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Dic 10, 2011 : Formato arreglado

Texto – Pensamientos / Sueños

Texto - Recuerdos

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Erm…. ¿Demoré mucho? (se esconde de los tomates). Lo sé, lo sé. ¿Pueden creer que aún no consigo que reviva mi computadora? Estoy histérica (más de lo normal, eso es), porque al parecer va a demorar, y mucho. Sin embargo, aquí me tienen, luego de haber secuestrado a la PC de mi primo por el tiempo mínimo necesario para terminar de traducir (luego de lo cual me dedicaré a borrar las evidencias).

Ahora que ya está este capítulo, puedo dedicarme a tipear y a terminar el siguiente capítulo en inglés. La idea que tengo es postear el último (o últimos) capítulo (s) en ambos idiomas al mismo tiempo, lo cual significa que igual ustedes tendrán más updates más seguido. Así que…. Quiéranme T-T

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Capítulo 12

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Números, números.

Cada uno de ellos es un simbolito inofensivo. Pero junta varios de ellos y sufrirás. Te aseguro que sufrirás.

Ryo Kuronami se llevó una mano a la sien derecha, en un vano intento de detener el dolor de cabeza que se estaba formando. Frente a él, los números estaban haciendo un bailecito feliz, seguramente burlándose de él, estúpidos bichejos.

Cuando su abuelo le había dicho de sus intenciones de abandonar la profesión de mercader, decir que se había sorprendido es poco. Cuando su abuelo le había dicho que se metería en el negocio de los restaurantes, Ryo se había sorprendido. Cuando su abuelo le dijo sus razones para ello (que en gran medida lo incluían a él) había comenzado a sospechar. Cuando su abuelo le había dicho que quería hacer todo lo antes mencionado lo más rápido posible, a Ryo lo invadió una oleada de pavor.

*Suspiro*

Su adoradísimo abuelo alegaba que su único nieto no debía ser un mercader por una variedad de razones. Las cuales eran razonables, si bien algo exageradas, pero Ryo había aprendido que, en lo que al viejo se refería, era mejor seguirle la corriente. Además, no era una mala idea, muy por el contrario.

Pero ay, los números.

Miyamoto ya había planeado una alianza con uno de sus viejos amigos, y andaba ocupado soñando con su enorme cadena de restaurantes a lo largo de todo el Japón, maldiciendo cada segundo que demoraba su sueño en convertirse en realidad. No era un jovencito, decía. No tenía tiempo que perder, decía. ¿Qué tanto puede tardar?, preguntaba. Toma los artículos del último envío, véndeselos a quien sea y listo, dijo. ¿Qué tan difícil puede ser?, concluyó.

Por favor observen que las palabras hizo, hace, hacía o cualquier otra conjugación, sinónimo y/o forma de dicho verbo no se mencionan.

No era fácil simplemente desaparecer del negocio. Había mucho por hacer. Sus proveedores no se lo esperaban, y tomaría un tiempo antes de que los negocios pudieran concluirse de manera satisfactoria (especialmente porque daba la casualidad que ellos se encontraban en Europa). El último envío había sido uno de los más grandes que habían recibido. Contenía finas sedas, vestidos, trajes, cubiertos de plata y vaya usted a saber qué más que su abuelo había ordenado.

Terminando con uno de los papeles, lo dejó a un lado y comenzó con otro. Sus ojos verdes se entornaron intentando encontrarle algún sentido a todos los numeritos frente a él. Sus singulares facciones se retorcieron por la concentración. Su cabello era castaño y sedoso, con un par de mechones en el cerquillo que se negaban a salirse de frente a sus ojos sin importar lo mucho que intentara domarlos. Sus ojos tenían una chispa vivaz comúnmente encontrada en niños traviesos y emitían un brillo particular cada vez que alguien mencionaba la palabra 'chocolate'.

Ryo tachó algunos números en el papel y lo dejó junto con sus compañeritos terminados. Se desplomó en la silla e hizo una mueca de dolor cuando su cabeza chocó con la madera, sobre un chichón bastante reciente. Sus mejillas se tiñeron de un rosado pálido al recordar la razón de la existencia de dicho chichón.

El chico había estado intentando escapar de su borracho abuelo, por faltarle ganas de repetir la escena de la vez anterior (que había incluido enormes cantidades de sake y a él mismo bailando medio desnudo sobre una mesa y… un gran vacío en su memoria. El alcohol no era de sus mejores amigos) La mesa había parecido una buena idea en ese momento.

Como habrán notado, todo esto fue seguido de sufrimiento.

Había sido idea de su abuelo, por supuesto. La razón por la que fueron a la maldita casa de té en primer lugar había sido porque el viejito había soltado algo de con suerte encontrarse a alguien allí, y de cómo su nieto debería estar presente en caso de que dicha persona acudiese al lugar. A fin de cuentas, Ryo jamás se enteró si la famosa persona fue a la reunión, ya que su abuelo estaba demasiado borracho como para siquiera reconocer a su propia sombra. Prácticamente había tenido de llevarse al anciano a cuestas luego de una cantidad exorbitante de botellas de sake.

Y para remate había tenido que levantarse muy temprano al día siguiente para ver… ¿qué? Pues números, ¡claro!

Lo que lo había confundido era el hombre que lo ayudó a salir de su improvisado escondite. Simplemente no se veía como alguien que perteneciera a ese lugar. Claro, parecía un hombre de negocios serio y todo eso, pero… había algo más… era sólo que Ryo no acertaba a decir qué era ese algo.

Perezosamente, el chico cogió otro papel y le echó un vistazo. Sacudió la cabeza y puso el papelucho a un centímetro de su nariz.

'No me digan que el abuelo volvió a hacer el papeleo con resaca…. Ay no…' Sep, los números estaban más que temblorosos, con manchas de tinta adornando todo el papel, y todo completo con garabatos y dibujitos. Todos los números parecían estar correctos, aunque sufriese para descifrarlos.

El pequeño problema estaba en el hecho de que no había ninguna indicación por ningún lado de a qué se referían los numeritos.

Rindiéndose a su suerte, el joven comenzó a morder el lápiz otra vez.

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"Quédate quieto" dijo Misao poniendo el pequeño saquito lleno de hielo en su lugar.

"…ITAI!"

Misao hizo una mueca en respuesta. Pidiéndole perdón con una sonrisita a la pobre alma en pena frente a ella, tomó algunas hojas, raíces y otras cosilla y comenzó a hacer un puré con ellas. De vez en cuando, miraba al Tenken con algo de remordimiento.

*Recuerdo*

Las cejas de Misao estaban contraídas en una expresión frustrada, su cuerpo tenso como una roca.

'Concéntrate. ¡Concéntrate maldita sea! Inhala, exhala…. ¡Ahí!' Lanzó otra piedrita en esa dirección. Y recibió el sonido de ésta cayendo al suelo en respuesta.

"Quizás antes deberíamos hacernos cargo de aquello que está en su mente", dijo Soujiro en una voz derrotada. La chica tenía talento para sentir el chi, pero simplemente no estaba dando lo mejor de sí en el entrenamiento. Eso era más que obvio…. Y para no estar dando lo mejor de sí en un entrenamiento para el cual lo había martirizado por días…. Soujiro meneó la cabeza. Al parecer eso quería decir que era hora de terminar el entrenamiento. Comenzó a caminar hacia ella. "Terminemos por hoy."

Misao casi gruñó al escuchar eso. Había escuchado el tonito en su voz. El tonito cansado y derrotado. Y la ponía MOLESTA.

Pero no contra él.

La chica había querido aprender esa cosa desde la primera vez que Soujiro la mencionó. Y ahora que podía hacerlo no podía concentrarse. ¿Por qué? Ay, pero si la respuesta era tan fácil…. Por la misma razón que parecía interferir en su vida de una manera u otra. La joven había pensado tontamente que ya lo había superado. Había mejorado mucho en una semana….. o por lo menos eso había creído.

Sólo había hecho falta pensar un poco para que toda esa mejora se viniera abajo.

'Ya. Ultima vez que pienso. Y punto.' Pensó Misao decididamente. Unos segundos después, casi se golpea a sí misma al darse cuenta de la tamaña estupidez que acababa de pensar.

Advertencia: Comadreja frustrada. Manténgase alejado.

La oniwabanshuu comenzó a abrir y cerrar sus pequeños puños. Parecía que la cabeza estaba a punto de estallarle, pero por falta de ideas, en lugar de por abundancia de ellas. Golpeó ligeramente el suelo. Sus dedos encontraron la esquina de la tela en la que estaban las piedras.

Soujiro se inclinó hacia delante para quitarle la tela de los ojos.

Misao JALÓ de la esquinita con toda su frustrada fuerza…

.. y mandó a volar todas las piedrecitas.

*PUM*

Oops.

*Fin del recuerdo*

De sólo recordarlo se sonrojaba. Misao se había disculpado abundantemente luego de que las espirales en los ojos del Tenken desaparecieran, pero el chico decía que no había motivo para tanta disculpa. Lo cual no impedía que ella aún se sintiera mal por ello. Así que comenzó a preparar la melcocha de hojas que Shikyjo solía usar para curar sus golpes y arañazos cuando era una niña.

"¡Listo!" dijo, poniendo a un lado la roca con la que había estado machacando a las pobres hojitas y poniéndose de pie orgullosamente, tazón en mano.

Soujiro abrió su único ojo sano, hasta la mitad nomás porque también le dolía y la miró. Luego, sonrió en respuesta.

"¿Y eso que es Misao-san?" Mejor asegurarse, aunque no era probable que la chica quisiera seguir torturándolo.

"Algo de medicina para los cortes. ¿Se puede saber por qué elegiste piedras puntiagudas?" preguntó Misao mientras le echaba un poco de agua tibia a la mezcla.

Quizás hubiese tenido algo que ver con el hecho de que se SUPONÍA que NINGUNA de las piedras iba a darle. Nunca hay que subestimar las circunstancias cuando se trata de Makimachi Misao. Esa era una lección que el Tenken nunca olvidaría. Aunque uno pensaría que ya la tenía bien aprendida luego del episodio con los kunai, pero el chico era algo distraído a veces. En fin. Había sido su culpa.

Simplemente sonrió y se alzó de hombros para hacerle ver que estaba bien. La táctica pareció funcionar.

Misao tomó el tazón lleno con un menjunje verde y pastoso y se acomodó frente del hombre herido.

"Sácate el hielo" fue obedecida rápidamente.

Misao tomó un poco de la pasta con feo aspecto entre sus dedos y la aplicó lo más delicadamente que le fue posible en un corte particularmente feo sobre la ceja derecha del chico.

Soujiro retrocedió vivamente apenas lo tocó. Misao parpadeó e inclinó la cabeza en señal de interrogación.

"….arde", dio el Tenken en una voz miserable, que no llegaba a ser queja, pero que bien que lo parecía.

Genial. ¿Qué les pasaba a los hombres? Un segundo eran hitokiris grandes y aguerridos y al siguiente se convertían en niñitos aterrados. No se quejaban si les caía una lluvia de golpes que los hacían sangrar un río, y recibían cortes de espada afilada uno tras otro, pero dales una medicina que arda y…..

Misao exhaló exasperada. Lo intentó de nuevo, apuntando a su frente. Soujiro retrocedió de nuevo.

'Control, control…. No le voy a gritar por ser infantil. Ya lo hice sufrir suficiente por hoy….'

Cada vez que ella intentaba acercársele, él movía la cabeza para atrás, justo fuera de su alcance.

Gradualmente, la chica pasó de estar sentada a estar de rodillas frente a él. Soujiro continuó retrocediendo cuanto le era posible sin moverse del lugar donde estaba sentado.

La joven siguió avanzando hasta que Soujiro llegó al límite de su balance. Otro movimiento hacia atrás y terminaría en el piso, completamente a su merced. Misao, al ver esto, estiró su brazo y lo colocó detrás del cuello del chico. Segura de que esta vez no escaparía, volvió a intentarlo con una sonrisa depredadora en los labios.

Soujiro movió la cabeza a un lado, haciendo que Misao embarrase su mejilla con la pasta. La Okashira gruñó frustrada.

¡Argh! Exactamente igual que si fuera un niño pequeño, Soujiro hacía todo lo que le era posible para librarse de un poquito de dolor, aún si estaba acorralado. Pero Misao Makimachi no era alguien a quien podías derrotar fácilmente una vez que se le metía algo en la cabeza. La chica intentó acercar la cabeza de él hacia sí, pero él le respondió poniendole las manos en los hombros al primer intento, consiguiendo así mantener su castaña cabecita fuera del alcance inmediato de la ninja.

"¿Te quieres quedar QUIETO?" Quizás gritándole se quedara quieto… o quizá no….

Para este momento, Soujiro tenía crema en todos lados MENOS donde la necesitaba. Misao estaba más que molesta. Claro, trata de ser amable y ayudar a alguien, y mira las gracias que te dan. Ni hablar, esto era la GUERRA.

Soujiro la vio distraerse y decidió aprovechar la oportunidad para escapar del malvado menjunje. Analizando la situación, decidió rodar hacia un lado y salir corriendo. Plan ideado, bajó las manos para ponerlo en marcha.

Sin embargo, no contó con que Misao, finalmente hartándose de todo, lo cogiera por el cuello de su gi y lo jalase hacia ella.

Su reacción natural fue la de tratar de alejarse de ella y de la cosa verde esa lo más que le fuera posible. Así que se alejó violentamente.

Un momento era ella quien lo jalaba hacia sí y el próximo, ella era la que estaba siendo jalada. Y cayendo.

*PUM*

Pueden añadirle un chichón a la lista de magulladuras.

"….itai…" La voz de Soujiro era adolorida, quizás porque la chica había caído sobre él y le había cortado todo el oxígeno.

Sin embargo, Misao vio su oportunidad y comenzó a atacarlo con la medicina.

Soujiro se debatía como si fuese una anguila, pero Misao no estaba dispuesta a dejarlo ir. La chica cambió de posición y continuó atacán…. Este… intentando ayudarlo.

De pronto, Misao se quedó quieta. No tenía idea por qué, pero sentía como si alguien la estuviera mirando. Nada alarmante, sólo esa extraña sensación que a veces te da cuando hay un par de ojos por ahí mirándote.

Volteando el rostro con curiosidad, no pasó mucho tiempo antes de que se le desencajara la quijada de su lugar.

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Hajime Saitou soltó una nube de humo con su usual sonrisita sarcástica bien puesta en su lugar habitual. El lobo de Mibu analizó la escena. Seta desparramado en el suelo, Makimachi sentada sobre él, el cabello en desorden, las piernas una a cada lado del joven, la ropa arrugada….. Su sonrisa se amplió.

"¿Divirtiéndote comadreja?"

Los ojos de la chica comadreja por fin vieron lo que los suyos observaban. Se examinó a sí misma, dándose cuenta lentamente de la situación comprometedora en la que se encontraba. La piel de la muchacha se puso de un bonito color rojo manzana. Saliendo como loca de encima de su cómodo pero increíblemente impropio asiento, se tropezó con las piernas del Tenken, pero de alguna manera consiguió no caerse.

Seta no se había reportado en dos días. Normalmente eso no habría sido un problema, pero ahora sí lo era. Hacía poco menos de una semana, Saitou le había dicho a la sonrisa con patas que era posible que necesitase la ayuda de la chica comadreja para resolver un caso. Esa había sido sólo una posibilidad, pero no había sido necesario al final de cuentas, y el caso se había resuelto sin ningún inconveniente. Seta lo había estado fastidiando por días luego de eso, intentando que le dijera sobre qué había sido el caso. Resulta que el tonto le había dicho algo a la comadreja. Hump. Bakayarou.

Eeeeen fin….

Ahora necesita…. Erm…. Requería a la comadreja para un caso. Sep, eso era. Además, la chica se estaba volviendo perezosa, y ¿de qué iba a servirle a él una aliada que no hacía nada? Quizás la ninja aprendería una cosa o dos al trabajar con verdaderos profesionales tales como él mismo. No era todos los días que una persona tenía tamaña oportunidad. ¿Acaso no era generoso de su parte?

Por supuesto, el lobo jamás esperó encontrarse con semejante…. escena.

"¡Konbanwa Saitou-san! ¿Necesita algo?" ¿Acaso el Tenken hablaba en serio? Seta aún era un misterio para el lobo. Claro, podía ver algo de rosa en sus mejillas, pero…. Oh, olvídenlo.

"Sólo estoy aquí para hacerle una visita social a la comadreja, Seta." Dijo Saitou, con puro sarcasmo sin diluir.

"Si claro, que más. ¿Y tú crees que te voy a creer?" ¡Miren! ¡La comadreja hablaba!

"Anda hazme algo de té comadreja." dijo el lobo apagando su cigarrillo y dándose la vuelta para salir de la habitación.

Misao parpadeó al escucharlo. Lugo, comenzó a enojarse. '¿Quién rayos cree que soy? Su maldita sirvienta?'

"Oh, y apúrate. No quiero té congelado sólo porque Seta te 'distrajo'" le lanzó el exShinsen por sobre el hombro, para desaparecer luego rápidamente por la puerta.

Soujiro tranquilamente estiró el brazo y detuvo la trayectoria del salto de la Okashira al cogerla por el obi de su uniforme Onuwabanshuu, mientras que la molesta ninja le gritaba cada insulto habido y por haber a la alta figura que se alejaba, moviendo los brazos y piernas como loca.

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Fin del capítulo 12

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Tuve que volver a postear el capítulo, porque me di cuenta muy tarde que Word me había autocorregido algunas palabras. Y no me gustaba la idea de que el lobo de Mibu se convirtiese en el lobo de 'Miau'….. ¬¬

Espero no haber perdido ninguna review… Nos leemos!

Verónica