No pude evitar sonreír al ver el celular desechable oculto en la baranda del puente peatonal, volví a colocar la trampilla antes de sacar el dispositivo de la bolsa plástica, marqué el número de memoria y esperé a que la llamada conectara. No quería admitirlo pero estaba un tanto nerviosa, no estaba segura de cómo se tomarían los demás mi regreso especialmente después de haber desaparecido por más de medio año.

–Hasta que al fin llamas– saludó una voz conocida, el joven al otro lado de la línea sonaba algo irritado– ya estoy en camino, espera diez minutos– añadió y colgó.

Ese era Ren, un gran amigo, alguien de confianza en ese mundo tan jodido era difícil de encontrar pero nos considerábamos uno al otro de esa manera, o al menos así era antes. Ren me conocía mejor que cualquiera, había sabido comprenderme muchas veces antes, pero también habíamos peleado infinidad de veces, nos habíamos desahogado uno con el otro de formas que otros no entenderían. Bajé a la acera, él no demoraría mucho, ocho meses atrás mientras estábamos en una de las casas seguras fue la última vez que nos vimos, aquella vez Toshiro de poco más de un año dormía en mis brazos.

No tienes que hacerlo, puedes apoyarte en mí, Haruka.

No para esto, Ren, no podemos arriesgarnos a una guerra ahora, mucho menos con este niño de por medio– dije mientras besaba los cabellos azabaches del bebé.

Lo quiero tanto como tú– la mano de Ren acarició la cabeza del pequeño con cariño–¿crees que es lo mejor para él separarse de nosotros?

Mientras el viejo me esté pisando los talones, sí. Akihito sabe de ti, pero aún no sabe de Toshiro, si no estoy cerca no tiene motivos para atacarte.

Déjalo conmigo entonces.

Tienen formas de descubrir quién es este pequeño, intentarán usarlo para hacerme regresar.

Puedo protegerlo, a los dos.

Lo sé, pero no estamos en condiciones de librar una guerra, aún no.

El sonido de la moto me hizo voltear de inmediato, Ren tenía unos veintidós años, ojos grises y helados, su pelo completamente negro, me sacaba al menos una cabeza en altura, ten pronto se quitó el casco enterizo y pude ver nuevamente su rostro me quedé en blanco por un momento en el que no cruzamos una palabra.

–Así que, decidiste regresar.

–En realidad tuve que apresurar un poco los planes– respondí regresando a la realidad.

–Entonces vamos– me dio un casco y me indicó que subiera tras él, en cuanto lo hice me abracé a su cintura.

–Te extrañé, pequeña.

–Y yo a ti, vamos, es hora de comenzar una guerra.

–Bien– en su voz había la seguridad y el desafío que conocía, usualmente anunciaba problemas y diversión, muchísima diversión.

–¿Finalmente decidiste regresar? –fue lo primero que dijo Reino en cuanto entré a la sala de conferencias.

Allí estaban reunidos otros cuatro Fantasmas, sentados alrededor de la larga mesa, Reino con el cabello teñido de rubio, aretes y un aspecto irreverente que resultaba atractivo a cualquier chica, nuestro experto en comportamiento sabía de sobra como manipular a una persona para que hiciera bueno, lo que fuera que él quisiera. A su lado estaba Mei la más joven del grupo de apenas catorce años, vestida con el uniforme de su preparatoria y el largo cabello negro atado en una cola alta, nuestra pequeña genio tecnológica y la mejor hacker que había visto en mi vida.

–No seas bruto, Reino–protestó mientras se levantaba y caminaba hacia mí para darme un abrazo– estaba muy preocupada, Haru.

Sabía que se refería a aquel día en el Club, fue ella quien me ayudó a tenderle la trampa a Akihito.

–Mei tiene razón, no seas aguafiestas, Reino – Kazu siguió a Mei e instantes después estaba envuelta en sus brazos, el chico de cabello y ojos miel era un genio químico, conocía prácticamente toda sustancia en el mercado y era capaz de sintetizarlas, llevaba pantalones café y un pulóver color vino de mangas largas, un chico muy dulce y alegre.

–Sólo está así porque extrañaba a nuestra princesa, –el tercero en venir hasta mí fue Xin– que en lugar de abrazarme me dio un beso en la mejilla ganándose que yo pelizcara las suyas con fuerza.

–Tienes muchas agallas, pequeño

–Y yo que creía que nuestra relación había mejorado– protestó con lágrimas en los ojos porque no lo soltaba– azúcar, suéltame por favor.

–¿Cómo acabas de llamarme?– casi gruñí aumentando la fuerza de mi agarre.

–¡JEFA, HERMANA MAYOR, GENERAL, AMA, HARUKA SAMAAAAA!

Lo solté y dejé escapar un suspiro, el comenzó a masajearse las mejillas mientras hacía pucheros. Era increíble que una persona que parecía tan irresponsable fuera capaz de desempeñarse como nuestro enlace en los negocios menos, honorables de nuestro pequeño grupo, además de ser un experto en finanzas, podíamos resumir que si algo se le daba bien eran los negocios.

–Si ya terminaron con los saludos, tenemos trabajo que hacer, Kyo no vendrá hoy– Ren habló en tono autoritario él era el encargado de la seguridad en el grupo además de haber sido mi segundo al mando por mucho tiempo, cuando me fui la responsabilidad recayó sobre él.

Ocupamos los asientos en la mesa, para mi sorpresa Ren me indicó que ocupara mi lugar de siempre, a la cabeza y él se ubicó a mi derecha, lo siguieron Reino y Mei, a la izquierda Kazu y Xin.

–Si nuestra querida Maestra de Ceremonias está de regreso, quiere decir que este circo de fenómenos regresa a dar funciones– comentó Reino– pero…

–Sí, sí, Reino, sé a dónde quieres llegar, nunca les expliqué del todo por qué me fui, y tampoco les he dicho por qué regresé. Conozco más de sus historias que lo que ustedes conocen de la mía, al menos de la mayoría de ustedes– aclaré mirando a Xin y Kazu de soslayo que sólo sonrieron en respuesta, esos dos habían sido los últimos en unirse al grupo y sus pasados eran bastante misteriosos especialmente el de Xin, de Kazu habíamos obtenido bastante información pero el pelirrojo era mayormente un misterio– no les diré todo sobre mí, creo que ninguno de nosotros lo haría y esa fue justamente una de las bases que acordamos cuando comenzamos a "trabajar" junto s – no pude evitar sonreír ante la elección de palabras y ellos tampoco.

–No exigiría tanto, Haruka, lo sabes.

–Deberías dejarme terminar de hablar. Quieren saber cuál es el plan, qué movida estuve haciendo durante este tiempo y se los diré. Hace poco menos de dos años nació Toshiro, eso todos lo saben, como saben también que decidí mantenerlo conmigo a pesar del peligro que correría. Pero eso cambió hace un año, –en ese punto todos me veían expectantes– Nishimura Akihito me localizó, en un primer momento dudé de sus intenciones y le permití acercarse más de lo que debía, aunque gracias a eso descubrí quiénes eran los responsables de la muerte de los padres de Toshiro. Nishimura Ootori y su primer nieto, Akihito, al parecer el viejo descubrió la implicación del doctor y su familia conmigo, así que decidió darme un escarmiento.

–¿Fueron los Nishimura los que esquivaron nuestras defensas?– Ren estaba lívido por la ira, aunque hablaba en un tono calmado, dos años atrás nuestro nombre ya era lo bastante fuerte pero nuestra posición dejaba que desear, éramos algo descuidados. Ren nunca se había perdonado por su falta de experiencia que había costado la vida de uno de nuestros integrantes y su familia.

–Ya que nos movimos inmediatamente después de la muerte del Doctor, Akihito no fue capaz de rastrearme hasta un año después, y estuve en contacto con él por unos meses, en los que él no me delató con los Nishimura, hasta que descubrí la verdad.

–¿Tiene que ver con esa semana en la que desapareciste cierto?–esta vez fue Xin quien interrumpió, sólo pude asentir mientras ocultaba un estremecimiento, nunca había dicho lo que sucedió en esa semana a nadie y prefería mantenerlo así.

–Sí, gracias a eso también descubrí que tenían formas de localizarnos y comencé a trabajar con Ren en medidas de contingencia, sin embargo necesitaba ganar tiempo y hacer unas gestiones.

–¿Durante ocho meses?

–Así es, planeaba que fuera un poco más, pero alguien dio con mi ubicación, han pasado un montón de cosas desde entonces– comenté evitando tener que hablar sobre mi secuestro o sobre Sesshomaru, al menos de momento.

–Hay algo que no entiendo; ¿por qué ocultar a Toshiro?– Reino estudiaba mis reacciones a cada pregunta pero no fui yo quien respondió, en lugar de eso le hice una seña a Kazu.

– Porque si alguien supiera de él lo perseguirían al igual que persiguen a Haruka, ya que ambos llevan la misma sangre. Cuando el pequeño nació sabíamos que no viviría más allá de unas horas, su corazón estaba demasiado débil, era incapaz de respirar por sí mismo. El doctor estaba destrozado así que Haru chan le hizo una propuesta que pareció descabellada pero como no había nada que perder, aceptó.

–¿Su sangre?–Mei me veía estupefacta– ¿Entonces los informes eran ciertos? ¿Es por las propiedades de tu sangre que los Nishimura te persiguen?

–Sí, mi sangre y sí a todo lo demás. Aún no estamos seguros de cómo funciona, pero al parecer las propiedades regenerativas de mi sangre son completamente genéticas.

–Parte de su código es increíblemente rara, casi no parece humana, si tuviéramos muestras de ADN de su madre y padre podríamos avanzar más pero, lo único que sé a ciencia cierta es que su sangre puede ser tanto una medicina como un veneno.

–Y ese es el verdadero motivo por el que la familia me buscaba, al menos mi abuelo, el debería hace más de diez años pero la sangre de mi madre lo mantuvo con vida, mejoró su salud lo suficiente para que fuera asesinado por su nieto.

–Las reuniones familiares de los Nishimura deben ser de lo más divertidas – Xin apoyó la barbilla en una mano.

–Así es, tanto que pienso comenzar a asistir a ellas como Nishimura Haruka.

–Entonces, mente maestra ¿lista para presentarnos tu plan?

Esa noche llegué al departamento de Sesshomaru cerca de las nueve, todo el valor que había reunido esfumándose con cada cifra del código que introducía, cuando abrí la puerta las luces se encendieron automáticamente, su apartamento parecía una extensión de su oficina, con un estilo moderno, líneas simples y espacios abiertos, blanco, negro y terminaciones niqueladas se mezclaban con toques de rojo, debía admitir que su decorador era excelente al lograr un equilibrio para nada agresivo, aunque eso era sólo el recibidor. Estaba casi segura de haberme tardado unos diez minutos recorriendo el piso, cada espacio era nuevo e interesante, perfectamente limpio y ordenado; pero no había rastro de su propietario, eso no me lo esperaba y me irritó más de lo que quería admitir.

–No entiendo cuál es su juego– dije para mí entrando a la cocina, profesional y completamente equipada, era el sueño de cualquier cocinera y ciertamente hasta el momento mi lugar favorito en el departamento. Fue entonces que noté el papel cuidadosamente doblado sobre la encimera, ponía Haruka en uno de sus lados.

Trabajas mañana temprano, tu habitación no tiene seguro puesto.

No había necesidad de firmar la nota, casi podía escuchar su tono monocorde, arrugué el papel luego de leerlo. Mis emociones eran un remolino, alivio, fastidio, dudas, todos se mezclaban por culpa de esa estúpida nota, alivio de que no tendría que estar a solas con él, fastidio porque él no iba a estar allí y dudas, qué significaba para mí Sesshomaru y qué era yo para él. Ese hombre lograba poner mi mundo de cabeza con nueve míseras palabras en un papel.

Un poco corto pero cada vez tengo menos tiempo y les pido disculpas por tardarme tanto en actualizar. La uni drena mi fuerza vital… Si han leído hasta aquí, pues muchas gracias por acompañarme a lo largo de esta historia, quiero que sepan que no pienso dejarla a medias así que no se preocupen. Me encantaría saber qué opinan y si tienen cualquier pregunta estaré encantada de responderla.