Disclaimer: Frozen es propiedad de Disney, sólo me divierto con sus personajes :3


Un té con dos cucharadas de azúcar

Capítulo 11: La fiesta de la cosecha

"Princesa Anna, es hora de levantarse. Le traigo el desayuno" Se escucho decir a Gerda, detrás de la blanca puerta del cuarto de la joven princesa.

Dentro, Anna todavía resoplaba suavemente bajo las tibias mantas, con el pelo enmarañado, sonriendo de tanto en tanto entre sueños.

"Princesa" Insistió el ama de llaves.

"Estoy despierta" Respondió con voz somnolienta.

La mujer entro a la habitación, llevando consigo una bandeja con un rebosante desayuno. La princesa se sentó en la cama, tallándose los ojos como si de una niña pequeña se tratara. Un olor reconfortante emanó de la taza que reposaba en el centro de la bandeja. Chocolate caliente.

"El joven Kristoff me ha pedido que le entrego esto y que le diga que lamenta no poder acompañarle durante sus actividades del día, pero que debe escoltar a los aldeanos de las montañas para la celebración de esta noche" Dijo la mujer, mientras retiraba del vestidor el vestido que Anna luciría en la noche. Le extendió una caja rectangular y chata color verde oscuro con ligeros grabados en plata. Dentro reposaba una peineta de nácar, plata y perlas que emulaba un pequeño tocado de flores. Anna no pudo reprimir un chillido de alegría al verla. Era preciosa y ahora estaba ansiosa porque llegara la noche. La fiesta de la cosecha. El baile de máscaras de otoño. Todo Arendelle asistiría.

"Oh, está bien. Espero poder reconocerlo entre tantas máscaras" Suspiró Anna, soñadora, dándole sorbitos a su chocolate, sin dejar de ver el regalo de Kristoff. Adoraba cada uno de sus gestos, pero realmente ansiaba que le pidiera matrimonio y poder unir sus almas pasa siempre y formar una familia. De todas maneras, sería paciente con el adorable repartidor de hielo.

Volviendo la mirada, poso sus ojos en el gran ramo de rosas blancas que reposaba sobre una mesa de arrime. Las flores preferidas de Elsa.

Un pensamiento triste recorrió la mente de la princesa. Habiendo pasado ya varios días del juicio, la reina se mostraba decaída y meditabunda sin razón aparente. Helsignborg había accedido a devolver los botines robados, extendiendo una disculpa por el obrar de su familia. Aún así, Elsa seguía melancólica y Anna daba con una sola razón. Niklas. Elsa parecía muy entusiasmada con las atenciones del joven príncipe y aquello debía haber supuesto una gran decepción. Ahora, Niklas se desvivía todavía más en atenciones para con la reina, pero el daño estaba hecho. También estaba Hans, que parecía un fantasma que recorría los pasillos del castillo, totalmente sumido en sus pensamientos.

Me pregunto qué estará tramando esa mezquina cabeza suya, pensó Anna, frunciendo sus delicadas cejas.


Estoy enamorado de Elsa. Y ella ama a Niklas, pensó Hans dándole un puñetazo rabioso al colchón de su cama. Será cuestión de tiempo. Lo perdonará y seré el pobre infeliz que tenga que servirle el té a la hermosa pareja, meditó con amargura. El pecho le dolía ligeramente, producto de los sentimientos negativos que rondaban su mente. Posó la mirada verde y triste en el pequeño rectángulo aterciopelado que descansaba sobre su mesa de noche. Dentro se posaba el relicario que había mandado hacer especialmente para la reina días atrás. Se suponía que en la fiesta de la cosecha de Arendelle las personas obsequiaban cosas a aquellas por las que sentían profundo afecto. Sólo le bastaba el momento oportuno para darle a Elsa el regalo, a expensas de hacer el ridículo frente a ella. El relicario se abría en tres partes, en una reposaba una imagen de los difuntos reyes de Arendelle, en el medio una de Anna y el último estaba vacío. Debía reconocer que Elsa era una copia fiel de su madre, con excepción del color de cabello.

Los toques de Kai en la puerta lo sacan de sus cavilaciones.

"Su majestad ha pedido que suban el desayuno al despacho" Dice Kai, detrás de la puerta.

Y voila. La oportunidad perfecta para darle el regalo. La sola idea de hacer eso le agitó el corazón. Nervios. Temía tanto el rechazo que le sudaban las palmas. Se había sentido rechazado toda su vida por sus hermanos, pero sentir el posible rechazo de Elsa era cien veces peor. No tenía ningún motivo para aceptarlo y aún con Niklas en una situación horrible como la suya, estaba en mejor posición. Por lo menos no había intentado matarla.

Con suspiró de resignación se puso de pie y marcho a cumplir con sus tareas.

Una vez en el despacho, la reina lo esperaba sentada detrás de su amplio escritorio. Aquella mañana había elegido vestirse de purpura y negro, con los bordados nórdicos de flores y hojas decorándole el escote. El rodete francés dejaba en evidencia su pálido y largo cuello, donde deseaba enterrar su nariz y respirar su aroma.

"Buenos días, Hans" Saludó amable la reina, despegando la vista de los escritos que tenía delante.

"Buenos días, Elsa" Respondió Hans, había retomado la costumbre de llamarla por su nombre.

Se acercó al escritorio y rápidamente dispuso el desayuno. La caja del relicario parecía quemarle dentro del bolsillo de su pantalón de gabardina azul.

"Tengo un obsequio para ti" Dijeron al unísono y se sonrojaron.

Hans sacó de su bolsillo la caja de terciopelo y observó que Elsa tomaba un libro entre sus manos.

"Espero que sea de tu agrado" Murmuró con nerviosismo y timidez, el pelirrojo.

"Estoy segura que sí. Toma, recién llegado de París. Lo hice traer especialmente, porque sé lo mucho que te gusta el mar" Dijo Elsa, con las mejillas rosadas, tal y como a él le gustaba.

Cobijó entre sus manos la encuadernación "Veinte mil leguas de viaje submarino" por Julio Verne. Elsa sabía quién era su autor favorito. Amo a esta mujer, pensó Hans antes comenzar a ojear con afán el libro.

"Es fantástico" Exclamó con entusiasmo, observando como ella toma entre sus finos dedos el colgante.

"Hans… es hermoso" Suspiró la reina. "¿Me ayudas?" Pidió amablemente.

El pelirrojo prácticamente corrió hasta posarse detrás de la reina. Ajustó el collar en su debido lugar y no pudo evitar aspirar un poco del dulce aroma de su cabello, olía a vainilla y canela, a la brisa suave del otoño.

"Muchas gracias. Es un detalle precioso…" Comenzó Elsa, mirándolo a los ojos.

La puerta se abrió de improviso, dando lugar a que Olaf y Ginger entraran cargando una canasta consigo. Desde que habían dado origen a la risueña muñeca la dupla era inseparable, como dos hermanitos de hielo que iban de aquí para allá.

"Buenos días, majestad. Venimos a dejarles unas manzanas. Son las primeras de la cosecha y un obsequio que envía el pueblo de Arendelle en señal de eterno cariño a su preciosa gobernanta" Dijo galante Olaf, señalando la canasta.

Hans se apresuró ayudarlos. Las relucientes y rojas manzanas se veían sumamente apetitosas. Estaba terminando de colocar la canasta sobre la mesa, cuando el príncipe Niklas hizo su entrada triunfal. Poco quedaba ya del cabizbajo príncipe. Al parecer su ego había vuelto a flote con el correr de los días y el hecho de que actuara como si nada comenzaba a irritar a Elsa.

"¿Manzanas, Westergard? Eso es bajo incluso hasta para ti" Puntualizó desdeñoso el rubio, portando consigo una maravillosa y gran caja dorada con un intrincado moño blanco. "Para ti, mi dulce reina"

"Las manzanas son cortesía de Arendelle, Krull" Dijo entre dientes el pelirrojo, enfatizando el apellido del príncipe.

Elsa tomó el presente y deshizo el moño ante la mirada atenta de Niklas. Chocolates. No cualquier chocolate, eran chocolates Lindt traídos de Suiza. Un manjar muy poco común en un sitio tan alejado como Noruega.

"Muchas gracias, Niklas" Dijo Elsa, tomando un chocolate. Luego ofreció a los demás.

El rubio tomó uno, pero parecía ligeramente decepcionado. ¿Para él no había ningún obsequio?, se preguntó Hans y una llama de esperanza se encendió en su ser. Una oportunidad quizás.


Sus dedos con perfecta manicura delinearon una a una las plumas blancas que adornaban la máscara que usaría en el baile por cortesía de Anna. Diminutos cristales negros delinearían sus ojos y emularían la mirada de un cisne, puesto que ese era el animal que inspiraba su atuendo. Un hermoso cisne blanco. Como si se tratara de una bailarina sacada de una obra de Tchaikovski.

Siempre que tenía que lidiar con esa clase de eventos no podía evitar sentirse nerviosa, aunque tenía sus poderes bajo su estricto control y nada podía salir mal, guardaba aún en su haber los terribles recuerdos de la noche de su coronación.

"Estás lista. Sólo falta la máscara" Anunció Gerda con una sonrisa.

Elsa la observó a través del espejo, devolviéndole una sonrisa tímida. En aquella ocasión luciría un vestido blanco decorado con perlas y cristales, la cintura ceñida con un delicado moño y los brazos cubiertos hasta el codo con una fina capa de encaje traslucido, como si llevara escarcha. La espalda iba casi por completo al descubierto.

"Luces muy hermosa. Estoy segura que más de uno caerá rendido a tus pies, pequeña" Dijo el ama de llaves, pellizcándole con suavidad las mejillas para darles un poco de color. "Se bien de uno que lo hará."

"¿Quién?" Preguntó con curiosidad la reina, mientras se ponía los pendientes de diamante.

"Ah. No me corresponde a mi decirlo" Respondió risueña la mujer, sin abandonar su aura misteriosa.

Elsa asintió con una sonrisa cordial y cuando la mujer se retiró del cuarto, no pudo evitar correr hacia donde había dejado posado el relicario. Lo abrió por sus tres partes y contempló las que estaban rellenas. Sus padres y Anna. Las personas más queridas. Pero aún faltaba una.

Se mordió el labio de sólo pensar en quién podría ocupar aquel lugar.

Golpearon a su puerta.

"Adelante" Anunció la reina.

"Los zapatos, Elsa" Escuchó decir a Hans, mientras se abría la puerta.

La expresión de sorpresa en el rostro del mayordomo no hizo otra que provocarle un profundo sonrojo.

"Eres hermosa" Confesó el pelirrojo, inclinándose ante ella para ayudarla a calzarse.

"Gracias" Mustió la rubia.

Sintió un agradable vuelco en el estomago cuando las manos de Hans tomaron con delicadeza su pie envuelto en sus medias blancas. Los dedos en su tobillo se sentían como un fuego abrazador y necesidad de que esos mismos dedos recorrieran la piel tierna de sus muslos no ayudaba en nada a su rostro cada vez más enrojecido.

"Hans" Suspiró.

Él sólo alzó la mirada desde su posición. Una mirada cargada de complicidad, deseo y algo más que aún no lograba descifrar.

"Dime" Murmuró el mayordomo, levantándose con lentitud.

Elsa meditó sus palabras dado que lo único que deseaba pedirle es que la acariciara entera como si no hubiese mañana. Pero, claramente, no podía decir tamaña atrocidad.

Su corazón palpitó embravecido ante la cercanía con aquel hombre que llevaba días nublándole los pensamientos. Él era su primer pensamiento de cada mañana. Meneó la cabeza, sintiéndose muy confundida.

"Nada. Te veré en el baile" Respondió al fin.

"Desde luego" Mustió Hans y abandonó la habitación, dejándola sola y sumida en sus pensamientos.

Se desplomó en la cama, con tan poca gracia que su madre, en su rol de institutriz, la hubiera regañado bastante. Estaba yendo en contra de todas sus lecciones. No se concentraba. Sentía.


El baile se desarrollaba bullicioso y alegre como se esperaba que fuera un baile de esa envergadura. En el salón principal, la corte de Arendelle. En los jardines y la explanada del castillo, el pueblo. Miles de luces reflejaban los colores cada persona hubiera elegido para su atuendo. La princesa Anna iba de verde y rosa, como si fuera la diosa de la primavera, con una máscara decorada por flores. El grandulón Kristoff iba de azul con una máscara negra. Pero todas las figuras, la que más resaltaba era Elsa. A penas si podía respirar en su presencia.

No pudo evitar levantar la mirada y verla una vez más, como llevaba haciendo toda la noche. Se veía magnifica en medio del salón, bailando como un gracioso cisne. Aunque odiaba su pareja de baile. Niklas, vestido de negro. Como el cuervo vil que era.

"Creo que tu también deberías divertirte, muchacho" Susurró por lo bajo el metre, apenas separando los labios, estoico al lado de la mesa principal, donde Hans acomodaba unas copas. "Gerda tiene algo para ti en las cocinas"

"¿Seguro que…?" Comenzó dubitativo el pelirrojo.

"A la cocina. AHORA" Objetó Kai con voz firme.

Hans asintió y se marchó apresuradamente a las cocinas. Gerda lo recibió con una amplia sonrisa.

"Aquí estas, jovencito. Ven. Tengo algo para ti" Dijo la mujer, señalando un bulto de ropa que tenía entre las manos. "Sé que has dejado tu ropa de gala en las Islas del Sur. De modo que te he confeccionado un traje con los colores de Arendelle"

"¿Cómo?" Soltó sorprendido, abriendo mucho sus grandes ojos verdes. "No era necesario, Gerda. No me molesta trabajar en el baile y…"

"¿Y dejar que ese petulante príncipe acapare la atención de la reina? Hans, quizás obraste muy mal en el pasado. Pero creo que todos tenemos arreglo y merecemos una segunda oportunidad" Explicó la mujer, entregándole la ropa. "Cámbiate y ve a divertirte".

"Muchas gracias" Dijo Hans, besando rápidamente la mejilla de la mujer.

Gerda había confeccionado un traje excelente. Le recordaba mucho al que portaba el rey de Arendelle, el padre de Elsa, en el cuadro que estaba colgado en el estudio. La máscara que usaría era un sencillo antifaz negro y para pasar inadvertido llevaba una capa oscura con capucha. Cuando se asomó por el gran salón, todos habían salido a los balcones a observar el espectáculo de fuegos artificiales.

Aprovechando la distracción, se aproximó a donde se encontraba Elsa. Posó las manos sobre sus hombros desnudos y la sintió dar un pequeño respingo.

"No te asustes. ¿Quieres hacer algo estúpido?" Susurró en su oído.

Elsa liberó una risita.

"Si, sácame de aquí" Respondió la reina.

La tomó con suavidad del brazo y la haló lejos de la muchedumbre. Para su alivio, Anna y Kristoff se encontraban en la otra punta del balcón.

"Tu vestido es maravilloso, pero me temo que llama demasiado al atención." Explicó Hans, mientras se sacaba la capa, para pasarla por encima de los hombros de la reina, cubriendo el blanco de su vestido.

"Perfecto. ¿A dónde vamos?" Preguntó Elsa, ajustando la capucha de la capa.

"Es una sorpresa" Respondió el pelirrojo sin dejar de sonreír.

Caminaron con sigilo entre las personas, buscando de no llamar la atención. Atravesaron los jardines hasta encontrar una pequeña colina dentro de los mismos. Elsa sabía perfectamente que era ese lugar. El jardín privado de su madre. La fiesta aún se escuchaba con claridad allí y las notas musicales que la orquesta estaba tocando entre las glorietas del vasto jardín flotaban por todos lados.

"Gracias por sacarme de allí, Niklas realmente me estaba aburriendo" Confesó Elsa, revoleando los ojos detrás de su máscara.

"Es un idiota" Puntualizó Hans. "No has comido en toda la noche, te he estado observando. Por eso traje esto" Agregó, revelando una cesta de picnic.

"¿Qué haría sin ti, Hans?" Suspiró Elsa, antes de atacar los sándwiches que asomaban de la canasta. "Por cierto, lindo traje"

Hans sólo libero una risita ante su comentario.

"Gerda lo hizo para mí. Es mi hada madrina, me concede ser un príncipe por una noche" Explicó mientras devoraba un sándwich de jamón y queso. Fue el turno de la reina de reír con ese comentario.

Cuando se hartaron de comer, el pelirrojo le ofreció una mano a Elsa para ayudarla a levantarse.

"¿Me concede esta pieza, majestad?" Preguntó, posicionando su cuerpo para dar comienzo a la danza. Elsa asintió y comenzó a acompañarlo con los tan aprendidos pasos de baile.

Dieron algunas vueltas al compás y no pudo evitar perderse en la inmensidad del mar que los ojos de la reina representaban para él. Casi sin proponérselo, comenzó a cantarle con entusiasmo.

My gift is my song and this one's for you

And you can tell everybody this is your song

It may be quite simple, but now that it's done

I hope you don't mind

I hope you don't mind that I put down in words

How wonderful life is while you're in the world

Elsa lo miró sorprendida, pero sin dejar de sonreír. Eso fue pauta suficiente para continuar.

I sat on the roof and kicked off the moss

Well, a few of the verses, well, they've got me quite cross

But the sun's been quite kind while I wrote this song

It's for people like you that keep it turned on

La luna la hacía brillar y los cristales de su vestido regalaban mil destellos con cada vuelta. Con cada gesto de ella se sentía más y más seguro de continuar.

So excuse me forgetting, but these things I do

You see, I've forgotten if they're green or they're blue

Anyway the thing is what I really mean

Yours are the sweetest eyes I've ever seen

La amaba. Que ella lo observara tan embelesada, la hacía amarla más. Calor, dolor, emoción. Todo junto. Como un vendaval.

And you can tell everybody this is your song

It may be quite simple, but now that it's done

I hope you don't mind

I hope you don't mind that I put down in words

How wonderful life is while you're in the world

Quería gritárselo a todo el mundo. Él, el frío y descreído de todo, decimo tercer príncipe de las Islas del Sur, había encontrado el amor y de la manera más loca y risible.

I hope you don't mind

I hope you don't mind that I put down in words

How wonderful life is while you're in the world

La estrechó contra sí y Elsa levantó la cabeza. Sin dar tiempo a nada, la besó como ansiaba hacerlo hace meses. La reina lo recibió gustosa. Sabía a chocolate y menta. Olía a rosas y promesas. Las tímidas manos de Elsa se enredaron en su cuello y cabellera, acercándolos más. La piel de su espalda era tan tersa que podría pasar la vida entera acariciándola. Sólo se separaron cuando el aire comenzó a escasear. Estaba tan sonrojada y con labios hinchados y rojos, que no se resistió y la tomó una vez más. Ella no opuso resistencia alguna, dejando escapar algunos suspiros.

"Elsa" Murmuró entre besos "Te amo" Confesó al fin, con los estallidos de la segunda batería de fuegos artificiales iluminando el cielo nocturno.


¡Hola! ¿Alguien dijo beso? :B

La canción es "Your song" de Sir Elton Jhonn, aunque me inspiré en la interpretación de Ewan MacGregor en Moulin Rouge (Hermosa película... ¡véanla! Es una orden).

Review time! Lovely and sweets reviews! :3

Lalocanaye: Bueno, muchas gracias por el cumplido, espero que ésta dosis de fic te sirva para aguantar hasta la siguiente actualización. :)

Sams Brok: Niklas es todo un misterio en realidad. De nada, siempre es un placer poder compartir una historia así con la gente del FF. :)

Jessie: Me alegro que te guste y te hayas animado a dejar un review, siempre es fantástico saber que piensan los lectores de cada cosa que una publica. Creo que volví hacerlo, a cortarlo en medio de lo más interesante. :)

TALOS X: Oh, sí. Camino libre para Hans. :)

Megumisakura: Gracias! :)

JDayC: Me alegro que te haya gustado y por lo que veo Niklas tiene un fanclub de gente que lo odia. Pobrecito. ¿Pedias una escena de beso? :)

SkyBlue05: El príncipe Niklas es todo un misterio, ¿no? Ahora tiene devolver todo lo robado. ¿Hay ladrones en tu escuela? (o.O). Estos dos tienen mucho en común, veremos cómo les va juntos.

Abby Lockhart1: jajajaj Niklas percibe tu furia y huye corriendo. :)

Ana ivet: ¡Oh! Antes de leer un fic tenes que ver que sea K para poder leerlo con tu hermanita, T y M suelen tener material más maduro. De hecho, este fic menciona algunas cosas no aptas para niños. Gracias por tu review! :)

Chiara Polairix Edelstein: ¡Oh, sí! :)

Edymar Guillen: Creo que con este capítulo agregaron sus sentimientos a la lista de cosas en común. :)

Patzylin-Donno: Hans ha hablado… ¡Al fin! :)

Chibimariana: Es que estoy super inspirada, por eso actualizo tan rápido! Gracias por hacerte un huequito para leer la historia! :)

Saludos,

Ekishka