Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada esto es sin ningún fin de lucro. No yaoi. Trae principio de lemon nada grave.

Capitulo 11: La última vez.

El silencio y la manera tan fugaz de enterarlo todo, hizo que los corazones del interior del Templo se quedaran quietos en el tiempo.

—Maestro.

Todos detuvieron sus propias emociones para poder observar aquella presencia sombría que avanzaba lentamente hacia Seika. Ella al ver tan imponente hombre frente a si, contuvo la respiración y limpió con brusquedad sus propias lágrimas.

—Así que eres tú, la que ha causado tal alboroto.

—Disculpe, yo no...

— ¿Cuál es tu nombre jovencita?—le interrumpió con un tono frio el albino, sintiendo la mirada firme de los dos caballeros que le acompañaban.

—Mi nombre es Seika, señor. —ella guardo la mirada, dándole la completa espalda a Aioros.

—Así que es ella, la persona de quién me platicabas Mu, una mujer.

—Patriarca, yo puedo explicarle. —nervioso el lemuriano avanzo hasta donde estaban ambos, mas con un ademan lo detuvo.

—Esta bien, pero agradecería que me dejaran un momento a solas con ella. —el ariano lo miró intrigado y devolvió una mirada con el centauro. —Es una orden para los dos.

Mu enfrentó una ultima mirada con el santo y asintió, dando la media vuelta ante al incredulidad de Aioros, quien aun mantenía sus pies quietos en la habitación.

—Aioros...—mencionó el albino y volviendo a su voluntad, el santo también imitó a Mu. Era cuestión de confiar en Shion.

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Al estar completamente a solas, el lemuriano la comenzó a rodear y analizar detenidamente. Fue entonces que tras hacer más torturante el silencio, volvió a su frente y le extendió su mano.

—Bien me presento, yo soy el Patriarca de este lugar, mi nombre es Shion de Aries. —la castaña le miro intrigada—Soy maestro de Mu y también la autoridad mas cercana a nuestra diosa Athena y a quienes los caballeros como Mu y Aioros deben responder.

—Yo soy...

—No es necesario—ella calló. —Ya se quien eres.

—Eres tú la hermana de Seiya, Seika—aun en sorpresa por tal conocimiento, ella asintió. —Si que causaste un revuelvo de emociones en estos días jovencita, pero no te culpo, cada uno es responsable de sus propias acciones.

—Disculpe yo no...—preguntó ella ansiosa mientras apretaba con sus puños su propia ropa.

—También se que no es necesario que te pida que te vayas ahora, fuiste demasiado clara hace unos minutos con Mu. —volvió a interrumpirle el santo.

—Si así es.

—Entonces hasta siempre pequeña. —el santo le tomó de ambos hombros, pero a diferencia de lo que había aparentado esos minutos, la forma de hacerlo se torno cálida y fraternal— Cuida bien de tu hermano, el va a necesitarte mucho después.

—Se lo difícil que es esto para ti, hubiera preferido ahorrarte este dolor, que nunca te hubiera involucrado con este lugar más de lo necesario pero ya que estas aquí, te agradezco aquellos recuerdos que dejaste en mis hijos. —Seika se removió aquellas últimas lágrimas que comenzaban a secar.

Hasta pronto Seika.

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Los minutos pasaban para Aries y Sagitario y aunque pretendían mantenerse atentos a lo que sucedía en el cuarto de a lado con Shion y Seika, entre ellos mismo no podían disimular la tensión e incuestionables preguntas que flotaban alrededor.

— ¿Tu siempre lo supiste, verdad?—pregunto Aioros en un golpe de valor mientras caminaba ansioso de lado a lado.

Mu sonrió melancólica. —No siempre, Seika sabía bien guardar sus secretos, así que no te hagas ideas, lo supe hace poco.

—Creo que me voy a volver loco. —declaro el castaño recordando momentos a lado de la jovencita ó mas bien "jovencito" de aquel entonces. Incluso la noche anterior, llevándose las manos a aquella cinta roja sobre su cabeza y apretándola un poco más.

— ¿Oye que crees que este sucediendo allá afuera?, deberías ir—preguntaba el castaño apresurando su marcha en aquel cuarto de lado a lado. —Hay mucho silencio, voy a ver.

—Aioros espera...—exclamó el lemuriano pero cuando lo hizo, el castaño ya comenzaba a abrir la puerta y por el rabillo de luz que se colaba de la habitación contigua, buscaba con la mirada al lemuriano y ala joven, sin embargo su sorpresa fue solo observar la silueta del albino sobre una silla, reflexivo.

—Ya puedes salir de ahí Aioros. —mencionó en un tono amable el albino haciendo sobresaltarse al sorprendido santo, quien abrió la puerta y se le acerco hasta donde él estaba. Mu entonces, salió detrás de su compañero.

—Patriarca.

Mu observó a todas direcciones buscando a la pequeña Seika. —Maestro, ¿ella se ha ido?

—Si, y fue mejor. —aquellas palabras lograron un pequeño punzón en el corazón de ambos—Sin mas despedidas ,así la olvidaran pronto. Ambos aguardaron la mirada, escuchando atentos al albino.

— ¿En qué estaban pensando ambos, nunca pensaron en el sufrimiento que seria para ella introducirla al Santuario como amiga y como ayudante?—Shion se alzó de la silla donde se encontraba posado y comenzó a caminar por el salón ante la mirada cabizbaja de Sagitario y Aries— Y tu Mu, aun sabiendo quien era ella, ¿no pensaste en Seiya cuando se enterara de lo sucedido?

—Maestro. —respondió el menor.

—Y tu Aioros, ¿enamorarte de un hombre, ser intimo amigo de un desconocido?, ¡por los dioses!

Ambos compartieron una mirada culpable a espaldas de Shion. —Esta claro, a ambos les interesaba aquella jovencita. —aquella sentencia iluminó de vergüenza el rostro de ambos—Pues bien ella se ha ido y ustedes deben dejarla partir. Así las cosas.

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Tan solo había dado unos pasos lejos de aquel lugar y con los ojos hinchados, trataba de no pensar en lo sucedió minutos antes pues aquel era el comienzo de un largo olvido.

— ¡Seika. Seika!—escucho un grito reconocido para ella y giró a su dorso .Un pequeño pelirrojo con ojos empañados corría a gran velocidad hacia ella y al estar a escasos centímetros, se sujetaba a su vientre con fuerza. Ella le acarició los cabellos mientras el pequeño descargaba su ansiedad. Tras unos segundos de amarga respiración, la joven le observó a los ojos y sintió como su corazón se hacia chiquito por tal mirada.

— ¿Qué haces aquí Kiki?—pregunto ella con suavidad—Deberías estar en Aries.

—No te vayas, regresa a Aries por favor. —suplicaba el pequeño— Mi maestro te necesita y yo también, el Templo no será lo mismo sin ti, además tu...—el pelirrojo callo uno segundos mientras evadía la mirada—Tu eres como mi familia y la familia nunca se abandona.

Aquellas palabras terminaron por destrozar a Seika. —No puedo Kiki, lo sabes y aunque quisiera, no puedo hacerlo más, por Mu, por Aioros, por ti. —las lagrimas amenazaban con salir mas su respiración las contuvo. Seika le acaricio la mejilla. —Se buen alumno y cuida a Mu ¿quieres?, te veré algún día cuando vuelva a Grecia.

— ¡Espera!, ¿ni si quiera estarás en Rodorio?—pregunto él.

—Estuve pensando y creo que será mejor que Seiya y yo nos vayamos a Japón junto con lo demás muchachos, ahí será un lugar perfecto para todos.

—Seika, no te vayas te extrañaremos mucho.—suplico una vez mas el pequeño— Mi maestro estará muy triste si te vas y las mañanas no serán divertidas si te vas, ¿quién hará los panecillos de miel y ojos de mermelada?.

Ella sonrió, alejándose del tacto del menor—Tengo que hacerlo Kiki, así que no insistas, tu lugar es aquí y el mío es allá. Además se que tu has estado allá, ve pronto a visitarme. —ella comenzó a caminar ondeando su mano al pequeño—Te estaré esperando allá ,hasta pronto Kiki.

Tras decir esto, el pequeño suspiro con fuerza y la observó partir.

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A pesar de haber permanecido varias horas juntos, Marín no se había atrevido a hablar y por algún motivo, prolongaba cada vez más la respuesta de la pregunta que rondaba la mente del Pegaso: Saori. Pero en un oportuno momento en que las doncellas entraron a cambiarle los vendajes y los demás jóvenes de bronce fueron por algún almuerzo, el Pegaso se atrevió a hablar.

—Marín...—la amazona, única compañía del santo en aquella habitación, atendió— Anoche y hoy en la mañana por los muchachos no me dijiste nada, pero ahora quiero saber, ¿dónde esta ella, donde esta Saori?

La amazona suspiro con fuerza, ya de nada valía ocultar su respuesta. —Lo siento Seiya, lo siento mucho.

Aquellas palabras predispusieron lo peor para el joven.

— ¿De que estas hablando Marín?, ella no puede estar...—el santo no se atrevió a mencionarlo. — ¡Tengo que verla, ahora!

El santo amenazó con levantarse de la cama mientras la amazona se acercaba a sujetarle. — ¡Seiya no seas necio, de cualquier manera todo esta dispuesto, iras mañana a Japón!

— ¡No Marín, déjame verle por favor!—el Pegaso comenzó a sollozar mientras la joven pelirroja se mordía los labios para no decirle al santo que la diosa prefería hacerle creer que ella ya no respiraba. —Por favor.

—Perdóname Seiya, pero eso es lo que ella quería, que regresaras a Tokio e hicieras una nueva vida con Seika y con los demás, tus amigos.

El santo dejo de forcejear con la pelirroja mientras su manos se aferraban a la sábana, desesperado.

— ¡No Saori!—el santo aguardo su mirada llorosa de su maestra.

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Los jóvenes de bronce al ver tantos platillos para enfermos en la Fuente, no dudaron en tomar algunos y degustarlos en un pequeño rincón con banquitas a la sombra de un manzano. Y entre panecillos, gelatinas y jugos de frutas, Hyoga, Shiryu y Shun platicaban sobre el Pegaso.

—Oigan, ¿no creen que Seiya pronto sabrá la verdad?—explico Shun, ya que a diferencia del Pegaso, ellos si sabían sobre la situación de Saori—Me siento culpable, deberíamos decirle sobre Saori.

—Yo también me siento igual Shun pero decirle implicaría un problema más fuerte. —explico el rubio del grupo.

—Si pero si al final si lo sabe y sobretodo que nosotros lo conocíamos, se enfadara demasiado con nosotros—explico Shiryu nervioso —Además de su sufrimiento, es como si me dijeran que Shunrei...bueno ya saben.

—Lo se pero Marín y Saori son las que ya lo han decidido y si es la única manera para que Seiya regrese a Tokio sin preguntas y sobretodo, sin ella, tal vez sea lo mejor. —sentenció Hyoga dándole un tremendo mordisco a un panecillo.

—O tal vez no. —exclamo una voz a espaldas de ellos. De inmediato el trío giró su mirada hacia su dorso y su sorpresa no fue mayor al encontrar a un compañero suyo.

— ¡Hermano, estas aquí!—gritó Shun alzándose de inmediato para recibirle.

—Solo unos momentos, quise saber si ya estabas bien Shun.

—Si que lo estoy, me asuste algo cuando no te vi al despertar, pero me explicaron que apenas te se, te alejaste del Santuario. —sonriente, Shun se apoyaba del hombro de su igual. Hyoga y Shiryu también le sonrieron, mas un detalle llamo su atención.

— ¿Quién es ella?—preguntó Hyoga, haciendo que todos observaran la pequeña silueta frágil que veía al fénix ansiosa a unos pasos alejada.

—Su nombre es Helen, una pequeña amiga que no tiene nadie, le conocí hace algunos años en un aldea con su abuelo, pero sucedió algo—Ikki recordó aquel capitulo con Shiva y Ágora, alumnos de Shaka mientras la veía a lo lejos, tímida. — Y ella decidió acompañarme esta vez, ya que no tiene a nadie.

—Es muy bonita, ¿por qué no le dices que se acerque?—le dijo Hyoga, llamándola con un ademan. Al instante y un poco recelosa, la pequeña castaña comenzó a acercarse hacia el fénix y el grupo, saludandoles.

—Hola, mi nombre es Helen.

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El silencio que inundaba el pasillo era ensombrecedor y para Seika fue aun peor cuando al entrar a aquella habitación donde se encontraba su hermano, acertó con una figura cual muerto viviente. Marín estaba postrada en una esquina, suspirando lánguidamente mientras Seiya se quedaba mirando a un punto fijo con un par de lágrimas aun sin secar.

Ansiosa, Seika se acerco a la cama con Seiya le tomó la mano. —Seiya ¿qué tienes, te sucedió algo?

Pegaso lentamente le devolvió la miraba y sonrió entre lagrimas jalándola lentamente hasta su pecho.

—Llegó el momento, y ya se ha hecho tarde, vámonos.

Seika se quedo inmóvil ante la declaración. —Regresemos el tiempo Seika, así es como ella lo quiso.

—Seiya...—murmuro Marín sorprendida por su declaración.

—No veo porque esperar más, vámonos hoy mismo al anochecer.

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Tan solo habían pasado unos minutos desde que el Patriarca y Aioros habían dejado el Templo y su mente comenzaba a revolotear ansiosa con la imagen de Seika envuelta en lágrimas. En el fondo su intuición le decía que algo sucedía, que ella no se alejaba por su querer como le había dicho, mas su razón le decía que ya no jugará mas y se mantuviera quieto de aquel asunto. Tenía que ser prudente y cumplir con la promesa de dejarle ir, mas su cuerpo le pedía verle una ultima vez mas, una aquella donde pudiera despejar todas sus dudas y despedirle, grabando su imagen para siempre pero con una sonrisa que calmara su alma. Harto, se alzó de aquel sillón donde le aquejaban sus reflexiones y salió del Templo de Aries hacia el único lugar donde podría encontrarla, la Fuente de Athena.

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Si alguien se lo hubiera dicho, había caminado hasta Sagitario como un completo sonámbulo y es que lo sucedido minutos atrás no le había hecho reaccionar con claridad. Absorto en sus pensamientos, se sentó en las escalinatas de Sagitario, dejándose caer exhausto como si hubiese caminado el limbo entero.

Y entonces aquella imagen le abatía de nuevo. Seika despojándose de su sombrero y ropas, apareciendo como una bella mujer y en ese entonces su aliento se paralizaba. ¿Cielos! si tan solo hubiera confiado en él ,si tan solo no le hubiera mentido, ahora estaría aferrada a ella o quizá ...a él. Pero ya no había vuelta atrás, ella se había ido y quizá de su vida para siempre.

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Mu avanzó lentamente hasta la Fuente y cuando sus pasos titubeantes dieron algunos pasos dentro de aquel lugar, su razón comenzó a traicionarle: Debía volver.

Se quedo unos momentos a mitad de pasillo, pensando en dar marchar atrás. Fue entonces que la puerta donde él había penetrado, se abrió con brusquedad y golpeó su espalda, dejando ver una pequeña silueta de ojos verdes y sencillo aspecto que le miraba tímida y apenada por lo ocurrido.

—Lo lamento tanto señor. —explicaba Helen, alzando sus manos en son de paz. El santo se quedo mirándola unos segundos a sus ojos, tan preciosos e ingenuos como los de Seika, en aquel a primera vez que le vio.

—No te preocupes. —le sonrió el santo, desviando su mirada de inmediato ya que sus mejillas se habían encendido al ser blanco de la atención de la chica.—Esta bien.

—Discúlpeme de verdad. —la joven le tomó del brazo gentilmente, haciendo que el santo se tornara nervioso.

—De verdad que esta bien.

Segundos mas tarde y antes de que la torpeza invadiera al santo, Ikki, Shun, Hyoga y Shiryu penetraron a la Fuente, quedándose sorprendidos ante la aparición de Mu.

—Aries. —murmuró Shiryu alegre.

—Caballeros. —el mayor les correspondió el saludo, sonriendo ante su presencia.—Me alegra verlos de nuevo.

Los jóvenes de bronce no dudaron en abordarle, incluso sorprendiendo ala pequeña Helen por la familiaridad con la que hablaban con el santo.

—Y a nosotros, Mu han sucedido tantas cosas y en tan poco tiempo que poco hemos podido advertir de la presencia de ustedes, los santos dorados.—aseguro Shiryu, haciendo que la pequeña jovencita se apenara y ocultara entre el tumulto ante el admirado hombre.

El albino no dudo en observar a reacción tímida de la joven que se oculto tras Ikki, así que para hacerla sufrir un poco más, pregunto sin reparó. — ¿Quién es ella?

Todos los presentes giraron su mirada hacia la pequeña joven quien se quedo muda ante a mirada particular del fénix. —Ella es Helen, es una amiga de Ikki. —atendió Shun amable, acercándose a ella inesperadamente y atrayéndola de nuevo al frente del grupo.

— ¿Así que tu nombre es Helen?—preguntó el santo sereno.

—Si así es señor. —respondió la joven mordiéndose un labio:¡Diablos! le había pegado a un santo dorado!

—Llámame Mu. —el le sonrió.

—Bien nosotros vamos a ver a Seiya, ¿quieres acompañarnos?—cuestionó Ikki al lemuriano.

—Si también quería verle, vayamos. —el albino dirigió sus pasos en compañía de los otros hacia la habitación del Pegaso, mas al avanzar podía sentirse presa de la mirada tímida de la joven Helen.

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Seika alejo ligeramente el tacto de su hermano, ya que sus palabras y acciones comenzaban a confundirla.

—Seiya...

De pronto, la puerta resonó con unos ligeros golpeteos, introduciendo ligeramente la presencia de Hyoga al ras de la puerta.

— ¿Se puede?

Seika se alejo de la cama mientras Seiya se limpiaba la cara, accediéndole a sus compañeros .Sin embargo, su sorpresa no fue mayor, entre el grupo apareció el santo de Aries. Seika al ver al santo se quedo quieta mientras sus nervios comenzaban a jugarle una mala broma.

— ¡Mu!—grito exaltado Seiya, haciendo sonreír a los presentes. — ¿Qué haces aquí, cómo...?

—Pegaso, me alegra verte bien.

—Y a mi a ti, ¿pero como están los demás santos, y Aioria y Aldebarán?—preguntó ansioso el caballero.

—Todos ellos están bien por ahora y cada uno en sus Templos, también en recuperación.

Sin embargo, las miradas iban y venían entre Seika y Mu, así como las de la pequeña Helen, quien miraba nerviosa al grupo, oculta en un rincón.

—Creo que tiene mucho de que platicar, iré por un poco de agua—tratando de controlar inútilmente sus ansias, Seika tomó una jarra de agua a medio servir y salió de la habitación, sorprendiendo al lemuriano. Marín no pudo evitar reír ante lo obvio de su reacción mientras el grupo observaba confundido a la amazona.

Mu frunció el ceño y decidió seguirla de una forma discreta.

—Caballero, solo pase a darle mis saludos, tengo un asunto que atender ahora mismo, pero le prometo que volveré después.

—Aries no se si después pueda encontrarme. —respondió Seiya causando conmoción en la habitación.

— ¿De qué hablas Seiya?—preguntó Shun.

—Ya lo pensé bien, regresare a Tokio con Seika hoy mismo.

Aquella respuesta hizo retornar las miradas de complicidad entre todos. —Saori así lo dispuso, ya que no pude protegerla, lo único que podría darle sentido a su ausencia será que vuelva con Seika, como si nada de esto hubiera sucedido.

— ¿No crees que lo estas tomando muy enserio, Seiya?—explico Hyoga preocupado por la respuesta del otro.

Como sea, es lo que deseo y así ella.

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Mu aguardó unos minutos antes de salir de la habitación del Pegaso, despidiéndose de una manera muy distinguida, propia del santo y busco entre los pasillos la silueta tímida de aquella mujer que revolucionó su presente.

Tras unos segundos de buscarla con la mirada, encontró a la joven castaña sentada sobre una banca, suspirando mientras veía al techo, como si buscara un poco de valor y aliento. Lentamente y sin reparar en las miradas que pudieran observarles, se allegó hasta ella, quién al ver su silueta parada a su lado, decidió enfrentarle ansiosa removiendo la jarra entre sus manos.

—Mu.

— ¿Puedo sentarme?—preguntó el santo, mientras ella se removía unos centímetros accediéndole, pero sin atreverse a mirarle.

Pasaron algunos segundos entre silencios y fue que, él sonrió, haciéndole mirarle. Seika le miró confundida y espero a que su sonrisa nerviosa acabara.

— ¿Qué es tan gracioso?—preguntó ella amable.

—Tú y yo, escondiéndonos como ladrones sin haber cometido ningún delito.

— ¿Enserio?—ella rió—Yo creí que lo que hice si lo era.

—No para tanto. —respondió el observándole fijamente. —Y ya que te iras y por la confianza que, supongo me tienes, dime, ¿por qué te vas?—el santo miro su ceño apagado—Además de Seiya, claro.

Seika le enfrentó sintiéndose débil ante la mirada preciosa del santo. —Perdóname Mu, perdóname por haber hecho las cosas de esta manera y sobretodo, por haberte herido tanto.

Mu sonrió para si respirando lentamente. — ¿Es por Aioros o por mi?

Seika cerró los ojos con fuerza, no tenia palabras claras para contestar. —Yo...perdóname Mu.

El lemuriano bajo su mirada y negó con la cabeza mientras trataba de asimilar aquella respuesta.

— ¿Así que lo amas?. —el albino murmuro completamente sereno. —Ya no puedes negarlo.

—Mu.

—Me alegra que fuera él y no otro motivo. —explico el lemuriano, dejándole ver un rasgo de tristeza bajo sus ojos.—Aioros es una buena persona y también ha demostrado sentimientos hacia ti, deberías verle una ultima vez y explicarle todo.—suspiro.—Seika, si te vas no le estas protegiendo de nada, solo le estarás causando un dolor más grande a aquel santo.

—Mu tu sabes que todo este sueño que viví contigo y con él, es solo eso, un sueño y esta prohibido, ¿Cómo me puedes decir eso?

—Es que el amor no lo es, Seika. —aquellas palabras ganaron toda necedad de la joven, dejándola sin palabra alguna para argumentar.

Ella rió para si. —Me siento mal discutiendo esto contigo, contigo y aun sabiendo lo que...lo que sucede.

—No porfavor,no lo hagas.

— ¿El que?

—Tenerme compasión, eso es demasiado mísero.

— ¡No por supuesto que no!—afirmó ella y callo unos segundos. —Además se lo que estoy perdiendo con lo que he dicho y me duele.

El santo le miró sin entender.

—No me mientas, vi aquella joven bonita lanzándote miradas. —acertó a decir Seika, haciendo sonreír al santo.—Lo siento ,no pude evitar sentirme incomoda entre ustedes dos.

Mu sonrió.

— ¿Y entonces, que harás?—preguntó él.

—Me ire, asi sin mas despedidas, ya no quiero causarle más daño a Aioros, ya no quiero prolongar más todo lo que sucedió, por eso debo irme esta noche con Seiya a Tokio, será lo mejor.

— ¿Entonces esta es la ultima vez?

—Si así es. —la joven se levantó de la banca y le tendió la mano al santo para levantarse, haciéndole sonreír.

—Gracias,"que caballerosa"

—De nada. —ella le sonrió, avanzando lentamente hacia sus brazos y fundiéndose con el santo unos segundos en su suave abrazo.

—Gracias por todo Mu.

Gracias a ti, Seika.

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Había visto la silueta de Mu desaparecer de la Fuente y tras despedirle, se quedo unos segundos ahí, quieta y de pie, pensando en todo lo que había platicado con el santo. De pronto, la imagen de Aioros la comenzaba torturar y una ansia enorme que le atrapaba la garganta, le pedía agritos salir a buscarle, una ultima vez. Envuelta por su impulso, soltó la jarra y sin dudarlo, echo sus pasos hacia la salida de aquel lugar.

Tomó aquel camino viejo que la llevo desde el principio a esa aventura atravesó por debajo de los Templos hasta Sagitario, una ultima vez.

Subió lentamente por aquella arcaica escalera hacia Sagitario e irrumpió sin reparó en aquel Templo.

Busco con la mirada al dueño de aquel lugar más al cabo de unos minutos de hacerlo, no pudo encontrar en el interior al guardián. Derrotada, la joven castaña se recargo en un pilar cerca de la entrada del Templo y se dedico a observar la poca luz que emana de aquella entrada.

"Quizá no era el momento, quizá debía dejar todo aquello como estaba, quizá era el destino que le decía su necedad que se largara de una buena vez de ahí" Pero de que valía negarlo, su corazón le pedía a gritos la presencia del castaño, ese que solo con su platica, su calidez, su voz era capaz de lograrle hacer locuras y aguardar valor para enfrentar al mundo. Sin embargo, él no estaba más y ella debía irse antes de que Seiya comenzara a hacer preguntas sobre su presencia.

Distraída, poco a poco una sombría sombra con un semblante tan derrotado como el suyo comenzó a acercarse. Quieta, la castaña espero a que aquella figura se dejara ver a contraluz y fue que a escasos pasos de si, esta se detuvo. Seika contuvo el aliento unos segundos y fue entonces que sus ojos dejaron caer una débil lágrima.

—Aioros...

—Seika, ¿qué haces aquí?—preguntó confundido el arquero.

—Necesitaba verte, necesitaba decirte tantas cosas—exclamo ansiosa la castaña. Aioros la miro unos segundos, era preciosa, no podía evitar que ella causara una revolución con su presencia, mas al cabo de unos segundos le dio la espalda, recordándose a si mismo que ella era una mentira.

—Pues no quiero escucharte, así que vete, por favor.

—No me hagas esto por favor y déjame hablar, te diré todo y si quieres después me iré. —suplicaba Seika tratando de contener su propio llanto.

Aioros cerró los ojos con fuerza aun quieto, mientras buscaba valor para alejarse de ella lo más pronto posible.

—Tal vez si hubiera hablado antes, todo seria diferente, pero ahora ya no quiero saber nada.

— ¿Y qué hay de ti?—preguntó la joven haciendo que el santo se girara a enfrentarle—Tu también has mentido.

— ¿De qué hablas?

— ¿No fuiste tu quien dijo que no importaba si era Seiko ó el diablo mismo, que no podías olvidar?—la castaña se limpió las lagrimas toscamente— ¿Porqué con Seika tiene que ser diferente, solo porqué es mujer?

Aioros se acerco hasta ella y la tomó de los hombros, respirando con pesadez— ¡Sabes que no es eso, es cuestión de confianza!

—Se que me equivoque, pero ¿porqué no puedes simplemente perdonarme, acaso no sabes lo difícil que fue para mi, lo has pensado al menos?

—Sabes que no, es...—el santo la miro fijamente unos segundos, embelesado de sus ojos y en instantes, aparto su mirada— ¡Es que como puedes confiar en la persona que mas quieres si ella no lo ha hecho!

Seika calló unos segundos y cuando el arquero se dio cuenta de lo que había dicho, supo que su corazón había hablado de más. Para Seika el tiempo se detuvo, pues aquel precioso hombre que tanto anhelo, por fin le revela lo que sentía. Aioros ya no pudo negar lo inevitable, así que respiró hondo y confirmó lo que tanto esperaba Seika.

—Si Seika, tú me gustas, me gustas demasiado. —afirmo el santo sonrojándose mas que la cintilla que llevaba sobre la cabeza. —Siendo Seiko ó Seika, ¡no puedo olvidarte!

Ni yo a ti, Aioros. —afirmó ella con la voz hecha un nudo.

Envuelta en el ensueño, la joven busco con sus manos el rostro del santo y lo envolvió suavemente entre ella, haciéndole mirarle haciéndole tensar al enfrentarle:

Te quiero Aioros.

El santo se quedo mudo ante la confesión mientras sus manos buscaban por fin abrazar aquella fina silueta de Seiko entre sus brazos, tomando su cintura delicadamente y afianzándola por instinto a su cuerpo. Su aliento estaba tan cerca y sus labios ansiosos por arrebatarle hasta su ultimo suspiro, podía haber dolor de por medio, pero ambos de anhelaban con ansiedad. Así que sin dudarlo, el santo lentamente aproximo su aliento hasta ella y atrapando sus labios entre los suyos en un suave y cálido movimiento, nada como la primera vez.

Era exquisita la sensación cálida que embarga a ambos, eran solo ella y él en un fino y mágico momento que segundo a segundo se convirtió en un ávido y ansioso beso, avanzando lentamente hasta el pilar aquel donde Seika había estado minutos atrás. Al sentir el frio mármol en su espalda, la joven abrió los ojos uno segundos, haciendo que el joven santo se lajera a unos centímetros y le miraba sonrojada.

— ¿Qué sucede?—preguntó el castaño vehemente.

Perdóname ,por favor.

—Si no puedo estar sin ti, ¿acaso podría no hacerlo?

Complacida, Seika se abalanzo a los labios del arquero continuando su juego ansioso de deseo. Sus cuerpos comenzaron a encenderse y pronto, aquellos besos inocentes habían desaparecido, cubiertos de pasión. El arquero removió aquellos mechones de chocolate y comenzó a descender por el cuello de la joven, deseando quedarse en su cuerpo por siempre. Seika llevada por el jugueteo, se dejo cargar por el santo, avanzando hasta el sillón donde cayeron rendidos a sus deseos.

— ¿Estas segura?, no quiero herirte.

La castaña le hizo callar. —Te quiero y así quiero que sea.

Continuara...

Lindos lectorcitos, una disculpa por no poder actualizar antes, tenia algunas prioridades y unas vacaciones que me tome en la playa con mi bello arquero. Espero les haya gustado y ahora que regreso a la uni, tratare de no tardarme ya para lo que es el final. Les mando un beso y agradecimiento por sus bendiciones y palabras para esta autora ,gracias por la confianza y paciencia.

Por cierto, Helen es una jovencita que sale en el anime en la parte del enfrentamiento de Virgo (Shiva y Ágora alumnos del mismo, según) y Fénix, muy linda.