Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, y la historia tampoco ya que es de LilyGirl101.

Volviendo a ahogarse

Estaba oscuro… muy oscuro…

Estaba sola… estaba fría… era oscura… tenía miedo.

Sin saberlo, dijo el primer nombre que le vino a la mente…

Inuyasha.

Lo vio… estaba marchándose… la estaba abandonando…

¡No, Inuyasha! —gritó—. ¡Lo prometiste!

Luego, estaba ahogándose… ahogándose en lágrimas… la estaban matando…

Por favor… Inuyasha —rogó—. No me dejes sola… no me dejes sola… no dejes que me ahogue… otra vez no…

Lo observó marcharse, sordo a sus llamados, ciego ante su dolor… ajeno a la pura agonía que estaba infligiendo sobre su alma…

Inuyasha…

Cayó en un silencioso sueño y se permitió ahogarse en sus amargas lágrimas.

Repercusiones

Sango observó fijamente la escena que estaba ante ella, el horror congelaba sus miembros. Dejó que el Hiraikotsu resbalara inconscientemente de sus dedos y golpeó el suelo con una pequeña nube de polo rojo. En su hombro, podía oír los gimoteos asustados de Shippo, y sentía sus pequeñas garras enterrándose dolorosamente en su cuello. Oyó sus gimoteos de angustia, "Kagome, Kagome, Kagome", en su oreja y no quiso nada más que gritar para acallarlos. Pero no podía moverse. Sus ojos permanecían pegados al silencioso campo de batalla que estaba ante ella.

Kagome estaba de pie sobre los cuerpos quietos de Inuyasha y Kikyo, su mano colgaba floja a su lado, chorreando sangre. Estaba respirando pesadamente, y a su lado estaban las estáticas formas de una serpiente azul-hielo y de un brillante lobo rojo, su youki, aunque poderoso, estaba siendo suprimido.

Sango nunca pensó ni en un millón de años que acabaría así. En la milésima de segundo en la que la mano de Kagome bajó, Kikyo, con sus últimas fuerzas, se lanzó enfrente de Inuyasha. Pero fue demasiado tarde. Mientras las garras de Kagome mataban a Kikyo, Inuyasha moría desangrado.

Sango miró fijamente a Kagome, cuya dura y determinada cara estaba ahora en blanco y vacía.

Luego, su respiración se atrapó en su garganta.

¡Kagome estaba llorando!

Corrientes de lágrimas corrían por sus mejillas, nublando su sangrienta mirada, y lavando la sangre salpicada por su cara y pecho. Cayeron sobre la ya empapada tierra. Su cuerpo pesaba con el esfuerzo de llorar, y sus piernas se agitaban. Soltó pequeños gimoteos de vez en cuando y cada vez que lo hacía, el corazón de Sango se rompía.

—Lo hice… —susurró—. Lo… lo maté… lo maté… ¡maté a Inuyasha!

Alzó la mano dubitativamente y puso un delicado dedo en su mejilla. Miró las lágrimas que la teñían con algo parecido al desprecio…se dio la vuelta despacio, con sus ojos muy abiertos. Miró a las encarnaciones de Naraku.

…y luego se desmayó.

Su cuerpo se hizo una bola, cayendo para descansar en la tierra al lado de Inuyasha y Kikyo, cuyo cuerpo se había desmoronado hace tiempo, volando en el viento, con nada más que una presencia (casi irritante) que se mantenía aún ahora.

Con un grito parecido a un gimoteo, Shippo se lanzó desde el hombro de Sango y se unió al pecho de Kagome, sollozando. Después de sólo unos segundos, el estrés se manifestó demasiado y también se desmayó.

—Tenemos que irnos.

Sango saltó al oír el frío susurro de Hakudoshi. Estaba mirando fijamente a Kagome con ojos que brillaban con una emoción que no reconoció, y sus manos estaban cerradas fuertemente a sus lados. Se dio la vuelta lentamente, aunque sus ojos siguieron sobre Kagome. Hizo que Kagura se pusiera en marcha, y ésta le frunció un poco el ceño.

Sin embargo, dio un paso adelante y cogió los cuerpos dormidos de Kagome y Shippo. Luego procedió a extraer una pluma de su pelo y saltó ligeramente sobre ella. Hakudoshi y Kanna subieron en Entei y antes de que Sango pudiera comprender lo que había pasado, se habían ido todos en una ráfaga de viento que llevaba el aroma de la sangre.

—Kagome-chan —susurró, y sin pensarlo dos veces ni mirar sobre su hombro a los cuerpos muertos de sus amigos, empezó a correr hacia Kirara, que estaba esperando al borde del precipicio.

— ¡Espera, Sango! —la llamó Miroku—. Primero tenemos que darles un entierro apropiado a nuestros amigos.

—Hazlo tú —susurró, sintiendo las lágrimas de furia corriendo por su rostro—. Él no se merece un entierro.

Y con eso, ella y Kirara se lanzaron por el precipicio detrás de los dos puntos en el horizonte.

Pero nunca los alcanzaron.


Originalmente, esto eran dos capítulos pero como el primero era muy corto, decidí unirlos para que formaran uno solo y aún así siguen siendo cortos. El siguiente capítulo será el final de todo.

Me anima muchísimo que me dejéis tantos reviews, creo que sin ellos no podría inspirarme para seguir traduciendo. Por eso, MUCHAS GRACIAS A TODOS.

Hasta la próxima y espero vuestras impresiones. ^_^