Nuevo capítulo y creo que bastante pronto. ¡No tardé ni tres días! Eso es bastante nuevo en mí, la verdad… espero poder seguir con esta inspiración que creo que se debe a que Castle está MUY cerca…

Agradezco sus comentarios a Mily, guiguita, writerboy35, Ruth Mara y Always1514

Disfruten!


Capítulo X

El clima esa tarde era más frío que los anteriores, indicios de que el invierno estaba cerca –muy cerca–. Lloviznaba sobre las concurridas calles de New York, las nubes cubrían el cielo anunciando la próxima tormenta.

Castle cerró la puerta de su apartamento tras de sí y se dirigió a la cocina por algo de comer. Acababa de llegar del hospital después de pasar unas horas con Kate. Desde aquella vez que se había quedado a dormir con ella, se había vuelto algo así como una rutina para él. Algo tan normal como si durmiera en su propia cama. Habían pasado ya dos semanas en las que dormía allá cada dos o tres días, haciéndole compañía a su musa y velando sus sueños.

Esa noche tocaba dormir en el loft, pasar un buen momento con su madre y su hija, las cuales siempre lo apoyaban en cada decisión que tomaba. Para él era maravilloso tener a su dos pelirrojas de su lado.

Martha Rodgers bajó las escaleras directo a la botella de vino que Castle acababa de poner sobre la barra americana. La mujer se sirvió una buena copa y observó por unos momentos a su hijo moverse por la cocina.

— ¿Cuándo vas a decírselo? —Preguntó Martha dándole un sorbo a su copa, atrayendo la completa atención de Castle con tan solo esas cuatro palabras.

— ¿Decirle qué a quién? —Él sabía la respuesta a esa pregunta, pero quiso hacerse el desentendido para evitar los consejos de la actriz. No porque no le gustaran, sino porque sabía que eran tan directos como certeros. ¿A quién engañaba? Su madre lo conocía mejor que nadie más.

— ¡Oh, vamos, Richard! Has estado ahí durante semanas y ella no ha sido capaz de verlo. De verte. ¿O sí? ¿Acaso ella ha dado pasos en su endeble relación? —Castle abrió la boca y volvió a cerrarla. Eso era justamente lo que planeaba evitar, fallando miserablemente.

—Madre, por favor. Ella no está en condiciones de aceptarlo o declinarlo. Sigue en terapia —Martha rodó los ojos volviendo a tomar del vino. Richard podía ser un hombre inteligente, agudo, pero para aceptar los errores de Katherine Beckett era un insensato. Era un hombre enamorado, eso estaba comprobado, pero su juicio se había nublado con ese amor.

— ¡Por el amor de Dios, Richard! Tú mismo sabes que lo que dices no es cierto. Que ella esté en terapia no quiere decir que sea incapaz de decirte lo que siente. Si te corresponde o no lo hace. Y aunque me guío más por la opción A –de Amor–, sé que no te lo dirá hasta que tú des el paso. ¿Por qué? —Lo que Martha no sabía era de la profunda confesión que Beckett le había hecho a Rick semanas atrás, cuando abrió su corazón para contarle uno de sus mayores y más dolorosos secretos. El asesinato de sus padres. También le había pedido que no la dejara, cosa que a Castle le pareció un gran avance. ¿Cuándo Beckett había abierto un poco su muralla para dejarse ver tal y como era? ¿Cuándo y con quién? Solo con Castle.

—Por su muralla, al parecer. Beckett se oculta tras una muralla enorme y me ha dejado entrar un poco. Me contó qué sucedió con sus padres y me pidió que no la abandonara. Y no lo haré. Si me quedo en el hospital no es porque haya sido idea mía, sino de ella. Fue ella quien me pidió que me quedara a dormir una noche más, y luego otra, y otra, y la siguiente también. Es ella quien ha estado dando los pequeños pasos —Eso era todo lo que la actriz quería escuchar. Quería las pruebas de que Katherine no estaba jugando con el gran corazón de su hijo, y tan solo esperaba que la manera en la que Richard la mirara fuese la correcta—. Sí, a mí también me molesta que ella no sea lo suficiente clara a veces, o que se oculte de mí. Pero así es ella y solo me queda apoyarla así como tú y Alexis lo han estado haciendo —Martha sonrió y se sentó en uno de los taburetes.

—Espero que ella recupere su confianza pronto y pueda abrirse a ti plenamente, como debe de ser —Castle asintió sonriendo también y se giró de nuevo hacia el refrigerador. Él también tenía la esperanza de que ella pudiera abrirse plenamente con él en un lapso de tiempo no muy largo y poder comenzar juntos un viaje compartido, hacia un objetivo común. La felicidad.

Alexis llegó minutos más tarde empapada hasta los huesos, con una expresión de frustración en el rostro. Los dos adultos se giraron hacia la joven, la cual dejó caer su bolso en el piso de madera de la sala y se talló la cara buscando secarla.

— ¿Alexis? ¿Qué sucedió? —Preguntó el escritor abriendo los ojos sorprendido. Alexis se quitó el abrigo empapado y lo dejó junto a la bolsa, bufando.

—Está lloviendo allá afuera como si no hubiese un mañana. Creí que exageraban en las noticias al decir que serían unas lluvias intensas —Castle se dirigió rápidamente al baño para traer unas toallas para que la joven se secara.

— ¿Por qué no me llamaste para que fuera por ti? —La pelirroja sacó su iPhone de su bolsa del pantalón y lo arrojó al sofá con fastidio.

—Está muerto y olvidé el cargador en mi habitación —Dijo aceptando las toallas que su padre le tendía, comenzando por secarse el rostro y el cabello. Rick volvió a su lugar en la cocina y puso algo de leche a hervir para preparar una taza de chocolate para su hija—. Iré a ponerme algo seco antes de resfriarme. ¿Me avisas cuando esté lista la comida?

—Claro, calabaza. Te prepararé también una taza de chocolate caliente con bombones para que entres en calor —La joven asintió y recogió del suelo sus cosas antes de subir las escaleras hacia su habitación.

Más tarde bajó enfundada en un pijama y con el cabello recogido, sentándose en la barra frente a una taza humeante de leche con cocoa y malvaviscos.

— ¿Cómo te fue hoy con la detective Beckett? —Preguntó Alexis a su padre. A pesar de a veces sentir que él pasaba más tiempo en el hospital, no le molestaba que lo hiciera, porque sabía lo que él sentía por la detective y le agradaba ver a su padre tan inspirado y contento. Era cierto que Beckett pasaba a veces por crisis fuertes, pero se tranquilizaba cuando sabía que era él quien lograba calmarla. Era una fiel seguidora de la relación Castle–Beckett tanto como su abuela y aunque conocía el estado de salud mental de la detective le agradaba en vez de molestarse que su padre la ayudara.

—Increíble. Pude escribir 2 capítulos más de Nikki Heat y estoy completamente complacido por cómo está quedando. La inspiración es descomunal, debo decirlo —Dijo el escritor alzando la cejas de manera teatral.

—Y gracias a ella.

—Gracias a todas ustedes —Alexis sonrió complacida y volvió a beber de su taza.

—Me alegra que ella se esté recuperando. Aunque sea de a poco. Espero que ella salga pronto de ahí —Castle agradeció el apoyo de su hija, sabiendo que era necesario. Tanto el de ella como el de su madre. Y también sabía que lo seguirían apoyando en caso de insistirle a Kate de que se quedara en el loft una vez que saliera del hospital. Cosa a la que ella se negaría, supo Castle.

Con su pijama azul puesto y sentando en la cama dispuesto a dormir, Castle podía escuchar el agua repiquetear en las ventanas del loft. La lluvia afuera era aún más intensa que cuando Alexis llegó empapada, y Rick se sobresaltó cuando un trueno irrumpió la tranquilidad de su habitación. Segundos después la pantalla de su celular se iluminó y reconoció el número al instante. Era del hospital. Una punzada de nervios lo invadió y, sin dejar que sonara más, contestó temeroso.

— ¿Amanda? —Preguntó sabiendo que era la enfermera quien siempre le llamaba si algo sucedía con Kate. ¿Quién más si no?

—Castle, soy yo, Kate —Kate. El corazón de Castle dio un brinco y se encontró sonriéndole a la nada después de escuchar la voz pasiva de Beckett. Sus nervios se desvanecieron para dar paso a la euforia. ¿Kate, hablándole?

—Hey, hola Kate. ¿Todo bien? ¿Sucede algo? —Beckett sonrió del otro lado de la línea, sentada sobre la cama del hospital mientras escuchaba con su oído libre a la lluvia y los truenos.

—No. Todo bien —Contestó ella mordiéndose el labio. Nunca se había atrevido a llamarle desde que ingresó al hospital –en realidad nunca le había llamado por motivos que no fueran de trabajo– y mucho menos durante una noche de tormenta.

— ¿Cómo conseguiste un teléfono?

—Amanda fue muy compasiva y me dejó hacerte una rápida llamada —Castle estaba sorprendido. ¿Desde cuándo Beckett le llamaba para…? En realidad no sabía el porqué de su llamada. ¿Acaso había tenido otra pesadilla? Sabía que Beckett le había dicho que todo iba bien pero quizá era una pequeña mentira para no preocuparlo.

— ¿Y podría yo saber el porqué de su llamado, detective Beckett? —Kate se encontró a sí misma sonrojándose ante el tono de él y además por el motivo de su llamada. Le daba vergüenza admitirlo, pero no le importaba mientras no estuvieran de frente.

—Yo… —Se interrumpió. La línea quedó en completo silencio durante unos minutos, preocupando a Castle. ¿Ella estaba bien?

— ¿Kate? ¿Sigues ahí?

—Sí, sigo aquí. Yo… llamaba porque… porque te extrañaba —Kate cerró los ojos apretando los labios luego de decir la última palabra. Una de las más sinceras que había dicho. En realidad lo extrañaba. Extrañaba su cálido cuerpo junto al de ella, sus brazos abrazándola, su corazón latiendo junto al de ella, sus palabras reconfortantes. Verlo irse por las tardes era un poco difícil para ella, pues sabía que no habría quien la calmara en caso de que tuviera una pesadilla. Afortunadamente éstas no se habían repetido y Amanda supo que la voz de Castle le hacía bien, por lo que le prestó el teléfono.

Si Rick estaba sorprendido por la llamada, se quedó aún más sorprendido por el ataque de sinceridad de Kate. Ella lo extrañaba. Fue imposible no fantasear con esa palabra. Se sintió muy dichoso de que ella fuese aceptando algunas cosas, y le recordara de vez en cuando que era importante.

—Bueno, te extraño —Repitió Kate sintiendo su corazón latir desbocado en su pecho. Los nervios amenazando con deshacerla.

—Yo también te extraño —Admitió Castle recargando su cabeza en el cabezal de la cama, disfrutando del sonido de la lluvia y de las suaves palabras que Kate acababa de mencionar. Ella lo extrañaba tanto como él a ella. Hubo otro largo silencio, llenado por los truenos ocasionales que retumbaban en el cielo, pero esta vez el silencio era reconfortante, ameno, tranquilizador y muy pero muy lleno de esperanza—. ¿Quieres que um, vaya para allá? —Preguntó él tentativamente, dejando caer la petición con cuidado. Kate quería decir que sí. Quería pedirle que fuera a abrazarla durante la noche, pero sabía que con la tormenta las calles serían peligrosas y no quería que él se arriesgara.

—No, no… está bien… Solo necesitaba… um… escuchar tu voz y… —Kate interrumpió su discurso entrecortado y se obligó a respirar para estabilizar su voz. ¿Por qué estaba tan nerviosa? Se sentía como una adolescente hablando con el chico que le gusta y eso no podía ser. Ella era una adulta. Había salido con hombres antes. ¿Por qué era con él con quien no le salía la voz? Se mordió el labio cerrando los ojos y se talló el rostro con una mano.

—Está bien, Kate. Puedes decirme lo que sea —Ella sonrió para sí. ¿Cómo no amar a ese hombre si era tan jodidamente lindo y tierno?

—Quería que me desearas buenas noches —Dijo luego de unos momentos, siendo consciente de que estaba muy sonrojada aún sin él ahí con ella. ¿Cómo sería si le dijera todo eso de frente? Estaba segura de que no podría mencionar ni una sola palabra sin trabarse. Castle sonrió, creándose una imagen en su cabeza que parecía demasiado utópica. Kate lo extrañaba; Kate necesitaba escuchar su voz; Kate quería que le deseara buenas noches. ¿Qué más querría Kate? Él esperaba que todo, que ella quisiera todo. Quizá no de momento pero sí en un futuro.

—Buenas noches, preciosa —Se atrevió a decir él sin saber cómo le haría para enfrentarla al día siguiente después de haberla llamado así, como cuando ella aún no despertaba del coma. El corazón de Beckett volvió a dispararse. Preciosa. Un lejano recuerdo se proyectó en su mente y no pudo hacer otra cosa más que sonreír. Preciosa. La palabra se repitió una y otra vez en su mente con más intensidad. ¿Qué tenía él que hacía que una simple palabra sonara tan especial?

—Buenas noches, Rick… y gracias —Se despidió ella con una sonrisa tonta en el rostro, abrazando el teléfono y mordiéndose el labio. Había sido una excelente idea llamarlo y sabía que no habría pesadillas esa noche. Dormiría soñando con él.

La idea de la lluvia vino a mí porque estos días estuvo lloviendo mucho aquí y durante mi camino de la casa a la escuela me empapé toda y llegué a mi casa escurriendo... pero aun así amo la lluvia ;3 solo que no cuando vengo de la escuela..

Este iba a ser un capítulo corto que se extendió más de lo que imaginaba... y eso que iba a agregar el cómo Kate le pide a Castle que se quede con ella la segunda noche, pero decidí no hacerlo y este fue el resultado… estoy bastante conforme con él y espero que ustedes también…

Y pues, ¿qué les pareció?

*Grace*