Aceleró la moto nada más entrar en la calle Ellis Farm Dr, a las afueras de Atlanta. El ruido de la motocicleta Triumph resonó en la calle desierta de la zona residencial. Apretó el manillar acelerando al encontrarse solo en la carretera, frenando paulatinamente a medida que se acercaba a su destino. Giró a la derecha adentrándose en la entrada de la casa de dos pisos que se alzaba delante de él.

Dejando la moto al lado del Jeep Cherokee, el arquero la aseguró bien y se quitó el casco. La brisa veraniega de mediados de agosto removió sus cortos cabellos rubios y chocó contra sus mejillas. Asfixiado por la calor del mediodía, Daryl se limpió la gota de sudor que resbaló por su rostro pasando por el puente de la nariz.

Las visitas a la casa de las Peletier se habían incrementado en los últimos meses. Había sucedido de forma gradual, al principio simplemente compartían cenas algunos viernes por la noche, pero poco a poco las visitas habían aumentado en tiempo y cantidad. En ocasiones se trataba de visitas de poca duración, y otras se alargaba hasta bien entrada la madrugada. Carol y Sophia siempre le recibían con una sonrisa, e incluso, con gestos afectuosos que él con el tiempo no le había quedado más remedio que acostumbrarse.

Al inicio, durante las primeras visitas Daryl no estaba seguro de que ellas quisieran su compañía. Debido a este pensamiento, el arquero se mantuvo alejado de ellas durante algunas semanas, sin embargo, no duró demasiado, pues ellas se presentaron en su casa un domingo por la mañana simplemente para estar junto a Daryl. Fue en ese momento que el arquero captó la sinceridad en ellas. Desde ese entonces, él había ido a visitarles cada vez con más frecuencia, debido a que se negó a que ellas fueran a su casa, por las posibles visitas nada agradables de Steve. Ellas siempre mostraban una sonrisa al verlo aparcar en la entrada de su garaje. Y Daryl se sentía cada vez más cómodo compartiendo momentos con ellas. Tanto que en alguna ocasión, durante el periodo vacacional Daryl se había hecho cargo de Sophia mientras su madre trabajaba.

No obstante, aquel día no había tenido ninguna intención de hacer una visita, ni mucho menos a horas tan tempranas. Ni siquiera sabía si Carol se encontraba en casa a esas horas, sin embargo, tras salir de hacer una visita a Merle en la cárcel, inconscientemente emprendió camino a casa de Carol.

Su Jeep Cherokee aparcado a las afueras de su casa, indicaba que Carol había llegado a su hogar después de su trabajo. Con el casco colgando en su brazo derecho, el arquero se adelantó hacia la entrada, picando fuertemente en la puerta de madera. Esperó pacientemente sin obtener ninguna respuesta. Ante el silencio absoluto, el arquero avanzó por el porche hacia el gran ventanal intentando observar el interior de la casa pero no percibió ningún movimiento. El arquero volvió a la puerta, levantó su puño y golpeó otra vez. De nuevo, el silencio fue su única respuesta.

Por un instante, pensó en la posibilidad de que Carol no se hallara en el interior de su hogar, no obstante, su coche estaba aparcado a las afueras de la casa, indicando todo lo contrario.

La preocupación creció al recordar el incidente acontecido un mes atrás. Él estaba cazando cuando recibió la llamada angustiada de Carol. En ésta, ella aseguraba que Ed había entrado en su casa cuando no había nadie. Daryl dejó la caza, se subió a su moto y condujo lo más rápido que pudo hacia la casa de Carol. Al llegar allí, encontró que la puerta principal había sido forzada, y el interior estaba lleno de desperfectos.

En especial, la habitación de matrimonio dónde Carol dormía. La ropa de la mujer estaba revuelta y esparcida por el suelo de la habitación. A su vez, todas las pertenencias que se hallaban en los cajones de las dos mesitas de noche, también estaban esparcidas por el suelo. Carol no echó en falta ningún objeto a excepción de una foto de Sophia y ella, dando más validez de que el autor de dicha intrusión había sido Ed. Daryl pasó el resto del día con Carol y Sophia, mientras se aseguraba que le colocaban una cerradura mucho más segura, de forma que nadie pudiera entrar. A pesar de que Carol aseguró que estaban bien, Daryl pernoctó aquella noche en la casa, durmiendo en la habitación de invitados.

Aunque no había nada seguro que identificara a Ed, Carol había deducido que había sido él, pero no podía asegurarlo. Lo cierto es que Ed seguía haciendo sus apariciones en determinadas ocasiones: en la escuela de Sophia o en el parque, llamadas, mensajes desde números desconocidos, etc...

Por esta razón, al no obtener ninguna respuesta, el arquero se puso en alerta, temiendo que hubiera sucedido algo. Tras golpear una tercera vez sin obtener respuesta alguna, el arquero volvió a su moto dejando el casco amarrado, volvió a la puerta y comprobó que ésta estaba bien cerrada, dando por hecho que si alguien había entrado en la casa, no había podido hacerlo por esa puerta.

Rápidamente, rodeó la casa hacia la parte trasera. Sin ninguna dificultad, escaló y saltó la valla de madera de dos metros y medio, aterrizando en el pequeño terreno de la casa de Carol y Sophia. Éste estaba ocupado por una gran piscina de plástico, que Sophia hacía gran uso en esta época de tanto calor. Rápidamente, avanzó hacia la puerta trasera que conectaba directamente con la cocina. Al tirar de la puerta, ésta se abrió con facilidad.

–¡Maldita sea! –Masculló para sí mismo, enfadado tras encontrarla abierta de forma que cualquier persona que conociera el acceso por la parte posterior, podía entrar con facilidad.

El sonido de las bisagras desgastadas retumbó en toda la casa. Daryl soltó otra maldición por el ruido, al mismo tiempo que se adentró en la casa. Rápidamente, el arquero escaneó la cocina, buscando alguna pista de Carol o algo que le indicara dónde se encontraba. Sin embargo, lo que vio le dejó más inquieto. Dos bolsas llenas de alimentos del supermercado reposaban en la encimera, y una tercera bolsa se hallaba tumbada y rota mientras tres manzanas parecían haber rodado por el mármol blanco. Por alguna razón, Carol había dejado a medias la tarea de reponer la compra. Y esto no era habitual en ella.

En alerta, el cazador intentando ser lo más silencioso posible, se dirigió hacia el comedor. No se escuchaba ningún sonido procedente de ningún lugar. Subió las escaleras de dos en dos hacia la parte superior de la casa.

Una vez que llegó a la parte superior, Daryl observó el pasillo desierto que conducía a las habitaciones, buscando cualquier indicio de Carol o de algún intruso. La no presencia de ruido le puso más inquieto. Se dirigió hacia su derecha adentrándose en la habitación de Carol.

La puerta se encontraba abierta de par en par, y desde el umbral, observó el interior de la habitación. El gran dormitorio estaba debidamente ordenado, las cortinas azules y blancas estaban abiertas iluminando la cama de sábanas blancas. El arquero se adentró un poco en la estancia, percatándose que la puerta del armario que se hallaba a su derecha estaba ligeramente abierta.

Un pequeño ruido al final del pasillo, procedente desde al otro lado, le hizo girarse sobre sí mismo. Observó atentamente las demás puertas que estaban abiertas, pero no parecía haber ningún movimiento. Con cautela, se encaminó por el pasillo, pasando por delante de la habitación de Sophia observándola con un vistazo rápido, aunque no encontró nada extraño. Siguió caminando enfrente del baño, en dirección a la habitación de invitados.

Todo sucedió muy rápido cuando al pasar por enfrente del baño, sintió la presencia de alguien y sin tiempo para reaccionar fue rociado con un gas con olor a rosas. Daryl retrocedió sobre sus pasos, tapándose el rostro. Sin embargo, el ataque apenas duró un par de segundos más, aunque Daryl ya había sido rociado, y no dejaba de toser debido a que había inhalado sin querer un poco de ese gas.

–¡Oh dios mío, Daryl! No sabía que eras tú. –Al reconocer la voz angustiada, el arquero levantó la vista para ver a su atacante.

Carol, –vestida con una camiseta de tirantes de color burdeos, unos pantalones de color caqui, y con los cabellos mojados–, se inclinaba hacia él observándole para asegurarse de que se encontraba bien, mostrando preocupación ante lo ocurrido.

–¿Estás bien? ¿Daryl? –Preguntó de nuevo. Sus ojos coincidieron con los suyos, mientras el arquero estaba apoyado contra la pared intentando recuperar el aliento–. Pensaba que eras Ed. –Reconoció la mujer con voz temerosa–. ¿Estás bien?

Daryl asintió con la cabeza ante su pregunta. Carol suspiró aliviada aunque Daryl supo por su rostro que aún estaba alterada.

–¿Qué demonios era eso? –preguntó entre molesto y desconcertado. El arquero miró la mano de la mujer buscando una respuesta–. ¿En serio? ¿Con un desodorante?

Carol miró su mano, que aún sujetaba un pote metálico de color blanco y verde con las letras negras donde figuraba la marca de Dover, y se encogió de hombros. Era consciente que como método de defensa era bastante precario, pero era lo único que se le ocurrió para defenderse.

El pánico le había invadido cuando había escuchado la puerta trasera abrirse. Se había quedado paralizada, mientras el miedo se apoderaba de ella. E incluso una sensación de claustrofobia le invadió. Pero tras unos segundos de pánico, ella decidió agarrar el desodorante para atacar a esa persona. Apagó la luz, entreabrió la puerta del baño mientras el corazón martilleaba fuertemente contra su pecho durante esos segundos angustiosos. Cuando percibió la sombra del intruso acercarse a la puerta del baño, decidió apuntar contra él.

–Es lo que tenía a mano en el baño. –Aseguró la mujer con pesar–. ¿Seguro que estás bien?

El arquero miró a sus ojos azules, viendo cierto nerviosismo, miedo y preocupación. Daryl se enderezó de nuevo, sabiendo que él había sido el culpable de su estado de ansiedad y nerviosismo e intentó calmarla.

–Estoy bien, es la primera vez que me atacan con un maldito desodorante. –Murmuró con diversión, intentando desdramatizar la situación. Carol mostró una suave sonrisa al percibir la diversión en su tono–. Lo siento, no quería asustarte. –El tono de voz cambió a uno más suave mientras clavaba su intensa mirada en la suya, mostrando timidez en su mirada sabiendo que él se sentía culpable por haberle hecho creer que estaba en peligro–. Llamé dos malditas veces, y no respondías…Yo pensé… –Empezó a justificarse, pero ella le interrumpió.

–Está bien, Daryl. No te preocupes.

A pesar de que el arquero había entrado en su casa sin su permiso, confiaba en él. Sabía que sus intenciones habían sido buenas. Probablemente, él se había asustado al ver que ella no le abría la puerta y debido a la situación en la que se encontraba, entendía que hubiera pensado que estaba en peligro. Carol le dedicó una sonrisa sincera de agradecimiento por su preocupación.

–Voy a preparar macarrones con queso, ¿quieres quedarte? –La mujer se rió al ver el rostro iluminado de Daryl al pronunciar la comida y ambos se dirigieron a la parte inferior para empezar a preparar la comida.


La mujer puso a calentar el agua, mientras el arquero se mantenía sentado al otro lado de la barra americana, observando como ella empezaba a preparar la comida. Ambos permanecieron en silencio. La mujer observó al arquero después de almacenar la leche en la despensa, le miró y sonrió. Daryl le observó manteniéndose callado, aunque parecía que estaba ido. Carol sabía que sus visitas a esas horas eran inusuales, y aunque no le molestaba en absoluto, sabía que probablemente se debía a lo acontecido en la visita a su hermano.

–¿Has ido a visitar a tu hermano? –Preguntó la mujer centrando la mirada en los ojos pequeños y azules del arquero. Daryl pestañeó bajando la mirada evitándole, y Carol pudo ver en ellos dolor y confusión.

Merle llevaba preso casi siete meses y su situación en el interior de la cárcel había empeorado. Daryl sabía que las malas compañías no eran beneficiarias para él, y en el interior se estaba relacionando con gente nada deseable.

Como era habitual, Merle aprovechaba cada una de sus visitas para burlarse de él. Desde que se había enterado por las noticias de lo sucedido con Carol y Sophia, las faltas de respeto habían aumentado. A pesar de que los medios de comunicación ya no hablaban de Carol y Daryl, Merle seguía recordándole la situación llamándole nenaza y débil por dejarse embaucar en esa historia.

A cada visita que Daryl hacía a su hermano se percataba que cada vez estaban más alejados entre sí. Era su hermano, pero ya no se sentía identificado con la manera en la que él veía el mundo.

Sus hábitos habían cambiado en su ausencia: la manera de pensar, maneras de vivir, todo... había cambiado. No sabía cuándo Merle iba a salir de la cárcel, pero cada vez tenía más claro que no quería seguir teniendo la misma vida que tenía antes con Merle.

Carol sabía que Daryl era reservado en algunas cuestiones aunque a medida que habían pasado los meses, el arquero iba siendo más comunicativo. Carol lo conocía lo suficiente para saber que cada vez que visitaba la cárcel, a Daryl le afectaba emocionalmente. No sabía que ocurría en esas visitas, pero por lo que intuía no eran agradables.

Daryl asintió ante su pregunta, aunque no parecía muy interesado en continuar con la conversación. Sin embargo, Carol decidió seguir preguntándole.

–¿Cómo está? –Carol abrió el paquete de macarrones, para verterlos en el agua que ya estaba en plena ebullición.

–Igual de jodido que siempre, o incluso más… –masculló molesto ante sus propias palabras, diciendo en voz alta lo que llevaba pensando desde que salió de la cárcel. La mujer giró el rostro para observarle, intuyendo que él intentaba esconder el dolor, aunque Carol podía verlo reflejado en sus ojos.

–Lo siento. –Se lamentó la mujer con sinceridad.

No conocía a Merle y lo poco que sabía de él no era demasiado agradable, pero sabía que esto lastimaba a Daryl y realmente lo sentía por el arquero. Muy a sabiendas de que no era una buena compañía para él. Sin embargo, temía que la influencia de su hermano le perjudicara. Esos meses en que su relación de amistad había crecido, había visto cierta progresión en Daryl. No solo con ella, sino con otras personas también. Desde que coincidieron en su casa siempre había sabido que él era buena persona y un gran hombre, pero parecía que ahora más personas lo estaban viendo también.

–Bah, está dónde está porque él mismo se lo ha buscado. –Carol vio como el arquero se encogió de hombros, a sabiendas que él no podía hacer nada para remediarlo. –Suerte que no estaba junto a él sino hubiera acabado igual de jodido que él. –La mujer le miró dedicándole una suave sonrisa al saber que él mismo reconocía que con Merle su destino hubiera sido diferente.

–Estoy feliz por eso. –Ante su frase, el arquero levantó la mirada sorprendido porque ella estaba alabando todo el cambio que se había producido en él. Hubo un silencio entre ambos, al mismo tiempo que sus miradas coincidieron intensamente durante algunos segundos.

–¿Cuándo vuelve Sophia? –preguntó el arquero cortando esa conexión cómoda entre ambos.

–Esta tarde, –afirmó la mujer, y rápidamente, su rostro se tornó en preocupación. –Espero que haya hecho nuevos amigos, –formuló en voz alta esperanzada.

Tras el asunto de Ed, Sophia empezó a sufrir algunas consecuencias: algunos padres del colegio de Sophia negaron a sus hijos que se acercaran a la niña, y pronto, la pequeña se vio sola. Sophia empezó a argumentar que no quería ir a la escuela por primera vez en su vida. Aquella situación hizo que la mujer empezara a tomar medidas y entre ellas, cambiarle de colegio, pues no estaba dispuesta que nadie lastimara a la pequeña, bastante había sufrido en su corta vida. Esperaba que este cambio de colegio le beneficiara.

Carol averiguó que en su nueva escuela organizaban campamentos en pleno verano. La mujer pensó que sería una buena manera de conocer a sus nuevos compañeros antes de empezar las clases en septiembre. Además, iba a trabajar durante todo el verano de forma que le impedía estar mucho tiempo con Sophia. Le hubiera encantado poder destinar algunas semanas a irse de vacaciones con su hija por primera vez en su vida, pero no tenían ni los recursos necesarios, ni podían permitírselo. Al menos su hija podría ir a unas vacaciones con otros niños y esperaba que se lo hubiera pasado bien.

Daryl observó a Carol pues sabía que durante los últimos meses, esta cuestión había sido un quebradero de cabeza. El arquero había visto a la pequeña salir de la escuela con lágrimas en los ojos, debido a todo lo que estaba sucediendo en el colegio, él esperaba también que ella estuviera bien.

–Vienen a las cuatro. ¿Quieres venir conmigo? –preguntó la mujer ante la posibilidad de que ambos fueran a recibirla en su llegada de su campamento. El arquero se mantuvo en silencio aunque asintió rápidamente.

Minutos más tarde Carol ya había acabado de preparar los macarrones con queso, el arquero se levantó de su asiento. La mujer pensó que le ayudaría a parar la mesa, sin embargo se acercó al plato donde estaban todos los macarrones, alargando la mano para agarrar uno de ellos. Al ver esto, la mujer se aferró a su muñeca apartándola.

–¡No! –regañó la mujer al arquero, haciendo que él mostrara cierto gesto molesto y ella se riera por su actitud.


Carol conducía mientras Daryl estaba en el asiento del copiloto dirigiéndose a la nueva escuela de Sophia. De mientras, la mujer le explicaba que aquel día habían vuelto los dueños de la casa donde ella hacía las tareas del hogar.

Carol logró encontrar un par de trabajos por horas que consistía en limpiar casas de otras familias. El sueldo era una miseria, pero al menos esto le permitía subsistir antes de poder encontrar otro trabajo. De todas formas, durante estos meses, Daryl le había ayudado económicamente en alguna ocasión cuando se había visto muy apurada.

No había sido nada fácil, pero finalmente tras algunos momentos de dificultad la mujer había llegado a una estabilidad e independencia que ella creía que era imposible. Había sufrido muchos altibajos, pero lo había conseguido: Trabajaba, iba a sesiones con Elisa de la asociación de mujeres maltratadas, e incluso se había apuntado a clases de defensa personal, aunque Carol no estaba segura de hasta qué punto esas clases le iban a ser de utilidad cuando estuviera en algún momento complejo.

Elisa creía que la mujer había hecho grandes progresos en su evolución, y que esa Carol distaba mucho de la mujer que había presentado la denuncia de malos tratos. Carol había notado cierta evolución en sí misma, pero en algunos aspectos seguía sintiéndose insegura.

Puso el intermitente derecho mientras se aproximaban a la escuela de Sophia.

–El problema es que no sé qué va a pasar cuando empiece con los servicios comunitarios. Dudo que pueda combinar el trabajo con los servicios, y poder tener tiempo suficiente para ir a buscar a Sophia a la escuela y pasar tiempo con ella. –Se lamentó la mujer. El arquero frunció el ceño ante sus palabras.

-¿Cuándo empiezas los servicios comunitarios? - Preguntó el arquero.

-El 1 de septiembre.

Carol debía cumplir 200 horas de servicios comunitarios por mentir a la justicia en el caso del secuestro. Se había ralentizado, ya que Andrea su abogada había puesto recursos, pero Carol decidió que lo mejor era hacerlos. El lugar elegido para hacer dichos servicios era una casa de acogida para mujeres maltratadas. Ella no estaba convencida que el lugar fuera el más idóneo para ella. Sin embargo, tanto su abogada como Elisa, consideraban que podía ser un buen lugar para su crecimiento personal.

Ciertamente, aquella situación era un reto personal para ella, pero seguía sin estar convencida de que fuera el mejor lugar, ni siquiera sabía si ella era la mejor persona para hacer el voluntariado allí. Daryl la observó cómo sus facciones se endurecieron sabiendo que esa cuestión le tenía bastante preocupada.

Carol inició las maniobras para aparcar en la explanada de la escuela. Daryl observó la gran explanada que había a su izquierda, mientras a su derecha había un gran edificio donde se congregaban una gran cantidad de padres que esperaban la llegada del autobús de los niños.

–Ya hemos llegado, –anunció la mujer.

Ella salió del coche y el arquero hizo lo mismo. Caminaron algunos metros situándose cerca de los otros padres, pero al mismo tiempo separados de todos ellos.

–Nadie mejor que tu sabe cómo ayudar a esas mujeres. –Saltó de pronto Daryl, haciendo que Carol dirigiera su mirada hacia él por la contundencia de las palabras, al mismo tiempo, sorprendida pues él parecía leer sus pensamientos y sus miedos. Al coincidir sus ojos con los suyos, vio que él le observaba con intensidad, como casi siempre que le hablaba. Él estaba convencido de que podría con todo eso, aunque ella no lo tenía tan claro. La mujer negó con la cabeza.

–No es tan fácil.

–Lo sé, pero tú puedes entender a todas ellas mejor que cualquier otra persona en este jodido mundo... –Masculló el arquero con firmeza.

Ante aquellas palabras, la mujer suspiró apartando la mirada de él, observando a los otros padres que se congregaban en pequeños círculos, hablando y compartiendo anécdotas. Vio que algunos padres les observaban con disimulo. La mujer volvió a mirar al arquero que seguía observándole esperando que siguiera con la conversación.

–Pero... creo que yo... –Sus palabras fueron interrumpidas al sentir la presencia de alguien, al girar el rostro vio a una mujer alta de pelo largo acercándose a ellos.

–Hola, ¿Carol? ¿Daryl? –Saludó la mujer. Vio como los dos le observaban con cierta sorpresa e incluso con incredulidad–. Soy Lori Grimes, la mujer del sheriff Rick Grimes. Mi hijo Carl irá a la misma clase que Sophia.

–Encantada. –Saludó Carol, mientras el arquero se mantenía detrás de su amiga observando atentamente la situación.

–Siento que Sophia haya sufrido todo el acoso y que te hayas visto obligada a cambiar de colegio… –Carol se mostró sorprendida por que ella supiera todos esos detalles. La mujer dirigió una pequeña mirada a Daryl quien permanecía a su lado muy atento a todas las palabras de Lori.

–Yo también, espero que en esta escuela este bien. –Lori asintió mostrando una sonrisa a los dos.

Al mirar al arquero vio que le observaba con los ojos entrecerrados, sintiendo bastante respeto e inquietud.

En ese momento, el sonido de un motor hizo que ambas madres giraran el rostro para observar el autobús grande a lo lejos acercándose hacia los padres. Con la mirada, ambas siguieron al autocar escolar que se paró a escasos metros de ellos.

Cuando las puertas se abrieron, empezaron a salir niños de diferentes edades reencontrándose con sus familias. Carol levantó la cabeza buscando con la mirada a su hija. A pesar de que no era la primera vez que Sophia se iba a unas convivencias extraescolares, en esta ocasión se sentía más nerviosa y ansiosa por volver a verla. Finalmente, Carol vio a una niña rubia bajar del autobús y ella se adelantó en su búsqueda.

–¡Mami! –escuchó decir a Sophia y nada más acercarse se abrazó a la cintura de su madre. Carol le dio un beso en la frente con cariño mientras le abrazaba.

–Mi amor, te echado de menos. ¿Cómo te lo has pasado?

–Genial, ha sido genial, –respondió visiblemente contenta y alterada. Sophia levantó la vista hacia Daryl quien se mantenía a escasos metros, en un segundo plano viendo los reencuentros. Éste parecía melancólico observando ya no solo el reencuentro de Carol y su hija, sino a los demás padres. Al verle, la pequeña se separó de su madre y fue hacia el arquero corriendo, abrazándole también–. ¡Daryl! –A pesar de la incomodidad el arquero, abrazó levemente a la pequeña.

–¿Qué pasa, pequeña?

Carol miraba el abrazo de Sophia y Daryl con una sonrisa en los labios, al mismo tiempo que agarró la mochila de Sophia con la intención de llevarla al coche. Los tres empezaron a caminar en dirección al coche cuando una voz les sacudió.

–¡Sophia! –La voz de un niño sonó a unos metros de ellos. La niña, al igual que los adultos se giraron para ver como un niño de unos 12 años con el pelo corto le despidió con la mano. Sophia le correspondió con una sonrisa y despidiéndole de la misma forma.

–¿Quién es, cariño? –Preguntó con curiosidad.

–Mamá, es Carl. El hijo del sheriff que nos ayudó con todo lo de papá, –comentó la niña a su madre y a Daryl.


–También vimos ardillas y ciervos. –Contaba emocionada Sophia desde la parte trasera del Jeep Cherokee. Carol la observó a través del retrovisor y sonrió de verla tan emocionada. Coincidió un instante con la mirada del arquero, quien mostraba una pequeña sonrisa casi imperceptible, pero que ella percibió.

–Una vez vi un oso cuando fui de campamento co... –empezó a narrar el arquero, pero fue interrumpido por Sophia quien se había adelantado hacia el hueco entre los asientos delanteros, visiblemente emocionada.

–¿Puedo hacer un campamento contigo? –Ante la emoción de la niña, el arquero buscó la mirada de la mujer, intentando entender a Sophia.

–Sí, claro... –contestó Daryl sorprendido.

–¡Genial! ¿Y puede venir Carl? –Los adultos compartieron una mirada, justo en el momento que Carol, giraba a su derecha para entrar en la entrada de su casa, aparcándola al lado de la motocicleta de Daryl.

–Parece que te has hecho muy amiga de Carl –comentó la mujer, al mismo tiempo que la pequeña asintió desabrochando el cinturón de seguridad.

–¡Sí! Es muy divertido. –Nada más pronunciar estas palabras salió del coche. Los adultos hicieron lo mismo, aunque la mujer se dirigió hacia el maletero para agarrar la mochila de Sophia. Daryl observó a la niña quien esperaba pacientemente en la entrada de la casa a que su madre y Daryl fueran hacia ella, pero sin embargo, el arquero se puso al lado de la mujer compartiendo una mirada de preocupación.

–No sabía que el hijo de Rick iba a esa escuela. Espero que no sea un problema. –Habló Carol en tono bajo, que solo él pudiera escucharle. El arquero observó a la pequeña que le estaba llamando para contarle otra de sus alucinantes anécdotas.

–Eso espero. –Murmuró antes de ir hacia ella.

–¿Daryl me enseñarías a disparar con arco? En el campamento hicimos un poco de tiro con arco, me gustó mucho. Quiero aprender. Y Carl también... Pero no para matar animales. Solo quiero tirar al arco. –Explicaba la pequeña mientras Carol ya se había acercado a ellos dos y estaba introduciendo las llaves en la puerta.

–Cielo, respira. –Le dijo Carol sorprendida, al igual que Daryl por ver a Sophia con ese estado de excitación. En ese momento, el sonido del celular de Carol se escuchó de fondo, señal que la mujer acababa de recibir un mensaje.

–Sí, puedo enseñarte –Contestó el arquero observando a la niña, mientras Carol miraba el móvil.

–Genial. Cuando vaya a la escuela se lo diré a Carl, estará encantado de que...

–Sophia, –interrumpió Carol–, Daryl y yo primero hablaremos con los padres de Carl para ver si puede.

–Pero mamá, él quiere aprender y no hay nadie que sepa disparar mejor que Daryl. –Señaló al arquero, haciendo que éste se sintiera halagado.

–Lo sé pero... sus padres deberán decidirlo, ¿está bien? –preguntó la mujer a su hija ladeando la cabeza levantando las cejas. Sophia bajó la mirada y bufó.

–Está bien, –se resignó finalmente ante las palabras de su madre.

–Y ahora a ducharte, para quitarte todo ese barro que tienes en el cuerpo. Yyy... –Carol alargó sus palabras haciendo que Sophia se le quedará mirando con expectación ante lo que iba a decir–, voy a preparar unas hamburguesas para chuparos los dedos. ¿Te apetece? –Propuso la mujer mirando a su hija, quién se le iluminó la mirada ante la propuesta.

–¡Sí! –Contestó la niña visiblemente emocionada antes de girarse y subir las escaleras hacia la ducha.

Daryl observó a la mujer, y supo que algo estaba ocurriendo debido a que el hermoso rostro de Carol se inundó de pavor en cuanto Sophia desapareció del salón. Al acercarse a ella pudo leer por encima de su hombro el mensaje que acababa de recibir, Carol le mostró el celular para que pudiera leerlo mejor. Sus sospechas se confirmaron, se trataba de un mensaje amenazante. Rápidamente Daryl supo quién era el autor del mensaje.

–Hijoputa –masculló con rabia el arquero. Levantó el rostro para advertir que en sus facciones aún se evidenciaba el estado de pánico. Daryl avanzó hacía ella, centrando su mirada en sus ojos intentando transmitirle tranquilidad–. Hey, ¿estás bien? –preguntó con suavidad.

Carol parecía algo aturdida, centró la mirada en él, antes de asentir.

–Sí, sí. Es solo... que estos mensajes... yo... –tartamudeó inquieta. Respiró profundamente antes de continuar hablando–. Sé que a veces me sigue. Y desde que él entró en casa, estoy un poco más nerviosa... y cada vez que... le veo... –Daryl le escuchaba atentamente sintiéndose impotente por no saber qué hacer ni que decirle para que se tranquilizara–. Lo que más temo es que si le veo... vuelva con él. –Concluyó la mujer explicando uno de sus mayores temores.

–¡Por supuesto que no! –Masculló medio enfadado–. Le rociarías con un maldito desodorante... –dijo con seriedad pero con un toque de diversión. Carol le observó y no pudo evitar sonreír. Vio en los ojos del arquero cierta diversión, Daryl iba a recordarle ese incidente siempre.

–Cállate –Daryl le miró con una media sonrisa, mientras volvió a dirigirle una mirada de gran intensidad.

–Lo digo en serio... Además seguro que podrías darle una muy buena patada en el culo de gilipollas que tiene.

Carol se rio sabiendo que hacía referencia a las clases de defensa personal. La mujer negó con la cabeza insegura. Internamente, ella pensaba que sí en algún momento se presentaba una situación en la que tenía que defenderse, se paralizaría. A pesar de ese pensamiento, Carol prefirió no comentarlo en voz alta y simplemente siguió con la broma.

–Todavía no me han enseñado a dar patadas en los traseros... pero quizá me puedas enseñar tú. Seria más interesante hacer una clase contigo en vez que con el señor Cooper... –dijo con diversión pero con un toque en su voz diferente al utilizado habitualmente. El arquero se quedó paralizado, sin entender a qué se refería, pero era evidente que se estaba burlando de él.

–Pff, ¡para! –contestó el arquero ante sus palabras. Ella se echó a reír, antes de que ambos se dirigieran a la cocina.

Carol con ayuda de Daryl preparó unas hamburguesas de ternera y con pan de hamburguesa que a Sophia le encantaban. No era habitual que su madre hiciera este tipo de comida, aunque a ella le encantaba y solía hacerlo en ocasiones especiales. Aprovechando el buen tiempo, Carol propuso cenar al aire libre en la terraza, ambientados por la luz del hermoso atardecer de verano y por las inagotables anécdotas de Sophia.

La cena estuvo llena de anécdotas de Sophia, de Daryl y alguna de Carol. La mujer empezó a narrar que ella en su juventud no había sido especialmente amante de los campamentos, después de que a los 12 años se cayera al lago mientras intentaba pescar. E incluso, la cena fue ambientada por las risas de la pequeña por las disparatadas anécdotas de los adultos o porque Daryl, en su afán de engullir, se había manchado las comisuras y la barbilla de kétchup.

Tras cenar, Carol y Daryl se fueron a la cocina para despejar la mesa del exterior para jugar algún juego con Sophia. Los adultos se entretuvieron en la cocina durante algunos minutos, mientras dejaron la difícil tarea de escoger un juego a Sophia. Daryl volvió a salir al exterior para agarrar los últimos platos sucios, sin embargo se encontró con una imagen diferente a la que esperaba.

Sophia se había quedado profundamente dormida apoyada su cabeza contra la mesa de madera, mientras a su derecha estaba el juego que había escogido. Sin ni siquiera pensar y con cuidado de no despertarla, la levantó en brazos llevándola hacia el interior de la casa. La pequeña no se despertó y solo se acomodó mejor contra el cuerpo del arquero, buscando mejor comodidad en sus brazos.

Nada más entrar en la cocina, Carol quien aún estaba distribuyendo los platos en el lavaplatos, elevó su mirada sorprendida al ver la imagen del arquero sujetando a su hija profundamente dormida en su hombro.

–Se ha dormido, –comunicó Daryl a Carol, cuando sus ojos coincidieron con los suyos.

–Oh, debe de estar cansada del viaje.

Y sin decir nada más, el arquero emprendió camino hacia la parte superior de la casa, para llevarla hacia la habitación de la pequeña. Carol siguió los pasos del arquero, para ver como Daryl la depositó en la cama con sumo cuidado, aunque fue la mujer quien la arropó y le dio un suave beso en la frente, antes de que ambos abandonaran la habitación dejando que durmiera plácidamente.

Daryl ni siquiera había pensado en lo que acababa de hacer, simplemente había actuado por instinto al encontrar a la pequeña durmiendo en una posición incómoda en la parte exterior de la casa.

–Gracias, Daryl. –Agradeció la mujer mientras bajaban las escaleras por el gesto que acababa de tener con su pequeña. Él se encogió de hombros como si no hubiera hecho nada importante.

Aunque Sophia no estaba, no les impidió que los adultos se pusieran a jugar a las cartas, normalmente compartían conversaciones, un vino o una cerveza pero era poco habitual que jugaran. Sin embargo, encontraron en esa actividad divertida y entretenida, donde incluso les arrancó risas, cuando Daryl perdía en todos los juegos que Carol proponía. Bien entrada la madrugada, Daryl se despidió de la mujer para ir a su casa, a pesar de las insistencias de Carol de que podía utilizar la habitación de invitados.


Daryl caminó sigilosamente entre los arbustos frondosos de los bosques de Atlanta. Con la ballesta en mano, recorría en busca de algún animal que pudiera cazar y vender. Vio una ardilla en lo alto de un pino y lo siguió hasta lanzar una flecha. El animal cayó al suelo, tras anudarlo en la cuerda siguió con su camino. El sonido de una rama crujir le hizo girarse rápidamente, pero le pareció que no era nada. Siguió caminando algunos kilómetros más, parándose justo cuando llegaba a un granero abandonado y apartado.

–Ya puedes salir, –gritó en voz alta mirando a su derecha. De ahí, un hombre con unos vaqueros y una camisa gris apareció de la nada, acercándose a él. Ese hombre de ojos azules, pelo rizado miró hacia los lados antes de quedar detenido a apenas a un metro de él –¿Qué pasa, sheriff? No habíamos quedado hoy, –masculló Daryl sorprendido.

-Lo sé, ¿sabes algo nuevo?

–Nada, el muy hijo puta lleva fuera de la ciudad desde hace tres meses, al parecer está de vacaciones. Es lo único que me dicen. Aunque mandó pegar a otro desgraciado. –Al ver que el sheriff bajaba la cabeza inquieto–. ¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

–Nada que no sepas, como dices, pegaron a Andy Rubens ayer. ¿Sabes quién es?

–Sí, era uno de sus clientes más fieles.

–Al parecer, dejó de cumplir con sus exigencias, y Steve mandó pegarle para suplicarle su deuda. Acabamos de saber que ha muerto esta mañana.

–¡Mierda! –se lamentó el arquero.

–Eso no es todo, Daryl. –El arquero levantó la vista hacia el sheriff que iba vestido de paisano. Se llevó una mano a los bolsillos, sacando un papel arrugado de él, ofreciéndoselo a Daryl–. Hemos encontrado esto escondido en los bolsillos de Andy. –El arquero frunció el ceño, antes de alargar la mano agarrando ese papel. Lo desdobló y nada más identificar de qué se trataba, la rabia le inundó por completo.

Hijoputa –masculló más enfadado.

Se trataba de una foto de Sophia y Carol, más concretamente la foto que Carol tenía en su habitación y que tras la supuesta invasión de su casa desapareció. Ella había pensado que había sido Ed, Daryl tenía sus dudas, pero ahora sabía que se trataba de los hombres de Steve.

–Han sido ellos, ¡hijos de puta! –volvió a gritar lleno de rabia.

–Sí, eso es lo que pensamos… Creemos que era un mensaje para nosotros.

–Por supuesto, porque saben que trabajo para la mierda del Sheriff.

Rick le escuchó entendiendo la rabia que sentía al saber que había puesto en peligro a ambas. Pero él decidió ignorar sus insultos, porque entendía su estado.

–Sé que es una situación difícil. Y debemos tener cuidado. Es probable que vayan a por ti y a por ellas. Esa foto no estaba allí por casualidad, querían que lo viésemos.

–¡Te dije que esto era una maldita idea. Te lo dije... Y si les pasa algo a ellas...! –Rick miró a Daryl quien descargaba su rabia y su ira.

–Hey, Hey, Daryl. Mírame. –El arquero quien parecía bastante nervioso le miró haciéndole caso–. Te prometí que a ellas no les va a pasar nada. Lo voy a cumplir, ¿Confías en mí? –El arquero le observó atentamente, pensativo y tras algunos segundos asintió–. Está bien. Aunque ya no es necesario que nos escondamos, creo que será mejor mantener las distancias aún. Cualquier cosa que consideres extraña llámame y dímelo. Coches extraños en tu casa o en la puerta de Carol. Cualquier cosa. Tú les conoces mejor, así que si consideras que están en peligro. Llámanos. ¿Vale? –El arquero escuchó las indicaciones antes de asentir.

–De momento, con Steve fuera de la ciudad no podremos hacer demasiado, pero en cuanto venga pondremos en marcha la operación. –El arquero asintió aunque seguía moviéndose nervioso–. Daryl, ten cuidado, ¿vale? –Volvió a asentir de nuevo.

–Tú también, sheriff.


¡Hola Carylers!

¿Qué tal están? Como podéis comprobar es un capítulo muy largo y con muchas situaciones nuevas, es por ello que he tardado más en escribir el capítulo.

El capítulo está situado aproximadamente seis meses después del último capítulo. Soy consciente que he podido pasar por alto algunas situaciones; así que si tenéis curiosidad por conocer alguna situación en concreto, decídmelo e intentaré introducirla en la historia. De todas formas, el tener que hacer un salto temporal implica poner al día muchas cuestiones a los lectores y temo que el capítulo haya quedado muy descriptivo –y por lo tanto aburrido–.

Debido a este salto temporal, he querido hacer más visible la evolución en la relación entre Carol y Daryl. Como ya sabemos, es una historia de slow burn y necesitan tiempo para conocerse crear vínculos más íntimos. Mi intención es que en este punto, ambos personajes estén casi como en la tercera temporada.

En este capítulo, también quiero hacer hincapié en la evolución de ambos personajes. En el caso de Daryl, puede que no sea tan evidente, pero el cambio se produce en el hecho de que él se ha percatado de su evolución. Es por ello, que utilicé como referencia una frase de Daryl de la S3 cuando él dice que hubiera acabado igual que los presos que había en la prisión. En el capítulo Daryl reconoce que si hubiera seguido con su hermano, hubiera acabado igual de mal que Merle.

En el caso de Carol, hay cierta evolución, aunque aún le queda un poco más de camino por hacer. A diferencia de la serie, la muerte no esta tan presente como en TWD, así que esa sensación de saber defenderse no es tan prioritaria como en el show. Es por esto, que aunque este aprendiendo defensa personal, es algo que aún tiene bastantes inseguridades encima. De todas formas, he querido introducir este detalle, para que más adelante ella sea capaz de defenderse sola de cualquier situación difícil. Y estas clases le darán mucha seguridad en ella misma.

Me gustaría aclarar la frase: "Lo que más temo es que si le veo... vuelva con él" Esta frase también la he cogido de referencia a una escena de la serie; más concretamente cuando Daryl se va con Merle. Carol mantiene una conversación con Beth y en esta conversación deja claro que ella ni siquiera está segura de haber superado la manipulación emocional de Ed a pesar del tiempo que ha pasado y de que este muerto. El hecho de que él siga estando vivo hace que ella tenga más miedo al efecto que pueda tener sobre ella si se lo encuentra o interactúan en alguna ocasión.

Como ven, he debido incluir a la familia Grimes, pues considero que tanto Carl como Lori son importantes en la evolución de Sophia y Carol respectivamente e irán teniendo más peso a medida que avance en la historia. Siempre vi muy tierna la relación que tenían los dos pequeños y me gustó introducirla aquí, y esto ayuda a Sophia también ha avanzar y a Carol tener nuevas amistades (Un pequeño apunte, Lori no es precisamente uno de mis personajes preferidos, peeeero considero que para Carol es importante)

La escena de Daryl llevando a Sophia en brazos, me apetecía mucho escribirlo, pero temo que no estaba demasiado segura si introducirlo, pues aún tiene cierto recelo al contacto físico, pero creo que puede ser ayudar a la evolución del arquero. Me gustara saber que opinan al respecto.

Respeto a la relación Rick-Daryl, siempre he pensado que Rick es otro pilar fundamental en la evolución de Daryl, y aunque ahora pueda quedar un poco raro que trabajen juntos en el próximo capítulo escribiré un flashback de cómo empezaron a trabajar juntos para detener a Steve y cómo el arquero empezó a confiar en el Sheriff. De todas formas, me agradará saber vuestra opinión.

Me ha parecido muy interesante que Carol haga los servicios comunitarios en un centro de acogida para mujeres maltratadas, porque creo que ayudar a los demás esta inherente a su personalidad. ¿Qué os parece?

Como pueden comprobar, es un capitulo muuuuy largo y me ha generado muchas dudas, es por esta razón que me he tomado mucho más tiempo del esperado para poder escribirlo. Así que espero que puedan disculparme.

Agradecer a Lexa una vez más por ayudarme con sus comentarios y valoraciones del capítulo que me ayudan muchísimo. Y como siempre millones de gracias a todos ustedes por leer, comentan y votan el capítulo. Me animan muchísimo saber que les gusta y sobre todo por la gran fidelidad que muestran. Estaré encantada de conocer sus opiniones respecto a la historia, tanto si les agrada como si no J

Un abrazo enorme. Nos leemos muy pronto.

San.