APRENDIENDO A AMARTE
Por Inuhanya
DISCLAIMER: LOS PERSONAJES DE LA ESPECTACULAR RUMIKO TAKAHASHI NO ME PERTENECEN NI LA HISTORIA EN LA CUAL ESTÁ BASADO ESTE FIC…
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Siglo XIX… Un amor en tiempos de guerra…
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Capítulo 11
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"Mi General." Saludó respetuosamente uno de los guardias del cuartel luego de entrar en la amplia oficina. "La Sra. Nodoka Higurashi, esposa de mi General Higurashi, está aquí y desea verlo."
El hombre de alto rango enseguida levantó la mirada de unos pergaminos que revisaba en ese momento para posarlos en el soldado frente a él. "La Sra. Higurashi?" repitió el fornido hombre con un tono de extrañeza en su voz. Era muy raro, no todos los días se tenía la visita de damas tan importantes en el cuartel a no ser que se tratara de un motivo muy importante o algo extremadamente serio y delicado. Sería algo referente al General Higurashi, su predecesor al mando?
"Hazla pasar en seguida." Fue la rápida respuesta mientras se ponía de pie y arreglaba un poco su uniforme azul oscuro.
"Como ordene, mi General." El joven guardia se despidió en la forma acostumbrada con su mano derecha mientras golpeaba ambos talones de sus lustrosas botas negras. En menos de un minuto, vio a la elegante mujer cruzar el umbral de la amplia y bien decorada oficina.
"Buenas tardes, General Haruko." Saludó Nodoka cortésmente esbozando una leve sonrisa mientras se adentraba en el muy conocido espacio, después de todo, ésta también había sido alguna vez la oficina de su esposo. Y para su sorpresa, se conservaba exactamente igual a la de unos años atrás… con la única diferencia que ahora el retrato que colgaba detrás de la silla ya no exhibía el rostro de Jiro. El nuevo rostro pertenecía al General frente a ella.
La mujer continuó adentrándose hasta llegar al fino escritorio de caoba al final de la habitación.
"Sra. Higurashi, muy buenas tardes." Respondió de la misma manera el hombre mientras rodeaba el escritorio para recibir correctamente a la recién llegada. La mujer continuó sonriendo mientras extendía su mano en dirección del General. El hombre no dudó un segundo para tomarla y depositar un respetuoso y caballeroso beso sobre su enguantada mano. "Qué gusto verla de nuevo por aquí."
"El placer es todo mío, créame General."
El hombre sonrió levemente mientras le indicaba una silla a su lado. "Por favor, póngase cómoda." Le dijo amablemente mientras se daba media vuelta para recuperar su lugar detrás del escritorio. "En qué le puedo servir?" Preguntó él tomando asiento. "Espero que no sean malas noticias del General Higurashi."
"Oh no, por supuesto que no." La mujer despidió de inmediato la preocupación del sucesor de su esposo. "Pero sí necesito de su ayuda en un asunto un tanto delicado y... vergonzoso para mi familia."
El militar de alto rango descansó aliviado al escuchar la respuesta negativa concerniente a su esposo. "Bueno, en ese caso…" comenzó él mientras se recostaba contra el espaldar. "Soy todo oídos…"
Nodoka no pudo evitar sonreír internamente complacida…
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"Me mandaste llamar, madre?" preguntó Souta mientras se asomaba por la puerta del dormitorio principal de la mansión Higurashi.
"Así es hijo." Vino la respuesta de la mujer sentada en una pequeña mesita dándole la espalda a la puerta. "Entra y cierra la puerta." Ordenó ella tranquilamente mientras continuaba con lo que sea que estuviera haciendo.
El joven obedeció enseguida y prontamente después de ajustar las puertas dobles de madera, se giró para avanzar hacia ella. Al parecer su madre estaba muy concentrada en algo pues se tomó unos minutos más antes de dirigirse nuevamente a él. Souta mantenía fijos sus ojos café en la figura de su madre cuando finalmente la vio levantarse de su delicada silla con la gracia que siempre la caracterizaba.
"Te mandé llamar porque necesito que me hagas un favor muy especial." Dijo ella encontrando finalmente la mirada de su hijo menor. "Bueno, en realidad son dos favores." Se corrigió de inmediato al tiempo que le extendía lo que parecía ser una carta.
Las dudas de Souta por fin comenzaban a resolverse. Sin hacerla esperar más, su mano se extendió de igual forma recibiendo el doblado trozo de papel completamente sellado con la marca de la familia. Nodoka aprovechó el silencio de su hijo para continuar explicándose.
"Necesito que mandes esa carta de inmediato para la Hacienda Takano en Nakayama."
Los ojos de Souta se abrieron levemente. Aunque ya estaba al tanto de todo lo acontecido entre su madre y el aparecido descendiente del viejo hacendado en su pequeño encuentro semanas atrás no pudo evitar sorprenderse de ver el repentino interés de su madre en contactarlo nuevamente. No estaba muy seguro pero al parecer su madre tenía algo en mente. Y si su madre tenía algo en mente… no podía ser algo del todo bueno. El joven Higurashi bajó su mirada y sólo por casualidad sus ojos distinguieron dentro de los elegantes trazos de la caligrafía de su madre un nombre muy familiar para él.
Seguidamente, levantó su joven mirada cuestionante.
La mujer se encogió de hombros mientras fingía arreglar su elaborado peinado. "Qué querías? Si queremos que el hijo de Takano Lowe venga debemos captar su interés y qué mejor forma de hacerlo que con el nombre de tu padre. Él sólo quiere hablar con Jiro pero aprovecharemos esa visita a la ciudad para que por pura coincidencia conozca a tu hermana." La elegante mujer comenzó a pasearse frente a su hijo sin perder en ningún momento su gracia. Los sorprendidos ojos de Souta la siguieron sin poder dar crédito a sus jóvenes oídos.
Acaso su madre estaba pensando en…
"Pero mamá… estás segura de-?"
"Completamente." Lo interrumpió ella deteniendo su andar. "Ese hombre nos tiene en sus manos, Souta, y no puedo permitir por ningún motivo que tu padre se entere de lo que hice. Además, ya hice mis averiguaciones. Es soltero, no tiene compromisos y lo más importante de todo es que ciertamente es hijo legítimo de Lowe, por lo tanto dueño de absolutamente todo lo que tenía el viejo. Entiendes?" La mujer hizo una breve pausa para fijar sus astutos ojos oscuros en los abiertos de su hijo menor. "Es el candidato perfecto para Kagome y la oportunidad perfecta para matar dos pájaros con una sola piedra. Saldamos la deuda y Kagome se casa por fin con alguien que valga la pena." Terminó la Sra. Higurashi esbozando una pequeña sonrisa de victoria en sus rojos labios.
"Pero mamá, si es hijo de Lowe entonces eso también lo hace un demonio!" Souta hizo una breve pausa antes de continuar. "No te importa?"
"En lo absoluto." Fue la contundente respuesta de la mujer. "A estas alturas ya nada me importa. Mejor demonio rico que humano pobre."
Sin duda alguna era el plan perfecto pero aún así y por la expresión en el joven rostro del menor de los Higurashi, parecía poco convencido. Su madre no pudo evitar voltear sus ojos molesta ante la aversión de su hijo. "Souta, escucha…" la mujer se acercó para rodear sus maternales brazos alrededor del joven. "Sé que a simple vista esto puede sonar un tanto…" ella pausó brevemente mientras buscaba la palabra adecuada. "… indecoroso, pero tienes que entender que no tenemos otra salida. Tú mismo estuviste de acuerdo en que me ayudarías siempre y cuando fuera alguien más acorde para tu hermana y créeme cuando te digo que como este joven no hay dos. No podemos arriesgarnos a que otra tonta más inteligente que tu hermana aparezca y lo atrape porque ahí sí que nos quedaríamos en la calle. No tenemos dinero para pagarle y estoy completamente segura que ya tiene en su poder las escrituras de esta casa. Cuando quiera puede quitárnosla." Explicó la intrigante mujer mientras llevaba a su hijo hacia una pequeña y fina poltrona para tomar asiento con él.
Una vez acomodados la mujer tomó de nuevo la palabra.
"Si logramos que Kagome se case con él estoy completamente segura que nos perdonará la deuda y le devolverá las escrituras de la mansión a su esposa, o sea, a tu hermana."
"Mamá, eres consciente de lo que estás diciendo?" preguntó por fin el joven Higurashi encontrando su voz. "Vas a entregar a Kagome en calidad de pago a un completo recién aparecido?" La sorpresa y la indignación fueron muy evidentes en el tono de su voz. Sabía que su madre era una mujer orgullosa de mano dura y a veces un tanto insensible pero esto era demasiado.
"Souta, por favor… tampoco lo pongas así." Nodoka frunció levemente ante las duras y ásperas palabras de su hijo. "Yo lo único que quiero es que todo esto se resuelva pronto. Piénsalo bien… al fin y al cabo, Kagome será la más beneficiada con todo esto." Una pequeña sonrisa se formó en sus labios mientras se levantaba y abría su inseparable abanico. "El hombre es apuesto, joven, educado, de buena familia y lo más importante… con uno de los apellidos más poderosos de la región… Será la envidia de todas esas tontarronas de esta ciudad. Y, por supuesto, él tendrá por esposa a una jovencita elegante, hermosa y decente como Kagome. Qué más puede pedir?"
Souta bajó la mirada considerando las manipuladoras palabras de su madre. Aún cuando en el fondo sabía que no era lo correcto tampoco era lo suficientemente tonto como para no estar de acuerdo con su ambiciosa madre en que era la única opción que tenían en el momento.
"De acuerdo, tal vez tengas razón pero…" el joven dejó escapar un pequeño suspiro. "Olvidas que está de por medio el militar?" De inmediato y ante la mención de aquel sujeto tan repugnante, el sonriente rostro de su madre cayó visiblemente. "Te guste o no, Kagome está muy enamorada de ese hombre y no será nada fácil convencerla de que se case con otro que no sea él." Afirmó Souta mientras cruzaba sus brazos. Al parecer su madre se había olvidado de ese pequeño detalle. "Y no sólo lo digo por Kagome, qué tal que ese hombre no se interese en ella. Tal vez puedas obligar a mi hermana pero no creo que tengas el mismo poder para influenciar a ese hombre."
La mujer frente a él lo miró condescendiente antes de responderle. "Hijo, eso es lo de menos. Tendrá mucho dinero y poder pero en el fondo sigue siendo hombre. Bastará con que ponga sus ojos en ella para que quede completamente encantado. Si ella se lo propone puede tenerlo a sus pies y comiendo de la palma de su mano. Tu hermana podrá ser un poco tonta para algunas cosas pero eso no le quita lo hermosa, lo atractiva y lo distinguida." Dijo ella levemente orgullosa, después de todo, todos sus encantos los había heredado de ella.
"Y en cuanto a ese… soldadito." Continuó ella cambiando su tono a uno más despectivo mientras se dirigía hacia su elegante tocador de fina madera y se sentaba airosa frente al espejo. "Eso no será ningún problema. Dentro de poco saldrá definitivamente de la vida de tu hermana." La mujer comenzó a arreglarse un poco el costoso collar de piedras negras y brillantes que colgaba de su delgado y alto cuello. Luego desvió un poco su mirada café para fijarlos en el reflejo de su hijo. El joven levantó una oscura ceja cuestionante. "Y ese es el segundo favor que necesito que me hagas. Quiero que me consigas una de esas… 'mujercitas' que frecuentan esos antros donde te la pasabas metido apostando." Dijo ella con firmeza y Souta no pudo evitar bajar la mirada avergonzado.
Definitivamente a su madre no le temblaba la mano ni la voz para llevar a cabo cualquier cosa que se propusiera y más aún cuando sus intereses estaban en juego.
Sin embargo, esta parte del plan no le encajaba del todo.
"Una mujer? Y para qué la quieres?"
"Cómo que para qué?" repitió Nodoka mientras se giraba por completo en el asiento para encarar a su hijo menor. "Queremos que Kagome se olvide de él para siempre o no?" Souta simplemente asintió sin decir más. "Bueno, la única forma de que lo haga es que le abramos los ojos y le hagamos ver que ese sujeto no le conviene, que sólo estaba jugando con ella y sus sentimientos. Vamos a desenmascarar de una vez por todas a ese mentiroso."
Finalmente todas las piezas encajaron perfectamente en la mente de Souta y un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Cuando se lo proponía, su distinguida madre podría ser bastante infame con tal de lograr sus objetivos. Lo mejor entonces era no contradecirla y obedecerla, después de todo, a él también le convenía que las cosas salieran tal y como las había planeado su madre. Lo sentía mucho por su hermana porque sufriría un poco al principio pero algo de razón había en la justificación que le dio Nodoka.
Kagome llevaría uno de los apellidos más respetados e influyentes en toda la región, e incluso del país, si se casa con el hijo del difunto hacendado y de paso, los ayudaría a recuperar el prestigio y la posición que perdieron a causa de su tan promovida ruina.
Además, él le había dado su palabra de que la apoyaría en todo siempre y cuando se tratara de un hombre digno de ella, así que ya no podía echarse para atrás.
"Veré qué puedo hacer." Fue la sumisa respuesta del joven Higurashi.
"Perfecto." La mujer le sonrió. "Ofrécele algo que no pueda rechazar y entonces concreta una cita con ella para darle todos los detalles." Souta asintió y rápidamente guardó la carta que su madre le había entregado anteriormente en uno de los bolsillos internos de su elegante y pulcro saco.
"Así será."
"Bien." La Sra. Higurashi sonrió satisfecha por segunda vez y se levantó para acercarse a su pequeño cómplice. "Ahora ve y manda esa carta en alguna diligencia. No hay que desperdiciar ni un minuto."
"Enseguida, madre."
Los ojos café de la esposa del general destellaron con malicia mientras seguían la figura de su consentido hijo hasta que desapareció por las puertas dobles de su enorme dormitorio. La sonrisa se amplió un poco más mientras levantaba su fino abanico negro y lo abría para darse un poco de aire.
"Esto es lo que te mereces por haberte atrevido a fijar tus ojos en mi ingenua hija."
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"INUYASHAAAA!!!"
Gritó el anciano sacerdote haciendo todo tipo de acrobacias para captar la atención de su híbrido ahijado a medida que se acercaba a los extensos sembradíos circundantes de San Konoe. La hacienda estaba en cosecha así que Kikyo le informó una vez llegó a la casona que Inuyasha se encontraba con los recolectores en ese momento ayudando en las labores.
Él se imaginó que su muchacho estaría reunido con los campesinos dándoles algunas instrucciones y no pudo evitar sonreír levemente cuando sus ojos lo ubicaron nada más y nada menos que entre los cultivos, cosechando como cualquier otro recolector.
El regordete padrino de Inuyasha se detuvo un momento mientras secaba su húmeda frente con el dorso de su arrugada mano. El día estaba bastante caluroso para realizar una labor tan ardua como esa pero no le preocupó del todo.
"INUYASHAAAAAAA!!!"
Gritó por segunda vez al viento colocando sus dos manos alrededor de su boca para lograr una mejor claridad en su llamado.
Y esta vez pareció funcionar mejor.
Inmediatamente, Inuyasha se irguió y volteó en dirección del llamado para ver al viejo Mushin ondeando un brazo. Él le devolvió el gesto antes de dirigirse a los demás campesinos. Estos en seguida detuvieron su trabajo y tal como se los había dicho, se dirigieron hacia la parte de atrás de la casona para un breve y merecido descanso.
Todos menos él.
Inuyasha fijó su rumbo hacia el claro donde lo esperaba su padrino.
"Recordando viejos tiempos?" preguntó el Padre Mushin sonriente.
"Algo así." Fue la jadeante respuesta del joven hacendado mientras llegaba a su lado y recogía su abandonada camisa blanca para cubrir su desnudo torso. "Después de todo y aunque no sea muy grato de recordar, crecí rodeado de todo esto." Comentó Inuyasha mientras dirigía su dorada y melancólica mirada hacia el vasto terreno frente a ellos. Una refrescante brisa sopló aliviando un poco el inclemente calor de la tarde.
"Es cierto." Aceptó el anciano. "Recuerdo que te la pasabas metido entre esas plantaciones todos los días."
"Bueno, tenía que ganarme la comida de alguna forma." Respondió el joven Takano mientras secaba el sudor de su frente con su antebrazo. "Y…" seguidamente Inuyasha regresó su atención al viejo Mushin. "Qué te trae por aquí?"
"Ah bueno, vine a traerte buenas noticias."
"Eso es bueno de escuchar." Se mofó el joven de cabello plateado mientras tomaba la dirección hacia la casona. El padre Mushin frunció levemente notando el tono apático que usó su ahijado para responderle. Había esperado una reacción muy diferente.
Rápidamente lo siguió hasta alcanzarlo.
"No luces animado. Siguen los problemas en la hacienda?" Preguntó el hombre sabiendo exactamente de lo que estaba hablando.
"Así es." Le respondió el joven planamente. "Mientras estuve en Ciudad Izu, hubo otro robo de ganado en Gojo Shima. Fueron pocas las cabezas que se llevaron esta vez, seguramente para no hacerlo muy evidente, pero aún así ya no tenemos duda de que es gente de adentro la que efectúa los robos. Y me atrevo a decir que no trabajan solos, hay alguien de afuera que los dirige."
"Válgame dios," susurró el anciano a su lado. "Eso es terrible. Y sabes quién es?"
"Ryo y yo tenemos nuestras sospechas." Continuó Inuyasha. "Todo nos lleva a decir que se trata del capataz, el tal Onigumo." Los ojos del anciano padrino se abrieron al escuchar el nombre. "Pero no solo él, su grupo de cuatreros también están metidos en esto."
"Eso quiere decir que la propia mano derecha de InuTaisho es el traidor?" El hombre no podía creer lo que estaba oyendo.
"Exactamente." Asintió Inuyasha sin detenerse. "Y a decir verdad, no me sorprende del todo. Ese tipo me dio muy mala espina desde la primera vez que lo vi el día del entierro."
"Pero eso que dices es muy grave, muchacho. Qué vas a hacer?" Preguntó el hombre con obvia preocupación.
"Por el momento nada." Inuyasha hizo una pequeña pausa mientras fruncía levemente. "Como te dije, alguien de afuera los dirige, Onigumo no es tan inteligente como para hacerlo solo y hasta que no esté completamente seguro de quién es, no voy a denunciarlo. Él es el único que puede llevarnos a ese hombre."
En seguida la regordeta mano de su padrino detuvo a Inuyasha del brazo. "Inuyasha, hijo, eso es muy arriesgado. Tienes al enemigo viviendo bajo tu mismo techo, tienes que sacarlo de aquí. Tu vida corre peligro! Con tu padre no se atrevieron pero tú-"
Inuyasha rió divertido. "En verdad agradezco tu preocupación, anciano, pero olvidas que también soy un demonio?"
"Medio." Lo corrigió el calvo sacerdote.
"Bueno, lo que sea. Igual no lo saben y eso los pone en desventaja." Dijo Inuyasha encogiéndose de hombros. "Aún si lo quisieran no podrían hacerme nada de todas formas. Aunque sea un hanyou les sería muy difícil matarme."
"Sí, es posible… Siempre y cuando no descubran el punto débil de un hanyou." Señaló el hombre con sabiduría. Su ahijado a veces podía pecar de confiado y vanidoso. Era cierto que Inuyasha podría considerarse un ser superior a los humanos en cuanto a resistencia y fortaleza pero eso no lo hacía menos vulnerable a la muerte.
"Eso lo sé." Respondió él dándole una dura mirada a su padrino. Cómo odiaba cuando se lo recordaban. "Obviamente eso es algo que no tienen por qué saber." El anciano decidió darse por vencido en el asunto, no había caso en discutir con él. Aunque no quisiera reconocerlo, era claro que también había heredado la terquedad de su padre.
"De acuerdo. Sólo te pido que tengas cuidado." Le dijo él en tono paternal. Después de todo, Inuyasha era como su hijo y no podía reprocharle que se preocupara por su bienestar.
"Lo tendré." Le respondió él. "Mientras mantenga esta forma no corro peligro." Inuyasha retomó el camino hacia la casona seguido de cerca por el anciano sacerdote. "Lo que me preocupa realmente es la seguridad de Ishihara. Él está de mi lado y nunca me perdonaría si se atrevieran a hacerle algo malo a él o a su hija."
El padre Mushin sonrió levemente, ese lado suave lo había heredado de su madre. "Bueno, si en algo te tranquiliza…" comenzó él apoyando su mano sobre el hombro de su ahijado. "Estoy seguro que nada de eso va a pasar porque te tienen a ti para protegerlos."
Esas palabras detuvieron por segunda vez a Inuyasha.
Proteger… tal vez antes no se había dado cuenta de lo que realmente estaba aceptando al momento de recibir la herencia de su padre pero las palabras de su padrino le hicieron ver que no sólo había aceptado la gran fortuna que le dejó sino también aceptaba la gran responsabilidad de cuidar de otros… algo que nunca hizo ese hombre con él.
Inuyasha sacudió su cabeza para deshacerse de esa última idea. De eso ya había pasado mucho tiempo y no venía al caso traer esos recuerdos que ya se habían enterrado junto con el ataúd de su padre.
Había cosas más importantes por hacer en su vida de aquí en adelante.
Lo único que esperaba era poder estar ahí para cuando eso fuese necesario.
El joven de dorada mirada asintió levemente. "Tienes razón." Fue la pequeña respuesta de Inuyasha antes de reanudar el paso junto al sacerdote. Entre ellos hubo una pequeña pausa hasta que la voz del joven Takano irrumpió de nuevo. "Y cuáles son esas buenas noticias que me traes?" Preguntó él en un tono más animado.
"Eh?" el padre Mushin parpadeó un poco confundido al principio pero luego recordó que esa era la principal razón por la que había dejado sus asuntos en la casa cural. "Es cierto." Sonrió el anciano mientras se rascaba la calva parte trasera de su cabeza. "Venía a decirte que el dueño de las casas que te conseguí aceptó tu oferta, quiere cerrar el trato lo antes posible."
"Bien." Respondió Inuyasha sonriendo levemente. "Me reuniré con él cuando regrese de Ciudad Izu."
"Te vas de nuevo?" Preguntó el anciano sorprendido.
"Por supuesto. Las cosechas estarán listas en unos días y eso no puede esperar." Inuyasha se detuvo un momento para considerar algo cuando por fin alcanzaron la entrada a la enorme casona. El anciano también hizo un alto aliviado de que por fin se hubiesen resguardado de los fuertes rayos solares. "Cítalo para dentro de una semana."
"Una semana?" Los ojos del padre Mushin se abrieron. Su padre a lo sumo demoraba dos días para concretar la venta de las cosechas.
"Y qué esperabas? Tengo muchos asuntos que resolver allá." Inuyasha comenzó a enumerar mientras le indicaba a su padrino que lo siguiera. "Además, recibí una carta del General Higurashi."
"Higurashi?" Repitió el hombre. "Ese Higurashi?"
"Ese Higurashi. Al parecer quiere hablar conmigo, así que voy a aprovechar el paso por la ciudad."
"Entiendo." Respondió su padrino con suspicacia mientras fijaba su pícara mirada en la ancha espalda de su ahijado. "Veo que vas a estar muy ocupado entonces pero podrías estar olvidando algo importante."
"Pues… aparte de todo eso no sé qué más pueda ser." Respondió Inuyasha inconsciente de la oculta intención en las palabras del viejo mientras entraban al gran salón principal para encontrar a Kikyo acomodando unos adornos que habían sido lavados en la mañana. "Kikyo, por favor prepárame el baño." Le dijo él amablemente antes de subir por las escaleras hacia su habitación.
"Enseguida." Fue la obediente respuesta de la joven mientras lo seguía con sus serenos ojos café.
"Permiso hija."
"Adelante Padre Mushin." Le respondió Kikyo mientras lo veía subir hasta desaparecer por el corredor como lo había hecho Inuyasha. Sin darle mayor importancia, la joven Ishihara dejó brevemente sus quehaceres para dirigirse a la cocina.
"No me digas que ya se te olvidó aquel ángel que se te apareció en Ciudad Izu?" le dijo el anciano jadeando levemente. Definitivamente ya no estaba en edad de intentar seguirle el paso a su joven ahijado. Inuyasha se detuvo en seco antes de alcanzar el armario para sacar una muda de ropa limpia. "Digo… tal vez debas aprovechar también para buscarla, no?"
Así que era eso… pensó el joven mientras giraba sus ojos. Ahora entendía el por qué del tonito tan particular que estaba usando. Ese era el destinado cuando quería referirse a mujeres. Inuyasha decidió hacer caso omiso y continuó con la tarea en mano. Si había algo que le incomodaba un poco era que se metieran en esos asuntos que sólo le concernían a él.
Pero en parte, también era culpa suya por haberle contado de su fortuito encuentro con la 'delicada' señorita. Y al parecer a su senil padrino no le había quedado muy claro el término fortuito.
El anciano sacerdote no pudo evitar sonreír. "No todo debe ser trabajo, sabes."
"Tal vez." Respondió finalmente el joven. "Pero eso no significa que vaya a perder mi tiempo buscando un imposible. Te recuerdo que eso fue algo pasajero. Una casualidad." Inuyasha se detuvo brevemente mientras recordaba el hermoso rostro de aquella joven. Aunque quisiera, sabía perfectamente que las probabilidades de volver a ver un rostro como ese eran nulas. Si por lo menos aquella visión tuviera un nombre… bueno, eso hubiese podido ser un buen comienzo. Pero no, no sabía absolutamente nada y tampoco era seguro que viviera en ese lugar. Igual que él, sólo podría haber estado de paso.
Por eso decidió tomarlo como lo que fue, como algo efímero y sin importancia. Aún cuando sabía que lo que sintió en ese momento fue algo nuevo y especial, lo mejor era olvidar el asunto y continuar con su vida, ya bastantes cosas tenía por resolver como para enredarse con una mujer.
Pero cómo hacerlo si su anciano e indiscreto padrino no hacía más que recordársela cada vez que mencionaba algo relacionado con Ciudad Izu?…
El viejo no estaba ayudándolo en nada.
"Oh, vamos muchacho, deja de ser tan pesimista." Le respondió el anciano esbozando una pequeña sonrisa.
"No soy pesimista… soy realista." Lo corrigió él en tono aburrido mientras cerraba la puerta del armario y pasaba al hombre para dirigirse hacia el otro lado de la habitación. Todo el tiempo bajo la tranquila mirada del sacerdote.
"Si de verdad te interesa quiere decir que realmente es una jovencita muy especial, de otra forma no—"
"Y tú como sabrías eso?" Se bufó Inuyasha. "Lo único que hice fue ayudarla. Ayuda no es sinónimo de interés, cualquiera en mi posición hubiese hecho lo mismo."
El anciano sonrió con conocimiento. Ahí estaba de nuevo la coraza de indiferencia que su ahijado usaba como mecanismo de defensa. "Tal vez, pero si no fuera así no hubieses hablado de ella como lo hiciste." El hombre no pudo evitar soltar una pequeña carcajada ante el recuerdo. "Déjame pensar…" continuó él mientras se frotaba pensativo el mentón buscando las palabras exactas. "Creo que fue algo como… 'un rostro angelical con alma fiera' o algo así. Hubieses visto la cara de men--"
Para fortuna del joven, Kikyo apareció en la puerta interrumpiendo los desvaríos del anciano. La joven llegó junto con una de las criadas que cargaba el agua caliente para llenar la tina en el cuarto de baño continuo. "Perdón." Se disculpó ella al percatarse que aparentemente los dos hombres habían estado en medio de una seria conversación por el pronunciado frunce en el rostro de Inuyasha. "Interrumpo algo importante?"
"Nada." Le respondió el joven secamente mientras le autorizaba la entrada a las dos mujeres con un movimiento de su mano. "Adelante." Ordenó él mientras le dirigía una dura mirada a su padrino la cual supo interpretar con total claridad.
Kikyo asintió levemente mientras le indicaba a Noriko que la siguiera.
Los dos hombres hicieron un alto en la conversación que se extendió hasta que vieron a las jóvenes salir del cuarto de baño para desaparecer nuevamente por las puertas dobles de la amplia habitación. Tan pronto se cerraron las puertas, el padre Mushin abrió la boca con la clara intención de continuar pero esta vez Inuyasha se le adelantó. "Eso tampoco quiere decir que me interese, lo dije porque de verdad era una fiera, no malinterpretes las cosas." Refutó él en un intento por dar por terminado el tema mientras recordaba la bofetada que recibió en agradecimiento.
"De acuerdo, de acuerdo… si tú lo dices…" concedió el anciano luchando por no esbozar una sonrisa. En verdad creía que se comería el cuento? Él podría ser viejo pero no era ciego ni sordo. Su ahijado era tan fácil de leer como un libro abierto.
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Después de un largo día de combate, finalmente la tropa enviada desde Ciudad Izu como refuerzo para las tropas del norte había logrado recuperar el control de aquella lejana provincia. Los rebeldes habían dado la pelea hasta el final o al menos hasta cuando se vieron acorralados y superados en número por el ejército. Sólo unos pocos habían logrado emprender la huída en medio del fuego cruzado. Otros, fueron exitosamente capturados.
Según el último reporte no hubo bajas en ninguno de los dos bandos. Sólo unos cuantos heridos por parte del ejército que no revestían gravedad.
Luego de un par de horas de viaje, las tropas llegaron a un pequeño cuartel en donde terminarían de pasar la noche para salir al siguiente día de regreso a Ciudad Izu desde donde habían partido semanas atrás.
Kouga dejó escapar un pequeño suspiro mientras se dejaba caer pesadamente sobre la cama. Luego del procedimiento correspondiente y de reunirse con los demás soldados para una pequeña cena, el joven Teniente había recibido la autorización para retirarse a su dormitorio asignado. No era la primera vez que entraba en aquel reducido lugar, siempre que venía a luchar con su tropa este era el lugar destinado para descansar y abastecerse con todo tipo de provisiones.
Afortunadamente, el ser un oficial de un rango superior a los soldados tenía sus ventajas en estos casos. No tenía que compartir la habitación con nadie más así que contaba con la privacidad que le brindaba el lugar.
Hacía mucho tiempo que no se tendía a descansar en un colchón tan cómodo y suave como este. La mayoría de sus noches en el monte no contaba con ese privilegio. Por un lado, era muy poco el tiempo que tenía para descansar, era muy difícil conciliar el sueño cuando se estaba en medio de la nada rodeado de grupos insurgentes dispuestos a atacar en cualquier momento. Cuando había la oportunidad, la cama era el mismo suelo que pisaban, de resto, era una piedra o un tronco lo que usaban para pasar la noche en vigilia.
Esbozando una leve y plácida sonrisa, Kouga cerró sus ojos. Paradójicamente, no eran imágenes de cuerpos heridos o el campo de batalla lo que veía. Siempre que lo hacía, la única imagen que se formaba en su mente era la del sonriente rostro de su amada.
"Kagome…" dijo él suavemente mientras abría sus ojos para revelar dos brillantes córneas color turquesa. En un par de días no tendría necesidad de cerrar sus ojos para verla porque finalmente esa imagen sería de carne y hueso. Aún no sabía cómo podía resistir tanto tiempo sin tenerla en sus brazos estrechando su delgado cuerpo contra el suyo… cómo extrañaba sentir sus suaves labios besándolo con ternura y pudor. Una pequeña sonrisa se formó en sus labios ante esta última idea.
No hallaba la hora para hacerla su esposa ante Dios y su mujer ante los hombres.
Con un segundo suspiro, Kouga se levantó de la cama y comenzó a deshacerse de toda su pesada indumentaria. Un baño decente estaba a la orden y realmente lo necesitaba. El tema del aseo y la higiene a la intemperie también era un tanto complicado de manejar bajo esas condiciones.
Veinte minutos le tomó al joven Teniente salir por la puerta vestido en unos calzones limpios que lo cubrían desde la cintura hasta los tobillos y una amplia camisa acompañada por una toalla alrededor de su cuello. Sentándose de nuevo en su cama, retiró la toalla y comenzó a frotarla enérgicamente en su corto cabello negro para secar el exceso de agua que aún goteaba de sus puntas.
Hacía mucho tiempo que no se sentía tan renovado como ahora.
Mirando hacia una pequeña mesa al lado de su cama se dio cuenta que aún tenía un cuarto de vela por consumirse. Viendo que no tenía sueño decidió aprovechar la poca iluminación que le quedaba en la habitación para limpiar su arma. Una labor que ya se había vuelto costumbre para él en noches tan solitarias y tranquilas como esta. Era eso y la verdad no tenía algo más productivo que hacer hasta que le llegara el momento de dormir.
En eso estaba cuando sintió el repentino sonido de la puerta abriéndose.
"Teniente Yamada!" Llamó una firme voz mientras se dejaba entrar en la habitación.
A pesar de la tenue luz, el joven de cabello negro pudo distinguir los conocidos rasgos de su Capitán. Dejando su arma a un lado sobre la cama, Kouga se levantó y saludó debidamente a su superior sin dejar de sentirse un tanto incómodo al ser encontrado con poca ropa. La verdad era que no esperaba una visita de este tipo a tan altas horas de la noche.
"Capitán!!" Exclamó Kouga de igual manera y no pudo evitar fruncir levemente su entrecejo al percatarse de otras dos presencias uniformadas detrás del hombre que lo pasaron para detenerse uno a cada lado suyo.
"Descanse Teniente." Ordenó el uniformado con la misma severidad. Kouga bajó su brazo obedeciendo. "Teniente, lamento mucho tener que informarle esto pero por órdenes de mi General Haruko, queda destituido de su rango bajo los cargos de traición." Inmediatamente los ojos del joven se abrieron sorprendidos. "Arréstenlo!"
Enseguida, los dos soldados lo tomaron de ambos brazos aprovechando el descuido del joven ex-Teniente.
"QUE?!" Exclamó finalmente Kouga. "TRAICIÓN?!" Repitió él sin poder creer lo que había escuchado. "P-pero… Capitán Maruyama… tiene que haber un error! Yo sería incapaz de--"
"No hay ningún error. Son órdenes directas del General Haruko." Lo interrumpió el hombre con severidad. "Llévenselo." Ordenó él mientras les hacía una seña a los subordinados con su cabeza para que lo llevaran a la mazmorra del cuartel donde debería pasar la noche mientras se tramitaba todo lo relacionado con su traslado a una cárcel.
Los soldados obedecieron y sin perder un segundo más salieron de la habitación llevando consigo a un alterado Kouga mientras intentaba por todos los medios vociferar su clamor sin preocuparse por un momento en la perturbación que podría estar causándole a los demás habitantes del lugar.
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"Niña Ome!!" Llamó Zarinna mientras golpeaba en la habitación de la joven Higurashi.
"Pasa Zarinna." Vino la lejana respuesta.
Seguidamente la criada abrió la puerta y entró para encontrarse con la joven que terminaba de acomodar unos sombreros en su baúl. Como todos los días, Kagome ya se encontraba elegantemente vestida y peinada.
"Buenos días, niña." Saludó la mestiza desde la puerta.
Kagome se giró luego de cerrar el enorme baúl. "Buenos días, Zarinna. Ya estaba por bajar." Saludó amablemente antes de dirigirse hacia la enorme ventana para abrirla y dejar entrar la refrescante brisa de la mañana. "Es un hermoso día, no crees Zarinna?" La joven sonrió levemente disfrutando de la vista.
"Así es, niña." Concedió la criada con una sonrisa de las suyas. Cómo le contentaba ver a la joven de tan buen ánimo. Se veía muy feliz como en mucho tiempo no lo hacía y todo gracias a que la relación con su madre había mejorado muchísimo desde aquel día que se encerraron en el estudio.
La señora finalmente había aceptado su noviazgo con el Teniente y había decidido hacerse a un lado. Desde entonces no se volvió a escuchar una sola discusión entre ellas. Hasta el mismo General estaba sorprendido con el cambio de actitud de su esposa aunque aún no tenía muy claro cuáles eran los motivos para mostrarse tan complaciente con su hija mayor. Últimamente permanecía la mayor parte del tiempo fuera de casa y era muy poco lo que compartía con su familia.
Al parecer el ambiente en la mansión Higurashi se había aligerado. Al menos en la parte de convivencia porque la situación económica aún estaba bastante crítica.
"Sucede algo, Zarinna?" Preguntó Kagome al ver el ido rostro de la joven criada.
"Eh?" Zarinna parpadeó repetidamente despertando de su ensueño. "No, nada niña. Es que siempre que la veo tan alegre no puedo evitar emocionarme. Sabe que la quiero mucho, niña y que si es feliz yo también lo soy." Kagome no pudo evitar sonreír conmovida por las sinceras palabras de su acompañante. "Lo que venía a decirle era que la patrona la necesita en el salón. Tiene visita."
"Visita? Tan temprano?"
La joven criada se encogió de hombros. "Pos sí, pero baje tranquila niña, que yo termino de arreglar su dormitorio."
Kagome asintió agradecida y desapareció por la puerta aunque no del todo tranquila. La verdad, era muy extraño que alguien viniera a verla tan temprano y más aún considerando que no tenía amistades que lo hicieran. Quién querría verla? Se preguntó mentalmente mientras se desplazaba por el largo corredor.
Podía ser… El corazón de Kagome comenzó a latir más rápido. Sería que Kouga regresó a Ciudad Izu decidido a hablar finalmente con su madre y quería darle la sorpresa? Con esa idea en su mente, la joven Higurashi aceleró un poco el paso. Sí… eso tenía que ser. No había otra explicación.
Emocionada, Kagome comenzó a bajar las amplias escaleras teniendo cuidado de no tropezarse con la ancha falda de su fino vestido. Sin embargo, toda esa emotividad se desvaneció en cuestión de segundos al momento que sus ojos se posaron en la persona que acompañaba a su madre en el salón y no pudo evitar sentirse fuertemente desilusionada. Pero tenía que admitir que era su culpa por haberse hecho falsas esperanzas al imaginarse que sería su amado al que encontraría de visita en su casa.
Pero no… definitivamente no era Kouga.
Pero entonces… quién?
La joven reanudó su camino por las escaleras, pero esta vez sin la premura anterior. Deliberadamente, se tomó su tiempo y se detuvo al final de las escaleras para componerse un poco del desencanto antes de hacer notar su presencia.
"Madre?" Llamó Kagome respetuosamente. "Me mandaste llamar?"
La Sra. Higurashi se levantó de su fino asiento ante el suave llamado de su hija. Seguidamente, se giró para recibir a Kagome con una seria expresión en su rostro. "Sí, Kagome. Acércate." Le dijo ella mientras le extendía su brazo. "Te mandé llamar porque hay alguien que necesita hablar contigo."
Kagome obedeció sin más preguntas y lentamente llegó al lado de su madre para posar por segunda vez su castaña mirada en la supuesta 'visita.'
"Bueno días… Señorita Higurashi."
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Nota de Inu: SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!... He vuelto!!!!!!!!!!... Hola a todos! Antes que nada quería disculparme con ustedes por haber 'abandonado' de cierta forma mis historias, les pido que me perdonen pero estuve atravesando por una dura etapa a nivel emocional y la inspiración me había abandonado, pero gracias a dios y por supuesto a ustedes, poco a poco ha ido pasando y aquí tienen la continuación de esta historia. Muchísimas gracias a todas las niñas que siempre han estado muy pendiente de mi y de este fic… gracias por el apoyo, por el interés para continuar leyendo y por sus lindos comentarios… Sin ustedes este trabajo no tendría sentido… Me satisface enormemente saber que esta historia les ha gustado y que esperan con ansias su continuación… Por eso y porque se los debo desde el primer día aquí tienen este largo capítulo… La madre de Kagome logrará salirse con la suya????... Eso está por verse… Cuídense mucho y nos vemos en el próximo capítulo!!!
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