Disclaimer: Ni la serie ni los comics me pertenecen a mí, sino a la barba de Kirkman, su diabólica mente y a la cadena AMC. Yo me dedico a escribir "anormalidades" como ésta sin ánimo de lucro.

Advertencia: Lenguaje, alcohol, cuchillos, armas de fuego, moteros...


"Road kill"

Abrió la puerta del servicio dándose de bruces con un armario con barba que le sorteó con un gruñido y un golpe poco amistoso en el hombro. Sin ganas de montar un circo por semejante tontería, Daryl recorrió el pasillo que le devolvía al bullicio del bar.

El suelo estaba pegajoso bajo sus botas, dificultándole la tarea de volver al taburete que había reclamado como suyo y pedirse una cerveza.

- ¡Hey!- Llamó la atención de Bob, el camarero. El hombre de barba poblada y melena sujeta en una larga coleta, se acercó a él.- Ponme un whisky solo.

- Tú mandas, Dixon.- Le contestó el hombre cogiendo la botella de whisky de la balda superior tras la barra.

Bob llenó un vaso y se lo colocó frente a él. Daryl dejó un billete sobre la barra, guardándose el cambio en el bolsillo poco después.

Bebió su whisky con calma escuchando a un grupo de hombres reír a pleno pulmón hablando sobre alguna pobre ilusa que había terminado entre las sábanas de alguno de ellos. El golpe de las bolas de billar contra los bordes de la mesa antes de colarse en la tronera se escuchaba de forma tenue por la música que sonaba. Algún capullo había pensado que una balada de REO Speedwagon era una buena selección para un bar como ese donde los parroquianos parecían extras de una serie de bandas de narcotraficantes o moteros.

Se levantó de su taburete con el vaso de whisky a medio terminar en la mano y se acercó a la máquina. Leyó los títulos de las canciones y echó una monera por la ranura, pulsando la número 26: Midnight rider, de La banda de los hermanos Allman. Pronto los primeros acordes de la guitarra y la batería llegaron a sus oídos.

El menor de los Dixon permaneció frente a la máquina con la mirada fija en ella, su vaso de whisky más vacío a cada estrofa. Se humedeció los labios alejándose hacia la barra, la melodía incrustándose en su mente.

- ¿Te gustan los Allman Brothers?- Le preguntó Bob secando varios vasos, colocándolos bajo la barra. Daryl se encogió de hombros.

- Mejor que lo que estaba sonando.- Dijo como única respuesta restándole importancia a su elección musical.

Había escuchado aquella jodida canción más de veinte veces en la radio mientras conducía la camioneta. Decenas de cigarros habían terminado consumidos entre sus labios mientras escuchaba aquella maldita canción.

Dejó el vaso vacío sobre la superficie y le indicó a Bob que se lo rellenara de nuevo. Dejó la cantidad exacta para pegar la bebida sobre la barra cuando le rellenó el vaso.

El nuevo trago que bebió le resultó mucho más amargo que las anteriores a medida que el último estribillo de la canción se escuchaba. Cerró los ojos unos breves instantes suplantando la voz del cantante por una femenina que hacía años que no escuchaba. Desde que se convirtió en cenizas como el resto de la casa cuando no era más que un crío.

Apoyó el borde del vaso de whisky contra su frente mientras la voz se iba apagando a la par que la melodía. Una vez terminó por completo vació el vaso de whisky de un largo trago, el ardor de su garganta se trasladó con energía a la boca de su estómago. Jugueteó con el vaso vacío escuchando la puerta del local abrirse por enésima vez esa noche.

- Hey, chaval.- Bob terminó de despachar a uno de los habituales que parecía haber salido de La matanza de Texas, y se acercó hacia donde él se encontraba.- ¿Sigues buscando trabajo?- Daryl asintió indicándole con un gesto de la mano que le pusiera otra ronda.- Estoy buscando un par de manos para que me echen una mano. Mike se largó la semana pasada.

Daryl sopesó la oferta dándole un trago a su vaso, alzó la mirada hacia Bob.

- No he trabajado en un bar en mi puta vida, Bob.- Le dijo vocalizando casi a la perfección cada palabra en su totalidad.

- ¿Crees que a estos bastardos les importa?- Le preguntó señalando al público congregado esa noche en el bar.- No puedo contratar a cualquier imbécil, necesito gente que sepa defenderse si las cosas se complican.- Daryl esbozó una media sonrisa contra el borde del vaso al beber de nuevo. - ¿Qué dices, Dixon?

- ¿Alguna mierda que deba saber?- Bob se encogió de hombros negando con la cabeza.- Entonces trato hecho.- El camarero y dueño del local tendió su mano extendida hacia él para que la estrechara.

- Pero no puedes emborracharte en el trabajo, alguna cerveza de vez en cuando pero…- Daryl estrechó la mano de su nuevo jefe.

- No hay problema. Pero, ¿hoy no empiezo no?- Le preguntó bebiendo otro trago de su whisky.

- Hoy puedes caer inconsciente del taburete si quieres.- Daryl ahogó una carcajada contra el líquido ambarino vaciando el vaso de nuevo. - ¿Otro?


La electrizante guitarra de Angus Young reverberó con ansias entre las mugrientas paredes del local. El ritmo de las baquetas golpeando los platillos era imitado por el talón de la bota de Daryl sobre el entarimado de madera tras la barra. Estaba afanado sirviendo varias cervezas a un grupo de moteros que se encontraba de paso en el pueblo camino de Savannah. Era la tercera ronda que les servía, y a cada una que desaparecía en sus gaznates, el bullicio iba escalando de forma exponencial.

Cuando terminó de servir la última cerveza cogió la bayeta húmeda y limpió las salpicaduras de la barra con calma, la voz de Young cada vez se escuchaba con más dificultad a pesar de su timbre agudo. No era su canción favorita de la banda pero era bastante soportable.

Alzó la mirada de la barra tras comprobar que había hielo en la nevera y la clavó en la nuca del que estaba frente a la máquina de música. Justo en ese instante la puerta del local se abrió dando paso a una mujer de mediana edad y su hija adolescente. Daryl aguantó un suspiro al ver la atención que atrajeron hacia ellas nada más poner un pie dentro del bar.

El menor de los Dixon no tardó en recorrer la barra hasta el extremo al que se acercaron las dos mujeres, el brazo de la madre colocado de forma protectora sobre los hombros de su hija. Ambas parecían incómodas en aquel lugar con las miradas que seguían de cerca cada uno de sus movimientos. Pronto algunos comentarios comenzaron a escucharse.

- Señora, debería darse la media vuelta y salir por dónde ha venido.- Un bar como ese seguro que no estaba en la guía de establecimientos a visitar en la estadía de nadie en todo el maldito estado de Georgia.

- Estábamos intentando llegar a Atlanta pero…- La mujer reajustó el asa del bolso a ver a cuatro de los hombres que se habían estado entreteniendo en las misas de billar, acercarse hacia ellas.

- Tiene que dar la media vuelta, en el cruce coger hacia la izquierda.- Le indicó él con voz serena mirando de soslayo a los cuatro moteros.- En varias millas llegará a otro cruce y tiene que girar a la derecha.

- Nosotros podemos acompañarle, encanto.- Dijo uno de ellos mostrando sus dientes amarillentos. Daryl se volvió hacia él con el ceño fruncido.

- No necesitan una puta escolta.- Le respondió atrayendo la atención de dos de los cuatro hombres. – Y menos si se trata de vosotros.- Dijo con desdén metiendo la mano derecha bajo la barra tanteando el contorno de la escopeta que Bob guardaba allí. Esperaba no tener que llegar a utilizarla.

- ¿Qué tal si te metes en tus asuntos, chaval?- Le dijo el que parecía el jefe de los cuatro. Daryl ladeó el rostro, mirándole con suspicacia.

- ¿Qué tal si dejáis que se vayan en paz, eh?- El hombre se rio con ironía, una sonrisa animal decorando sus dientes amarillentos.

- Mira, hijo…- Daryl estrelló su puño sobre la barra sobresaltando a la mujer quien ahogó un grito pegando a su hija contra ella, intentando escabullirse hacia la salida sin éxito.

- No soy tu hijo, capullo de mierda. Y la mujer se quiere largar, así que dejadles pasar hasta la puta puerta.- Siseó con veneno en su voz mirándoles a los cuatro, su mano derecha agarró el cañón de la escopeta, sin sacarla de su escondite. Todavía.

Antes de que pudiera procesarlo del todo, el hombre agarró la mano que había estrellado contra la barra, inmovilizándole el brazo. Sin pensárselo dos veces, actuando por instinto, Daryl soltó el cañón de la escopeta, cogió el mango del cuchillo de cortar la maldita fruta y lo clavó a medio centímetro de la mano del motero. El filo del cuchillo rozó ligeramente la piel del antebrazo desnudo del hombre, una pequeña gota de sangre se precipitó sobre la barra.

- Hijo de…- Daryl actuó con rapidez, desclavó el cuchillo y con el puño cerrado en torno a la empuñadora le dio un derechazo en el pómulo y lo tiró al suelo.

- ¡Lárguese de aquí!- Les espetó a la mujer y a la chica quienes no tardaron en salir corriendo de allí aprovechando la trifulca que él había comenzado.

- Te vas a arrepentir de haber…- Dijo el hombre desde el suelo secándose la sangre de la nariz. Daryl sacó la escopeta y le apuntó al pecho.

- Largaos. Está cargada.- Les aseguró quitándole el seguro sin apartar sus ojos de todos ellos.

- Hijo, si piensas que…- El disparo resonó con violencia en el interior del local. La lámpara a la que había apuntado cayó al suelo con estrépito haciéndose añicos en mitad de la pista de baile.

- ¿A caso no he hablado claro? ¡He dicho que os larguéis!- El cartucho terminó sobre la barra y el cañón apuntó de nuevo al líder. Un gesto mudo de cabeza, varias miradas que prometían despellejarle vivo si se cruzaban con él de nuevo, y el grupo de moteros abandonó el bar. - ¿Algún problema?- Preguntó al resto de clientes que no se habían movido de sus sitios. Todos volvieron su atención de nuevo a sus bebidas o a la partida de dardos de turno.- Eso pensaba.- Limpió la sangre de la barra con la bayeta.


Eran cerca de las 3 de la mañana y Jared, un puto cansino que había estado intentando mantener una conversación con él durante toda la noche (sin éxito), se acercó a la máquina de música. Pulsó varios botones y Hotel California comenzó a sonar anunciando el final de su jornada.

Daryl se acercó a los interruptores y apagó y encendió las luces varias veces atrayendo la atención de los que aún no se habían largado a sus casas.

- ¡HORA DE CERRAR!- Gritó por encima de la música escuchando protestas.- Me importa un carajo que te quede media cerveza, Gabriel, llévatela contigo si quieres. Pero te largas ya.- Le espetó al susodicho golpeando la pata de la silla sobre la que se sentaba empujándole hacia la puerta.

Uno a uno, todos desaparecieron tras la puerta batiente que daba al parking. Escuchó algunas risas y caídas de alguno de ellos sobre la gravilla que rodeaba el recinto. Colocó las sillas sobre cada mesa para pasar la escoba con más facilidad.

- Putos cerdos.- Masculló al ver la cantidad de mierda que se había acumulado en el suelo con el paso de las horas.

Creyéndose solo, Daryl recogió los desechos del suelo mientras silbaba al par que sonaba la guitarra por los altavoces. Aún le quedaba un rato antes de largarse así que echó una moneda en la ranura y pulsó el nº 15: Stairway to Heaven de Led Zeppelin acompañó sus movimientos silenciosos en la penumbra creada por el apagado de la mitad de las luces.

Cuando se desplazó hacia el grupo de mesas que había tras las máquinas y una columna se percató de la presencia de una persona. Entre las sombras, ambas manos rodeando su copa de whisky doble, el hombre mantenía la mirada gacha fija en algún punto de la mesa.

- Tiene que largarse a casa ya amigo, tengo que cerrar.- Dijo Daryl en tono hosco sin mirarle demasiado continuando con su tarea.

- Ella ya no está allí esperándome.

El cazador le miró de soslayo al hombre de pelo canoso y mirada vidriosa por las copas que se había tomado. Daryl apoyó sus manos sobre el mango de la escoba mirándole fijamente, había algo en él que hacía que no encajara en ese sitio de mala muerte.

- No tengo ninguna prisa.- Dijo el hombre bebiendo otro trago de su whisky, su voz tambaleante por el alcohol.- Y aún no he terminado mi copa.

- Yo quiero irme a mi puta casa a dormir.- Respondió Daryl apoyando la escoba contra una de las mesas acercándose a él. Sin mediar palabra, le arrebató el vaso de las manos, lo vació de un largo trago.- Ya has terminado.- Se secó los labios con el dorso de la mano. Su mirada azul se clavó en la del hombre frente a él, en sus tirantes, en su camisa blanca ligeramente arrugada.- Váyase a casa.

- ¡Te he dicho que ella no está allí!- Le gritó dándole un manotazo al vaso vacío sobre la mesa, estrellándolo contra el suelo.

- ¡Serás…!- Daryl apartó la mesa con violencia y obligó al hombre a ponerse en pie. Era más alto que él y no precisamente un peso pluma, pero estaba hasta las narices de aguantar las gilipolleces de los imbéciles que se dejaban caer en el "Road Kill".- Me importa un carajo que me saques por lo menos veinte años y que no parezca que te hayas metido en una pelea en tu puta vida, viejo. Pero,- le amenazó, su mano izquierda sujetándole de la camisa, el dedo índice de su derecha a escasos palmos de distancia- como no te largues de una puta vez…- Le soltó con fuerza, viéndole tambalearse hasta dar con su espalda en la pared.

El hombre se alejó de él sin decir nada más, cabizbajo y zigzagueando entre las mesas le escuchó murmurar algo sobre su mujer, su hija pequeña Margarette o algo así. Daryl había visto y sufrido suficientes borracheras en su vida como para saber que aquel hombre estaba refugiándose en el alcohol de tal manera que no tardaría en perderse por completo, tal vez un par de semanas más así y entonces…

- Maldita sea…- Farfulló por lo bajo al verle desaparecer tras la puerta batiente sacando unas llaves del bolsillo. Resopló y salió detrás de él, apagando las luces detrás de él y asegurándose de cerrar la puerta.- ¡Hey!- Daryl llamó la atención del hombre que encontraba verdaderas dificultades para meter la llave en la cerradura de la puerta. Se volvió hacia él, apoyándose sobre la carrocería intentando mantenerse erguido, desafiante.- Dame las llaves, vamos.- Extendió su brazo hacia él.

- Puedo conducir perfectamente, hijo.- Arrastraba las palabras comiéndose alguna letra.

- Sí, claro.- Daryl le arrebató las llaves de la mano y lo empujó hacia la puerta del copiloto donde le obligó a sentarse. Se subió al coche tras el volante y encendió el motor y miró hacia su derecha.- ¿A dónde vamos, jefe?

- Varias millas hacia el sur. Hay una… carretera que lleva a una granja.- Daryl asintió viéndola apoyar la frente contra la ventanilla.- Hay un buzón al principio del…- Movió su mano derecha mientras hablaba.

- ¿Qué pone?- Le preguntó poniendo el vehículo en marcha sin querer pensar demasiado que luego tendría que hacer el camino contrario a pie. Maldita la hora en que tuvieron que aflorar las putas lecciones dominicales que tomó siendo un crío sobre hacer el bien. Sólo había ido en dos ocasiones y ya se dedicaba a llevar a borrachos a su casa. ¿Qué iba a ser lo siguiente, ponerse a buscar en el bosque a alguna niña extraviada? Joder.

- Greene.


Bueno, no ha quedado este oficio como yo esperaba... No sé, quizá con el paso del tiempo lo mire con otros ojillos jejejeje Espero que os haya entretenido al menos.

Este capítulo se lo dedico a todos los camareros siniestros de bares de carretera secundaria.

Cualquier comentario, petición, sugerencia, invocación... es más que bien recibida.

¡Nos leemos!