Una actualización temprana, yei.

Capítulo X


La cara de relativa tranquilidad del moreno, opuesta a aquella que trataba de reponerse de su vergüenza y nerviosismo, como si hubiese sido sorprendida en medio de una travesura.

Diaki metió sus manos en los bolsillos, sin apartar la mirada de ella, esperando una respuesta. Su cara estaba tan serena, común, que Satsuki quería golpearle.

- A-Aomine-kun. – le llamó de repente, sus manos unidas contra su pecho y las mejillas encendidas en rojo puro. – Quie-

Antes de que pudiera terminar su petición, salió el pelirrojo de la puerta, pareciendo tan campante quien no ha hecho nada corruptivo en este mundo. Su expresión cambió drásticamente al ver a los otros dos fijarse en él, una con sorpresa y el otro molesto por la interrupción.

- Momoi-san… - soltó desprevenido, incluso de la reacción de su cuerpo.

- Hola… - saludó con timidez, estaba casi 100% segura de que él sabía lo que ha pasado entre ella y Daiki, y realmente no le agradaba la idea de que el pelirrojo sienta algún tipo de rechazo hacia ella.

Cerró la puerta tras él muy despacio leyendo la atmosfera y observando de reojo a Aomine, su corazón latía fuertemente dentro de su pecho, creándole un nudo en la garganta.

- Quiero hablar contigo, Aomine-kun. – retomó la muchacha, dirigiéndose al moreno.

- Bueno… - se rascó la cabeza entendiendo que su persona no era precisamente necesaria en aquella conversación – iré a comprar las bebidas.

- No. – Dijo Satsuki – Vayamos todos, quiero que estés presente también, Kagami-kun.

Un escalofrío abordó al pelirrojo, volteándose cuando ya se había apartado para caminar fuera de allí. No se sentía tan abrumado cerca de ella como habría deseado, respecto a la relación que tiene con su amigo. Aunque el pensar que posiblemente haya escuchado algo de lo que habían hecho dentro de aquella puerta, le hacía sentir asco consigo mismo.

Aomine chasqueó la lengua. ¿Por qué tanto drama? El problema era entre ella y él, Kagami no tenía nada que ver. El hecho de que quería envolver directamente en el barullo a Kagami, le hacía enojar, esto no era ninguna novela.

- Lo que sea. – chasqueó otra vez y haciendo una seña, se adelantó a los dos para que lo siguieran.

Momoi respiró por primera vez, sintiéndose más tranquila caminando detrás de aquella espalda hercúlea, familiar como ninguna otra. A su lado caminaba Kagami, inconforme y postrando una mueca frunciendo las cejas. La chica sonrió para sí misma, preguntándose un millón de cosas sobre esto que ellos tenían.

- ¿Y bien? – se detuvo Aomine, volteándose una vez salieron al patio frontal del instituto, encarando a la peli rosa.

Kagami se había apartado unos centímetros de ellos, dejándoles un espacio privado consideradamente. Aun se sentía excluido de todo aquello y prefería darles su momento de privacidad.

- Aomine-kun. – dijo otra vez, bajando la cabeza un poco entristecida y dejando que sus manos cayesen a cada lado de su figura. – Lo siento, lo siento mucho. No sé qué… No sé en qué estaba pensando cuando te dije eso, yo – se tapó la cara soportando las ganas de llorar, pues se había prometido no llorar otra vez frente a él, no por algo que parecía mantener contento a Daiki – fui muy egoísta.

- En verdad. – concordó el peli azul, manteniéndose neutral.

- Lo sé… - dejó caer sus manos otra vez, soltando un largo suspiro para volver a encarar el rostro bronceado. – La verdad es que estaba confundida. Aomine-kun, yo… alguna vez sentí algo por ti. – levantó más el rostro para ver que expresión pondría él ante lo que acaba de decir – Para serte sincera, hubo un tiempo que no podía pensar en ti como un amigo, era frustrante. – moldeó la textura de su cabello hasta detenerse en su cuello mirando el suelo y soltando otro suspiro. – Te habías puesto tan alto y… - sus mejillas enrojecieron con aquella perspectiva pero se calló de inmediato para continuar con lo que realmente importaba – Creo que me gustabas al mismo tiempo que Tetsu-kun. Lo que siento por Tetsu es totalmente diferente pero de todos modos… sentí algo por ti también. Y la idea de que estabas… - sus ojos se horrorizaron por un momento provocándole un vuelco al moreno, todo esto estaba abrumándole, dejándole sin palabras. – con Kagami, un hombre… - rio entonces, pareciéndole cómico ahora – me chocó muy fuerte. – Terminó elevando el rostro para buscar los ojos del moreno – Pero nunca pensé que fuese… asqueroso en algún momento. Solo estaba celosa. – encogió sus hombros, abordada de una valentía que le dejaba hablar sin parar. – Pero ya me di cuenta de que Tetsu-kun es el único que me gusta. Tu solo te ves muy bien, Dai-chan.

Sonrió al terminar de decir aquello, una sonrisa que salió de su corazón y era cierto. Nadie le hacía sentir tan desecha como lo hacía el número once de Seirin, cada que lograba ver esa silueta en cualquier sitio, su corazón se desenfrenaba y sus piernas se movían por sí solas. Daiki era, sin duda, un joven muy atractivo para su edad, ya que el deporte es todo lo que hace, pero Momoi no podía solo fijarse en eso, después de todo, su amigo es un auténtico bastardo.

Aomine se mantuvo observándola atentamente, por si aún faltaba algo por decir, pero suponiendo que ha terminado, levantó las cejas en asombro y miró el cielo por unos segundos. Sabía que Kagami detrás de él había escuchado bien la charla a pesar de fingir estar muy entretenido con el son de las hojas ante la brisa. Suspiró cerrando los ojos y volvió su cara a la muchacha.

- ¿Sentías algo por mí? – reiteró, más para asegurarse de que lo que ella decía era cierto. - ¿Algo cómo?

- Pues… algo, Daiki. – Se enojó, por un momento pensó que él la estaba tomando en serio – Atracción, supongo… - contestó en tono bajo.

- Sabes que eres mi tipo de chica, Satsuki. ¿Qué hubiese pasado si no supieras lo de Kagami? – bufó este, jugando con ella, en verdad no quería hacerle sentir incomoda pero se merecía sufrir un poco.

- ¡Aomine-kun! – le golpeó un hombro y preparando su puño para lanzarle otro a la cara. – ¡Nunca te tomas nada en serio!

- Ya. – esquivó el siguiente golpe curvando la comisura de sus labios, victorioso de hacer perder las cuencas a la chica. Palmó su cabeza, en una amable caricia que le hizo buscar las pupilas azules. – Estas perdonada.

La sonrisa no tardó en aparecer y unas lágrimas platónicas aparecieron en la orilla de sus orbes mientras se abalanzaba al muchacho para abrazarlo fuertemente. Estaba feliz de poder escuchar eso de él y ver, aunque sea por un poco, el lado amable de Aomine Daiki.

- No sabes todo lo que te compré por tu cumpleaños. Seguro te encantará. – dijo ahogando su voz en el vientre del más alto, este pasaba su mano por el cabello de ella gentilmente, pero con cara de fastidio.

Las comisuras del pelirrojo se vieron estrechar por un momento.

- ¿Por qué me compraste algo?

- No te regalé nada el año anterior, ¿no? Pues este año tocaba, es el trato. Te lo había comprado una semana antes, pero… - a pesar de recordar el incidente que les llevó a evitar miradas por más de dos semanas, su voz se mantenía alegre.

- Que mujer… - bostezó metiendo las manos en los bolsillos de nuevo.

Kagami se acercó a ambos, vistiendo una sonrisa ya que, al parecer, todo se había solucionado.

- ¿Ya si puedo ir por la bebidas?

- ¿Seguías ahí? Que idiota. – jugó Aomine, elevando una ceja, desafiando el instinto felino.

- Ella me ha dicho que esperara, Aomine, imbécil. – se volteó temblando de furia por el sugestivo ataque.

- Si, ya pueden ir, Kagami-kun. – sonrió. – Siento mucho todo esto. La verdad es que me parece interesante.

- ¿Cómo sabes que… sabia? – inquirió él, era una pregunta que le estaba dando vueltas toda la tarde; desde que chocaron miradas al arribar en Seirin.

Ella volvió a sonreír, con más seguridad.

- Instinto femenino. – le guiñó un ojo, empezando a caminar al interior. – Mejor vuelvan rápido antes de que los maten.

Kagami sintió otro espasmo, pero no era nada agradable, de hecho le hizo lamentarse haberse metido en todo esto con el imbécil de Aomine. Solo por sexo… ¿Acaso lo valía? ¿Era suficiente el sexo para mantener esta relación con él? ¿Soportar bajones como este?

Sí. Aunque su repertorio sexual era muy decrépito, nunca sintió temblar de placer como lo hacía con ese malnacido. Él aún estaba seguro de que no era ningún homosexual, a pesar de perder el caballo cuando Aomine se le insinuaba, el muy bien sabía que las chicas se la bateaban aún. De vez en cuando se fijaba en las chicas de su aula o la calle y muy extraño era cuando alguna no le llamaba la atención. Las mujeres tienen la delicadeza que ningún hombre podrá igualar jamás.

Sin embargo, ahí estaba él, meneando la cola para el lado contrario. No podía culparse, estaba cegado por esa brujería que el moreno le había puesto, responder a esos bramidos, a esa maldita sonrisa de autosuficiencia que el tanto detestaba. Joder…

Hay tantas cosas que reclamar de esta pútrida relación y la primera es el basquetbol. Ambos sentía ese magnetismo irreparable cuando se veían, queriendo driblear la pelota en búsqueda de alguien que le detenga de encestar; ahí es cuando entra él. Aomine no se sentía en deuda con Kagami por haberle hecho saber que el trabajo duro da frutos ni mucho menos, pero cuando veía esa chispa en esos ojos, mugir su nombre con pericia… No podía contenerse y no lo hará. Nunca pensó que sentiría atracción por un pecho plano, pero este no era cualquier pecho plano… Es su rival. El único que se ha atrevido a dar el 100% en la cancha exclusivamente para él, para vencerle, y joder que eso le incendiaba el cuerpo.

Puede ser que simplemente estén bajo la tutela de una acalorada fiesta de hormonas pero esto lo estaban disfrutando.

El recuerdo de aquella vez, sudados en el suelo, entrelazándose con el último suspiro de estamina que le quedaba. La temperatura arropándoles sin dejarle la mínima avería de oxígeno, sintiendo como él desaparecía dentro de Kagami y como el pelirrojo le dejaba entrar sin quejarse. El lugar, el tiempo, el momento nunca podrían igualarse, ese tiempo a solas que pasaban en aquella casa…

Momoi se preguntaba cómo esos dos han terminado así en primer lugar. ¿Qué ha inducido a Aomine Daiki a comprometerse en una relación de algún tipo con Kagami Taiga? Posiblemente tiene mucho que ver con aquella derrota, con certeza ha encendido algún tipo de luz dentro de Aomine y ha terminado confundiendo sus sentimientos con su naturalidad salvaje… Es la teoría que más se acerca a la razón de todo aquello. Aunque no le sorprende, el moreno suele tomar conclusiones precipitadas y es indeleble el hecho de que su relación se enfoca más en lo físico que lo demás. Es una de las suertudas personas que ha logrado ver a través de su rivalidad, el calor de sus encuentros, como una tensión foránea crecía entre ellos, sin ellos mismos ser conscientes.

Al menos ya sabe qué es aquella tensión. Sin duda se siente feliz de que el moreno encuentre algo que mantenga su humor estable y su pasión por el deporte intacta. Es justo lo que él necesitaba desde hace mucho tiempo.

Siendo tarea de Aomine por igual, acompañó a Kagami al mini-súper cercano para comprar las bebidas. Por su dilatación de una hora con tres minutos, fueron regañados por la entrenadora de Seirin, pero perdonados ya que las bebidas estaban frías. Salieron ilesos de esta y los equipos se despidieron asegurando un próximo encuentro.

Al otro día, las estrellas de Seirin y Touou habían quedado de un partido después de clases, Kagami apareció puntualmente en la estación cerca de la cancha donde iban a jugar. Claro que tuvo que esperar al moreno por más de diez minutos, su costumbre de retrasarse en todo nunca desvariaba.


- Maji Burguer últimamente es muy popular.

- Si, ¿verdad? – concordó una compañera a su lado.

El grupo de chicas pasaba por el local mencionado dedicándole una mirada rencorosa a la gente que entraba y salía constantemente, pero sin detenerse en su caminata. Eran tres jóvenes de primer año y su uniforme identificaba el instituto de Touou. La más baja en estatura de todas ella no dijo nada ya que sus ojos se alzaron cuando distinguió el as del equipo de su escuela entrar al restaurante pareciendo acompañado de un pelirrojo, que traía un uniforme que ella no reconoció. ¿Por qué estaba con Aomine Daiki?

Se reían mientras charlaban, el más bajo de los dos giraba una pelota de basquetbol en su dedo, parecían camaradas a simple vista. Perdió vista de ellos cuando dio la vuelta en la esquina, no se detuvo mientras los observaba atenta, chispas de fascinación iluminando sus pupilas.

- Hay tanta gente que no me dan ganas de comer ahí. – puntuó la otra.

- Antes, solo iban los de la escuela, ahora va todo el mundo.

Ella se mantuvo callada, sus mejillas se habían enrojecido de la emoción y le parecía innecesario decir algo al respecto, ya que a ella le gustaba el lugar y ahora, le gustaba más.

Y no fue la única vez que se encontró – para su suerte y extrañez – al moreno con compañía. Tres veces más podía decir, una vez en el centro comercial con el mismo chico y la peli rosa que ya conocía y otra de esas tres había sido porque siguió a Daiki después de clases, la peli rosa no le había acompañado de regreso a casa, lo que le pareció sospechoso aumentando sus ganas de saber a dónde se dirigía él solo. El moreno no tiene idea de su existencia por lo que no lleva riesgo de levantar sospechas.

Su investigación llevó a la conclusión de que, efectivamente, iba a encontrarse con aquel pelirrojo. Se trataba nada y más y nada menos que de Kagami Taiga, un estudiante de segundo año de la secundaria Seirin quien formaba parte de los regulares del equipo de basquetbol de dicha escuela, quien ganó el pasado campeonato de invierno. Así que por eso le ve tanto juntos… O al menos las pocas veces que se encontró a Aomine Daiki en su camino, lo cual ya era muy extraño, ya que nadie en la institución sabia de la vida privada del moreno, este no era muy amigable realmente y podría contarse con los dedos aquellas personas que gratan con sus conversaciones.

A pesar de ser popular, gracias a su fama como anotador descomunal, Aomine Daiki mantenía su actitud egoísta ante todo el mundo, bueno, a veces hacía excepciones con las jovencitas que se filtraban en la cancha para ver sus prácticas pero nada fuera de lo común. Ella no era de esas que deliraba por él, bueno, un poco, pero se mantenía en sus cabales y su amor lo mantenía en secreto.

Se habían reunido en una cancha vecinal, ella desconocía el barrio por el que andaban y aunque su inseguridad crecía por dentro, se mantuvo al tanto de los pasos del moreno. Había pocas personas allí, el cielo estaba nublado pero no parecía que fuese a llover pronto por lo que juego se mantenía, siendo protagonizado por aquellos dos. Ella miró el juego fuera de la valla metálica, camuflada en unos arbustos… ambos eran sorprendentes. Nunca vio a Aomine Daiki sonreír de aquella forma, parecía estar en una galaxia diferente, en un mundo donde ella tenía la entrada denegada.

Poco después de las seis, el jugador estrella de Touou anunció su partida, envolviendo su suéter negro en el cuello y cargando su mochila al hombro. El pelirrojo se quedó, para la sorpresa de ella, jugando como si las energías se recargasen de nuevo. Poco después se marchó de allí, dispuesta a dejar en el aire sus dudas, pronto se avecinarán más encuentros que aclaren sus pensamientos.


Es aterradora la certeza con la que las mujeres se expresan a veces, y mucho más cuando dan en el clavo como si formara parte de su naturalidad como seres humanos. El instinto femenino es algo que él aprendió a temer desde niño, pues este le perseguía descifrando sus más horrorosos percances. Y otra vez hacía de las suyas.

Su madre había tenido razón al sugerir que el comportamiento de Satsuki se debía a algo más, y ya lo había comprobado por parte de ella misma. Estaba tranquilo, eso sí, ya que todo se ha solucionad, pero de todos modos, no se lo esperó. Cuando llegaron a casa, un montón de ropa le esperaba en la cómoda de Satsuki, ropa nueva que la peli rosa le había comprado por su cumpleaños.

Gracias a ella, Aomine se mantenía a la vanguardia con las tendencias, siempre iba acorde a la moda actual y había aprendido a vestirse bien. Su siguiente meta era hacer lo mismo con Kagami, y habían empezado hace poco, yendo los tres al centro comercial después de clases. Kuroko les acompañó también, pero pasaron más tiempo sin su compañía que juntos, ya que lo perdían de vista muy seguido.

Por otro lado, octubre había hecho una entrada tranquila, el calor se había disipado un poco, teniendo días entre 15° y 21° grados, solo en la tarde. En cuestión de temperatura, era un desastre.

Habían quedado la tarde del sábado en jugar uno de sus acostumbrados uno contra uno, ya que el último lo había ganado Kagami y Aomine no podía dejar las cosas así. Esta vez había sido puntual, arribando primero en la cancha donde habían quedado. Ese día estaba desierta alegrándole de algún modo. Tenían la oportunidad de enfocarse solamente en ellos, sin permitirse perturbarse de la presencia de alguien más.

En el pavimento hacía eco el rebote de la pelota, y luego con la maya cuando encestaba. Llevaba poco más de quince minutos jugando él solo, había calentado, practicando numerosos tiros, distrayéndose un poco de lo molesto que estaba por la tardanza de Kagami. ¿Qué diablos está haciendo ese imbécil?

Se volteó jadeando, dribleando la pelota con su mano derecha, logrando ver algo que se acercaba desde el fondo de la calle. No podía distinguir bien de qué se trataba y entrecerró los ojos sin detener la acción con su mano. Retrocedió unos pasos, mientras la figura se acercaba, la calle estaba completamente desierta aquel día, algo bastante extraño en general, aunque aquel vecindario solía ser muy tranquilo. Distinguió un hombre envuelto en un grueso abrigo y una bufanda, no se le dejaba ver el rostro pero por la melena roja y desordenada, Aomine no dudó que se trataba de su cita.

De todos modos, ¿por qué tanta prenda? La temperatura estaba estable, ese día hacia unos 19° grados Celsius, y aunque se tornaba más frio en la noche, en la tarde siempre se mantenía fresco.

La silueta entró por la cerca de metal, el rostro escondido entre la bufanda y la máscara que cubría su boca.

- Ey, Kagami. ¿Qué diablos te pasa? – enarcó una ceja, deteniendo el sonido del balón reteniéndolo bajo su brazo.

El aludido levantó la vista, pero solo se veían unos ojos abatidos. Daiki incrementó su cara de confusión.

- Ey. – le llamó otra vez, una vez llegó hasta él. Se agachó para observar por debajo al pelirrojo, manteniendo su cara de inconformidad.

- Estoy enfermo. – dijo, a pesar de que se escuchó bajo por la tela cubriendo su boca.

- ¿Enfermo? – se reincorporó dibujando una mueca de burla en su rostro. - ¿Kagami Taiga?

- Si, imbécil. – le empujó el hombro. – No podré jugar contigo hoy, adiós.

El as de Seirin de volteó tras terminar aquella oración, sorprendiendo a Aomine. Apreciaba el hecho de que se tomara las molestias -a pesar de su estado - para ir hasta allí y avisarle, pero ¿solo eso? Vamos.

Aomine le siguió en silencio, solo había traído su pelota y la sudadera que traía puesta. Giró la pelota en su dedo, atento por si Kagami doblaba en alguna esquina, pero se detuvo encontrándose con unos ojos más enrojecidos de lo normal, mirándole con insistencia.

- ¿Por qué me estás siguiendo?

- ¿Por qué va a ser? Para que no te estrelles contra un camión como estas. – contestó con serenidad.

- Estoy bien. – se volteó con pericia, hundiendo sus puños en los bolsillos de su abrigo y retomando el paso. – Ahomine. – murmuró pensando que el otro no le escucharía pero se equivocó al sentir un brazo rodear su cuello.

- ¿Qué pasa, Bakagami? ¿No hay fuerzas para pelear? – probó con los humos del pelirrojo, pero este solo se limitó a mirarle y voltearse al frente otra vez, parecía enfurecido. Sin embargo, Aomine pudo notar como sus parpados caían más de lo normal, y a veces sus ojos se humedecían en lágrimas. – Oye, estas como mierda. – y aquello se confirmó cuando el pelirrojo se sonó la nariz contra la manga de su abrigo.

El moreno se alejó de inmediato poniendo cara de asco.

- Ya lo sé. – afirmó este, evitando a toda cosa voltearse hacia el moreno otra vez.

Aomine hizo una mueca y otro sonido manifestando su asco. Ahora caminaba a cierta distancia de él, a su lado.

- ¿Fuiste a clases así?

- No tenía clases hoy. – soltó un fuerte estornudo que provocó un estremecimiento en ambos.

- Estas del asco.

- ¡Ya lo sé, Ahomine! - gritó, Aomine solo pudo reírse por la ira que le estaba provocando al pelirrojo.

Esa tarde sería probablemente, la peor que el jugador estrella de la Generación de los Milagros ha tenido, pero de todos modos, decidió lidiar con ello. Acompañó al pelirrojo hasta su casa, y se quedó cuando este le dijo que mientras descansaba, podía jugar en la consola y comer de la pasta que había hecho el día anterior.

Aomine se quedó parado en medio de la sala, desvistiéndose de su abrigo y tirándolo en el mueble negro no muy lejos de él. La pelota rodo hasta parar en algún lado de la casa, emitiendo un tenue ruido. Había unos papeles en la mesa de cristal, juzgando por su contenido, desechó la idea de pertenecerle a Kagami. ¿Su padre había vuelto?

Si mal no recordaba, la última vez que escuchó del padre de Kagami fue un mes atrás, poco después de llegar de su retiro vacacional. Poco había escuchado de Kagami sobre su trabajo pero lo que podía decir con certeza es que se mantiene trabajando fuera del país y es muy extraño verle por aquí.

Buscó quien dueño por su casa en el refrigerador, por las sobras mencionadas por Kagami. Su estómago empezó a gruñir con tan solo olfatear el contenedor metiéndolo en el microondas rápidamente. Se rascó el vientre mirando por toda la casa, realmente no le apetece embrujarse el solo con el mando frente al televisor. Avanzó por el pasillo y miró sigilosamente la entrada del cuarto del jugador de Seirin, se encontraba entre abierta casi como si le invitase a pasar. Se sonrió y avanzó dentro, encendiendo la luz pero apagándola cuando un libro impactó con su cara.

- Contrólate, perra. – se quejó, sobando su barbilla, ¿por qué todo el mundo se empeña en golpearle justo donde le duele más?

- ¿Qué quieres, Aomine? – gruñó la silueta de espaldas a él en la cama.

Kagami traía su abrigo aún, pero la bufanda descansaba en la mesita auxiliar junto a la cama.

- Solo vine a ver como compadeces. – rio, acercándose a él y con un leve empujón diciéndole que se haga a un lado. – A ver. – le atrajo un poco a él, halándole del brazo, pero Kagami se opuso. – Deja ver, pedazo de imbécil. – sentenció una vez más, no obstante, su cara se mantenía divertida.

Haló más fuerte, provocando que el pelirrojo quedase boca arriba, demostrándole su patético estado. Aomine soltó una mala palabra al ver como su boca emitía agitadas respiraciones y sus ojos se entrecerraban como si sintiese algún dolor. Puso uno mano, con sumo cuidado, en la frente del otro, quitándola en un segundo por el cambio de temperatura.

- ¡Estas ardiendo, Bakagami! – exclamó, abriendo bien los ojos y sacudiendo la repentina calentura de su mano.

- No me digas… - dijo este, aunque trataba de mantenerse al margen de las burlas de su contrincante, su voz delataba el sufrimiento que combatía.

- Joder, ¿que se supone que haga con esto? – continuó quejándose, tal madre con un niño.

- Yo que sé, Aomine, solo vete. – le dio la espalda otra vez, dispuesto a no dirigirle la palabra el resto del día. Solo quería dormir y si fuese posible, morir.

- Que perra… - musitó Aomine parándose de la cama y saliendo de la habitación tecleando su celular.

- ¡Dai-chan! Qué raro tu llamada. – la voz cantarina del otro lado parecía enjaguar todas las preocupaciones del universo, pero no, esta no.

- Oye, Satsuki, tengo a Kagami muriéndose en una cama. ¿Qué se supone que haga?

- ¿Muriéndose? – exclamó preocupada. - ¿Cómo así?

- Tiene mocos y está ardiendo de fiebre.

- Ah, sólo es un resfriado, Dai-chan. Me asustaste. – dijo alegre ella. - ¿Le tomaste la temperatura?

- ¿Por qué haría yo eso? – frunció el entrecejo, tirándose en el mueble jugando con unas pesas que encontró por ahí.

- Porque está caliente, ¿no? Busca un termómetro y tómale la temperatura.

- Aja. ¿y después?

- Tienes que buscar medicina para la fiebre. Haz que tome un vaso entero de-

- Oye, oye. ¿Por qué no vienes tú a jugar de enfermera? A mí no se me dan estas cosas.

- Yo no soy su novia. – amenazó, aunque quiso sonar desafiante, pareció más divertida. – Además estoy con unas amigas, ¿recuerdas?

- Ah, si…

- Si, cuando dijiste que vendrías, mentiroso.

- Si, bueno… Le diré a Kuroko que venga a cuidar de él, no me voy a poner para eso.

- Dios, Dai-chan. Es tu novio, al menos haz eso por él. – reprendió la muchacha, podía ver la silueta a través del teléfono postrar sus manos en su cadera y juzgar toda su existencia.

- No soy su novio para eso. – se quejó él, pareciendo más bien, infantil.

- Pero ya que estas ahí, hazlo. ¿Estás en su casa?

- Sí. – la muchacha no pudo soltar una risilla de emoción al recibir la respuesta.

- Pues, mira. – cambió su actitud a una más firme. – Tómale la temperatura y busca medicina anti-gripal. Haz que se beba un vaso completo de agua fría, procura que se tome uno cada veinte minutos y cuando empiece a sudar, cambia su ropa. Prepara un recipiente con hielo y envuelve unos cubos de hielo en una toalla para pasárselo por el cuerpo. Es bueno que tome un poco de jugo por-

- ¿Y quieres que yo haga todo eso? Estás loca. – escuchó las indicaciones con la boca abierta en sorpresa pero cuando no soportó más, espetó.

- Dai-chan eres el único que puede ahora mismo, Kagamin te necesita.

- Satsuki, ven. – suplicó.

- No puedo y me tengo que ir. Haz lo que te dije si no quieres que Kagamin muera.

- Pero –

Lo último que escuchó antes que la línea se cortara fue un deseo de suerte, cual tono se pudo sentir cierta picardía. Aomine suspiró con furia, haciendo una rabieta en el sillón mientras encaraba el techo como si quisiera destrozarlo con la mirada.

Se levantó de un estirón hacia la cocina y buscó en los gabinetes algo que funcionara como medicina, pero no había nada. Agarró un buen vaso de agua fría y se dirigió al baño para seguir buscando la medicina pero tampoco encontró nada que sirva.

- Oye, idiota. – pateó la puerta asustando por un segundo al bulto en la cama, quien apenas se movió por el ruido. – Toma esto.

Kagami se volteó emitiendo un quejido y mirando a Aomine al pie de la cama, dudó en tomar el vaso.

- ¿Qué tiene? – preguntó.

- Es solo agua, toma. – extendió la mano para que el otro tomase el contenido. Kagami lo tomó aun dudoso, pero irguiéndose levemente, lo agarró y se tomó todo el líquido.

Volvió a recostarse con tranquilidad, dándole la espalda al moreno.

- ¿Tienes un termómetro? – preguntó el as de Touou, hastiado por el papel de enfermero que se le estaba incautando, sin su consentimiento.

Kagami tosió un poco antes de responder.

- Ahí. – señaló a la mesa junto a la cama, apuntando a la gaveta inferior.

Aomine se agachó y buscó el instrumento dando con él de inmediato. Hizo a un lado al enfermo y retomó su asiento a la orilla de la cama, halándole el brazo con menos brusquedad para que voltease.

- A ver cuánto te queda de vida. – bufó, dándole el aparato, Kagami lo tomó sin mirarle mucho colocándolo bajo su brazo dentro de su abrigo. – Voy a salir, que no se te ocurra morir sin mí. – tomó el vaso, sonriéndole con altanería, recibiendo un quejido del otro.

- Bastardo.

Así lo hizo, agarrando su sudadera y saliendo en busca de aquellas medicinas. La tienda más cercana estaba dos cuadras de allí, factor que ensombrecía su humor otra vez. Las cosas que tiene que hacer por ese imbécil…. le debía una muy grande, pero grande.

La sudadera violentó contra el mismo sillón junto con algunas palabrotas que abandonaron suavemente los labios bronceados. Dejó la funda con las cosas en la meseta preparando lo demás: otro vaso con agua, el recipiente con hielo y una toalla para sacar la mugre de… Kagami. Agarró las pastillas de la funda y una de las bebidas energéticas, las otras las metió en el refrigerador para después, si el mal nacido las necesitaba, ya se pararía a buscar una él solo.

- Kagami. – llamó con suavidad, aunque su voz se teñía de inconformidad aún.

No recibió respuesta, tal vez el pelirrojo se ha dormido. Se sentó a su lado y le volteó hacia él, contemplado su cara completamente roja a pesar de la penumbra en el cuarto y como su vientre subía y bajaba por la brusquedad de su respiración. Sin siquiera tocarlo podía sentir el calor de su cuerpo y como había tintado las sabanas con este. Efectivamente, estaba dormido.

- Kagami. – volvió a llamar llevando la bebida a su mejilla haciéndole despertar. – Toma. – le dio la pastilla y otro vaso con agua.

Kagami le miró extrañado, pero demasiado abrumado como para maquinar su mente, se sentó en la cama y tomó ambas cosas del agarre firme del otro. Se escuchó el agua pasar por la faringe del pelirrojo, siendo el único sonido en aquella habitación. Cuando terminó, le pasó el vaso vació al de piel bronceada y acordándose del aparato bajo su axila, abrió su abrigo hasta que pudo sacarlo.

Aomine lo tomó con cara de asco y observó el número que allí marcaba: 39°.

- Mierda. – dijo este sin poder apartar los ojos del pequeño aparato.

- ¿Qué dice? – preguntó la voz somnolienta de Kagami, más baja de lo común.

- 39 grados, estás mal.

Kagami soltó un suspiro. A eso se debía sus delirios mientras creía dormir.

La mesa junto a la cama estaba desborda de utensilios. Allí se encontraba el recipiente con la toalla, más pastillas, la bufanda de Kagami, el vaso vacío y la bebida energética. Aomine dejó el aparato allí también, acomodándose cerca de Kagami.

- Quítate el abrigo. – ordenó.

- Tengo frio. – se opuso mirando, con lo que el creyó era una mirada amenazadora pero más parecía pedirle que por favor no le deje morir.

- Quítatelo. – ordenó, haciéndose hasta la cremallera de la prenda y deteniéndose antes de tocarla para que Kagami obedezca. Esto llevó a cabo con la orden con pesadez, bajando lentamente el zipper. Con dificultad se deshizo de la prenda, haciéndola a un lado, dejando ver la playera blanca que se adhería a su piel por los flujos corporales. Aomine paseó sus ojos por el dorso de Kagami, sorprendido por verle en tal estado; lánguido y débil, tan frágil como una copa de cristal. – Dios… - avanzó hacia él, inconformidad reluciendo en su rostro y retiró la playera de su cuerpo, lanzándola lejos de él. Kagami estaba cooperando satisfactoriamente, levantando los brazos cuando se requería y acostándose cuando se le ordenaba.

Empezó el proceso de purificación; el mayor se encontraba tendido en la cama, ojos cerrados, su mente muy lejos de cualquier realidad, mientras una toalla danzaba por su cuerpo, cuyo frio hacía titiritar. Kagami se contuvo, a veces disfrutaba del frio en su cuerpo ardiendo, era satisfactorio.

Por otro lado, Aomine llevaba un esfuerzo sobrehumano para no estallar y mandar todo a la mierda, cada vez que sentía el cuerpo bajo sus manos, temblar con sus cuidados. Para ganar comodidad y más alcance, se había colocado encima del otro apresando su cuerpo con el suyo, concentrado en lo que hacía. Kagami vestía esta mirada de abatimiento que a veces confundía con placer, ya que los soniditos que emitía no dejaban para más.

- A ver si te callas y dejas de moverte. Levanta los brazos. – ordenó, muy dentro de su alma, disfrutaba ver a Kagami así, pero su placer era censurado por su papel de enfermero.

Kagami le miró entre aquella penumbra, definiendo el disgusto en su rostro. Levantó los brazos sin apartar sus ojos de las manos morenas, que con la tela helada se deshicieron del sudor de su axila y antebrazos. Se quejó cuando sintió el frio allí, no es como si tuviese fuerzas para empezar una pelea con el moreno.

- Ya… - farfulló, soltando un fragmento de su voz ronca.

- A mí me gusta mucho menos. – aclaró el moreno, terminando lo que hace. – Me debes una grande, Taiga, una muy grande.

Algo vibró dentro de Kagami al ser llamado por su nombre de pila, incluso si solo ha sido para fastidiar, él no tenía las fuerzas de sentir enojo ahora mismo. Buscó los ojos azules pero estos no le miraban a él, estaban ocupados distinguiendo las zonas donde debía pasar la toalla. Su expresión cambió, una sonrisa ocupó el lugar de su rostro cansado y casi por instinto una mano llegó hasta la mejilla bronceada.

Daiki puede ser un incordio cuando se lo propone pero cuando no planea lo contrario, puede ser algo totalmente falaz.

Aomine le miró extrañado, maldiciendo aquella sonrisa boba en su rostro.

- Aomine. – dijo dulcemente, ocasionando una cara de irritación en el peli azul. Realmente quería agradecerle su consideración pero era más satisfactorio mirar esos ojos azules que le recordaban a la noche.

Acarició la tibia piel bronceada bajo su tacto, sonriéndole.

- ¿Qué? – preguntó, quitando la mano de su rostro y arreglándose para terminar su tarea.

Kagami ignoró su rechazo y se irguió un poco hacia delante apuntando a su boca, pero una reacción rápida del moreno le hizo detener, deteniendo el trayecto de su boca con su mano.

- ¿Qué es lo que quieres? – volvió a preguntar, esta vez con más irritación.

- Un beso. – contestó, sonando como un murmullo en otro idioma, por la mano en su boca.

- ¿Eh? – arqueó una ceja, en desaprobación.

Pero la cara del otro no mostraba rendición, quería esos labios como si su vida dependiera de ello. Sus ojos, aunque cansados, por fin mostraban deseo, vigor.

Aomine se inclinó un poco sin retirar su mano y depositó un beso encima de esta. Aunque Kagami esperaba otra cosa, se alegró de que el moreno al menos lo hubiera intentado.

- ¿Feliz? – le recostó de nuevo, haciéndose a un lado para dejar la toalla en la mesa.

- No. – contestó Kagami, quien infante no ha recibido lo que quería en navidad.

Unos dedos más que tibios, ardientes, se enroscaron en su brazo llamando su atención. Aomine volteó para ver qué otros caprichos necesitaba el jugador estrella de Seirin ahora. Se quedó mudo al ver el rostro de Kagami; no solo sus mejillas, pero toda su cara estaba enrojecida, sus ojos entrecerrados mostrando lasitud, pero una expresión que Aomine interpretó mal. Veía un poco de vida en él, por fin, pero más que vida, parecía desear algo más.

Tal vez no la ha interpretado tan mal como creyó.


Wow! Me he ido por las ramas (como dice ArminxArlert) escribiendo este capítulo, válgame Dios, perdonaos que me quedó tan largo, en verdad… bueno, si esperaba que fuese así pero también creía que para al final pasaría todo lo que quería que pasara pero me he equivocado y lo siento mucho, tendré que dividir el capítulo otra vez, mátenme.

Subiré el otro capítulo (que será una segunda parte de este) muy rápido ya que no será tan largo pero askjfnsdgjd.

Espero que les haya gustado y comenten; los comentarios son alimento para un escritor.