Capítulo 11
-¿Los habéis encontrado? -preguntó con una sonrisa ansiosa el Rey Candy a los Policías que acababan de entrar a su Castillo. Amargado se encontraba a su lado esperando respuesta...
Pero cuando los otros dos negaron, la sonrisa fue desapareciendo del Rey, desolado.
-¿N-No...? -se le escapó una leve risa casi imperceptible y nerviosa- Fuera. -ordenó y los que acababan de llegar se fueron.
Era incapaz de encontrar a Vanellope y mucho menos a Ralph. ¿Cómo entonces iba a ayudar a Félix y a sí mismo? Ya que no pensaba dejar que Vanellope cruzara la línea de meta.
Se dirigió al corazón de Sugar Rush y allí obtuvo la medalla de Hero's Duty. Quizás si se la devolvía a Ralph a cambio de que detuviera a Vanellope, mataría dos pájaros de un tiro. Se salvaría a sí mismo y a Repara Félix Junior.
Salió del lugar con una sonrisa.
-Amargado, quiero que encontréis a Félix de Repara Félix Junior y le traigáis de vuelta. -ordenó con decisión mientras montaba en su coche que se encontraba en el trono y lo ponía en marcha haciendo rugir el motor.
-Pero, señor...¿Y si no quiere? Parecía estar bastante preocupado en otras cosas...-contesto el pequeño caramelo de color verde, curioso por la decisión en su Rey y las aparentes prisas que parecía llevar ahora.
-Pues le traéis a la fuerza y le encerráis en mi Calabaza -contestó tajante, de nuevo con su juego de palabras y se marchó rápidamente de allí a gran velocidad.
OoOoOoOoOo
Todo había ido como la seda. Ralph no solo había aceptado la medalla, sino que también aceptó su historia sobre Vanellope. ¡Realmente se le daba muy bien mentir! Además que mientras se marchaba de allí, vio como destruía el kart de la chiquilla y no pudo evitar que se le escapase una risa. A estas horas, Ralph estaría regresando a Repara Félix Junior y Vanellope estaría encerrada en su Calabaza. ¡Todo era perfecto!
Detuvo el coche justo en la entrada hacia la Estación Central de Juegos. Antes de llevar su plan a cabo, debía cerciorarse de todo. Lo último que quería era hacer todo aquello para nada.
Caminó observando la Estación con curiosidad. Hacía 14 años que no había estado por allí y, aun así, no estaba acostumbrado a su estatura baja. Antes, al menos, era más alto que Félix.
Encontró la entrada de Repara Félix Junior y camino rápidamente hasta allí, demasiado metido en sus pensamientos.
Tanto que chocó con alguien y sacudió su rostro.
-¡Ey! Ten cuidado. Menudas prisas llevas, enano.
Aquella voz...Candy levantó su mirada, viendo a ambos Gemelos viéndole con curiosidad.
-¿De qué juego vienes? -preguntó Pistón.
Pero el Rey Candy seguía en shock. ¿L-Los Gemelos...? ¿Qué hacían allí...? ¿E-Estaban vivos? Él siempre creyó que murieron en el desenchufe de TurboTime...creyó siempre que desaparecieron por su culpa...que jamás se lo perdonarían...
Había escapado por los pelos de la oscuridad que sumergía Road Blasters. Por suerte, aun era horario de trabajo y no había nadie en la Estación Central de Juegos. Asustado y jadeante por la carrera que había dado para salvarse, vio como su T ya no estaba y con miedo se dirigió hasta allí.
En la entrada solo encontró oscuridad y su desolación aumentó al recordar a ambos Gemelos.
Sintiéndose el ser más despreciable del mundo los llamó y casi gritó sus nombres...
Pero ni una respuesta...Ni un insulto...ni un solo movimiento...
Lágrimas silenciosas cayeron por sus mejillas.
Ahora sí que los niños le olvidarían para siempre...y no solo eso...
Pistón y Acelerador...
Ellos nunca se habían merecido aquello...
Comenzó a llorar, pero al escuchar el sonido de la multitud, se escondió en el interior de unos cables de circuitos.
¿Por qué? ¿Por qué todo tuvo que terminar así?
Él solo...
Él solo quería...
Solo quería que jamás le olvidaran...
Seguir siendo un ganador...¿Era mucho pedir?
-¿Hola? ¿Nos estás escuchando? -dijo Acelerador, preocupado por el silencio del otro y su mirada perdida.
El Rey Candy sacudió su rostro saliendo de sus pensamientos.
-¿E-Ehh?
-¿Estás bien? -dijo Pistón.
Candy los vio, viendo que estaban vivos y en buenas condiciones...
-V-Vosotros...¿cómo?
Los Gemelos se miraron sin comprender y vieron al otro.
-¿Te refieres a TurboTime? Debieron hablarte de ello y decirte que morimos, ¿no? -murmuró Pistón.- La verdad es que hay muchos rumores por ahí...¡Nos salvamos por los pelos!
-P-Pero...¿d-dónde habéis estado todo este tiempo? -preguntó Candy, aun demasiado sorprendido.
-En el sótano de Repara Félix Junior, pero...-Pistón se desanimó y Acelerador suspiró encogiéndose de hombros.
-No hay remedio...Lo desenchufarán mañana. -respondió tajante y vio al más pequeño- ¿Y tú quien eres?
Al Rey Candy se le escapó una leve risita nerviosa.
-¡Soy el Rey C-Candy! -dijo sonriente y pensativo. ¿Mañana? ¿Quería decir que aunque Ralph regresara no serviría de nada...? ¡Perfecto! ¡Su plan podía seguir adelante!
-¿Rey Candy? ¡Oh! Tu debes venir de Sugar Rush, ¿no? -dijo Pistón y se ilusionó cuando el otro corroboró su deducción- ¡Lo adiviné!
-A-Ahora tengo un poco de prisa. ¡Hasta pronto, amigos! -respondió rápidamente con una sonrisa y corriendo con rapidez hacia Repara Félix Junior, mientras los Gemelos le veían con curiosidad.
-Un sujeto muy curioso...-murmuró Acelerador. Sobretodo porque aquella sonrisa le resultó familiar y nostálgica.
OoOoOoOoOo
Los Gemelos habían hablado de un sótano. Entró al Ático con rapidez y encontró una puerta que daban a unas escaleras que descendían. Debería de estar allí...
En cuanto ayudara a Félix, se encargaría de la carrera que debía ganar para ser uno de los cinco avatares que podrían escogerse al día siguiente en el Arcade. Aquello era lo más sencillo del asunto. Después de todo, él era un ganador. La única que podría darle algo de batalla sería Taffyta. Ella era su segunda piloto favorita, pero nunca sentiría tanto aprecio hacia ella como hacia Pistón o Acelerador.
Abrió la puerta entrando al sótano, encontrando dos camas y un armario. Realmente los Gemelos habían usado aquel lugar de habitación y no le había echo caso a la gran puerta acorazada del fondo. No pudo evitar sonreír exageradamente al verla. Se dirigió con rapidez hasta ella y sacó un pequeño papel que presentaba un Código que comenzó a usar.
-Arriba, arriba, abajo, abajo, izquierda, derecha, izquierda, derecha, B, A, Enter.
Se escuchó un ruido sordo y la puerta se abrió lentamente, mostrando el corazón de Repara Félix Junior. Con una sonrisa de satisfacción, se ató la cintura con una cuerda y puso el otro extremo atado al sobresaliente de una de las dos camas, sumergiéndose en el centro de aquel juego.
Observó todo con curiosidad. En aquel lugar se encontraba cada configuración y codec de cada uno de los Nicelanders, de cada uno de los detalles del juego, del propio Ático, de la Azotea, los ladrillos, de Ralph, de...Félix. Se dirigió a la configuración del Reparador y la abrió, mostrando todas las medallas que había conseguido en esos 30 años, pero, sobretodo, encontró el codec que daba forma a Félix, que le daba su personalidad, su programación, su memoria, sus recuerdos...
La sostuvo y la sacó de su programación, viéndolo el codec de cerca y sonriendo aun más si era posible.
-Te buscaremos un nuevo hogar, Félix...-murmuró para sí mismo y salió del lugar con el codec en su mano, el cual guardó en los recovecos de sus ropas, cerrando la enorme puerta de acero y soltándose de la cuerda, dejándola a un lado.
Era hora de regresar a Sugar Rush y ponerlo todo en orden.
Era difícil ser Rey. Siempre tenías que hacer..."lo correcto".
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Félix realmente no lo entendía. ¿A qué venía todo aquello? Habían venido unos cuantos guardias a buscarle, diciéndole que el Rey Candy había solicitado su presencia en el Castillo y, a pesar de que haber dicho amablemente que no podía...¡Se lo habían llevado a la fuerza! ¡No entendía nada!
Ahora estaba en una enorme sala oscura, encarcelado y sin posibilidades de escapar. Había intentado romper los barrotes, pero solo consiguió mejorarlos aun más...
Por una vez, maldecía su habilidad de repararlo todo.
¿Por qué le habrían encerrado? Él no hizo nada malo...
Una risa algo boba se escuchó por el pasillo del Calabozo y se hizo eco por el resto de celdas. El Reparador vio con curiosidad la gran puerta de acero que comenzó a abrirse lentamente mostrando la pequeña figura del Rey Candy que entraba alegremente en su celda.
-¡Félix, viejo amigo! Hohoo~.
-De amigos nada. -se levantó Félix indignado- Majestad, creo que ha habido un gran error.
La risita de Candy no tardó en oírse, viendo a Félix con una sonrisa.
-Pues yo creo que no ha habido ningún error, Félix de Repara Félix Junior.
El Reparador le vio con sorpresa por su respuesta.
-¿Q-Qué? ¿Entonces? -lo veía sin comprender- ¿Qué hago aquí? ¡Tengo que encontrar a Ralph y-y me e-está haciendo perder el tiempo!
-¡Tu juego ya no tiene salvación, Félix! Lo desenchufarán mañana por la mañana. -contestó tajante el Rey y la sorpresa en Félix aumentó, al igual que la desolación.
-¿Q-Qué? -dijo sin creerlo. No. No podía s-ser...¡No podía permitirlo!
-Y no te he quitado tiempo, Félix. Al contrario...-otra risita se escuchó, junto con una sonrisa-...te lo he ahorrado.
Félix alzó una ceja y le vio. Sin saber si rendirse, entristecerse, enojarse o indignarse. Quizás...¿todo junto?
-¿Q-Qué quiere decir? -le observó sin comprender- ¿Ahorrarme tiempo? ¡N-No entiendo por qué su afán por ayudarme c-cuando apenas n-nos conocemos! -se encontraba exasperado.
La sonrisa del Rey Candy siguió ahí y sacó algo del cuello de su camisa.
-¿Esto te resulta familiar?
Lentamente, apareció perfectamente reluciente, una medalla de oro que colgaba de su cuello con el nombre "Félix" impregnado en ella.
Félix abrió sus ojos en sorpresa. Creyó que jamás volvería a verla...
-M-Mi primera medalla...-murmuró apenas y, luego de unos segundos, frunció el ceño- ¿Qué hace usted con ella?
El Rey Candy tomó la enorme medalla entre sus manos y la vio de cerca, fingiendo un gesto pensativo.
-Tengo entendido que la perdiste en la Estación Central, ¿no?
La sorpresa del Reparador iba en aumento, casi preocupándose.
-¿C-Cómo s-sabe eso?
-Que se te cayó al escuchar algo que te sorprendió, ¿no es así? -el silencio tenso fue el que le dio la razón- Viste algo...fuera de lugar, Félix. ¿Qué viste?
-N-No v-vi nad-
-Mientes. -le cortó insistiendo- Todos los vieron...¿Por qué tu no, Félix? Te mientes a ti mismo cuando sabes perfectamente lo que viste, lo que oíste...¿Por qué, Félix? ¿Por qué?
-¡S-Solo fue un e-error de c-codificación! -contestó muy nervioso y algo asustado por la insistencia de lo que ocurrió aquel día.
Un breve silencio se formó en el lugar, mientras el Rey Candy veía la medalla asintiendo.
-Un error de codificación...-murmuró y miró a Félix, sonriendo- Nunca lo habría dicho mejor, F-F-Félix.
El Reparador abrió sus ojos en sorpresa al ver que el Rey Candy había parpadeado. Le había parecido oír que su voz cambiaba a una familiar, al igual que su aspecto...
Pero...el parpadeo aumentó y Félix retrocedió sin creer lo que veía. No...N-No podía creerlo...N-No podía ser c-cierto...
Frente a él estaba el Rey Candy, pero también veía a Turbo y luego veía a su versión de 8-bit en TurboTime. El parpadeo aumentó hasta que se detuvo y frente a él se encontraba un Turbo que le sonreía levemente, en su estatura original y sostenía su primera medalla, que ya no se veía tan grande como antes en sus manos.
A-Aquello no podía ser...T-Turbo estaba muerto...M-Murió por su culpa...Todo fue culpa suya...N-No fue un buen a-amigo...A-Aquello era una ilusión o-optica...o-o algo...é-él...
-Félix...
La voz era la de Turbo, su pelo, su sonrisa, sus ojos, su casco, su uniforme...
El mundo se había parado y el Reparador veía al otro con ojos bien abiertos.
-¿T-T-Turbo...?
El nombrado sonrió algo más exageradamente.
-Soy un error de codificación de Road Blasters, Félix. Tenías razón cuando dijiste que no debía entrar en el juego...Mi definición y la del otro juego eran distintas.
