Los personajes le pertenecen a la gran autora de Koisuru boukun, Hinako Takanaga. Yo solo los tomo prestados sin fines de lucro.

¡AVISO! esta historia es la segunda parte de ENCUENTROS CASUALES, si no la has leído...¡léela!

CAPITULO 10- PRIORIDADES

Por: Hana Kei

–Claro, súbete al auto–dijo señalando la parte trasera–aquí enfrente están unas enormes naranjas que me dio tu hermano.

–No te las comas–respondió con una carcajada–son peligrosa, a todos se las regala.

Fuwa se abrazó a sí mismo, el aire estaba húmedo y fresco lo que le daba escalofríos, había salido tan rápido de su casa que ni siquiera se dio a la tarea de buscar un suéter ligero. Pensó en un tema para no caer en el silencio incomodo, posiblemente estaba siendo inoportuno y hasta insistente en cuanto a mantener el contacto, y lo más seguro fuera que Morinaga no se daría cuenta de nada. Además de que todo a su alrededor era un tanto extraño, había cosas en su vida que si bien no tenían una buena explicación, pero a pesar de lo sospechosa que fuera su imagen, seguía siendo un hombre al que quieres conquistar.

Morinaga estacionó el auto frente a su casa sin planes de ir a dormir, no paraba de repetirse que actuar igual que en su adolescencia significaba tirar a la basura toda esa madures que había obtenido en aquellos años tan difíciles. Pero las pocas copas que se había tomado le hacían retener la iniciativa de comportarse como debía.

Tomó un gran respiro y abrió la puerta trasera del auto, notando al instante un leve rubor en el rostro de Fuwa, que tan rápido como lo vio, se esfumo. Por lo visto, no se esperaba que Morinaga lo tratara con algún tipo de atención y claramente, aunque lo había sorprendido, se trataba solo de una malinterpretación de su parte. Aunque no pudo imaginar el tipo de expresión que hizo cuando la mano de Morinaga se extendió frente a él.

Fuwa sonrió al instante, tomando la mano extendida de Morinaga, aunque a los pocos segundos supuso que igualmente aquello no tenía significado alguno. Le fue imposible evitar dar pequeñas miradas fugaces al hombre a su lado, que se mantenía en silencio si no le hacía alguna pregunta, Morinaga se veía desganado, lo más posible era que en aquella salida algo hubiese salido mal y su humor estaba por los suelos.

– ¿Te ha sucedido algo?–se aventuró a preguntar, disimulando su insistente interés con la vista baja fija en su cartera en busca de la llave–ya sabes, siempre es bueno contar con un amigo para desahogarte.

Pero sabía que él y su vecino no tenían esa clase de amistad que es necesaria para contarse las penas mutuamente, que aquello toma meses y en ocasiones años lograr, aun así, confiaba en que todo lo que tenían en común ayudaría a retrasar el proceso.

–No es nada importante, simplemente cosas de trabajo–subió la vista y alzó la comisura de los labios en una leve sonrisa.

Después de sentirse sumamente enojado y frustrado por el camino que había tomado su vida los últimos años, se sentía agotado por lamentarse tanto de sí mismo. Estaba siendo egoísta y malcriado, la vida lo había tratado bien de cierta forma, no tenía penas que sufrir ni estaba solo como la primera vez que tuvo que huir de todo lo que conocía. Y en cuanto a Souichi, no era el único hombre en la tierra que tenía una relación pasada que simplemente termino fatal, estaba siendo demasiado consiente de su presencia y quizá malinterpretando todo lo ocurrido a su conveniencia, convirtiéndose a sí mismo en una víctima dentro de sus recuerdos.

Fuwa abrió la puerta dejando salir un dulce aroma a canela, caminó directamente a acomodar la bolsa de cervezas frente al sofá, sin saber por qué volteó a asegurarse de que Morinaga había entrado detrás de él, dejando salir una pequeña carcajada el verlo en el alfiler de la puerta.

– ¿Por qué no has entrado?–dijo a broma.

–Porque no me has dicho que lo haga.

–Demasiados modales para mí–arrugó la nariz, moviendo la palma para indicarle que simplemente entrara.

La mente de Morinaga se sentía hecha un lio de preguntas, y sobre todo de culpa. Se había quejado de tantas cosas de las cuales no se sentía realmente de esa forma, aquello era otra prueba de lo dañino que le resultaba la presencia de Souichi. Recordó el resentimiento en sus ojos al nombrar a Masaki, el cómo se atrevía a compararse con él. Igualarlos en una balanza era imposible, Masaki fue su primer amor, quien lo impulso a aceptarse y acabo en una situación desastrosa para ambos. Aun así, Masaki también tenía sus propios miedos que lo ataban a liberarse por completo. Y Souichi lo tenía todo para hacerlo, una maravillosa familia sin prejuicios que claramente no merecía, y lo tenía a él, quien le demostraba día a día lo incondicional que era su amor.

Toma– dijo Fuwa al acercarle una cerveza a Morinaga–aunque estas un poco distraído, y contando que te me has adelantado un poco.

Con lentitud subió la vista hasta quedar alineados sus ojos con los de Morinaga, le observo por completo tratando de darle una visión de sí mismo un tanto inocente a Morinaga. Dudó en las palabras de su hermano, así le asegurará un millón de veces más que ese hombre tenía los mismos intereses que él, no podía creérselo por completo. Aun menos si este lo negaba y tenía más de una evidencia que respaldaba su negativa.

Le comía la duda sobre la sexualidad de Morinaga, quien tenía además de una hija a la que mimaba dando a entender que fue deseada, un altar de su exesposa para quizá adorarla o recordarla, un gesto que le parecía extremista.

Ni me lo digas, se supone que es una ocasión especial–respondió antes de soltar un suspiro–«una ocasión en donde me siento especialmente idiota»

– ¿Especial?–preguntó claramente sorprendido, dándole la señal a Morinaga de que había sido malinterpretado.

Fuwa le dio un trago a su cerveza sin desviar la vista del rostro de Morinaga, su mirada fue insistente y para sorpresa de Morinaga, cautivadora.

Se burló de sus pensamientos, no quería plantearse la posibilidad de que su vecino se mostrara interesado en él, sobretodo porque aquella posibilidad era arriesgada. Pero en ese instante lo notó, Fuwa estaba coqueteándole, y posiblemente ni el mismo chico lo hacía con esa intención o con algún propósito. Y pesar de que Morinaga tomó otro trago a su cerveza para olvidarse de sus sospechas, estaba equivocado.

– ¿Qué te tenía tan afligido, ocurrió algo con tu hija?

Morinaga vio como las cejas de Fuwa se deslizaban junto con sus ojos, se sintió mal de inmediato por ver como decaía su ánimo. Estaba seguro de que escucharía algunas confesiones banales y saldría por la puerta tan rápido como había entrado, pero si se trataba de algo serio no iba a ser fácil irse así como si nada.

–No sé cómo decirlo–confesó, sus ojos siguieron a su mano mientras esta abría otra lata de cerveza.

No sabía que decir, por lo menos no como empezar. Quería abordar el tema con naturalidad aunque se suponía que lo había invitado porque quería desahogarse con alguien diferente a sus amigos habituales, no debía ser intimo pero que si tuviera importancia.

–Creo que estoy fastidiado de mi vida–soltó después de un trago, sintiéndose extraño y sorprendido de la cantidad de verdad que contenían sus palabras, sin entender cuando fue que se dio cuenta de ello.

Los ojos de Morinaga se abrieron en par, estaba sorprendido e inmediatamente pensó lo peor de la confesión. El rostro de Fuwa se contrarió, levanto las manos para moverlas frenéticamente frente a él.

–No hablo de suicidio–aclaró con fuerza–más bien del ritmo que está llevando.

–Realmente sentirte de esa forma es normal, no siempre estamos seguros de que vamos por buen camino, pero eso no quiere decir que estés desperdiciando tu vida–aseguró, más que una lección para Fuwa fue para él, dejando tranquilidad en su cabeza después de decirlo.

–Lo sé, estoy seguro de que todas las decisiones que me llevaron al día de hoy las volvería a tomar–continuó, siendo más serio de lo planeado–y creo que tu podrías entenderme mejor que nadie.

– ¿Por qué lo dices?–respondió Morinaga, estaba confundido e intrigado por las palabras de Fuwa, y sin notarlo, asustado.

Fuwa dudó unos segundos, estaba a punto de sumirse en una conversación que no tendría marcha atrás, insinuaría más de lo que su posición en la vida de Morinaga le permitía, aun así estaba dispuesto a correr el riesgo.

–La madre de Kiara quiere llevársela–siseó con desdén en sus palabras–consiguió un nuevo marido temporal que tiene un hijo y vio la oportunidad de juntar a los hijos de ambos, pero estoy seguro que cuando todo aquello de la familia sea una carga me regresara a Kiara y no tendrá la misma salud mental que tiene ahora.

Morinaga desvió la vista, no entendía que tenía que ver todo aquello con su vida o si se debía a que ambos tenían una hija y eso impulso a Fuwa a confesárselo, pero entendía exactamente lo que sentía. Por un momento recordó a Sara, a aquella plática en el que era su cafetería favorita.

–Tienes que luchar por ella Fuwa, no pueden quitarte a tu hija, créeme que un procedimiento legal arreg…

–No es eso lo que me preocupa–dijo, interrumpiendo a Morinaga–mi duda es si confiar en que será para siempre–suspiró si animo–me gustaría que funcionara y se la llevara.

El rostro de Morinaga se aterró, esa contestación no se la esperaba.

–La quieres fuera de tu vida–afirmó con indignación.

Fuwa junto los labios y volvió la vista hacia los ojos de Morinaga, dispuesto a confrontarlo.

–Es lo mejor para mí y para ella.

Morinaga se sintió perdido en la conversación, asqueado e indignado por identificarse con el sujeto egoísta frente a él.

–Es tu hija, te ama.

–Yo también la amo, pero ella no es mi hija.

La casa se quedó en silencio, con Morinaga observando a Fuwa temblar frente a él, era un hombre más joven que él, por lo tanto más inmaduro y estaba con una curiosa aura que lo hacía recordar lo tierno y sensible que puede ser un hombre asustado.

– ¿Y porque la quieres alegar de ti?–indagó, dejándose llevar por el momento.

–Porque Kiara crecerá sabiendo que su madre la abandono y yo no le permití irse con ella.

–Pero un padre es mejor que ninguno–respondió Morinaga con rapidez– ¿no lo crees?

–No puedo negársela por siempre, ella estará aquí por desgracia, por lo menos hasta que muera–dijo sin agregar nada por unos segundos–y algún día descubrirá quien es el farsante que se hace pasar por su padre y sus preferencias sexuales, y quizá toda esa verdad le destruirá su mundo.

El corazón de Morinaga se detuvo, trago en seco. Lo sabía, él también sabía que eso sucedería algún día en su vida.

–Sé que me entiendes–le aseguró Fuwa–porque a ti también te atraen los hombres.

Morinaga no lo negó, suspiro y tragó lo último que quedaba de cerveza en su lata.

–Fuwa, sé que estas confundido con todo esto, pero tuve una esposa y Miyori si es hija mía.

–Entonces eres bisexual–aseguró, sin ánimos de seguir hablando sobre sí mismo, eran demasiadas confesiones por una noche.

–Soy heterosexual–corrigió, la palabra cayó como hierro en su estómago, tan falsa como el mismo, tal y como le había dicho Souichi que era.

–Dann me dijo que cuando llegaste de Japón no hacías más que beber en el bar gay en donde trabaja y que te enredaste con uno que otro cliente, pero que de un día para otro te casaste y después de unos meses ya eras papá.

Morinaga apretó los dientes y giró con brusquedad la cabeza, quizá Fuwa ya estaba ebrio y por ello hablaba con soltura y sin pensar.

–Aquello es íntimo.

–Solo dime como fue tu primera vez–dijo Fuwa, impactando a Morinaga que estaba por huir de la conversación–tu primer amor, el hombre que marco tu corazón, no se lo diré a nadie.

–A mí no me gustan los homb…

–No mientas, sé que hubo uno antes de tu esposa–insistió, sentía el peso de las cervezas en su cuerpo, pero su mente seguía ahí, su interés crecía por saber y por Morinaga.

–Está en el pasado–respondió con sequedad, para su sorpresa una palma sostuvo su mejilla y le acaricio la cabeza.

–Pero está ahí, en tu mente, en tu corazón–susurró–dime como era.

Morinaga desvió la vista un poco incómoda, Fuwa estaba borracho y era incoherente. Igual que aquella vez en el bar.

–Tiene unos hermoso ojos miel y su…

– ¿Así como los míos?–le interrumpió logrando captar su atención. Aquella palabra había hecho peso en el corazón de Fuwa, oprimiéndolo con fuerza.

–Si–respondió, con aquella imagen de los ojos de Souichi en su mente, los mismos que le veían desesperados y llenos de dolor justo unas horas antes–justo así–dijo y lo besó.

Fuwa intensifico el beso, introdujo su lengua en la boca salada de Morinaga. Hacia tanto tiempo que no había besado a nadie que encendiera su corazón que deseaba que ocurriera todo en un solo minuto. Las manos de Morinaga viajaron por su espalda dentro de su playera sin tomar en cuenta si este lo tenía a él o a otro hombre en su mente. Su pene estaba erecto y quería comprobar si el de Morinaga lo estaba también, con rapidez llevo su mano sobre la bragueta de su pantalón bajándola por completo.

Su espalda se arqueo de deseo mientras enredaba sus piernas en el torso de Morinaga, aun así este deshizo el beso de golpe. La música de fondo no era más que el timbre de una llamada entrante, que a pesar del momento Morinaga le aparto para contestarla. Quizá la llamada era importante o él no lo era, al menos no lo suficiente.

Morinaga se levantó con el teléfono en el oído, sin prestarle atención a Fuwa, quien se abrazó a si mismo apenado. Pasó las palmas por su cabeza frustrado y con el corazón acelerado, viendo como Morinaga se alejaba hacia la cocina para hablar en privado.

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El numero registrado le hizo olvidarlo todo, y simplemente existía la opción de contestar. Se levantó tan rápido como pudo y balbuceó una que otra frase para no intrigar a Fuwa. Vio la cocina como un lugar más privado y se dirigió directo hacia ella, sin pedir permiso alguno.

Inhaló con fuerza, tratando de mantenerse tranquilo.

–Dígame–contestó y esperó nervioso por una respuesta.

Sin darle mucha información él hombre termino la llamada, dejando a Morinaga confundido y con el corazón acelerado. Pasó un trago amargo, suspiró intentando borrar las sensaciones que recorrían su cuerpo, desde el cuello hasta su parte baja.

Tenía una erección y aquello lo llenaba de culpa, apretó los dientes frustrado consigo mismo. Giró la cabeza hacia el chico a su espalda, quien estaba totalmente avergonzado.

Ahora tenía otro gran problema, con el cual lidiar.

Se pasó la palma por el cabello y soltó un gran suspiro.

–Tengo que irme–se disculpó.

Fuwa asintió con la cabeza, tratando de no tener contacto visual. Por otro lado, Morinaga se apresuró a salir cuanto antes de aquella casa, tenía que resolver los problemas en los que se había metido y los que habían llegado solos a perturbar su vida.

Y empezaría con el mayor de ellos.

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Souichi hundió la cabeza su almohada, se acostó de lado para tener la vista fija en su celular con la pantalla a oscuras. Dejó la lámpara de la cómoda prendida y más allá del pequeño sofá a un lado de la cómoda estaba por completo en penumbras. Suspiró para sus adentros, no tenía caso estar con la vista insistente en aquel aparato, en cualquier caso el acuerdo en el que habían quedado no era ese. Pero quedaba la opción de que Morinaga le llamara, no le había dado su número de celular porque él no se lo había pedido y además no había necesidad de hacerlo ya que no lo había cambiado. Nunca se atrevió a descartar la posibilidad de que Morinaga le llamase y aún tenía la duda latente del porque nunca lo había hecho.

Prendió la pantalla y se fue directo al número que recién había guardado, sin dejar de ver el icono de llamada soltó un leve suspiró para ponerle fin a ese pequeño momento de decepción.

El teléfono vibro en su palma dándole un gran susto acompañado de ilusión, seguro de que tener esas emociones era solo una respuesta más a lo que sentía por Morinaga abrió el mensaje en la bandeja de mensajes entrantes. Era de su hermano menor, Tomoe. Quien lo reprimía por no haberse puesto en contacto por segunda vez, alegando que eran pocas las ocasiones en que podían hacer turismo, a pesar de que solo uno de ellos lo disfrutara.

Se quitó los anteojos y soltó su cabello, comenzaba a dolerle la cabeza y el día que había tenido no le daba buenos recuerdos para pensar antes de dormir. No dejaba de ver el rostro de la niña que se aferraba a las piernas de Morinaga, sus labios aun sentían esa sensación de ser cubiertos para callarlos, y aquella dura sensación el estómago lo hacía querer vomitar.

Apunto de quedarse dormido recibió otro mensaje, se trataba de Tomoe, supuso puesto que nadie más le mandaría mensajes además de Isogai y Kanako, quien seguramente ya estaba tomando sus primeras clases de la mañana.

Para su desgracia no se trataba de ninguno de ellos, dejo el teléfono en la cómoda no sin antes leer el mensaje sin mucho interés.

Asistente prof. Hatoyama Mei

Llamamos a la puerta para invitarte al karaoke, somos siete, un mal número. Las nuevas piensan que eres atractivo, pobrecillas.

Cerró los ojos con el arrepentimiento de haberse dejado llevar y leer el mensaje, unos cuantos segundos de sueño perdidos, se cubrió la cabeza con la manta. ¿Para qué invitarlo si tenía mala fama entre sus compañeros? Todos sabían que era un huraño, era un secreto a voces entre alumnos y compañeros de trabajo.

Se había vuelto diferente, un completo extraño si se comparaba con el mismo unos años atrás. Estaba persiguiendo algo que juraba destruir. Aquello que le parecía aberrante era justo lo que anhelaba día con día.

Nunca se había planteado salir con una mujer, si lo hubiera hecho podría tener una familia. En todo caso le parecía imposible imaginarse como habría llegado una posibilidad así en su vida, si no fuera por la insistencia Morinaga no sabría lo que significaba interesarse en otra persona. Y aunque creía que la única explicación a la necesidad incesante que tenía por verlo debía ser romántica, no lo sabía con exactitud.

Los rayos que se colaron por la ventana se dirigieron a sus parpados, incomodando su sueño. Después de moverse para pasar de ellos perdió lo poco de sueño que le quedaba, con el entrecejo frunció y los ojos como dos rendijas busco a tientas sus gafas. La luz en el cuarto era luminosa por lo que debía ser tarde, se maldijo a si mismo por olvidar poner la alarma en su celular. Se sentía flojo y sin muchas ganas de salir, ya que en realidad no tenía a que. El seminario comenzaba en dos días y para los demás seria la gloria al contrario que a él que no tenía nada mejor que hacer.

Giro la vista hacia la mesita de noche, su celular emitía una leve luz blanca. Tenía un mensaje. Estiró los brazos sin interés, recordaba haberlo visto la noche pasada y le aburría estar pegado en un aparato si no era para trabajar.

Se puso lo primero que encontró y bajo hacia la tienda de conveniencia. La luz blanca no dejaba de parpadear, y aunque recordaba haberlo leído entro en la bandeja de mensajes, levanto una ceja al ver el número.

646 6XX XXXX

Lamento la penosa situación del día anterior. Perturbaste mi rutina, pero tienes razón sobre algunas cosas, por ello te debo una disculpa. No me diste tu número por lo que probé con el que tenías antes, si es el mismo hablemos un día de estos.

Los ojos de Souichi se quedaron fijos en la pantalla, estaba sorprendido por lo que había leído. Al ver la hora del mensaje sonrió triunfante en sus adentros.

–«Tan rápido para alguien que se comporta como un completo idiota»–pensó al terminar de releer el mensaje–«Al menos sirvió de algo no cambiar el número».

...

GRACIAS POR LLEGAR HASTA AQUÍ, para los que me siguen en Facebook...una disculpa por tomar "tantos" días, y si, solo faltaban unas pequeñas correcciones pero el sentimiento de "¿Hana estas segura de esto?podrían lincharte" me acosaba y bueno "¿Que es la vida sin riesgos y un poco de masacre?exacto, NADA" Y aquí esta el capitulo, ¿Huelen eso? algo grande sucederá, esperemos que ¿Morinaga ya reaccione o que Souichi se rinda? Nunca, porque el amor lo es todo. MUCHAS GRACIAS POR LEER, ustedes lo son todo en esta historia, dejen su review ¡es gratis! ...Como ya saben, nos leemos en el próximo capitulo CONTINUARA...