ACITW AU 26b


Agua tibia y jabonosa deslizándose por la piel de Kurt… fuertes pero tiernos dedos enhebrándose a través de su pelo, acunando la parte posterior de su cabeza después de cada pase de su mano, luego siguiendo una línea en su cuello y sobre su columna vertebral… la boca sobre él - suave, persuasiva, pero no demandante… el cuerpo contra él, duro, muscular, pero flexible donde tenía que serlo, moldeándose donde su cuerpo se hundía y curvaba, la caricia de la piel contra piel era intoxicante, haciendo que su mente diera vueltas, callando cualquier voz que quedaba de sus antiguas dudas e indecisiones reemplazándolas con el suave golpe del agua contra el azulejo, con los gemidos entrecortados de Sebastian y lo mejor de todo, Sebastian pronunciando su nombre una y otra vez – Kurt, Kurt, Kurt – con otras dos igualmente poderosas palabras encadenándose.

Por favor y sí.

Si, Kurt. Por favor, Kurt. Oh, Kurt.

En este espacio y tiempo, con el cuerpo desnudo de Sebastian presionado contra el suyo, atrapándolo contra la fría pared de la ducha, besándolo como si nunca fuera a acabar, sin prisa de terminar incluso aunque tenían un día frente a ellos, Kurt se dio cuenta de tres cosas: amaba ducharse con Sebastian, nunca quería dejar de besarlo y fácilmente podría olvidarse de todo aquí en los brazos de su novio.

El agua se volvió fría antes que Sebastian considerara que habían terminado, pero no lo impidió. Simplemente coloco a Kurt lejos del agua fría, levantándolo y moviendo su cuerpo cuando no entendió en el instante que Sebastian sin decirlo quería moverse 5 pasos a la derecha. Sebastian siguió besando a Kurt cuando el agua fría se acumuló alrededor de sus tobillos en el fondo de la ducha. Besó a Kurt cuando Kurt rió, lo siguió besando cuando esas risas se volvieron gemidos, lo hizo hasta que estaba palpitando duro y completamente a la merced de Sebastian.

Kurt coló una mano entre ellos, alcanzo ambas erecciones, debatiéndose en cual requería mayor atención primero, pero Sebastian le agarró la muñeca y la atrapó contra el azulejo.

"Un-uh," dijo, presionando la muñeca de Kurt contra la pared para mantenerla quieta. "Yo me encargo." Sebastian puso su mano alrededor de ambos penes juntos y comenzó a bombear lentamente, y Kurt, embelesado con esta nueva sensación, dejó caer su cabeza hacia atrás, pegándose un cabezazo contra la pared detrás de él.

"Ouch," Kurt chilló pero también se rio, riendo más fuerte cuando Sebastian sonrió y lo miró como si fuera completamente ridículo.

"¿Vas a estar bien?" Sebastian preguntó, sin detenerse a ver si había lesión o conmoción.

"Yo… creo… si… estoy bien- ¿No vamos a llegar tarde?" Kurt dijo, apenas siendo capaz de pensar con el cuerpo de Sebastian contra él, sus erecciones frotándose, la mano fuerte de Sebastian acariciándolas.

"¿Quieres que pare?" Sebastian apresuró su mano y Kurt dejó caer su cabeza atrás de nuevo, golpeando las baldosas esta vez en un golpe seco. Sebastian frenó su risa detrás de labios mordidos tratando de no matar el ambiente.

"Mierda, no…" Kurt moviendo sus caderas para seguir el ritmo de Sebastian. "No, no te atrevas…"

"No lo haré, bebé," Sebastian prometió, inclinándose para besar el expuesto cuello de Kurt. "No creo que pudiera aunque lo intentara."

Kurt jadeó y Sebastian gimió, ambos sonidos se mezclaban tan eróticamente como lo que estaba haciendo Sebastian con sus manos.

"¿Esto…" Kurt comenzó, pausando para respirar cuando la sensación del creciente orgasmo lo abrumaba, lo consumía incluso mientras su húmeda piel temblaba de frio. "va a ser algo entre nosotros? Ducharnos juntos y…y…"

"¿Es algo malo?" Sebastian preguntó, su voz estaba cayendo tan rápidamente como la de Kurt, sus brazos bombeando más rápido cuando sus músculos comenzaron a temblar.

"No," Kurt dijo, pero su respuesta solo fue el fantasma de un sonido. Era rendición, su cuerpo había sido llenado con el calor de no tener donde ir, amenazándolo con hacerlo pedazos.

Ese fue el pensamiento que quedó cuando acabo sobre la mano de Sebastian. Este chico estaba haciéndolo pedazos para armarlo en una diferente manera, así para cuando el verano terminará, donde sea que los lleve, nunca vuelva a ser el mismo o ver las cosas de la misma manera.

Resultó ser mucho más tarde de lo que habían anticipado cuando salieron de la ducha pero Kurt no se arrepintió de nada, incluso si hubiera terminado con hipotermia. Sebastian tampoco se arrepintió dada la indicación que le daba al tarareaba Mellencamp mientras empacaba su comida para el paseo o la manera en que sonreía y se mordía el labio en una manera que era muy poco parecida a la ardilla criminal que Kurt tanto había despreciado.

Sebastian había lanzado un par de pantalones jeans oscuros y un polo delgado oscuro, un tono más fuerte que sus ojos, suficientemente diferente como para hacer que sus ojos relucieran. Pero Sebastian le había dicho que se vistiera sexi (esa es la manera en que Kurt lo había escuchado), así que el atuendo sin esfuerzo que Sebastian había logrado para él no funcionaría en Kurt. Kurt rebuscó en su equipaje, sacando tres posibles opciones para dejarlas sobre la cama, dando un paso atrás para examinar cada una de ellas, sosteniendo las piezas a la luz del sol para ver como diferían directamente con la luz natural e indirectamente, hasta que decidió cual era el conjunto perfecto – un par de pantalones negros (de corte ceñido en la cintura pero más abierto y suelto alrededor de los pantorrillas y tobillos que sus jeans, permitiendo que el aire circulara sobre la picadura de medusa dado que ya no le molestaba tanto y se estaba cansando del vendaje), un chaleco negro para encinchar la camisa en su cintura y romper todo el blanco que brillaría como un faro bajo la luz del verano.

Se miró en el espejo, girándose a la izquierda y a la derecha para comprobar que no hubiera ninguna arruga especialmente dado que de alguna manera había olvidado colgar la ropa más propensa a las arrugas cuando habían llegado a la casa en la playa. Con todo lo que habían hecho, el estado de su ropa de alguna manera no había pasado por su mente.

Kurt suspiró. ¿Qué le había hecho este chico que ni siquiera recordaba como tender propiamente sus camisas y pantalones?

Kurt tiró el borde de su chaleco y deslizo sus manos en el frente de sus pantalones, asegurándose que cada centímetro de él luciera perfecto antes de salir a encontrarse con su novio. Antes de abandonar la habitación, reviso su teléfono (Sebastian le había dicho que lo llevará porque sabía que Kurt querría tomar fotografías… como diría una amiga 'wanky') Lo único que quedaba era la corbata. La vio sobre la cama, esperando por él.

No era una corbata, era una venda para los ojos. Sebastian lo quería con los ojos vendados.

Sexi y con una venda en los ojos.

Lo que sea que planeaba Sebastian, ya estaba resultando como la mejor sorpresa.

Kurt rápidamente reviso todas las cosas que habían hecho hasta ahora, tratando de encontrar una conexión. Kurt sabía que Sebastian estaba tratando de cortejarlo, pero lo estaba haciendo de una manera interesante. Analizo cada actividad individualmente, luego las agrupo, buscando algo en común, pero Kurt aún no lo encontraba, así que decidió dejarlo pasar por ahora y esperar que la respuesta llegue a él.

Levantó la corbata de Sebastian de la cama, enrollándola entre cuatro dedos, deslizándola en su bolsillo. Llevándola con él, sabiendo el propósito, se sentía tan emocionante como el tratar de averiguar porque Sebastian quería que la usara – y Kurt había encontrado una gran cantidad de tentadoras razones, cada una digna de convertirse en la premisa de un nuevo fanfic para cuando regrese a Ohio.

Kurt respiró profundamente, se enderezó y camino por el pasillo hacia la sala de estar, esperando salir seximente.

Sebastian estaba ocupado empacando los últimos aperitivos y bebidas en el cooler cuando vio a Kurt entrar en la sala de estar. Sus manos se detuvieron entre la comida, su mandíbula cayó una pulgada e inclino la cabeza a un lado.

"¿Eso es lo que usaras?" Sebastian preguntó y ante el tono muerto en su voz Kurt se paró en seco.

"Si…" Kurt respondió, sus defensas se elevaron, su estómago se enrollo preparado para defender la elección de su ropa. Su corazón cayó un poco, observando la burla en los ojos de Sebastian evaluando su ropa.

"Okay," Sebastian dijo cruzando la habitación, mirando a Kurt desde su pelo hasta sus zapatos, "ahora, necesito saber… ¿alguna parte de este conjunto pertenece a Puck?"

"No," Kurt dijo fuerte, en guardia, sin estar seguro donde llevará esa pregunta de Sebastian, pero claramente ofendido. Puck puede ser acusado de muchas cosas, pero estar a la vanguardia en la moda es definitivamente no una de ellas. Ninguna de las cosas que Kurt estaba usando podría ser llevada por un chico que no conoce la diferencia entre McQueen y MacDonald's.

"Bien," Sebastian dijo, colocando sus manos en las caderas de Kurt, cuidadosamente evitando arrugar cualquier cosa que Kurt no apreciaría ser arrugada. "Entonces no me siento raro diciéndote que luces fabuloso."

Kurt se soltó ante el agarre de Sebastian, calentándose ante el cumplido. Kurt enlazó sus brazos alrededor del cuello de su novio.

"Gracias, señor," Kurt dijo, recorriendo sus dedos a través del húmedo cabello de Sebastian. Un par de meses atrás, Kurt se hubiera encogido ante el nulo intento de Sebastian por secar su cabello, dado que Kurt seco completamente su cabello y lo arregló antes de prepararse para el día. Pero le gustaba esto. Le gustaba el cabello húmedo en Sebastian.

Le recordaba a Kurt estar en la ducha con él, de estar desnudo con él, de estar cerca de él.

"Ooo, señor," Sebastian dijo, inclinándose ante Kurt por un beso, "Creo que me gusta cómo suena eso."

"Me imagino," Kurt bromeó de vuelta, golpeando ligeramente a Sebastian en el hombro.

El beso que Sebastian posó en la boca de Kurt fue un beso gentil de esos que se comparten todos los días antes de ir a la escuela, entre clases, cuando se encuentran en la puerta antes de los eventos familiares – es un gesto cortes, como un apretón de manos…

…pero cuando Sebastian insertó su lengua entre los labios de Kurt, se convirtió en una muestra de lo que vendría.

"¿Tienes tu teléfono?" Sebastian preguntó, llevando una mano para acariciar la mejilla de Kurt, sin alejar mucho su rostro.

"Si…" Kurt dijo, dejando la palabra abierta, esperando que Sebastian la llenara con más detalles.

Sebastian sabía que Kurt quería saber más y sonrió. No daría más detalles.

"Eso es todo," dijo, "excepto…"

"Excepto…" Kurt repitió, el aire alrededor de ellos se cargó cuando Sebastian se acercó aún más y Kurt espero que las siguientes palabras que salieran de la boca de Sebastian fueran, a la mierda con esto. Nos quedaremos aquí y pasaré las siguientes ocho horas deslumbrándote.

Sebastian se detuvo cerca de él, juntando sus frentes.

"¿Dónde está la corbata?" Sebastian preguntó en voz baja, acariciando los bolsillos de Kurt, sintiendo el bulto en el frente derecho y deteniéndose, sus dedos masajearon ese punto.

"Parece que lo encontraste," Kurt dijo, levantando una ceja, tratando de seguir esos dedos que masajeaban el lugar.

"¿Puedo?" Sebastian preguntó, sus dedos se arrastraban en la tela y se sumergieron en el bolsillo.

"Adelante."

Kurt dejó de respirar, su cerebro seguía el movimiento de la mano de Sebastian mientras sus dedos se deslizaban sobre la piel de Kurt con el sedoso material del bolsillo del pantalón entre ellos. Las uñas de Sebastian rasparon suavemente sobre el muslo de Kurt, luego volviéndola a deslizar, cepillando cerca su pene. El material, firme alrededor de la cintura de Kurt y los muslos, traduciendo la acción de la mano de Sebastian sobre otras áreas de la piel de Kurt mientras levantaba la corbata con su dedo de al medio y sacándola del bolsillo de Kurt.

"Ahora, te vas a comportar como un buen niño," Sebastian dijo, atando la corbata sobre los ojos de Kurt. Kurt respiro profundamente mientras la tela a rayas bloqueaba la luz efectivamente. Con la corbata sobre sus ojos, Kurt estaba ciego – sorpresiva y completamente ciego – y lo golpeaba lo mucho que iba a tener que confiar en Sebastian para mantenerlo seguro, para guiarlo, para no accidentalmente dejarlo caer en la empinada de un acantilado. Tuvo un segundo de duda cuando pensó no me gusta esto, no me gusta no tener el control, pero entonces Sebastian coloco sus manos sobre los hombros de Kurt, sus labios besaron el cuello de Kurt.

"¿Muy apretado?" preguntó, el aliento de su boca anunciaba cada beso que ponía en la piel de Kurt…

"No, yo… es solo diferente," Kurt respondió, pestañeando debajo de la tela, maravillado ante la total oscuridad.

"Si te hace sentir incomodo, yo…"

"No." Kurt dijo rápidamente, buscando la mano de Sebastian para colocarla con la suya. "No, quiero hacer esto. Confió en ti."

Sebastian se quedó en silencio y Kurt se preguntó si había dicho algo malo, pero entonces Sebastian giro a Kurt y chocó sus labios.

"Gracias," murmuró en la boca de Kurt. Kurt sintió las palabras; no era una declaración audible. Había una posibilidad de que no eran para que él las escuche. Sebastian alejó su boca y coloco sus manos en los hombros de Kurt de nuevo.

"Movámonos," dijo Sebastian dándole a Kurt un pequeño empujón para guiarlo desde la sala de estar a la cocina, entonces a través de la puerta principal y con mucho cuidado, pasos tras traicioneros pasos hacía la cochera. Ya que su visión ya no era un factor, Kurt se enfocó en todo lo que podía oír y sentir – la segura mano de Sebastian guiándolo a través de las habitaciones, la cadencia de sus pasos golpear el suelo, la diferencia de la presión del aire y la temperatura cuando abandonaron la casa y salieron al aire exterior, el sordo clic de la puerta del Mustang, al asiento de cuero moldeando su cuerpo cuando se sentaba.

"Quédese quieto, sexi," Sebastian dijo, ayudando a Kurt con el pestillo del cinturón de seguridad. "Volveré en seguida." La voz de Sebastian suave y seductora se encontraba justo al lado de su oído cuando le recordó. "Sin intentar mirar."

La puerta se cerró y Kurt se abrochó el cinturón de seguridad, esperando el regreso de Sebastian el cual llego a la velocidad de la luz, colocando lo que Kurt asumió era el cooler en el asiento de atrás antes de saltar al asiento del conductor, encendiendo el Mustang para comenzar el camino.

Comenzaron el viaje en silencio, Kurt estaba determinado a simplemente disfrutar del paseo y dejar que lo que sea que tenga que pasar pase (¿No se suponía que ese iba a ser su mantra este verano?). Se reclinó en su asiento soltando la curiosidad que lo comía por dentro, pero parecía un boomerang que volvía con diez veces más fuerza. Trató de dejarlo pasar, pero estaba montado dentro de él, acumulándose y acumulándose hasta que sentía hinchado. Sufrió por exactamente cinco minutos más antes de decidir que era momento del interrogatorio.

"¿Qué tan lejos iremos?" Kurt preguntó como si fuera una prueba para ver si Sebastian respondería, dado que cualquier cosa que diga significara nada para Kurt como para averiguar su destino.

"Lo suficiente," Sebastian respondió sin otra elaboración.

"¿Has secuestrado gente antes?"

"Que gracioso," Sebastian dijo, sin comentar nada más lejos que unas palabras de respuesta.

"Dijiste que estaba lloviendo ayer," Kurt comenzó, construyendo la pregunta en pistas que ya conocía, "así que eso significa que estaremos al aire libre, ¿cierto?"

Kurt escuchó como la música en la radio subía de volumen y suspiro.

Eso fue el fin, a menos que quisiera pasar el resto del camino gritando preguntas de las que no iba a tener respuesta. Mejor era meter un rallador de queso en sus cuerdas vocales y no podía arriesgar a su voz de esa manera. Kurt sabía que no iba a conseguir ninguna información de su obstinado novio, así que dejó de intentarlo.

Kurt pensó que el viaje a donde quiera que iban, sería aburrido con la corbata cubriéndole los ojos, impidiéndole adivinar la locación de la sorpresa de Sebastian (algo que Kurt sentía innecesario dado el hecho de que nunca había estado en Carolina del Norte, que no sabía nada de Carolina de Norte y no tenía ninguna esperanza en adivinar donde demonios terminaría el camino, con los ojos vendados o no), pero era en realidad muy agradable no tener más opción que sentir el sol en su rostro, la briza en su cabello y la selección musical de Sebastian para el viaje – La Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak – llenando sus oídos. Lo único que quería y no podía era ver la expresión en la cara de Sebastian mientras conducía. Sebastian estaba claramente satisfecho con lo que tenía planeado para hoy – lo que era normal en él.

Pasaron el resto del viaje sin hablar. Sebastian tarareaba la música pero Kurt se sentía atrapado entre querer dormir y sentarse en el borde del asiento y balancearse adelante y atrás como un niño en su primer viaje a Disney. Después de cerca de una hora de viaje Kurt sintió el frenado del coche y lo sintió alejarse de la carretera. El Mustang se sumergió mientras dejaba el plano asfalto y caminaba en tierra. El suelo era plano pero estaba marcado por unos pocos baches que Sebastian tuvo que bajar la velocidad para pasarlos. Avanzaron derecho por lo que debió ser unos cien metros y entonces se detuvo. Sebastian no dijo ninguna palabra. Kurt escuchó a Sebastian apagar el motor entonces su puerta se abrió y se cerró y Kurt asumió que había salido del auto. Entonces la puerta de Kurt se abrió y sintió que Sebastian se acercaba a su cuerpo para desabrochar el cinturón, el olor a marfil lleno la nariz de Kurt cuando el cuerpo de Sebastian se acercó.

"Ten cuidado," Sebastian advirtió, tomando la mano de Kurt para ayudarlo a salir del Mustang. "El suelo es un poco irregular en algunas partes."

"Así que estamos al aire libre," Kurt se alegró.

"Si, estamos al aire libre," Sebastian dijo y Kurt casi pudo oír a sus ojos girarse. Sebastian cerró la puerta del auto detrás de él. Sostuvo la mano de Kurt y espero pacientemente mientras Kurt daba un primer tentativo paso, el segundo y tercero fueron más confiados cuando no cayó en picado al suelo. Kurt sabía que había hierba bajo sus pies. Incluso con sus zapatos puestos podía sentir las hojas rozar contra él y el olor a la picante fragancia del fresco corte de los prados bajo el calor de Carolina del Norte.

"¿Hay abejas esta vez?" Kurt preguntó, con el simple propósito de sonar molestoso.

"Quizás una o dos," Sebastian respondió, "pero no creo que nos molesten."

"¿Medusas?"

"No," Sebastian rio. "No hay medusas." Los brazos de Sebastian rodearon la cintura de Kurt cuando la punta de sus pies golpeó una roca y se tropezó, desviándolo a un camino más seguro.

"¿Alguna cosa que pueda matarnos y/o mutilarnos?" Kurt preguntó, recuperando su balance en el refugio de los brazos de Sebastian y continuaron.

"Depende de tu definición de matar y/o mutilar."

Caminaron un poco más de lo que Kurt había esperado. A la distancia Kurt escuchaba personas riendo y hablando, pero había otro sonido que intervenía de vez en cuando, una clase de erupción en cortas ráfagas, no podía entender que era lo que estaban diciendo.

Había escuchado hablar de una cesta. De eso estaba seguro.

¿Un picnic, quizás? Pero entonces ¿Por qué eso sería una sorpresa, a menos que los Smythe hubieran llegado a la casa más pronto de lo previsto y se fueran a encontrar aquí? Pero entonces ¿Por qué la venda en sus ojos?

A menos que sea la boda de la que Sebastian bromeaba que su madre planeaba para ellos. Kurt se lo imagino en su cabeza – Sebastian sacando la venda de sus ojos con una reverencia para revelar un enorme dosel blanco que se extendía en líneas de sillas portables, cada una llena de miembros de la familia Smythe que Kurt aún no conocía, incluyendo, bizarramente, a Jeremiah del club de campo y Max, cubierto en purpurina, luciendo particularmente enojado, junto con su padre y todos los de Nuevas Direcciones vistiendo sus trajes que usaron en las Nacionales. La imagen era tan patéticamente idiota que Kurt soltó una carcajada justo cuando él y Sebastian dejaban de caminar e incluso con la venda cubriendo sus ojos, podía sentir a la gente mirándolo.

"O-kay…" Sebastian dijo en respuesta a la risa de Kurt pero aparte de una pequeña risita no dijo nada al respecto. "Soy Sebastian Smythe," escuchó a su novio decir. "Tengo una reservación."

"Oh, sí," un hombre mayor respondió. Era una voz áspera, rugosa por años de cigarrillo (lo cual Kurt podía oler en la brisa cuando cambiaba de dirección), pero era una voz alegre. Parecía genuinamente contento de conocerlos. Eso era algo que Kurt estaba comenzando a apreciar de la gente que se había encontrado en este viaje. Todos parecían amables, abiertos, tolerantes, tan ven-tal-cual-eres. "Tienes una reservación para dos al mediodía." Kurt escuchó al hombre reír como en resultado de ver a Kurt con la venda, este pensó. "¿Primera vez, eh?" el hombre preguntó y eso más o menos lo confirmaba.

"Sip," Sebastian dijo, amasando los músculos en los hombros de Kurt, notándolos endurecidos antes que Kurt.

"Bueno, vas a amarlo," el hombre le aseguro a Kurt, golpeándolo en la parte superior del brazo. "Por aquí, señores."

Las manos de Sebastian en el cuerpo de Kurt guiándolo fue completamente necesario para hacer que Kurt se moviera. A Kurt le gustaban tanto las sorpresas como no le gustaban las sorpresas y mientras se acercaban a lo que sea que fuese que Sebastian lo estaba llevando, Kurt se empezó a resistir, empezando a cuestionarse si realmente quería saber que era lo que Sebastian tenía planeado que tenía lugar en medio del campo y que requería una venda en los ojos para llegar.

"Respira, bebé," Sebastian dijo, tomando a Kurt por el codo para acercarlo a algo. Colocó la mano de Kurt sobre una superficie dura y lisa, pero nudosa. Se sentía como el mimbre pero si eso era lo que era, era lo más grande hecho de mimbre que alguna vez haya sentido. "Levanta el pie." Kurt buscó con su pie una cornisa para subir, pero cuando no encontró una, Sebastian estaba con la mano en su rodilla para ayudarlo a encontrar la manera. Kurt sintió un piso sólido y subió, siguiendo la superficie con sus manos, sus dedos golpearon algo que se sentía como una cuerda a lo largo del camino. Escuchó a Sebastian caminar detrás de él, entonces se oyó el sonido de una puerta cerrarse y un pestillo.

"¿Okay, estamos listos?" el hombre preguntó, manteniendo su pregunta vaga, sin dar ninguna pista, en conveniencia con el plan de Sebastian.

"Sip," Sebastian dijo acariciando la mano de Kurt.

"Yo… eso creo, si," Kurt respondió cuando se dio cuenta del silencio y entendió que ambos hombres estaban esperando su respuesta.

"Por cierto, mi nombre es Roland," dijo el hombre, "sí necesitan cualquier cosa, solo griten." Entonces el hombre se rio fuerte y guturalmente, muy divertido con todo esto. "Hagámoslo entonces." Roland hizo algo y Kurt escuchó la erupción, pero esta vez estaba sobre su cabeza. Entonces se estaban elevando… ¡elevando! ¡Levantándose del suelo al aire!

"¿Sebastian?" Kurt preguntó, agarrándose más fuerte con las manos. Sintió los dedos de Sebastian detrás de su cabeza, desatando el nudo y sacando la venda.

La blanca luz del sol golpeó los ojos de Kurt y le tomó unos minutos ajustar el brillo pero en vez de tomarse el tiempo que necesitaba para acostumbrarse, se apresuró en pestañear. Necesitaba ver donde estaban. Necesitaba asegurarse que no estaban haciendo lo que pensaba que estaban haciendo.

El piso se tambaleo y eso fue todo. Los ojos de Kurt se abrieron de golpe, su cabeza dio un brusco espasmo ante el repentino golpe de luz inundando sus ojos, pero podía ver donde estaba. Su mandíbula cayó, viendo el mundo debajo de él alejarse. La gente se reunía en el suelo para verlos tomar vuelo mientras que los otros globos, desinflados en la hierba esperaban su turno para elevarse en el aire. Kurt levantó la cabeza de golpe para mirar sobre ellos, viendo una llama escupir en la boca gigante de aire caliente de un globo color arcoíris.

Los ojos de Kurt se movieron al sonriente rostro de Sebastian y al rostro del hombre mayor – Roland, apenas conteniéndose - luego volvió a mirar a Sebastian. La sonrisa de Sebastian para Kurt no solo llegaba a sus ojos, sino que los iluminaba completamente, abrumado por la enormidad de este evento que fue capaz de armar.

Kurt quería felicitarlo. Quería besarlo, abrazarlo y agradecerle por su amabilidad. Kurt sabía que lo había intentado, que lo ha estado intentando todo este tiempo, pero cuando abrió su boca, la histeria hablo por él y tartamudeo. "¡Mi-mierda! ¡Sebastian! ¿Qué-que mierda?"

La sonrisa de Sebastian no solo desapareció, murió y en su lugar Kurt vio confusión, furia, vergüenza, decepción… y dolor. Pero todo eso se borró instantáneamente y fue reemplazado con una sola mascara de exasperación.

"¡Por la mierda, Kurt!" Sebastian se defendió, aunque sabía que debería estar consolando a su aterrado novio. "¡¿No me digas que le tienes miedo a las alturas?!"

"¡O-ok!" Kurt tartamudeó en una voz que sonaba como si estuviera al borde del pánico. "¡No te lo diré… será mi secreto!"

Sebastian sacudió la cabeza, su pecho pesado con una risa sarcástica.

"¿Cuándo planeabas decir que le tenías miedo a las alturas?"

"¡No lo sé!" Kurt gritó, ahogándose en rabia cuando el viento movió el canasto y la llama a fuego lento parpadeo sobre ellos. (No puede apagarse así, ¿cierto? Pensó. No son como velas… no se pueden solo soplar… ¿cierto?) "¿Cuándo me iba a contar tus miedos mortales? ¡El tema nunca salió!"

"Esto es genial," Sebastian dijo, inclinándose contra el lado de la canasta mirando el cielo como si buscara ayuda divina. "Eso esta super."

Todo el cuerpo de Kurt se sacudió y tragó.

"No puedes enojarte conmigo." Trató de sacar su mano de la canasta en un punto para señalar acusatoriamente a Sebastian pero no pudo hacer que su mano se soltará. "Sé lo que está pasando aquí," Kurt dijo mientras respiraba con dificultad, rozando la hiperventilación. "¿Yo no te gusto, cierto? Estas tratando de deshacerte de mí. ¡Hiciste todo este camino para deshacerte de mi cuerpo!"

"¡Si quisiera matarte, te aseguro que no te tiraría de un globo!" Sebastian gruñó. "¡Te estrangularía con mis propias manos!"

Kurt escuchó a Roland reír, encendiendo el quemador para llevarlos más arriba a pesar de pánico en Kurt.

"¿Entonces que mierda estamos haciendo aquí?" Kurt se quejó.

"Estamos aquí porque estaba tratando de hacer alguna mierda romántica para ti, ¡Maldita sea!" Sebastian se desquitó, cruzando el pequeño espacio para confrontar a Kurt.

"¿Darme un paro cardiaco es algo romántico?" Kurt gritó, sus manos firmes en la canasta, sus puños temblaban como locos, sus nudillos estaban blancos, casi transparentes. "¿Poner mi vida en peligro es romántico?"

La risa que salió de los labios de Sebastian hizo a Kurt querer dar vuelo y cachetearle el rostro.

"¿Le tienes miedo a las alturas?" Sebastian sofoco la risa, repitiéndolo de nuevo incrédulo, inclinándose hacia atrás mientras se reía. "¿Le tienes miedo a las alturas? ¿¡Qué clase de imbécil coloca volar en un globo de aire caliente en su lista de asuntos pendientes si le tiene miedo a las alturas!?"

"La clase de… espera…" Los ojos de Kurt se estrecharon, escrutando al chico en frente de él quien al menos tenía la decencia de lucir culpable de ser pillado. "¡Tu… revisaste mi teléfono! ¡Lo sabía!"

"¡No sabes nada!" Sebastian replicó, girando su cabeza, sus ojos buscaban el horizonte para calmarse, para erradicar la culpa.

"¡Lo sabía!" Kurt discutió. "¡Lo sabía!"

"No," Sebastian afirmó. "porque si lo hubieras sabido, hubieras dicho algo. No eres muy bueno manteniendo tu boca cerrada."

"Bueno, lo sospechaba," Kurt dijo, sin perder nada de su ira. No estaba exactamente enojado con Sebastian. Estaba más que nada curioso, pero también quería saber si invadir su privacidad iba a ser un hábito en él. "Pero ¿Por qué revisar mi teléfono de nuevo? ¿Pensaste que estaba mandándole mensajes…"

"¡No!" Sebastian lo cortó con tanta convicción que Kurt supo que estaba diciendo la verdad. No, Sebastian no pensó que le estaba mandando mensajes a Blaine. "El primer día que estuvimos aquí, desperté y tú no estabas. Pensé que te habías ido. Pensé que habías llamado…" Sebastian tenía un nombre en sus labios, pero se mordió la lengua. Solo se necesitó un parpadeo de sus ojos para decirle a Kurt quien.

Julian.

Sebastian pensó que Kurt había llamado a Julian para que lo viniera a buscar.

Por una parte Kurt quería ser comprensivo, pero por otra parte, ¡Dios! ¡Estaba enfurecido! Había algo ahí – algo entre ellos que se manifestaba en pequeñas cosas, tan sutilmente y a veces no tanto, pero Sebastian no lo explicaba.

Pero eso no era el tema ahora.

"¿Por qué me iría?" Kurt preguntó. No pudo evitar sentirse herido – después de todo lo que había pasado, después de todo por lo que Sebastian lo había hecho pasar, incluso antes de hoy y lo lejos que han llegado, ahora Kurt se dio cuenta…

"No lo sé," Sebastian dijo – unas viejas y desmoronadas paredes luchaban por volver a protegerlo. "¿Por qué te quedarías? Quizás pensaste…"

"¿Qué pensé?" Kurt preguntó, hablando sobre Sebastian, sin escuchar el resto de las razones, molesto de que Sebastian pudiera decir lo que Kurt estaba pensando sin siquiera preguntarle. "¡He llegado hasta aquí para estar contigo! ¿Qué crees…"

"Creí que tu pensaste que esto era un error," Sebastian se entrometió. "Que venir aquí conmigo era un error. Y te lo diré Kurt, eso me mata. Me mata porque…"

"¿Un error?" Kurt jadeó, soltando la canasta, olvidando sus temores de caer ante la brutalidad de esa palabra atravesando su corazón. "¿No crees que deberías haber hablado conmigo si eso eras lo que pensabas que yo sentía? Mierda, ¿Por qué todos siempre ponen palabras en mi boca, huh? ¿Por qué nadie me dice como de verdad…?"

"Nunca tuve que explicarle mis sentimientos a nadie," Sebastian continuo, a pesar de la constante interrupción de Kurt. "Eso no quiere decir que no los tengas, pero a nadie parecía importarle. ¡Mierda! A no me importaba. Al menos, no me importaba hasta que llegaste tú y comencé…"

"Prometí que te daría una oportunidad." Kurt discutió. "No solo por un día o una noche. Estoy en esto a largo plazo porque me di cuenta que…"

"No sé qué hacer. No quiero arruinar esto. No sé cómo se supone que tengo que decirte que yo…"

"…a pesar de todo, a pesar de nuestro pasado, a pesar de mi pasado, yo…"

Ambos se detuvieron a mitad de frase y se quedaron mirando, a 2000 pies de la tierra completamente en silencio por primera vez desde que el globo se elevará.

Kurt miró fijamente a Sebastian.

Sebastian miró fijamente a Kurt.

Roland los miraba a ambos, un poco divertido, pero ninguno de los dos chicos se percató de él.

Sebastian se enderezó completamente, cruzando los brazos sobre su pecho.

"Dilo."

Kurt hizo un sonido de burla, ofendido ante la audacia de Sebastian para pedir eso.

"Dilo."

Sebastian giró los ojos.

"¿Por qué lo haría? ¡Obviamente no lo sientes por eso no puedes decirlo!"

"Bueno, ¡Tú tampoco puedes decirlo!"

"¡No es tan fácil para mí como lo es para ti!"

"¡No es fácil para mí!"

"¿Por qué? ¿Por qué no puedes amarme?"

"Porque no pensé que podría enamorarme de nuevo tan pronto ¡y me aterra!" Kurt confesó, perdiendo fuerzas, sintiendo como si se estuviera ahogando en estas emociones que tienden a hundirlo y lo hacen escupir palabras sin pensarlo. Esta discusión de ida y vuelta, rebotando entre admisiones, diciendo cosas pero no diciéndolas, era exasperante. "Pero lo hice, Sebastian… y lo estoy." Kurt miró los ojos de Sebastian, ante la abundancia de ese verde combinado con en sus iris – musgo, mar y enebro – tan retorcido como el chico en sí, encendido a causa de la discusión y a pesar de su gesto de seguridad y superioridad en su rostro Kurt podía ver reflejada la necesidad de que le aseguran el hecho. Sebastian, era independiente y fuerte pero necesitaba a Kurt. Necesitaba que Kurt se lo dijera. "Sebastian yo…"

Sebastian le tapó la boca a Kurt y Kurt dio un salto en sorpresa.

"Idiota-" murmuró.

Sebastian sonrió ante el rostro adorablemente ofendido de Kurt.

"Te amo, Kurt."

Fin de la discusión.

Eso era todo lo que tenía que decir.

Kurt levantó su mano y sacó la de Sebastian de su boca.

"Te amo, Sebastian."

Kurt observó el cambio en el rostro de Sebastian – en particular sus ojos, proyectando su miseria y su duda, sonrió de nuevo.

"¿Si?" Colocó sus manos en los hombros de Kurt, recorriendo sus brazos y luego tomó las manos de Kurt en las suyas. "Bueno, solo recuerda quien lo dijo primero."

Kurt casi giró los ojos pero Sebastian no lo dejo hacer nada y lo besó – lo besó más arriba de la tierra, flotando entre las nubes, sobre el mundo donde nadie podía tocarlos. Ni siquiera le importaba a Kurt que había otros globos cerniéndose cerca, cada uno lleno de personas observándolos o que el pobre Roland estaba atrapado con ellos en la pequeña canasta mientras ellos se besaban.

La vida estaba hecha de momentos – grandes momentos y pequeños momentos. Algunos momentos era una maldición, otros una bendición.

El verano de Kurt estaba lleno de momentos – algunos desgarradores, algunos molestos y algunos renovadores.

Este… este aquí… en los brazos de Sebastian… en el cielo, sabiendo que alguien lo amaba de nuevo… este era un momento para Kurt.

Sebastian lo libero, besando su mejilla mientras se giraba, ignorando los aplausos de los espectadores alrededor de ellos. Su objetivo era la mirada de Kurt al horizonte, donde la tierra se extendía debajo de ellos, el cielo azul se elevaba y todo frente a ellos lucía como el futuro – hermosos y brillante.

"Así que, ahora que el miedo a caer en una dolorosa y prematura muerte se acabó ¿Qué piensas?" Sebastian preguntó, colocando su barbilla en el hombro de Kurt, su atención era solo parcial por la visión ante él. Más que nada mirada a Kurt, esperando su reacción.

Kurt giró su cabeza y sonrió, mirando a los ojos de Sebastian cuando respondió.

"Es mejor de lo que hubiera pensado posible."


El camino a la casa en la playa tomó la mitad del tiempo que normalmente hubiera sido ya que Sebastian iba sobre la velocidad limite y Kurt estaba solo parcialmente en su asiento, lamiendo líneas de arriba hacia abajo en el cuello de Sebastian, mordiendo el lóbulo de su oreja y palmeando su pene.

"Mierda, Kurt," Sebastian gimió, frenando de golpe en el último minuto para detener su auto antes de atravesar la luz roja del semáforo en la carretera. "Vamos a… oh mierda… vamos a tener un accidente si sigues haciendo eso."

"¿Quieres que pare?" Kurt susurró, hábilmente desabrochando el botón de los pantalones de Sebastian con los dedos de su mano derecha y deslizándola en el pantalón mientras rascaba la parte de atrás de su cuello con la mano izquierda.

"Para nada," Sebastian gimió, dándole marcha al auto antes que la luz se volviera verde, haciendo que su Mustang volara sobre el asfalto, sus neumáticos chillaban, dejando a un Maliby chevy y a un Dodge Charger entre el polvo detrás de él.

Sebastian se detuvo en la cochera sin otro deseo que tener a Kurt y tenerlo ahora. El Mustang apenas se detuvo antes que Kurt desabrochara su cinturón – aunque apenas estaba restringiéndolo, solo afirmaba un poco su tobillo derecho en su viaje de regreso. Sebastian se giró en su asiento, agarró a Kurt por el hombro y lo acercó para un beso. Kurt se rió ante la impaciencia de Sebastian como si no fuera igual a la suya. Ni siquiera aparcó el auto, el pie de Sebastian golpeo el freno que fue lo único que los detuvo de atravesar la pared de la casa. Sebastian agarró a Kurt de la cintura y lo beso apasionadamente, golpeando sus bocas, hurgó con su mano izquierda para aparcar el auto y apagar el motor.

Sebastian casi arrastró a Kurt fuera del auto a través de la puerta del conductor, negándose a soltarlo y la cabeza de Kurt daba vueltas entre beso y beso, su cuerpo anhelaba ser saboreado y devorado, preguntándose si será ahora. Sebastian dijo que quería ir lento pero al luchar contra la manija de la puerta para entrar a la casa, Sebastian besaba a Kurt como si el secreto de la eterna felicidad estuviera a lo largo de sus labios. Kurt desabotono su chaleco y Sebastian deslizó sus manos debajo de él, recorriendo con las uñas su espalda. Murmuraba te amo tras te amo a lo largo de la curva de la boca de Kurt – Kurt podía sentirlo donde sea que la boca de Sebastian lo tocaba.

Tiene que ser ahora.

¿Qué otra cosa podrían hacer? ¿Qué otro paso faltaba por tomar?

Llegaron a la cocina, tropezando, tambaleándose en sus pies mientras se hacían camino a la sala de estar. Parando en la primera pared plana en la que se cruzaron, Sebastian aplastó a Kurt contra la pared y lo besó más, sin ser capaz de parar ahora que las puertas se habían abierto.

"Dilo de nuevo," Sebastian rogo, pausando para respirar.

"Di por favor," Kurt bromeó, dejando que Sebastian clamara su boca una y otra vez hasta que sus labios se volvieron rojos y sus mejillas dolieron de tanto sonreír.

"Por favor, Kurt. Dilo de nuevo." Sebastian pidió un poco al borde a causa de la broma de Kurt.

Sebastian miró a Kurt a los ojos, esperando las palabras, sus ojos verdes rogaban, algo que no estaban acostumbrados a hacer.

"Lo de nuevo," Kurt repitió con una risa. Sebastian lucía furioso pero le hizo cosquillas a Kurt debajo de sus axilas, haciéndolo gritar.

"Por favor, Kurt." Sebastian se quejó pero dulcemente. "Necesito… necesito escucharlo."

Kurt observó el rostro de Sebastian caer y Kurt no pudo seguir haciéndolo pasar por ese tormento.

"Te amo, Sebastian," Kurt dijo, pronunciando cada palabra y siguiéndolas con castos besos, asegurándose de que no hubiera un error. "Te amo, te amo, te amo…"

"Bien," Sebastian dijo con un asentimiento de cabeza y una risa, "porque yo también te amo."

Sebastian besó a Kurt de nuevo, estos besos eran urgentes, hambrientos, destinados a encender fuego en el vientre de Kurt que va a ser casi imposible de apagar, solo de una manera. Kurt giró la cabeza en su cuello, ofreciéndoselo a Sebastian para que lo bese, lo succione, marque su feliz corazón. Los labios de Sebastian contra la garganta de Kurt lo hacían gemir y sonrió, ebrio con el roce de los dientes de Sebastian en su piel, la manera alternativa con la que mordisqueaba y succionaba enviaba chispas como velas romanas disparándose en su entre pierna.

"Te amo," Kurt murmuró, sonriendo, riendo y gimiendo bajo el toque de la lengua de Sebastian. "te amo, te amo, te…"

Las palabras se atoraron en su garganta cuando sus ojos se encontraron con un inesperado rostro mirándolos en la sala de estar.

Fueron sus ojos – esos causantes de infarto, esos seductores – lo primero que vio. Luego esa sonrisa de estrella de rock. Parecía que cada miembro de los hermanos Smythe tenían esa marca en sus labios cuando sonreían. Que podían hacer que uno cayera de rodillas.

Bueno, quizás Kurt no. Ya no.

Llevaba pantalones negros que parecían pintados en él y los usaba demasiado bien para ser honesto.

Excepto que Kurt imaginaba la manera en la que lucirían en Sebastian, la manera en que abrazarían cada musculo en él, lo glorioso que sería poder sacarlos lentamente por sus piernas…

"¿Julian?" Kurt quería hacerlo sonar como una maldición, una grosería, tenía la intención de convertir ese nombre en lo más vil, pero Sebastian había encontrado un punto sensible en su cuello y lo lamió y Kurt jadeó el nombre por accidente. La sonrisa de Julian se elevó diabólicamente a un lado, las palabras 'eso pensé' bailaron en su lengua, sus sensibilidades hedonistas estaban satisfechas pero Sebastian dejó caer su cabeza, mirando a Kurt con un dolor tan plausible que Kurt podía verlo, lo estaba rompiendo.

"¿En serio, Kurt?" Sebastian gruñó. Presionado contra la pared Kurt podía ver a Sebastian en la esquina de sus ojos, sus ojos verdes brillaban oscuros de deseo nublado con ira – la mirada de un chico herido por la picadura de una cicatriz que había sido curada muy rápido. Kurt quería examinar el dolor, pero habían otras cosas que necesitaban ser tratadas antes que eso. "¿Me estas jodiendo con esta mier-"

Kurt agarró la barbilla de Sebastian y lo hizo girar la cabeza. Por primera vez que Sebastian vio al intruso quien había captado la atención de su novio. Gruñó, golpeando con un puño la pared sobre la cabeza de Kurt.

"¡Julian!"

"Hola hermanito… precioso…" Julian se dirigió a ellos, su voz suave se deslizo entre ellos de manera rápida y sin vergüenza destruyendo la promesa de los besos de Sebastian y los toques de Kurt unidos con sus reiteradas declaraciones de amor. "¿Me extrañaron?"