Pareja: Kai&Takao
Advertencia: Lemon
"Pensamientos"
–Diálogos.
CUPIDO
–Kaily Hiwatari–
Continuación...
&&&Kai&Takao&&&
Abrió los ojos lentamente, encontrándose con la cara de su ángel, muy cerca de la suya. Sonrió al verlo tan tranquilo y recordar esa noche tan especial que habían pasado juntos. Ese libro que leyó en la biblioteca no era ni la mitad de interesante comparado con tanta acción. Le apartó con cuidado el flequillo azulado que le impedía verle la cara totalmente. Quería hacer algo especial por él, algo grande, ¿pero qué? Se incorporó en la cama con cuidado para no despertar al que dormía, sin dejar de mirarlo. Se puso de pie y buscó entre sus ropas, las cuales seguían en el suelo tiradas, donde estaban sus bóxers.
&&&Kai&Takao&&&
Takao sentía como algo muy blandito estaba junto a su pecho, abrazo con más ímpetu. Abrió los ojos poco a poco, enfocando algo blanco, alejó un poco su cabeza hacia atrás, para darse cuenta de que estaba abrazado a una almohada. Miró a los dos lados de la cama, Kai no estaba ahí. Se decepcionó un poco al ver que su sueño una vez más se había chafado. Pero pensó en cómo le había hecho sentir el bicolor, jamás había sentido algo tan fuerte por nadie. ¿Su bicolor también se había burlado de él sólo para pasar el rato? Parecía tan inocente el día anterior, ahora se sentía avergonzado por haberle enseñado que era un chico fácil de engañar.
En ese momento le llegó un olor peculiar, un olor raro...
–Huele a quemado –se levantó de un brinco de la cama, saliendo a la cocina como Dios lo trajo al mundo. Vio como Kai estaba abriendo la ventana de la cocina– ¿Qué se ha quemado?
–Quieto ahí –le puso la mano, para evitar que siguiera. Takao se frenó en seco, viendo cómo Kai se acercaba a él–. Vuelve a la cama –lo besó dejando a Takao desconcertado.
–Pero el olor...
–No te preocupes, no hay nada en el fuego. Venga, enseguida voy.
–Bueno –se dio la vuelta y entró a la habitación, sentándose en la cama.
–Ya estoy aquí –avisó Kai entrando con una bandeja llena de cosas. La dejó sobre la mesita con cuidado.
Takao sonrió– ¿Qué es esto?
–Un desayuno –se sentó junto a él–. Qué pena que te hayas despertado, quería darte una sorpresa.
–Me la has dado –confesó.
–Muy buenos días.
–Muy, muy buenos días –le sonrió para darle un fogoso beso. Takao miró hacia la bandeja. Había un vaso de leche, dos de zumo, tostadas untadas con mantequilla, una manzana y un plátano.
–Ha sido algo improvisado, pero espero que te guste –cogió una tostada y se la dio–. Toma, ojala que te guste.
–Gracias –le respondió. Kai cogió otra para probarla también. Takao le dio un bocado, sintiendo un sabor horrible a quemado junto con la mantequilla.
–Mn... Ta, bueno –añadió.
Kai vio la cara que tenía Takao, así que probó la tostada e inmediatamente le quitó la suya a Takao–. Vale. Está asqueroso. ¿Leche o zumo?
–Zumo –le respondió para ver cómo le daba un vaso, el cual no tardó en beber.
–Por lo menos hay algo bueno en esta bandeja –sonrió a medias.
–Ey, no pasa nada. Sólo porque las tostadas se te hayan quemado esta vez...–
–Es la primera vez que las hago –confesó algo avergonzado por el desastre que había ocasionado.
–El detalle es lo que cuenta. Gracias –lo besó.
–Yo quería que fuera algo perfecto, como lo de anoche. Eso fue algo muy especial y me alegra de haberlo compartido mi primera vez contigo.
–Madre mía ¿Cómo no te voy a querer? –soltó el vaso sobre la bandeja, para dejar sus manos sobre las mejillas de Kai y plantarle un enorme beso. Kai apartó la mirada un segundo para dejar su vaso en el mismo lugar que el de Takao. Abrazó al menor por la espalda, a la vez que sentía cómo sus lenguas jugaban una con la otra al juntar sus bocas. Poco a poco, Takao se dejó caer sobre la cama y Kai no dudo en acomodarse sobre el sin dejar de besarlo.
De su boca paso al cuello y a la oreja, cosa que hizo que el menor riera mirando hacia la bandeja, fijándose en el reloj que tenía algo raro. El botón estaba agachado y eran las diez de la mañana. Le pasó la mano por el cuello para intentar mirarlo, viendo como Kai volvía a besarlo. Cuando reaccionó abrió los ojos a más no poder cambiando con rapidez al bicolor de postura y dejarlo bocabajo.
–¡Llegamos tarde! –se alarmó poniéndose de pie para abrir el cajón y sacar un bóxer limpio–. ¡Corre, Kai!
–¿Por qué? –preguntó mirándole confuso.
–¡Se suponía que tenía que estar en el trabajo desde las ocho de la mañana! ¡Mi jefa me va a matar! –Pensaba en voz alta poniéndose el pantalón– ¡Juraría que ayer había dejado el reloj puesto!
–¿Te refieres a eso? –lo señaló de lo más tranquilo–. Hacía mucho ruido, así que le bajé la tecla para que no te despertase.
–Kai –decidió espabilarle al ver su tranquilidad– ¿Tu jefe no se enfadará contigo si llegas tarde?–
En ese momento Kai se levantó de la cama–. Claro –dijo con tranquilidad para empezar a vestirse y seguirle el juego a Takao. Pero cayó en la cuenta de que Ares regresaba hoy y que si no lo encontraba en su habitación cuando regresase le prohibiría para siempre volver a salir– ¡Ah! –Gritó al darse cuenta de su situación– ¡Voy a llegar tarde! –recogió su ropa del suelo, viendo como Takao se ponía una camisa limpia.
–No es justo, quería haberme dado un baño primero –se quejó.
–Tendremos que dárnoslo más tarde –le dio un beso en la mejilla al colocarse por detrás mientras se abrochaba la camisa también. Cuando se vistieron y se peinaron, salieron fuera del edificio.
–Como mi jefa esté allí me va a echar una buena.
–Intentaré ir más tarde a la tienda, ¿vale?
–Me parece bien –le despidió con un beso–. Adiós, te quiero.
–Yo también a ti.
Los dos salieron corriendo en direcciones opuestas, uno quedándose sin aliento por intentar no llegar tan tarde a su trabajo y el otro desvaneciéndose en un callejón para que su padre no le pillara con las manos en la masa.
&&&Kai&Takao&&&
Ares entró a la habitación de su hijo. Vio un pequeño bulto en la cama, bajo las sábanas.
–Cupido –lo llamó– ¿Sigues dormido? –le preguntó estirando la mano para levantar las sábanas. Le extrañó el ver que no se movía, parecía no respirar, algo lo intranquilizaba, así que de un tirón se deshizo de las sábanas para ver como su hijo se asustaba por el destape–. Estabas ahí –enarcó una ceja contestándose a sí mismo. Cupido tan sólo cambio de postura, sin decir nada para cerrar los ojos–. Es tarde para que sigas durmiendo.
–¡Je! Como si tuviera algo mejor que hacer.
–Te espero para desayunar –le anunció, viendo cómo el niño seguía con los ojos cerrados. Optó por salir de salir de ahí cerrando la puerta.
Cupido escuchó el sonido de la puerta al cerrarse, así que abrió un solo ojo, mirando en esa dirección para verificar que estaba solo. Acto seguido, abrió el otro ojo para poder ver mejor. Se asomó por el lateral de la cama, mirando al suelo donde se encontraba los cojines que había arrojado.
–Justo a tiempo, un segundo más y Ares me mata –reconoció en voz baja.
Justo en el momento en el que apareció en la cama, fue cuando sintió que las sábanas eran levantadas. Sabía por experiencia que su padre lo haría de golpe, así que aprovechó ese momento para con la pierna, darle una patada a los cojines que había puesto en su ausencia para borrar las evidencias.
–Estoy hambriento –sonrió alegre–. Pero mejor me iré al patio, al menos allí comeré tranquilo. Primero me daré una ducha.
&&&Kai&Takao&&&
Después de una refrescante ducha, se vistió. Se fue a la cocina y preparó un plato lleno de frutas troceadas bajo la atenta mirada de sus padres. No era tonto, se había mirado la cara frente al espejo del cuarto de baño y lo único que pudo ver en ella fue una sonrisa de oreja a oreja. Así que puso cara de seriedad y para evitar que su padre lo descubriera se iría a otro lado a desayunar, aparte de que así se ahorraría una pelea.
Ares miraba la escena del niño marchándose de ahí con el plato en la mano–. Míralo, me odia –dijo con un poco de decepción, preocupación y tristeza, haciendo que su esposa dejara de comer, al romper el silencio.
–No es verdad, sólo está enfadado.
–Mírale, se comporta conmigo como hace años. No me mira, no me habla, no come cerca de mí. ¿Qué hice mal? Cada vez que intento acércame a él, más se aleja de mí.
–Ares, ya sabes porque está así –le respondía con evidencia–. Tenéis el mismo carácter, por eso no congeniáis, eso es todo.
–Sabes que desde que nació he tratado de protegerlo contra todo y todos. Si no llego a imponerle ese castigo, estaría viviendo con Hades, el Dios de los muertos. Sólo intentaba protegerlo de un castigo peor que ese.
–Ya lo sé, pero eso el niño no lo sabe.
–Niño –sonrió de lado–. Tiene gracia. Creo que desde hace mucho tiempo es un hombrecito.
Mientras ambos conversaban, Cupido no podía evitar sonreír embobado, mirando a la nada mientras desayunaba. Los recuerdos de la noche anterior simplemente habían sido mágicos para él. Esas escenas se repetían una y otra vez en su cabeza, haciendo que sus mejillas se sonrojaran. Pestañeó un par de veces, despertando del trance en el que estaba sumido para pensar en cómo haría para volver a ver a Takao sin que su padre se enterase. Lo mismo tenía un golpe de suerte y su padre volvía a viajar con su abuelo, como la última vez. ¿Cómo le iría al de cabellos azules?
&&&Kai&Takao&&&
En la tienda…
Takao se esmeraba en fregar la cera con agua limpia, para eliminar los restos de la anterior tormenta, mientras que Mariam limpiaba los cristales de los escaparates con rapidez. Él no podía evitar que de vez en cuando le diera una risilla floja y eso despertaba curiosidad en su amiga.
–Takao –lo miró, para ver como el otro seguía con su tarea.
–¿Uhm?
–¿Me vas a decir de que te ríes?
–Por no llorar –la miró unos segundos para después detenerse a mirar a su alrededor– ¿Has visto lo mal que está todo? –le preguntó–. Todo está embarrado al desbordarse el río. Los niños hoy no van al colegio y nosotros sólo hemos venido a limpiar los destrozos. Es patético.
–Aja. Ya –le contestó, eso no se lo creía ni él– ¿Y por qué has llegado tarde?
–Ya te lo he dicho –metió el mocho en el cubo, para después retorcerlo y seguir con su tarea –Se me olvidó poner el despertador.
–Venga. Takao. ¿Tú? ¿El chico despertador que nunca llega tarde a nada?– lo miró con incredulidad.
–¿Qué? Soy humano y como tal cometo errores –le recordó.
–Pues suerte que la jefa no ha venido para hacer inspección, porque sino... te has librado de una buena.
–Lo sé –reconoció sonriendo–. He tenido suerte. Y las flores también. Menos mal que estaban metidas en el invernadero, que si no... Hubiésemos tenido muchos gastos, al tener que tirarlas todas.
–Sí, hubiera sido un desperdicio –se echó más limpia cristales en el trapo– ¿Viste la tormenta?
–Claro, de hecho me sorprendió en el parque –le confesó.
–¿En el parque?
–Sí, ¿por qué?
–No estabas solo, ¿verdad?
–No, estaba con Kai –su sonrisa se acrecentó sin poder evitarlo y su amiga se percató de ello.
–Últimamente pasáis mucho tiempo juntos. Me preguntó si será simple amistad lo vuestro.
–Jajaja, ¿otra vez con eso?
–Claro, no tengo nada mejor que hacer –le sonrió.
–Pues yo ya he terminado de hacer esto, así que voy a limpiar los cristales por dentro –a su amiga no le dio tiempo a seguir hablando con él, ya que su amigo había sido muy escurridizo y se había metido dentro de la tienda, sin darle tiempo a reaccionar.
No tardó mucho tiempo en sentir pequeños golpes tras el cristal que ella limpiaba. Vio como Takao le hacía caras y le sonreía.
–Jajaja, eres un payaso.
&&&Kai&Takao&&&
Takao estaba acomodando las flores que estaban repartidas por toda la tienda. Se habían dejado la puerta abierta, para que entrara la ventilación fresca. Mariam estaba ordenando el mostrador, cuando vio algo que le hizo sorprenderse y sonreír.
Un exquisito olor a rosas llegó hasta el olfato de Takao, de pronto se dio cuenta como a su lado derecho un ramo de rosas blancas era puesto. Giró su cara totalmente para con una sonrisa ver que se trataba del bicolor. Cogió el ramo de rosas entre sus brazos.
–Es precioso –dijo antes de acercarse a él. Kai lo abrazó de inmediato para darle un beso que fue totalmente correspondido. Mariam miraba la escena con la boca abierta a la vez que sonriente al ver donde tenía puestas Kai sus dos manos.
–Cof... cof –tosió, viendo como ambos se separaban sonrojados, mirándola–. Perdonad que os interrumpa, pero ¿qué me he perdido?
–Nada –le contestó Takao, quitándose las manos de Kai que estaban puestas sobre su trasero–. Sólo le he agradecido el gesto que ha tenido conmigo.
–¿Te crees que nací ayer? –Lo miró con evidencia–. Bueno os dejaré solos parejita –les guiñó el ojo, caminando hasta el patio.
–Te he echado de menos –confesó Kai.
–Yo a ti también.
–Siento el desastre de esta mañana. –se disculpó por su torpeza.
–No importa.
–¿Te han regañado por llegar tarde?
–No, por suerte mi jefa no ha venido aún. ¿Y a ti el tuyo?
–No... Tampoco había llegado.
–Debes de estar cansado de tanto caminar y... –miró sus zapatos.
–¿Qué ocurre? –le preguntó al ver cómo Takao miraba incrédulo sus zapatos
–Pues que... –se miró los suyos, viendo como estaban mojados–. Tus zapatos, no están mojados, ni llenos de barro.
–Ah... los esquivó... los charcos. –no le dio tiempo a inventar una excusa mejor y esperaba que por su bien, Takao se lo hubiese tragado.
–Ah –añadió. Dejó el ramo de flores sobre el mostrador, para abrazar por el cuello al bicolor–. No sabes lo feliz que me sentí esta mañana al comprobar que estabas en el piso.
–¿Por qué no iba a estar? –preguntó sin comprender.
–Bueno... mis otras experiencias no han sido muy buenas –se rascó la muñeca, acordándose de algo. Soltó a Kai de su abrazo–. Se me olvidó darte esto ésta mañana, con las prisas –Kai veía cómo Takao intentaba quitarse algo de la muñeca, hasta finalmente descubrir que se trataba de la esclava que había ganado esa noche en la feria.
–Yo tengo algo que tú me regalaste, pero tú no tienes nada mío –le sonrió cogiéndole su muñeca para ponérsela–. Así cuando estés lejos de mí, me recordarás, igual que yo lo hago cuando veo los osos. Ya está –vio como la esclava estaba en su muñeca.
–Muchas gracias –le dio un beso–. Es muy bonita, no me la quitaré nunca –lo abrazó con cariño sintiendo como el otro hacia lo mismo.
–¿Vendrás ésta noche a cenar a casa?
–No sé si pueda... tengo trabajo acumulado.
–Ah –dijo simplemente con un tono de tristeza. Kai se separó de él un momento para mirarlo a los ojos.
–Te prometo que haré todo lo que pueda –le sujetó el mentón con su mano para ver cómo le sonreía con tristeza–. Takao, ¿qué te pasa? Pareces triste –lo miró con preocupación.
–¿De verdad soy importante para ti?
Kai lo miró con ternura–. Creo que sin ti me moriría de tristeza –lo besó–. Ya lo tengo. Si puedo escaparme ésta noche, iremos a nuestro parque, nos comeremos una hamburguesa y veremos las estrellas, ¿qué te parece?
–Me parece bien –asintió un poco más animado.
–Bien... –miró su reloj–. Lo siento, tengo que irme ya –juntó su frente con la del menor–. Ojala pudiera quedarme más tiempo contigo.
–No pasa nada, es tu trabajo, lo entiendo –le sonrió–. Te amo.
–Yo también a ti, te amo mucho –le dio un último beso que casi les corta la respiración y se marchó por donde había entrado.
Takao suspiró mirando las rosas. Mariam entró con un cepillo– ¿Ya se ha ido Kai?
–Sí, tenía que trabajar.
–Takao, es evidente que estáis saliendo juntos, ¿por qué no me lo habías dicho antes?
–Por que... estoy saliendo con él desde ayer por la noche.
–Cuéntame, ¿cómo es contigo? –preguntó emocionada.
–Es muy tierno y cariñoso.
&&&Kai&Takao&&&
Ares entró a su casa, lo primero que hizo fue ir a la habitación de su hijo. La encontró totalmente vacía. Fue corriendo hacia la cocina, quizás el niño estaba allí. El niño tampoco estaba allí, empezaba a enfadarse, el niño le había desobedecido. Su mujer salió de su habitación, cruzándose con su marido en el pasillo.
–¿Y el niño? ¡No está ni en su habitación, ni en la cocina... me ha desobedecido!
–Tranquilízate, Cupido está en el jardín. –le restó importancia.
Al escuchar eso suavizó su enfado– ¿Cómo lo sabes?
–Acabo de estar con él –se cruzó de brazos–. Ares, intenta relajarte.
–No puedo, ya sabes que el niño es muy travieso y dudo que esté haciendo el castigo.
–Pues lo hace.
–¿Estás a su lado todo el tiempo?
–La mayoría, tengo que cocinar y limpiar, ¿sabes?
–Voy a verle –caminó con pasos rápidos hasta el jardín.
Cupido estaba mirando atentamente las flores del jardín, cuando escuchó como unos pasos se acercaban a él.
–Hola, Cupido.
–Hola –dijo sin mucho ánimo.
–Ya he regresado –intentaba mantener una conversación, pero el pequeño no estaba por la labor.
–Ya.
–¿Qué haces?
–Mirando las flores.
–¿Sabes? He visto al abuelo y tiene ganas de verte.
–Pss –indicó señalando que le daba igual.
–Cupido, quizás te gustaría ir a verlo –al ver el silencio evidente en su hijo, decidió intentar convencerlo–. Podrás montar en Pegasso, como tú siempre has querido.
–Déjalo. –habló tajante y sin ganas de nada.
–Cupido, puede que ahora no lo entiendas, pero todo esto lo hago por tu bien. Si te descubrieran, el mundo se revolucionaría y buscarían la manera de hacer que este mundo desapareciera para siempre.
–Ares, quiero estar solo.
Tras un largo silencio y al ver el rechazo de su hijo, decidió dejar la conversación ahí–. Cuida de tu madre en mi ausencia por estos tres días.
–Lo haré –contestó sintiendo como su padre le daba un beso en la cabeza y como las pisadas se alejaban. Ese era un golpe de suerte para él, así podría estar con Takao esa noche y quizás el día siguiente. Miró la esclava que tenía en la muñeca y sonrió. Voló hacia arriba para ver donde se entraba esa flor que andaba buscando–. Allí está –se dijo a sí mismo.
&&&Kai&Takao&&&
Takao se tumbó en el sofá, escuchando como su gato le maullaba.
–Hola Zeus, ¿te has portado bien?
–Miau.
–Así me gusta –se sentó en el sofá para darle una pequeña caricia al gato en la cabeza–. Voy a ver como tienes los platos –se puso de pie y vio que ambos platos estaban semivacíos. Abrió el armario y sacó una lata para gatos, la abrió y echó el contenido dentro del plato. El gato no tardó en acudir para ver que había echado su dueño de comida. Después le echó un poco de agua y Zeus estaba bien servido. En ese momento el timbre sonó– ¿Será Kai? –sonrió–. Voy.
Abrió la puerta y efectivamente era Kai–. Hola –le dio un beso– ¿Nos vamos?
–Claro, espera un minuto, he tocado al gato y me gustaría lavarme las manos. Pasa un momento –se fue corriendo al cuarto de baño mientras Kai entraba al apartamento cerrando la puerta.
–Hola, Zeus –le saludó viendo lo entretenido que estaba comiendo su plato.
–Ya estoy listo –se fijó en que Kai tenía una pequeña bolsa en sus manos– ¿Y eso?
–Ah, es una sorpresa, te la enseñaré más tarde. ¿Nos vamos?
–Claro. Adiós Zeus –le despidió antes de cerrar la puerta.
&&&Kai&Takao&&&
Los dos se encontraban ahora tumbados en el césped, uno con la cabeza apoyada en el pecho del otro mientras miraban las estrellas. Habían comido una hamburguesa con sus patatas y su coca cola y ahora estaban haciendo la digestión.
–Es todo tan bonito, creo que nunca me hartaría de ver las estrellas contigo –le acarició el pecho con su mano, sintiendo como Kai le frotaba la espalda con su mano–. Kai.
–¿Uhm?
–Mañana me han dado el día libre y he pensado que tal vez te gustaría venir conmigo a la playa –levantó la cabeza para mirarlo.
–¿Qué es la playa?
–Vaya, no lo sabes –vio como el otro negó–. Es un lugar en el que hay arena y mucha agua salada, con cangrejos y almejas dentro y... puedes jugar y nadar, tomar el sol –le intentaba explicar–. Es un sitio muy bonito.
–Si tu vas, yo voy contigo –le sonrió.
–Bien. ¿Tienes bañador? –Vio que el otro lo miraba con cara de duda–. Mejor te presto uno mío. También llevaré crema solar, toallas y una sombrilla.
–Te ayudaré a llevar todo eso.
–Eres un sol –lo besó, jugando con su lengua hasta que Kai cambió su postura y se puso sobre él, para besarle el cuello. De pronto Kai se separó de él y se dio un cate en la frente con su mano– ¿Qué ocurre?
–Casi se me olvida –se quitó de encima del menor. Se sentó en el césped y cogió la bolsa que había dejado tan cuidadosamente en el suelo–. Esto es para ti –sacó de la bolsa algo que estaba enrollado con papel de periódico–. Toma –se lo entregó.
–¿Qué es? –preguntó curioso.
–Descúbrelo tú mismo. Ten cuidado es algo frágil.
–Pesa un poco –la desenvolvió con cuidado contemplando que era un hermosa rosa de cristal. Takao se quedó maravillado al verla– ¿De dónde la has sacado?
–Es de mi tierra. Es una flor blanca de cristal, en mi tierra significa... a la persona que le es entregada, le pertenecerá por siempre mi corazón. La he cortado especialmente para ti. –Takao estaba tocando los pétalos, tan finos y delicados, iba a hacer lo mismo con las espinas–. Sus espinas son muy puntiagudas, pueden hacerte un gran corte si no tienes cuidado. Ésta rosa sólo se puede regalar si el que la regala siente amor verdadero hacia la otra persona. –Takao lo miró–. Y yo siento mucho más que eso por ti –Takao sonrió y se sonrojó al escuchar esas palabras–. Ponla a la luz de la luna –Kai sujetó el tallo de la rosa junto con Takao, viendo cómo la rosa se iluminaba de un color blanco puro para después pasar a pequeños brillos de colores, como si alguien estuviera echando purpurina por encima de ella. Takao agrandó su sonrisa.
–Es... maravilloso, nunca había visto algo así.
–¿Te gusta?
Le miró –Me fascina, muchas gracias.
&&&Kai&Takao&&&
Al día siguiente los dos se fueron a la playa. Estaba llena de gente y hacía mucho calor, así que se protegieron mutuamente del sol echándose crema solar. Las olas no eran muy grandes con lo cual podían adentrarse más en el mar si lo deseaban, aunque ninguno de ellos se fiaba de alejarse mucho de la orilla, a pesar de que era una playa en la que tenías que andar bastante para que el agua te cubriera.
Comieron allí y esperaron a que llegara el atardecer. Estaban cansados, habían jugado con el agua y con la arena como si fueran niños pequeños, pero a ellos no le importaban. Se lo estaban pasando de miedo y eso era lo que les hacía sentirse bien. La noche no tardó en hacerse presente junto con las estrellas. Encendieron una pequeña hoguera para poder ver un poco. Los dos estaban haciendo planes para el día siguiente, aunque algunos los suspendían por sus trabajos, pero ellos rápidamente le buscaban su solución. La fresca era relajante y las olas del mar eran como susurros. Los dos estaban en su salsa, así que no se les ocurrió otra cosa que disfrutar un poco de esa noche siendo su testigo la luna y el firmamento.
Al día siguiente por la tarde, fueron al cine de la zona para ver una película. Era de humor, así que de vez en cuando tenían que dejar de beber y de comer palomitas. Después de eso fueron a ver un centro comercial. Kai le explicó lo distinto que era todo donde él vivía. Las ropas que se llevaban, los zapatos... Takao estaba sorprendido por todo lo que le contaba su novio. El pensaba que de Grecia a Japón no había mucha diferencia, pero por sus explicaciones parecían dos mundos distintos.
Ambos se contaban cómo eran sus familias, el sitio en el que se habían criado, cómo era su comportamiento de pequeños... lo normal en una pareja. Regresaron al apartamento de Takao y se sentaron en el sofá. El menor lo abrazó sorpresivamente.
–¿Sabes?, estoy muy feliz de haberte conocido.
–Yo también a ti.
–Kai, ¿puedo hacerte una pregunta?
–Claro, pregúntame lo que quieras.
–Verás, hace días te vi un tatuaje en la nuca, parecían un rayo y un corazón.
–Es una marca de nacimiento –le sonrió cayendo en la cuenta de que había metido la pata–. Es un poco rara, jejeje –intentó disimular.
Takao en ese momento se sintió intranquilo–. Kai.
–¿Qué?
–Abrázame fuerte. Tengo un mal presentimiento.
Lo abrazó fuerte– ¿Un mal presentimiento?
–Sí, no me gusta. Algo malo va a pasar. –le indicó correspondiendo el abrazo.
–No va a pasar nada malo, ya lo verás.
–Cupido –escuchó como una voz lo llamaba–. Cupido. ¿Dónde estás? –preguntaba su madre.
–Mamá –contestó en voz alta, viendo que el menor le miró extrañado–. Takao tengo que irme... había quedado en que llamaría a mi madre y acabo de acordarme, lo siento. –disimuló repentinamente.
–No importa –lo besó a modo de despedida–. Pero ten cuidado, ¿vale?
–Lo tendré, no te preocupes –Takao se quitó de encima y el bicolor se puso de pie–. Hasta mañana, te amo, no lo olvides.
–Yo también a ti –vio al bicolor irse, cerrando la puerta tras de sí.
Takao miró al gato–. ¿Por qué no se me quita esta presión del pecho? –se preguntó a sí mismo angustiado.
&&&Kai&Takao&&&
Apareció en el cuarto de baño, escuchando cómo su madre lo estaba buscando.
–Cupido –lo seguía llamando. El niño tiró de la cisterna para hacerle creer a su madre que estaba ocupado. Abrió la puerta del baño, encontrándose con su madre parada frente a él.
–Hola, mamá.
–¿Hola, mamá? –Se cruzó de brazos–. Llevó llamándote desde hace un buen rato. ¿Dónde estabas?
–Aquí, ocupado.
–¿Y por qué no me contestabas?
–Tengo un oído taponado y no escucho muy bien. Siento haberte preocupado.
–Cariño –se arrodillo mirándolo con más serenidad–. Tengo que saber dónde estás en cada momento.
–Y lo sabías, estaba en mi habitación y ahora en el servicio.
Afrodita se fijó en la esclava que tenía puesta su hijo, sin decirle nada cogió su muñeca–. Así que en el servicio.
–Mamá, yo... –intentó explicarse.
–No quiero saber de dónde la has sacado, pero intenta que tu padre no te pille haciendo novillos –extendió los brazos–. Dame un abrazo –el pequeño abrazo a su madre.
–Gracias mamá –sabía que su madre le guardaría el secreto.
–Mi pequeño.
Continuará…
&&&Kai&Takao&&&
Perdón por el retraso con la historia pero con el trabajo y por motivos personales me fue imposible subir el capi antes, espero que me perdonéis y que lo hayáis disfrutado.
Gracias por sus reviews a:
Kari Hiwatari: Hola Kari, bueno cómo ya ves el niño a cabezota no le gana nadie, no le importa desobedecer a su padre y al parecer Afrodita lo apoya porque sabe que en el corazón nadie manda más que el. Ares es muy estricto, pero le quiere mucho, intenta evitarle el peligro a su niño y siente que si va al mundo de los humanos lo pasará muy mal si lo descubren.
Vampire Princess Miyu: Jajaja tienes razón, somos terribles. Huye Michael porque vamos a por ti, muajajaja. Pues el mencionado ya no vuelve a salir y hace bien, porque si no tú y yo tendríamos que tomar cartas en el asunto y claro, no le conviene XD.
Takaita Hiwatari: Hola hermanita, pues tus respuestas están en el siguiente capi, así que mejor lo lees y aprovéchalo, porque ya no queda mucho. A ver si conseguimos tener más tiempo para los fics por que últimamente es un asco, tú me entiendes.
Mie–Roll: Gracias por tu apoyo y por seguir la historia
Jery Hiwatari: Tranquila que no me mareas con las dudas, al contrario, me gusta que me las hagáis saber para poder responderlas. Aunque tus preguntas serán respondidas en este capi y en el siguiente.
Mine: Hola Mine, gracias por tu review, espero que este capi también te haya gustado y no te haya decepcionado.
Águila Fanel: Claro, ¿Quién mejor que el hijo de la Diosa del amor para darle amor a Takao? Nadie. Sí, los padres de Cupido tienen culpa de que sea inocentón, pero no del todo, el mundo de Cupido es muy distinto al de Takao mientras que en el de Takao a los doce años los niños empiezan a sentir que tienen ganas de ligar , jajaja. En el Olimpo lo hacen a los 600 años o así. Al ser dos mundos distintos es normal que a Kai le pique la curiosidad con todo, ya que Takao está más informado que él en todos esos aspectos. Me alegra verte en otro de mis fics, gracias por tu apoyo.
Si alguien lee esta historia, por favor no olvidéis dejar vuestro granito de arena y Kai os regalará un osito de peluche a cada una.
Kai: o.O?
Cuidaos mucho, xao.
