¡Holi! -se cubre para que no la abucheen-(?)
Lamento la demora con este capítulo. Tenía planeado subirlo hace tiempo, pero la inspiración iba y venía y fue duro sacarlo. Tanto que tuve que partirlo en dos, porque iba demasiado largo y podía ser...mucha información (?)

¡En fin! Ya no voy a prometer actualizar seguido, porque pasa que el mundo confabula para que sho, que soy una personita cumplida, puntual y responsable (?), no pueda actualizar con regularidad.
Espero que disfruten de este capi. Y gracias por la paciencia.

.

.


.

.

.

PETICIÓN

.

.

.

El mar había estado presente en su vida desde siempre. Un mar turbulento, cuando la lluvia se volvía intensa; un mar gris, agitado incluso cuando la tormenta se volvía llovizna. Pero nunca había estado de pie frente a un mar congelado y negro. Un mar de nieve infinita, en la que cada paso dolía. Era frío que quemaba, escarcha como brasas que consumían los restos de su corazón maltrecho.

No podía recordar porqué estaba ahí ¿Cuál era la razón que le obligaba a permanecer parada frente a un suicidio de olas que ya no llegaban ni se iban?

Viendo hacía la línea en el horizonte, que parecía fundirse con el cielo blanco como papel, comprendió porque decían que la vida era dolorosa y que la muerte resultaba un alivio. Porque cayo de rodillas al suelo, su piel sangrante, su cuerpo temblando ante las corrientes de aire que lastimaban su piel como dagas. Abrazó sus hombros desnudos y bajo la mirada sólo para ver el líquido rojo bajando despacio por su pecho.

Estaba desnuda. Su piel era traslúcida, y podía ver la forma en que sus venas se volvían negras, como si dentro tuviera tinta en lugar de sangre corriendo. Incluso la sangre que le adornaba el exterior de su cuerpo se volvió negra. Juvia contuvo un grito de horror, porque comprendió por qué el mar era oscuro también. Estaba quieto e impasible, y su agua no era más agua, era la sangre de las personas a quienes más quería, y que ahora yacían inertes encima del hielo negro en que se había convertido el océano. Y sus manos, manchadas por lodo sanguíneo, se proclamaban como las armas que habían cometido aquel cruel delito.

Se llevó las manos al rostro, y pudo verse a sí misma desde afuera, viendo como las huellas de sus dedos manchaban su cara. Y en el fondo, el terror de su crimen era su mayor regocijo, y el grito de agonía que su garganta profirió se perdió en el aire como la carcajada mortal que la hizo levantarse de golpe.

Vomitó sobre la madera cuando la reacción a la pesadilla le hizo caer al suelo, con el estómago dándole un vuelco. Tosió y sufrió una nueva arqueada, e inadvertidamente tuvo tiempo de arrepentirse de haber comido antes de dormirse, incluso si lo había hecho por consideración a Lisanna. Se limpió la boca con el dorso de la mano, percibiendo en su garganta el sabor amargo de la bilis. Lo poco que había comido, ahora estaba esparcido en el suelo, como una prueba más de su pena.

Con las articulaciones reclamando, Juvia se incorporó de nuevo. No recordaba en qué momento se había quedado dormida, no sabía a qué hora se había marchado Lisanna, y una punzada de culpa le recorrió las entrañas. La chica se había preocupado tanto por ella y así se lo pagaba.

Con pesadez echó una rápida ojeada al suelo. Supo que, si de por sí ya no iba a poder dormir, menos lo haría con ese olor habitando la misma recamara que ella. Así que marchó a su baño, tomo el detergente y una jerga, hasta que todo estuvo limpio. Incluida ella, que había tomado una ducha, como si eso fuera a limpiar las impurezas que sentía en el alma.

Cuando de puntillas camino hacia la ventana, levantando al vuelo el largo camisón blanco que vestía, comprobó que era más tarde de lo que imaginaba. No sólo una cuestión de tiempo real y noche cayendo, sino tarde para ella y sus lamentos. Tarde en eso de tener que preocupar o molestar a las personas como si no tuvieran ya suficientes cosas de las que preocuparse. Incluso si ella no se sentía bien, incluso si no estaba preparada para combatir las pesadillas que se le presentaban, era claro que tenía que enfrentárseles sola.

Sola, porque era así como se peleaban las grandes batallas desde siempre. Incluso si hubiera un ejército acompañándole, siempre tendría que encarar sola al principal enemigo. Estando frente a su reflejo en ese instante, se enteró de que –de nuevo cuenta- era su propia enemiga. Como antaño con nubes negras y chubascos.

Y la verdad era que ya no quería sentirse miserable, por eso iba a ganarse. Por eso iba a ir contra el dolor que las palabras y las promesas rotas le habían provocado. Las palabras de aquella medianoche bajo la lluvia, y el veneno en las manos que la sostuvieron y le helaron los huesos cuando había intentado escapar.

Ese no había sido su Gray-sama. Y ella ya no era la Juvia de aquel entonces, porque ahora quería reclamarle que fuera tan patético como para reclamarle. Era absurdo. Era injusto que develara sus verdaderos sentimientos en una situación tan adversa, y bajo un ataque de rabia y mirada hiriente. Porque ¿Qué otra razón había para que la tratara de la manera en lo que había hecho?

Aun con ese pestañeo de esperanza, y la verdad enroscándosele en el corazón palpitante, Juvia no quería esa clase de amor. Juvia está dolida porque, un amor que desconfiaba tan a prisa de otro amor, no puede ser llamado como tal. Ni como verdadero. Apretó los labios y vio un rayo surcando el cielo. Las gotas que resbalaban por la ventana parecían, ante su reflejo, las sombras de sus propias lágrimas. Tenía frío y se cubrió con sus propios brazos.

¡Oh, cuánto deseaba sentirse en casa! Pensó en lo bueno que sería ser alegre y sonreír, y entonces vio una mota de luz amarilla en donde sólo había oscuridad y lluvia. Su corazón dio un salto y sofocó un jadeo.

Había sido efímero, como el rayo del cielo. Juvia tuvo que parpadear para notar que donde ella había visto, en realidad no había nada. Un nuevo nudo se formó en su garganta y se cubrió el rostro con las manos, ya sin comprender por qué era que estaba llorando, pero segura de que debía hacerlo, porque había tanto miedo quebrándole los huesos y la voluntad de seguir hacia adelante, porque de nuevo había visto una luz que resultó ser nada, y las sombras como sombras se perdían, y como siempre, ella era incapaz de alcanzarlas.

.

.

.

Lisanna se animó a sí misma en vista de que nadie más iba a hacerlo. Y no porque los demás fuera un redomado montón de agrios, sino que, por ser todo lo contrario, ella no le había dicho de sus intenciones a nadie. Sólo se plantó con una voluntad, que ni ella misma se conocía, delante del maestro y le informo que se ausentaría por unos días. Makarov no le hizo cuestionamientos, e incluso cuando Lisanna se mostró sorprendida, la perspicacia le informó de la perspicacia que también tenía su maestro.

Lo difícil fue conseguir la dirección. Ella no tenía una relación cercana con esos magos, los conocía de vista gracias a los Grandes Juegos Mágicos, sabía que eran fuertes, que cargaban el orgullo en el nombre y que no podía ir preguntando como si de cualquier cosa se tratara a los demás miembros de Fairy Tail.

Considero a Lucy, pero seguro que recibiría toda una serie preguntas que ella no quería responder. Pensó en Levy, pero esta era astuta, además de cercana a Gajeel. Y seguro que era tan cercana que le contaría incluso sobre su no tan inocente pregunta, y Gajeel se daría cuenta y lo complicaría todo. Y por último se resolvió a preguntárselo a la única chica que podía preguntárselo, aunque comenzara a figurarse toda una situación embarazosa. Lisanna lo sabía, no sólo por instinto de hermana, sino por la reputación de celestina que tenía Mirajane.

— ¿Y para qué quiere mi pequeña hermanita saberlo? —Mira levanto ambas cejas, que danzaron como las notas de un arpa— ¿Hay algo, o alguien, ahí que te interese?

Lisanna se tragó su propia rabia al recordar la historia de Juvia, y fue a responder con la única respuesta que de verdad podía respaldar su repentina curiosidad.

— Por Yukino —dijo, y Mira echó la cabeza hacia atrás, extrañada— Porque dijo Wendy que se parece a mí —con un mohín miró a su hermana— Estoy algo celosa, es todo.

El despiste de Mirajane casi le pareció irreal, casi. La abrazó con entusiasmo y le dijo que no había alguien como ella, que era su preciada hermana, y un montón de otras cosas cursis que enternecieron a Lisanna y le hicieron pedir perdón por lo que había hecho y por lo que estaba a punto de volver a hacer.

Esa tarde, cuando salió del gremio, no se extrañó de encontrarle esperándola. Tan orgulloso y soberbio como siempre, pero con la pregunta saliéndole por los ojos, incluso antes de que la llamara como si no hubiese estado ahí para eso.

Lisanna patio una piedra del suelo, y refunfuño para sus adentros, regañando a sus propios pensamientos culposos.

— ¿Y bien?

Ante la insulsa demanda, ella levantó los ojos y le dejo saber su fastidio.

— Definitivamente no "bien" —masculló, y volvió a caminar.

Fue todo lo que Laxus necesitaba oír, se dijo ella, porque él lo sabría interpretar a la perfección. Por supuesto que no estaba equivocada, ya que Laxus había sabido desde el principio que el cielo no había perdido el azul de la nada.

Él ni siquiera se había quedado a la espera de una explicación, y ya no había intentado sacarle la verdad a Gajeel a punta de puñetazos, no desde su último casi enfrentamiento en el gremio. Contrario a eso, había tomado lo poco que sabía y había ido con la persona que más o menos podía explicarle sobre eso. Y la respuesta no le había gustado. Como tampoco le había gustado lo que había visto en una de esas noches merodeando las afueras de esa casa, con la mirada eternamente perdida en una ventana que era luminosidad y penumbra. Ya los Rainjinshu le habían hecho un sutil reclamo por abandonarlos tan seguido, y cierto día, Evergreen le hizo un vago comentario respecto a su descuido al pasearse por Fairy Hills. No puso atención al inmediato salto de Freed, defendiendo su honorabilidad, pero en una conversación consigo mismo, se reprendió por estar yendo contra sus propias creencias. Por sus estribos volátiles, que lo mismo iban y venían como olas golpeando contra los riscos. Lo cierto era, que ni siquiera lo comprendía bien. Recordaba aquella vez en Tenrou, cuando Acnologia les atacó y vio a Gray tomarla en brazos porque ella estaba herida. Había sido una escena tan lejana a él en ese entonces. Y luego, cuando se sostuvieron todos de las manos, se preguntó si, de salir vivo, de verdad podría llegar a aceptar y a ser aceptado.

Pero nunca creyó llegar a aceptarla tanto, como para que entrara de esa forma y arrasara con todas las viejas fotografías que había en su interior. La había visto andar con discreción y explotar alborozada cuando el mago de creación aparecía. Se había reído a costa de las reacciones del Fullbuster, hasta que un día dejó de ser divertido y comenzó a ser desesperante. Comprendió que la distancia no había disminuido, incluso si ahora eran capaces de verse el uno al otro y estar en paz en el mismo ruidoso gremio.

Porque esa era la verdad. No eran cercanos, nunca se había preocupado de viva voz por ella, ni habían hablado más de lo necesario, incluso estando en el mismo equipo. Ni se habían divertido juntos cuando castigaron al equipo de Natsu. Juvia no se había reído de la misión que les había impuesto a esos chicos, y casi podría decir que se abstuvo de un reclamo.

Así era ella, tan despistada de aquello que no involucraba a Gray. Tan obstinada en su amor por un mago que sí la veía, pero fingía no hacerlo. Y si Laxus no había dado el paso antes, era bajo una sola razón: el orgullo.

Laxus no iba a dejarse rechazar, menos por una chiquilla menor que él. Era absurdo, pero era la verdad. Y cuando cedió al fin, fue porque la misma Juvia había abierto una ventana. Cuando no había reclamado ante los designios de su abuelo, y ni un pseudo llanto había mostrado. Y él creyó –se tachó de ingenuo al instante- que si ella se había tomado en serio las palabras de alguien más, también debía tomarse en serio lo que él tuviera que decirle. E incluso, el arrebato de posesividad que había tenido la noche en que casi golpeó a Gajeel, había sido una forma más rotunda de hacerse notar, pero no sabía si, en efecto, sus palabras habían podido alcanzarle gracias a los rumores de los demás.

Aquella noche, cuando inesperadamente sucedió lo que en algún momento tenía que suceder, y la delgada silueta se dibujó de blanco, como un fantasma, en la ventana, Laxus tuvo la certeza de que en verdad tenía que hacer algo si quería que dejara de ser tan etérea, si quería que ella no terminará por desaparecer.

En el presente, luego de ese breve vistazo a la casa del terror, las palabras de Lisanna no le dijeron algo más de lo que él ya sabía. Sin embargo, era evidente que la Strauss no le iba a contar nada, aún si Juvia le hubiera relatado lo sucedido en aquella misión.

— ¡Y un carajo! —masculló para sí, con la incertidumbre adhiriéndose a la boca de su estómago. Si había algo que lograba irritarlo era el desconocer lo que tenía la obligación de saber.

Laxus fue de camino a su apartamento, Lisanna ya se había ido y aunque él quisiera alcanzarla y hacerle hablar, la chica podía llegar a ser tan voluntariosa como su hermana mayor, y no iba a abrir la boca más que para insultarlo. Mientras caminaba por las empedradas calles, de altas lámparas con luz fluorescente y las voces de las chicharras y los grillos como compañía, Laxus fue repasando el aroma que recordaba impregnado en el cuerpo de Juvia en aquel breve choque a las afueras del gremio. El olor claro de la tinta y el bosque. Tinta negra con la que se escriben las palabras de amor y dolor en las cartas que nunca llegan y cuando llegan destrozan. Era un olor recordado de otros tiempos, pero sin rostro ni forma. El olor de un fantasma, alguien a que no había logrado hacer una mella profunda en su pasado, pero que ahora estaba tan remarcado en su presente, que el no ser capaz de reconocerlo le hizo enfadar más.

Laxus pasó de largo frente a la catedral Kardia y dobló en la siguiente esquina. Su apartamento estaba en el centro de Magnolia, pero aún apartado de los cafecitos y las tiendas en ascenso que por la tardes se abarrotaban de gente, pero que con la lluvia de los últimos días, parecían desolados. Magnolia había cambiado de la misma forma en que él lo había hecho. No era la misma ciudad de cuando niño, aunque mantenía el aroma de las castañas y los cerezos multicolores.

Laxus subió las gradas que daban entrada a su hogar, pero en el último peldaño volvió la mirada atrás, negándose a que esa lluvia voraz se prolongara por mucho más tiempo, incluso si eso significaba cortar abruptamente la libertad de su propia magia. A veces la lluvia se volvía más intensa, y era un espectáculo ver las gruesas gotas caer, mientras los rayos le acompañaban con furia. Era un espectáculo para él, porque era la representación metafórica de ellos. Era lo más cerca que había podido estar con ella, incluso si Juvia no lo sabía. Ella podía hacer caer la lluvia, pero él también estaba con ella en la caída.

"Caer", y la palabra le llegó junto al estruendo del último rayo. Le había hablado a Porlyusica de lo muy poco que su mero olfato le había dejado saber, y la anciana le dio una explicación que él deseaba que fuera errónea. Pero eso sólo iba a poder averiguarlo hasta que volviera a ver a Juvia. Y tenía que hacerlo pronto, o sería demasiado tarde.

.

.

.

Cuando despertó esa mañana, el cielo seguía gris. Un gris infinito y oscuro. Era casi como estar mirando al interior de su propia mirada. Como si el color de sus ojos se hubiera trasladado al universo entero, y ahora todos pudieran saber lo que sentía y como veía cada cosa en el mundo, o en esa ciudad desprotegida.

A través de una ranura en la ventana, asomo la nariz y comprobó el estado del clima. Hacía frío. Un frio mortecino que le caló hasta la medula. Tomo su vieja chamarra oscura y metió los brazos. Tal vez la terminaría perdiendo por ahí e iría a parar al cesto de cachivaches y sentimientos perdidos. Pero ya poco importaba. Había perdido algo más importante en el brevísimo tiempo de un pestañeo, y ahora andaba como a ciegas, sin saber cómo recuperarlo o si acaso eso era posible.

Emergió a la solitaria calle, el viento le golpeo el rostro, clavándole diminutas partículas de agua. Gray se encorvo bajo la capucha de la chamarra, metió las manos en los bolsillos del pantalón y marchó al gremio. De camino se topó con muy pocas almas, que parecían tan grises como las nubes en el cielo, como si la lluvia les hubiera robado las ganas de vivir, o les hubiera drenado la felicidad. Al chapoteo de sus botas contra el agua que corría al lado de las aceras le sonaba en los oídos, mezclado con los lejanos bramidos del mar. Había tanto ruido, y aun así percibía un silencio sórdido. Gray levantó la mirada y pestañeo.

Lisanna pasó delante suyo, ágil como una gacela y tan rápida como si estuviera urgida en llegar a algún sitio. Sin embargo, el camino que la chica seguía no era el que conducía al gremio, sino a la estación de tren. Gray enarco las cejas y entonces Lisanna, como presintiendo haber sido descubierta, se fijó en él. El ceño de la muchacha se frunció, como si él fuera una figura desagradable, y siguió su camino con paso más firme del que Gray le había visto al principio.

Gray, extrañamente, no se sintió sorprendido por ser repentinamente repudiado. De hecho, lo deseaba. Que le miraran mal y le hicieran saber su desprecio. Siguió caminando. Tenía pensamientos descompuestos, pero todos esos le conducían a una misma certeza: que había terminado de joder todo. Tal vez era que aún era joven para pensar las cosas antes de hablar, tal vez, como decía Laxus, era un estúpido que sólo se quedaba con las primeras impresiones.

Sentía alrededor de su garganta un aro que oprimía con mayor intensidad conforme los segundos pasaban. Era la herencia que habían dejado las palabras del dragón del rayo en él. El peso de su propia culpa, el peso de estarse arrepintiendo incluso desde antes de que se cruzara con Dreyar. Las palabras de este sólo habían avivado más las preguntas que se había estado haciendo después del desencuentro con Juvia.

Juvia.

La chica con la que se había enfrentado aquella vez en el edificio de Phantom y que, finalmente, le estaba haciendo enfrentarse consigo mismo. Juvia que siempre lograba atizar su nerviosismo, Juvia que lograba hacerle perder el control. El bullido de un tren, lejano y amortiguado por la lluvia, le trajo la terrible sensación de abandono. De que él mismo había bajado la palanca que separaba las vías de su vida y de la vida de Juvia. Y ahora iban por caminos distintos.

Gray quedo estático cuando comprobó a dónde lo habían llevado sus pasos. No estaba frente al edificio del gremio, y la estación había quedado atrás. Levanto los ojos, contra el agua que se estampaba en su cara, y vio hacia el balcón. El viento azoto con fuerza y le voló la capucha de la cabeza, pero los ojos grises permanecieron muy abiertos, prendados del azul que le veía empapado por su propia lluvia interna. La boca se le seco, y por un momento, pensó que esa persona iba a saltar.

El corazón se le fue a la garganta, y sus latidos le cantaban en el oído, y aunque los ojos le empezaron a arder por el agua entrando a ellos, no parpadeo, ni se atrevió a mover musculo alguno. El tiempo se había detenido ahí, aunque la lluvia siguiera cayendo. El tiempo que no perdonaba, pero que a pesar del error del pasado, le presentaba de nueva cuenta a quien se había convertido en su tortura.

Y entonces Gray se volvió a equivocar. Alargo la mano, como si con ella fuera capaz de alcanzarle, y en ese instante, casi juro que ella había gemido como si la estuvieran ahorcando, y se disolvió en la oscuridad de la habitación, como si nunca hubiera existido.

— Juvia —dijo, consciente de que la voz de su cabeza había hablado también en alto, y que el nombre había salido con más dolor del que pensaba.

Arriba, Juvia se deslizo por la longitud del cristal, con las manos aferradas a su pecho. El corazón le daba tumbos, sus labios se habían vuelto blancos y toda ella temblaba. Había seguido los deseos ciegos de sus pies, y había salido a recibir el viento cortante del gris día, pero nunca espero que sus pesadillas terminarían atacándola también despierta.

Apretó los ojos, como si estuviera en un largo sueño, y araño su antebrazo anhelando despertar, si es que aún no lo hacía. Pero cuando abrió nuevamente la azul mirada, descubrió que seguía estando contra el ventanal, y que lo único que había acrecentado era lo helado de su cuerpo. Había empapado el camisón blanco con que había pasado –despierta- la noche anterior. Se le pegaba a la piel y evidenciaba el rastro morado de marcas que aún no se habían ido. Juvia no se había preocupado mucho por ellas, no eran más que sombras que pululaban por los resquicios de su piel, y que eventualmente desaparecerían como desaparecía todo de la tierra. Y serían un mal recuerdo.

Tenía la certeza de que todo se volvería polvo, incluso si eso se sostenía en la capacidad del tiempo de curar o terminar asesinando aquello a lo que no aliviaba. La misma condición humana ayudaría a que se disolviera el dolor angustioso de sus noches y días de pesadillas. Sin embargo, había una sola cosa que Juvia no sabía, y no lograría resolver durante los siguientes días, tardes y anocheceres de su vida paralizada en el desconsuelo, y era lo frescas que mantenía su memoria, las decepciones que le habían hecho desfallecer.

No podía dar vuelta a la hoja cuando la imaginación le hizo la jugarreta desagradable, de dibujarle como con tiza a Gray: blanco y desfigurado por la luz de la lluvia. Cuando la ilusión alargo la mano, tal como lo hacía la sombra mortal de sus recurrentes pesadillas, Juvia gimió sintiendo la anticipada agonía. Pero era mucho peor. Porque estaba despierta y el dolor no era sólo una falsa trampa, sino que se había vuelto tan real como las uñas mordidas hasta la raíz en sus dedos.

— No es real, no es real —repitió y siguió repitiendo incluso cuando la voz se volvió un hilillo y luego nada.

Los ojos miraron al vacío, luego al suelo y se perdieron en un sendero opaco. Suspiro a la nada, sus pulmones se sentían pesados, como si se estuvieran ahogando y desfallecieran. Los músculos de su cuerpo seguían tensos. Su mano estirada al vacío, descendió despacio hasta que estuvo abajo, débil como los pétalos de un lirio marchito.

Habría querido hablar con ella, que ella sonriera luminosamente, como los rayos del sol cuando se filtran a primera hora a través de las montañas. Y que, tan escandalosa como los rayos de luz matutinos, hubiera corrido hacia él.

Pero entendió que aún era pronto, que, tal como lo había visto antes, los rieles de sus vidas iban por separado, hasta que ella decidiera tirar de nuevo de la palanca. Gray no pudo evitar recordar aquel dicho: "No juegues con fuego, porque te puedes quemar". Era recurrente, las personas solían decirlo, depositaban ahí las verdades de sus vidas, las consecuencias de las decisiones equivocadas, pero nunca se había parado a pensar que podía tratarse de él.

Ahora tenía la seguridad de que había estado dentro del dicho sin haberlo notado, pero que, contrario a cómo debía ser, él había jugueteando con agua entre sus dedos, y como pasa en estos casos, el agua se terminó por escurrir.

.

.

.

Lisanna bajó del tren y miro el mundo que se extendía por delante con la sensación de estar absolutamente perdida. Una voz en su cabeza le urgió a volver sobre sus pasos y tomar la primera salido de vuelta a Magnolia, pero aquel coraje que le había nacido y parecía negarse a abandonarla, le instó a avanzar. Había llegado hasta ese sitio desconocido bajo el influjo de su soberana renuencia a rendirse, y estaba ahí no por ella, sino por Juvia.

Se mordió el labio con insistencia y se aventuró a dar los primeros pasos, hasta que se dio cuenta de que había abandonado la estación y ahora corría delante de ella la vida diaria de una ciudad que parecía taciturna. Las calles eran oscuras, distintas a las adoquinadas de Magnolia. Asfalto, se dijo Lisanna mientras avanzaba, con el amarillo bolso de mensajero golpeándole la cadera. Una larga calle se abría paso delante de ella, y a ambos flancos de esta, casas de madera con techos rojos.

El aire de la ciudad tenía cierto deje a carbón, plata y polvo. Hacía calor y Lisanna, que había salido abrigada de su casa por la incipiente lluvia, tuvo que deshacerse del abrigo, aliviada de haber traído abajo una blusa de tela ligera. Con poca disimulada curiosidad, pasó la mirada por las casas de las calles que recorría. No eran todas del mismo color, sin embargo, tampoco resultaba ser una ciudad colorida. Las paredes eran más bien oscuras o blancas, algunas tenían manchas negruzcas alrededor de las ventanas, y los techos –que evidentemente eran de teja- también se veían negros en ciertas zonas. Lisanna se detuvo un momento para atender las empinadas pendientes por las que también tendría que caminar, pero más que eso, se detuvo por el hecho de que tendría que preguntar si iba en la dirección correcta a Sabertooth.

Pero desistió en el último momento porque, si el gremio de los dientes de sable era tan difícil de localizar debía ser por una razón, y no creía que la gente de esa ciudad fuera más comunicativa. Así que al final se decidió por buscar un sitio donde pasar la noche, porque la puesta de sol ya se le venía encima. El cielo era rojo y ocre, y juraría que el olor a carbón bailaba hasta en los recovecos más profundos de las casi solitarias calles.

Al final, Lisanna encontró una modesta posada en la zona central. Desde la ventana de su habitación podía ver la plazuela de ladrillo, rodeada de jardineras con árboles que le hicieron pensar en robles y cerezos, pero con el color oscuro de sus ramas era difícil saberlo. Suspiro y se recargo sobre el alfeizar de la ventana. A lo lejos se vislumbraba un castillo al que las tinieblas ya habían alcanzado. Era casi tenebroso.

Seguía haciendo calor, aunque mucho menos que en la mañana. De un momento a otro, Lisanna sintió que todo había caído en el silencio, y que allá, en el panorama del castillo, había rayos cayendo. Pero era sólo su imaginación. La oscuridad que Lisanna había visto hasta entonces se disipo en una explosión de luces incandescentes. Y el silencio se extinguió con un bramido de vítores y aplausos, Lisanna se asomó nuevamente a la calle, asombrándose ante el desfile de un grupo de personas. La cuidad que le había parecido desolada, cobraba vida al caer la noche, como si sus habitantes fueran criaturas que sólo podían salir de noche, y las personas que caminaban al centro, los amos de ese indomable imperio.

Entonces el corazón le dio un salto, y salió como exhalación de la habitación de la posada, con la ropa que había usado durante la mañana aún puesta. Bajo las escaleras de dos en dos y se encontró con una muchedumbre abarrotando la entrada de la posada.

Lisanna maldijo por lo bajo, abriéndose paso entre la gente a empujones y alejando cabelleras olorosas a colonia de su camino. Y cuando al fin se liberó de la barrera que la separaba de ellos, sus ojos se clavaron en la figura de aquel que los lideraba. Iba al centro, levantando la mano derecha, una sonrisa adornaba su boca. El tipo de sonrisa que decía "Alábenme, soy lo mejor que les podría pasar", y que Lisanna odiaba. Sobretodo odiaba como le aplaudían y como él parecía sentir que realmente merecía aquel homenaje, y si Lisanna se contuvo de gritarle una sarta de majaderías en ese instante, fue porque, por una milésima de segundos, como un destello de otro mundo, sus ojos azules chocaron contra otros azules, y estos parecían ahogarse en su propio abismo.

Pero Lisanna no tuvo oportunidad de poner sobre la balanza si aquello había sido real o no, porque localizo a la otra persona que le tenía en aquel viaje solitario. Él era una mancha oscura y borrosa en el cortejo. Y lo único que parecía darle vida era la mota rosa y verde que iba sobre su hombro. Sus ojos eran rojos y lejanos, y sus pies más que caminar, parecían estarse arrastrando.

Lisanna hizo ademan de gritar, pero entonces reparó en que no podía hacerlo. Una vez más un rostro se encendió en su memoria. El rostro de la persona que decretó un alejamiento, y junto a eso, una oculta condena a muerte.

— Muy bien, Lisanna Strauss ¿Qué carajos vas a hacer ahora?

Después de la escena en la calle, Lisanna se volvió a encerrar en la habitación de aquella posada, demasiado decepcionada de sí misma. Le comenzaba a doler la cabeza. Había perdido la oportunidad de hablar con el mago de Sabertooth, teniéndole delante. Y aunque sabía que aquella había sido una oportunidad de oro y la había perdido, era mejor así. Si en ese momento hubiera detenido al muchacho todos se habrían dado cuenta. Sting Eucliffe se habría dado cuenta, y entonces su viaje hasta ahí habría sido para nada.

Tal vez Lisanna se estaba haciendo demasiadas malas ideas sobre el maestro de Sabertooth. Para ella era fácil imaginarlo a su antojo –quemando casas y quitándole dulces a los huerfanitos, por ejemplo- desde que Juvia le conto lo que le contó. Era fácil porque no lo había tratado antes, y hablar con una persona que da órdenes arbitrarias refugiándose en su poder, no era algo que quisiera, además. Así que no se sentía culpable por poner sobre la cabeza del rubio Sting, un cartel que lo tachara como "El mayor cretino de la historia".

Incluso si Juvia se había atrevido a defenderlo sabiéndose triste, Lisanna no tenía la amabilidad de la peliazul. Es que Lisanna no era Juvia, y como suele pasar en casos de extrema crudeza, uno siempre terminaba tomándole más rencor a aquellos que dañan a los que quieres, que a los que dañan a uno.

Así que a la mañana siguiente, Lisanna sintió que el mundo le estaba dando una segunda oportunidad, cuando, en su camino, se encontró con Yukino Aguria. Maga de Sabertooth.

La primera impresión de Lisanna al encontrarse cara a cara con Yukino, fue la sensación de estarse mirando en un espejo distorsionado. Se parecían, era cierto. No como dos gotas de agua, pero sí como una buganvilia a otra buganvilia. Y al igual que esas flores, lo único que cambiaba era el color de cabello. Yukino pareció tan impresionada como ella. No era la primera vez que se veían, ni sería la última vez tampoco, pero verse tan de repente fue como recibir un golpe en la nuca.

— ¿Lisanna-sama? —fue Yukino la primera en abrir los labios y hablar— ¡Que sorpresa verla por aquí! ¿Vino sola? ¿Hay alguien más de Fairy Tail con usted?

Lisanna no recordaba que Yukino hablara con esa efusividad, la recordaba más bien tímida. Entonces, cuando la chica detuvo sus preguntas, Lisanna se dispuso a contestar. Pero lo que brotó de sus labios no era lo que se esperaba.

— Vengo sola, y necesito pedirte un favor.

Yukino enarcó las cejas, y le miró expectante. Lisanna trago saliva, y entonces quiso regresar el tiempo atrás y corregir lo que había dicho.

— ¿Paso algo con Fairy Tail? —pero Yukino se adelantó a la disculpa que ya estaba formulándose en la cabeza de la Strauss— ¿O Lisanna-sama está en una misión y…

— ¡No, no es algo como eso! —Lisanna levantó los brazos, mostrando las palmas y relajándose después— Es algo más personal…

— ¿Se trata de Mirajane-sama?

Esta vez Lisanna ladeo la cabeza y pestañeó.

— No…¿Qué? —de alguna manera, escuchar el nombre de su hermana en boca de Yukino le provocó cierto desazón, pero pasó de ello, sabiendo que había cosas más importantes que tratar— Es…necesito que le des un mensaje a Rogue Cheney de mi parte.

Yukino hizo una mueca que hubiera pasado desapercibida para Lisanna, si no hubiera estado lo suficientemente al pendiente de las expresiones de la albina. No era una mueca de disgusto, pero Lisanna sintió que había mencionado un tema prohibido. Como si decir el nombre del mago de las sombras fuera a desencadenar una catástrofe.

— ¿Podemos hablar de ello en un sitio más privado?

— C-claro —asintió Lisanna, percatándose del tono misterioso que había usado la maga celestial. Yukino también asintió, en sus labios se dibujó una tenue sonrisa— Estoy ocupando una habitación en una posada cerca, podríamos ir ahí, si le parece…

— Sí, sí. Cualquier lugar cerrado es bueno.

Lo siguiente que le sorprendió a Lisanna fue el modo en que Yukino parecía saber en qué lugar se hospedaba. Casi le provocó un escalofrío la idea de que todos los movimientos que se hicieran en esa ciudad fueran notificados a Sabertooth.

La Aguria pareció leer su mente, porque dijo:

— Es la única posada que estaba cerca. No hay muchos hostales por aquí —Yukino hablaba mientras subía las escaleras sin sofocarse, parecía habituada a ello— Esta ciudad no es exactamente turística, ni mucho menos pintoresca como Magnolia. Es una zona minera, además —explicó. Lisanna supo entonces que el aroma a carbón inundando el aire no era cosa de su imaginación— Ciudad Clavel…es más bien como la ciudad que te gusta, pero no es bonita. Justo como la flor. Todos la buscan, pero nadie quiere vivir aquí.

— Sin embargo, todos se quedan…—Yukino enarco una ceja y la miró expectante— No es como si yo planeara quedarme, por supuesto —se apresuró a aclarar— Aunque sí que me quedaría si no arreglo las cosas para mañana… —murmuró para sí misma. No supo si Yukino no había escuchado o había pasado por alto esas palabras. Ninguna volvió a hablar hasta que estuvieron dentro de la habitación.

Lisanna le indico a Yukino que tomara asiento, la otra le hizo caso, yendo a acomodarse en una silla a lado de una pequeña mesa. La habitación no era exactamente grande y decorada, sino lo suficiente para que cupiera una cama individual, una mesa y una silla al costado derecho de la ventana, y al fondo un baño completo. También había un espejo y un tocador, donde descansaba una lacrima de comunicación.

— Entonces...¿Sabes de qué te quiero hablar, Yukino-san? —ambas chicas se miraron, con la certeza de que estaban en la misma línea, pero aún así, sin estar seguras de qué tanto sabía la otra.

— No lo sé con certeza —aceptó Yukino, levantándose de su lugar, mientras caminaba hacia la ventana— Mi propósito al escucharle era…bueno, últimamente Rogue-sama se ha comportado de forma…diferente. Más serio y distante de lo normal. Eso paso desde… —hizo una pausa y se volvió a mirar a Lisanna— desde que volvió de hacer esa misión en conjunto. Con su gremio, Lisanna-sama.

Lisanna entreabrió los labios. Yukino no se detuvo y siguió hablando:

— Al principio creí que era el cansancio, que la misión había sido más difícil de lo que esperaban. Sting-sama tenía algunas heridas profundas, además. Rogue-sama también, pero eso no parecía preocuparle. Además, había demasiada tirantes entre él y Sting-sama. Ellos no son así. De hecho, ellos son muy amigos. Muy unidos —Yukino no hacía pausas mientras hablaba, parecía atragantarse con sus propias palabras, y encontrar alivio en el desborde que hacía de estas— Era extraño que de pronto no hablaran. Sting-sama llamó a Rogue-sama y esté lo ignoró y se encerró en su habitación y todo eso fue demasiado extraño. Yo…probablemente no debería estar hablando de eso, pero ahora mismo creo que usted sabe qué es lo que sucede. Porque es de Fairy Tail y quiere darme un mensaje para Rogue-sama ¿Usted estaba en esa misión? —Lisanna puso muy derecha su espalda— ¿Usted sabe lo que sucedió? ¿Estuvo presente en el conflicto?

Lisanna ya estaba negando, antes de que Yukino terminara sus preguntas. La chica de Sabertooth la miraba como exigiéndo respuestas, incluso si su mirada parecía amable. Lisanna no pensaba relatar lo mismo que Juvia le había contado, porque sería ir contra la confianza que la maga había depositado en ella. Sin embargo, sí iba a mostrarle un poco de ello, los fragmentos más pequeños del vidrio que se había roto y que nadie pensaba al final que fueran necesarios.

— Yo no —dijo al fin— Pero sí sé lo que paso, porque hable con alguien que sí estuvo ahí —Yukino pareció anonadada— Es por eso que necesito hablar con Rogue —una sonrisa se formó en los labios de Lisanna, entre aliviada y afligida— De alguna manera…saber que él está afectado es…extrañamente bueno, y malo también —agregó, ante la mirada incrédula de Yukino— Es decir…significa que…que la persona por la que estoy aquí es importante para él. Por eso, más que nunca, necesito que me ayudes, Yukino-san. Creo que sé de qué manera ayudar a nuestros compañeros pero… —Lisanna tomó aire, sopesando las posibilidades de que Yukino aceptara lo que diría a continuación— Pero…bajo ningún motivo, Sting Eucliffe debe enterarse de esto.

Yukino frunció el ceño, y asintió, incluso antes de preguntar el porqué de aquella condición.

— Entiendo si no quieres ocultarle nada a tu maestro, a mí tampoco me gusta tener que hacerlo. Sin embargo, Sting Eucliffe podría evitar que Rogue se encuentre conmigo si se entera que estoy aquí. Lo haría porque….porque sabría lo que me motivó a venir. Y no sería por maldad, sino para "protegerlos" —Lisanna hizo una señal con ambas manos— Y estoy segura de que Rogue no quiere eso.

— Es claro que Lisanna-sama no va a contarme qué fue lo que sucedió —dijo Yukino de pronto— Incluso si solicita mi ayuda, incluso si yo le conté lo que sucedía en Sabertooth —en el rostro de la Aguria no había expresión, su rostro parecía mármol tallado— Pero no creo poder preguntarle sus razones tampoco, mientras me jure que lo que sea que haya sucedido, se puede arreglar.

Eso era improbable, se dijo Lisanna, pasando saliva mientras la garganta le parecía dejar de existir. De pronto sintió que los hombros le dolían. Un vertiginoso vaivén entre los sentimientos y la razón. Lo que estaba bien y lo que estaba mal. Lisanna sabía el daño que ocasionaba no decir la verdad, o decirla a medias. Pero tantas veces había andado por ese camino que se acostumbró a ver manchadas sus manos cuando sostenían sus palabras. Aun así, no se atrevió esta vez.

— No se lo puedo jurar —admitió; Yukino dio un paso atrás, apretando los labios— La verdad es que…el conflicto principal es entre Rogue Cheney y otra persona, y ambos siendo golpeados por un poder extraño. Sting Eucliffe y…Gajeel, otro mago de Fairy Tail, creían que separar a Rogue de aquella otra persona era la mejor manera de ponerlos a salvo. Sin embargo, como habrá comprobado, Yukino-san, y como lo he visto yo, ni su Rogue ni la persona que yo aprecio, lo están. Y yo estoy aquí porque quiero romper esa distancia.

Las palabras de Lisanna fueron sinceras, y entre ellas hubo una fisura lo suficientemente grande para que Yukino supiera que aquella otra persona de la que Lisanna hablaba, era una mujer.

— ¿Y quieren verse ellos? —inquirió la Aguria— ¿Le pidió esa persona que viniera aquí?

— No, no me lo pidió. Pero me confesó que quería ver a Rogue, y que no quería separarse de él. Y supongo que la respuesta de si Rogue quiere o no lo mismo, la pueda dar usted, sabiendo el estado en el que se encuentra su amigo.

La seriedad de Lisanna se vio recompensada con la seriedad de Yukino. No eran amigas, su único lazo de verdad era el viejo recuerdo de pelear en la misma guerra, de defender el mismo reino. No se le podía pedir a otra persona, por más rasgos que les hicieran parecerse, que confiaran en uno, cuando ni uno mismo se tenía la suficiente confianza. Lisanna lo sabía. Muchas veces había sentido que avanzaba poco, que necesitaba de otros para sostenerse. Y aun así había llegado sola hasta el momento actual. Y ahora no era tan diferente, estaba haciendo una petición a alguien que resultaba ciertamente desconocida.

Para Yukino no era diferente ¿Cómo podía ayudar a alguien cuando sólo le relataba una mitad? La otra mitad que se ocultaba podía ser mala, peor de lo que cualquiera se imaginaba. Aquella chica, la hermana de Mirajane y maga de Fairy Tail, le estaba pidiendo traicionar el juramento de lealtad absoluta a su gremio, de confianza en su maestro. Aquella maga que había sido gris en su breve encuentro durante los juegos mágicos, que no había tenido tanta luz propia como la tenía en este momento.

Y aun así, Yukino le quería creer. Una parte de ella ya lo hacía, y fue eso mismo la que le empujo a dar el siguiente paso.

— Está bien, sí —dijo— Lisanna-sama, yo le voy a ayudar.

.

.

.

No eran kilómetros lo que la separaban del gremio. Era sólo unos cuantos pasos, y aun así Juvia sentía que estaba en las montañas y el gremio por ahí, flotando en alguna parte del mar. A pesar de lo cerca que estaba, sus pies se negaban a dar los pasos siguientes, eran pesados como un ancla aferrándose al fondo del mar.

Tomo aire y caminó. Desde esa distancia le llegaban sonidos diferentes a los que había escuchado la última vez que había estado ahí. Sonidos que esta vez le hablaban de felicidad, risas y recuerdos felices. La nostalgia la envolvió y su corazón se le aceleró con los vestigios de una melancolía alegre. Quería tanto ver a todos y decirles que les había extrañado. Pero percibía las palabras como ceniza en su paladar. Y las oraciones no lograron a formarse como saludos, porque cuando ella estiro la mano para empujar la puerta, hubo otra mano a su vez que tiro de ella hacía atrás y la alejo del sitio.

Juvia no tuvo tiempo de reaccionar, había una respiración acelerada cercana y una mano presionando con rudeza su antebrazo. No pudo soltarse, porque la soltaron primero, y si no alcanzó a asustarse fue porque la otra persona habló muchísimo antes que ella y la estrujo en un brazo tan rápido, que Juvia sólo se enteró de aquello cuando ya la había soltado. Su corazón se estremeció cuando al fin supo quién le tenía ahí, ese corazón que no se había secado a pesar de las tantas lluvias que ya había dado.

— Gajeel-kun —dijo en un susurro, mientras sus dedos cubrían sus labios y el DS del hierro le veía también asombrado.

Juvia se percató de que el parecía furioso y dolido, pero también maltrecho y cansado; Gajeel, por su parte, noto como el insomnio se había alojado en las medias lunas bajo los párpados de Juvia. Y no había soledad, sino un profundo e insondable abandono.

— ¿Qué hacías afuera del gremio? —respondió él, en cambio. Tan abruptamente que Juvia tuvo la impresión de que él no quería verla. A menos no en Fairy Tail— He intentado verte durante las últimas tres semanas, y siempre me encuentro con una barrera de mujeres en la puerta de Fairy Hills, y cuando me asomo a tu ventana sólo recibo silencios. Pareciera que la ciudad te consumió hace mucho. Y de repente te apareces como si mis esfuerzos fueran pura mierda —rezongó— Pareciera que he estado perdiendo el tiempo, y que estas de lo mejor ¿Pero no es así, cierto? No es así porque veo la puta tristeza en tu rostro, mujer.

La maga no podía entender si aquello era un reclamo para ella, o para él mismo. Él parecía estar gritando a ambos, con ese tono que era disculpa y resentimiento al mismo tiempo. Le dolió saber que había frustrado a Gajeel, cuando había estado buscando la forma de acercarse a ella.

— Dijiste que soy el único amigo que tienes —murmuró con reticencia el muchacho, sin mirarla— Dijiste que no querías perderme… ¿Qué te hace creer que yo sí quiero perderte a ti?

Juvia jadeo, sin poder evitarlo. Un gemido de dolor devoró su garganta y un escalofrío la hizo temblar. Ese era el Gajeel que ella no conocía. Un Gajeel que no había visto antes. Ella creía conocerle, pero no por completo, y ahí frente a ella estaba el gran dragón Slayer del que había visto reflejos, pero al que nunca había podido observar con atención. Hasta ese momento comprobó con creces la persona que él era y lo que su nombre decía. Era alto y fuerte para sostener los cuerpos que se marchitaban –como el de ella- y a los que quería reparar.

— Perdón —dijo ella, incapaz de decir algo más. Una sola palabra que fue sincera y que Gajeel apartó con un manotazo al aire, haciéndola pedazos.

— No me pidas perdón, Juvia —hubo rebeldía y desaprobación en su voz— Además, sé porqué estás así. El stripper ese… —Gajeel supo de inmediato que no debió haber pronunciado aquel nombre. El rostro de Juvia se había vuelto sombrío y el cielo se oscureció y el viento le supo amargo— ¿Qué te dijo? —hizo una pausa y su mandíbula crujió al notar la expresión herida en ella— ¿Qué te hizo?

Juvia supo que Gajeel sabía que ella iba a mentir. Y por eso dijo la verdad.

— Gray-sa…Gray-sama se enojó con Juvia —su voz sonó más ausente de lo que ella esperaba— Y Juvia está segura de que Gray-sama la odia, incluso si ella no termina de entender la razón.

Y era cierto, no lo sabía. Sabía que Gray se había sentido lastimado por alguna razón, sabía que él le había echado en cara lo que había pasado en aquella misión, y sabía que él había intentado lastimarla más de lo que nunca antes le hubiera lastimado. La había atacado con su magia, congelándole los huesos cuando ella había querido huir como agua. Pero Juvia no sabía por qué, porque no había razón para ello. Ella lo amaba, pero él no. E incluso el amor no tenía por qué ser una razón para todo. Y si el amor acaso fuera la respuesta a algo, no lo era a una desconfianza desnivelada.

Luego todo se volvió turbio. Juvia dio un traspié hacia adelante, su cuerpo tambaleándose con la torpeza de un cervatillo ebrio. Las sienes le palpitaron y sintió que el estómago se le contraía. El mundo dio muchas vueltas, y Gajeel alcanzó a atraparla antes de que cayera al piso.

Juvia pestañeo, los párpados le pesaban y escuchaba la voz de Gajeel llamándole desde la distancia, una serie de sonidos que ascendían y descendían y se volvían indescifrables. Pero ella le sonrió en la evanescencia. La cara de Gajeel, sorprendida y lívida, como si hubiese visto a un fantasma del pasado, fue el último gajo de realidad, antes de perder el sentido.

.

.


.

.

¡Chan, chan, chan, chaaaaaan!
¿Saben que cosa horrible me paso? El capítulo se borro cuando ya lo había editado y estaba por subirlo. Así que tuve que volver a hacer todo de nuevo, y como no cuento con mucho tiempo porque voy y vengo del pueblo a la ciudad, tal vez se me fueron muchos errores. Siento eso u.u

Y bueno, pasando al capítulo. Por fin queda claro lo que Lissi pretende hacer 7u7 Amo a esta chiquilla. Y se están agregando nuevos personajes, del mismo universo de FT que ayudarán mucho en la trama, o que al menos serán importantes en su momento. También se nos viene el sombritas 7u7 y...por supuesto, Laxus y Gray tendrán muchas cosas que soportar cuando nuestro Rogue "Sombras stalker" -como alguien lo llamó en un review xD- vuelva por lo que le quitaron. Hablando de Laxus ¿Se dan cuenta cómo es que él sabe que lo que le sucede a Juvia es más de lo que...? ¡En fin, ya lo explicaré más adelante!

Como les dije, tuve que cortar el capítulo porque iba a quedar muy, muy, demasiado largo. No queria agobiarlas con demasiadas cosas, además de que, capi 11 dera más...¿Cómo decirlo? ¡Ah, sí! Mas asdsafasgagdsgsdgag (?) Hay dos escenas que me ha encantado escribir -fangirlea explosivamente-. Y les aviso que, ahora sí, comienza lo oscuro.

Review, Review, Review

Alonesempai: Tu review me hizo fangirlear adasdsadsfassd -explota en amors-(?) Juvia también es mi personaje favorito, no sólo de FT, sino del anime en general. Es tan hermosa, dulce, tierna, loca, y fuerte que ¡Ains, la amo! Me encanta que devoraras el fic, golosa 7u7 y que te guste como se va desarrollando la historia. Deseó que siga asi ¡Besos!

JuviaBriel: Lo de Laxus, Juvia y el lemon, me parece interesante, y ya lo he considerado. Pero no sé...aún sigo pensandolo. Tal vez te lleves una sorpresa, o tal vez...¡Besitos!

Zukilove: Lissi es-un-a-mor. Adoro a esa chica, y por supuesto, en este fic tendrá gran relevancia. Uh, tal vez no arrase con el mundo, pero si pondrá en su lugar a unos cuantos 7u7.

Sole Cheney: Es cierto, lo que sucedió con Gray definitivamente afectó más a Juvia, que es muy sensible. Todavía vienen un montón de cosas. Y Gray sufre y va a sufrir, Juvia va a sufrir, Rogue va a sufrir, Laxus va a sufrir ¡Todo sufrirán muajajajajaja! Ok no (?) La historia se volverá oscura, porque lo que pasa ahora, es apenas un vistazo de todo lo que se viene. En cuanto a Lisanna...¡Ains, a mi me parece tan dulce! Su personaje no lleva gran relevancia en la trama, pero a mi me encanta. Siento que tiene potencial y no ha sido explotado como se debe. Si Juvia esta olvidada por Mashima, la pobre Lissi le dice "quítate que ahí te voy" u.u Y como ves, Lissi sí esta haciendo algo. No sé si es lo que te esperabas, pero...ella está ahí, apoyando a su amiga. La idea de Juvia y Lisanna unidas me vino desde Edolas y Tenrou, no sé, sentía que esas dos de verdad se llevaban bien. Uh, Roguecito ya viene, mujers 7u7 en el próximo capítulo brillara.

Nadja Petrova Kushinova: ¡Kyaaaaa! -explota en un fangirlismo extremo-(?) ¡¿Tienes idea de lo feliz que me hace saber que lees mi historia?! ¡Eres mi idola! Amo tus fanfic y ame tu review...¡addasdsadassa! OK ya...me centro -contiene la emoción-(?). Me alegra poder transmitir los sentimientos de los personajes, que se sientan reales y puedan conectar con ellos, como dices. Ha sido uno de mis propósitos iniciales y el que lo comentes es halagador. Gracias. Sobre Lissi...¡Uy, se viene algo muy bueno! Una escena que ame escribir y que esperó te guste. En cuanto a Laxus "Papasito" Dreyar, sí, se trae algo entre manos y nariz. Él sabe más, porque no se ha limitado a esperar. Ya lo veras más adelante. Lo que dices de Gray, sí, se paso. Se pasa muchas veces. Amo el Gruvia pero, amo la crack, Juvia merece que la traten como una gran compañera y amiga. Sé que no es principal, pero...Mashima le pone incluso más atención a Yukino que a Juvia -llora lloradamente. Ojala que en esta saga muestre más del poder de Juvia, aunque a como va, me la esta olvidando. Ya por último, en serio, muchas, muchas gracias por tu review. Es hermoso y me hizo muy feliz ¡Saludos!

Lymar Vastya: Sí, fue un encuentro no tan intenso, pero ese era el punto, que Laxus pudiera dejar ver que Gray no merece sus golpes. Igual, pobre Gray está sufriendo, a veces me da pena (?) Juvia...ella sufrirá, pero tendrá quien la apoye, Lissi, y algunos agregados, por supuesto. Gracias por el review ¡Besos!

Nessa: Lisanna trae a Sting entre ceja y ceja, es cierto xD Como pongo en este capi, Lissi sabe que tal vez se está adelantando a mucho con Sting, pero como no lo conoce exactamente bien, y vio el sufrimiento de Juvia, no se arrepiente de detestarlo momentáneamente. Rogue aparece en el proximo capi, y veran que tal le ha ido, aunque Yukino ya nos dió un adelanto ¡Muchas gracias por el review! ¡Saluditos!

Juvia: No te preocupes, aún las piezas no se deciden, y Gray está muy lejos de Juvia por el momento.

Hitomi Akera: ¡Pude arreglar el capitulo! Y aquí está, especialmente para usted que deja unos review tan bonitos y además es barrio uwu Y claro, porque la historia es para tí 7u7. Tú no te preocupes por no haber dejado review luego, luego. Me alegra que te gustara el capi 10, y claro, Meredy debe de aparecer porque es la waifu también, pero sobretodo, es amiga de Juvia, y creo que merece estar ahí para apoyarla. Es una relación hermosa la de ellas dos. Sí, pobre Gurei-sama, me pasé con él...me da pena pero...era mi venganza porque...aún no supero que rechazara tan feo a Juvia en la fiesta después de los GJM. Ya sé, ando acarreando rencores viejos pero...¡soy detergente...digo, divergente! ¡En fin, me voy a buscar la bici de Chachos o esto se va a descontrolar! (?) ¡Besitos! Ya sabes que te iloveo iloveadamente.

ope-hana: Leer durante el trabajo...usted es una diablilla 7u7 Aquí tienes otro capi para que no te aburras en tus horas laborales. Muchas gracias por el review ¡Saludos!

Croqueta jamn: Me alegra que digas eso acerca de los personajes más humanos. Es uno de mis propósitos. Me parecía que ya hay suficiente comedia en FT, y que el Gruvia merece un enfoque distinto. Tal vez abuse con la actitud de Gray hacia Juvia, incluso llegue a pensar que él se mostraría indiferente a todo, pero, al mismo tiempo, él ya estaba teniendo celos de Laxus, y hemos visto sus reacciones cuando Lyon estaba interesado en Juvia. Creo que no es tan errada la forma en la que reaccionó aquí, al final de cuentas. Y como el muchacho está confundido, además. Por otro lado, sí, Juvia tiene otros dos chicos en la puerta y con ambos llevará una relación distinta, precisamente para que se vea la diferencia. Ella se desenvolverá distinto con ellos dependiendo de las circunstancias, y ahora estás son bastante adversas, pero es precisamente eso lo que hará que ganen o no el corazón de nuestra maga. Muchas gracias por tu preciosos review ¡Besos!

KassfromVenus: ¡Exacto! Gray necesita aprender a valorar más a Juvia. Es tonto y se ha pasado bastante con ella en muchas ocasiones. Yo también soy Gruvia fan, y amo al cien está pareja. Ahora mismo controlo mi amor por la OTP porque tengo este cuadrado amoroso -yo también los amo, pero sólo a veces- y debo poner en su lugar a cada pj si quiero que las cosas funcionen ¡Muchas gracias por el review!

Muchas gracias a todas las que dejaron review, y a las que no pude contestar u.u Como les digo, voy y vengo del pueblo a la ciudad, y ahora mismo mis padres me están apurando porque voy de salida. Así que ya no pude seguir contestando. De todas formas:

LolyCrowSmille

Seiren Castler

fairymoon77

Muchas gracias por sus mensajes y por seguir leyendo este fanfic. Me hacen muy, muy feliz todas ustedes ¡Besos!

Sin más, me despido.

¡Besos y abrazos!

ammipime