joder!
¡Déjame en paz! –chilló Lily, aunque en su voz
no se notaba convicción.
Él
la miró con deseo y volvió a besarla, esta vez ella le
respondió dejando que su lengua penetrara en su boca. James
acarició su espalada, ella su cabello, luego comenzaron a
desnudarse apasionadamente, como si quisieran recuperar el tiempo
perdido o las veces que no habían estado juntos aún
pudiendo estarlo. Él besó su cuello, su escote y sus
pechos. Ella buscaba sus labios y los mordía mientras le
bajaba el pantalón. Hicieron el amor y se quedaron abrazados,
el uno junto al otro hasta que la pelirroja se levantó y
rompió el momento. Sin decir nada, cogió su ropa y
subió a su habitación dejando a James en el sofá,
mirándola sin saber qué hacer. ¿Qué
pasaría ahora? Ninguno de los dos lo sabía.
- ¿Te acostaste con él? -preguntó Alex.
- Sí, pero no hace falta que pongáis carteles por los pasillos.
- ¡Lily! ¿Qué vas a hacer?
- Sandy, lo más importante es qué vas a hacer tú. -dijo la pelirroja a Sandy. - No puedes seguir así, hace días que no duermes, pasas las noches llorando.
- Da igual, estoy bien, tendré que acostumbrarme. Por la noche es cuando más echo de menos a Sirius, últimamente solíamos dormir juntos todos los días… -parecía que la voz de la chica iba a entrecortarse pero se repuso. -¿Eras virgen?
- ¿Qué? -la pelirroja no se esperaba la pregunta.
- Que si era la primera vez que te acotabas con alguien. Mi primera vez fue con Sirius y la de ella con John. -dijo Sandy señalando a la africana.
- ¡Viva la discreción! -exclamó Alex.
- ¿Qué más da? Somos amigas, ¿no? -la asiática sonrió mirando a Lily.
- Sois unas cotillas, lo sabíais, ¿verdad? -la pelirroja fingió enfadarse. - No, no era la primera vez.
Sus amigas la miraron asombrada, ambas esperaban que la respuesta fuera afirmativa.
- No me miréis así, perdí mi virginidad con el primer novio que tuve en el otro colegio. Empezamos hace dos años hasta el año pasado, lo dejamos porque ya no nos soportábamos, fue bonito mientras duró. -narró Lily.
- ¿Y no nos lo habías contado? Desde luego, si las amigas están para eso… -Alex le pegó cariñosamente en la cabeza.
- El descanso se está acabando y tenemos trasformaciones con Mcgonagall, no querréis llegar tarde, ¿verdad?
Las tres chicas corrieron hasta el aula y entraron segundos antes de que sonara el timbre, los merodeadores tuvieron menos suerte, los cuatro chicos entraron poco después de la campana y la profesora los castigó a limpiar los trofeos al modo "muggle" esa tarde.
-¡Joder! Esta tarde había quedado con Alex, me va a matar.
- Yo no tenía nada mejor que hacer así que… por lo menos tendré la cabeza ocupada. -dijo Sirius.
- Canuto, te vendría bien airearte un poco, además ya conocemos a todos los mejores buscadores de Howarts desde que se fundó la escuela. -se quejó James. -Además yo quería hablar con Lily.
- ¿Crees que te iba a hacer caso?
- ¡Canuto! Podrías ser un poco más pesimista, ¿no?
- Déjalo, Lunático, tiene razón, seguramente me ignoraría. -dijo James.
- Si se acostó contigo fue porque no pasa totalmente de ti, dos no hacen nada si uno no quiere. -contestó Remus.
- Pero su diario…
- ¡Pasa del diario! Eso es una tontería.
- No lo es. -intervino Sirius. -Aunque, quizás estuviera en blanco. -añadió al ver la expresión de su compañero.
- Por la noche hablaré con ella. -concluyó James decidido.
- Suerte. -le deseó Sirius con sarcasmo.
- Joder, Canuto, estás de un pesimista… -comentó Remus.
- La vida es una mierda.
- Olvida a Sandy, ella te lo dijo claramente. Yo creo que ha tomado una muy buena decisión, ha sido valiente y ha asumido las consecuencias. No se lo pongas más difícil, si te ve deprimido ella se sentirá peor. -dijo el licántropo.
- ¿Te he dicho alguna vez que sin ti, Cornamenta y yo estaríamos perdidos? -bromeó Sirius. -Tienes razón, pero no voy a olvidarla, sé que aún me quedan recursos, las viejas no me la van a quietar.
- Pero, ¿no decías que la quemaba cada vez que la tocabas? A ver si vas a provocar un incendio…
- Cornamenta, tus chistes siguen siendo malísimos.
- Canuto, él tiene razón, esa magia es muy fuerte, ¿sabes lo que podrían hacerte a ti o a ella si se enteran de que estáis juntos? -dijo Remus.
- No tenemos por qué tocarnos, nadie nos permite no ser amigos. -concluyó el ojiazul.
Esa noche Lily también dormiría en la sala común, se había convertido en una costumbre. Alex estaba con Lupin en el cuarto del chico y Sandy no podía dormir y sollozaba en silencio, no quería que ninguna de ellas la consolara, decía que tenía que afrontar todo eso sola, ninguna palabra la iba a animar y Lily no soportaba el dolor de su amiga. Estaba tan inmersa en el libro que leía que no oyó el ruido que hizo la puerta al abrirse.
- ¿Lily?
La chica levantó la cabeza sobresaltada.
- ¿Qué haces aquí, Potter?
- ¿Por qué cada vez que me ves preguntas lo mismo?
- Porque pensaba que estarías ya en la cama, Remus y Sirius han terminado hace tiempo de limpiar los trofeos.
- Yo tenía castigos acumulados y he tenido que ayudar a Hagrid con sus "mascotas". -contestó el chico sentándose al lado de Lily. -¿Por qué duermes aquí?
- En mi cuarto está Sandy llorando sin parar y Alex duerme con Remus.
- No te gusta estar sola, ¿verdad? -James la miró fijamente.
- Claro que no. A nadie le gusta. -la chica evitaba el contacto visual.
- Quiero decir que, antes Sandy tenía a Sirius y Alex a Remus…
- ¿Quieres decir que estoy celosa?
- No, no, yo quería decir… -el chico supo que había metido la pata.
- Da igual. Tengo sueño, Potter.
- No me voy a ir hasta que no hablemos de lo que ocurrió la noche anterior.
- Sí, claro, suponía que era eso lo que querías. -dijo Lily resignada.
- ¿Por qué lo hiciste? -preguntó él.
- ¿Y tú?
- Yo he preguntado primero.
- Sólo responderé después de ti. -contestó ella sonriendo.
- Vale… Mira, me atraes, supongo que desde que te vi en el tren, físicamente… y supongo que el hecho de que pases de mí hace que cada día…
- Cada día, ¿qué?
- Que me fije más en ti. -contestó enrojeciendo. -Ahora te toca a ti.
- Quería poner en orden lo que sentía hacia ti. -contestó lacónicamente.
- ¿Y…?
- Nada, Potter, atracción física. -Lily sabía que Jame son estaba siendo sincero, él la quería y si no se lo decía ella no daría el primer paso.
- ¿Y crees que podría ser algo más?
- Potter…
- No claro, debí suponerlo, después de ver tu diario. -ya iban dos esa noche, estaba seguro de que ella no le perdonaría eso.
- ¿Mi diario? ¿Lo leíste?
- No, no pude, por eso sé que no sientes nada por mí.
La chica respiró aliviada y sonrió.
- Potter, tengo muchas preocupaciones, es mejor que esperemos, no nos precipitemos, ¿vale?
A James se le iluminó la cara al escuchar aquella frase… Esperar… No estaba todo perdido.
- Subiré a mi habitación, la parejita feliz estará durmiendo ya.
James se acercó a la chica para besarla pero ella giró la cabeza. El merodeador suspiró y la besó dulcemente en la mejilla. Lily cerró los ojos poniendo todos sus sentidos en ese beso, esa noche soñaría con él, y con los todas las veces que James la había besado, lo necesitaba, pero no en ese momento, antes tendría que arreglar muchas otras cosas.
Alex miraba a Sandy y a Lily alternativamente sin saber qué decir, ambas estaban ensimismadas, comiendo sin ganas.
- ¿Qué os parece si hoy ayudamos a Hagrid a dar de comer a las criaturas del lago?
Las dos chicas la miraron extrañadas.
- Alex, NADIE quiere ir nunca a dar de comer a ninguna mascota de Hagrid, que además de estar loco es un poco raro.
- Lils, no te pongas así, pensé que igual os distraeríais.
- Lo siento, yo me tengo que ir.
La pelirroja se levantó dejando a sus dos amigas solas.
- Sandy, ¿sabes por qué Lily duerme en la Sala Común?
La asiática levantó la vista de su plato sin decir nada.
- No pude soportar escucharte llorar toda la noche, por muy fuerte y autosuficiente que parezca es sensible, demasiado diría yo. Te tiene mucho aprecio y no soporta estar en la misma habitación que tú y saber que no pude hacer nada.
- Pero es que yo...
- Tú no quieres que nadie te ayude, ya nos lo dijiste.
- Es que nadie puede ayudarme, ¿no lo entiendes?
- Lo que no entiendo es por qué renuncias a tus sueños tan rápido, Sandy, nadie tiene derecho a hacerte lo que te está haciendo.
Los ojos de la asiática se empañaron e iba a volver a llorar cuando su amiga volvió a hablarle.
- Ya vale, Sandy, creo que has llorado lo suficiente.
La chica la abrazó agradecida y, sabiendo que tenía razón se levantó de la mesa dispuesta a ir donde le guiaba su corazón.
- ¡Sirius!
EL ojiazul se dio la vuelta para ver quién le llamaba.
- ¡Sandy! Tengo que hablar contigo.
Ella lo calló de un beso. Otra vez esa sensación de calor, no sabía si podría soportarlo, pero tenía que ser fuerte. James y Remus se miraron sorprendidos y dejaron a su amigo solo. Cuando los dos quedaron solos no sabía qué decir, ambos se sentían extraños, no sabían cómo actuar. Sirius la cogió de la mano y la llevó hasta la Sala de los Menesteres, allí podrían hablar sin ser molestados. No hablaron hasta que las puertas estuvieron cerradas, en ese momento ella lo abrazó con desesperación, temiendo que se le escapara.
- Sandy, no podemos, no debemos.
- Te quiero, te deseo. –susurró ella al oído del chico.
Él la llevó hasta una cama que había aparecido en la habitación y se tumbó sobre ella mirándola y perdiéndose en el mar de sus ojos. La desnudó poco a poco con dulzura evitando el contacto con su piel pero unos minutos después fue inevitable: ambos se fundieron en un largo beso. Cada caricia, cada beso eran para ella una tortura llena de placer. Él deslizó sus manos sobre su vientre mientras ella le bajaba los pantalones gimiendo de dolor. Sirius paró.
- No quiero hacerte daño.
- No me lo haces. –no era verdad, pero en su interior algo le decía que debían seguir, no estaba todo perdido.
A medido que él bajaba su mano estimulando su parte más íntima el ardor que ella sentía desaparecía dando paso a un cosquilleo en su estómago que fue recorriendo todo su cuerpo. Se besaban y gemían extasiados, queriendo quedarse con la esencia del otro para siempre. Eran apenas las cuatro de la tarde, pero ambos quedaron dormidos abrazados. Sandy echaba de menos su calor, su aroma y, sobre todo, su compañía. No sabía qué iba a pasar después de aquello, las ancianas lo sabrían peor le daba igual. Quizás era egoísta pero le parecía inhumano que la obligaran a renunciar a él. El dolor había desaparecido, ella cerró los ojos con una sonrisa en sus labios.
Lily tocó la puerta del despacho de Dumbledore. Escuchó la cálida voz del director que la invitaba a pasar y se acercó a él tímidamente.
- ¿Qué pasa Lilian?
- ¿Sabe que es la única persona que me sigue llamando así?
Él la miró sin entender lo que decía.
- Mis amigos me llaman Lils, los profesores Evans, mis padres Lily y mi hermana Petunia "rarita"; pero usted siempre se dirige a mí por mi nombre completo.
El director sonrió, era una chica muy suspicaz.
- Sí, tienes razón. Yo no soy un profesor tuyo, pero podría convertirme en tu amigo, aunque no ahora.
- ¿Por qué no? Estoy harta de esperar y esperar, paso las noches en vela y tengo miedo, ¿sabe? Pensar que alguien me sigue y no saber por qué es algo que me aterra.
-¿Por qué no me lo has dicho antes? Pareces tan tranquila y serena, cuando te lo dije esperaba que mostraras algo de pesadumbre pero seguiste con tu vida igual que siempre.
- Si le engañé a usted es que soy muy buena y por ello estoy orgullosa de mí misma. –contestó Lily.
- No te gusta apoyarte en nadie, ¿verdad?
La pelirroja negó con la cabeza, sabía que era imposible engañar al director, ella no lo había conseguido aunque Dumbledore se empeñara en negar que sabía que estaba aterrorizada.
- Ni siquiera en cierto chico. –continuó el director ante el asombro de Lily.
- ¿Qué quiere decir?
- Que no es mala persona, y hay veces que viene bien tener a alguien en quien apoyarse. –respondió el director. –Pero no has venido a hablarme de James, ¿me equivoco?
- ¿James? –ella se sintió confusa, ¿cómo lo sabía? –No, claro que no, quería preguntarle si ya ha llegado el momento de saber quién me sigue y por qué-
La cara del viejo mago se ensombreció.
- Supongo que querrás saberlo aunque todavía no debo decírtelo. Oscuros tiempos vendrán, Lilian, en los que no querrás saber nada de lo que ocurre pero lo harás, y entonces recordarás este día en el que saliste de mi despacho enfadada, porque no soy quién para decirte nada, al menos no de momento.
- Eso significa que seguiré quedándome en el colegio los fines de semana, ¿no?
- Pronto te enterarás, lo prometo. Aquí estás segura, él no te podrá hacer nada.
- ¿Él? Al menos sé que es un hombre.
El director sonrió ante el comentario de la chica, era realmente muy lista y le extrañaba que no supiera toda la verdad.
- Cuídate, Lilian.
- Lo haré, director.
La pelirroja se dirigió a la sala común de su casa. Se sentía un tanto decepcionada, triste, no quería que le hicieran daño y si la única forma de impedirlo era quedándose dentro de Howarts, obedecería a Dumbledore. La chica abrió la puerta y miró si había alguien dentro. La escena que vio sólo consiguió hacerle sentir peor. Remus estaba sentado en el sofá y Alex encima de él, ambos reían y hablaban mientras él apartaba dulcemente un mechón rizado de los ojos de la chica. James leía en un rincón al lado de la chimenea apagada por la ausencia del frío. Lily los saludó con un movimiento de cabeza y subió directamente a su dormitorio, allí pensaría tranquila.
