Declaro que esta historia no me pertenece. Los perdonajes de Stephanie Meyer son adaptados a la historia de Susan Fox, una excelente autora que me gustaría dar a conocer a los que todavía no tuvieron la oportunidad de leer sus entretenidas y románticas historias.
Este es el segundo libro de la Serie Se busca novio vaquero.
La adaptación conserva el mismo nombre del libro.
Pasaporte al amor
Capitulo 10
Sus seis días en Dallas fueron bien. Durante el día, compraron algunos muebles más para la casa. Solían desayunar en la habitación, pero comían y cenaban fuera del hotel.
Fueron a la ópera y al teatro dos tardes. Jasper toleró educadamente la ópera. Pareció disfrutar del teatro, pero Alice había sentido su incomodidad en ambos lugares.
Hicieron un viaje a Neiman Marcus que duró la mayor parte de una tarde. A Jasper le tomaron medidas para un nuevo traje, y tras mucho insistir, Alice se probó varios vestidos de diseñador y conjuntos que Jasper quería verle puestos. Aunque ella tenía mucha ropa, accedió a los deseos de Jasper. Él pareció disfrutar del minidesfile de moda así como de las detalladas explicaciones del vendedor sobre qué hacía de cada una de las piezas de la colección una pieza única.
Cuando ella se probó el último de los conjuntos que Jasper quería verle puesto, él ya lo había comprado todo y encargado que se lo llevaran al hotel.
Al día siguiente, condujeron su coche de alquiler por Dallas. Acabaron en el concesionario de Cadillac más lujoso de la ciudad. A pesar de las protestas de Alice, Jasper le hizo probar un Cadillac con todas las opciones posibles. Una vez la hubo presionado y adivinado qué color prefería, le compró el coche inmediatamente.
La generosidad de Jasper le preocupaba tanto como la enternecía. Alice había protestado varias veces por la cantidad de dinero que se estaba gastando en ella, hasta que él finalmente se puso serio.
—Nunca he tenido a nadie a quien mimar y comprar cosas —declaró—. El placer de tener dinero y tener mujer está en poder comprarle cosas a ella.
Su observación la calló y ella se disculpó. Había conseguido que él hablara de sí mismo un poco más esa semana. Le había contado que su madre murió cuando él tenía cuatro años y que su padre desapareció totalmente de su vida antes de que cumpliera los trece. No necesitó añadir que ellos habían sido pobres y virtualmente sin hogar, ya que ella captó el mensaje.
Alice al menos había tenido a tía Bree. Y antes de tía Bree, había tenido una casa segura y amorosa y unos padres cariñosos y adinerados. Jasper había crecido pobre y no había tenido a nadie con quien pudiera contar. El pensamiento de su pobre y solitaria infancia, y los tiempos duros y la soledad de su madurez, la entristecieron.
Aunque ella deseaba que él hubiese esperado hasta que su relación hubiese evolucionado más antes de ponerse a gastar dinero como un loco, no volvió a protestar. En cambio, mostró gratitud natural y agrado por las cosas que le había comprado y se lo agradecía profusamente.
Que sus agradecimientos terminaran algunas veces en un largo y cálido beso la hacían sentirse incómoda. Ella no quería que ninguno de los dos identificara regalos con los besos, pero cuando Jasper la abrazaba, no podía resistirse.
Por la noche, dormían juntos en la misma cama, pero nada fue más allá de unos besos muy carnales. Hacia el final de la semana, Alice suspiraba porque Jasper hiciera algo más que abrazarla. El hecho de que él no lo hubiera intentado era una prueba más de que respetaba las palabras de Alice en su noche de bodas y deseaba esperar a que hubiera sentimientos más profundos entre ellos.
La ternura que Alice empezó a sentir hacia él por esta causa y por todas las otras pequeñas percepciones que tenía sobre el hombre que era, hicieron crecer sus sentimientos hacia él. Aunque se lo guardó para ella, se dio cuenta en el viaje de vuelta a casa, que si Jasper la presionaba para consumar su matrimonio, le iba a resultar muy difícil resistirse.
Como Jasper usó el teléfono móvil para llamar a Diego al rancho cuando estaban a una corta distancia de Whitlock, Diego, el ama de llaves, la señora Shely, y la cocinera, la señorita Jen, estaban esperando su llegada en la galería próxima a la puerta principal.
Diego se acercó en el momento en que Jasper frenaba el coche para parar al final del camino. Le abrió la puerta a Alice y le ofreció su mano para salir del coche.
—Buenas tardes, señora Whitlock. Confío que haya tenido un buen viaje.
—Buenas tardes, Diego. Hemos tenido un viaje muy agradable, gracias.
Jasper ya estaba fuera del coche descargando el equipaje del maletero. Diego lo advirtió y no pudo ocultar su consternación. Se disculpó educadamente para apresurarse hacia la parte trasera del coche.
—Señor Whitlock, yo me encargaré del equipaje —dijo Diego con voz firme.
—Te ayudaré —declaró Jasper.
—Parece que tiene usted algo mucho más agradable que el equipaje con lo que cruzar el umbral, señor Whitlock. Tal vez no debería hacer esperar a su novia.
Entonces, Jasper miró a Alice.
—Tienes razón, Diego. Estoy obligado —dijo rodeando el coche hacia ella—. Vamos, señora Whitlock —dijo en voz baja—. Hagamos oficial este viaje.
Entonces, él se agachó para tomarla en sus brazos. Alice se sujetó a su cuello, mucho más cómoda con él que la noche que la llevó en brazos a través del umbral de su habitación de hotel. Al pasar junto a la señora Shely y la señorita Jen, las saludó amablemente con la cabeza. Alice tuvo sólo un momento para saludarlas mientras pasaban.
Una vez dentro de la enorme casa, Jasper la dejó en el suelo. Las dos mujeres les habían seguido.
—¿Crees que Diego se sentirá ofendido si le echo una mano?
Alice miró atrás y vio a Diego entrar cargado con las dos maletas, para dejarlas en el suelo y volver a salir.
—No lo sé. Nunca tuvimos mayordomo.
La señora Shely, que lo había oído todo, se adelantó. Tras mirar rápidamente para asegurarse de que Diego no podía oír, se inclinó para hablarles.
—Diego es muy celoso de su territorio, señor Whitlock. Insiste mucho en hacer las cosas a su manera.
Dicho eso, la señora Shely retrocedió y cruzó sus manos. Cuando Diego regresó con varias bolsas de compra y cajas en perfecto equilibrio, la señora Shely y la señorita Jen se adelantaron para ayudarlo.
Alice y Jasper vieron cómo las dos mujeres se repartían la carga de Diego entre las dos antes de apresurarse hacia las escaleras para subir las cosas a la habitación principal.
Alice miró a Jasper.
—Parece que se han ocupado de todo.
Jasper frunció el ceño.
—Siempre pensé que quería a alguien que me ayudara con las tareas de casa. Acabé harto de comer lo que yo mismo había cocinado y de intentar mantener el lugar recogido y limpio cuando tenía tanto trabajo que hacer fuera. Ahora tengo ayuda, pero se me hace duro dejarles hacer todo aquello por lo que les pago. Parece descortés.
Alice sonrió. James no pensaba nada de tener sirvientes. De hecho, Martha, su ama de llaves y cocinera nunca parecía hacer lo suficiente para agradarle. Ella aprobaba la actitud diferente de Jasper.
—A mí tampoco me gusta que el personal haga cosas por mí que yo misma puedo hacer —le dijo—. Siempre pensé que eran empleados, no sirvientes o esclavos.
Jasper le obsequió con una de sus escasas sonrisas.
—Pensamos lo mismo sobre eso —él avanzó hacia las escaleras—. Me gustaría cambiarme y salir a ver cómo han ido las cosas mientras hemos estado fuera.
Alice asintió con la cabeza.
—Adelante. Veré si tenemos algún mensaje antes de deshacer el equipaje. Podría ser agradable tomar nuestra primera cena en casa en el comedor con nuestra nueva porcelana.
—Te veré entonces —dijo él, volviéndose para subir los escalones de dos en dos.
Alice lo observó mientras se marchaba. Cada kilómetro del camino hacia Whitlock, había sentido un entusiasmo creciente por estar en casa. La vuelta confirmó que Jasper seguía siendo el mismo ranchero y hombre activo que siempre había sido. Aunque su vida había sido dura mientras luchaba para conservar su rancho y hacer algo de él, del modo que fuera, era obvio que amaba su trabajo. Su repentina riqueza no cambiaría mucho aquello, algo que ella también aprobaba.
Para una mujer que siempre había pensado que se casaría con un hombre de negocios y que viviría en una ciudad, era sorprendente darse cuenta de que no le importaba que Jasper fuera un ranchero. De repente deseó vivir en el campo con un hombre que amaba la tierra y que quería continuar haciendo el duro trabajo que le permitió mantener el rancho en marcha.
