TÚ O NADIE
DISCLAIMER: Historia basada en la telenovela "Sortilegio" de María Zarattini con los personajes de los "Juegos del Hambre" de Suzanne Collins. Escrita con cariño para mi amiga Ana Karen.
CAPITULO 11
Decir que estoy nerviosa es quedarme corta. Mis piernas tiemblan mientras el corazón amenaza con salírseme del pecho en cualquier momento. Peeta entra cerrando la puerta tras de sí e impidiéndome encender la luz, lo cual aumenta mi ansiedad.
-Déjala así –Dice aprisionando de nuevo mi cuerpo contra el suyo y la pared haciendo que nuestros alientos se combinen- La oscuridad es cómplice de la intimidad.
Como puedo consigo deshacerme de su aprisionamiento y empiezo a caminar por la habitación con él a mis espaldas, cada uno sin decir una palabra pero sintiendo a cada paso el ambiente cargándose de emociones silenciosas y confusas.
-Esta casa la construyó mi padre con la ilusión de tener una familia numerosa –Observa todo a su alrededor mientras avanza- Pero como verás solo somos Cato, Annie y yo… Unos hermanos muy particulares.
-¿También con ella te llevas mal? –Agrego recostándome a la pared mientras lo escucho hablar detenido en su lugar.
-Bueno, en realidad mi único problema siempre ha sido Cato, me imagino que nunca aceptó que yo fuera su hermano y por eso siempre descargó su coraje en mí, sin embargo, con el tiempo eso me dejó de importar.
Sigo de pie junto a la pared mientras lo observo sentarse en el suelo de la habitación sin dirigirme una mirada y con una nostalgia enorme mientras me cuenta partes de su vida que al parecer si le afectan.
-Aun cuando los demás lo piensen, esta nunca ha sido una verdadera familia, Annie se convirtió en una mujer fría una vez papá murió haciendo que sus relaciones con otros fueran difíciles, ahí tienes a Finnick que es como una especie de rehén en esta casa y aunque la ama sé que un día puede cansarse. Cato y yo por otra parte nos la pasamos todo el tiempo peleando y mi madre mediando entre uno y el otro.
En sus ojos puedo ver dolor y eso hace que sienta compasión por el hombre que tengo frente a mí porque aunque al parecer lo tiene todo eso no le ha alcanzado para ser feliz. Decido acompañarlo sentándome a su lado sobre la alfombra.
-¿No será que la rabia de tu hermano radica en que tu padre te dejó la administración de todo a ti?
-Sí, seguro que su enfado aumentó a raíz de eso pero su rencor viene de atrás.
-¿Y porque tu padre tomó esa decisión?
-No lo sé, mi padre fue un hombre justo, lo que pasa es que Cato siempre fue rebelde, se metía en problemas y a parte no terminó su carrera porque lo expulsaron de la universidad, sin embargo, él es o era el vicepresidente de la constructora, como sea es su decisión trabajar o no, la verdad es que yo tengo la obligación de mantenerlo a la medida de nuestra posición y hasta el día de su muerte. –Su mirada es sombría y triste hasta el punto que por primera vez en la vida no me mira a los ojos haciendo que sienta el impulso desesperado de abrazarlo aunque me contengo.
-Y ahora sucede todo esto del accidente… Me salvé de milagro y me encuentro con que estoy casado con una mujer como tú. –Vuelve sus ojos hacia mí haciéndome sentir intimidada.
-Yo no tengo nada de especial, tienes amigas elegantes y ricas…
-A mí eso no me interesa –Dice al tiempo que toma mi mano atrayéndome hacia él- Lo que me importa es lo que hay aquí adentro. –Acaricia suavemente mi cabeza- Y aquí –Y luego pone su mano en mi pecho justo en el lugar donde mi corazón late a mil.
Un suspiro involuntario sale de mi boca al tiempo que cierro los ojos al sentir su cercanía. El calor que emana su cuerpo no pasa desapercibido para mí y aunque tengo mucho miedo empiezo a abandonarme a mis sentimientos, aquellos que no he sido capaz de reconocer públicamente ni siquiera a mí misma.
-Ahora volvemos a la pregunta inicial ¿Qué sientes por mí? -Sus azules y penetrantes ojos se clavan en mi rostro que de seguro empieza a enrojecerse y como casi todas las veces me quedo sin palabras porque no sé bien que responderle.- Tal vez sea muy tonto al decírtelo pero te estás metiendo en mi interior y esa es toda la verdad.
Sus palabras hacen que las mías se atoren en mi garganta ¿Cómo puedo responder ante todo eso? Dios mío ¡Soy tan tonta! –Bueno yo…
-La verdad por favor. –Sus ojos suplicantes están a la expectativa de mi respuesta.
-Estoy asustada.
-Sí, eso ya me lo dijiste y sé que Cato es…
-No, no, no, no, no es por eso… Tengo miedo –Mi corazón a punto está a punto de estallar mientras mis manos acarician su rostro- …Mucho miedo, de enamorarme de ti.
Peeta suelta un suspiro al tiempo que cerrando sus ojos invita a mis manos a acariciar su rostro y tomando una de ellas besa cada uno de mis dedos con tanta delicadeza que hace que me estremezca. Luego su rostro se pone junto al mío tan cerca que nuestros alientos se confunden pero aún más nuestros corazones cuando suelta esas palabras. –Enamorémonos mi vida.
Y diciendo esto último une sus labios con los míos en un vaivén suave y tormentoso que hace que de inmediato un escalofrío recorra mi columna vertebral logrando que mis temores por lo menos momentáneamente salgan de la habitación.
El beso es tierno y suave pero cargado de emociones que bailan en el interior y se exteriorizan en cada parte de mi cuerpo. Mis manos se posan en su pecho y de allí lentamente suben hasta su cuello mientras las suyas toman mi rostro firmemente haciendo que no haya nadie más que nosotros y este momento.
Sus hábiles labios trazan cada una mis emociones ocultas mientras su lengua recorre el interior de mi boca haciéndome sentir tan viva como nunca antes. Sin embargo, detiene nuestro beso y me mira mientras su perfecta boca traza una sonrisa contagiosa que no logra distraer lo que en mi interior pienso sobre este instante ¿Podría ser aún mejor? No lo sé, pero lo que si se es que por primera vez en mi vida no siento miedo porque confío plenamente en el hombre que tengo frente a mí y del que siento sin temor a equivocarme que me estoy enamorando como una tonta.
Y allí está frente a mí, el hombre más hermoso de todo el mundo, un perfecto ejemplar de masculinidad que al menos parece ser mío momentáneamente. Me observa un poco más mientras sonríe y me hace sonreír con él distrayéndome de su próximo movimiento. Justo el momento en que empieza a quitar su camisa y yo me congelo. Esto está pasando de verdad.
Su pecho medio desnudo es todo un espectáculo imposible de no admirar, sin embargo soy inexperta y me siento un poco anonadada por lo cual torpemente me levanto del suelo tratando de huir de algo que en el fondo deseo, aunque me asuste.
Dándole la espalda quedo de pie frente a la pared sintiendo como se aproxima a mi aun con su camisa cubriéndole solo los brazos. Toma uno de los míos al tiempo que besa mi hombro y luego mi cuello con una suavidad exquisita y a la vez torturante.
Cierro mis ojos escuchando el boom de mi corazón cada vez más fuerte mientras una de sus manos va por el nudo de mi camisa y por fin lo entiendo. No hay nada que pueda hacer contra eso y nada que quiera en realidad. Estoy perdida. Y rindiéndome ante el dejo que me ponga frente a frente con sus ojos azules al tiempo que mi camisa sale por mis hombros con cada beso que me da.
El contacto de sus labios con mi piel es tan correcto que no me quedan fuerzas para impedirlo y aunque mi estómago está deshecho por la revolución de mariposas en él me permito sentir cada vez un poco más empezando por mis hombros y subiendo por mi cuello hasta llegar a mi boca que lo desea como nunca he deseado nada en mi vida.
Y me rindo por fin y me hago participe de esto tomando su camisa y acabando de sacarla de sus brazos dejando al descubierto la belleza de su cuerpo. Él sonríe mientras yo siento un poco de vergüenza al ver mi propio cuerpo a la intemperie por lo cual tomo su camisa poniéndola como barrera entre los dos.
Allí de pie en mi habitación empieza una danza suave de labios en la piel de cada uno. Los suyos recorren mis hombros mientras su nariz la acaricia de cuando en cuando al tiempo que los míos tocan su piel no con experticia pero sin con ansiedad. Luego toma mi mano y me conduce a mi cama pero decido ir sola, él se adelanta al tiempo que empieza a desnudar la otra parte de su cuerpo tirando de sus pantalones para que pueda verlo en ropa interior.
La luz está apagada pero la luna al parecer se ha confabulado esta noche con Peeta porque por mi ventana deposita tenues rayos que nos permiten a ambos observarnos y distinguir cada parte de nuestra anatomía expuesta haciendo que sienta un poco de vergüenza. Nunca he visto a un hombre desnudo y jamás he dejado que alguien me vea así.
Luego de haber dejado sus pantalones atrás se acerca a mi muy despacio tomando una de mis manos y besando cada dedo al tiempo que con su otra mano me quita su camisa y luego va por mi sostén haciendo que en un segundo mis pechos estén al descubierto ante él.
Ya no quedan barreras porque ni siquiera el temor hace que me eche para atrás, en cambio siento que necesito todo esto y al momento en que me pone sobre la cama para acabar con el resto de mi ropa y la suya cedo sin objeciones sintiendo cada una de sus caricias multiplicada por un millón.
Sus labios que en definitiva saben lo que hacen se posan una vez más sobre mi piel desnuda quemándome con su contacto no solo por fuera sino también en el interior y con cada lugar que recorren ratifican una vez más que no me equivoco, que esto es lo que quiero porque no hay un hombre en este mundo al que quisiera entregarle todo de mí más que a Peeta Mellark… Solo a él… Solo a ti mi amor… Porque eres tú o nadie.
Y justo en el momento en que mis pensamientos vuelven a ser coherentes su boca se traza un camino que empieza en mi ombligo y baila en mis caderas llegando hasta lo más profundo de mi ser haciendo que pierda la razón.
Un rato más y sube hasta mis senos donde traza con su lengua cada contorno, cada montaña y valle y como un volcán en erupción mi corazón estalla en mi pecho mientras millones de emociones me inundan. Luego sus labios encuentran el camino hacia mi boca al tiempo que sus manos recorren una a una mis curvas con suavidad pero todo es una distracción que se acaba por completo al momento en que con cuidado se funde en mi interior haciendo que me sea difícil pensar y que un dolor indescriptiblemente placentero se apodere de mí.
Estando sobre mí se detiene un momento para examinar mi reacción y mientras me ve a los ojos puedo ver las pupilas de los suyos dilatadas por el deseo que demuestra por mí, el mismo que no puedo aplacar por él.
-¿Estás bien? –Pregunta con voz aterciopelada aunque jadeante y yo solo puedo asentir- Eres tan infinitamente bella…
Y entonces ocurre. Todo el miedo se va y el dolor se minimiza y se transforma en anhelo y en felicidad. Tomo su rostro entre mis manos y lo beso como nunca lo he hecho antes motivándolo a continuar e instándolo a empezar a balancearse sobre mí. Sus movimientos primero son lentos pero luego aumentan el ritmo a medida que siente que mi cuerpo se acomoda al suyo aceptándolo por completo.
No se describir todo lo que siento pero si sé que es lo más hermoso que me ha pasado en toda la vida y que no quiero que termine porque lo que estoy sintiendo por Peeta es grande y no se compara con nada. Sus besos siguen repartiéndose por mi cuello y mi boca mientras las lágrimas empiezan a rodar por mis mejillas sin parar. Es la primera vez desde que lo conocí que lloro por algo distinto que el miedo o las amenazas, esta vez sin poder evitarlo lloro de felicidad, ni siquiera de dolor porque no es nada comparado con todo lo bello que me invade ahora mismo.
Mientras sus dedos me acarician suavemente, los míos se clavan en su espalda por cada uno de sus movimientos, jamás pensé en cómo sería la primera vez que estuviera con alguien pero esto en verdad supera mis expectativas y cuando ya parece ser hora de terminar siento algo aún mejor. Una sensación inexplicable de estar allí y no estarlo al tiempo, algo que se parece a caminar entre nubes sin poner los pies sobre nada, algo como dormir y soñar con la felicidad y despertar sintiéndome de la misma manera una y otra vez.
De un momento a otro los movimientos terminan y ambos tomados de la mano explotamos en sensaciones, lo sé porque lo veo en su rostro y sé que él lo ve en mis ojos. Después se pone a mi lado y me envuelve en sus brazos al tiempo que llena de besos mi rostro.
-Eso fue realmente extraordinario.
-Lo fue. -Es lo último que digo antes de caer rendida en los brazos de Morfeo.
Despertar en la mañana y recordar cada detalle tan vívidamente es una experiencia única e inmejorable y mucho más al verme aun envuelta en sus fuertes brazos.
-¿Dormiste bien mi amor?
-Sí, muchas gracias ¿Y tú?
-Nunca he dormido mejor.
Me sonrojo ante sus palabras y luego de pasar un rato más en la cama hablando de nosotros, ambos decidimos que es tiempo de levantarnos y empezar el día. Una vez regresa a su habitación tomo una ducha que relaja mi cuerpo dolorido por el esfuerzo de la noche anterior y que me recuerda que ya no soy más una niña pues en sus brazos volé tan lejos como me fue posible convirtiéndome en toda una mujer.
Me pongo ropa cómoda y empiezo a poner mi cabello en una trenza cuando escucho golpes en la puerta.
-Preciosa ¿Estás lista? –Su voz tiene el poder de sobresaltarme y emocionarme al tiempo.
-¿Lista para qué?
-Tu padre llamó.
-¿Que? ¿Cuando? ¿Qué te dijo? –Le digo suplicante al tiempo que me levanto y me encuentro con él de frente.
-Tranquila, él está bien, dijo que regresó a tu casa en el distrito.
-¿Que estamos esperando? Hay que ir por él. –Contesto al tiempo que lo tomo de la mano.
Realmente no tardamos mucho en salir pues el chofer tiene lista su camioneta rápidamente y una vez emprendemos el camino a mi casa siento que por fin mi situación está empezando a cambiar, sin embargo me siento ansiosa al no haber hablado antes con mi padre y comprobar que en verdad está bien.
-¿Estás seguro de que está bien?
-Cuando hablamos me lo parecía pero si quieres puedes llamarlo. –Dice entregándome su celular el cual decido no aceptar porque en verdad me veo paranoica.
-¿Falta mucho?
-Ten paciencia nena ya casi llegamos y podrás comprobar por ti misma que allí está tu padre.
Trato de calmarme durante el viaje porque creo que en verdad estoy exagerando, sin embargo, las repetidas muestras de afecto de Peeta quien me tiene abrazada y me besa cada que puede tampoco me ayudan y no porque me desagraden sino porque me siento un poco apenada con el conductor.
-Me da un poco de vergüenza Peeta.
-¿De qué mi amor? No te apures –Sonríe mientras acaricia mi mejilla- Es normal que dos recién casados se demuestren su afecto.
-Pero tú y yo no… -No puedo terminar la frase porque Peeta se apodera de mis labios una vez más.
-Tu y yo –Dice señalándonos a ambos- Ya somos marido y mujer. -Suelto un suspiro mientras bajo la mirada- Ya se lo que estás pensando pero mejor luego hablamos de eso ¿Te parece?
Al cabo de un rato arribamos al distrito y de ahí vamos directo a mi casa y una vez nos hemos bajado de la camioneta Peeta le pide al conductor que aparte una habitación en el mejor hotel de aquí, cosa que me parece innecesaria porque en verdad quiero quedarme en mi casa y hablar con mi padre largo y tendido, sin embargo, aunque trato de oponerme Peeta no me hace caso.
-Mi cielo, no tiene caso que molestemos a tu padre, además vamos a estar más cómodos en el hotel. –Dice coquetamente al tiempo que me aprisiona en sus brazos y deposita en mi mejilla pequeños besos.
-Pero ¿Qué pasó con lo del divorcio?
Peeta sonríe y yo me sonrojo. -¿Después de lo de anoche todavía te quieres divorciar? -Ambos reímos y él continua- Estas hiriendo profundamente mi orgullo masculino mi amor.
Sus palabras me causan mucha simpatía y con toda la ternura del mundo lo beso al tiempo que pongo mis manos alrededor de su cuello aun sonriendo. –Tenemos que hablar sobre eso.
-Bueno, me parece justo.
Una vez dejamos el coqueteo de lado abro la puerta de mi casa para encontrar que está muy silenciosa, sin embargo, en la cocina hay luz, lo cual me permite deducir que mi padre efectivamente está aquí.
-¿Papá?
Lo llamo sin conseguir respuesta y una vez estoy en la cocina me encuentro con la visión más aterradora del mundo. Mi padre esta tendido en el piso inconsciente y con golpes por todos lados. Rápidamente me acerco a él y con los nervios de punta trato de hacerlo reaccionar al tiempo que siento a Peeta en mi espalda.
-¡Papá! –No responde y eso me pone cada vez más mal haciendo que las lágrimas empiecen a caer por mis mejillas- ¿Papi qué te pasó? –Lo muevo sutilmente pero no responde.
-Mi cielo, no lo muevas porque puede tener lesiones internas, hay que llamar a una ambulancia.
-Sí, cerca de la mesa del teléfono hay una guía. –Le contesto mientras abrazo a mi padre que tiene su cara totalmente cubierta de sangre.
-Papi, respóndeme ¿Quién te hizo esto?
De repente mi padre empieza a reaccionar y como puede abre uno de sus ojos al tiempo que veo como las lágrimas caen por su rostro.
-¿Estás bien hija?
-Si papá, Peeta fue por nosotras.
-Yo lo sabía, ese muchacho te quiere mucho. –Veo que le cuesta muchísimo hablar y a mí también por los sollozos.
-Papá por favor dime ¿Quién te hizo esto?
-Eso no importa, solo me alegra… Me alegra que estés bien.
-¡Ay papi! –Acaricio su cabello con una mano mientras con la otra sostengo la suya.
-Hija lo lamento mucho.
-No digas eso, gracias a ti estamos bien pero ¿Por qué te fuiste?
-Te lo expliqué en la carta.
-Sí pero no debiste hacer eso, ¡No sabes lo preocupadas que estábamos! –Estoy muy exaltada y nerviosa.
-Lo lamento cariño.
La ambulancia no tarda mucho en llegar y una vez estamos en el centro médico del distrito Peeta se hace cargo de todo porque yo estoy descolocada. A mi padre lo entran a una sala donde no podemos acceder y una vez eso pasa la espera angustiante empieza y dura horas y horas.
Ya casi entrada la noche Peeta decide ir por un café para ambos mientras yo me mantengo de aquí para allá caminando en un solo punto como una condenada a muerte.
-¿Alguna noticia? –Dice entregándome una taza con café humeante.
-Aun nada. –Y precisamente cuando digo esto aparece el médico que lo está atendiendo- Dr. ¿Cómo está mi papá?
-Afortunadamente no tiene lesiones internas pero está bastante golpeado.
-¿Dice que lo golpearon? –Pregunta Peeta muy serio.
-Bueno, él dice que no, que se cayó pero por el tipo de lesiones que presenta yo tengo mis dudas.
-¿Un asalto?
-No lo sé, tal vez pero su problema principal es en una rodilla, parece una lesión de hace muchos años.
-Sí, tiene usted razón. –Contesto por fin.
-Es evidente que no hizo ninguna terapia.
-En realidad no.
-Bueno, con su permiso yo me retiro y les sugiero que ustedes vayan a descansar, mañana lo daré de alta y podrán llevarlo a casa.
-Muchas gracias Dr.
-Para servirles.
Una vez el Dr. se retira Peeta se dirige a mí. -¿Nos vamos?
-Yo prefiero quedarme.
-Bueno, entonces me quedo contigo.
-No, no me hagas sentir peor de lo que me siento, bastante has hecho por nosotros.
-No digas eso, yo estaré siempre para ti. –Sus palabras son reconfortantes en este momento- Pero Katniss ¿Qué crees que pudo haberle pasado a tu padre?
-La verdad no tengo idea pero algo me dice que Cato puede tener mucho que ver. –Le comento.
-Lo mismo pensé.
Luego de un rato más me permiten ver a mi padre con quien no consigo hablar porque al parecer le han administrado unos fuertes sedantes que lo han puesto a dormir, lo cual me tranquiliza de momento, no obstante, hay algo bueno en todo esto y es poder descubrir el lado humano de Peeta que no me ha dejado sola ni un momento.
-Vamos a la cafetería a comer algo mi cielo, te ves un poco pálida.
-Está bien. -Acepto mientras él me toma de la mano y ambos nos conducimos al lugar donde ordenamos algo sencillo.
-Preciosa, deberíamos ir a descansar un rato.
-No Peeta, ve tú, en verdad quiero quedarme para estar al pendiente de mi padre.
-¡Que terca eres! Y hablando de terquedad, espero que no pongas trabas mañana que regresemos al Capitolio, estoy seguro de que tu padre estará mejor cuidado allá.
-Ay Peeta, en verdad te agradezco tu amabilidad pero no pienso que sea buena idea volver a tu casa, además no es adecuado vivir a tus expensas y mucho menos cargarte la responsabilidad de mantener a mi padre.
-¿Y de qué piensan vivir?
-Bueno pues recuperaré mi antiguo empleo.
-¿Ah sí? Pero eres mi mujer. –Dice sonriendo.
-No soy tu mujer.
-Claro que sí, ya eres mi mujer. –Bajo la mirada al tiempo que me sonrojo- Ay nena, querías hablar sobre lo de anoche ¿No es cierto? ¿Por qué no hablamos entonces?
-Pienso que no debió suceder.
-Pero sucedió y… Me alegra profundamente. –Mantiene la misma expresión.
-Porque te saliste con la tuya. –Le digo acusadoramente.
-Katniss –Toma mis manos al tiempo que se acerca a mí- Si lo único que me hubiera importado fuera eso, ahora mismo no estaría aquí contigo en este hospital esperando a que tu padre se sienta mejor para regresarlo al Capitolio con nosotros.
-Lo que pasa es que… Eres muy bueno…. –Esquivo su mirada.
-No, no se trata de bondad mi cielo –Toma mi rostro para hacer que vuelva a verlo- Se trata de comprensión y de afecto.
-¿Cómo puedes sentir eso por alguien que de repente se metió en tu vida causándote un montón de problemas?
-No lo sé y tampoco me lo cuestiono, solo sucedió. –Pone una sonrisa coqueta.
-Pero no puedes…
-¿Por qué? Dame una buena razón.
-Es que… No me lo creo.
-¿Y qué tengo que hacer para que me creas?
-No tienes que hacer nada más de lo que ya has hecho, en realidad soy yo la del problema. –Vuelvo a desviar mi mirada al tiempo que lo escucho suspirar.
-¿Y crees que ese problema pueda eliminarse con unos cuantos besos? Se acerca a mí y suavemente toma mis labios aunque no me impide seguir hablando.
-Los besos te pueden confundir pero no borran…
-Pero de todos modos ayudan mucho. –Termina por callarme con un beso apasionado que termina en un abrazo fuerte- Mi vida ¿Por qué no nos vamos al hotel?
-Peeta...
-¿Qué? Solo un rato, descansamos, nos damos un baño… Además ya oíste al médico, tu padre está bien y dejaré a Castor al pendiente para que nos avise cualquier cosa que pase y te prometo que estaremos aquí en 5 minutos.
Pone una cara tan tierna que me es imposible ignorarlo y sin embargo no contesto nada pero él no se da por vencido. –Vamos. –Me besa una vez más- Anda por favor ¿Si?
-Está bien. –Digo con una sonrisa.
-Muy bien, voy a preguntar cómo sigue tu papá y luego nos vamos.
Se levanta dejándome con el corazón latiendo fuertemente porque estoy segura de saber cuál es su insistencia por irnos a descansar y una vez regresa y tomamos un taxi al hotel los escalofríos empiezan a bajar por mi columna.
Ya en el lugar empieza a besarme tan solo luego de haber entrado por la puerta de la habitación y una vez más empieza a liberarme de cada una de mis prendas. La primera vez fue difícil no sentirme avergonzada pero aunque aún me queda algo de pudor esta vez soy mucho más cooperadora mientras cubre con besos mis labios y mi cuello.
-Preciosa ¿Porque estás tan nerviosa?
-Porque pienso que esto es un sueño.
-No, no es un sueño, es nuestra realidad.
Y diciendo esto vuelve a besarme llenando con sus labios cada espacio de mis hombros mientras con sus manos acaricia mi cabello y me libera de mi sostén para besar mi espalda y volver a encontrarse con mis labios.
-Te amo Katniss. –Dice al tiempo que detiene el beso y de paso mi corazón acunando mi rostro mientras sus ojos brillan extraordinariamente- Te amo. –Repite.
Y sin pensarlo o mejor sin dudarlo un instante yo le digo lo que tal vez ha querido escuchar hace mucho y que hasta ahora me atrevo a aceptar. –Yo también te amo…
Me besa en los labios con más fervor y luego se transporta a mi cuello mientras me da chance de seguir expresando lo que viene que es lo que más temor me causa. –Pero, pero sentir estas cosas tan de repente, tan rápido me da miedo. –Me encuentro con su rostro al tiempo que lo veo agacharse para tomarme entre sus brazos llevándome hasta la cama mientras continúa besándome.
-Así empieza todo mi amor, un hombre y una mujer solo se miran y de repente algo cambia entre ellos… -Se pone sobre mí acariciándome y besándome sin cesar.
-¿Y si es pasajero?
-Solo depende de nosotros que no lo sea.
Y solo bastan esas palabras para hacer que mi corazón se ponga en sintonía con el momento y me permita abandonarme a la sensación de ser suya, solamente suya una noche más.
~.~.~.~.~.~.~.~.~
.~.~.~.~
.~.~
¡Hola! La verdad me siento satisfecha de este capítulo porque sé que es algo que todos estábamos esperando, no solo por la pasión que se han profesado sino por los sentimiento que han salido a flote, aquí lo dejo para que puedan juzgarlo.
Johanna.M: Me encantan tus comentarios en definitiva y pues como en la mayoría de capítulos aquí pasaron muchas cosas. La verdad es que lo hago de esta forma porque la historia es un poco extensa y aunque la he manejado a mi antojo (Por ello digo que no es un adaptación exactamente sino que me baso en ella) aun así hay mucho por contar. Espero que te haya gustado el capítulo porque me esmeré muchísimo en escribirlo.
Laura: ¡Pues creo que has debido sacar el champagne porque lo hizo! por fin le confesó lo que siente por él y lo que es más importante, se lo reconoció a sí misma.
Alejandracottom: Yo también amo mi trabajo pero el papeleo que hago es innecesario porque sé de buena fuente que no lo utilizan como se supone que debieran, quiero decir, ¡Ni lo leen! Como sea lo que más disfruto de mi trabajo es el contacto con las personas y todo lo que puedes aprender de ellas, me deja maravillosas experiencias. Con respecto al comentario, al parecer la interrupción de Boggs fue necesaria porque eso los hizo caer en cuenta de que no pueden andar intimando por ahí, no hay nada como la habitación. Qué bueno que quedaste picada porque considero que este capítulo fue muy entretenido.
Ady Mellark87: Jajajaja pues creo que esto esclarece muchas cosas. Me causo muchísima gracia lo de "cuerpo-matick" porque lo que pasó entre esos dos fue puro y físico amor, aunque tenga que pasar por muchísimas pruebas.
Ana Karen Mellark: Gracias por todos tus comentarios, definitivamente ya te extrañaba pues sabes que eres la causante de todo esto amiga. Las cosas como ves cada rato se ponen mejores y espero que sigas en sintonía de esta bonita historia hecha con cariño para ti.
¡A todos mil gracias por seguir conmigo!
Un abrazo de oso.
Giselle Jay.
