Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es de bornonhalloween, yo sólo la traduzco.
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Hola, ya estoy aquí de nuevo, perdonad el retraso, para compensaros os dejo con un capítulo de 42 páginas de word nada más y nada menos.
Espero que las disfrutéis :)
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Capítulo beteado por Flor Carrizo
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Capítulo 11: Diez años
^EPOV^
—Os voy a entregar una página con algunas de las estrofas más interesantes. En general, yo diría que hicisteis un gran trabajo en parejas y probasteis un formato diferente. Seguid adelante y tomaos el tiempo de leer esto mientras yo os paso vuestros ensayos
"Muy descriptivo y aplaudo su uso del color verde en un sentido figurado. Su poesía sobre los celos realmente me pone los pelos de punta. Sus estilos de escritura se mezclan sin problemas, yo no puedo decir de quién son esas líneas. A."
—¿Puedo verlo? —ella preguntó.
Sentí mis labios torcerse en una amplia sonrisa feliz mientras ella leía.
—Si me hubieras dicho hace tres meses que mi clase de escritura de primer año no sólo sería mi clase favorita, sino que además conseguiría una A, bueno...
—Tu incredulidad hubiera igualado a la mía si me hubieras dicho que estaría despertándome a las 6:45 en mis días libres para trabajar en mi tiro corto.
Me tuve que reír.
—Touché.
O) (O
—Esta semana cada uno de vosotros va a escribir una carta a su yo de diez años, en quinientas palabras, podéis escribir desde el presente, el pasado o el futuro, lo que mejor se adapte a vosotros. Escribid lo que penséis que él o ella deba saber. Divertíos con esto, pero mostrarme algo sustancioso. Nos vemos el miércoles.
La clase empezó a salir.
—Así que… ¿qué noche es mejor, Bella? ¿Bella?
—Oh, lo siento. ¿Qué estabas diciendo?
—Hey, ¿todavía quieres salir conmigo esta semana, verdad? —le pregunté, sosteniendo mi pánico a raya.
—Por supuesto.
—Uf, pensaba que estaba perdiendo mi toque. Te estaba preguntando qué día te viene mejor, si martes o miércoles.
—Vamos a quedar el miércoles, de esta manera habremos acabado con la revisión.
—Por Dios, ¿tan malo soy? —Retorcí mi cara en una mueca fingida.
—No, Edward. Tú no, esta asignación. Es que va a ser un poco... difícil, eso es todo.
Rápidamente hice el cálculo y me di cuenta de que Bella a los diez años estuvo tratando con algo.
—Oh, mierda. Lo siento, Bella.
—No es tu culpa, Edward. —No, eso no lo fue. Pero no me di cuenta de que era lo que le había hecho agonizar durante los últimos diez minutos.
—Te diré algo. Tú eliges qué hacer mañana por la mañana: golpear, saltar, ir al campo de prácticas, lo que sea. —Sonreí esperanzado, deseando que sus recuerdos inolvidables disminuyeran.
~BPOV~
—Riley, ¿es mi imaginación o estás torturándome un poco más de lo normal hoy?
Él sonrió tímidamente.
—Connor se presentó en mi casa a la una de la madrugada del domingo. Puede que lo esté pagando un poco contigo.
—¿En serio? Él parecía estar bien cuando me dejó.
—Cinco más. No estaba tan bien.
—Lo siento, Riley. Me gusta mucho Connor. Es sólo que...
—Edward. Lo sabemos. Ahora el lado derecho. No te culpes, Bella. Nunca debería haberle dado esperanzas. Era obvio que había algo entre tú y Edward. Mi pobre hermano nunca tuvo una oportunidad.
—Espero que podamos continuar con nuestro acuerdo. Me gusta mucho Connor y yo estoy feliz de haber sido capaz de ayudarlo. Y, definitivamente, no quiero renunciar a mis entrenamientos contigo.
—Yo no te dejaré caer ahora, Bella. ¡Tres más, vamos!
O) (O
Abrí la puerta a las 7:20 y Edward estaba listo para tocar. Sus ojos bailaron con alegría cuando vio que estaba usando su chaqueta. Me deleité con el hecho de que me quedaba enorme, me hacía sentir pequeña y delicada.
Él llevaba un montón de capas, comenzando con un cuello alto y terminando con un chaleco de lana. Cómo alguno de los dos moveríamos nuestros palos, iba más allá de mí, pero no podía importarme menos. Ese era mi tiempo de Edward y estaba disfrutando cada minuto.
—¿Quieres que te devuelva tu chaqueta? —le pregunté con la esperanza de que me dijera que no.
—Claro que no —dijo sonriendo.
—Así que, ¿has tomado tu gran decisión?
Quiero lo que siempre quiero: los brazos de Edward alrededor de mí.
—Campo de prácticas.
—Está bien, pero hoy vamos a hacer las cosas bien. Nada de testosterona.
—Estaré segura y me controlaré a mí misma esta vez.
O) (O
Él estaba de pie frente a mí, con las piernas cruzadas y apoyado en su palo, viéndose delicioso. Me dio su cuña.
—No hemos hecho esto desde hace tiempo. ¿Recuerdas lo que hablamos?
—Vagamente. —Yo no quería molestarlo o hacerle creer que no estaba prestando atención. Realmente quería que me lo mostrara de nuevo. Una y otra vez.
—Apártate, mira la pelota, síguela a través de... ¿nada de eso te suena? Muéstrame un movimiento de práctica. —Lo hice.
Hice más de un esfuerzo para hacerlo, pero entonces perdí la pelota absolutamente.
—Mira la pelota. Inténtalo de nuevo.
Le di otra oportunidad y perdí por completo el equilibrio. Él me estaba mirando, dándole vueltas a qué decir a continuación.
—¿Qué tiene que hacer una chica para conseguir un poco de ayuda por aquí? —le pregunté con fingida exasperación.
Captando rápidamente ese momento, Edward se escabulló rápidamente detrás de mí, moldeándose a sí mismo en mi espalda y moviendo sus brazos para cubrir mis manos en la empuñadura.
—Aquí vamos —dijo en una voz baja que no estaba usando antes—. Apártate, golpea la pelota y síguela. Estás demasiado tensa, suéltate. Vamos de nuevo. ¿Preparada? Golpeas y la sigues. Golpeas y la sigues. ¿Sientes eso?
Infiernos, sí, siento eso. Tu boca está justo al lado de mi oreja y estás respirando en mi cuello. Tus músculos están flexionados a mi alrededor. Tu cuerpo está situado cómodamente con el mío y creo que voy a derretirme ahora y te dejaré que me lleves lejos...
—¡Eso es! ¡Lo estás haciendo! —Su murmullo excitado me hizo salir de mi trance.
¿Qué? ¿Yo? Yo no estoy haciendo nada. ¡Oh!
—Un paso adelante. ¿Preparada? ¡Vamos a golpearla!
La pelota voló y se detuvo justo antes de llegar a la bandera roja de cien metros.
—¡Mierda! —Él observó con soltura mientras llevábamos a cabo nuestro final escultural.
—¿Has sentido eso, Bella? Ese fue un movimiento de golf.
¿En serio? Pensé que era más de un mal golpe mío, pero si él era feliz, yo también.
—Debe ser la chaqueta —murmuré.
^EPOV^
Nunca le pregunté a Bella lo que sucedió en su cita, así que mantuve un ojo sospechoso en sus espaldas mientras Emily y yo revisamos el seno, coseno y la tangente. Mi chaqueta estaba cubierta por la parte trasera de la silla, mi nombre estaba claramente estampado a la vista de todos. El lenguaje corporal de Connor parecía un poco diferente ese día, estaba sentado en sus manos y en realidad había un poco de aire entre ellos. Bien.
—Bella, espera —dije en voz alta. Connor se fue por la otra dirección—. Déjame acompañarte de regreso al dormitorio.
—Creo que de hecho voy a volver a entrar y escribir mi esquema.
—Oh, está bien. —Le aparté un poco de pelo de la cara y lo puse detrás de su oreja—. ¿Me llamas más tarde? Déjame saber que estás bien.
—Claro —dijo.
No pude resistirlo y no vi por qué no debería, así que me incliné y la besé.
—Adiós.
O) (O
Mientras tanto yo tuve mis propios pensamientos serios sobre qué hacer con un Edward de diez años. Revolví mi cajón de la mesa para buscar la foto que sabía que encontraría: papá y yo ganando nuestro primer torneo de golf de padres e hijos en el club.
Decidí tomar la perspectiva de mi propio futuro, digamos a los 35 años, sólo por diversión. Calculando para entonces, ¿tendría una carrera sólida como profesor profesional de golf, tal vez una mujer y un hijo? ¿Qué querría contarle a ese pequeño e inocente individuo en la foto? Sobre todo, usar una de las palabras favoritas de Emmett, relax.
Mi esquema fluyó muy fácilmente una vez que empecé. En primer lugar, me gustaría consolar al pequeño explicándole que no era estúpido después de todo, sino una víctima de una situación desagradable llamada dislexia, que era un gran dolor en el culo, pero algo que se podía superar con mucho trabajo. Entonces yo le decía que sus padres tenían razón... sobre absolutamente todo. La práctica hacía la perfección, era importante beber leche y comer espinacas, y realmente se arrepentiría de mentir al dentista sobre el hilo dental en sus dientes. Y también consolé a ese chico por su apariencia torpe. Ese tono rojizo en su pelo loco lo abandonaría, el mentón cuadrado que ellos llamaban "cara Superman" y esas cejas espesas serían la envidia de todos los hombres que conocía y de muchos que no conocía. Y sobre el tema de las chicas, bueno... ellas no tenían piojos.
Metí mi portátil en mi mochila y miré mi reloj. Eran las 19:15 y todavía no había oído nada de Bella.
B: ¿todavía en la biblioteca? E
E: Sí. Destripando todo. Ya casi lo tengo. xb
Bueno, al menos tengo la "x". Eso tiene que ser una buena señal.
¿Nos vemos en la cafetería? E
Prefiero terminar con esto. ¿Nos vemos en tu cuarto? b
Claro. E
O) (O
Toda una hora más tarde, ella finalmente me dijo que había terminado. Estaba esperando en su puerta con una ensalada que había traído para cenar.
—¿No echas de menos tu ensalada esta noche?
—Gracias, Edward, ha sido muy amable por tu parte. Iba a tener una barrita, pero esto es mucho mejor. ¿Quieres entrar?
—Claro, voy a hacerte compañía mientras comes.
—Entonces, ¿qué vamos a hacer mañana por la noche?
—¿Cómo te sientes acerca de los bolos?
—Me encantan los zapatos, no juego a los bolos para salvar mi vida.
—Eso es porque nunca te he mostrado cómo hacerlo —le dije con confianza.
—Oh —ella contestó—. ¿Este es un día de instrucción?
—Sí. ¿Es eso un problema?
—Simplemente parece que tal vez yo debería tener la oportunidad de enseñarte algo por una vez.
—¿Quieres decir además de Psicología y de escribir un documento que me haga tener una A?
—Nada de eso realmente haría una cita muy emocionante —observó ella.
—Está bien. ¿Qué quieres enseñarme?
—¿Qué hay del piano? —ella sugirió, sonriendo ampliamente.
—Mira, eso suena mucho más difícil que el golf y los bolos —le dije, ligeramente asustado de cómo verdaderamente horrible podría ser esa nueva actividad.
—Bueno, Edward, eso es sólo porque nunca te he mostrado cómo hacerlo —respondió ella, reflejando mi sonrisa arrogante de antes.
~BPOV~
A pesar de que todo el mundo casi siempre se sentaba en los mismos asientos, Edward había buscado dos sillas apartadas en la esquina de la habitación. No podía culparlo, yo ya había tenido varios estallidos emocionales en la revisión por parejas y no había razón para pensar que ese día iría todo sin problemas.
—Es tu elección, Bella. ¿Quieres empezar tú o empiezo yo?
—Wow, tengo que elegirlo todo de repente. Los ejercicios golf, las actividades en las citas, ahora esto...
—Te estoy cortejando —dijo él, añadiendo una sonrisa adorable.
Sí, seguro que lo estaba.
Saqué mi cuaderno y se lo pasé a mi compañero, a mi amigo, a mi besador, a ese tipo que había llegado a significar tanto para mí. De inmediato él comenzó a hacer esa cosa en la que frotaba su dedo índice hacia atrás y hacia adelante a través de su barbilla. Él estaba caminando a través de mi dolor y probablemente no se dio cuenta, pero su cabeza se sacudió ligeramente a medida que avanzaba. Lo había hecho y sus ojos se movieron con cautela hacia los míos. Yo no le culpé por no responder. Había una maraña de dolor tan profundo que él probablemente no sabría por dónde empezar.
—Bella… —comenzó, su voz era ronca y vacilante—. ¿De verdad todavía crees que se fue por tu culpa?
—Me he dado cuenta de que ella tenía algunos defectos de carácter y no era fácil vivir con ella. Pero ella y mi padre se amaban y estaban haciéndolo muy bien hasta que empezaron a estar en desacuerdo sobre la manera de tratar mis defectos.
—¿Tus defectos? ¿Quieres decir que a veces rastreabas la cocina? ¿O que no practicabas el piano durante más de dos horas todos los días? ¿O... —Él miró hacia abajo, a mi esquema para más munición—. ¿O que tus amigos a veces te llamaban a casa después de las nueve?
Asentí con la cabeza en silencio, los recuerdos de mi vergüenza y mis fracasos aparecieron sobre mí. Él, discretamente, no mencionó mi cambio alarmante y repentino hacia mi obesidad.
—Por lo tanto, ¿tu padre te defendía a ti y tu madre se enfadaba con ambos?
—Básicamente.
—Lo siento, Bella —él dijo en voz baja, casi sonaba derrotados—. No me corresponde a mí decirlo, pero no puedo dejar de sentir mucha rabia porque te hagan sentir que de algún modo eres responsable de que tu madre os abandonara a los dos. Quiero decir, tú eras sólo una niña, por el amor de Dios. Se supone que no eres perfecta. Se supone que los padres lidian con cosas así.
Me reí con una horrible carcajada.
—Creo que pasaron por alto ese capítulo en el manual de crianza de los hijos.
—¿No puedo ofrecer a esta pobre y triste chica algo para ayudarla a pasar a través de esa tormenta de mierda que está a punto de absorber su virtud? —Él cerró el cuaderno ligeramente, casi protectoramente.
—¿Debería alinear los clichés? El tiempo cura todas las heridas. No estaba destinado a ser así. Dios no te da más de lo que puedes manejar. Todo es una mierda, Edward.
—Pero tú has logrado seguir, incluso aunque todavía estuvieras atrapada en la creencia de que realmente causaste su abandono. ¿Cómo has logrado superarlo?
—¿Qué otra cosa podía hacer? Charlie y yo teníamos que seguir adelante.
—Y lo hiciste. Dile eso... ¿tal vez?
—Me gustaría decirle que no ahogue sus penas en Mallomars y fettuccine Alfredo, porque esa mierda no me sirvió de nada en absoluto.
—Creo que deberías —me animó, sintiendo que tal vez íbamos a sobrevivir a esa hora, después de todo.
—Y tal vez incluso le diré que un día, en la clase de Inglés de su primer año, un chico le dará el mejor beso de toda su vida entera.
—Probablemente ella apreciaría saberlo justo ahora —él estuvo de acuerdo.
Él lo había hecho de nuevo y esa vez yo no solté ni una sola lágrima.
—Está bien, basta de mí. Vamos a ver el tuyo.
Él deslizó su esquema en mi mesa.
—Espera —dijo, cubriendo el papel con una sola mano—. Tengo una ayuda visual. —Mi curiosidad creció a medida que Edward buscaba alrededor de su mochila, finalmente sacó un fino cuaderno. Abrió la tapa frontal, cuidadosamente sacó una foto y me la dio.
Una versión más joven del doctor Cullen, vestido con pantalones de color caqui y un polo de color azul brillante, entrecerraba los ojos por el sol y sonreía ampliamente a la cámara. Su brazo izquierdo se envolvía alrededor de los hombros de su hijo, vestido de manera similar. Entre los dos llevaban un gran cuenco de plata, lo que explicaba el título: Campeones padre/hijo del Club Orange Country de 2003. Acerqué más la foto para darle una buena mirada al pequeño Edward. Su gorra oscura hacía poco para contener la maraña de su pelo rubio-marrón-rojizo. Y aunque la visera de la gorra ensombrecía su rostro, pude ver fácilmente sus brillantes ojos verdes y una sonrisa tan amplia como toda su cara. La brillante y feliz expresión de Edward sólo era superada por el orgullo paternal de Carlisle.
Como las patas de gran tamaño de un cachorro labrador retriever, anuncian la versión adulta de sí mismo, el cuerpo de diez años de edad de Edward prometía que se convertiría en el hombre musculoso sentado a mi lado.
—Yo soy el de la derecha —Edward se burló, la incongruencia de su voz varonil me sacó de mis ensueños sobre el chico.
—¿Entonces fue ese tu primer trofeo?
Reflexionó por un momento y luego sonrió con nostalgia.
—No es mío. Pero fue nuestra primera vez como un equipo.
—¿Cuántos de estos hubo?
Él sonrió.
—Siete más después de este. —Se rió suavemente y dijo—: Ellos estaban muy aliviados cuando cumplí los 18 años y me convertí en inelegible.
—Dios, tu padre parece tan orgulloso.
—El golf fue el legado que podía pasarme, una vez que quedó bastante claro que no iba a ser médico.
—¿Cuando sucedió eso?
—En algún lugar alrededor de la guardería —dijo riéndose—. Así que, de todos modos... —indicó su alrededor.
Con un suspiro de ensueño, pensé en el joven Edward y profundicé en su entorno. Él había sido especialmente creativo en esa ocasión, eligiendo la perspectiva única de un yo futuro. Era difícil saberlo a partir de tan solo las frases rotas del esquema, pero parecía que también había elegido un tono caprichoso. La ligereza de su enfoque abrigó mi oscuridad anterior como una dulce capa pegajosa de Pepto Bismol, calmando un estómago irritado.
—¿Qué? —me empujó, exigiendo saber lo que yo estaba leyendo en estos momentos.
—¿Tú tocabas el fagot? Es sólo que no lo veo.
—Mamá pensó que deberíamos estar bien enseñados, pero eso sólo duró hasta que ella se enteró de cuánto dolor podía causar con un instrumento de viento.
—¿Significa eso que Emmett?
—En realidad, Emmett empezó con la... trompa. —Se encogió de hombros—. Sonaba como si alguien estuviera estrangulando a un alce bebé.
No pude contener mi diversión de un Emmett joven, corpulento, con la cara roja y los labios fruncidos, acurrucado alrededor de un instrumento de metal.
—¿Así que tuvieron que conformarse con dos atletas estrellas en su lugar?
—Algo así —dijo con modestia.
—Edward, esto es excelente, de verdad. Incluso sin la foto, aparece una imagen muy vivida de este niño y sus miedos, esperanzas y sueños. Y puede que incluso una idea de lo que podrías ser en un tiempo.
¿Y no me gustaría ser parte de esa imagen? Yo no pude resistir el meterme un poco en la parte más vulnerable.
—Así que, ¿cuándo exactamente aprendiste que las niñas no tienen piojos?
Entonces se sonrojó. Edward le dio una mirada exagerada a su reloj.
—Oh, ¿ves esto? Estamos fuera de tiempo.
¡Mierda! ¡Había golpeado su punto débil!
^EPOV^
Ese no era el momento ni el lugar para esa conversación. De alguna manera nos la habíamos arreglado para pasar por un momento difícil de Bella sin lágrimas y yo no estaba a punto de traer a Francesca DiLullo a escena en esos momentos. Bella levantó una ceja cuestionándome, pero yo no le dije nada.
—Quedándote con el punto, Swan. ¿Cualquier crítica útil que te gustaría añadir?
Ella se sentó en su silla, la curiosidad estaba establecida firmemente en un segundo plano. Retomando mi página una vez más, revisó mi esquema.
—Realmente creo que tienes mucho aquí, pero supongo que me pregunto acerca de cómo tu madre lo estaba haciendo en ese momento de tu vida. Quiero decir, ¿su ataque se produjo cuándo, dos años antes? ¿Ella estaba mejor? ¿Era la misma? ¿Quieres ofrecerle algún consejo a este Edward que pudiera ayudarle a él o el resto de la familia para pasar a través de eso? ¿Y cómo era tu relación con Emmett?
Feliz de estar de vuelta en territorio seguro, dije:
—Ahora me gusta más. —Por costumbre, sus sugerencias eran difíciles, pero sabias. Hizo un gesto hacia mi trabajo y yo tomé un par de notas—. Gracias, Bella.
Ella se cruzó de brazos y me miró con astucia. Yo entendía perfectamente que tendríamos que analizarla conversación que yo había cortado.
O) (O
—Bueno, ¿vas a seguir haciendo uso de mis servicios después de que la temporada de golf se acabe? —Riley me preguntó mientras yo realizaba mis abdominales.
—Sí, pero probablemente voy a reducir las clases a una vez a la semana.
—Eso está bien, odiaría ver cómo pierdes la definición que has logrado.
—Realmente te lo debo, Riley. Nunca he estado tan en forma como ahora.
—Disfruta de ello. —Se rió—. Realmente no hay nada mejor que ser un joven de 18 años, pero parece que ya lo sabes.
Por primera vez en la historia, detecté una ligera nota de hostilidad en la voz de Riley.
—¿Qué se supone que significa eso?
—Nada, lo siento. Vamos a hacer diez de las otras.
Me equilibré en mi bola roja y dejé de hacer ejercicio.
—Ri, habla conmigo. ¿He hecho algo malo?
Él dio un suspiro y dijo:
—Oh, mierda, esto es totalmente poco profesional por mi parte. Tú no has hecho nada malo. Es sólo que Connor realmente pensaba que tendría una oportunidad con Bella.
—¿Y? —pregunté esperanzado.
—Y... no lo tuvo.
Bueno, eso era nuevo para mí. Una jodida buena noticia, de hecho.
—Y realmente no debería haber planteado sus esperanzas, porque era muy evidente desde la primera vez que la trajiste aquí que los dos ibais a estar juntos.
Recordé la primera sesión de entrenamiento de Bella con Riley, su torpeza entre todas las grandes bolas de plástico, su determinación de empezar a hacer el trabajo duro. Lo que no pude desentrañar era que hubiera algún indicio de que estuviéramos interesados el uno en el otro.
—¿Lo era? —dije en voz alta.
Riley puso sus manos en sus caderas y me dio una mirada de disgusto.
—Vamos, Edward. Estabas jugando a ser el grande y malo guardaespaldas todo el tiempo, incluso volviendo a través del campus para acompañarla a su casa. ¿No crees que tal vez eso fue ir un poco más allá?
—Pshhh —exhalé, sintiéndome desinflado por la aceptación—. No es que volviera. En realidad no podía irme.
—Oh, hermano… —Él sonrió cruelmente—. No tenías ni idea, ¿verdad? Quiero decir, yo te pregunté antes de que hablara con Connor. Tú dijiste que no había nada allí. Nunca debería haberte creído.
—¿Perdona? —le dije serio. Porque lo último que yo quería, en retrospectiva, era ese tipo de competencia.
Riley negó con la cabeza, pero en su cara apareció una sonrisa divertida.
—Vuelve al trabajo, Cullen.
O) (O
—¿Puedo admitir que estoy aterrado en este momento? —confesé cuando Bella abrió la puerta.
—Prometo que seré gentil. —Cogió una bolsa de asas con una intimidante parafernalia musical, se despidió de Rose y salió por la puerta. Bella tenía una rara confianza que yo sólo había visto anteriormente cuando ella estaba explicándome los trabajos de clase. Dejando mi propia ansiedad de lado, estaba emocionado de ver a dónde iba a ir la noche.
—¿Has comido? —le pregunté.
—No. ¿Quieres comer algo en la cafetería antes?
—¿Qué hay de la máquina verde en su lugar? —le sugerí.
—Perfecto —respondió ella—. Está justo en el camino.
~BPOV~
Lo que Edward no vio era que yo también estaba aterrada. Esa noche íbamos a estar en mi territorio y yo estaba ansiosa por ser suficiente para él. Si estaba esperando que yo fuera tan increíble en el piano como él en el campo de práctica, estaba segura de que sería un fracaso. Alejé ese pensamiento a medida que me tragaba mi último bocado de quinua y me limpiaba la cara con la servilleta de papel reciclado. Él había terminado hacía mucho tiempo, había engullido todo como un hombre y realmente no había teniendo el placer de saborear la comida.
Puse mi cara de nuevo en lo que esperaba que fuera una expresión de confianza, esforzándome en levantarme de la mesa.
—¿Listo?
—Tan listo como puedo estarlo —dijo él.
Pensé que ninguno de nosotros estaba realmente con ganas de lo que vendría después. Y eso se suponía que era una cita, no una tortura.
—Edward, ¿prefieres ir a hacer otra cosa? Todavía podemos jugar a los bolos. O simplemente dar un paseo...
Él se puso de pie rápidamente y tomó mi mano.
—No, Bella. Sólo estoy bromeando. No puedo esperar a verte en acción.
Fantástico. Rompí nuestra conexión y fui a recoger mi bolsa para ponérmela por encima del hombro, pero Edward la alejó de mí y tomó mi mano entre las suyas. Si no podía estar besando a Edward, entonces la mano era mi siguiente actividad favorita. Sus dedos largos y delgados envueltos alrededor de los míos inspiraban una mini-fantasía donde Edward resultaba ser un pianista fenomenal y yo me derretía con nostalgia a su lado en el pequeño banco mientras él me cantaba serenatas con música que había compuesto para mí.
Me di cuenta de que mi marcha se había ralentizado cuando él apretó mis dedos suavemente.
—¿No me digas que estoy haciendo que te duermas de nuevo? ¡Jesús, estás en posición vertical esta vez! ¡Debo ser el hombre más aburrido de la historia de toda la humanidad!
Golpeé con mi hombro su brazo e insistí una vez más.
—Te lo dije, no estaba durmiendo.
Él se rió.
—Está bien, Bella.
Finalmente llegamos a Thomas Hall, el edificio de artes escénicas donde se encontraban todas las clases de música y salas de ensayo. Saqué mi llavero de mi bolsa y abrí la puerta. Un tono penetrante se escuchó desde el teclado de la alarma y mis dedos temblaron mientras apretaba el código. Afortunadamente, el ruido se detuvo después del cuarto número y mi respiración volvió a la normalidad. En realidad nunca había ido al edificio fuera de hora y sintiendo lo vacío que se sentía, no creía que quisiera estar ahí sola.
—Por aquí. —Lo llevé por el pasillo oscuro hasta la escalera.
—Entonces, ¿cómo puede una importante estudiante de Inglés conseguir las llaves de Thomas Hall? —preguntó, reflejando mi propia pregunta sobre él y la sala de las bolsas.
—La jefa del Departamento de Música solía ser amiga de mi madre antes de que ella... desapareciera. Ella se mantuvo en contacto con Charlie durante todos estos años, viendo mi progreso. Ella me dijo que yo siempre sería bienvenida aquí, siempre que me mantuviera al día con el piano.
—¿Con qué frecuencia has venido aquí? —preguntó, tirando de la puerta que iba a la escalera.
—Esta es sólo la segunda vez —admití con tristeza—. Vine una vez durante la semana de orientación, cuando yo estaba tratando de encontrar mi lugar. Me ayudó a sentirme más en casa, supongo.
—¿Y no has vuelto desde entonces? ¿Eso es bueno o malo? —Dejé que Edward metiera el dedo en la cuestión esencial, una vez más.
—Casi todo bueno. He encontrado otras... comodidades. Ya sabes, Rose... —Empecé a bajar las escaleras hasta el sótano, donde se encontraban las salas de ensayo.
—A mí… —Él hizo una pausa mientras decía eso, esperando mi reconocimiento, pero yo seguí bajando.
—Alice…
—A mí. —Él estaba tres pasos por encima de mí y no se movía. Dios, era tan guapo.
—Riley… —Seguí bajando.
—A mí. —Él estaba sosteniendo la bolsa y de pie firmemente, hablando un poco más fuerte cada vez y resonando muy alejado de la escalera vacía.
—Emmett, Jasper, Angela… —Yo sabía que había empujado el último de sus botones y me detuve y miré hacia arriba. Estaba a bastantes pasos por encima de mí. De repente, comenzó a galopar por las escaleras. Cada seis pasos o así, lanzaba un a mí.
—A mí. —Galope, galope, galope—. A mí. —Galope, galope, galope—. A mí. —Galope, galope, galope.
Estaba justo encima de mí, un paso por encima del piso donde yo estaba esperando.
—A mí —insistió una vez más, sus ojos serios se dirigían hacia mí con la intensidad de una lámpara halógena chisporroteando en las cuencas de mis ojos.
—A ti —finalmente acepté, impotente ante sus encantos.
Tomó mi barbilla en su mano y se inclinó, capturando mis labios en un posesivo e insistente beso. Su lengua pasó a través de mis labios, haciéndome saber que iba en serio. Ese no era el mismo chico que estaba sentado con dulzura a mi lado en clase esa mañana. Ese Edward no tomaba prisioneros, aunque yo voluntariamente podría ser una en ese momento. Abrí los ojos justo antes de que él me permitiera tomar una bocanada de aire y vi que sus ojos se cerraron en lo que pareció ser una expresión desesperada, con un poco de dolor.
Con la misma intensidad, sus ojos se abrieron lentamente y susurró dos palabras hacia mis labios temblorosos.
—A mí. —Con un ligero movimiento de cabeza que confirmaba su afirmación, aflojó su agarre de mi barbilla y continuó bajando las escaleras, caminando junto a mí para abrir la puerta.
Santo. Jodido. Sexy. Mensaje. Recibido. Mis pies estaban quietos en el duro suelo de cemento, pero de alguna manera, me las arreglé para impulsarme hacia adelante y hacia la sala.
O) (O
Mis manos temblaban un poco cuando metía la llave en la cerradura.
—Déjame —dijo él tomando el relevo mientras yo seguía luchando por recuperar mi sentido del equilibrio. Por supuesto, la perilla se retorció con facilidad bajo sus cuidados y lo siguiente fue que los dos estábamos encerrados en la pequeña sala insonorizada, en el fondo del sótano de Thomas Hall. El ser vivo más cercano está probablemente a una manzana de distancia, pensé con una risa sin humor.
De repente estuve nerviosa como el infierno. Conoces a este chico. Te gusta este chico. Confías en este chico. Mi mantra se repetía en un ciclo infinito mientras yo tocaba la pared hasta encontrar el interruptor de la luz. Los fluorescentes sonaron bastante, pero luego se apagaron a un zumbido sordo, añadiendo su propia línea de fondo a la banda sonora que se llevaría a cabo en esa pequeña y sofocante habitación.
—¿Dónde me quieres? —Edward me preguntó ansiosamente.
¿Dónde no te querría?
Yo respondí señalando el lado izquierdo del pequeño banco del artista. Se enrolló las mangas y se subió el suéter hasta los codos. Flexionó sus dedos juguetonamente sobre las teclas.
—¡Listo!
¿Cómo es que yo era la nerviosa ahí? ¡Eso se suponía que era mi casa! Sacudí un poco mi cabeza para tratar de alejar físicamente los nervios que sentía. Di una vuelta y tomé mi lugar a la derecha de él en el banquillo, encantada de ver que encajábamos juntos.
Vestida con mi traje de profesora de piano, empecé:
—Bueno, probablemente has escuchado esto antes, así que el ritmo debe ser fácil. Se llama "Corazón y Alma" y dice así.
Yo toqué una línea familiar y entonces le mostré cómo simplificar las notas para después repetirlas.
—Vamos a empezar así y luego podemos hacerlo tan complicado como quieras. Mira. Es la media C.
Puse su mano derecha sobre las cinco notas que necesitaría, de G a D, presionando suavemente su cuarto dedo en la Media C. Él lo controló dócilmente.
—Bueno, hola, C. Encantado de conocerte —bromeó. Yo rodé los ojos, pero no dije nada.
—Así que, esta —dije y presioné el pulgar— es la G. G-A-B-C-D. ¿Lo pillas?
—Tengo desde la A a la D, pero, ¿por qué la G va delante de la A? —Ya estaba serio.
—En realidad no llegaste muy lejos con el fagot, ¿no? Sólo hay siete notas, de A a G, así que después se repiten. Así es como se utilizan las teclas negras que te he enseñado. —Le mostré cómo localizar todas las Cs en el teclado.
—Está bien, ahora estoy contigo.
—Está bien, encuentra la media C de nuevo y establece tu mano en su lugar. —Él lo hizo a la perfección—. Ahora, pon tu mano izquierda sobre las mismas notas, una octava abajo. —Lo hizo también.
—Bien.
—Gracias —dijo él sonriendo con avidez. El estudiante perfecto.
—Está bien, aquí vamos. 2, 4, 1, 5. 2, 4, 1, 5 —yo canté, mostrándole cómo su mano izquierda correspondía a las notas.
Él no estaba mirando ya sus dedos, estaba sonriéndome a mí.
—¿Qué? —le pregunté.
—Cantas.
Resoplé.
—Si quieres llamarlo así.
—¿Cómo no sabía esto? —me preguntó.
—Es un secreto bien guardado.
—Ya no.
—¿Puedes repetir lo que yo acabo de cantar?
Se encogió.
—Claro. —Y lo hizo. Perfectamente.
Yo le sonreí de nuevo.
—Hmmm.
—¿Qué? —preguntó sonriendo con tanta fuerza que su cara podría romperse.
—Tú también puedes cantar.
O) (O
Al segundo de oírle cantar, supe que sería un insignificante salto el tocarlo. Sus dedos siguieron fácilmente el camino de su voz. Por supuesto, estaba coordinado masivamente. Con un oído musical y esos dedos largos y delgados (¡Nnngg!), tenía todos los ingredientes de un pianista.
—¿Estás seguro de que nunca antes has hecho esto? —le pregunté.
—Estoy bastante seguro.
—Bueno, te voy a graduar con el siguiente paso.
En poco tiempo él estaba tocando la parte inferior completa por su cuenta y yo me vi improvisando la línea de una melodía en todo tipo de formas caprichosas. Hubo algunas meteduras de pata en el camino, pero él mismo las corrigió como un campeón.
—Está bien, estás listo para Billy Joel.
—¿En serio? —Sonrió como si le hubiera dado un premio en la feria.
—Vamos. —Saqué la partitura de "Ella tiene una manera".
—Uh-oh —dijo él con la expresión feliz casi borrada.
—Oh —le respondí con desdén—. Esto es para mí, no para ti. Tengo una memoria bastante pésima para la música.
—Bueno, si eso son jeroglíficos para ti, mi conjetura es que tu memoria podría mejorar muy rápidamente.
—Así que yo voy a mostrarte estos cuatro acordes, no sé, ¿una vez? ¿Y tú vas a ser capaz de recordarlos?
Su sonrisa volvió y vi desaparecer la tensión en sus hombros.
—¿Cuatro acordes? Sí, creo que puedo manejar eso.
Y entonces él lo demostró. Y fue a buen ritmo mientras se concentraba y estaba tratando muy duramente de hacerlo bien, y al final yo me relajé.
—¿Edward?
—¿Hmm? —preguntó, sólo prestando atención a medias mientras seguía moviéndose a través de la progresión de acordes.
—Gracias por venir aquí conmigo.
—Gracias por traerme. —Y a pesar de que seguía mirándose las manos y tocando, su sonrisa se amplió lo suficiente para que yo supiera que él había entendido el mensaje alto y claro.
^EPOV^
Menos mal que ella no mencionó a Connor o a Gil en el hueco de la escalera. Mi hombre de las cavernas interno ya estaba fuera y el resultado podría haber sido muy peligroso. Sabía que la estaba poniendo nerviosa otra vez, pero creía que era algo bueno, una excitación nerviosa que debería hacerle saber que eso era más que una simple amistad.
Estuve sorprendido y encantado de oír a Bella tocar una melodía. No es que yo no estuviera interesado aunque ella lo hiciera mal, pero eso era mucho mejor. Supuse que Bella entendía un poco más que los retos usuales de un instrumento de doble lengüeta como los que me impedían avanzar en el fagot, pero leer esa música era una cosa más que mi mente disléxica no podía procesar, al menos no sin una dosis excesiva de frustración para todos los involucrados.
Estuvimos de vuelta en la puerta con demasiada rapidez y yo no estaba listo para llegar al final, pero los dos teníamos un lugar en el que estar a las 7:30 de la mañana. No era una noche para una despedida prolongada.
—Gracias por la lección de piano, Bella.
—Has estado genial. Altamente enseñable, de hecho.
—Creo que ha sido una muy buena actuación la que hemos hecho. Yo te enseño, tú me enseñas.
—Así es —dijo ella a la ligera.
—Hmmm, ¿qué voy a enseñarte ahora? —reflexioné, sabiendo exactamente lo que me gustaría enseñarle después, pero no tenía ni idea de si estaría preparada o dispuesta a aprender. Ya basta, chico caliente.
—Estoy segura de que se te ocurrirá algo —bromeó.
—Bueno, por ahora, creo que deberíamos trabajar en el perfeccionamiento de tu última lección. —Con eso me sumergí lentamente hacia sus labios y los tomé con mucho más cuidado que antes.
Como de costumbre, ella esperó a que mi lengua actuara primero, pero siguió con impaciencia ese momento. Me aparté antes de ponerme demasiado loco, porque sinceramente creía que ella no tenía ni idea de lo que esos besos me hacían.
—Mmm, tengo que ser un excelente maestro —me regodeé, lo que la hizo ruborizarse en el pasillo bien iluminado. Un día no íbamos a terminar nuestro día ahí, pero ese día por desgracia no sería ese fin de semana, porque mis padres estarían aquí.
—Hey, ¿qué pasa con tu padre? ¿Viene para el Homecoming?
—Sí, va a traer a su novia y sólo vienen para la jornada del sábado.
Era una idea de miedo, pero qué demonios.
—Ya sabes, Rosalie y sus padres cenarán con nosotros la noche del sábado. ¿Os gustaría uniros a nosotros también?
Su rostro se puso un poco nublado y yo perdí mi capacidad de leer sus pensamientos.
—No lo sé, Edward. Mi padre no es realmente como tus padres. Y definitivamente no es como los de Rose. Él es un poco... ya sabes, él. Poli de Boston, padre soltero, hombre sencillo...
Oh mierda, ¿ella estaba preocupada de que mis padres le hicieran sentir incómodo?
—Bueno, qué hay de esto entonces… ¿Por qué no nos sentamos todos juntos en el partido y vemos cómo va todo? Si parece que funciona, podemos hacer que suene casual y simplemente invitaros. Si no, bueno, por lo menos yo he llegado a conocer a tu padre.
Ella sonrió y dijo:
—Es mejor que tengas cuidado, Edward. Lleva un arma cargada en todo momento.
—¿Ah, sí? Bueno, yo también. —Digiere eso, Bella Swan.
—Tendré eso en cuenta. —Ella rodó los ojos hacia mí antes de darse la vuelta para abrir la puerta.
O) (O
Yo fui el que digirió durante toda la noche. Estuve dando vueltas en la cama. Bella estaba sobre el teclado y debajo de mí en el silencio de la sala de ensayo insonorizada. Charlie Swan echó la puerta abajo con el arma en la mano. Su pistola disparó a mi propia... arma cargada. Me desperté con un sudor frío y una maraña de sábanas mojadas. Tal vez ese encuentro había sido un poco prematuro después de todo. Cuando llegué a la puerta de Bella a las 7:20, me sentí casi normal otra vez, pero la pesadilla había estado mucho tiempo en mi conciencia y me había dejado un poco agotado.
Ella me miró un momento, pero no dijo nada. Después de todo, era temprano en la mañana, las pequeñas bocanadas de vapor saliendo de cada uno de nosotros mientras el aliento cálido se encontraba con el de la mañana del otoño frío. Mi reloj interno reconoció la pérdida familiar de la temporada de golf.
—¿Está bien si golpeamos? Mi partido es hoy, ya que estaremos ocupados este fin de semana.
—Por supuesto. Lo que quieras.
~BPOV~
Edward estaba inusualmente pensativo esa mañana. Ya había llegado a conocerlo y veía que él era un hombre de muchos estados de ánimo. Dulce, serio, romántico, juguetón y tan inseguro como confiado. El hilo conductor era una intensidad que me tiraba en su órbita y me hacía querer perderme allí.
Casi no habíamos hablado y cuando me tomé largas pausas para estirar la espalda, Edward no hizo comentarios. Él tenía ese rostro que ponía el día del partido y esa era su propia marca única de intensidad.
—¿Puedes venir a verme esta tarde? —preguntó—. Mi hora del partido es a las 14:00.
—No puedo estar allí hasta las 16:30.
—Sólo envíale un mensaje a Alice cuando estás cerca y ella te dirá en qué agujero encontrarnos.
—O puedo solo seguir el sonido de las chicas chillonas.
Rodó los ojos, pero no se molestó en negar la verdad.
O) (O
No le dije a Edward que tenía a Connor a las tres, porque él no tenía que estar pensando en eso mientras estaba jugando. Además, no había ninguna razón para que Edward se preocupara en absoluto. Estábamos de vuelta en la biblioteca y Connor era un caballero. Yo echaba de menos el coqueteo, pero sabía que no era justo. Era sólo que se sentía muy agradable ser querida.
Fui directo al campo cuando terminamos y Alice me dirigió al hoyo 13.
—¿Cómo lo están haciendo? —susurré.
—Holden está siendo aplastada, pero Jas y Edward están muy por delante en sus partidos.
—¿Cómo está golpeando él hoy?
—Dieciséis bolas en doce agujeros.
—¿Eso es bueno?
—Yuh, Bella. Eso es bueno.
Llegué justo a tiempo para ver a Edward hundiendo otra pelota. Sacó la pelota fuera del agujero y sus ojos se pusieron en los míos en el camino de vuelta. Una enorme sonrisa iluminó su rostro y me saludó con la pelota en la mano. Yo era una silenciosa fan, así que grité para mis adentros, pero no era lo mismo para el grupo de chicas a mi alrededor, quienes parecían haber secuestrado por error su gesto como propio. De repente, estaba atrapado en un lío de Ohh; Ahhh; Dios, es tan hawwwwt; Mmmm, Sexward y, lo que menos me gustaba, ¡yo también te quiero!
Alice me cogió la mano y me sacó de la vorágine loca.
—Ignorar, ignorar, ignorar. —Y estuvimos en el siguiente lugar de salida incluso antes de que Edward y Jasper llegaran a él. Le puse a Edward un pulgar hacia arriba a través de mis guantes de punto y él se rió de mí. Jas le dijo algo después de su golpe de salida y Edward intensificó y dio un gran golpe. Yo adoraba verlo en su elemento. Descubrí que prácticamente no había manera de que su oponente se pusiera al día con él, salvo una tragedia completa o una confiscación por parte de Edward. Así que él iba a su ritmo, eso parecía hacerlo jugar mejor y mejor.
—Si Edward hunde esta bola —Alice me dijo en el hoyo 18—, superará su récord de nuevo.
Edward se alineó con confianza y hundió la pelota con aparente facilidad. Él y Jasper compartieron un momento de celebración antes de que él me encontrara en la multitud. Yo iba a tener un momento difícil al intentar contener mi entusiasmo, y Alice y yo estábamos saltando arriba y abajo. Sus compañeros de juego recogieron las pelotas, se dieron la mano y felicitaron a Edward y a Jasper. Edward vino directamente hacia mí, dando vueltas por la celebración.
—¡Estoy tan feliz por ti! —grité.
Él me dejó de mala gana y dijo:
—Tengo que ir dentro un minuto. No te vayas.
Al segundo de irse, los buitres descendieron.
—¿Quién eres tú? —preguntó una rubia particularmente pechugona.
—¿Perdón?
—Cullen es nuestro —dijo otra.
—¿Eh?
—¿Eh? ¿Qué? ¿Di quién eres? —se burlaron malvadamente—. Es nuestro, estúpida vaca. Sexward pertenece a las Coochies de Cullen.
—¿Usáis esa palabra para describiros a vosotras mismas? —Casi no podía creer lo que oía. Era equivalente a llamarte a ti misma con otra palabra que empezaba por Z.
—¡Es una puta ignorante! —una le dijo a la otra.
Me giré para encontrar a Alice, mi salvadora, pero ella estaba en el otro lado de la multitud, envuelta en Jasper y no iba a echarme una mano en esa ocasión. Intenté repetir su mantra ignorar, ignorar, ignorar; pero ellas eran insistentes.
—¿Qué crees que él podría ver en ella? —una preguntó, haciendo que la palabra ella sonara como la basura de una alcantarilla.
—No tengo idea. Ella debe hacerle algo… —Eso vino de una chica cuyo flequillo era de color rojo camión de bomberos y su cola de caballo negra.
—¿Quién no lo haría? —otra respondió. Unas risas le siguieron.
—No me digas. ¿No será que todas amarían ser la próxima Britney?
—Oh, ser Britney... —Se escucharon suspiros de ensueño.
—¡Joder, esa chica lo twitteó todo!
—¡Bendice su cachondo corazón! ¡Yo me sentí como si estuviera bajo Sexward yo misma!
—¡Oh mi gawwwd, esa perra con suerte!
Yo estaba intentando no escucharlas, pero el mensaje estaba empezando a pasarme factura. Esas fangirls estaban todas unidas y debían tener a Edward en una especie de blog. Y, al parecer, había habido algo que ver.
Atormenté a mi cerebro, pero no podía pensar en nadie que yo conociera con el nombre de Britney en Holden y ella, obviamente, no estaba ahí. Lo que me llevó a creer que era alguien que debió haber conocido en sus viajes, si es que lo que decían era cierto. Y aunque esas chicas eran bastante bestias, esas Coochies no parecían estar inventándose esa historia.
Vi la cabeza de pelo color bronce salir de la cabina del anotador y supe que no podía quedarme un segundo más. Había caminado por el campo un centenar de veces, pero esa era la primera vez que hacía todo el trayecto de vuelta. Tenía la garganta y los pulmones ardiendo y recordé aquella noche terrible de la caza del tesoro. Yo había sido tan tonta al creer que mis días como una gran y gorda perdedora estaban detrás de mí. Pero estaban de vuelta otra vez. Me disolví en un ataque de llanto una vez que finalmente llegué a mi habitación. Las náuseas tomaron el lugar del ardor y las intenté eliminar con respiraciones profundas y forzadas.
La parte racional de mi cerebro se activó, por último, desafiándome. ¿Desde cuándo Edward y yo habíamos prometido que estábamos juntos en exclusiva?
Nunca. Miradme, me seguía llamando la atención Gil y me sentía triste porque Connor no coqueteaba conmigo.
¿Qué pensabas? ¿Que un pedazo de hombre de 18 años como Edward estaría satisfecho con unos cuantos besos aquí y allá?
Pensé que para eso estaba la masturbación.
Sí, claro. ¿Tenía un pelotón de cálidas y dispuestas chicas siguiéndolo de costa a costa y realmente esperabas que se quedara solo en una habitación de hotel?
¡Pero él me dijo específicamente que no era así!
¿Qué? ¿Cuándo?
Después de que me invitara a salir por primera vez. Cuando le pregunté por qué le tomó tanto tiempo para pedírmelo, me dijo que primero nos teníamos que conocer el uno al otro, que él no era el tipo de persona que se tomaba esas cosas a la ligera. Y que no había estado con ninguna otra chica desde que estaba en la universidad.
Eso no es exactamente lo que dijo.
¡Piensa, Bella! Reproduje la escena en mi cabeza, pensando en su lenguaje exacto. Y en el momento en el que recordé las palabras, se me heló la sangre.
¿Con cuántas chicas me has visto desde que estamos aquí?
^EPOV^
—Alice, ¿qué pasa con Bella?
—No lo sé. Ella estaba de pie aquí hace un minuto.
—Esto es extraño. —Saqué mi móvil y le envié un mensaje a Bella.
B: te he perdido. ¿Dónde estás? E
No obtuve respuesta. Antes de que pudiera llamarla, estaba rodeado de chicas gritándome, esas que habían estado compitiendo por mi atención durante toda la tarde. Una me quitó la gorra mientras otra chica más descarada comenzó a desabrochar mi cinturón.
—Esperad, chicas —les rogué, tratando de ser educado con su búsqueda despiadada.
Estaban tomando fotos de mí, plantándome besos en la cara y pasando sus manos hacia arriba y abajo por mi pecho y por cualquier otro lugar donde pudieran llegar.
—¡Hey, vamos! —Me estaba poniendo frenético.
¿Dónde habían ido todos los de seguridad? Por lo general, mantenían a las Coochies apartadas. Decidí que podría utilizarlas mientras estaban ahí.
—¿Alguna de vosotras ha visto a una morena, de media estatura, con una chaqueta con mi nombre en la espalda? Estaba aquí hace un minuto.
Ellas estallaron en risas.
—¡La echamos para que pudieras estar con nosotras!
—¿Qué? —Una sirena de alarma pasó a través de la niebla. Cogí a la chica con el pelo raro, quien yo creía que era la que me podría dar una respuesta sana.
—Ooh… —ella gritó.
—Dime. Qué. Habéis. Dicho. —Yo estaba apretando mis dientes, tratando de mantener mi entereza. No serviría de nada perderme frente a esa multitud. Hiciera lo que hiciera posiblemente se estaría grabando en ese momento con el teléfono de alguien y sería twitteado en tres minutos.
—Tranquilo, cariño. No tienes que ponerte duro… Quiero decir, me encantaría que lo hicieras, pero…
—Sólo responde a la pregunta, por favor —le dije.
—Le preguntamos quién era —ella contestó.
—¿Y?
—Y reflexionamos en voz alta por qué tú nunca estarías con una chica como ella.
—¿Y? —Mi voz se elevó dos tonos con cada repetición.
—Y pensamos que ella debía ser fácil y fácil llevó directamente a Britney —dijo sin vergüenza.
—¿Y? —Eso último no era ni siquiera una pregunta. Era un grito desesperado y de enfado, porque sentía que el chiste se acercaba.
—Y estábamos recordando los tweets de Britney.
—¡Mierda! —grité con todos mis pulmones. Estaba enfadado como el infierno con estas chicas cachondas por herir a Bella, pero en el fondo yo sabía que no era lo que ellas habían hecho, habían sido mis propias acciones las que realmente la habían dañado. Y no tenía ni puta idea de si podría arreglar eso.
Mi instinto fue correr hasta Bella y rogar por su perdón. Pero, ¿para qué?
Vosotros dos no estabais ni siquiera juntos cuando eso sucedió, dijo el diablo en mi hombro izquierdo.
Sabes lo que le dijiste, dijo el ángel decepcionado a mi derecha.
Tú nunca dijiste que no ibas a estar con alguien en tus viajes, argumentó el diablo.
Semántica. Sabías lo que hacías cuando hiciste esa distinción. Ahora ella nunca va a creer ninguna cosa que digas, me castigó el ángel.
Cogí un puñado de pelo de cada lado de mi cabeza y traté de acallar las voces que discutían sobre mis hombros. Sentí una mano sobre mi hombro y la aparté.
—Hey, hey, Edward. ¿Qué está pasando aquí? —dijo Jasper. Su voz familiar se quebró al ver mi miseria y yo le respondí lo más honestamente que pude.
—Creo que he arruinado lo mío con Bella.
Su brazo se deslizó por mis hombros y dejé que me llevara lejos de la multitud. Me agaché cuando sentí la primera ola del ataque de náuseas. Pronto el almuerzo estuvo tendido en el suelo delante de mí.
O) (O
Bella, siento mucho todo lo que oíste
Joder, eso era patético. No lo sentía por eso. Borré la frase y probé otra vez:
Bella, ¿podemos hablar? ¡Lo siento mucho! E
Satisfecho con eso, que era lo mejor que podía hacer, le di a enviar. No hubo respuesta. No era que yo esperara una, sólo esperaba que ella me pudiera dar la oportunidad de explicarme.
De alguna manera, Jasper arrastró mi culo de nuevo hasta la habitación, convenciéndome de no ir a la habitación de ella y tirar la puerta abajo, en mi corazón esa era mi idea de un buen plan.
—Dale un poco de tiempo, Edward.
—¿Cómo diablos eso va a ayudar, Jas? —me rompí—. Es probable que esté mirando el blog de las Coochies mientras nosotros hablamos.
Él cruzó los brazos y dijo:
—¿Tú sabes lo que hay ahí?
—Joder, no. ¿Qué te crees? ¿Que me voy a Google para ver cosas de mí mismo y divertirme?
Él se encogió de hombros, diciéndome que él lo había hecho antes.
—¿Cómo vas a responder si ni siquiera sabes lo que ella sabe?
Me senté en el borde de la cama y me incliné hasta poner mi nariz entre mis rodillas. Intenté cubrirme la cabeza con las manos, pero nada tapaba el dolor. El dolor que había causado siendo un total y estúpido mentiroso.
Los pies de Jasper aparecieron en mi línea de visión.
—Edward, ¿quieres que te busque?
—Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda. —No podía pasar de esa palabra. Estaba meciéndome y maldiciendo. Eso era todo lo que podía hacer.
Escuché el golpeteo del teclado y unos minutos más tarde Jasper gimió derrotado.
—¿Tan malo es? —me ahogué.
—Malo. Bueno, quiero decir, Britney tiene las mejores cosas que decir acerca de ti, pero es muy detallado todo.
Un grito horrible salió de mi cuerpo.
—El resto es todo basura, nada incriminatorio. Esa chica, Julie, de Bowdoin, escribió que eras un caballero.
—Sí, muy bien, lo único que hice fue toquetear sus tetas en la esquina de un bar oscuro y maloliente.
—Sí, bueno, aparentemente te negaste a la mamada que te ofrecía.
—¡Oh, mierda! ¿Eso pone realmente ahí?
—Ellas son brutales —dijo.
—Jas, ¿qué demonios voy a hacer?
Levanté la cabeza con la esperanza de que mi compañero de cuarto tuviera la respuesta.
Él abrió los brazos en un gesto de impotencia.
—Lo siento, amigo. No sé qué decirte.
Me di cuenta de que Jasper no tenía ningún consejo.
Mi teléfono vibró. Yo respondí y lo llevé desesperadamente a mi oreja sin siquiera perder el tiempo de ver el identificador de llamadas.
—¿Bella? —Mi corazón se aceleró en un raro momento de optimismo.
—¿Sueno como Bella?
—Emm. —La decepción cortó una nueva herida en mi garganta.
—Sí, también estoy jodidamente feliz de escuchar tu voz. ¿Qué diablos le has hecho a Bella? Rosie dice que es un completo desastre y todo es tu culpa.
Al oír la evaluación de mi hermano mayor entendí que mi situación era totalmente jodida. Sujetaba el teléfono como si fuera la última tabla de salvación en el Titanic y sollocé como una chica.
—Joder, Eddie. Voy para allá. No hagas nada hasta que yo llegue. ¿Me escuchas?
Gemí algo que sonó casi como sí y dejé caer el teléfono a mi lado en la cama.
Me pasé los siguientes quince minutos boca abajo con la almohada sobre mi cabeza y sin moverme, hasta que oí la llamada de Emmett. Jas lo dejó entrar y oí el murmullo de la conversación mientras él rápidamente le describía a Emmett mi situación lamentable.
—Déjame ver esa mierda —Emmett dijo, poniéndose delante del portátil de Jasper.
—Está bien, está bien, está bien —repitió mientras se desplazaba a través de las páginas—. Esto no es tan malo. Al menos no están diciendo que tienes un pene pequeño.
—¡Aarrggghh! —gemí, pero estuvo amortiguado por la almohada.
Sentí una pesadez sentarse en la cama junto a mí y yo rodé hacia lo hundido. La gran mano de Emmett cayó sobre mi hombro.
—Honestamente, he visto cosas mucho peores. ¿Has oído acerca de la jodida Lista de la Universidad de Duke? Vamos, Edward, habla conmigo.
Emmett estaba tranquilo y estaba a cargo de la situación actual, y tuve que admitir que sentí un rayo de esperanza. Me di la vuelta y levanté la almohada.
—Bella nunca me va a perdonar. O nunca va a confiar en mí.
—¿Por qué no? ¿Ella no es consciente de lo semental que eres? Quiero decir, eso fue antes de que vosotros dos empezarais... lo que sea que tenéis, ¿verdad?
—Sí —le respondí—. Pero en cierto modo le hice creer que no era el tipo de hombre que tenía una aventura de una noche.
—Yo tenía la misma impresión, en realidad —dijo mostrando su sorpresa y una punzada de gran decepción fraternal.
En ese momento realmente me sentía como una mierda. Le di una mirada a Jasper, cuya jodida idea de un plan inteligente fue Britney de Boston. Él miró con aire de culpabilidad hacia atrás, reconociendo su parte en esa tormenta de mierda. No era como si yo tuviera a nadie a quien culpar aparte de a mí mismo.
—Está bien, mira, el daño está hecho. Ahora tienes que defenderte como un hombre y arreglar las cosas. Hacer las cosas bien.
—¿Cómo voy a hacer eso, Emmett? —Dios, sonaba como un gatito.
—En primer lugar, averigua exactamente lo que hiciste mal. Las verdades a medias son igual que mentiras, cualquier chica te dirá eso. Así que ni siquiera trates de justificarte a ti mismo.
—Está bien —le respondí con tristeza. Él tenía razón y yo lo sabía.
—En segundo lugar, no les des a esas... fans… —dijo y señaló el portátil— nada más que puedan tweetear. Eso no va a ganar ningún punto con Bella, confía en mí.
Asentí con la cabeza. Eso parecía obvio.
—Por último, baja tus manos y rodillas y suplica por todo lo que vale la pena.
—¿Tú has hecho eso, Emm? —No podía imaginar a mi gran hermano pidiendo nada.
—Sí, Eddie. Yo lo he hecho muchas veces. ¿Por qué crees que guardo un juego de repuesto de rodilleras en mi armario?
—Estoy seguro de que no quiero saberlo —le dije, finalmente sentí ganas de sonreír por primera vez en toda la noche.
—Mirando el lado positivo —comentó viendo que mi estado de ánimo se levantaba—, Britney tiene algunas cosas muy buenas que decir acerca de tu técnica. Así que felicidades, pequeño hermano.
Le di un golpe en el hombro y él hizo como si le hubiera hecho daño.
—¿Qué? Te haría mío ahora mismo después de leer lo ansioso que estabas por pedir más… —Él puso la voz de falsete y dijo—: Y él lo hizo. Una y otra y otra vez. —Terminó con las manos cruzadas sobre su corazón y sus pestañas revoloteando al estilo de Betty Boop.
Me senté, algo interesado al saber que podría tener la oportunidad de reparar el daño.
—¿Eso es realmente lo que ella escribió?
Él me dio una palmada en la espalda y señaló el portátil.
—Míralo tú mismo. Pero no dejes que se te suba a la cabeza. Si tomas las cosas buenas con el corazón, es difícil rechazar las malas.
—Emmett, gracias.
—Vas a estar bien. Le diré a Rosie que tenga alguna buena palabra para ti.
Emmett me dio un abrazo de hermanos completo, con dos palmaditas en la espalda. Se levantó e hizo lo mismo con Jasper antes de marcharse. Me acerqué al portátil con cautela, como un león novato que coloca su cabeza dentro de las fauces de la bestia salvaje por primera vez.
O) (O
Dos largas horas más tarde, me había leído todas las palabras que habían escrito acerca de mí. La mayor parte era fantasía y esa era la parte más fácil de descartar. Eran las cosas que hacían alusión a la terrible verdad las que serían más difíciles de disipar. Si esas chicas de alguna manera pensaban que ese blog me hacia quererlas, no podían estar más profundamente equivocadas y su comportamiento ese día había sellado el acuerdo. No iba a concederles ningún momento del día de ahí en adelante.
Decidí entregarles un mensaje final. Creé una cuenta para poder iniciar sesión en la sección del foro. Yo seguí el tema que se llamaba "¿Dónde está Sexward ahora?" y reconocí las bromas de ese día.
*Sexward Habla* Sí, soy yo de verdad. Edward Cullen. La persona que decís que anheláis e incluso os atrevéis a usar la palabra amor. Esta es la verdad. Yo sólo soy un tipo que juega al golf. Bueno, a veces juego muy bien. Y agradezco que os hayáis decidido a animarme, pero ¿eso significa que me conocéis o sabéis lo que hay en mi corazón? ¿Creéis que me halagáis cuando tiráis de mi ropa o me gritáis cosas inapropiadas mientras estoy jugando o compartís detalles de algo que sucedió entre dos personas en privado? No puedo pensar en una mejor manera para mostraros cuán poco os preocupáis por mí que haciendo daño a alguien que me importa mucho. Ahora, no voy a echaros la culpa, porque yo he sido el único que no ha sido del todo sincero. Pero lo que todas estáis haciendo aquí es inexcusable. Y aquí estoy yo, el hombre por el que haríais cualquier cosa, pidiéndoles desde mi corazón tan solo una cosa: POR FAVOR, PARAD. No os llaméis mis Coochies. No os dejéis caer de rodillas cuando me veáis en un bar. No habléis de mí de esta manera, como si yo fuera una figura de cartón que podéis adquirir. No le digáis a la chica que realmente me gusta que ella no vale la pena. No sólo os estáis degradando a vosotras, en realidad estáis haciéndome daño.
Si realmente os preocupáis por mí, borrad todo lo de este blog y dejad este mensaje hasta la medianoche de hoy, para que todas vuestras fieles seguidoras puedan escucharlo directamente de mí y, a continuación, cerradlo definitivamente. Y en ese punto, debéis saber que yo realmente os lo agradeceré. Con mucho gusto voy a firmar autógrafos después de mis partidos, pero no a través de vuestro pecho. Yo incluso me tomaré fotos con vosotras si tengo tiempo. Pero no os sentareis delante de Bella, porque ella tiene el asiento en primera fila. Es decir, si puedo convencerla de que lo tenga.
~BPOV~
Mi móvil se encendió en la cama junto a mí:
B: te he perdido. ¿Dónde estás? E
El eufemismo del año, Sexward. Hablando de ello, supe que iba a hacerlo, era solo cuestión de tiempo. Pero la claridad proporcionada por mi dolor insoportable me permitió ver que hacerlo sólo sería el equivalente a rajar las muñecas. Así que llamé a las tropas.
Rose, te necesito. ¿Puedes venir a la habitación? B
ACDC comenzó a sonar a todo volumen y contesté rápidamente.
—Rose.
—Estoy en camino. ¿Qué está pasando?
—Ugh. Ed...—Di una bocanada de aire—. Edward... —Una nueva ronda de sollozos pasó por mi cuerpo y no terminé de hablar.
—No te muevas, B. Ya voy.
Muy pronto una mano fría presionó mi frente y una voz suave anunció:
—Ya estoy aquí.
Dios bendijera a mi compañera de cuarto. Sus dedos apartaron mi cola de caballo de mi cara y me frotó la espalda con un ritmo constante.
—Un segundo —dijo y volvió con un puñado de pañuelos—. Toma. Límpiate tú misma, cariño. Dime lo que ha pasado para que pueda ayudarte.
Deshice la posición fetal en la que estaba y cogí un pañuelo. Rose se sentó en la cama y continuó frotando mi espalda. Se me ocurrió que tal vez así era como una madre consolaba a un niño que estaba herido, pero no quería recordar lo que se sentía. La imagen de Charlie estaba de pie torpemente en mi puerta, apartando la mirada al techo, diciendo algo como: "¿Quieres que arreste a alguien?"
La repentina imagen de Charlie esposando a Edward fue tan extraña que me tuve que reír. Rose me dio una mirada de perplejidad.
—Gracias por venir, Rose. Perdona que te apartara de Emmett.
—Está bien. Ahora, vamos. Habla conmigo.
Y con eso, las ideas al azar que se habían arremolinado en mi cabeza parecieron organizarse en un pensamiento racional.
—Supongo que había empezado a creer que yo era realmente una persona diferente, con mi nuevo cuerpo reluciente y la ropa más pequeña y algunos chicos husmeando. La verdad es que estoy volviendo a ser esa gran perdedora con el culo grande que llora en el rincón oscuro en la fiesta de PIKA.
—No, Bella. Tú no eres esa chica. Quiero decir, lo eres, en todas las buenas maneras tú siempre has sido Bella, pero no es necesario que te sientas así nunca más. Mira lo lejos que has llegado.
—Tal vez estaba mejor con mi capa protectora de grasa alrededor de mí. Quiero decir, tipos como James todavía me podrían herir de vez en cuando, pero un bote de masa podría mantenerme a salvo de esos chicos
—Eso y una firma de rodilla para el escroto —ella reflexionó con enfado.
—La verdad es que James no me hirió tanto como lo ha hecho Edward. ¡Qué ingenua y confiada que soy!
—Bella, ¿qué ha hecho?
—Más bien, ¿quién lo hizo?
—¡Hhhuuuuuh! —Ella tomó una respiración aguda—. ¿Qué?
—Hazme un favor, Rose. Busca en Google las Coochies de Cullen. —Señalé hacia mi portátil.
—¿Coochies de Cullen? ¿En serio? —dijo, levantándose lentamente a medida que caía en la cuenta de que yo estaba hablando en serio. Su espalda estaba hacia mí mientras lo miraba, pero su reacción fue una serie de respiraciones internas repetidas y nítidas. Ella jadeó y suspiró. Cuando terminó, ella torció la mitad superior de su cuerpo hacia mi cuerpo lamentable.
—Tú no sabes cuánto de esto es cierto.
—Dime lo que escribió Britney, por favor.
Rose negó con la cabeza y yo empecé a moverme para sentarme.
—Si no me lo dices, voy a tener que leerlo yo y luego voy a ver todo lo demás también —la amenacé.
—Está bien, está bien —dijo ella, me retenía poniendo las palmas hacia arriba—. Britney, Britney... bien, aquí. Sexward fue un amante… blah.
—Vamos, Rose, solo léelo.
—Está bien. Sexward fue el amante que había soñado que sería. Sus labios dulces y carnosos, bla, bla, bla…
—¡Rose!
—Sus labios dulces y carnosos me enviaron directamente a la luna. Pero eso no fue nada en comparación con sus talentosas manos. Digamos que realmente sabe cómo acariciar el palo. Agg…
—Vamos, terminemos con esto.
—Pero, Coochies, permitidme que os asegure que el mejor activo de Sexward se oculta dentro de esos pantalones adorables de color caqui y cubierto por una capa de unos bóxers negros. El chico tiene un poderoso equipo más grande que el promedio y él sabe exactamente cómo usarlo para complacer a una chica. Y conmigo lo hizo. ¡Una y otra y otra vez! Bella, te lo ruego, por favor, permíteme detenerme.
—Bien, Rose, de todos modos eso es todo lo que puedo aceptar.
—Mira, aquí no hay nada detallado... —Ella se desvaneció, moviéndose de nuevo.
Otro bufido de su parte me dijo que ella estaba ocultándome algo.
—Será mejor que me digas todo.
—Bueno, hay una cosa más. Esta chica dice que trató de hacerle una mamada en un bar.
—¡Qué asco!
—Y él la rechazó.
—Wow, qué santo —le dije con sarcasmo.
—Esa es su conclusión también —murmuró Rose—. En realidad parece que él fue muy dulce al respecto. Le dijo que no quería que ella estuviera de rodillas para él.
—Supongo que querrá una medalla por eso.
—El resto son todas fantasías de fans y elucubraciones sobre lo que sería darle un beso...
—¿Me lo prometes?
—Te lo prometo. Bueno... ¿qué se siente darle un beso?
—¿Qué? ¿Por qué me estás preguntando eso?
—Me pregunto si vale la pena trabajar en esto o no. Quiero decir, no es como si no tuvieras a otros chicos golpeando tu puerta, Bella. Si chasquearas los dedos Gil Brophy estaría aquí en un instante. Y estoy segura de que Connor todavía…
—Es como el cielo besar a Edward —dejé escapar, dispuesta incluso a considerar las otras opciones que ella me estaba ofreciendo.
Ella sonrió y volvió a la cama, colocando sus brazos alrededor de mis hombros en un abrazo de lado.
—Entonces, vamos a encontrar la manera de conseguir ir más allá de esto tan rápido y sin dolor como sea posible. Espera un minuto.
Rose cogió su teléfono y mandó un mensaje, sin duda, a Emmett. Tuve que admitir que su actitud de hacerse cargo era muy reconfortante, al igual que su confianza en que podíamos arreglar todo ese lío, basado en mi sencilla admisión.
—¿Qué acabas de hacer? —le pregunté.
—Enviar a la caballería. —Volvió a sonreír con confianza—. Vamos a ver lo mal que se siente Edward en este momento. Dame tu teléfono —dijo ella, tendiéndome la mano.
—Mira, Bella. Él ya lo ha descubierto y te ha enviado una disculpa. Eso es una buena señal. No lo niega. Odio cuando los chicos niegan las cosas.
—¿Así que eso es todo? ¿Acepto sus disculpas y empiezo a confiar en él otra vez?
—No, tonta. Él va a tener que ganárselo otra vez, paso a paso. Por ahora, vamos a ver como se arrastra.
—¿Qué te hace pensar que va a arrastrarse? Él puede tener a cualquier chica que quiera, Rose.
—Estoy bastante segura de que tú eres la chica que quiere, cariño.
O) (O
Convencí a Rose de que un yogur congelado era lo que me merecía y el estricto cumplimiento del plan que iba a mantenerme en un equilibrio emocional. Ella realmente debió sentir lástima por mí esa noche, ya que me permitió un puñado de nueces en la parte superior.
—Son cuatro —dijo, mirando hacia abajo a mi móvil, se lo había dado a ella por la noche—. ¿Seguro que no quieres leer nada de lo que ha escrito? Este último es bastante bueno.
—¡Hey! Deja eso. ¡Se supone que los tienes que contar, no leer!
Ella se encogió de hombros sin pedir disculpas y me tentó con mi teléfono.
—Todavía no —le dije, girando la llave en la cerradura—. Gracias, Rose. De verdad. No podría haber pasado esta noche sin ti.
—No hay problema, cariño. Todos hemos estado ahí.
—Escucha, puedes volver con Emmett. Estoy bien. Voy a poner algunos toques finales a mi ensayo para mañana y a dormir.
—¿Estás segura? Yo no quiero dejarte si…
—Rose, estoy segura. Gracias. —La abracé y cogí mi móvil—. Vete.
—Muy bien. Ya sabes que sólo estoy a una llamada telefónica de distancia.
Tan pronto como ella se fue, me dirigí a mi portátil. El sitio web tenía una actualización automática cada cinco minutos, Dios no quisiera que una de las Coochies se perdiera un tweet, y no pude dejar de notar que había un gran mensaje llenando la pantalla.
¡Mierda! Era de Edward.
Cuando llegué al final, estaba limpiando mi cara de nuevo. Él no había negado nada de eso, cosa que me dolió mucho, porque sabía a ciencia cierta que todo era verdad. Pero entonces, él había tomado toda la responsabilidad por sus acciones y había enviado un fuerte mensaje a esas... chicas. Y allí estaba yo, en negrita. Él me quería en la primera fila.
En un capricho, le di a imprimir y archivé la copia impresa en el cajón de mi escritorio.
Deseosa de meterme en la cama y poner fin a esa larga noche, le puse los toques finales a mi ensayo. Consideré firmemente evitarlo en clase al día siguiente, pero realmente no estaba en mi ADN el huir. Hice mis cosas antes de acostarme y, justo antes de meterme bajo el edredón, eché un vistazo a mis mensajes de texto. Edward arrastrándose. Permití que una pequeña sonrisa de satisfacción se filtrara a través de mi cara justo antes de caer en un sueño exhausto.
^EPOV^
Mi estómago daba vueltas y se agitaba, y estaba contento de haber pasado del desayuno de ese día. Estaba aterrorizado y emocionado cuando Bella apareció. Me preocupaba que ella se saltara la clase. Con mis padres llegando esa tarde, tenía muy pocas horas para tratar de arreglar las cosas con Bella antes de que nos sumergiéramos en todas las actividades del Homecoming como una familia.
Estaba sentado en el lugar de siempre, con los ojos mirando descaradamente a Bella mientras ella pensaba en su misión y tomaba una decisión de dónde sentarse. Me miró directamente, luego se dio la vuelta, caminó directamente hacia Angela y tomó el asiento a su lado. Angela se vio confundida y se dio la vuelta para confirmar que yo estaba en mi asiento. Eric terminó junto a mí, ya que había exactamente 16 sillas y 16 estudiantes en la clase.
Banner tenía algo diferente planeado para ese día. Había puesto una pantalla y una escena de "Es una vida maravillosa". Después de la escena de diez minutos, dijo:
—Ahora, yo voy a poner la escena para vosotros otra vez y, luego, vais a escribir esto como si fuera vuestro recuerdo de las vacaciones. Tratad de obtener los detalles y usar los cinco sentidos. Aquí vamos.
Afortunadamente, la hora no requirió ninguna conversación, sólo concentración y reflexión, y luego pidió a algunos de nosotros que lo compartiéramos con la clase. Al poco tiempo terminamos y salimos. Sospeché que Bella no estaría dispuesta a escuchar mis disculpas, pero sentí que tenía que probar de todos modos. Me apresuré a recoger mis cosas y al final puse todo en mis manos para darme prisa y salir antes que ella. Cuando ella finalmente salió, yo todavía estaba guardando mi cuaderno y mi bolígrafo en la mochila y cerrando las cremalleras.
—Bella.
Ella parpadeó hacia mí, un poco sorprendida de que yo hubiera tenido las pelotas de acercarme a ella. Ella se vio como un animal atrapado calculando su escape.
—¿Bella? —le pregunté esa vez mucho más suave.
Ella se apartó rápidamente, alejándose de la puerta llena de gente y de los ojos y oídos indiscretos.
—Hey, Bella. Por favor… —Puse mi mochila a toda prisa alrededor de mi hombro y corrí detrás de ella, quien rápidamente se alejaba.
De repente, se detuvo y se giró hacia mí.
—Por favor, ¿qué? —Estuve sorprendido por su desafío directo o incluso por el hecho de que ella se detuviera para mí.
—Por favor, ¿puedo tener la oportunidad de arrastrarme por tu perdón?
Ella giró la cabeza hacia un lado y pude ver las lágrimas formándose en sus ojos. Ella estaba trabajando muy duro para no dejar que se derramaran. Me sentí como escoria por causarle ese dolor. Pude sentir el escozor en mis propios ojos.
—No estoy lista todavía. —No me lo dijo a mí, sino al aire a su lado y volvió a alejarse de nuevo.
Me moría de ganas de seguirla, ponerme delante de ella, caer de rodillas, maldita sea, besar sus pies si me lo permitía. Pero tenía que respetar lo que ella había dicho. Además, ella había dicho todavía y yo tomé eso como un signo positivo de que estaba considerándolo. Podía ser paciente, ya que sabía que había un todavía.
O) (O
Bella, lo entiendo. Voy a esperar el tiempo que haga falta para tener la oportunidad de disculparme correctamente y arreglar las cosas entre nosotros. Te prometo que no voy a molestarte, pero quiero que sepas estoy con el teléfono a mi lado esperando una señal de ti que me diga que puedo intentar quitarte ese dolor terrible que sé que te he causado. Por favor, por favor, por favor, Bella. En cualquier momento. De día o de noche. Edward
Satisfecho de haber hecho todo lo que podía hacer, me dirigí a la habitación de Emmett, donde mamá y papá debían llegar en diez minutos.
Emmett estaba de pie fuera como un niño levantándose temprano en la mañana de Navidad, esperando con impaciencia a que el resto de la familia despertara para poder abrir sus regalos. Su sonrisa ansiosa cayó cuando vio mi expresión.
—Bueno, eso responde a esa pregunta —dijo—. ¿Has hecho algún progreso?
—He hecho que las Coochies eliminen su blog y yo he aceptado mis errores. Simplemente todavía no he conseguido que Bella escuche mis disculpas.
—¿Le has enviado mensajes?
—Sí, pero ella me ha dicho que todavía no está dispuesta a escucharme.
—Bueno, eso es una buena señal, hermano.
—Eso es lo que pensé yo también.
—Bueno, aguanta. Bella es una chica razonable y se parece bastante a ti.
—Sólo deseaba que hubiéramos podido hablar antes de que mamá y papá llegaran. Tenía la esperanza de que todos pudiéramos pasar algún tiempo juntos este fin de semana. Además, tenía muchas ganas de conocer a su padre.
—Ah sí, el suegro. Yo voy a conocer a los padres de Rosalie este fin de semana. Caray, realmente espero romper ese récord mañana. Eso les impresionará, ¿verdad?
—Eso va a ser dulce, Emm. Hey, aquí vienen.
Segundos después Emmett le dio a mamá un abrazo de oso mientras papá pagaba al taxista. Mi gran hermano tenía la actitud de un niño de ocho años cuando estaba alrededor de mamá. Supuse que yo también, porque cuando llegó mi turno, yo no pude creer lo bien que se sentía su abrazo. De hecho, me dieron ganas de romper a llorar y derramar mis confesiones por toda la acera.
Ella se alejó de nuestro abrazo y se aferró a mis manos mientras me miraba. Su sonrisa se desvaneció un poco mientras me leía como nadie más podría hacerlo.
—¿Qué te pasa, cariño?
Oh, mierda. No lo hagas, mamá. Por favor. Sabes que no puedo ocultarte nada.
—Nada, mamá. Estoy bien.
Ella me liberó para que papá pudiera tener su turno, pero sus ojos sospechosos no dejaron nunca su examen.
—Ahh, Edward —dijo alegremente, tomándome en sus brazos y dándome un apretón cordial—. Wow, hijo, hay mucho más de ti que la última vez.
—Oh. Sí, he estado trabajando. Mi nuevo entrenador me tiene haciendo todo ese trabajo básico. —Me aparté, distraído por la perspicacia de mamá.
—Así que, ¿queréis venir y saludar a los chicos? —Emmett preguntó.
—Tú vas primero, Emmett, y asegúrate de que todos van decentes por favor —dijo mamá.
—Por Dios, mamá, ¿qué crees, que caminamos por aquí todos los días con nuestros bóxers? ¡Hace como treinta grados fuera!
—Realmente no tengo ni idea de lo que hacéis. Sólo no quiero ver nada... desafortunado.
Papá se rió y la abrazó.
—No te preocupes, querida, yo te protegeré de las bestias salvajes.
—¡Hey, señora C! ¡Gracias por los brownies! —Gil le dijo a mamá al segundo de que ella pasara a través de la puerta.
—¿Brownies? ¡Yo no he comido ningún brownie! —me quejé indignado.
Papá me tiró del codo y dijo:
—Tu madre piensa que si favorece a Gil con dulces, él estará más a favor de Emmett en el fútbol.
Mamá se sonrojó por la atención de todos los chicos, pero pude decir que ella lo amaba. No de una manera inadecuada, sólo de una manera maternal. Papá les dio la mano a todos y Emmett nos encontró un lugar limpio para sentarse y ponernos al día. Todas las preguntas obvias fueron formuladas y contestadas y, a lo largo de todo eso, los ojos de mamá no me dejaron tranquilo.
A las cuatro llegué a ser muy consciente de que Bella estaba en su sesión con Riley y no pude dejar de preocuparme de que ella estaría haciéndole saber que la puerta estaba abierta de nuevo para Connor. No, no podía empezar a pensar de esa manera. Era demasiado deprimente.
—¿Edward? —Era mamá, se deslizó a mi lado en el sofá.
—¿Hmmm?
—Por favor, dime lo que está mal para que yo pueda ayudarte a solucionarlo.
—Nada.
—¡Edward! —Ella me sorprendió con su tono agudo. Mis ojos parpadearon con dolor—. Lo siento, cariño —dijo con un tono más suave, cubriendo mi mano con la suya en el asiento—. Simplemente no tenemos mucho tiempo. Odio verte así. Venga, suéltalo ahora.
Emmett y papá se habían dado cuenta de la conversación y papá entonces se interesó.
—¿Qué está pasando?
Emmett se encogió de hombros con impotencia. Una vez que mamá se aferraba, no había duda de que ella y todos lo sabrían. Respiré, subí los ojos al techo en busca de inspiración y les conté todo. Bueno, casi todo.
~BPOV~
—¡Papá! ¡Estás aquí! —Se iluminó el rostro de Charlie y los bordes de su bigote se giraron hacia arriba en una sonrisa feliz.
—¡Bells! —A medida que se acercó, su feliz sonrisa se convirtió en una mueca de sorpresa—. ¿Bella?
—Oh. Sí. He perdido unos cuantos kilos.
Papá se quedó sin habla y, para ser justos, probablemente debería haberle avisado que había perdido catorce kilos desde la última vez que me vio hacía diez semanas. Pero el factor sorpresa fue muy gratificante. Sue fue la primera en romper el silencio y en darme un abrazo cálido.
—¡Bella, te ves fenomenal! ¡Tan sana y brillante! ¡Dime cómo lo has hecho!
Aunque no tenía ni idea acerca de su interés en mi padre hasta que me él me lo dijo en agosto, ella siempre había sido como una segunda madre para mí y sentí su orgullo por mi logro.
—No hay nada mágico. Hice la dieta de moda y ejercicio.
—¡Bueno, wow! ¡Los chicos deben estar merodeando alrededor de ti!
Papá resopló con eso y se acercó para darme un abrazo. Irónicamente, en ese momento que él estaba cerca, vi que había ganado un par de kilos.
—Te ves maravillosa, Bella. No puedo superar esto. ¡No puedo creer que no me hayas dicho una palabra en todas nuestras conversaciones!
Le sonreí, él siempre quería lo mejor para mí.
—Quería darte una sorpresa.
Él aceptó eso fácilmente y dijo:
—Ya pararás, ¿no? No quieras llegar a la anorexia o la bulimia o lo que sea que las chicas están haciendo hoy en día...
Me reí por lo rápido que había pasado de estar orgulloso y feliz a tener una ansiedad protectora.
—No, papá. No te preocupes. Estoy trabajando en convertir el resto de mi gordura en músculos.
—¿Ah, sí? Déjame ver esas armas —dijo en broma, con las manos en las caderas.
—¿Qué tal si vamos a ver un partido de fútbol en su lugar? —le sugerí.
—Bien. De todos modos tienes tantas capas debajo de esa camiseta de fútbol que no creo que pueda sentir un músculo.
O) (O
—¿Cuándo dijiste que llegaríamos a conocer a tu compañera de cuarto?
—Oh, Rosalie. Sí. Vamos a reunirnos con ella después del partido. Sus padres no son exactamente de esos que se sientan en las gradas.
Charlie se rió alegremente, aceptando fácilmente mi implicación.
—Bueno, háblame de tus clases. ¿Vas bien en Cálculo?
—Sí. No es mi clase favorita, pero tuve que sacarlo del camino. Todo lo demás está muy bien.
—¿Y todavía estás disfrutando de ese seminario de escritura? ¿Cómo me dijiste que se llamaba ese chico... tu pareja?
—Edward —le respondí rápidamente y con suavidad, eso esperaba.
—Cierto, Edward. ¿Cómo está él?
—Oh —le respondí, fingiendo indiferencia—, él está bien. ¿Recuerdas que te dije que su hermano Emmett iba a intentar pasar el récord hoy? Así que, probablemente, esté sentado con sus amigos justo detrás del banquillo de los jugadores.
—¿Ah, sí? ¿Justo ahí, quieres decir? —Charlie se levantó y señaló dos filas hacia adelante, sin saber que eran los Cullen, humillándome como sólo un padre podía hacer.
Tiré inmediatamente de su muñeca.
—Papá, siéntate —le dije con los dientes apretados. Sue se rió por su completa falta de modales.
—Caramba, Bella, no iba a hacer nada malo —afirmó un tanto molesto. Sue pasó su mano alrededor de él y tomó sus dedos con dulzura. Él se calmó al instante con su gesto. ¡Eh! Bien por ella.
Por suerte Edward no estaba mirando y la indiscreción de mi padre pareció haber pasado desapercibida.
Los jugadores salieron al campo con vítores. Hubo una presentación de la corte de Homecoming, con el rey y la reina coronados, al igual que en la secundaria. Lo sentí por los jugadores, quienes tenían que hacerse los interesados cuando probablemente no les importaba nada de nada en ese momento. Emmett parecía excitado, saltando sobre sus pies, dando pequeñas respiraciones al estilo Lamaze. Gil se veía relajado mientras observaba la multitud.
Me senté tan alto como pude en el banco de metal, haciendo que se viera el número 7 en mi pecho. Cualquiera de mis movimientos o el número en sí llamaron la atención y entonces Gil me dio una amplia sonrisa. Estaba segura de que me había ruborizado como una fan tonta y fue solamente peor cuando Sue siguió mis ojos y me preguntó:
—¿Ese muchacho en el campo te sonríe a ti? —Charlie levantó la cabeza para ver lo que se había perdido y murmuró algo sobre el sol dando probablemente en los ojos de Gil.
Al parecer Sue no fue la única que se percató de nuestro intercambio, ya que sentí el brillo inconfundible de los ojos de Edward girándose hacia mí. Se alejó y se desplomó en su asiento cuando vio que la camiseta de Gil estaba ocupando el lugar que su propia chaqueta había ocupado hasta el encuentro cercano con las Coochies. La buena sensación del segundo anterior se evaporó con la decepción de Edward.
¿Por qué eso no me hace sentir bien?, me pregunté. El juego comenzó y estábamos perdidos en una cuenta regresiva colectiva de metros necesarios para el récord de Emmett.
Gil no perdió el tiempo dándole de comer a la pelota y en la tercera jugada del partido, Emmett hizo una captura brillante e hizo un touchdown.
—¡Mirad eso! —yo les dije a mi padre y a Sue y estábamos con la multitud para animar al Cullminator mientras se retorcía, giraba y deleitaba a todos con sus payasadas.
Mi teléfono vibró y sentí el orgullo de Rosie a través la del mensaje. ¡Él lo ha hecho! ¡Él lo ha hecho!
No puedo evitarlo, mis ojos se fueron a los Cullen. Sus padres estaban radiantes yendo hacia la zona de anotación, sumergiéndose en el momento de Emmett. Intercalado entre ellos, Edward celebraba el éxito de su hermano, animando y gritando justo hasta que Emmett volvió al banquillo y les chocó los cinco a todos ellos. Una cámara estaba siguiendo sus pasos y una enorme imagen de los cuatro apareció en el Jumbo-tron.
Sentí las lágrimas correr por mis mejillas con orgullo por todos ellos. O tal vez me sentía emocional porque había hecho todo el camino hasta ahí y me sentía excluida de su grupo muy unido. Estaba perdida en ese momento y probablemente estuve de pie un segundo más que todos a mi alrededor, así que me senté cuando Edward volvió a mirarme otra vez, aparentemente en contra de su voluntad.
Toda la emoción y el orgullo desaparecieron de su cara y una cortina de dolor cayó en su lugar. Puse mis brazos sobre mi pecho en un gesto de auto-consuelo, pero tal vez también para tratar de encubrir el jersey que me había puesto con no tan buenas intenciones. Edward sacudió la cabeza con tristeza y se volvió a sentar.
^EPOV^
No era como si yo no lo mereciera, pero eso no me quitaba la pizca de dolor cuando vi que Bella no solo había rechazado mi chaqueta ese día, sino que estaba con la camiseta de Gil, para colmo de males. Ella había enviado un mensaje y yo lo había recibido. Mi anterior optimismo en resolver las cosas con ella cayó en picado, a pesar del orgullo que sentía por Emmett.
Mamá seguía siendo leal y no se giró en su asiento para ver a Bella, aunque sabía que se estaba muriendo por poner los ojos en ella. Y como ya había averiguado todos los sórdidos detalles que yo era capaz de compartir, ella sólo me apoyaba. Sabía que estaba decepcionada conmigo, pero éramos el frente unido Cullen. A pesar de que era vergonzoso, por decir lo menos, tener que arrastrar a mis padres a través de eso, era un poco de consuelo el ser reforzado en mi momento de necesidad.
Lo más cerca que había estado de conocer a Charlie fue al darle un rápido vistazo dos filas más atrás. Con o sin un arma cargada, era intimidante. Dadas las circunstancias, me sentí aliviado de que fuéramos a cenar con los Hales esa noche en su lugar.
Traté de ser un buen chico por el bien de mi familia, pero tan pronto como la cena terminó, me levanté con gracia y me dirigí a mi habitación. Al día siguiente íbamos a comer con Jasper y sus padres, así que no me sentiría presionado para ser social más allá de lo que ya era. Había pasado la noche sin dormir, relativamente dando vueltas, el número siete giraba en las pesadillas de diversa duración y tema.
~BPOV~
—¡Bella, abre la puerta! —gritó Rose. Me obligué a abrir mis ojos para ver la hora.
—¿Quién es a las ocho de la mañana de un domingo? —me quejé, arrastrándome fuera de la cama y poniéndome mis zapatillas—. ¿Quién está ahí? —pregunté a través de la puerta, pensando que era probablemente una broma.
—Soy Esme Cullen, querida. ¿Puedo entrar, por favor?
Mi corazón recién despertado comenzó a saltar a un ritmo que no reconocía, algo así como el galope de una manada de caballos salvajes.
—Rose —le susurré en voz alta—. ¡Maldita sea, Rose!
—¿Qué? Ya voy, ya estoy arriba —se quejó—. ¿Quién es?
—¡Es Esme!
—Bueno, ¿no crees que deberías dejarla entrar? —dijo alegremente, envolviéndose en su mullida bata de lana.
—Oh, mierda. —Abrí la puerta para encontrar a la madre de Edward esperando pacientemente al otro lado—. Esme, hola, ¿cómo estás?
—Estoy bien, cariño. Lamento despertarte. Buenos días, Rosalie.
—Hola, Esme. Voy a lavarme los dientes —nos informó con mucho tacto, excusándose, y con la bolsa de aseo en la mano.
—Probablemente debería…
Esme sacudió su mano con desdén.
—Oh, no te preocupes, Bella. Está bien.
Fui a mi escritorio y encontré un chicle refrescante. Ella se negó cuando le ofrecí uno.
—Bueno, Bella, Edward nos dijo cuánto peso has perdido, pero es increíble verlo con mis propios ojos. Te ves más bella que la última vez que nos vimos. Debes estar muy orgullosa de ti misma.
Eso era más que vergonzoso. ¿Qué hacía ella aquí?
—Gracias —le dije sin convicción.
—Escucha, Bella, te estarás preguntando qué estoy haciendo aquí.
—Oh, eh...
—Sé que esto es muy extraño. ¿Te importa si me siento?
—Oh, por supuesto. Lo siento... —Puse rápidamente las mantas sobre la cama, pero ella se dirigió a mi silla de escritorio, donde ella se sentó y apuntó hacia la cama donde estaba yo sentada.
—Estoy tomando un gran riesgo al venir aquí. Edward no va a ser feliz conmigo cuando se entere.
—No te preocupes, yo no…
—No, no, querida. Yo nunca te pediría que le guardaras un secreto como este. Se lo diré yo misma cuando vuelva.
Wow. Vale.
—Bella… —Se inclinó hacia adelante en su asiento y cogió mis manos—. Espero que disfrutes de la intuición de una madre entrometida durante unos minutos. Yo no tengo mucho tiempo antes de que todos se despierten y averigüen a dónde he ido.
—Claro —le dije con gran temor.
—Yo no estoy aquí para disculparme por mi hijo. Él es un gran chico y ha hecho un gran lío, así que va a tener que limpiarlo todo.
—Oh, ¿de acuerdo? —Entonces, ¿a dónde íbamos?
—No hay duda de que los dos estáis muy heridos en este momento y tú puedes confiar en mí cuando te digo que el tiempo no cura todas las heridas. Yo sé que tú sabes de lo que estoy hablando ahora, Bella.
Asentí con la cabeza, porque su honestidad merecía también mi honestidad.
—Bien. Así que aquí está mi pensamiento. Una de las dos cosas que pueden suceder. Tú y Edward podéis decidir resolver esto y empezar de nuevo. O...
Se parecía a la enfermera a punto de poner la vacuna contra la meningitis.
—O podéis decidir que no se puede perdonar ni olvidar y seguir adelante.
¡Bueno, eso era mucho peor que la vacuna!
—De cualquier manera —continuó—, ¿por qué no inicias el proceso de escuchar más temprano que tarde? ¿De qué sirve para cualquiera de los dos alargar esto?
Pude ver su punto de vista y tenía que admitir que ese limbo era una mierda.
—Bella, me gustas mucho y no me gusta verte herida. Pero, sinceramente, siento el dolor de Edward en un nivel visceral y es casi insoportable para mí. No veo cómo puedo meterme en un avión de regreso a la costa oeste sin tratar de ayudaros a que arregléis este lío. Tú tienes todas las cartas y por eso tuve que venir aquí. Te pido que, por favor, le des a Edward una oportunidad de disculparse. Mi hijo, sin duda, no es un santo y si decides que no puedes vivir con lo que pasó, que así sea. Pero no elijas este momento para jugar, ya que no serás capaz de tomarlo de nuevo, al igual que Edward no podrá arreglar lo que hizo.
Me sentí debidamente castigada por llevar la estúpida camiseta. Asentí con la cabeza otra vez. Esme se levantó de su silla y me dijo:
—Vale la pena, Bella, realmente espero que lo vuestro funcione. Creo que podríais ser algo extraordinario juntos.
—Gracias, Esme. —Había mucho más que decir, pero fuimos interrumpidas por un golpe en la puerta. En realidad sonó como si tres o cuatro personas llamaran a la puerta. Cuando llegué a la manivela, una llave giró la cerradura y la puerta se abrió.
Rose se encogió de hombros disculpándose y entró en la habitación. Detrás de ella había tres hombres Cullen, uno de los cuales no parecía especialmente feliz.
—¿Mamá? —dijo Edward vacilante, dando un paso adelante hacia su madre.
Oí murmurar a Esme.
—Oh, hijo —susurró en voz baja.
Si Rose había entretenido a toda la familia Cullen con su bata de baño, ella no lo demostró. Estaba agradecida de haberme puesto mis pantalones de franela y una camiseta de manga larga térmica porque en esos momentos había demasiados hombres en la habitación, para mi comodidad. Los ojos de Edward se alejaron de Esme y aterrizaron en mí. Ese no era mi mejor look, pero no creí que ese fuera nuestro mayor problema en ese momento.
Carlisle habló desde la puerta:
—¿Por qué no tomamos este pequeño drama familiar fuera de la habitación de las chicas y hablamos las cosas en el pasillo?
Esme se movió hacia Carlisle, dejando a un lado la ira de su hijo menor.
—¿Edward? ¿Vienes? —Carlisle dijo suavemente.
—En un momento, papá —respondió sin quitarme los ojos de encima mientras hablaba—. Es decir, si a Bella le parece bien que me quede un minuto.
Sus ojos estaban suplicando y yo no tenía ni un gramo de fuerzas para resistirlo.
—Claro —le respondí.
Dejó caer sus hombros y sentí una sonrisa satisfecha cruzar la cara de Esme. Edward estuvo inmóvil hasta que todos, incluida Rose, se fueron de nuevo. Pobre Rose, pensé, iba a tener que hacerle algo. Pensé que, por el momento, le debía un bolso de Prada. Tal vez ella se conformara con un almuerzo en el Green Machine.
La puerta se cerró y los dos estuvimos solos. Los dos estábamos mirándonos, respirando y esperando. Parecía que Edward no había dormido en tres días y, definitivamente, no se había afeitado en 24 horas. Yo nunca lo había visto tan desaliñado como en ese momento, así que me quedé un poco atontada con lo sexy que se veía así. Entonces recordé que yo estaba recién salida de la cama e incluso no me había cepillado los dientes, ni el pelo, ni me había lavado la cara. Era injusto ver cómo se levantaba Edward, me hacía ver como un trapo usado.
—Bella… —Se ahogó con voz ronca—. ¿Puedo arrastrarme por tu perdón ahora?
Esa vez, cuando dijo esas palabras, le oí. Lo único que estaba pidiendo era una oportunidad. E incluso sin el discursito de Esme, estaba lista para acceder a su petición.
—Está bien —le dije simplemente.
Él soltó una gran bocanada de aire, asintió con la cabeza una vez, se dejó caer sobre una rodilla y luego sobre las dos rodillas, delante de mí. No podía creer que estuviera realmente de rodillas, dispuesto a humillarse de verdad. Definitivamente te has ganado algunos puntos con eso, Edward.
Estaba lista para que él empezara, pero él simplemente abrió su boca y luego la cerró de nuevo. Al final se aclaró la garganta y dijo:
—Lo siento, Bella. Practiqué esto como treinta veces, pero estoy tan nervioso ahora mismo. ¿Te importa si uso mis notas?
—¿Hay notas? —prácticamente susurré.
—Oh, sí. Yo… hice un esbozo —dijo con timidez.
Mierda. Edward de rodillas Cullen había hecho un esbozo de su disculpa.
—Está bien —le dije.
Se limpió las manos en los muslos antes de llegar a su bolsillo trasero y sacar una hoja doblada de papel recién arrancado de su cuaderno de notas. Me recordó brevemente a la nota manuscrita de LeVon a Edward, abrió el papel, lo miró un momento, luego lo dobló y lo metió de nuevo en su bolsillo.
Con sus ojos de nuevo en los míos, comenzó:
—He cometido un error enorme. Te engañé haciéndote pensar que yo no había estado con ninguna otra chica desde que llegué a Holden.
No estaba segura de quién miró hacia otro lado en primer lugar, pero yo sabía que no podía soportar escuchar lo que venía a continuación.
—Pero lo hice, Bella. Estuve con una chica en Boston. Y hubo otra chica también en un viaje. Pero yo no me acosté con ella, no es que importe mucho ahora —murmuró miserablemente.
»Me gustaría poder volver atrás y no hacer lo que hice, pero, sobre todo, me gustaría no haberte dicho lo que te dije para hacerte creer que no había estado con nadie.
Obligué a mis ojos a que miraran los suyos. Las lágrimas picaban en mis ojos y sabía que iban a venir, así que dejé de luchar contra ellas. Mi boca empezó a temblar y, rápidamente, cogí mi labio inferior entre mis dientes para obtener el control.
—Eso es lo que hice, Bella, y estuve 100% equivocado. Sólo un segundo. Lo siento.
Sacó el papel de nuevo, lo consultó y lo guardó una vez más.
—He enviado un mensaje a esas chicas malas pidiéndoles que cierren su página web y, al parecer, lo han hecho. No puedo estar seguro de que no vayan a crear tres más, pero puedo prometerte que no van a tener nada sobre lo que escribir que sea cierto.
Oh Dios, estaba tan condenadamente serio, dulce y de rodillas. Asentí con la cabeza en reconocimiento de lo que acababa de revelar y esperé a que terminara.
—Creo que esta última parte podría ser la más difícil, ya que no quiero que pienses que estoy intentando justificar lo que hice o dije, pero quiero que entiendas lo que había en mi corazón.
Giré en torno a mi mesa y cogí un pañuelo para mí. Edward extendió su mano y me di cuenta de que necesitaba uno también.
—Bella, cuando te dije que yo no era el tipo de persona que se tomaba estas cosas a la ligera, lo dije en serio. No soy una aventura de una noche. Yo no trato a las chicas con ese tipo de falta de respeto. Demonios, yo no me trato ni a mí mismo de esa manera. Cometí un error con Bri... en Boston —corrigió, entendiendo que yo no quería oír el nombre de esa Coochie.
»Supongo que me volví un poco loco con todo esto de la fama y me aproveché de la situación. Me arrepentí al instante en el que comenzó y siento que todo este desastre es una especie de castigo cósmico por ese momento idiota de debilidad.
»Una cosa más antes de concluir —dijo y sentí que mis labios trataban de sonreír ante el hecho de que él había estructurado todo ese asunto como si fuera uno de sus ensayos y que realmente, realmente, quería una buena nota en este caso—. Tú significas mucho más para mí que cualquiera de esas chicas o cualquier persona con la que haya estado antes.
Mis ojos debieron abrirse como platos al oír eso que pareció como una confesión de que él se había acostado con cientos de mujeres.
—Joder, eso no ha sonado nada bien. Eso es lo que me pasa por no revisar mis notas. De todos modos, lo que estoy tratando de decirte es que, por una vez en mi vida, mi cerebro lo descubrió antes de mi polla. ¡Oh mierda, en realidad no está saliendo bien!
—Hey, Edward —le dije—, ¿por qué no vas a la conclusión antes de que metas más la pata?
—Buena idea. Espera… —Una vez más, desplegó el papel y simplemente esa vez decidió ponerlo en el suelo delante de él y leer.
»En conclusión, la cagué. Fui un cerdo en los viajes y a pesar de que todo sucedió antes de que empezáramos a estar... físicamente juntos, mentí sobre ello y eso no está bien. Te ruego que por favor me perdones y me des otra oportunidad para demostrarte que merezco tu confianza, aunque tarde un semestre o más. Siento mucho haberte herido y no soporto verte así. Y, hablando de dolor, mis rodillas me están empezando a doler, ¿crees que puedo levantarme ahora?
—Claro —le respondí, acercándole mi mano para ayudarle. Cogió mi mano con la suya y esa fue la primera vez que nos tocamos en casi tres días y ninguno de los dos quiso dejar ir al otro una vez que él estuvo de pie.
—Ahhh… —se quejó, estirando las piernas un poco y sacudiéndose el polvo, pero sin dejar ir mi mano—. Bella, gracias por escucharme. Quiero que sepas que no espero una respuesta inmediata, pero realmente aprecio que me hayas dejado sacarlo todo de mi pecho.
^EPOV^
Y hablando de pechos, ¿sería mucho pedir que nunca, nunca, nunca adornes el tuyo de nuevo con el número de Gil Brophy?
Es demasiado pronto, pensé esa última reflexión para mí.
—Gracias, Edward. Esa ha sido una disculpa muy completa. Aunque ha dolido como el infierno, estoy muy contenta de que me dijeras todo. Eso era todo, ¿no? ¿Ninguna otra Coochies esperando para contar sus historias?
—No, Bella. Eso es todo. Quiero decir...
Mierda, ¿me preguntaba por mi vida pre-Holden? Porque había un montón más que decir sobre ese tema.
—Si te estás preguntando acerca de la escuela secundaria, yo…
—No, Edward —ella me detuvo, literalmente, levantando su mano para detener mi explicación—. No puedo soportar hablar de eso en este momento. Por favor.
Asentí con la cabeza con gratitud.
—Entonces eso es todo.
—Muy bien. Te diré algo, tienes un almuerzo con los Whitlock ahora mismo, ¿no?
Giré mi muñeca y le di un rápido vistazo a mi reloj.
—Sí, en un par de minutos.
—¿Por qué no vuelves cuando haya terminado?
—¿En serio? —dije alegremente, sintiéndome como un niño que acababa de recibir su primera bicicleta. Todo era brillante y emocionante, pero el peligro acechaba en el siguiente viaje.
—En serio —ella contestó, por fin liberando su sonrisa de su cautiverio—. Y no seas demasiado duro con tu madre. Ella estaba en lo cierto.
—Sí, por lo general lo está —acepté con pesar—. Supongo que no puedo conseguir un abrazo, ¿no? —Le puse ojos de cachorro y di un paso más cerca, esperanzado.
Ella me detuvo con una mano en el aire entre nosotros.
—Todavía no —respondió ella.
Podría vivir con eso. Ella había dicho todavía de nuevo.
O) (O
—Creo que me va a dar otra oportunidad, Jas.
—Eso es una gran noticia, Edward. Dale las gracias por mí, ¿quieres?
—Cállate la boca, yo no estaba tan mal.
—Oh, oh, mi amigo, lo estabas.
—Está bien, está bien. La venganza es una perra, ¿no es así?
—¿Venganza? ¿Qué he hecho?
—Oh, creo que sabes lo que hiciste, compañero. Creo que tus palabras exactas fueron: "Este es un regalo de promoción. Lo que pasa en Boston se queda en Boston".
—Sí, puedo haber dicho algo en ese sentido —dijo sonriendo tímidamente.
—Voy a decirle un adiós rápido a tus padres, luego meteré a los míos en un taxi y volveré a terminar el trabajo en la habitación de Bella.
—¿No es eso lo que te metió en problemas en primer lugar? —me soltó.
Yo lo golpeé en la parte posterior de la cabeza, porque se lo merecía.
O) (O
—Mamá, yo no necesitaba que hicieras eso —le dije con los dientes apretados en la acera. Traté de fingir que estaba indignado para que ella no hiciera nada otra vez. La verdad era que yo nunca podría enfadarme con mi madre. Como mi terapeuta decía: "No es un sentimiento útil para ti".
—Lo sé, cariño —admitió—, pero creo que Bella sí lo necesitaba.
—¿Cómo sabes eso? —No sabía si estaba de acuerdo con su premisa, pero estaba interesado como el infierno en saber cómo había llegado hasta allí.
—Bella no ha tenido una madre en su vida durante los años formativos de la adolescencia. Estoy dispuesta a apostar tu dinero de la beca a que ella y su padre no hablan de chicos de una manera productiva.
Aparte del tema de disparar a mis pelotas, medité con aire taciturno.
—Estoy segura de que Bella está confundida en este momento sobre lo que podría significar para ella el perdonarte. ¿Estás pillándome, Edward?
—Honestamente, no. —Perdonadme, era un chico, no una chica con un pene.
—Ella puede tener la impresión de que estás... perdido con tu moral. —Su boca se frunció en la última parte y lamenté la decepción que vi que se había formado en sus claros ojos verdes—. Y me temo que ella puede sentir que al perdonarte, ella está reduciendo sus propias normas, que supongo que son bastante altas.
—Las mías son altas también, mamá. Sólo tuve un desliz —expliqué.
—Bueno, mi conjetura es que Bella no ha tenido muchas oportunidades de deslizarse —ella respondió sin perder la oportunidad de mirarme al decir esa palabra—. En cualquier caso, Edward, yo quería que Bella se diera permiso a sí misma para perdonarte, que supiera que ella no era menos persona por seguir queriéndote después de esto. Y yo sentía que tenía que venir de una figura materna. Rosalie es una chica encantadora, pero ella, obviamente, tiene su parte justa de experiencia con los chicos.
—¡Mamá! Yo no creo que debamos…
—¡Oh, vamos, Edward! ¡No seas tan mojigato!
Me reí por su actitud hacia la novia de mi hermano y sus actividades anteriores.
—Sólo estoy diciendo que como mujer madura en una relación amorosa con éxito y a largo plazo, puedo añadir algo de credibilidad en su conciencia y, así, tú haces tu papel.
—Tú no eres exactamente una tercera parte desinteresada —la reté, aunque yo quería desesperadamente que ella ganara ese debate.
—No, no lo soy. Y por eso lo hice, sinceramente.
—¿Ah, sí? —le pregunté, finalmente sintiendo que mi madre en realidad estaba de mi lado más de lo que dejaba entrever.
—Sí. Le dije que, si bien no eras un santo, tu dolor me desquiciaba y yo no podía soportarlo.
—El taxi está aquí —dijo Emmett. Él y papá terminaron su conversación y abrazo y nos dispusimos a cambiar a los padres para despedirnos.
—Hazme saber lo que pasa con ella, Edward. Y trátala bien a partir de ahora.
Tenía que amar a mi madre. Ella me dio un cálido abrazo y me apretó lo más fuerte que pudo.
—¡Y vosotros dos —nos dijo a Emmett y a mí— no os creáis todo lo que leéis sobre vosotros mismos!
Mierda. ¿Nuestra madre inocente había visto los sitios de fans? Gracias a Dios las Coochies estaban fuera de línea.
O) (O
Golpeé nerviosamente y contuve la respiración hasta que ella respondió. Una parte de mí se preocupó de que ella pudiera haber cambiado de opinión después de reflexionar. Pero una vez que vi su cara, toda esa ansiedad se desvaneció. Ella me metió dentro y cerró la puerta detrás de mí.
—Está bien, puedes abrazarme ahora —anunció.
Me reí y la acerqué a mi pecho antes de que cambiara de idea. Cerré mis manos en la parte inferior de su espalda y descansé mi cabeza en su hombro. Sentí sus brazos llegar hasta mi espalda y su mejilla se apoyó contra el bolsillo de mi camisa. Estábamos balanceándonos, con los ojos cerrados, simplemente disfrutando de la comodidad del otro.
—Gracias, Bella —le susurré. Se sentía más como una oración de acción de gracias—. No te voy a decepcionar otra vez —le prometí.
—Te creo —dijo.
Después de unos minutos de ese balanceo feliz, me sentí como si me estuvieran arrullando para dormir.
—Bella, estoy muy, muy feliz de estar abrazándote, pero no he dormido en unas 80 horas y me temo que en realidad podría caer en estos momentos.
—Bueno, caramba, Edward, tengo que ser la chica más aburrida de toda la historia de las chicas.
—Pshhh —comenté poco elegante—. ¿Te importa si lo hacemos en horizontal en su lugar?
—Wow, ¿eres muy directo, lo sabías? ¿Cinco minutos después de que nos hayamos juntados estás tratando de llevarme a la cama?
—Más bien meterte en la cama —le reconocí.
—Vamos, Romeo —dijo ella tomando mi mano y llevándome a la cama. A pesar de que las luces estaban apagadas, estábamos a mitad del día y hacía demasiado frío para una siesta decente. Miré alrededor para buscar su manta, no estuve nada feliz de no encontrarla en su lugar de siempre, en la parte inferior de la cama. Me temía que se había ido con la chaqueta, guardada en algún lugar en vez de estar bien visible.
—Oh —dijo ella—. ¿Buscas esto? —Sacó la manta verde plegada de debajo de la almohada—. Acuéstate —pidió ella.
—Ahora estamos hablando —le dije, poniéndome encima de su edredón y rodando hasta mi posición favorita para dormir, mi lado izquierdo.
Sentí la cálida oscuridad sobre mí y acomodé la manta desde mi cuello hasta los tobillos.
—Ahhh… —gemí.
Ella me estaba mirando con las manos en las caderas.
—Bueno, ¿no vas a venir adentro? —le pregunté, levantando la parte de su lado y extendiendo el brazo bajo la almohada.
—¿Crees que voy a encajar ahí contigo, señor King Size?
—A excepción de los pies colgando al final del colchón, hay un montón de espacio para los dos. Venga. Vamos.
Ella se sentó con cautela y se deslizó sobre su espalda, acostándose con las manos a los costados de la forma más torpe posible.
—¿Qué pasa? —le pregunté.
—Nunca he hecho esto antes. ¿Hacia qué lado me pongo?
Mis ojos se estaban cayendo una vez que estuve acostado. La conversación era divertida, pero estaba demasiado cansado para disfrutar de ella en ese momento.
—Del que quieras con tal de que estés cómoda.
Ella se dio la vuelta sobre su lado izquierdo y, una vez que estuvo acomodada, yo tiré la manta hacia arriba y sobre nuestras cabezas, creando nuestra propia burbuja oscura.
—Mmmm.
Puse mi brazo derecho sobre ella y cogí su mano para que ella no se preocupara de nada. Estaba a la deriva cuando sentí el pelo de Bella haciéndome cosquillas en mi nariz. Ella se deslizó de nuevo lo suficiente para tentar a mis sentidos cansados. Tuve cuidado de mantener mi parte baja lejos. Estaba más allá de agotado, pero al parecer mi polla no estaba en la lista de partes del cuerpo cansadas.
Bella pasó su mano izquierda por mi brazo y encontró mi mano (como era lógico) al final. Ella entrelazó nuestros dedos y puso nuestras manos unidas en su vientre. Yo la sostuve todavía y la dejé terminar de ajustarse a sí misma. Ella se balanceó hacia atrás unos centímetros más hasta que su espalda estuvo presionando ligeramente en mi pecho. Me entregué al contacto encantador y enterré mi nariz en su pelo, inhalando profundamente los aromas mezclados de shampoo, jabón y una chica que me había estado perdiendo el fin de semana.
Pocos minutos después la oí:
—Edward.
—¿Mmm?
—Será mejor que nos levantemos. Son casi las ocho —susurró.
—¿De la mañana? —dije en voz muy alta.
—¡Shh! Sí —respondió ella, riéndose—. Tenemos clase de Composición en menos de una hora.
Me estiré y salí fuera de la manta. Un gran bostezo se me escapó antes de que Bella pudiera cubrir mi boca.
—Shhh! ¡Despertarás a Rose! —me regañó.
Miré la perfecta cama hecha de Rose.
—No creo que nos puede escuchar desde la habitación de Emmett.
Bella asomó la cabeza con su pelo estático y salvaje.
—¡Oh, supongo que uno de nosotros podría haber dormido en la cama de Rose!
—Bueno, ¿qué gracia hubiera tenido eso?
—No hubiera sido tan divertido, pero tú podrías haber dormido un poco mejor.
—¡Bella, no he dormido tan bien en semanas! ¿Te vas a sentar a mi lado en la clase de hoy?
—Por supuesto —me prometió.
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Espero que os haya gustado. Nos vemos en unos días, muchos besos! ;)
