En la Madriguera.

Sirius llegó acompañado de las dos niñas a la Madriguera.

Lyra se presentó ante la señora Weasly con una radiante sonrisa, pero la pelirroja le revisó el brazo rasguñado.

Cris salió afuera, donde estaban el resto de los chicos, para tener una conversación algo más animada. La chica sabía que a Lyra no le iban las curas y mucho menos cuando iban dirigidas hacia ella.

- ¿Qué pasa Molly?- se preocupó el señor Black cuando la señora Weasley fruncía el ceño.

- ¿Cuánto hace que lleva esa herida en el brazo?- le preguntó a Lyra entrecerrando los ojos.

Lyra se miró el brazo, no recordaba que su corte tuviese tan mala pinta, estaba enrojecido por los bordes y abultado el corte recubierto con una fina capa de piel amarillenta.

- Esta herida está infectada- sentenció la mujer- Espérame aquí que traigo lo necesario.

Lyra se quedó depié sin poder siquiera moverse, aterrada ante la idea de lo que iba a hacer la madre de Ron con su brazo. Su padre se acercó hasta ella para examinarle el brazo, puso mala cara al ver la herida.

- Esto es culpa de ese maldito elfo, a saber con qué limpia los crista…- su padre le tapó la boca al ver pasar a Hermione- mmmmmmmmm!- sonrió hacia la chica y cuando la vio desaparecer por la puerta del baño le destapó la boca a su hija.- Somos invitados, no montes follón, Lyra, por favor.

Molly, una señora regordeta, pelirroja y con cara redondeada apareció de nuevo en el salón con una cajita blanca con una cruz roja en la tapa.

- Sirius, con niños en casa es necesario tener un pequeño botiquín- empezó la buena mujer en plan madre comprensiva- Veamos, Lyra, será mejor que te sientes, esto te va a doler un poquito, primero limpiaremos la herida bien con jabón, luego la revisaremos por si hubiese algún cuerpo extraño, para finalizar te aplicaré una poción para su cierre, escuece un poco pero es lo mejor.

Lyra miró a su padre aterrorizada y negó con la cabeza. Sirius sonrió y la sujetó por la cintura antes de que la chica echase a correr.

- Suéltame, papá, suéltame- le pedía Lyra intentando soltar los dos fuertes brazos que la llevaban en volandas hacia la pila de la cocina.

Sirius la dejó depié delante de la pila, le quitó la cazadora y le sujetó de la mano para que Molly pudiese limpiarle bien la herida de la muñeca. La pobre Lyra se revolvía sobre el cuerpo de su padre pero no podía soltarse del agarre.

- Vamos Lyra, que no eres una niña de cinco años- se quejó su padre ante la fuerza que estaba haciendo para retener a la chica- Si me lo hubieses dicho esta mañana, ahora ya estaría curado- la reprendió el adulto.

- Bien- dijo Molly cerrando el grifo, sacó unas pinzas del botiquín y hurgó la herida de la muñeca- Aquí está, es bastante grande, ¿No te pinchaba?

-¡Inyecciones no!- gritó aterrada, huyendo del agarre de su padre.

-¡Lyra!- se enfureció Sirius- ¡Ven aquí!

Los ojos de Sirius echaban chispas de indignación, la niña retrocedía hacia la puerta.

Molly miraba a Lyra sin comprenderla, tampoco le había hecho tanto daño.

- Lyra Deneb Black, aquí- ordenó el hombre moreno señalándose sus pies, ya sin gritar.

La niña negó con la cabeza dando otro pequeño paso hacia atrás, chocando contra un cuerpo grande, cerró los ojos y agachó la cabeza, derrotada.

- No me pinchéis- suplicó en voz baja- Por favor…- su cuerpo temblaba como una hoja.

- Lyra… No te voy a pinchar- aseguró Molly con una sonrisa, esas bárbaras prácticas no iban con ella.

- Deberíamos pincharte por desobedecer a tu padre- bromeó Sirius.

- Sirius, por favor…- Remus negaba con la cabeza, dándole a entender que su hija no estaba para bromas en aquel momento.

- Pero no lo haremos- destacó el hombre de pelo largo acercándose a la chica- hoy no- recalcó, tomando a su hija de la mano y arrastrándola hacia una silla en dónde la sentó- siempre y cuando te comportes de acuerdo a tu edad- le encantaba tomarle el pelo.

La chica afirmó con la cabeza y dejó la herida al descubierto sobre la mesa, sin abrir los ojos.

- No tiene gracia, Sirius- le reprochó el licántropo sujetando los hombros de la chica y masajeándolos con fuerza, sólo intentaba liberar tensión.

Lyra terminó estampando su frente en la mesa de la cocina cuando la poción entró en contacto con la herida sangrante, al instante dejó de dolerle, entreabrió los ojos, sólo pudo ver sangre en la mesa porque su muñeca izquierda estaba completamente curada.

- ¿Qué se dice, Lyra?- preguntó Sirius mirando directamente los ojos azules de su hija.

- Gracias- respondió la chica sin ilusión, más bien pesar.

- De nada, bonita- le respondió la mujer llevándose consigo el botiquín.

Lyra se levantó de la silla, sin atreverse a dirigirle la mirada a su padre, avergonzada de sus propios miedos.

- Lyra- la llamó su padre.

La chica se detuvo ante la puerta que daba al jardín donde se encontraban todos los chicos, Cris reía junto a Ginny y Harry tenía las mejillas del color del pelo de su amigo Ron, Hermione también reía a carcajada limpia. Sonrió al ver la escena, la pobre Cris nunca pasaba un verano divertido debido a sus padres, ellos eran demasiado severos.

-¿Qué?- respondió en un débil susurro.

Unos brazos le rodearon el pecho y sintió un beso sobre su cabeza.

- Diviértete- le dijo su padre soltándola.

Ella se relajó y sonrió antes de salir.

Remus le puso una mano en el hombro a su amigo y apretó con fuerza.

- No te preocupes- intentó desestresarlo- os acostumbraréis el uno al otro antes de daros cuenta ninguno de los dos.

- O eso o terminamos matándonos. Regulus le daba clases de Legeremancia y Oclumancia, cuando era una niña- sus ojos brillaron.

- ¿Y qué? Eli siempre se llevó de maravilla con él, eso ya lo sabías, es lógico que recurriese a su cuñado para ella, era su tío. También se lo podría haber pedido a Snivellus- y rió ante la cara de desagrado que puso su amigo- Anda, vamos a cenar antes de que los monstruitos terminen con todo.

La cena la pasaron de maravilla, a Sirius le llenaba de gozo ver a sus dos hijos abrazados y riendo de la misma conversación, Cris se llevaba muy bien con el grupo, se había integrado a la perfección, eso era la maravilla de la adolescencia, no importaba de donde procedieses, si respetabas a los de alrededor ellos te respetaban a ti. Las risas cesaron y Harry comenzó a negar con la cabeza. Sirius se alertó por si era otra conexión de Lord Voldemort, pero entonces vio levantarse decidida a Lyra y acercarse hacia él. Sonrió con agrado, la niña miraba hacia los otros chicos con el ceño fruncido.

- Hola, papi- le dijo sentándose en su regazo.

El animago se largó a reír, aquellas eran armas de mujer, y con él siempre funcionaban. Eso era cosa de los gemelos, seguro.

- ¿Qué vienes a pedirme, cariño?- Lyra lo miró desconcertada y luego miró hacia los chicos, ellos le hicieron señas con las manos para que prosiguiera.

- Pues… es que… verás… hay una… fiesta- Lyra tenía miedo de continuar, dudó en seguir, le estaba costando mogollón pedirle permiso a su padre, cuando vivía con sus abuelos nunca pedía permiso, simplemente se escapaba de casa- en Londres, y nos preguntábamos si…

-¿Queréis ir a una fiesta en Londres?- le preguntó su padre algo extrañado- ¿Quiénes?

-Todos- empezó Lyra- Fred, George, Ron, Hermione, Ginny, Harry, Luna, Neville, Cris y yo.

- ¿Y eres tú la encargada de venir a pedir permiso?- preguntó mirando hacia Harry algo molesto.

- Pues sí. ¿Nos dejas ir?

-Lyra, yo sólo puedo daros permiso a Cris, a Harry y a ti, los demás deberán conseguirlo de otros adultos- le explicó a su hija.

- Pero, ¿A nosotros tres nos dejas?

- Dile a Harry que venga- le dijo poniéndola en pie.

- ¿Por qué? ¿No me lo puedes decir a mí y ya?- la chica daba saltitos en el suelo.

Él la miró curioso, recordaba a Harry hacer eso cuando era pequeño y Lily le prohibía algo que quería hacer.

- Harry es mayor que vosotras y debe prometerme que os cuidará antes de dejaros ir.

- ¿Qué nos cuidará?- era ella la que había sido entrenada para defender a Harry y ya lo había demostrado en una ocasión cuando tuvo que noquearlo porque quería ir al Ministerio.

- Claro, vosotras tenéis trece y el quince, de todas formas no se si es aconsejable el dejaros ir solos a tantos jóvenes, Voldemort ha vuelto y Harry le es demasiado goloso- Lyra entrecerró los ojos. Su padre volvía a preocuparse más por la seguridad de Harry que por ella y eso empezaba de nuevo a fastidiarle.

- Papá, no va a pasar nada, nos vamos a una discoteca muggle, donde los mortífagos no se atreven a ir- le retó su hija con la mirada- Deja que el chico tenga una adolescencia normal, por favor.

Sirius no había oído hablar a Lyra con tanto aplomo, ni a Lyra ni a nadie de trece años en su vida, como lo acababa de hacer su hija, le demostró la suficiente madurez como para dejarla ir. Asintió con la cabeza y le dio una suave palmada en el trasero.

A la vez que Lyra había pedido permiso, Ginny había conseguido el consentimiento de Arthur Weasley. Luna obtuvo el consentimiento vía lechuza para ella y los dos amigos que se quedaban en su casa, Neville y Gangrer.