María de Guisa arribó a las habitaciones de su hija haciendo un gran estruendo al entrar. la reina de Escocia por su parte se sobresaltó al ver caminar a su madre hacia ella con una cara que parecía un demonio recién salido del infierno. Una vez estuvieron madre e hija frente a frente una bofetada resonó en las habitaciones de María Estuardo lo que provocó que las dama de la reina dieran un ligero respingo. Greer y Kenna jamás vieron a madame de Guisa sobresaltarse de esa manera, mucho menos pegar a su hija.
Después de la primera se escuchó una segunda, una tercera y una cuarta bofetada habría existido una quinta de no ser por la osadía de la hija, que alcanzó a detener el brazo de su madre cuando iba a medio camino. María Estuardo tenía las mejillas rojas y los ojos llenos de lágrimas en cambio María de Guisa temblaba de arriba a abajo inclusive le castañeaban los dientes.
Era obvio que algo había salido mal de aquella reunión, María de Guisa salía con todo el optimismo del mundo de las habitaciones de su hija pero al regresar, la situación francamente había sido otra. Una vez más calmada la madre exigió vino a vociferaciones las criadas solicitas atendieron su llamado; llenando una copa de un hermoso color tinto.
—Ahora comprendo a tu padre.—decía la madre mientras daba vueltas por las habitaciones de acá para allá.—Con una mujer iba a acabarse su linaje y vaya qué cierto era, si tan solo hubiese pensado qué ibas a ser tan arrebatadamente estúpida jamás te habría enviado a Francia. En ese convento hubieras estado mejor.
María, la hija soportaba cada reclamo en el mayor de los silencios o sea que la reunión fue peor de lo que ella podía imaginarse. Estaba sola, y sola debía seguir luchando a no ser que encontrara la manera de convencer a Sebastian de que debían casarse lo más rápido posible. Le asustaban los rumores de la corte, a esas alturas ya estaba al tanto de todo, la traición de Lola era algo que todavía le dolía pero aún más le enojaba el hecho de que estuviera en Saint Clarie embarazada.
Mientras tanto, ella se quedaba en esa horrenda corte a la espera de que alguien le dijera qué era lo que se había decidido.
—¿Qué es lo que te han dicho madre?.—aventuró a preguntar. En un anhelo por que su madre dejara de caminar, tantas vueltas estaban empezando a marearla y de paso la comenzaban a sacar de sus casillas.
María de Guisa se rió irónicamente del gran interés de su hija, claro, claro recordaba que apenas entró a sus habitaciones le dio buena reprimenda por estúpida.
—Será mejor que tomes asiento querida hija, creo que esta noticia te caerá como una patada en el hígado, justo como me sentó a mi.
Poco a poco María fue sentándose en la orilla de su cama justo delante de su madre para ver la verdad en sus ojos. Muchas veces fueron las que escuchó mentiras por parte de María de Guisa, no obstante; temía que esta vez las noticias que recibiría no iban a ser del todo agradables. Desde que Francis se declarara su primer enemigo no paraba de recibir malas noticias dentro de la corte francesa.
—María Tudor ha muerto.
—Bueno.—dijo la reina de los escoceses en tono cortante.—¿Que es lo malo del asunto? Yo estoy en la línea de sucesión como siempre has dicho.
Madame de Guisa bufó, se le olvidaba que buena parte de sus mentiras también las había creído su hijita. Comenzó a relatarlo todo desde el acta de sucesión de Enrique VIII, de cómo ella no figuraba entre los herederos del monarca Tudor y lo del compromiso de Isabel con Felipe de España al terminar; su hija estaba trémula de espanto si antes pudo dominar las lágrimas un poco, ya caían sin reparo de sus ojos.
—Si no te hubieras dejado embaucar por ese hechicero no estuvieras en esta penosa situación. María tantos años, tanto esfuerzo para que al último hicieras lo peor que pudiste haber hecho. Ahora que ya se sabe que no estás en la línea de sucesión inglesa dejarás de tener importancia.
Fue entonces donde ella se asustó con justa razón su vida siempre fue tormentosa desde que llegó al mundo trajo problemas, su nacimiento se vio compensado con la muerte de su padre y su reclamo al trono inglés con guerras civiles en Escocia por parte de los protestante que clamaban la presencia de su reina ausente durante tantos años; con esa noticia que su madre acababa de darle sencillamente había terminado de creer que era un pájaro encerrado en una jaula.
—Me mentiste todos estos años.—recrimino—me hiciste creer que tenía derechos al trono de Inglaterra, me metiste en la cabeza que antes de Isabel estaba yo, ¿A qué estabas jugando cuando ideaste eso madre?
—Estaba jugando a planear para ti un buen futuro, ¿Sabías que estabas comprometida con el hijo de Enrique VIII?—Madame de Guisa hablaba con sorna.— Pues bien. Enrique quería gobernar Escocia a través de ese matrimonio, pero tus lores escoceses no estaban de acuerdo, así que buscamos mejores alianzas y bueno. De allí surgió la idea de comprometerte con el heredero de Francia, ¿Pero qué haces tú años después? Echarlo todo a la borda por una tonta predicción.
—¡Nostradamus no miente!—María estaba ya exaltada, ella misma había vivido las predicciones de ése, a quien su madre llamaba despectivamente mago. Y no; desafortunadamente no era algo que ella pudiera ignorar la muerte de Aylee le sirvió de alarma para comenzar a dejar de hacer caso omiso a las palabras del vidente de Catalina.—Lola, Kenna, Greer y yo fuimos testigos de que no miente y aún así no me arrepiento de lo que hice, salvé la vida del hombre que amaba.
—Y eso provocará que ese hombre te apuñale tantas veces le sea necesario.—Madame de Guisa cogió a su hija de los hombros al tiempo que le clavaba las uñas.—María, tienes que ser más inteligente. Ahora que ya sabes todo Isabel tiene todo en su poder para aniquilarte, por favor. Trata de que Francisco vuelva a ti, eres bella nada te costará volver a encauzarlo hacia tu camino.
—Ya no puedo.—Los ojos de María volvían a cristalizarse.—Él ya está fuera de mi alcance.
—Lola…
—No es por Lola, es por todo lo que ha pasado.
—María, hija. Por favor esta vez deja que piense la reina y no la mujer pon primero Escocia sobre tus sentimientos y verás que sola llegará la respuesta que necesitas.
La reina de Escocia torció los labios como única respuesta, en parte reconocía que su madre lo que quería era ayudarla pero no comprendía los dictados del corazón de su ás lo había hecho; y era por ello que ahora entraban ambas en conflicto.
(...)
El sol comenzaba a ponerse Agustine y Pauline hacía tiempo que corrieron a esconderse en el castillo siempre habían alardeado que no les gustaba andar dando paseos muy cerca del bosque más aún cuando estaba a punto de anochecer, pero a María reina de Escocia no le importaba el hecho de pasear sola. Luego de la nada agradable discusión que tuvo con su madre durante el día, pasó sola el resto de este encerrada en sus propias cavilaciones si bien desde su arribo a la corte francesa jamás halló un minuto de paz.
Si no era Catalina de Médici era cualquier cosa, pero jamás pudo disfrutar de una estancia tranquila, en ese bello país que era Francia. Ni siquiera su intento de relación con Francis fue tranquila, sus altos y los constantes bajos entre los dos eran motivo constante de riñas y peleas entre ambos. Siempre a causa de las hermosas mujeres que no dejaban de asediar a Francis día y noche.
Quizás ése fue el problema.
Tanto Francis como ella eran inestables cada uno a su manera por ejemplo ella necesitaba formalizar rápido su relación, y Francis quería lo contrario. Mientras ella hacía hasta lo imposible por querer hacer que aquella relación impuesta por los padres de ambos floreciera. Francis parecía estar estoico en el asunto, eso la llevó al desespero, y al mismo tiempo le dio las armas necesarias para que buscara en otro lado las lo que Francis no estuvo dispuesto a darle realmente.
Ahora que veía la situación desde ese punto se podía sentir un poco más tranquila, el aroma a tierra mojada y a pinos le llenó las fosas nasales ella aspiró un poco dejándose llevar por la sensación de libertad mientras apretaba entre las manos la carta que escribió a Isabel. Su prima y recién nombrada reina de Inglaterra.
—¿Con que paseando sola a punto de meterse el sol Su Majestad?
Sebastian le hizo girarse y sonreir, era bueno ver una presencia grata para ella, Bash se acercó rodeándola fuertemente con los brazos.
—¿Qué es lo que tienes entre las manos?
María vio la carta por cuestión de segundos, durante un instante se mantuvo dudativa no obstante si Sebastian iba a ser su esposo supuso que lo mejor para ambos. Era que no hubiesen secretos entre ambos.
—Lee, y dime que piensas.
Su regio prometido tomó la nota, desdobló el papel y leyó con detenimiento cada línea a la luz de las antorchas que iluminaban el camino. Cada vez que le veía de cuando en cuando observaba que cada letra le incomodaba más y más. Cuando terminó le regresó la carta.
—Dime qué opinas, ¿Crees que hice lo correcto?
Por unos instantes hubo silencio y mientras este pasaba María se sentía asfixiar.
—¡Bash!—bramó incapaz de seguir soportando tanto misterio.
Por su parte, el bastardo de Diane de Poitiers se permitió reírse a sus anchas de ella.
—Agradezco que me tomes en consideración, pero, ¿No crees que actuaste precipitadamente? Es decir entiendo que estés asustada por tu nueva situación pero esta carta...le darás a entender que estás lo suficientemente asustada como para hacer cualquier cosa que ella demande.
María se mordió el labio inferior sí reconocía que, en el momento en que la escribió sentada sobre la hierba todavía estaba bajo el efecto de las últimas noticias y aquello francamente la aterraba. Ahora Inglaterra y España estarían nuevamente unidas; mientras que ella tendría que cuidar el terreno que pisaría el resto de sus días con tal de no darle motivos a Isabel para que invadiera Escocia aprovechándose de su nueva situación.
Había veces en las que definitivamente aborrecía el hecho de nacer reina, en las que envidiaba la condición de Greer, de Kenna o de Lola ellas eran libres podían casarse con quien quisieran y por el motivo que les diese mayor gana. Por que simplemente no llevaban una corona sobre la cabeza.
Pero ella no era libre, ella era la reina de Escocia y como tal debía manejarse. Aunque a veces fuera difícil hacerlo. La vida de las reinas era complicada y en cierto punto tediosa.
—Entonces, ¿Cuál es tu consejo?
—Que esperes y no te precipites el tiempo te dirá que debes hacer y cuándo debes mantenerte al margen. Ahora que tu prima sabe que tiene ventaja clara sobre ti tratará de mantener su mente ocupada en tratar de dominar a su esposo español. Lo más que pueda.
María esbozó una sonrisa lo bueno de Sebastian era que siempre encontraba la manera perfecta de calmar sus nervios, era un bálsamo suave que actuaba con prontitud sobre cualquier herida que otros pudieran causarle. Por ello era que cada vez encontraba más virtudes que defectos en aquel encantador bastardo de sonrisa ladina y mirada sincera.
—Oh.—exclamó Bash buscando algo en la chaqueta de cuero, finalmente extrajo una pequeña cajita de cuero.—Mandé encargar esto en París para ti, espero que te guste.
María tomó el paquete ya no recordaba la última vez que abrió un regalo así que como era de esperar. Estaba nerviosa, los ojos de la reina escocesa brillaron al momento en que un hermoso collar de perlas con un dije en forma de rosa se extendía ante sus ojos.
—¿Una rosa?.
Bash se pasó una mano por la nuca, aquel gesto de nerviosismo por parte de alguien que aparentaba ser un roble por fuera hizo reír a la reina de Escocia.
—Es que pienso que eres como las rosas, puedes ser bella, y parecer frágil. Pero cuando intentan hacerte el menor daño sacas las espinas sin pensártelo dos veces. Eres la reina más fuerte que he conocido María, eso es lo que no he dejado de admirar desde que te conocí, siempre te metes en problemas y en ocasiones no es porque tú lo desees abiertamente. No obstante así como te metes en ellos hasta el cuello sales airosa. Es por ello que te admiro.
A María en ese momento se le iluminó el rostro, el hecho de saber que aún podía contar con alguien y no estaba del todo sola. Simplemente servía para calmar sus nervios más de lo que ella podía desear.
Quizás fue por ello que se permitió recargar su cabeza sobre el hombro izquierdo de su acompañante.
Olvidándose del resto del mundo.
