Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Sthephenie Meyer, la historia es mía.

Aclaración: Todos Humanos

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POV AUTORA

Renesmee se estaba comenzando a impacientar, era una pregunta simple. Muy simple para ella. Pero mirando los ojos esmeraldas del cobrizo se dio cuenta de que estaba en una gran batalla interna.

Esto era difícil para él.

La muchacha suspiró mientras sus dedos tamborileaban en el escritorio de Edward, en el que estaba su ordenador portátil en medio, el lado derecho estaba ocupado con carpetas y en el izquierdo, marcos con fotografías.

Hasta ese momento no se había dado cuenta de las muchas fotografías que había en el despacho. Todas de un hermoso bebé de cabello rubio y ojos azules como el cielo, una punzada de arrepentimiento se asentó en su pecho. Sabía que no estaba haciendo bien abriendo la herida y deseó no haber preguntado siquiera, pero y si en verdad la felicidad de su hermana estaba al lado del autoproclamado-por ella- pelirrojo, director de su instituto.

Vale, también lo hacía por ella. Pero, después estaba ese niño de por medio, la historia que le había contado Edward… Aunque todavía no había encajado la parte de que no le había hecho una prueba de paternidad.

¿Qué clase de idiota no le hace una prueba de paternidad a un niño que no está seguro de que es suyo? ¡Ah sí, Edward "el pelirrojo" Cullen!

El timbre que anunciaba el comienzo de las clases sonó, Renesmee se levantó como un resorte al escucharlo cogiendo su bolso y sus libros de texto.

— Que tenga buen día pelirrojo— pero él seguía absorto en su batalla interna y prefirió dejar las cosas tal cual como estaban.

Será lo mejor.

Edward ni siquiera se había dado cuenta de que Renesmee había abandonado el despacho mientras él estaba en su debate interno. Echaba de menos a Bella. ¡Como el infierno de que sí!

Pero no era tan fácil, nada era fácil, su vida se arruino desde el momento en que Tanya reapareció después de tanto tiempo diciendo que estaba embarazada, pero claro, ¿qué podía hacer? ¡Amaba a su hijo! Ese niño tenía que tener una familia, aunque él y su petulante esposa no se soportaran, porque claramente no lo hacían y cada día se daba cuenta del error que fue en meterse en los pantalones de esa mujer.

Suspirando se frotó los ojos con la palma de su mano, la amaba, y él sabía que no la iba a dejar de amar nunca en su vida, así ella estuviera con otro hombre y el encadenado a un matrimonio sin futuro con una mujer que no soportaba, porque ya que estábamos en esas, ¡Su matrimonio no tenía futuro! Lo supo en el mismo momento que puso su firma en ese odioso papel que decía que estaban casados, lo supo cuando tuvo sexo con su esposa en su noche de bodas imaginando que era Bella, y lo reconoce ahora que la hermana de ella, una adolescente de dieciséis años, le abre los ojos a la puta realidad.

Cuando los puñeteros sentimientos lo abrumaban, sabía que solo una cosa podía hacer. Sacó del bolsillo de su pantalón una pequeña llave y abrió el cajón de su escritorio. Siempre lo hacía. Siempre. Nunca se iba a cansar de contemplarla.

Cogió la fotografía que atesoraba en su escritorio, era de él con su amada Bella en un hermoso parque. Amaba esa fotografía, lucían tan felices que le producía un horrible nudo en la garganta verla. Sabía que nunca dejaría ir esos recuerdos y ese sentimiento.

— Aún te sigo amando, Isabella Swan.— acarició el rostro de la joven inmortalizado en la fotografía.— Y estoy malditamente seguro de que voy a luchar por ti.

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El puñetero día era cada vez más largo, todavía faltaban más horas para poder verla. Estaría bien si estuviéramos hablando de su novia, a la que amaba, pero no, era la hermana pequeña la que lo traía desquiciado, su franqueza era la que lo ponía de rodillas.

Renesmee.

Ese era el puto nombre que rondaba en su jodida cabeza desde que le besó descaradamente. No se la podía quitar de la cabeza y estaba cagado de que descubrieran lo que rondaba por su asquerosa mente.

Solo tiene dieciséis años.

Esa afirmación era la que lo acechaba día y noche, además de que era la hermana de Bella.

Bella.

Solo el nombre de su novia le producía una horrible punzada en el estómago, ¿qué diablos estaba haciendo el grandísimo idiota? Desde siempre había amado a esa mujer, y ahora aparece con su franqueza, su alegría y su mirada como el caramelo derretido la hermana y no es inmune a sus encantos, aunque sabe que es una adolescente con las hormonas revolucionadas. No puede sacársela de la cabeza.

Era la primera clase del día, y él la vería a última hora y no sabría lo que iba a hacer, porque automáticamente su sangre iba a correr por lugares que sabía que no debería, ¡Y joder que lo hacía!

Desde que conoció a la muchacha llevaba más duchas frías que cuando era un adolescente hormonal.

La campana sonó anunciando el final de la primera clase y el inicio de la última, había puesto trabajo para hacer en clase para absorberse en sus pensamientos.

Con decisión caminó a la siguiente clase, suspirando porque las horas pasaran pronto, porque como el infierno de que la quería volver a ver aunque eso estuviera mal. Muy mal.

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Con la cabeza dando vueltas por la explicación del proceso de metamorfosis que el señor Banner estaba intentando explicarle a sus alumnos, Renesmee estaba intentando tomar apuntes, en esa clase tenía de compañera a Jane, así no se sentía tan sola aunque en este momento no estaba funcionando de nada y su amiga lo estaba notando.

Algo impactó contra su cabello y la hizo sobresaltarse un poco, menos mal que nadie más se dio cuenta. Bajando la mirada al suelo encontró un papelito arrugado. Medio sonrió al darse cuenta de quién era.

"Me aburro O.o. Si Banner habla una sola puñetera palabra más sobre gusanos y mariposas, juro que me desmayo de aburrimiento . Atte: La sexy Jane xD"

Las ocurrencias de Jane le habían sacado una sonrisa en esos momentos, y se lo agradecía por ello. Cogió su bolígrafo rojo y escribió una respuesta:

"Uh, uh, me pasa lo mismo tía, odio biología, no me gusta para nada, prefiero otras clases para ser sincera. Atte: La hermosísima Renesmee."

Sin girarse pasó la nota a la mesa de detrás donde estaba su amiga, que la interceptó a medio camino y soltó una sonora carcajada que hizo que toda la clase se girará para mirarla.

— ¿Tiene algo que compartir con nosotros señorita Volturi?— preguntó Banner con una ceja alzada.

— Claro que no, siga con su interesante explicación— dijo con una sonriente expresión la rubia, como si no hubiera detenido una explicación y todas esas personas la estuvieran mirando inquisitoriamente.

Cuando el profesor prosiguió explicando Jane escribió en el arrugado papel:

"Ya me imagino el tipo de clase que a ti te resulta más "inspiradora" mi querida amiguita. Atte: La sexy Jane. "

El papel volvió a rebotar en el mismo lugar de antes y Ness lo cogió con cautela por lo que podía contener en él. Todo era posible viniendo de la loca de Jane.

"Ni te lo imaginas. Atte: La hermosa-sexy-linda Nessie"

Y así fue como transcurrió la clase entre notas y explicaciones aburridas. Poco a poco se estaba acercando la última clase. La que tenía a Jacob de profesor y la que se había convertido en su tortura personal. Le dolía verlo y no poder tocarlo. ¡Joder!. Aparentar que no sentía nada cada vez que su nombre pasaba por los labios de él, cada vez que la miraba con esos ojos negros que hacía que sintiera en llamas todo su cuerpo.

Poco a poco fueron pasando las clases, una a una, con lentitud, no iba a negar Ness que no había pensado en "enfermarse" y que la enfermera le diera un pase para irse a casa y saltarse la última hora. Pero no era una cobarde. Nunca lo ha sido. Nunca lo será. Punto y final.

Y así, la temida última hora llegó, aun no aparecía su tormento por la puerta y ya estaba hiperventilando. Simplemente genial.

La joven mandaba miradas fugaces entre la puerta y su regazo, nunca estaría preparada para verlo pavoneándose como el Adonis que aparenta ser por toda la clase, que ella estaba segura que las féminas estaban completamente locas por él, solo hacía falta mirar las miradas lascivas que le mandaban. Zorras más que zorras.

Pero tú no te quedas atrás querida, eres la peor.- Ese era el pensamiento que su conciencia le hacía reproducir una y otra vez en su cabeza. La peor de todas, su profesor y el novio de su hermana. ¡Toma ya! Jodida suerte la que tenía.

— Hola chicos y chicas— saludó Jacob mientras entraba al aula, haciendo que Renesmee levantara la vista hacia él y lo descubriera mirándola.

— Hola guapísimo— replicó una voz femenina desde la parte de atrás de la clase, seguido de suspiros soñadores por parte de las chicas y bufidos por parte de los chicos.

Renesmee sentía que hervía, los celos y la ira cociéndose por dentro, sumado con los nervios de verlo. Era malo muy malo para su estado emocional.

La clase oficialmente comenzó y Jacob puso unas fotografías muy reconocidas, Renesmee las conocía bien. A ella en verdad le gustaba la clase y la intentaba disfrutar sin pensar mucho en él.

— ¿Alguien sabría decirme el nombre de esta pintura?— preguntó apoyado de una manera tan malditamente sexy que debería de estar prohibida en su escritorio.

Toda la clase quedó callada en ese momento, Renesmee no podía entender cómo es que nadie supiera de esa pintura. Y sin pensarlo dijo la respuesta.

— Madonna de Manchester, creada en 1497 por Miguel Ángel y se puede encontrar en la National Gallery de Londres.— respondió mirándole fijamente a los ojos, lo que dejó aturdido al moreno por unos instantes.

— Es correcto— concedió con una sincera sonrisa en el rostro y una expresión afable que hacía mucho tiempo que no veía en él, lo que hizo que miles de mariposas revolotearan en su estomago.

Después de varias proyecciones y diapositivas más la clase por fin finalizo. El plan de Renesmee era tan pronto como sonara la campana ella echar a correr sin mirar atrás. No se sentía realmente de humor para lidiar con unos instantes más en esa aula. Planes que por supuesto fueron abortados al instante al escuchar la voz de Jacob.

— Señorita Swan, ¿podría quedarse unos instantes después de la clase?— le preguntó el moreno, francamente sin saber que cojones iba a decirle, pero necesitaba escuchar su voz aparte de las serias respuestas que ella daba a las preguntas de clase.

Esperó hasta que el último alumno dejó la clase para enfrentar el hablar con ella.

— ¿Qué ocurre señor Black?— preguntó mirándolo fijamente.

¿Señor Black? ¡Qué demonios…!

— ¿Señor Black?— repitió en un susurro apenas audible Jacob, sinceramente le había dolido esa forma de referirse a él. Claro que el no la había tratado de otra manera. Nunca. Desde que supo que era su alumna.

— Sí… ¿Para qué me ha hecho quedarme?— preguntó Nessie, sintiendo que sus rodillas iban a flaquear en cualquier momento y se iba a lanzar a su cuello.

— Te he hecho quedarte porque…— la realidad cayó una vez más sobre él y se tragó lo que iba absurdamente a decir— Te quiero felicitar porque has sido la única que sabía la respuesta.

Como un balde de agua fría cayeron las palabras de él sobre ella, simple y sencillamente no podía ser tan estúpida como para creer que iba a decir otra cosa. Asintió con la cabeza.— Muchas Gracias.

Jake podía ver la tristeza inundar los ojos caramelo de la chica y se quería golpear por ser él el causante de esto, en este momento se odiaba a sí mismo por ser un imbécil, porque aunque no lo quisiera reconocer sabía que estaba sintiendo sentimientos muy fuertes por ella. Pero también sabía que aunque los uniera esos sentimientos, había más obstáculos entre ellos, impuestos por él y por el destino. Pero obstáculos al final de cuentas.

Y todo recaía en la misma pregunta: ¿Cuándo hay tantos obstáculos en amor puede ser más fuerte?

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¡Miles de Besos!

Angie.