Con un brazo cubriendo sus ojos, Viktor yacía recostado en el cuarto de su departamento. Eran las tres de la mañana y, por más que lo intentara, no podía dormir.
Después de haber participado en aquella batalla de agua, en la que Yuuri resultó vencedor aun contra todo pronóstico, los tres se sentaron en la preciosa terraza con piscina de la residencia. Nuevamente, Viktor y Yurio mantuvieron lo de las bromas en secreto. De alguna forma, era como un pacto de caballeros.
Debía admitir la gran cantidad de errores que había cometido desde que había comenzado su misión. Pero, en su defensa, ningún niño de siete años era tan sagaz e inteligente como ese mocoso. Su lógica analítica, su espontaneidad, su juicio y su sensatez no eran algo que se viera a diario en un pequeño. Sabía que Yuuri era muy brillante ya que, según las investigaciones del equipo de inteligencia de Yakov, tenía una mente prodigiosa. Pero no era astuto para atacar a otros o para sacar ventaja de alguien más, no como su hijo.
Mientras que Yuuri usaba su inteligencia para ayudar a cualquiera que lo necesitara y, a la vez, pensaba lo mejor de todo el mundo, Yurio desconfiaba de todos los que actuaran de forma extraña a su criterio. Había heredado la brillantez de su padre con el plus de la perspicacia, la cual podría haber heredado de su madre.
Yurio era capaz de analizar una situación en segundos y, de esa forma, determinar la mejor forma de actuar para sacar ventaja de dicha situación, sin importarle lastimar a otros.
Viktor sonrió un poco al darse cuenta de que él también solía ser así de niño. A la edad de Yurio, él era un niño muy inteligente, muy analítico, muy calculador y alguien que podía manipular fácilmente, incluso a los adultos. Odiaba admitirlo, pero se parecían bastante.
Al siempre tener el control de la situación, Viktor solía escribir en su diario, aunque estuviera en la casa de su víctima. Era común para alguien que no temía arriesgarse. Además, sus objetivos estaban tan cautivados por él que ni siquiera notaban la existencia de aquel libro. Por otro lado, nunca había tenido mucho contacto con niños. No le agradaban, pero sabía que la mayoría eran bastante ingenuos a la edad de Yurio. Era obvio que, al pensar en esas dos cosas, bajaría la guardia. Error que desde ahora ya no cometería.
A pesar de las bromas, las cuales aún le hacían sentir como un verdadero retardado al haber caído en ellas, debía admitir que admiraba el talento del chiquillo. Sino hubiera sido él la víctima, hubiera felicitado al rubio por su genialidad. Sin embargo, y aunque hayan olvidado sus diferencias ese día durante la guerra de agua, Yurio le dejó en claro que tendría que andar atento en la casa, porque le quedaban muchas bromitas más por hacer. Como dicen por ahí: quien avisa no es traidor.
Quitó el brazo de sus ojos y lo dejó caer sobre la cama. Su mirada se centró en el techo, aunque su mente estaba en esas dos personas que, de alguna forma, le hacían sentir algo a lo que no sabía cómo nombrar. No era la primera vez que tenía un objetivo con hijos, incluso los niños anteriores que había conocido se habían encariñado con él desde el principio, y por eso mismo, llegado el momento, los mató rápidamente. Pero ellos eran diferentes. Yuuri tenía algo místico. Aunque uno supiera todo sobre su vida y su forma de ser, él tendía a actuar de forma inesperada. El pelinegro era alguien predecible y a la vez impredecible. Como si dos personas estuvieran en una sin llegar a sufrir bipolaridad. Además, tenía esa deliciosa mezcla entre una adorable dulzura y una sensualidad abismal. Aquella combinación era algo nunca antes visto para Viktor. Lo peor de todo era que se sentía totalmente embelesado por ello. Estaba siendo consumido sin poder evitarlo.
Al mismo tiempo estaba Yurio, un muchachito que no dudaba en darle pelea y enfrentarlo sin miedo alguno. Usualmente, su presencia imponía tal respeto que nadie se atrevía si quiera a mirarle de mala manera. Todos bajaban la vista y la cabeza con respeto cuando él pasaba, sobre todo en la organización. Ser el mejor asesino, el hijo del jefe y la futura cabeza de uno de los grupos más respetados y peligrosos de la mafia rusa hacían que el nombre "Viktor Nikiforov" fuera temido y honrado. Pero debía admitir que tener a un "rival" digno, una persona que tuviera las pelotas bien puestas como para atreverse a desafiarlo, un oponente que tuviera la inteligencia suficiente para hacerle frente y lograr vencerlo era un cambio no solo refrescante, sino que también era divertido. Más divertido aún era que tal persona solo tuviera siete años.
Cada vez que veía a padre e hijo juntos, su corazón sentía una infinidad de nuevas e inexplicables emociones. No podía comprender cómo dos personas que habían sido tan golpeadas en la vida podían quererse tanto y tratar de ser felices en un mundo tan contaminado por la envidia y el odio. En esos momentos, Viktor se preguntaba: ¿qué habría sido de él si no hubiera aceptado la oferta de Yakov? Nunca antes había analizado su pasado, nunca se había preguntado ¿Qué tal sí...? Porque estaba conforme con vida y con su destino. Pero ahora... se sentía perdido.
El ruso sabía que de nada le servía pensar en cómo sería su vida si tuviera la opción de escapar del mundo al que pertenecía. Él era un sicario y estaba atado de por vida a esa profesión. Pero, gracias a su nueva víctima, Viktor acababa de notar que, aunque estuviera dentro del mundo de la mafia, no pertenecía a él. No pertenecía a ningún lugar. Él fue despojado de todo a la tierna edad de nueve años y luego se aferró a lo primero que pudo para sobrevivir. Era un ente que se adaptaba a su entorno intentando, con desespero, formar parte de algo.
Yuuri y Yurio lo trataron desde el principio como si fuera una persona común y corriente. Yuuri no cayó rendido a sus pies al verlo y Yurio no se comportó como el niño educado y perfecto que podría esperarse. Ellos lo miraron a los ojos y no vieron al temido mafioso, no vieron al hombre seductor, no vieron al niño abandonado... Vieron al ser humano. Vieron a Viktor.
Por primera vez, el ruso encontró un lugar al que quería pertenecer aun sabiendo que jamás podría. El "vivieron felices para siempre" era inalcanzable para él.
Al llegar la mañana, Viktor se dirigió a la residencia del japonés. Ese día era feriado y, aunque ni Yuuri trabajaba ni Yurio iba a clases, el pelinegro lo había invitado a pasar el día con ellos. Era lo mínimo que podía hacer en agradecimiento por cuidar a su hijo los días anteriores.
El proyecto para el hospital iba mejor de lo que hubieran esperado. Si todo seguía así, la inauguración podría ser uno o dos meses antes de lo planeado.
Los guardias de la entrada de la mansión de Yuuri ya conocían a Viktor, o mejor dicho, a Vitya, por lo que, cuando él llegaba, le permitían pasar sin la necesidad de ser anunciado. Una vez que estacionó en el enorme garaje de Yuuri, se dirigió a la terraza, la cual estaba junto a una preciosa y enorme piscina. Esto solo era una pequeña parte del "patio" de la casa. A decir verdad, Viktor dudaba en llamarlo simplemente patio, ya que apostaba que el terreno sería, por parte baja, de unos cuarenta acres.
En cuanto llegó a la terraza vio al japonés y a su hijo sentados, listos para tomar desayuno. Yuuri alzó la mirada y al verlo sonrió.
―Buenos días, Vitya. Me alegro de que pudieras venir. ―El pelinegro señaló la silla a su lado para que se sentara―. Espero que no hayas comido nada y así puedas tomar desayuno con nosotros.
Viktor no sabía qué decir o cómo actuar por varios factores en esa situación. Primero, lo hermoso que lucía Yuuri con la camisa blanca que llevaba puesta. Sin abrochar los botones del cuello, dándole un look entre formal y casual. Aunque el japonés estaba sentado, Viktor logró divisar unos pantalones azul marino. La tela se veía liviana y fresca, perfecta para aquel día primaveral. El cabello lo llevaba peinado hacia atrás, al igual que el día de la fiesta en el hotel, solo que esta vez también usaba sus lentes. Aquella mezcla entre los dos Yuuris que él había descubierto logró dejarlo sin habla. Segundo, Viktor jamás había llegado a ese tipo de situación. Su modus operandi cuando un objetivo le gustaba era la seducción y la conquista. Lo primero que hacía era acercarse a su víctima, llenarla de halagos, decirle cada palabra que esta quisiera escuchar, y luego llegar a la cama; así solía convertirlos en adictos al placer que él les proporcionaba. Quedaban embelesados por completo y se entregaban en cuerpo y alma a su sicario sin saberlo. Pero en esta ocasión todo era diferente. Estaba comenzando a formar un vínculo fuera de lo sexual con su objetivo. De hecho, el solo estar en compañía de Yuuri le hacía sentir calmo y tranquilo, como si todo en el mundo estuviera bien. Y tercero, al mirar a Yuuri y a Yurio se sentía aterrado, porque estaba averiguando lo que se sentía tener una verdadera familia. Algo que él nunca había podido experimentar.
Su padre siempre fue un hombre violento, pero lo era solo con su madre. Nunca fue un sujeto cariñoso con su hijo, aún que, al menos, no lo maltrataba. Años después de que lo hubiera asesinado se enteró que aquel infeliz era misógino, por eso solo golpeaba a su madre.
Después estaba aquella mujer: su adorada madre. La única persona que lo había tratado con cariño, hasta que lo miró como si fuera un monstruo y, queriendo huir de él, encontró la muerte. Viktor jamás entendería por qué ella lo miró de esa forma cuando lo único que hizo fue liberarla de la vida horrorosa que llevaba al lado del bastardo que tenía por pareja.
Luego estaba Yakov, quién, a pesar de que lo acogió y lo adoptó como hijo, no lo hizo por verdadero cariño, lo hizo por interés. El líder ruso vio en Viktor habilidades que él hubiera deseado en su propio hijo de haber podido tener uno. En cuanto supo que el pequeño había dado muerte a su padre, lo había acogido, pero no gratis. A cambio de vivir siendo respetado, temido, obedecido y estar rodeado por lujos, debía olvidar su humanidad y convertirse en un criminal.
Nadie nunca había sido una verdadera familia para él. Viktor no lo había notado antes, pero desde el momento en que nació estuvo solo. Sin embargo, en ese momento, se sentía acogido, se sentía cálido, se sentía en un verdadero hogar.
El ruso no sabía bien cómo reprimir aquellos sentimientos. Después de dieciocho años de vivir sin estos, después de endurecer el corazón hasta que este dejara de sentir, después de olvidar cualquier tipo de cariño o amor a cualquier cosa que no fuera el momento en el que el último aliento abandonaba el cuerpo de su objetivo, Viktor estaba volviendo a sentir las emociones que había entumecido. Aquellas que le estorbaban en su trabajo. Aquellas que, lentamente, comenzaban a dominarlo.
Intentando despejar su mente, tomó asiento junto a Yuuri, quedando frente a Yurio.
—Muchas gracias, y agradezco que me invitaras a pasar el día con ustedes.
Yuuri lo miró con ojos cálidos, aquellos que, poco a poco, comenzaban a despojarlo de la coraza que lo había cubierto casi toda su vida.
—No hay de que. Además, no me gusta la idea que estuvieras desayunando solo en tu hogar. Las personas están hechas para vivir en compañía de los seres queridos.
¿Soy un ser querido para él?, Viktor no sabía si debía permitirse pensar en eso. Yuuri era alguien generoso de corazón, por lo que un "ser querido" tenía un significado común y menos importante para el japonés que para el resto de las personas. Aun así, una parte de Viktor se sentía muy feliz.
—Hola, Vitya. —La voz de Yurio lo hizo volver en sí, obviamente el pequeño se estaba comportando como un niño ejemplar. Su padre estaba justo allí―. ¿Cómo estás? ¿Te sientes mejor del estómago? ¿Ya no tienes diarrea? ―El rostro del pequeño lucía muy preocupado.
Yuuri se atragantó con el jugo cuando escuchó la íntima pregunta. Viktor, por otro lado, enrojeció como un tomate.
—Vitya ¿Te sientes bien? ¿Estás enfermo? Podemos ir al doctor si quieres. ―Yuuri no ocultó su preocupación una vez que se recuperó tras atragantarse.
—Estoy bien, no te preocupes. ―Viktor trato de sonreír―. Ya estoy mejor. —Al decir eso, miró a Yurio disimuladamente―. Solo fue algo que comí.
—Es muy bueno que te sientas mejor, Vitya. Ahora debes tener más cuidado, no vaya a ser que algo más te pase ―El pequeño habló con un tono más grave de lo normal. Tanto Yurio como Viktor podían hablar entre líneas. Por suerte para ambos, Yuuri no.
―No te preocupes, tendré cuidado ―respondió con una sonrisa algo tensa.
Yurio estaba por comer cuando su tenedor se resbaló de su mano. Con una disculpa se bajó de la silla y se arrodilló a buscarlo. Tardó casi un minuto antes de levantarse con el tenedor y Yuuri lo ayudó a sentarse de nuevo.
No le dieron mucha importancia a eso y, entre divertidas anécdotas del japonés, terminaron el desayuno.
—¿Sabes, Vitya? Con Yurio planeamos ir a pasear hoy. Quiero aprovechar el día libre. ¿Vienes con nosotros?
Ya no le extrañaba que Yuuri lo invitara a salir o a acompañarlos. La naturaleza del japonés era acoger con su dulzura a quienes parecían necesitarlo. Y solo Dios sabía que él lo necesitaba, incluso sin saberlo.
—Me encantaría.
—¡Genial! Iré a buscar un abrigo para la tarde. Yurio, ve por la chaqueta que dejaste en la sala de estar. —Dicho esto, el pelinegro entró rápido por el abrigo.
Yurio esperó a que su padre desapareciera de su vista para girarse al ruso, mirándolo con una sonrisa.
—Debo admitir que me divierto contigo. Después de todo te he ganado tres veces.
Viktor lo miró y le sonrió de vuelta.
—Daré vuelta el marcador tarde o temprano.
—Te deseo suerte. Ahora vamos antes que papá me regañe por no haber ido a buscar la chaqueta.
Yurio se adelantó unos pasos. Viktor empujó la silla hacia atrás, se levantó y cuando intentó caminar su pie se trabó haciéndolo caer de rodillas al suelo. Sin entender, miró sus pies y descubrió los cordones de sus zapatos atados entre sí. ¿Qué caraj...? No alcanzó a hacer la pregunta mental cuando la respuesta le llegó. Yurio. Con razón había tardado más de lo normal recogiendo el tenedor. Aunque le sorprendió que el niño rubio pudiera atar sus cordones sin que él lo notara. Al levantar la mirada, El chico lo observaba sin burla alguna, solo con superioridad, orgullo y diversión.
—Cuatro - cero.
Viktor solo pudo reír.
Hola!
Quiero agradecerle a todos quienes han leído este fic n.n
Espero que les guste este nuevo capítulo.
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n.n
