Capítulo 10
El fin de un pacto
El demonio ya había dado alrededor de diez latigazos a la espalda de Eleni. La sangre ya no solo resbalaba por la parte interna de su muslo izquierdo, sino que también lo hacía por su espalda, y goteaba en el suelo.
Los ojos rojos del demonio reflejaban el deseo por esa alma. Pero se contenía de llevársela sin un contrato porque sabía que había un shinigami cerca que vigilaba sus movimientos. Si no hubiese sido por el dios de la muerte el demonio habría tomado esa alma hacía mucho.
- ¿Ya estás lista para hacer un contrato conmigo o debo seguir purificando tu alma? – preguntó el demonio - ¿No lo sabías? El dolor purifica el alma, así lo dice tu Iglesia.
- ¡Ve…te al in…fier…no! – dijo Eleni con dificultad.
- De allí vengo, y allí volveré, pero no antes de llevarme tu alma – el demonio había caminado hasta estar frente a la duquesa y ella pudo ver su mirada irónica - ¿No entiendes? Si quieres salvar tu vida debes hacer un pacto conmigo, es la única forma. Tus demonios no regresarán. Te sacaré de este lugar y te traeré a todos aquellos que estuvieron involucrados en la muerte de tu familia. Sabes que puedo hacerlo. No querrás morir sin que los culpables de tu desgracia paguen, ¿o sí?
- ¡Tú no sa…bes nada de… mi! ¡No me co…noces! ¡Vete a otro lugar por otra alma, porque ésta no te pertenece! ¡Yo sé que ellos vendrán, yo tengo un contrato y cumpliré mi palabra!
- ¿Tienes idea siquiera del horror al que te someterán cuando te descubran aquí, y a sus hombres muertos? ¿Sabes lo que te harán?
La pared frente a Eleni se iluminó repentinamente y en ella la duquesa pudo ver las imágenes de un grupo de hombres que rodeaban a una pareja en el suelo. Era ella siendo violada por uno de los marinos, que luego fue sustituido por otro. Las imágenes se sucedieron una tras otra a gran velocidad. En las últimas imágenes que vio era torturada, y luego arrojada por
la borda, aun con vida.
- Ese es tu futuro, es lo que te espera – dijo el demonio – y en el no veo a los demonios que te sirven.
- ¡MENTIRA! ¡ESAS SON SOLO MENTIRAS! – gritó Eleni, sacando fuerzas de la ira.
Sabía que lo que había visto era probable, pero aun así tenía la leve esperanza de que su mayordomo y su administrador aparecieran y le cerraran la boca al demonio que tenía frente a ella. Había algo en ese sujeto que le recordaba a alguien y que le daba un mal presentimiento.
- Aun así terminaré devorando tu alma, cuando esos hombres acaben contigo – el demonio se acercó a Eleni y le habló al oído. – Si vas a morir al menos acaba con aquellos que te han dejado en ésta situación.
- Si pudieras devorar mi alma, con solo quererlo, ya lo habrías hecho. Sé que no es tan fácil para un demonio alimentarse de un alma, no intentes manipularme, he tenido buenos maestros en eso.
- Aunque ellos vengan… – el demonio rió antes de continuar – En realidad solo uno de ellos estaría en condiciones de venir, y no sería suficiente contra mí. – Sacó de entre sus ropas la daga que había lastimado a Ciel. – Sería fácil para mí el matarlo.
- ¡Fuiste tú! ¡Tú nos atacaste en el bosque! – ella había reconocido el arma con la que habían atacado a Ciel.
- ¿Y que si lo hice? Soy un demonio que haría cualquier cosa por cumplir sus objetivos, y en estos momentos tú eres mi único objetivo. Si tengo que enfrentarme a un dios de la muerte por ti, lo haré, pero podrías hacerme las cosas más fáciles ¿no crees?
- ¡JAMÁS!
- Eso pensé, lo cual es una lástima. Pero te haré un servicio antes de acabar contigo. ¿Quieres saber quién o quiénes son los responsables de lo que te ocurre actualmente?
Ante estas palabras Eleni pareció interesada.
- Veo que si quieres saberlo. Pues bien, te lo diré. Tu querida tía, Lady Marie Covington, es la responsable de que seas transportada hacia quien sabe dónde. Por supuesto, también fue la responsable del ataque en el bosque, yo solo me encargué de darle un efecto especial con la
Melech – el demonio observó su daga y la acercó a uno de los ojos de Eleni. - ¿Te gustaría perder un ojo?
Eleni se removió en el lugar, intentando alejarse de la daga que brillaba peligrosamente junto a uno de sus ojos. El demonio rió al ver la reacción de la duquesa y alejó la daga.
- No te preocupes, no te lastimaré… mucho, solo lo necesario para obtener lo que quiero. En cuanto al resto de los ataques, déjame decirte que tu tío Agnus, asesinó a tus padres. Tu primo Archivald fue el responsable de la muerte de tu prometido, tu tutor fue asesinado por tu tía Laura. En realidad si buscas acabar con aquellos que fueron responsables de la muerte de tus seres queridos, son la mitad de tu familia. Lo más divertido de todo, es que entre los responsables comenzaron a asesinarse también, porque sospechaban que tenían el mismo plan. Y la última que se ha unido al club de culpables es tu tía Marie. Encantador ¿no te parece?
Eleni estaba confundida, todos aquellos que había nombrado el demonio estaban muertos, con excepción de su tía Marie. Si lo que decía era cierto, toda la vida había estado rodeada de asesinos.
- ¿Por qué debería creerte? – Eleni hablaba con más claridad.
- Porque no tengo motivos para mentirte. Además yo fui quien influenció a todos ellos en contra tuya.
- ¿De qué hablas?
- ¿No es obvio? Necesitaba un alma como la tuya, y la única forma de conseguirla era
orillarla hacia la necesidad de realizar un pacto.
El demonio estaba confesando que él había sido el causante de todas las desgracias que le habían ocurrido a lo largo de su vida, incluso reconoció que había influido en Jocker para que la secuestrara cuando era solo una niña. Y ahora años después la tenía frente a él y el propósito por el cual había tramado todo esto era única y exclusivamente por poseer su alma.
Cuando había estado tan cerca de lograr el objetivo por el que había trabajado tanto, dos demonios habían aparecido en su camino y estropeado sus planes.
- Pero ya no hay nadie que pueda salvarte ahora. Tomaré tu alma y ni siquiera ese shinigami que te observa podrá impedirlo. – Dijo él.
El demonio hizo amague de apuñalarla. Eleni se encogió en sí misma y miró hacia un lado esperando sentir como la daga entraba en su carne, pero nada ocurrió. Miró al demonio y éste lo observaba sonriendo.
- No es de esta manera como se toma un alma como la tuya. Con mis propias manos y labios, así es como la tomaré. – Dijo él.
El demonio se acercó a ella, intentó acariciarle el rostro, pero ella se resistió, la tomó de la cintura y la apegó contra él, mientras que con la otra mano tomó su cara con firmeza para que quedara frente a su rostro. Acercó sus labios a los de la duquesa, mientras ella le devolvía una mirada llena de terror.
- No acepto que pongas tus sucias manos sobre mi cena – dijo una voz entre las sombras del cuarto.
El demonio se alejó de Eleni con sus ojos rojos brillando de forma peligrosa. Nuevamente en su mano apareció la daga, con la cual se lanzó contra la figura que se dibujaba entre las sombras.
- ¡Sebastian, cuidado! ¡Esa es el arma con la que atacó a Ciel! – gritó Eleni.
- No se preocupe my lady, un demonio como él sería incapaz de hacerme daño – dijo Sebastian haciéndose visible y esquivando el primer ataque de su oponente, y dándole un golpe que lo dejó levemente aturdido.
El demonio mayordomo con un rápido movimiento que la duquesa fue incapaz de ver, cortó las ataduras que la mantenían colgando del techo, y la sostuvo entre sus brazos, cubriéndola con la gabardina que llevaba puesta.
- Siento la tardanza, mi lady, – dijo Sebastian – pero pronto solucionaremos este pequeño inconveniente. Por favor espere pacientemente en este rincón.
Sebastian dejó a Eleni en uno de los rincones y se lanzó de inmediato sobre el demonio que ya venía en su ataque.
Sebastian quería acabar rápido con su oponente, debía salvar a su amo, y en esos momentos no había nada más importante para él.
El demonio nuevamente atacó con su daga mata demonios, pero Sebastian lo esquivó y le dio un golpe en la muñeca para que soltara el arma. No hubo el resultado que el mayordomo esperaba y debió tomar otras medidas. Se fue contra él empujándolo contra la pared, tomando su muñeca y retorciéndola para que soltara la daga.
- Al parecer no eres tan fuerte – le dijo Sebastian sonriendo, solo puedes con novatos.
Los ojos del demonio se pusieron rojos e intentó deshacerse de Sebastian, pero el mayordomo era mucho más fuerte. Finalmente la daga cayó al suelo, muy cerca de los pies de la duquesa, y Sebastian aprovechó para propinarle una serie de golpes a su oponente que lo dejaron débil y sangrante en el suelo.
- No eres nadie, no eres nada. Solo un patético intento de demonio. Este será tu fin – Sebastian hablaba con total tranquilidad, pero sus ojos reflejaban la ira que sentía por lo ocurrido con sus dos amos, especialmente con Ciel.
El mayordomo fue a darle el golpe de gracia, pero la voz de Eleni lo detuvo.
- Espera Sebastian – la duquesa se acercaba a ellos. Se había puesto la gabardina de su mayordomo y llevaba la daga en su mano derecha – El es mío, él se reconoció como culpable y responsable de todas las desgracias ocurridas a lo largo de mi vida, por lo tanto yo debo acabar con él, y no habrá nadie que lo salve.
- Como ordene - Sebastian sonrió como siempre lo hacía cuando estaba satisfecho de la actitud de sus amos, se apartó unos pasos del demonio que sangraba a sus pies, y le permitió a Eleni acercarse.
- Este es tu pago por convertirme en lo que ahora soy – dijo Eleni, y con la misma daga del demonio, lo apuñaló directo en el corazón.
El demonio no alcanzó a decir nada, solo abrió desmesuradamente sus ojos, y luego los cerró, para siempre.
Eleni se tambaleó en el lugar y fue atrapada por Sebastian.
- Lamento tener que decirle my lady que aun no puede descansar. Mi amo la necesita, doblemente ahora.
- ¿Qué ocurrió Sebastian? ¿Cómo está Ciel?
- Necesita de su ayuda, de su sangre y su alma.
Eleni lo miró con el temor reflejado en su rostro, no esperaba que una vez cumplido su deseo sus demonios tomaran su alma tan pronto.
- Para salvar a mi joven amo necesito su sangre, y el pago por los servicios del demonio que nos ayuda es un alma – dijo Sebastian.
- ¿Eso quiere decir que ustedes no tomarán mi alma? - Eleni recibió la noticia como un balde de agua fría.
- Yo no quisiera otra cosa más que devorarla, my lady, pero debo velar por el bien de mi amo, y su venganza ya está saldada. – Sebastian se había acercado al rostro de Eleni y había levantado su barbilla, quedando a escasos centímetros de sus labios.
El corazón de la duquesa comenzó a latir rápidamente.
- "No" – pensó ella – "No quiero que las cosas terminen de esta manera, no quiero que mi alma se la lleva un demonio cualquiera".
